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Había una vez, un escritor. El escritor no tenia ideas de como escribir, no sabia como hacer sus borradores. Así que cada tiempo, simplemente escribió sus pensamientos, plasmándolos en el papel y abandonándolos bajo un sobrenombre que había inventado para no ser el mismo. Para escapar de la desgracia que tenía su nombre real, para escapar de la persona que era. En el papel y en la pluma, la era totalmente diferente. Eichi pensaba que sus escritos eran muy solitarios. Podía sentirse fácilmente identificado con ellos gracias a lo mismo, y quizás por eso, es que era un gran fan de los mismos. El escritor no era tan bueno, ni siquiera tenía buena ortografía, pero sentía tanta soledad en los pequeños cuentos que estaban abandonados en la biblioteca que frecuentaba que, no podía dejar de leerlos. Para una persona como Eichi,
De cierta forma, podía sentir que comprendía lo que el autor intentaba escribir, ya su vez, sentía que no lo entendía. Se sintió extrañamente acompañado y abandonado al mismo tiempo, llenó la sensación de estar en las nubes en medio de una tormenta. Había tenido una pequeña obsesión con este mismo autor gracias a eso. Leía consecutivamente cada cosa que encontraba del mismo, sintiéndose decepcionado cuando a pesar de pasar varios meses, no había actualización. Pero sabía que siempre estaba ahí.
O al menos eso pensado. Pero el autor simplemente desapareció por completo de un día para otro. Su última obra no fue en cambio otra de un amor pasado, un amor que hizo cambiar totalmente su escrito. Paso de ser completamente solitario a algo alegre e incluso cálido. Se sintió celoso. Realmente celoso.
¿Es que acaso el estaba abandonado por dios, siendo dejado de lado sin siquiera poder sentir las mismas emociones humanas que leía? ¿Cómo es que la única persona que pareció comprenderlo pudo pasar por algo que jamás había experimentado de forma clara? Tenía envidia, tenía enojo, y sobre todo, tenía tristeza. El también deseaba sentirse querido, sentirse necesitado en la vida de alguien, y sobre todo, sentirse acompañado por alguien que le brindará felicidad. Lo que Eichi no sabía, es que en realidad, ese amor no fue más que algo pasajero, algo que el autor sabía que acabaría tan rápido como empezó.
El joven autor, quien demostró soledad en sus escritos, no era más que un hombre patético intentando dejar atrás un pasado turbulento lleno de temores y arrepentimientos. Sus escritos no eran más que una forma de quitar sus enojos y tristezas con un final feliz que el nunca recibió. El mismo autor se sintió abandonado por cualquier ente divina existente, dejado a su suerte como un títere de juego. Entonces, cuando todo se rompió, solo pudo recordar la única vez que genuinamente amo pasar tiempo con alguien. Decidió escribir sobre aquello, solo para olvidar completamente todo y renacer como alguien nuevo.
Pero ya no podías escribir. Ya no podia ser el mismo. Estaba tan aislado que incluso el “yo real” no existía, solo existía un “amable y gracioso” ser. Todos pensaban de el como un estorbo, con el sabiéndolo claramente, pero engañándose de que tenía amigos que lo querían. Lo cierto es que esto solo llevo a más arrepentimientos, cosas que lo abandonaron en muchísimos peores. El solitario autor había pasado a ser solo una persona más, ni siquiera teniendo en cuenta lo que lo hacía mágico. Había caído en un abismo de soledad y tristeza en la que el mismo se había metido, y cuando creyó que estaba por morir consumido en las llamas del odio, una pequeña luz llegó a el.
Eichi casualmente lo había conocido, sin siquiera saber que era el autor que había admirado, para darle unas palabras de ánimo tan sencillas que hicieron un gran cambio. Entonces, el autor no era más “el autor”, y ahora, tenía un nombre propio.
Rey. Rei era su nombre, y el mismo lo había olvidado. Había olvidado que era una persona, que no era un robot, y que tenía sus propias emociones. Tan pronto como se dio cuenta de esto que era momento de tomar algunas acciones en su vida.
El tiempo pasó, preparándose para la bomba que explotaría después. Rei había perdido varias amistades, a veces olvidando que era “Rei”, solo grabándolo por nuevas personas que conocía y después se volvían sus enemigos. Pero, ¿qué podía hacerle? No tenía a nadie de su lado, y estaba solo contra el mundo. Al menos esa era su forma de pensar. No podía recurrir en nadie, y solo el podía estar para los demás, eso no siendo al revés jamás. Sumido en los pensamientos de envidia y rabia perdido nuevamente el camino.
