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— Alto ahí, mi lord Strong — dijo Aemond antes de que Lucerys se retirara. — Hay una deuda que tienes que pagar. — añadió mientras que con paso lento, se acercaba al menor.
Luke titubeó y retrocedió un poco, aunque no lo suficiente para que Aemond lo tomara con fuerza del antebrazo y lo atrajera hacia el. — Quítate el ojo, con uno solo me basta. — el castaño se asustó aún más con sus palabras. — N-No vengo como caballero, sino como mensajero. — su madre había sido muy específica, la misión era solo la entrega de un mensaje, nada más. — Entonces viniste como cobarde. — Lord Borros había permitido que el príncipe Lucerys permaneciera en Bastión de Tormentas hasta que la fuerte lluvia cesará al menos lo suficiente como para que Arrax no tuviera problemas al volar.
Pero esa misma hospitalidad que había sido ofrecida al príncipe Velaryon, había sido la misma que habían ofrecido al príncipe Targaryen.
Ambos se encontraban en el pasillo del castillo Baratheon, tratando de llegar a sus aposentos. En la soledad del lugar, Aemond aún sostenía con fuerza el antebrazo de su sobrino. — ¡L-Lo siento! ¡Por todo lo qué pasó en Driftmark! — el castaño se sentía apresado, sus emociones le rebasaban y pronto comenzó a sentir lágrimas en sus ojos. El peliblanco sonrió con engreimiento. — Shh.. no es necesario que grites, querido sobrino — pronunció lo último en el viejo lenguaje. Luke sentía doler más y más aquel agarre. — M-Me duele tío… — apenas logró pronunciar.Sin nadie mas que ellos dos en el pasillo, el mayor jalo con fuerza al contrario y lo trajo consigo a su habitación.
Cerró la puerta con brusquedad tras de sí y aventó a Lucerys al piso. Este cayo y rápidamente volteó a verle con miedo. — ¡Déjame salir! — Aemond río amargamente ante su petición. — Dame algo a cambio y te dejaré salir. ¿No quieres entregarme tu ojo? Bien, pero tendrás que darme algo del mismo valor. — contesto mientras observaba al menor levantarse con lentitud.
Verlo asustado como un cachorro solo hacía más que aumentar el orgullo y ego del Targaryen, generaba en el la necesidad de continuar, de hacerle sentir la misma miseria y humillación que él mismo sintió aquella madrugada en Driftmark.
— P-Por favor tío, d-de verdad lamento haberte lastimado — Lucerys lloraba con fuerza cual niño pequeño. De verdad que el Targaryen se divertía con su sufrimiento. — no quieras hacerte el inocente conmigo niño, esa noche sabías muy bien lo que hacías.— tomó con fuerza al menor de la nuca, achicando la distancia. Luke temblaba y en su miedo, dejó salir un pequeño grito. — ¡D-De verdad no quise lastimarte! ¡I-Ibas a matar a mi hermano! — el contrario colocó sus manos en el pecho ajeno, intentando alejarlo. — Como siempre intentándote hacer el valiente, justo como Ser Harwin. — aquel comentario dio en un punto sensible del menor, que pronto se quedó callado y solo pudo llorar más.
No sabe porque, pero Aemond comenzó a sentir una especie de ¿remordimiento? ni el mismo entendía dicho sentimiento; Pues el Velaryon ya no se quejaba o forcejeaba, ahora solo lloraba en silencio e intentaba mantener la mirada en el mayor pero simplemente no podía.
Verlo indefenso ya no le provoco alguna clase de orgullo, sino origino un sentimiento de protección. Aquel sentir solo aparecia cuando su preciada hermana Haelena estaba cerca.
Con cuidado, soltó el agarre de su nuca esperando alguna clase de reacción del menor, pero el solo estaba ahí aún en shock.
Un momento de incómodo silencio se formó y se deshizo de manera rápida; Lucerys, sin pensarlo abrazo a su tío buscando alguna especie de confort, no importando si este hacía momentos lo había asustado hasta sentir morir. — D-De verdad lo siento tanto, yo no quería.. — habló entre sollozos mientras escondía su rostro. — N-Nada justifica lo que yo te arrebate, y t-tienes razón de querer quitarme un ojo. — se aferraba con fuerza. — Así que si eso te complace, toma mi ojo y déjame regresar de nuevo a Dragonstone. Mi madre no soportaría perder otro hijo. — su voz era desesperada pero ese último dato generó sorpresa en Aemond: ¿su hermana había perdido a su recién nacido? Eso le genero más pesar.
Aemond tomó el mentón del joven y observó con quietud su rostro: ojos hinchados, lágrimas secas y algunas otras cayendo lentamente. Aquel rostro inocente inundado en dolor lo invitó a lentamente cortar la distancia entre sus rostros, lo suficiente como para que el Targaryen besara al menor suavemente y Luke aunque sorprendido, no trató de quitárselo de encima o negarse al acto, al contrario y de manera lenta e inexperta correspondió al acto.
El albino se dedicó a saborear los labios ajenos poco a poco mientras sus manos rodeaban con cuidado el cuerpo del menor. Lucerys intentaba seguir su paso, tanto que incluso se puso de puntillas para alcanzar un poco la altura del contrario, cosa que divirtió a Aemond.
— nada mal, niño. Pero podrías mejorar — dijo en alto valirio; una sonrisa ladina adornó su rostro al ver el sonrojo que adornaba las mejillas del menor. — E-entonces enséñame tío. — contestó apenado el Velaryon y hundió su rostro nuevamente entre las ropas ajenas. El mayor sonrió y dejó que el contrario siguiera abrazándolo.
Porque en la fría tempestad que azotaba Bastión de Tormentas, Lucerys era el calor que Aemond necesitaba.
