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Hechizos y letras

Summary:

Durante el último par de años Castiel ha sido una gran fuente de información y un aliado extremadamente útil para los hombres de letras. Poco sabría que esta alianza no solo le presentaría a un nuevo amigo como Sam Winchester, si no que también traería a su vida al maravilloso e insoportable Dean Winchester.

Work Text:

Durante el último par de años Castiel ha sido una gran fuente de información y un aliado extremadamente útil para los hombres de letras, mismos que han comenzado a ampliar su participación en lo sobrenatural y tienen varios grupos de los suyos cazando y matando todo tipo de criaturas sobrenaturales en lugar de solo investigar y registrar. A pesar de eso ellos, al igual que sus antecesores, continúan desconfiando y minimizando a toda criatura sobrenatural sea buena o mala.

Es por ello que Castiel aún continúa enormemente agradecido de que fuera Sam Winchester quien lo rastreara hasta su cabaña, ya que luego de una breve discusión y muchas pruebas de que su magia no era ni de origen ni de intenciones malignas finalmente pudieron comenzar una charla tranquila sobre los beneficios que ser aliados podría traerles a ambos.

Hasta el día de hoy es consiente que la gran cantidad y variedad de investigaciones y hechizos con los que ha colaborado para Sam y su organización han salvado incontables vidas. Al mismo tiempo sabe que se ha topado con hechizos que han sido todo un reto, desde la necesidad de un corazón humano (que resolvieron luego de una breve búsqueda de un hechizo de duplicado y uno de resurrección) hasta tener que buscar algo que se creía imposible. Pero esta vez probablemente fue demasiado, no creía poder superar este reto por mas sencillo que pareciera a simple vista. Y aunque trataba de convencerse de que sus excusas eran puramente desinteresadas, en el fondo sabía que estaba siendo egoísta e interponiendo sus propios sentimientos en algo que se podía resolver fácilmente.

—No necesita ser conmigo, Cas. Puedes realizar este hechizo con quien tú quieras. —Suplicó Sam. Los ojos de Castiel viajaron automáticamente a Dean que estaba sentado al otro lado de la sala de estar.

—No es tan sencillo. —Suspiró y apartó la mirada. Rápidamente recordó las excusas, aquellas que sonaban válidas y desinteresadas. —La magia sexual no es tan simple como se cree. Soy plenamente consciente de que cualquier acto sexual entre nosotros no implicaría ninguna expectativa mas allá de la realización de este hechizo. Sin embargo, si no somos compatibles en este ámbito existe la posibilidad de que el hechizo nos dañe, especialmente a un humano como tú.

Sam se mantuvo en silencio, meditando sobre esta información.

—¿Entonces no tengo que dejarlos solos? —Interrumpió Dean tomando una de las manzanas del cuenco que Castiel siempre colocaba en su comedor.

—Es posible que no. —Respondió Castiel mirando anonadado como los labios carnosos de Dean se cerraban alrededor de la manzana y después de un mordisco el jugo de la fruta se deslizaba sobre su boca.

—Bien. Busquemos a alguien más. —Dijo Dean con emoción en su voz. Eso confundió a Castiel por un segundo. —Estoy seguro de que algún hombre de letras se sacrificaría por el equipo para esto.

Castiel puso los ojos en blanco. Poco a poco se había acostumbrado a las molestas bromas de Dean sobre él. Aunque aun dolía que solo le dejaran mas en claro que no le atraía a Dean de la misma manera que él lo hacía.

—Incluso si alguno de ellos esta dispuesto a “sacrificarse por el equipo” —Hizo las comillas en el aire provocando una risa en Dean. —los riesgos siguen estando presentes. La compatibilidad sexual es difícil de encontrar, casi tanto como la sentimental.

Sam interrumpió aclarándose la garganta, su mirada parecía repentinamente interesada por el suelo de madera. —¿Existe la posibilidad de que… —Se movió nervioso de un lado a otro y aún sin mirar a nadie en particular. —nosotros seamos compatibles?

Cas lo miró, considerando. Era consiente de que Sam era un hombre bien parecido y no podía negar que durante sus primeros encuentros desarrolló algunos sentimientos hacia él. Aún así, esos sentimientos se habían cortado repentinamente después de unos meses cuando… Bueno, no iba a pensar en eso. No iba a pensar en él. —Es posible, sí. —Respondió finalmente e ignoró deliberadamente a Dean.

—Bueno. ¿Por qué no lo intentamos? —Sam se acercó a él. Sus ojos se recorrieron el uno al otro. —Si crees o creo que no esta funcionando simplemente nos detenemos.

