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La oficina del último piso

Summary:

La música de Sufjan Stevens siempre ha calmado a Izuku cuando tiene un diseño complejo entre manos. La escucha casi por inercia. Es, cuando una de las canciones más melosas y cursis de todas suena, que Katsuki Bakugo entra en su oficina, preguntando por qué lo quiere de regreso si tanto lo odia.

De un Izuku quirkless que es, prácticamente, un genio inventor y de un Katsuki que necesita redención. Del amor, en todas sus formas y maneras posibles.

Notes:

One shot para la dinámica del grupo Bakudeku de Facebook.

Para Beeth

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

PRÓLOGO

 

Death with dignity

 

Una muerte digna, es lo que recuerda que su padre, ausente ya por tanto tiempo que no puede ni recordar su rostro, le decía a su madre, Inko Midoriya, cada vez que enfermaba gravemente. Él, tan chico e inocente, tan pequeño que no puede recordar sus propios balbuceos, solo reconoce que la mano que le acaricia la frente es de su madre y, de fondo, su padre solo dice: " Dale una muerte digna ". ¿A quién? ¿A él? ¿Por qué? Si su madre y el doctor dicen que solo es un pequeño resfriado. 

 

Pero, en el fondo, él sabe de lo que habla Hisashi. Solo que, en su momento, no lo quiso aceptar. 

 

Tiempo después, escuchó esa misma frase de su mejor amigo (aunque esas mariposas que siente cada vez que lo ve llegar al aula de clases, no son para nada normales), y el contexto, si bien es diferente, tienen un punto en común: su falta de quirk. 

 

Katsuki no sabe lo que significa esa frase, solo sabe que se la oyó a la vieja bruja cuando ella conversaba al teléfono con la tía Inko. Morir con dignidad, le sonaba curioso, algo llamativo y pomposo, pero no se quejaba. A él le gusta la atención. Así que, cuando Izuku es diagnosticado como quirkless , lo primero que se le viene a la mente es "morir con dignidad". Deku debería hacerlo. No morir, piensa; sino dejar de lado ese estupido sueño suyo de ser un heroe y dejar que él se encargue de los malvados villanos que acechan bajo el cerco, en la oscuridad.

 

Pero Deku es Deku. Y, como tal, no se rinde tan fácilmente. 

 

Durante años, Izuku creció con esas palabras en la mente, sean dichas por la imaginaria voz de Hisashi o de Katsuki, daba lo mismo: seguía pensando que morir con dignidad no era una opción. No, al menos, hasta que lo haya intentado. 

 

Solo necesitaba intentarlo un poco más.

 

Sin embargo, un tiempo después, el incidente llegó. 

 

Katsuki, abiertamente y muy ruidoso también, le dijo que era mejor que saltase del tejado porque sus sueños eran "estúpidos e inútiles y tontos e inalcanzables". Izuku comprendió, con el corazón roto, que Katsuki nunca podría superar su falfa de quirk. Nunca lo perdonaría por intentar alcanzarlo. Y, por más que se preguntase el por qué de ésto, sabía que no iba a obtener una respuesta. No coherente y lógica con la que su corazón estuviese 100% satisfecho.

 

Y duele más saber que la persona de la que te has ido enamorando poco a poco, te detesta con todo su ser.

 

Pero, claro, luego vino el encuentro con All Might y, con esto, la verdadera muerte. 

 

Izuku cree ahora, años más tarde, que ese encuentro con All Might y el villano del lodo fue su muerte

 

Y es que comprende que morir no significa dejar de existir. Significa transformar. Reconstruir algo en pedazos, pieza por pieza, con tiempo y mucha paciencia. Izuku entiende, ahora, a sus 27 años, que morir con dignidad es lo más grandioso que le puede pasar a alguien en toda su vida. Fue lo más grandioso que le pudo pasar en toda su vida. 

 

Porque ahora, mientras observa la vista desde lo alto de su nueva oficina en la nueva agencia a la que lo han trasladado, piensa que no pudo haber tomado mejor decisión. 

 

Izuku se gira hacia el escritorio de roble y acaricia la foto de su madre, que en paz descanse, con una sonrisa. 

 

"Lo logramos, mamá", susurra y sonríe. Sin lágrimas, porque ya ha pasado tiempo, pero con una nostalgia que ni el tiempo podrá curar. 

 

Porque, cuando dejó que sus sueños de ser héroe muriesen aquel día de otoño en el que conoció a All Might, algo nuevo nació en su interior. Una chispa, llamemoslo, pero se encendió un par de dias despues del incidente. Fue como si todo se hubiese transformado y, de pronto, un enorme panorama de opciones que antes no había visto se abriesen ante sus ojos. Lo supo en el instante en que creó su primer artículo de soporte, en el momento en el que conoció a Mei (¿quién diría que ahora serían socios?), en el momento en que hizo su primer contrato con la agencia de Endeavor, en la que lo llamaron a Ocean para dar una conferencia sobre cómo los motores para aviones podrían ser utilizados y modificados como artículos de soporte. 

