Actions

Work Header

You are a girl

Summary:

Chan juraba que no iba a aceptar ir a la cita de su hermana a la que no podía asistir de último momento.

Pero ella sabía cómo sobornarlo y peor aún, convencerlo de usar maquillaje.

Ridículo o no, algo bueno debía salir de todo eso.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

“No”.

“¡Por favor!”

“Ya te dije que no”.

Su hermana era tan problemática. Siempre tenía que sacarla de sus tonterías y nunca recibía nada a cambio. Estaba harto de ser tan manipulable como para terminar cediendo, pero esta no iba a ser una de esas veces.

Ni siquiera con su hermana teniendo esa mirada de cachorro regañado, porque realmente no merecía su ayuda.

“¡Chris por favor! Este proyecto es muy importante, pero tampoco quiero dejar solo al chico, eso sería grosero”.

“Pues debiste pensarlo antes de acceder a conocerse, ¿no crees?”

El suspiro que soltó la mocosa, era demasiado dramático para su gusto. Tan joven para tener dilemas raros como ese; pero ella misma se lo había buscado, no podía hacer nada al respecto.

“Eres idéntico a mí. Si usas mi ropa, él ni siquiera lo notará...”

“Te voy a detener justo ahí”. Destapó su botella de agua y se detuvo frente a la chica, para después beber de su agua, pensando en la forma más modesta de decirle ‘estúpida’. “¿No es más fácil cancelar la dichosa cita, en lugar de pensar este plan ridículo que no quiero hacer?”

Lo lamentaba por el chico, pero no iba a ser el juguete de su hermana y disfrazarse cómo ella, solo para acudir a comer con ese extraño.

Además, si aceptara, sería raro para él y para la cita de su hermana, cuando se enterara de que realmente era un chico; porque era lógico que se iba a dar cuenta en algún momento. Nadie es tan estúpido como para no notarlo.

“Mi complexión no se parece nada a la tuya. Solo mírate, eres una flacucha en comparación conmigo. No haré esto”.

Iugh, su hermana parecía a punto de llorar y si lo hacía, juraba que la dejaría ahí para que sola encontrara la solución a sus problemas. No estaba de humor para tolerar esas cosas.

“¡Te juro que si haces esto, nunca más te volveré a pedir ayuda con algo!”

“Siempre prometes lo mismo”.

Sonrió y se dio la vuelta para salir del cuarto de la chica. Sin embargo, ella lo sostuvo de la muñeca para que se detuviera.

Su paciencia estaba colmando lo último y no quería discutir.

“Si me ayudas, convenceré a papá de que te permita ir a Europa como lo deseas. Sabes que a mí no me negará nada y si lo consigo, todas las cosas que te he pedido, quedarán saldadas. ¿Es suficiente con eso?”

Sabía cómo sobornarlo y por primera vez, su orgullo flaqueó, porque era algo que de verdad quería. Su padre no accedía a su petición porque lo sobreprotegía; no obstante, si su hermana intercedía, sería más fácil conseguir la aprobación.

No creía que fuera una negociación justa de igual forma, aunque estaba tentado a aceptarlo porque ir a Europa era una oportunidad muy grande para él y que peleó demasiado por conseguir, pero se le negó repetidas veces.

Tal vez tendría vergüenza toda su vida, pero si eso le permitía conseguir su objetivo, se dejaría manipular una vez más por esa mocosa.

“Ni creas que voy a usar una peluca. Mi cabello está bien así”.

Su hermana se rio y sabía que estaba perdido.

 

........

….......................

........

 

“Te ves apuesto”.

“Una palabra más y te golpeo”.

La risa de su hermana lo hizo sentir más ridículo de lo que ya creía que se veía. Era demasiado para su orgullo y estaba reconsiderando todas las malas decisiones que había tomado en su vida; considerando esa, la peor de todas.

Verse en el espejo, lo hizo sentir tan extraño. No es que se viera mal, pero era raro contemplar cómo lucía con maquillaje y esa ropa.