Solo que ahora no era ni siquiera un autor. Simplemente era un tonto más, no entrando en razón por más que se le dieran señales.
¿Eichi? Bueno, el estaba por algo similar. Cada día sentía que iba de mal en peor, y cada día tenía menos paciencia consigo mismo. La vida lo estaba pateando en el estómago, lo hacía sangrar y morir lentamente sin siquiera gente que le devolviera la esperanza en un mundo tan cruel que le escupía en la cara. El sabía lo que valía, pero no entendió por qué Dios era de esa forma con él. Parecía que los dioses se burlaban de él y lo abandonaban, dejándolo a su suerte por ser inútil. Oh, mundo cruel.
Cuánto más tiempo pasó, más común era que Eichi no pudiera salir de la cama sin sentir el dolor de mil agujas en cualquier parte de su cuerpo. No había una excepción, no había un milagro que lo salvara. A veces incluso la cantidad de agujas se duplicaba. Estaba perdiendo la fe.
No quería creer en nadie, no quería ser salvado por nadie. No había nada que lo motivase, no había nada que lo hiciera sentir mejor.
Simplemente estaba vacío. Un mundo gris y lluvioso, un mundo en el que ni alguna vez pudo mirarse al espejo sin sentir que iba a morir. No quería morir. Quería luchar y tener una vida común como cualquier otro, quería ser feliz y tener amigos, quería ser todo lo que veía en los libros que tanto amaba. Quería ser el mismo, quería dejar de tener que cumplir con una expectativa que era imposible con el tipo de cuerpo tan débil que tenía. Ah, pero no era posible. El mundo lo miraba con ojos completamente erróneos. Su realidad era tan distinta a lo que la gente creía de el. No era un niño consentido, no era un niño perfecto, no era egocéntrico, tampoco era perfecto. Pero todos pensaban eso de el.
¿Cómo se supone que una persona como el fuera perfecto? De solo mirarse en el espejo, sintió que el mismo se iba a romper de la repulsión. ¿Qué estaba viviendo incluso? Preguntas como esa inundaban su mente todo el tiempo, pero luchaban constantemente con sus ganas de vivir. A pesar de no quererlo, a su vez deseaba ser rescatado.
Vivir por última vez antes de derrumbarse, tener alguien que lo amara y solicitar. Pero, ¿Alguien lo haría? ¿Alguien querría estar con el? Tantas preguntas que no podía responder, tantas incógnitas que le hacían doler el pecho.
Tal vez el destino se burlaba de las personas que menos lo merecían, o tal vez simplemente era su tan aclamado arco de villano. Fuera lo que fuera, no era más que una burla de lo superior hacia lo inferior, algo que simplemente servía para hacer sufrir a las personas, acabando con sus esperanzas y energía. Acabando con todo lo que podría amar.
Oh, el pequeño tonto estaba al borde de explotar. No fue de sorpresa cuando todo simplemente acabo y no había nada más que hacer. ¿Qué podría hacer después de acabar con todo lo que amo por el simple hecho de no querer lidiar más con ello? La respuesta era simple, pero tan difícil a la vez. Tenía que empezar de nuevo, tenía que empezar a reparar los lazos importantes.
Entonces, mirando en su lista de contactos, eliminando lo que ya no quería ver, lo que le dañaba y rompía el corazón, recordó a cierto chico que le había devuelto la esperanza en los tiempos más oscuros. Si era sincero, casi no conocía nada del mismo, pero grababa sus redes sociales. Encontrarlo no fue difícil, y cuando lo hizo, sintió algo que no pudo explicar.
Queria ser su amigo. Quería hablar con el todos los días, quería explicar el como compartieron tantos gustos a la vez. Pero no era capaz. Simplemente perdió a la distancia, e intentó interactuar, fallando miserablemente. Sentía tanta vergüenza de si mismo que lo olvido como una forma de protegerse por la tontería que acaba de hacer. Continúo con su vida, de vez en cuando leyendo algunos pensamientos casuales de aquel chico que empezó a admirar en secreto, no contándolo literalmente a nadie más que a él mismo.
Sus escritos eran tan perfectos que se sintieron particularmente humillados a su pasado intento de escritor. Pero no podía sentir envidia, no está vez. Era simplemente una admiración genuina que disfrutaba.