 

En el momento en que tuvo el privilegio de conocer a Shoto, el hijo menor de Endeavor. Si es sincero consigo mismo, ese evento lo guarda en un espacio muy especial de su corazón. Shoto, despues de todo, fue su primera vez. En muchos aspectos. Y ya saben el dicho: las primeras veces son dificiles de olvidar, para bien o para mal. 

 

Así que, si le preguntasen ahora, en cualquier entrevista o, quizás, de camino a casa, si cambiaría todo lo que tiene ahora por ser un heroé profesional, él sabe cual sería su respuesta. 

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“A veces, es mejor dejar morir los sueños con dignidad para crear algo de cero. Algo nuevo”

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PRIMERA PARTE

 

Fourth of July

 

Bakugo observó, con la mirada perdida en los fuegos artificiales, cómo todo a su alrededor explotaba ese 4 de Julio en Washington D.C. El viento soplaba tibio, el verano estaba a punto de llegar a su punto algido y, si bien su quirk se beneficiaba de ese calor, él, en realidad, detestaba las altas temperaturas. Y la lluvia. Y los extras que deambulaban a su alrededor, pidiendole cinco autografos al día o alguna mercancía que aún no salía a la venta. Y los hot dogs. ¡Mierda, cómo odiaba la comida americana! Solo esperaba que terminase esa maldita rueda de prensa y, en unas nada cómodas 18 horas, estaría de regreso en Japon, en su oficina, trabajando hasta altas horas de la noche sin que nadie le dijese nada porque allá era un servicio; en America, era un insulto. 

 

Bueno, pues, que se pudrán. 

 

Katsuki soltó un suspiro hostigado y sacó el celular del bolsillo de su uniforme, bajó por las noticias de ese día. Nada nuevo. Suspiró y marcó directamente al número de Kirishima, quien no tardó más de dos tonos en contestar. Cuando lo hizo, sonaba agitado, cómo si hubiese estado corriendo una maratón. 

 

“¿Molesto?” se burló. 

 

El hombre explosivo escuchó murmullos a su alrededor y, de pronto, la voz de Mina se escuchó por el interlocutor. 

 

“Te juro, Bakugo Katsuki, que cuando te vea, voy a patearte los huevos tan fuerte que…” 

 

“Okay, es suficiente, cariño” La voz de Eijirou se escuchó a la distancia. Luego, lo mandaron a llamada de espera. 

 

Bueno, al menos eso había hecho que su aburrida noche sea mucho más amena. Como cinco minutos despues, la llamada regresó y la voz de Kirishima se seguía escuchando agitada. Aunque, de fondo, el viento soplaba. 

 

“¿Molesto?” Volvió a preguntar, burlón. 

 

“Callate, Katsuki” Okay, quizás se había sobrepasado un poco al llamar a su mejor amigo en plena sesión con Mina. En su defensa, la distancia lo hace más audáz. “Mina me botó del apartamento y no me dejará regresar hasta que haya hablado contigo porque, si Katsuki Bakugo llama desde la puta norteamerica, es porque debe ser de vida o muerte. Así que, Katsuki , te ruego que me digas que estás a punto de morir bajo mil toneladas de escombro y que solo yo, tu amigo incondicional, puede ir a salvarte, porque si no es así, te juro que… ¿estás riendote, cabrón?” 

 

La situación era surreal y, en defensa de Katsuki, él solo se sentía un poco solo. No tenía a nadie más a quien llamar. 

 

Denki no era una opción. Su relación había terminado mal despues de haberlo encontrado siendole infiel con Shinsou y, dios sabe, que él intentó no ahorcarlo con sus propias manos cuando todo explotó. 

 

Jirou probablemente no iba a contestarle por la gira con el resto de heroes emblematicos de la guerra. Estaba feliz de saber que ella, quien había confiado en él antes que todos, estaba logrando ese sueño que tanto anhelaba. 

 

Mina, obviamente, tampoco era una opción. 

 

Sero probablemente estuviese manoseandose con alguien en algún bar. O quizás estuviese en alguna misión super secreta. De esas que suele tomar solo porque es soltero y no le debe nada a nadie. Él las dejó de tomar hace un año, aproximadamente. No porque esté comprometido; sino porque el trabajo de heroe, repentinamente, había comenzado a aburrirle. 

 

Quien hubiese le hubiese dicho al pequeño Katsuki que, a sus 27 años, estuviese pensando en retirarse de ser heroé. 

 

“¡Katsuki Bakugo!” El grito lo sacó de sus pensamientos y sonrió, regresando a la llamada. 

 

“Solo quería saber que hay de nuevo en la agencia. Naho-san dijo que habían contratado a un nuevo jefe de soporte, ¿es verdad? ¡Hasta dicen que le dieron la oficina más grande del último piso! ¡Esa era mi oficina, Kirishima!” Contraatacó. 

 

No lo tomen a mal, pero Katsuki valoraba su espacio. 

 

Y la oficina del último piso de la agencia era lo que Katsuki anhelaba desde que lo transfirieron a Tokio. 

 

Se lo merecía, se había roto el lomo por personas que solo lo buscaban para una foto y, si bien no todos eran así, sentía que la vida se le estaba yendo en ese cubiculo 4x4 en el que vivía haciendo papeleo que el heroé numero uno no debería estar haciendo. Para eso existían los internos, por el amor a jesucristo. 