No tenía pechos cómo ella y eso lo hacía sentir más tonto todavía con la ropa de una chica. Solo un idiota no reconocería que es un hombre.

“Pero en serio Chris, te ves muy lindo. Siempre has sido demasiado guapo y estoy segura de que no importa lo que uses, deslumbrarás a cualquier persona”.

Bueno, al menos tenía apoyo moral, así que intentaría que ese absurdo funcionara o se hundiría en su cama; rodeado de su vergüenza, por el resto de su vida.

“Gracias, creo. Ya me voy, mándame la ubicación del lugar, ¿sí?”

Terminó de trenzar una parte de su cabello y al menos eso, sí le gustó de su aspecto. Se veía lindo en su cabello rubio y el delineador, hacía maravillas. Así que con el poco valor que le quedaba, salió de casa para dirigirse a la dichosa cita.

No tenía idea de lo que diría y si un milagro lo ayudaba, su voz no sonaría tan grave o sino, tendría que huir del país para ahorrarse la vergüenza que pasaría con el chico.

Vio el mensaje que su hermana le envió con las indicaciones y con un respiro, caminó hacia allá; sintiéndose un poco incómodo con todas las miradas que recibía, pero nadie mencionó nada y eso era un alivio.

Cuando llegó al café donde lo esperaban, sintió que sus manos comenzaban a hormiguear y si no obtuviera un gran beneficio de eso, seguramente se pondría a llorar.

Entró en el lugar para luego acercarse al chico que estaba despachando para preguntarle por la reservación que tenía y él, muy amablemente lo llevó a la mesa donde un chico bastante atractivo, estaba bebiendo capuchino por lo que podía observar.

Se veía un poco más bajo que él, pero su aura era mucho más intimidante que la suya y no sabía porqué a su hermana le gustaba tanto ese tipo de chicos.

Cuando el otro levantó la mirada y la dirigió a él que se encontraba detrás del camarero; sonrió porque era lo único que su cerebro podía hacer en ese momento, ante los nervios que tenía en su pecho.

Logró ver una sonrisa de lado en el chico, mientras el mesero acomodaba la silla para que se sentara y después le agradeció su cortesía. Sin embargo, cuando se fue, el peso del mundo volvió a caer sobre él y supo que ya no había marcha atrás.

“Tú debes ser Changbin, ¿no es así?”

El chico le prestó atención por primera vez y vaya que su mirada era ruda; lo suficiente como para hacerlo sentir cohibido, mientras la parte de su cabello suelto, se movía por su rostro, gracias al aire que entraba por la ventana a su lado.

Eso le brindó un poco de confianza así que trataría de hacer lo menos aburrido que pudiera, de esa cita extraña.

“Y supongo que tú eres, ¿Hannah?”

“Mhn”. Su conciencia le reprocharía esa mentira toda la vida, pero ya qué más daba.

El chico relajó su postura y si tenía que ser sincero, era guapo. Tenía rasgos muy atractivos; además, si no fuera una cita perpetrada por su hermana, tal vez sí generaría un auténtico interés por él.

“Cuéntame de ti, Hannah”.

¿Qué debía contarle? Si al final solo era una broma todo eso. Sería triste tener que contar algo de sí, si era una farsa.

Pero si no se volvían a ver, entonces no importaba, ¿o sí?

“Me gusta la música”. Y sonrió porque su vida era eso. Su arte siempre hacía que su corazón brillara y el mundo parecía mejorar cuando se trataba de eso. Por alguna razón, se sentía con la confianza de contarle sobre ello. “Hago mis propias canciones y aunque no me encantan muchas veces; el experimentar con ellas, me hace sentir bien”.

“Yo también hago música”. Ahora su atención le pertenecía al chico, mientras sus pedidos de comida llegaban y no podía importarle menos, que saber más de Changbin. Si compartía algo con él, debía ser increíble. “Soy asistente de un productor en una compañía de entretenimiento. Juntos hacemos canciones para algunos artistas y comparto el sentimiento de que se siente bien eso. Sería bueno compartir ideas alguna vez”.