Ambos se miraron fijamente a los ojos. Sam buscando una respuesta a su propuesta y Castiel tratando de averiguar si esto era una broma.

—¿Qué diablos? —Dijo Dean, medio horrorizado. —¿Desde cuando has estado tratando de meterte en los pantalones de el brujo? —Acusó a su hermano. —Al menos podrías esperar hasta que esté fuera de aquí. No quiero esas imágenes en mi cabeza.

—Solo estoy preguntando, Dean. No voy a desvestirlo aquí mismo. —Se burló Sam. —Pero necesitamos ese hechizo para poder rastrear a ese dios.

Dean lo miró con el ceño fruncido sin saber como debatir eso. Su boca se abrió dos veces como si fuera a decir algo y finalmente se mantuvo en silencio. Sam lo miró con una sonrisa engreída y volvió su mirada a Castiel.

—¿Entonces? ¿Qué dices, Cas?

El brujo lo miró directo a los ojos. Estudió cada pequeña emoción que pudo captar en los ojos de Sam y aunque hubo algunas que no logró descifrar, se encontró confiado cuando predominó el cariño y la diversión en los ojos de su amigo.

En cuánto Castiel asintió dando su consentimiento, Sam comenzó a inclinarse hacia su rostro. Podía sentir los nervios hormigueando sobre su piel con cada segundo que pasaba, estaba cada vez mas consiente de lo que estaba a punto de suceder, lo que iba a hacer con el hermano de Dean. Pero cuando cerró los ojos, despejó su mente y dejó que Dean y sus sentimientos quedaran en un rincón polvoriento de su cerebro.

Pudo sentir la punta de los labios de Sam rozar contra los suyos antes de ser separados de un tirón. Abrió los ojos, confundido, y los llevó hasta su hombro donde una mano, la mano de Dean, lo sostenía con una fuerza apenas moderada. Castiel sintió algo cálido y confuso en su pecho cuando vio el rostro enojado de Dean. Durante muchas noches había fantaseado con escenas como esta, momentos en los que Dean no solo miraba como alguien coqueteaba con él. El Dean de su fantasía actuaba llevándolo al rincón mas alejado del bar y lo besaba hasta hacerlo olvidar el rostro del otro hombre. La mayoría de estas fantasías terminaban con ambos sudorosos y sin aliento por diferentes motivos.

—Sal de aquí, Sammy. Ambos sabemos por qué esto no va a funcionar. —Dean pronunció las palabras entre dientes, sacándolo de sus pensamientos. Y a pesar de sus palabras la mirada que le dirigió a su hermano fue suplicante.

Sam le devolvió la mirada a Dean, con suficiencia y una gran sonrisa. —En realidad funcionó justo como quería. —Antes de que Dean o Castiel pudieran reaccionar Sam estaba cerrando la puerta de la cabaña detrás de él.

—Pequeño idiota. —Murmuró Dean con cariño.

Castiel miró a Dean y luego a la puerta de la cabaña. —¿Dean? —Preguntó sin entender exactamente qué acababa de suceder.

El hombre de letras lo miró fijamente. Sus ojos recorrieron frenéticamente el rostro de Cas antes de hablar. —Escucha. Sé que he sido un imbécil contigo desde que nos conocimos pero yo… —Pareció decir algo entre dientes antes de negar con la cabeza y volver a mirar a Castiel con una sonrisa que se sentía demasiado falsa. —Yo quiero terminar este hechizo contigo. Si tú quieres.

Castiel se congeló por completo. No podía haber escuchado correctamente. Dean no podía estar diciendo lo que creía.

—¿Eres consiente de las implicaciones de esto, Dean? —Dio un paso más cerca del hombre queriendo puntualizar con urgencia lo que estaba a punto de decir. —¿Deseas tener relaciones sexuales conmigo? ¿Te sientes atraído sexualmente hacia mí?

Vio la garganta de Dean moverse mientras el hombre tragaba saliva ruidosamente. —Lo hago.

El segundo siguiente fue como si algo fluyera libremente. Ambos estaban besándose desesperadamente mientras Castiel los guiaba a ciegas hasta su habitación, sin querer separarse de los labios de Dean y necesitando más, aun más del humano.

Y después de ese día las visitas continuaron. Dean se aparecía frente a su puerta a altas horas de la noche y ambos caían sobre las sábanas, desesperados por el cuerpo del otro.

Al día siguiente ninguno hablaba de eso.