 

“¡Oh, Kats, lo vas a amar! Es, literalmente, la cosa más tierna que he visto en mi vida. Mina está de acuerdo conmigo. Pero no solo eso, el hombre podrá ser tierno ¡pero tiene unas manos que han sido bendecidas! Creó este soporte para mi espalda solo porque le dije que me había estado empezando a doler…” 

 

“¿Qué tiene eso de innovador?” bufó Katsuki. 

 

“¡Que está hecho de puto titanio, Katsuki!” 

 

Él frunce el ceño. “¿No es más pesado?” 

 

“Es lo que intento decirte: ¡Él ha hecho que no sea pesado! ¡Desafió las leyes de la puta gravedad, Kats! ¡Es un puto genio!” 

 

Katsuki no siente que deba creerle tan rapidamente, ¿un mecánico que pueda desafiar la gravedad haciendo un soporte de espalda de titanio que no pese? Solo era una fantasía, ¿verdad? 

 

“No entiendo, ¿el titanio que él creó no pesa?” pregunta incredulo. 

 

“No recuerdo que me explicó, solo sé que me dijo que, a partir de ahora, podía transformarme sin temor a que mi espalda sufra algún daño colateral en las batallas, ¡Incluso me hará más ligero! ¡Y lo hace! Lo probé hace dos noches, en una guardia nocturna, estuve casi dos horas manteniendo la dureza sin descansos ni pausas. Al día siguiente, no parecía que hubiese estado al límite, Kats, era un hombre nuevo…” 

 

“Siento que me estás hablando del nuevo mesías” 

 

“¡Te juro que lo es! Y está soltero, por cierto…” 

 

El silencio que le siguió a esa frase fue suficiente como para hacer que Kirishima suspirase con cansancio. 

 

“Han pasado tres años, Kats…” 

 

“Lo sé.” 

 

“Me dijiste que lo habías superado” 

 

“Lo hice.”

 

“Dijiste que estabas bien y que ibas a seguir adelante” 

 

“Lo he hecho.” 

 

“¿Entonces porque no has aceptado salir con nadie desde que terminaron?” 

 

Si Katsuki fuese honesto consigo mismo, es porque era un maldito masoquista. Denki no lo había marcado tan a fondo. Pero ese cabrón sí. Shindo Yo, el estupido e idiota Shindo Yo se había colado tan profundo en su piel que le había costado superarlo. Y, si bien ya habían pasado tres años desde su desastrosa y muy pública ruptura, la herida había sanado con un dolor perenne. Y él sabía, porque había tratado sus propias heridas antes, que cuando uno deja que el dolor avance, termina por hacerse crónico. Le sucedió con su muñeca derecha, la cual tiene menos potencia que antes debido al uso excesivo de su quirk, y a sus costillas, por haber tardado tanto tiempo en ir al hospital. 

 

Las heridas sanan; pero si el dolor permanece, se hará crónico. Y dolerá un poco más cada día. 

 

Hasta que lo único que sientas sea tu propio cuerpo palpitando, enmudecido por la anestesia o hiperventilando para intentar que tu cuerpo vaya al ritmo del dolor. Katsuki sabía y, aún así, elegía ese destino. 

 

Así que hace lo que mejor sabe hacer: esquivar las preguntas. 

 

“¿Cómo se llama la pequeña mierda que dices que es un genio, idiota?” 

 

Pero el karma, maldito sea, siempre ha sabido como devolverle el golpe. 

 

“¡Tiene el nombre más genial de todos: Deku! Pero ese es como su seudónimo, se llama Izuku Midoriya; estudió en…” 

 

El cuerpo le tambaleó y tuvo que agarrarse fuertemente de las barandas de la terraza. 

 

Detrás de él, los fuegos artificiales explotaban en mil y un colores; sin embargo, lo único que su mente podía procesar era el recuerdo de un niño flacucho, indefenso y sin quirk que lo sacaba de sus casillas solo porque no podía aceptar su propia debilidad y, obviamente, que estaba jodidamente enamorado de él. Su corazón tembló y, por un momento, se imaginó a un tierno Izuku con muchas herramientas, arreglando una de sus extremadamente peligrosas bombas. No obstante, en su mente, éstas nunca explotan, solo se quedan calladas, inertes y tranquilas, observando las manos duras y fuertes de Izuku arreglarlo. 

 

Las explosiones del 4 de Julio terminan con dos estallidos en naranja y verde de fondo y, Katsuki sabe, que está condenado. 

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¿Podré ser tu cielo un 4 de Julio? ¿Algún día volverás a mirarme de nuevo, Izuku?

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SEGUNDA PARTE

 

Mistery of Love 

 

“Entonces, solo nos falta un héroe para completar la revisión anual… que, casualmente, se ha rehusado a pasarse por soporte desde que llegó de una misión en America” Mei levanta la mirada con exasperación e Izuku sabe que le cuesta toda su entereza no ir a meterle sentido común a tal heroé. “En serio, ¿cómo puede ser tan idiota?” 

 

“Ya, ya, seguro le han dado unos días extra de vacaciones, Mei-chan. Nos acoplaremos al plan de recursos humanos para poder completar las revisiones a tiempo. ¿Hay algún héroe que nos falte?” menciona, revisando la lista que tiene sobre sus muslos. 