“Estoy muy de acuerdo con eso”.

Y por el resto de la cita, se sintió realmente cómodo con el chico que era menor a él.

Se dio cuenta de que tenían muchas cosas en común y, aunque consideraba que el humor que él tenía, era raro; a Bin no parecía importarle demasiado.

Contaron anécdotas sobre sus vidas y supo que el otro amaba ir al gimnasio (cosa que era muy evidente porque tenía un cuerpo impresionante, vaya). También era alguien muy inteligente, a decir verdad; como si su mente estuviera evolucionada mil años en el futuro y no se cansaba de escucharlo.

Lo cómodo que el otro lo hacía sentirse, pocas veces lo había vivido. Sentía que lo comprendía, a pesar de ser la primera vez que se cruzaban en ese mundo.

El tiempo se le pasó muy rápido y quería más. Deseaba saber más de Changbin, conocerlo más, él quería…

“Hyung, sé sincero conmigo”. Escuchar el honorífico le heló la sangre, causando que el chocolate que les habían ofrecido como cortesía, se sintiera amargo en su garganta y; de pronto, mil escenarios fatales, cruzaron por su mente a una gran velocidad, complicando su respiración. “Ambos sabemos de qué hablo, así que quiero escucharlo de tu propia boca, si puedo pedir eso”.

Claro que podía; después de todo, el mentiroso era él y no consideraba justo que Changbin fuera engañado de esa forma porque era un buen chico. A diferencia de él, que estaba usando una falda que, al menos le favorecía con el calor de la estación.

“Fue idea de mi hermana. Yo no quería hacerlo, pero terminó por convencerme y tampoco quería dejar plantado a su cita, aunque dijera lo contrario. Creí que era una idea ridícula vestirme así, pero ella insistió. Perdón si te incomodé”.

Se sentía repugnante en ese momento. Toda la emoción que tuvo al hablar sobre Berry; desapareció por completo, dejándolo con la espantosa picazón que ahora el delineador y el ligero labial en su rostro, le causaban.

Había actuado estúpidamente y reconocía el error que había cometido al aceptar ese trato.

Quería desaparecer de la faz de la tierra, hasta que Changbin olvidara por completo, lo que había ocurrido ese día.

Ni siquiera fue consciente de las marcas que estaba dejando sobre sus piernas, por la fuerza impuesta en sus dedos, hasta que sintió el dolor en el área y apartó sus manos, mientras intentaba quitar su cabello que comenzaba a ser una molestia para él.

Realmente quería llorar, pero no quería que el rimel de sus pestañas manchara su cara; ya bastante mal se sentía como para agregarle eso.

“Hyung, levanta la vista”. Hizo caso, solo para ver su cabello rubio interfiriendo y si tuviera tijeras a la mano, se encargaría de deshacerse de él. “¿Cuál es tú nombre?”

“Christopher, aunque puedes llamarme Chris o Chan, es igual de todas formas”.

Maldito cabello, ¿por qué se le ocurrió peinarlo así? De todos los peinados que pudo hacer, ese era el peor definitivamente. Nunca más lo haría.

Sin embargo, sentir la mano del chico sosteniendo su muñeca para apartarla y ser él quien acomodaba su cabello; lo ruborizó sin querer, porque no esperaba esa clase de gesto.

Tenerlo cerca era asombroso. Su olor era embriagante y su presencia, fácilmente superaba la suya, para luego envolverlo por completo.

“No era necesario vestirte así, Chan hyung. Si hubieras venido siendo tú, igual me habría quedado solo para conocerte más; eres mi tipo, en realidad. Sin embargo…” Pudo ver los ojos del otro claramente y fue cuando sintió que su respiración se detenía para perderse en aquellos orbes obscuros que no hacían más que llegar hasta lo profundo de su alma para consumirlo. “Tengo tantas ganas de follarte con esa falda, que no podrás caminar sin mi ayuda y serás incapaz de olvidarme porque querrás más”.