El tiempo pasó nuevamente, perdiéndose el contacto e incluso la admiración cuando simplemente ambas personas se ocuparon con tantas cosas que no tienen ni tiempo para si mismos.
El destino termino rejuntándolos de nuevo, uniéndolos de forma casual. Se sintió tan cómodo hablar el uno con el otro, ya pesar de que habían olvidado cualquier otra interacción pasada, se sintió extrañamente unidos por un hilo imposible de romper.
Rei estaba tan feliz de volver a esa calma y paz con alguien que no pudo evitar llorar con su mejor amigo acerca de lo feliz que se sintió, acerca de cómo volvía a ser humano poco a poco, ya su vez, hablar de sus preocupaciones de caer enamorado por error. Sentía que Eichi era tan lejano y distinto a él, aún cuando era obvio que eran totalmente similares. Su corazón latía simplemente de pensar en la idea de ser amigos. No esperaba ser más, no se veía capaz de ser tan especial.
Tan pronto como las cosas empezaron a fluir, las manos de Rei sudaban con más frecuencia. Estaba realmente enamorado, y lo odiaba con toda su alma. ¿Cómo podría enamorarse en tan poco tiempo? ¿Por qué se sintió capaz de amar en un plazo tan corto, cuando jamás se había sentido de esa forma ni con sus parejas que conocieron por años antes de empezar siquiera a salir? Parecía que el mundo se burlaba de él de nuevo, y parecía que especialmente, esa vez, era la forma más hermosa en la que se habían burlado de el. Lloriqueo en su cama de forma patética mientras esperaba una respuesta por parte de la persona que lo tenía de la forma más estúpida posible.
Las cosas se volvieron un caos cuando empezó a intentar coquetear, terminando en un desastre mayor al que quería, y sorprendentemente, consiguiendo su objetivo más lejano, que era, el ser pareja de ese chico. No podía ser más feliz, y aún así, lo fue.
Eichi era tan importante para el, que sentia que iba a morir en cualquier momento de la felicidad. Estaba tan cómodo todo el tiempo, tan alegre y contento consigo mismo, que incluso había comenzado a hacer cosas que no se atrevía, rompiendo los lazos más tóxicos que fue incapaz de romper en su momento, alejándose de las cosas malas y solo centrándose en su felicidad
Pero todo cayó de nuevo cuando menos lo espero. Su pasado lo comenzó a perseguir, las noches sin sueño comenzaron a ser recordadas, las largas lágrimas regresaron a su rostro, las inseguridades lo consumieron en cuestión de segundos, y no pudo hacer nada para evitarlo. Estaba especialmente afectado está vez, por qué está vez realmente estaba enamorado, esta vez realmente no quería perder la cosa única que lo empezó a motivar a regresar a lo que en un principio le encantaba. La motivación de escribir acabo tan rápido como pensó en escribir para demostrar lo enamorado que estaba, y en cambio vino la depresión que lo consumió por años. No quería perjudicar al amor que le alegraba la vida, no quería ser lo que arruinaría una vida más de nueva. No quería volver a repetir el patrón de sufrimiento que llevaba consigo a toda persona que apreciaba. Aislarse parecía ser lo mejor, y cuando más lo considero, las palabras que tanto había querido llegaron a sus oídos como un abrazo de tranquilidad.
“No creo que todo sea tu culpa”. Había llegado como agua fría cayendo de repente en medio del invierno. Lo despertó, lo hizo ver el mundo con ojos abiertos de nuevo.
Estaba tan enamorado. Se sintió tan humillado y amado al mismo tiempo, pero no en una forma mala, simplemente estaba muy feliz de ser un bebé llorón que necesitaba de un abrazo para ser feliz. Pero no de cualquier abrazo, solo un abrazo de la persona que amaba, de la persona que lo complementaba y le alegraba el día entero hasta dormir, de la persona que amaba escuchar y que quería conocer hasta el final.
Sin importar qué cosas sucedieron en su corazón, pareció que este era sanado por completo gracias a Eichi. Rei estaba tan agradecido, tan agradecido de conocer a Eichi, y tan agradecido de encontrar consigo mismo nuevo gracias al rubio. No había palabras suficientes para demostrar cuan enamorado estaba, cuan feliz se sentía por unas simples palabras y actos de amor, no podía ni siquiera hablar con el chico sin empezar a sonreír como un tonto.
Sentía que estaba conviviendo con la perfección en persona, y sin embargo, sabía que nadie era perfecto. Pero estaba tan feliz, que todo lo malo se le hacia perfecto, y todo lo erroneo se le hacia perdonable. El amor te hace estúpido, y él era el rey de los estúpidos.