 

Tanto Mei como él están sentados en el suelo de la oficina más espaciosa del último piso de la agencia que, lamentablemente, se ha convertido en la oficina del caos. A Izuku le gusta su caos, sin embargo. No lo cambiaría por nada. Le trae recuerdos de sus estudios en Ketsubutsu, de sus momentos creando pequeños robots que desafiaban la lógica. Oh, recuerda perfectamente el momento en que conoció a Mei gracias a uno de esos. Fue amor al trabajo a primera vista, si eso existía. 

 

“Él es el único” Suspira, mientras se lanza sobre el tapete nuevo, “lo más jodido es que lo conozco y si no quiere venir, no lo hará hasta que su equipo sea inservible y nos cueste miles de yenes o hasta que lo encuentren debajo de mil toneladas de escombros… Te juro por dios que espero que sea la última opción” 

 

“Bueno, pero nos pagan esos miles de yenes para hacerle el equipo nuevo. Un par de dias más o menos no harán la diferencia…” 

 

No llegó a terminar la oración porque Mei se levantó abruptamente y lo miro como si hubiese dicho las palabras mágicas. 

 

Su madre le enseñó que eran “por favor” y “gracias”. Y él no había dicho ninguna de esas en su oración… 

 

“¡Tengo la idea más brillante y genial de todas!” 

 

Oh. 

 

No. 

 

Eso nunca era bueno. 

 

“Mei, espera…” 

 

“No, no, no, espera, escuchame antes de debatir conmigo…” 

 

“Mei, solo, recuerda pensar en las consecuencias antes que en el resultado, ¿sí?” 

 

La mujer estaba exaltada, completamente eufórica. E Izuku no tenía ni puta idea de lo que había dicho para ponerla en ese estado. 

 

“Okey: Este heroé no está de vacaciones, lo he visto trabajando y sé por Naho-chan que marcó su entrada hoy en la agencia. Mi idea es: colarnos a su patrulla…” 

 

“Mei…” 

 

“Espiarlo de lejos, tomando notas sobre cómo maneja su cuerpo con el equipo que tiene…” 

 

“Espera.” Izuku suplica. 

 

“Observar atentamente si su equipo tiene algun defecto, algún guiño o ese deja vu que ves cada vez que tienes un quirk cerca tuyo…” 

 

“Mei, por favor” 

 

“Y luego, cuando venga, ahorraremos tiempo en hacer las correcciones respectivas porque ya sabremos qué es lo que había defectuoso en primer lugar, ¡Es la lotería, Izuku!” 

 

Desde su punto de vista, no lo era. Sabía, porque lo había visto en otros heroes, que muchos preferían mantener su distancia de los civiles por temor a tener que iniciar una pelea frente a ellos y que sean el daño colateral. Muchos “ daños colaterales ” habían hecho que heroes de gran renombre se den de baja a temprana edad solo por la presión mediatica. Tal como lo veía Izuku, invadir el espacio de patrullaje de un héroe profesional era un insulto hacia el heroé mismo. No quería hacerlo. En serio que no quería hacerlo. 

 

Y, sin embargo, la voluntad ferrea de Mei era más grande que su propia moral. 

 

Es por eso que ahora se encuentra con lentes de sol, una gorra que esconde sus rulos y una chaqueta de cuero algo rota, espiando a varios héroes ir y venir en la avenida principal de Tokio. Mei, a su costado, con unas gafas en forma de corazón y un overol beige, buscaba con la mirada al héroe incognito. 

 

Porque, curiosamente, nadie le había dicho su nombre. Todos lo tenían en alta estima, sí; pero algunos consideraban de mal augurio decir su nombre (incluso el de héroe), sin que él estuviese presente. Así de importante y grande era. Hace años que él dejo de sentirse inferior delante de otras personas. Cada uno era dueño de su destino y de cómo decidían llevar su vida. Él había decidido dejar morir sus sueños de ser heroe para convertirse en algo más. Una versión mejor de él mismo. 

 

Eso no significaba que le gustase romper las reglas. 

 

Era bien sabido que el equipo de soporte y los heroes no congeniaban mucho, de hecho, es por eso que tenía a varios técnicos de su lado para ayudar cuando las cosas se pusieran tensas. Solo que, cómo era la revisión anual, el directoria había pedido explicitamente que fuese Izuku quien hiciera la rotación final. Es decir que, sin su aprobación, los heroes no saldrían a las calles. 

 

Tanto poder malgastado en una misión de espionaje barata. 

 

“¿Sabes siquiera quién es?” Habló Izuku. 

 

Mei asintió, acomodando los lentes de sol sobre su cabeza. Sus ojos se veían resplandecientes bajo la cálida luz del verano. 

 

“Te lo dije, estudié con él en la UA. Era un dolor en el culo, ya te digo, pero no es mala persona. Me caía bien.” Izuku notó cómo el pasado seguía invadiendo las palabras de Mei. 

 

“¿Caía?” Replanteó. 