El menor sostuvo su mentón y pasó un dedo sobre sus labios, sintiendo como lo pegajoso del labial, se esparcía y quedaba sobre los dedos del otro.

Tenía ganas de besarlo y eso era raro, porque no solía tener sexo con gente que apenas conocía; sin embargo, ese chico revolvía todas sus emociones en el estómago y no sabía si era bueno o no, pero lo quería.

“No estoy muy seguro de si eres consciente de lo que puedes provocar, pero sí sé que en este momento, tú me tienes a tus pies”.

“Entonces demuéstralo”.

El menor sonrió y ambos salieron corriendo del café para ir al motel más cercano.

Para qué mentía, estaba emocionado. Por ese rato, quería olvidar el hecho de que se siente completamente ridículo vestido de esa forma. No obstante, a Bin parecía gustarle, entonces no debía estar tan mal.

Al ingresar al lugar, sus bocas se encontraron en una danza desesperada que luchaba fuertemente para dominarse mutuamente.

Sentía cómo el deseo comenzaba a calentar su cuerpo y la urgencia de que Bin lo tocara, incrementaba rápidamente en su mente.

Cuando sintió las manos del chico recorriendo sus piernas y luego posadas sobre sus nalgas, debajo de la falda; intentar ocultar su erección, era demasiado difícil, logrando que el otro sonriera con burla al conseguir eso.

“¿Qué niña? ¿Eres sensible?” No pudo contener el ligero gemido que escapó de sus labios al escuchar el apodo y con eso, su necesidad lo hizo frotarse contra la pierna de Changbin, quien buscó dirigirlos hasta la cama para disfrutar de la ocasión.

“Bin… por favor…”

“¿Por favor qué, cariño?”

“Fóllame. Fóllame hasta que solo grite tu nombre”.

Bin reanudó el beso y mientras tanto, comenzó a quitarle las prendas menos útiles que llevaba.

Las manos del menor se dirigieron a su blusa y con tortuosa lentitud, fue desabrochándola para luego dejarla caer de sus hombros, dejando desnuda su parte superior.

Se sentía expuesto ante la mirada del chico que parecía hambriento de él y empezaba a suponer que el tener las piernas abiertas, cubiertas por un par de medias; mientras sus brazos cubrían su torso, no era precisamente una imagen muy pulcra.

“Prometo hacerte llorar. Pero antes, estoy limpio, ¿y tú?”.

“También. Puedes hacerlo sin condón, si quieres”.

La dureza entre sus piernas ya no podía ser ignorada más y Bin notó eso porque llevó su mano hasta ahí; para luego, comenzar a frotar su intimidad, haciéndolo gemir como una perra en celo; fingiendo no estar afectado por su autorización.

Trataba de empujarse contra él, pero la firmeza que el otro le impuso sobre la cintura con su otra mano, lo hizo quedarse en su lugar, aceptando lo que el menor le daba.

Sin embargo, la sensación se alejó cuando el mismo Changbin comenzó a desvestirse y pudo observar claramente los músculos definidos que poseía, siendo consciente de cómo su boca se hacía agua ante la imagen.

Era tan fuerte, que fácilmente podía cargarlo entre sus brazos. Cada imagen que su mente creaba, hacía que el sonrojo fuera creciendo en su pecho hasta que sus orejas no pudieron ocultar lo que sentía.

El menor se lanzó a besar su cuello, marcando todo lo que podía, dejando muestras de su encuentro que tardarían en borrarse en un buen tiempo y eso le gustaba.

Sentir las manos del otro, recorriendo cada extensión de su piel, era un deleite que deseaba disfrutar lo más que pudiera.

Changbin lo tomó de las piernas y sin poder procesar lo que ocurría, lo giró boca abajo; dejando su trasero al aire para deleite del otro y, con brusquedad, escuchó sus medias ser rasgadas.

Estaba asombrado por la rudeza que le mostró, pero no tuvo tiempo para pensar demasiado en ello, cuando sintió los dedos del chico, jugar sobre sus nalgas y luego llegar hasta la parte de su entrada; dónde el primer roce, logró que un choque de electricidad recorriera su columna, colapsándolo sobre la cama, pero sirviendo sus codos de soporte.

