Chapter Text
Lo primero que cruza por su mente es que debió escoger otra universidad. Que hayan tenido problemas en la contratación de sus docentes las primeras semanas de clases deja mucho que desear.
Sube las escaleras agitada, le llegó el correo de que ya tenía maestros hace una hora, ella estaba dormida y de no ser por la llamada de Fushiguro, ni cuenta se habría dado. A veces considera que depende un poco de él en cuanto a cumplir sus responsabilidades se trata. Y por lo mismo considera que son un buen dúo, se complementan de buena manera.
Es tarde. Bueno. No demasiado. Pero sí lo suficiente para hacerla correr escaleras arriba y evitarse los segundos de espera en lo que llega el elevador hasta el primer piso. Cuando va tarde siente esos segundos eternos, como si el reloj jugara en su contra; sabe que es algo meramente subjetivo, pero no significa que no sea estresante.
El calor invade su cuerpo, en especial sus mejillas que empiezan a tornarse de un tono rojizo —Megumi tiende a compararlo con un par de cerezas—, siempre le pasa lo mismo, es alguien fácil de sonrojar en ocasiones. Piensa que es algo gracioso, porque cuando hace actividad física en forma no tiende a sudar ni a sonrojarse demasiado, solo algo leve, apenas perceptible, como si hubiese estado trotando, pero cuando se trata de su impuntualidad y subir escaleras, es todo lo contrario.
Mira por última vez el correo en su teléfono. Aula 8-C. Trata de arreglar su cabello y recuperar el aire mientras se apresura a entrar al salón.
Al estar dentro, se da cuenta de que su esfuerzo fue en vano, porque la nueva maestra no había llegado. ¿Tanta prisa para nada? Chasqueó la lengua molesta antes de buscar con la mirada a Fushiguro y sentarse a su lado. Solo es un mal inicio de día, espera que no signifique que lo que queda de miércoles sea igual de malo.
Descarga su mochila en el suelo y pega su frente a la mesa. Una típica señal de que está cansada y molesta.
—Estás roja.
—Estoy agitada —aclara—. No esperé el ascensor creyendo que venía tarde…
—Es tarde —interrumpe su amigo—, pero la maestra está más tarde que tú.
—Entonces técnicamente no estoy tarde.
El azabache solo se encoge de hombros y regresa la vista a su teléfono, ella es buena contradiciéndolo y no está de ganas de decirle el porqué está equivocada. Yuuji suspira. Que su profesora sea alguien impuntual solo le parece beneficioso para ese día, de ahí en adelante le deja mucho que desear.
¿No pudo haber escogido una peor universidad? Se consuela en que apenas es la primera impresión, no puede juzgar a alguien —o institución— solo por una mala primera semana, ¿verdad?
Saca la botella de agua de su bolso. Quita la tapa y acerca la boca plástica a sus labios. Cuando el plástico hace contacto con su piel, se detiene en seco viendo hacia la puerta la alta figura de una mujer albina.
Sus ojos la siguen con atención, cada sútil movimiento de sus manos, y cada movimiento no tan sútil. Su presentación es impecable. No hay una sola arruga en su camisa, su falda llega bajo sus rodillas pero la tela deja ver claramente la forma de su cadera y sus largas piernas.
Megumi nota la manera en que Yuuji la mira, así que de manera para nada discreta lleva su mano a su mentón y le cierra la boca. Itadori está tan concentrada en la mujer que ni siquiera se molesta en reprochar aquella acción.
—Vaya, ya están aquí. Me tocará ser más puntual de ahora en adelante —el tono de la albina es bastante agradable.
—La clase empezaba a las ocho en punto —comenta un chico notablemente irritado.
Tiene razón, son casi las nueve. Yuuji vuelve a tapar la botella sin haber probado sorbo, pues se quedó anonadada al verla. ¿Y la verdad quién no lo haría? El solo hecho de que su cabello sea blanco como la nieve hace que llame la atención, si eso se suma a todas las demás características físicas…
—Lo sé. Pero hoy empieza a las nueve. ¿Tienes problema con eso?
Es algo grosera a su parecer. El chico tiene razón en que la clase empezaba más temprano, podría haber respondido de manera un poco más cortés, después de todo fue error de ella.
—Si nadie más tiene algo para reclamar podemos empezar —habla la mujer con firmeza mientras prende la computadora—. Soy Gojo Satoru. Psicóloga Social. Seré su maestra este semestre en Habilidades Comunicativas. Qué lindas caras veo. Les diría que hagamos una breve presentación de cada uno pero han de estar cansados de eso, así que sabré sus nombres a lo largo del semestre. Bien, empecemos brevemente con la introducción al origen de la comunicación y su importancia en la sociedad…
…
Yuuji está sentada en la cafetería mientras lee sus apuntes de la clase con Gojo. Fushiguro tenía una clase de bioquímica. Ella debe esperar otra hora hasta que tenga su clase de historia en psicología.
Escogió la carrera a prisas, realmente no sabía que estudiar. Psicología parecía la mejor opción para ella, así que hasta ahora no se ha arrepentido. Espera que siga pensando igual hasta el final del semestre, sería molesto tener que decirle a su abuelo que se equivocó de carrera, más aún después de que él le dijo que no pensaba pagar otra carrera si ella quería cambiarse.