 

Mei hizo un puchero y, luego de lo que parece ser una epifanía, su cuerpo se detiene de inmediato y comienza a temblar. De pronto, los ojos, ya brillantes por el sol, resplandecen como dos estrellas. Eso solo sucede cuando algo realmente emocionante se le ha ocurrido o resolvió alguna ecuación que Izuku había tardado dias en sacar. 

 

En esta ocasión, fue cuando divisó al heroe, a lo lejos. 

 

“¡Ahí está! ¡Vamos, Izuku!” Mei lo jaló de la muñeca y, cómo si fuese un saco de harina, lo arrastró por la calle. 

 

Izuku no tardó en seguirle el paso, intentando distinguir a qué heroe estaban siguiendo, pero es que habían demasiados en esa parte de la ciudad y muchos de ellos, realmente no estaban de buen humor. 

 

“¡Mei! ¡Creo que deberíamos…!” 

 

Izuku no terminó la oración cuando, sin previo aviso, una explosión del edificio a su costado resonó en el ambiente. Izuku sabe lo grave que es el pánico, lo ha vivido en muchas ocasiones, lo ha vivido desde que supo que era quirkless y es, porque lo conoce, que entiende lo peligroso que puede ser cuando muchas personas, en un lugar grande como ese, comienzan a entrar en pánico. La estampida se genera y cada uno debe de poder resguardarse sin ser aplastado. 

 

Eso, claramente, sucede casi un minuto despues. 

 

El pandemonium se desata en la ciudad y puede ver como él y Mei son separados por la estampida de ciudadanos en pánico porque un villano acaba de atacar el centro comercial. Izuku intenta resguardarse en un callejón pero llegar allá le parece una tarea titanica; sin embargo, debe de intentarlo o no podrá vivir para contarlo. 

 

Y, si bien ahora acepta la muerte, no está preparado para morir de esa forma. 

 

Se hace pequeño y angosto entre las personas, las explosiones resuenan en sus oídos cada vez más grandes y agudas y sabe que hay un heroe con habilidades de fuego en el recinto. Las explosiones se escuchan controladas y precisas. No reconoce la técnica pero, al oído, sabe que el heroe ha dejado su alma en perfeccionar el impacto de su quirk en el cemento. Otra explosión e Izuku sabe ahora en qué posición debe estar el heroe para poder atacar. Otra más e Izuku sabe que sus manos están temblando, que probablemente el impacto en el concreto le haya roto la clavicula o el hombro. Espera que sea el hombro, no quiere ni imaginar el dolor de pelear con la clavícula rota. 

 

Cuando finalmente llega al callejón, se recuesta sobre el concreto y sabe que está a salvo. 

 

O eso cree, hasta que la pared a su costado explota con una de esas explosiones controladas y observa como el villano cae, casi inconsciente, al suelo. El impacto hace que las llamas se esparzan sobre el callejón y la luz del fuego lo ilumine todo como si fuese una fogata en una playa un día de verano. 

 

A Izuku le hace acordar mucho a cierta película que su madre solía ver, una de una epoca pre quirk, cuando el amor era más importante que ser un heroe. 

 

Y tambien le hacer recordar a Katsuki. A Kacchan

 

Pero Izuku no quiere indagar en ese aspecto para nada superado de su pasado, por lo que se dirige a intentar esposar al villano. Siempre lleva unas esposas anti quirk, en caso tenga que pelear innecesariamente. No es que tenga licencia para hacerlo, pero su posición de “genio, filantropo y más” le hace tener ciertos privilegios de los cuales se aprovecha con moderación. 

 

Uno de ellos, son las esposas anti quirk. 

 

Así que se acerca cautelosamente y, cuando está a punto de alcanzarlo, escucha un grito que viene desde dentro del edificio, suena a un “no lo toques” pero a él no le importa porque lo hace y observa, en cámara lenta, cómo el villano se despierta y lo taclea, golpeandolo sobre el pavimento. El gorro y los lentes salen volando, la cabeza le palpita y sabe que ha cometido un error de calculo. Tambien sabe que es muy probable que lo tomen de rehen y que el heroe no pueda atraparlo. 

 

Todo esto es su culpa. 

 

Así que deberá resolverlo él mismo. Gracias a dios que tomó esas clases de la carrera de heroes en Ketsubutsu. Con un giro de su pierna y un golpe en el costado inferior de la pelvis, Izuku se impulsa hacia arriba y, en menos de dos segundos, tiene al villano sobre el pavimento. No tendrá los musculos de un heroe, pero tiene los de un mecánico. 

 

Las esposas anti quirk funcionan casi inmediatamente y el villano ha quedado tan anonadado (e impresionado) solo puede quedarse mirandolo como si le hubiese crecido una segunda cabeza. Izuku frunce el ceño y dice: 

 

“Oh, vamos, ¿nadie nunca te ha tacleado?” 

 

El villano solo abre la boca, sin embargo, es otra voz la que responde. 

 

Una que no había escuchado en catorce años. 

 

“Creo que está mas impresionado por el hecho que lo hayas hecho tan rápido. Mierda, hasta yo estoy impresionado, Deku.