Su cuerpo flotaba en una nube, en un día soleado cada que intentaba explicar todo lo que amaba de su pareja, sintiéndose en una sauna. Si alguien le pidiese explicar que le hacia tan feliz, el simplemente respondería que todo.
Había pasado un largo tiempo desde que su corazón se sentía incapaz de insultar a alguien, incapaz de faltarle al respeto a alguien que admiraba y amaba a la vez. Era su relación soñada, era lo que escribía en los tiempos antiguos dónde la soledad lo consumía lentamente. Pero esta vez no estaba solo. Tenía a alguien en quien confiar y en quien dirigir sus mejores momentos, tenía con quién compartir gustos y disgustos, tenía con quién sonreír mientras el caos pasaba detrás de él. Estaba tan enamorado que podria morir y revivir de la felicidad. Incluso si fuera un sueño que se rompería en cualquier momento, incluso si fuera una mentira que el mundo le estaba haciendo para burlarse de él, Rei estaba eternamente agradecida de lo que estaba sucediendo.
El autor renació, apareciendo para hacer su mejor obra. Los cielos se abrieron, dejando caer la pluma de un ángel que cayó con la misma en los brazos del autor. El autor, con la mayor felicidad del mundo, empezó a escribir con la tinta de su desgastado corazón, mientras el ángel reposaba en su regazo con una sonrisa en el rostro, contándole las historias que conocía del mundo exterior, explicando cómo deseaba salir de vez en cuando, explicando las desgracias que tuvo que pasar. El autor, escuchaba atentamente, mientras intentaba convertir de las mismas un libro con final feliz, para darle un futuro al pequeño ángel que estaba perdiendo plumas constantemente.
La tinta iba acabando poco a poco, y el ángel quedó sin plumas mucho más rápido de lo que fue en un inicio. Pero entonces, el libro se terminó, haciendo que todo lo perdido regresará con mucha mayor intensidad, colorando las páginas con colores cálidos y fríos, sin poder olvidar los problemas del pasado, pero colocándolos cómo experiencias que llevarían a una vida mejor. El ángel, casualmente, se levantó, flotando alegremente en la habitación oscura y fría. El autor, en cambio, simplemente lo descubrió con una sonrisa.
“Incluso si no soy para ti, haré lo que sea por ti. Oh, amado ángel, ¿Cómo podré vivir sin ti? .
“Hm, si no puedes hacerlo, entonces será una maldición. ¿No crees que eso sería malo? No soy el villano, tampoco soy el héroe. Autor, ¿Qué es lo que harás ahora?”.
“Amarte hasta que la tinta de mi corazón se acabe, ángel”.
“En ese caso, te daré nuevas plumas para continuar contigo”.
“Es un trato”.
Rei sonrió mientras entregaba el libro que había hecho después de días de no saber que hacer. Se sintió avergonzado de intentar que los personajes fieles a las personalidades que tenían el y su novio, pero era su mejor forma de expresar sus sentimientos.
No era bueno con las palabras después de todo, y de hecho, era malísimo diciendo lo mucho que amaba a la gente. Pasaba la culpa a sus problemas del pasado.
“Entonces, ¿Qué opinas? Es una versión súper exclusiva para mi querido y apreciado Eichi, príncipe del reino de, uh…” quedándose sin palabras para hacer más vergonzosa la situación, tosió y dijo lo primero que le vino a la mente “de los ángeles…”.
“¿Mmm? ¿Entonces me ves como un ángel, Rei? Que lindo, pensar que unos días antes estabas diciendo que me querías asesinar brutalmente…” bromeó, tomando el libro con sumo cuidado.
“Ese no fui yo. Ese fue Sakuma, mi gemelo malvado. Un ser tan lindo y adorable como yo jamás haría tan cosa sin principios, fufufu”.
“Ajá. Cómo sea, muchas gracias…Y esta vez hablo en serio” Eichi sonrió, convirtió un pequeño golpe en la frente con los dedos. “Entonces, ¿Qué te parece si en agradecimiento vamos a tomar algo de té? Aunque, ah…mi salud es algo inestable aún, pero mejoro un poco. Mmh, quizás podamos pedirle a alguien que nos traiga la comida”.
“Cuenta con Wataru, le haré hacer el trabajo. Tengamos una cita en casa, corazón”.
“Por supuesto”.