“Mírate. Te ves tan bonita, noona”.

El aliento de Changbin sobre su oreja, lo hizo gemir con desesperación mientras sentía que el chico rompía su entrada con dos dedos; para luego jugar en su interior, arrancándole gritos llenos de necesidad.

Ser tratado como una chica era humillante, pero le encantaba la excitación que causaba en su interior también.

“Bin… por favor—” El gemido más obsceno que jamás había hecho, salió sin previo aviso de su garganta cuando el menor encontró su punto g y el ritmo que había establecido para embestirlo, aumentó considerablemente para que necesitara una liberación. “Lléname. Noona necesita que la llenes con tu semen, por favor”.

El gruñido que el otro soltó, fue de lo más erótico que alguna vez escuchó y solo en ese momento agradecía que su hermana haya tenido otros planes o, de lo contrario, él no estaría disfrutando como lo hacía.

Changbin lo giró hasta quedar frente a frente y él lo buscó para que sus labios se encontraran. Guió su mano hasta la polla del chico y al sentir la longitud, no estaba muy seguro de que pudiera salir caminando de ahí.

Le dio un par de caricias, hasta que lo sintió tan caliente en su mano, que no podía esperar a que se extendiera dentro de él.

Así que Bin cumplió su deseo y lo alineó contra su polla para después penetrarlo sin cuidado, causando una sensación de ardor que le encantó, mientras sus paredes se ajustaban a la calidez del otro en su interior, dónde quería que permaneciera todo el tiempo que fuera posible.

Empezaron a moverse juntos y cada choque de la punta del pene de Changbin que llegaba hasta su próstata; lograba que sus ojos se llenaran de estrellas, sintiendo como el calor hacía escurrir el sudor por su rostro, pegando su cabello y humedeciéndolo. 

La misma sudoración, le hizo darse cuenta de la forma en que; tanto el delineador como el rimel, se estaban desparramando por su rostro; creando seguramente, un desastre.

El deseo lo hizo enterrar sus uñas en la espalda del mayor, buscando encontrar algún consuelo en eso; en tanto, el otro comenzaba a jugar con su pene, logrando que su razón se perdiera por completo y le arrancara incoherencias de la boca que solo suplicaban por mucho más.

“Llena a noona, Bin. Quiero todo lo que puedas darme”. El menor mordió su hombro ante eso, obligándolo a gritar mientras la fricción se hacía más rápida y salvaje.

Era tanto que no pudo contenerlo más y se corrió en la mano del chico, mientras continuaba follándolo hasta que también terminó, inundando sus entrañas con su semilla.

Se sentía tan borracho ante la sensación de estar lleno, que regular su respiración era tortuosamente difícil.

Binnie no salía de él y lo agradecía porque le encantaba la sensación de que estuviera en su interior, impregnado de su calidez y rodeándolo de vuelta en la misma medida.

Se sentía tan cómodo entre los brazos del otro que olvidó momentáneamente la situación que lo orilló hasta eso.

“Si después de esto no tenemos una cita formal, me voy a decepcionar”.

“¿Con falda otra vez?” Sintió cómo el pecho del chico se contraía en risa ante su pregunta y reconocía que era cómoda la compañía del otro.

“Solo si quieres que te vuelva a llamar noona”.

Dios, nadie lo preparó para eso y valía la pena cada segundo de idiotez que le pasó por la cabeza, por haber conocido a ese chico fuerte.

Ya no era tan importante lo que su hermana hiciera para pagar su deuda. Le bastaba con salir muchas veces más con Changbin, quien repartía besos suaves por su cuello.

Había sido una gran idiotez, después de todo.

 

 

Notes:

Sip, esto salió de una de mis ideas en tw jejeje.

Espero les guste, háganmelo saber y gracias por leer<3

Sígueme en tw para ver más cosas @CelSKZ_BP