 

Izuku gira la cabeza tan rápido que teme haberse dislocado alguna vértebra. Ahí, el heroe número uno, Dynamight, AKA Katsuki Bakugo, lo observa con ojos de cachorro arrepentido. Todo su cuerpo, musculos duros y firmes, se agitan cada vez que respira. Él abre la boca para decir algo cuando la voz de Mei se escucha en el ambiente. 

 

“¡Joder, Bakugo! ¡Me has hecho correr toda la avenida por nada!” 

 

El mecanico, completamente anonadado, observa como Mei va hacia Katsuki y lo reprende, él solo esboza una mueca fastidiada que no llega a sus ojos, siempre limpios, siempre transparentes, que solo demuestran lo agradecido que ella esté a salvo. La boca, de repente, le sabe a hierro y es, cuando se toca la cabeza, que sabe que el villano probablemente se la haya roto en el primer impacto. 

 

Es casi inmediato el mareo que le sigue y el pitido en sus oídos solo se hace cada vez más y más fuerte hasta que invade todo el ambiente. Lo último que ve antes de desmayarse por completo es el rostro lleno de pánico de Katsuki. 

 

En la duermevela, creyó escuchar su nombre. 

 

Debió de haber alucinado. 

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“¿Alguna vez las maravillas cesaran? Espero que no. Bendito sea el misterio del amor…” 

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PARTE FINAL

 

The Only Thing

 

Cuando Izuku despertó, Katsuki estaba a su costado, en la cama del hospital. 

 

Lo vió drogado por tantos medicamentos que ni siquiera pudo reconocerlo del todo, lo llamaba de diversos nombres, con diversas caras y muecas. Sin embargo, hubo un comentario que lo hizo detenerse por completo. 

 

Shindo , no seas así…” replicó Izuku, en su estado completamente ido y drogado. “Sabes que estaba bromeando, ¿no? Tu eres más lindo que Kacchan…” Katsuki sintió que el sudor se le enfriaba en las manos, trago saliva con fuerza y le respondió: 

 

“¿Ah, sí?” Su voz se sentía pequeña. Odiaba sentirse pequeño. 

 

Izuku rie y es como mil voltios directos a su corazón, como una descarga que hace que todo su cuerpo se estremezca por completo. 

 

“Osea… no más lindo pero sí, lindo.” Katsuki sonrió cuando Izuku alargó el “más” tanto que casi se olvida de lo que iba a decir, luego replica: “Espero que Kacchan esté feliz, ¿sabes? Él… fue mi primer amor, pero shh, no se lo digas, ¿sí? Ni a Shoto, se entristecería mucho si le digo que no fue mi primer amor…” 

 

El corazón le duele, sin embargo. A pesar de los mil voltios, de la adrenalina de escucharlo reir, hablar y mirarlo. Dios, como extrañaba mirarlo. 

 

“¿Shoto fue tu primer amor?” Preguntó, sabiendo que quizás la respuesta no le iba a gustar. 

 

Kacchan lo fue; pero Shoto fue la primera persona que realmente me amó y sí, yo también lo amé. Pero creo que diferente… no lo sé, estoy muy confundido, Shindo, ¿por qué hablabamos de esto?” 

 

“Me decías que era más lindo que Kacchan” Replicó, con la bilis subiendo por su garganta. 

 

“No más lindo; pero sí, lindo… lo suficiente para dejarte follarme.” 

 

El cuello de Katsuki gira tan abruptamente que siente el latigazo de su cervical dolerle por el esfuerzo. Los ojos de Izuku están brillosos, completamente idos, sabe que, probablemente, los antibioticos estén haciendo efecto. Sabe que no tiene mucho tiempo antes que Izuku vuelva a perder la consciencia y, cuando la recupere, sabe que no recordará casi nada de eso. Así que, en contra de su mejor juicio (y de su corazón), hace la pregunta de fuego. 

 

“¿Te he follado antes?” 

 

Izuku no rie, solo lo observa con esa curiosidad innata que Katsuki tanto odiaba. Nótese el verbo en pasado. 

 

“En serio que eres lindo, Yo-kun, la persona que te ame como tu quieres que yo te ame, será muy afortunada… Pero creo que estoy roto, porque siempre, siempre, me imagino que eres Kacchan” Katsuki se sobresalta cuando Izuku comienza a acariciar suavemente la palma de sus sudorosas manos. Izuku sonríe con los ojos. Katsuki lo odia, es una cualidad que siempre odio de él porque lo hace debil. Muy, pero que muy debil. “Sé que estuviste con él antes que yo y quizás es por eso que acepté salir contigo… pero, pero… Yo-kun, quiero cada parte que le arrebataste a Kacchan… a mi Kacchan…” La voz de Izuku, así cómo su tren de pensamiento se fue desvaneciendo poco a poco hasta caer en la inconsciencia nuevamente. 

 

La caricia de la mano de Izuku sigue quemando como mil explosiones de nitroglicerina. 

 

Y la sonrisa idiota no se la quita ni el villano más temerario durante días. 

 

Durante días, Katsuki Bakugo, el heroe numero uno, arremete con fuerza contra los villanos, contra todos los que se le atraviesen en el camino. Siente que puede con todo, que solo necesita la rabia de las palabras de Izuku para poder seguir adelante. Porque Izuku lo había escogido. A él, el idiota más idiota de entre todos los idiotas del mundo, para ser su primer amor. Si bien hay un pensamiento que le grita desde atrás de la oreja, no deja amilanarse tan fácil por él. 