Un pequeño bostezo se escapa de su boca. Mientras se limpia la pequeña lágrima que se escapó de su ojo se permite ver alrededor, lo primero que ve es a su maestra. Abre los ojos con sorpresa cuando esta le sonríe y le mueve la mano a modo de saludo. No pensó que se acordaría de su rostro, no parecía muy interesada en siquiera conocer sus nombres.
Le devuelve el gesto con una sonrisa. Es una mujer curiosa, quiere conocerla más. Y no por un interés morboso o algo por el estilo. Si es psicóloga de seguro ha de tener que verla en otras clases a lo largo de la carrera. Este hecho de alguna manera la inquieta.
Por mientras aprovecha que tiene a Fushiguro en su clase acompañándola. No se lo dijo y no piensa hacerlo. Pero la mirada de Gojo la intimida. Es algo que no puede explicar fácilmente. Es como si la estuviera leyendo en cada movimiento que hace, cada palabra que expresa y cada mirada que intercambian. Es una profesora agradable y bastante inteligente a su parecer, pero eso se ve opacado por la forma en que siente sus azules ojos detallando cada centímetro de su cuerpo y su actuar. Siente como si la mayor quisiera grabarse cada una de sus acciones y respuestas corporales en su memoria.
Algo le dice que esa mirada no es solo amistosa, pero no quiere pensar mal de su maestra, apenas es el primer día, quizás solo estaba susceptible y eso pasó solo en su mente.
…
No. No estaba susceptible, está segura de que Gojo la mira de otra forma.
Siempre que Yuuji está distraída y lleva la mirada a la albina, ella está viéndola fijamente. Hay más de cien estudiantes en esa clase, ¿cómo es posible que siempre que voltea a ver sea a ella a quien vea? Gojo logra intimidarla con una simple mirada, hace que se sienta diminuta y bastante vulnerable. Tal vez es por el tono tan azúl de sus ojos. Fushiguro dice que es algo tétrico, ella opina que es algo curioso y hasta cierto punto encantador. Como si fuera un gran mar en el que pudiera perderse cada que los ve. Por ello mismo es que siente que se ahoga cuando sus ojos se encuentran por breves segundos.
Ha pasado apenas un mes de clase y siente que va a desmoronarse cada vez que está con la albina. Ni siquiera han hablado cara a cara. Se siente frustrada. ¿Cómo va a aguantar otros cuatro meses?
—Kugisaki cree que Gojo-sensei es lesbiana.
—¿Qué? —la repentina afirmación la hizo sobresaltarse.
Ella también lo ha pensado, pero nunca lo había dicho.
—Y yo también lo creo. Al menos es bisexual.
—Hablar de la sexualidad de la gente es grosero, Fushiguro.
—Oh, vamos, ¿me vas a decir que tú no lo has pensado?
Sí. Y en más de una ocasión.
—No lo creo.
—Kugisaki nunca se equivoca. Supo que tú eras lesbiana antes de que se lo dijeras.
Se cruzó de brazos algo ofendida antes de reírse. Tiene razón. Kugisaki lo supo mucho antes que cualquiera. La apoyó mucho cuando tuvo su crisis al darse cuenta de que no se sentía atraída por los hombres. Nunca podrá agradecerle lo suficiente por haber sido su apoyo en aquél momento tan importante en su vida.
Ahora que lo piensa. Kugisaki lo supo muy fácilmente. Tanto que hasta da miedo. Pero… ¿será que Gojo-san también lo sabe y por eso la mira tanto? Sería vergonzoso que creyera que siempre la mira de forma indecente u obscena. Ella no es así, jamás haría algo como eso.
—Mejor cállate. Ahí viene ella.
Yuuji le dio un sorbo a su café y desvió la mirada, en ese momento no se siente en las capacidades de saludar a la albina. Si ella es lesbiana hay una buena posibilidad que sienta ligera atracción hacia sí, y no es que esté preparada para asimilar que su maestra tiene una atracción romántica o sexual en ella cuando apenas va en primer semestre de universidad.
Pero Satoru no es tonta. Ella sabe que Yuuji está intentando ignorarla y evitarla. Por el momento respetará que quiera hacerlo, no la obligará a saludarla y mucho menos entablar una conversación, mucho menos con el molesto azabache que la acompaña casi en todo momento.
Es consciente de que su presencia intimida a Yuuji. La forma en que aprieta sus piernas, contiene el aire por escasos segundos y se queda paralizada cual pequeña presa ante un gran depredador se lo demuestra. Es divertido hasta cierto punto. Pero eso le impide acercarse a aquella dulce pelirrosa que, para su suerte, es estudiante del programa de Psicología.
Desde que vio a Yuuji supo que ella tenía algo que ofrecerle, algo más, algo que no ha podido probar antes. Y quiere obtenerlo a toda costa, saciar su curiosidad a costa de la inocencia e ingenuidad ajena. Porque eso es lo que desborda Itadori, una ingenuidad y curiosidad por el mundo. Cree firmemente que ella haría ciertas cosas por saciar sus inquietudes que otras personas se negarían a hacer debido a barreras éticas y morales.
La pelirrosa es como un gran premio que quiere conseguir, no importa si debe hacer trampa y jugar sucio para ganarsela. Ella quiere a Yuuji. Y la obtendrá a como dé lugar.