 

Por casi dos semanas, Katsuki siente que puede con el tartaro entero. 

 

Hasta que, unos dias despues, se cruza con Izuku en los pasadizos de la agencia. 

 

Y todo su mundo se destroza en el momento en que la mirada de puro terror inunda los ojos de Deku, lo escucha tartamudear algo y darse media vuelta por donde vino, directo hacia el ascensor. El ascensor que llegaba hasta la oficina del último piso. 

 

La voz, desde ese momento, ya no grita. Ahora ruge y patalea y siente que su corazón ha sido golpeado y roto en millones de miles de pedazos. Entiende que no puede obligar a Izuku a amarlo pero, joder, al menos tiene que permitirle hablarle, ¿no? 

 

Resulta que la respuesta sí era no. 

 

Dos semanas despues del encuentro en el pasadizo, Mei va a buscarlo a su asqueroso cubiculo 4x4 en la agencia, le lanza algunos papeles y se sienta sin ser invitada. 

 

“¿Qué es esto?” Pregunta, desganado. 

 

Mei levanta una ceja y bufa: “Se dice gracias, idiota.” 

 

“Si vienes a llamarme idiota, al menos hazlo con una razón, ¿no?” Replica, cruzandose de brazos. 

 

“¿Crees que no me he dado cuenta? ¿Que toda la oficina no se ha dado cuenta?” 

 

Su cuerpo entra en tensión y un dolor intermitente comienza a expandirse por su cabeza. Sabe que la migraña va a ser fuerte cuando el dolor llegue a sus ojos. 

 

“¿De qué mierda hablas? ¿Darte cuenta de qué ?” 

 

“Esto”. Señala los papeles y, esta vez, Katsuki se toma la molestía de mirarlos. 

 

Es la solicitud, llenada por supuesto, para compartir la oficina del último piso. La oficina de Izuku. 

 

“Quién…” No puede formar la oración al cien por ciento; solo puede boquear, como un pez fuera del agua, esperando por captar algo de agua dentro de su diminuto cerebro. 

 

“De nada” Mei se levanta y camina hacia la puerta, sin mirar atrás. 

 

Katsuki se queda acariciando la firma de Mei e Izuku, aceptando a compartir el sueño hecho oficina dentro de ese pequeño universo. Sin embargo, no entiende. Izuku lo odia. Su mirada, las huidas en los pasillos, todo su lenguaje corporal indica que no se siente cómodo con él. Así que, por otras dos largas semanas, no firma los papeles de transferencia. Sabe que, si lo hace, tendrá que mover sus cosas casi inmediatamente y, si es honesto consigo mismo, al menos por una vez, no quiere enfrentarse a esos ojos verdes. No quiere enfrentar a su corazón ser aplastado por la horrible realidad que es vivir bajo la sombra de un yo que ya no existe. De una persona que murió en el momento en que piso UA. 

 

Así que, por supuesto, es Kirishima quién interviene, casi como fuente divina, una noche de cervezas en las que el verano casi terminaba su ciclo para dar pase al otoño. 

 

“Escuché que te han dado autorización para mudarte al último piso, ¡Eso es genial, bro !” Katsuki solo asiente mientras gira la cerveza con su mano lesionada. Sabe que no debe de hacer movimientos bruscos, pero el dolor es leve y lo mantiene concentrado. Si duele, puede concentrarse en lo que es real. En lo tangible. “Pero no estás feliz, ¿no?” 

 

Él solo niega ligeramente antes de secar el vaso de cerveza de un trago. 

 

Kirishima suspira y decide soltar la bomba, a sabiendas que puede que explote en personas inocentes. 

 

“No sé la historia detrás de tu relación con Midoriya; pero, hace dos días, Shindo Yo llegó con un bouquet de flores para Izuku. PARA Izuku, Kats. Y él lo rechazó, diciendo que estaba esperando. Hubo una enorme pelea en el lobby, no sé si la escuchaste, pero practicamente el hombre te defendió de tu ex… ¿Y tú ni siquiera puedes mirarlo a la cara? ¡Vamos, hombre!” 

 

Katsuki aprieta el vaso de cerveza con fuerza; su corazón nunca ha estado tan roto como en ese momento. Así que solo susurra: 

 

“No tengo derecho a hacerlo” Kirishima se queda petrificado y, casi de inmediato. Katsuki es levantado de la silla y un puño, completamente endurecido por su quirk, lo lanza cinco metros, directo hacia la barra del lugar. 

 

Los pocos comensales deciden salir del lugar, mientras que Katsuki, con una mirada de completa rabia, se lanza hacia Kirishima. Sin embargo, los golpes son erraticos, temblororos y faciles de esquivar. Tanto que, llega un momento en el que el hombre pelirrojo lo llega a detener contra la barra. Pecho sobre la madera y brazos torcidos hacia atrás. Katsuki se mueve, implora y llora y a Kirishima se le rompe un poco el corazón al ver a su mejor amigo, su casi hermano, llorar por alguien. 

 

“Kats…” 

“¡Él se merece algo mejor, Eijirou! ¡Shindo… Yo… Él… puede darselo…! Yo no, Eijirou, yo no…” 

 

“No te tomé por un cobarde, Kacchan.” 

 

El corazón se le acelera y, con una fuerza que hace que sus muñecas duelan aún más, Katsuki se gira a mirar el rostro de Izuku, sereno e imperturbable mirarlo desde la puerta del bar. Mei está a unos pasos detrás, sosteniendo la puerta, y su mirada encubre tanto dolor que solo sabe que está haciendo el ridiculo frente a sus amigos. 

 

Izuku, sin embargo, se acerca directamente hacia él. Al no sentir el peso de Kirishima sobre él, logra enderezarse ante el paso firme de Deku. Se siente pequeño, sin embargo, esta vez, cree que lo merece, sabe que lo merece. Así que, comienza a recitar una letanía de disculpas que son calladas cuando Izuku está lo suficientemente cerca de él para suspirar un “Callate, Kacchan”, agarrarle las mejillas y estamparle un beso que lo tan anonadado que ni siquiera puede llegar a responder bien. 

 

No dura mucho pero, al mismo tiempo, Katsuki siente que dura el tiempo suficiente para aclararle la cabeza. 

 

Cuando el mecanico se aleja de sus labios, dejando un rastro de saliva entre ambos, él solo puede estar maravillado de los milagros que suelen ocurrir en bares. Había una canción sobre eso, de hecho, solo que no la recuerda muy bien. 

 

“Sube al último piso mañana, te haré un soporte para tus muñecas” 

 

Es lo último que le dice, antes de retroceder y, con una sonrisa pícara en sus labios, deja el bar. Katsuki no puede creer su suerte, ¿en serio ha pasado eso o ha quedado inconsciente despues de la paliza que le ha dado Kirishima? 

 

“Estás murmurando, amigo… Y no, no estás soñando” Le dice Eijirou, con una sonrisa en sus labios. 

 

Y él también sonríe. 

 

Porque sabe que mañana, sus manos dejarán de doler tanto. 

 

Espera que el corazón también le pese menos. 

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En un velo de grandes sorpresas, me pregunto: ¿alguna vez me amaste? ” 

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EPÍLOGO

 

LA OFICINA DEL ÚLTIMO PISO

 

Desde que tiene memoria, la música de Sufjan Stevens siempre ha calmado a Izuku, sobre todo cuando tiene un diseño complejo entre manos y necesita la calma que las cuerdas y las guitarras de ese cantante le proveen. Con el tiempo, se volvió un hábito. No uno malo; uno que lo llenaba casi al cien por ciento. Aparte de sus inventos, podía pasarse horas escuchando los discos de ese hombre. Hoy en día, lo escucha casi por inercia. La oficina del último piso de la agencia es un caos al cien por ciento, pero la vibración sonora hace que todo se sienta más calmado. 

 

Y, justo en la canción más cursi y melosa que puede sonar, en el momento exacto en el que Izuku, con lágrimas en los ojos, está cantando a viva voz, es que Bakugo Katsuki abre la puerta de la oficina e ingresa. Lo primero que dice es: 

 

“¿Por qué?” Se le escucha agitado, cómo si hubiese subido corriendo en vez de usar el ascensor. 

 

“¿Por qué, qué, Kacchan?” Replica. 

 

Katsuki cierra la puerta de un golpe, avanza unos pasos y, con el rostro lleno de lágrimas contenidas grita: 

 

“¡No quiero que Yo regrese a la agencia! ¡¿Me oíste?!” 

 

Izuku sonríe y se levanta del suelo, llevando consigo los soportes de las muñecas de Katsuki. 

 

“No va a regresar”, asegura Izuku.  

 

“¡Tampoco quiero que salgas a perseguir heroes, por más que puedas defenderte! ¡No puedo pensar bien si estás en peligro!” 

 

Los labios de Izuku tiemblan. Ambos se han ido acercando poco a poco. Katsuki se está agarrando el pecho, como si estuviese a punto de darle un ataque de pánico. 

 

“Te lo prometo, Kacchan”

 

“¡El lado izquierdo de la oficina es mío!” 

 

Izuku sonríe, “Tomalo, es tuyo”. 

 

Finalmente, a ambos los separa menos de un metro de distancia. Izuku toma las manos de Katsuki y, con mucha delicadeza y parsimonia, le coloca los soportes en ambas muñecas. Cuando el mecanico levanta la mirada, el rostro de Katsuki tiene la expresión más hermosa de todas: la de un hombre que ha aceptado sus sentimientos. El alivio le llena el corazón, por fin, puede dejarse ir. 

Izuku acaricia las manos callosas de Katsuki y le dice: 

 

“¿Te duele menos, Kacchan?” 

 

Y, por supuesto, Katsuki sonríe. 

 

“Sí, nerd. Duele menos.” 

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¿FIN?

Notes:

AMO a Sufjan Stevens y también los finales abiertos. La relación de ambos tiene que recuperarse y rehacerse, pero esas son las mejores historias, ¿no?

No sé si hacer una secuela jeje, pero espero que haya sido de su agrado.