Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-11-04
Words:
1,636
Chapters:
1/1
Kudos:
8
Hits:
83

Querido mío, luces tan bien

Summary:

Los pétalos cayeron al suelo junto al carmesí del dolor pintando el cuadro del amor.

Work Text:

El insoportable dolor lo mantuvo en la misma posición durante demasiado tiempo. Sus brazos y piernas temblaron causando que todo cuerpo se desplome sobre el desastre causado en el suelo. Se mantuvo ahí, perdiendo y recobrando el conocimiento por momentos hasta que finalmente su conciencia se mantuvo el tiempo suficiente como para levantarse.

Trabajosamente se movió poco a poco tomando incluso más tiempo para ponerse de pie. Se dirigió arrastrando cada paso al baño, el que era su destino antes de comenzar a vomitar en su dormitorio, sin poder sostenerlo más. Apenas y logró quitarse la ropa antes de desfallecer nuevamente sobre el frío piso debajo de la ducha caliente.

Al menos logró espavilar un poco, pero ahora además del dolor en cada extremidad sumaba ligeras quemaduras en su espalda.

Miró su cuerpo desnudo en el espejo de su habitación, su piel incluso más pálida, sus costillas marcadas, piernas y brazos delgados, labios hinchados en un rojo oscuro, ojeras grises, mirada cansada, perdida, su cabello cayéndose a cada roce con su mano también tenía ahora una tonalidad mucho más clara, casi blanca, del rubio luminoso que antes era.

Que solía ser.

Un bailarín con cuerpo digno de la fuerza y pasión de sus movimientos. La viveza juvenil en su piel, la energía infinita de su interior.

No había nada.

Nada más que el dolor.

"Quizá se estaba acostumbrando a ello". Pensó, antes de que la tos lo volviera a atacar con violencia logrando que cayera sobre sus rodilla y palmas de las manos ya lastimadas por la caída anterior.

Brillantes coloridos pétalos cayeron al suelo, se veían tan hermosos, tan limpios, tan suaves, tan vivos.

Su alma estaba cayendo con ellos.

Comenzó a llorar nuevamente, a las diez de la mañana.

Ya no comía, no había razón para hacerlo. Pronto vomitaria de nuevo, comer solo causaba que el ardor en su garganta se intensificara, incluso sus dedos no tenían la fuerza suficiente para agarrar un tenedor. Era inútil de todos modos.

Aún así, se vistió con anchas oscuras ropas, mascarilla, lentes y gorra. Tomó su maleta, llaves y salió del apartamento donde nada más se encontraba él. Nadie a quien despedir, nadie a quien saludar.

Una vez más llegó tarde a la clase, el profesor explicaba una nueva actividad por completar. Ingresó y se sentó en silencio, ninguna mirada se dirigió hacia él como si fuera un vil fantasma sin importancia.

Tomó nota de algunas cosas, ni siquiera sabía por qué se molestaba. Tal vez la rutina movía su cuerpo de manera automática, se durmió de forma intermitente, se perdió en el blanco del techo sin pensar en nada, su mente perdida en algún lado, dañada y dolida, su cuerpo temblando de repente por el frío que el abrigo ya no lograba calmar.

Salió del lugar, no sabía si la clase había terminado o no, su alrededor se tornó borroso, nuevamente la tos impidió que siga caminando. Los pétalos explotaron fuera de su mascarilla así que tuvo que quitársela y cambiarla por una nueva.

Quitó algunos pétalos de de su camisa y los tiró al suelo sin importarle ya que alguien lo viera.

Con cada paso sentía mil agujas incrustadas en la planta de sus pies, su respiración pesada golpeaba en sus pulmones como si el oxígeno que inhalaba fuera tan denso como el agua, el sol en el cielo no calentaba su piel pero el sudor bajaba por su frente y todo su cuerpo haciéndolo sentir desagradable.

En el comedor al aire libre estaban sus amigos, se veían muy relajados.

Sintió algo bajando por su nariz, bajo su mascarilla, lo ignoró. Ya no importaba nada, en su camino chocó con varias personas que casi lograron tumbarlo, él resistió, solo un poco más.

No tenía idea de por qué, por qué su cuerpo aún se arrastraba a ese lugar. ¿Cuál era el objetivo de seguir ahí? Haciéndose más daño. Sus ojos no observaron a nadie mientras tomaba asiento junto a sus amigos. Nadie parecía notarlo; no es su culpa, nadie lo sabía.

Otra oleada de náuseas lo asaltó nuevamente, la conciencia frágil pendía de un hilo, ya no tenía control sobre sus acciones. En su pecho, la piel se comenzaba a abrir, un brote verde comenzaba a nacer.

En un movimiento torpe se sacó la mascarilla, golpeándose bruscamente el rostro logrando que también tirara sus gafas en el proceso. Escuchó un sonido lejano de exclamaciones y gritos de terror.

Abruptamente su cuerpo convulsionó impulsándolo hacia adelante vomitando ya no solo pétalos rojos, sino también hojas verdes brillantes, y sangre.

Varias manos sujetaron su cuerpo, sus brazos, acariciaron su espalda, lamentos arrullaron sus tímpanos destruidos por el pitido constante y el dolor prevaleciente en todo su cuerpo.

¿Jimin? ¡Jimin! ¿Quién es? ¡Jimin, tienes que decirnos! ¡Jimin, POR FAVOR, JIMIN!

A duras penas logró girar su rostro enfocando a una persona, su mejor amigo, Taehyung, estaba llorando mientras agarraba una de sus manos con fuerza. Por su parte, solo alcanzó a sonreir.

"T...Tae..."

"Dios mío Jimin, ¿Cómo has llegado a esta situación? ¡Hoseok, llama a la ambulancia rápido!"

"Estoy en eso, ya vienen. Jimin espera por favor."

 

Lograba diferenciar aún muy bien el matiz de sus voces. Desesperación, dolor, tristeza.

Sus sentimientos confusos mezclaban también sus emociones en ese momento.

Ira, nunca se dieron cuenta.

Temor, lo siento.

Felicidad, al fin todo acabará.

Otra tos causó que su cuerpo incontrolablemente se balanceara hacia adelante, a punto de estrellarse contra el suelo. No le importaba. La gran cantidad de heridas en su piel han silenciado cualquier otro dolor que podría venir.

Una rosa extendida rasgó su garganta y cayó al suelo en todo su esplendor, esperando un golpe que nunca llegó, a su lado, el motivo de su pronta muerte evitó que se hiciera daño.

Irónico.

"Jungkook"

"Jimin, no hables por favor, ya está llegando la ambulancia"

El... El está actuando...¿Como si no supiera nada?

El odio se apoderó ahora de su cuerpo, tomando fuerzas invisibles de donde ya no había nada se safó del agarre de sus amigos y se abalzó sobre esa persona.

"Tu sabes lo que hiciste. ¡Tú lo sabes!"

Quería culparlo, quería lastimarlo tanto como él había hecho, sentía un torrente de adrenalina corriendo por su sangre listo para usarlo y acabar con este hombre a golpes.

"¿Jimin? ¿De qué hablas? Fue... ¡Jungkook! ¿Qué hiciste?"

Su cuerpo y mente querían hacerle daño tan mal, pero su corazón seguía destruyéndose por él, sin querer reaccionar.

Colapsó.

 

En la habitación del hospital, los sedantes lo mantuvieron en el limbo mucho tiempo.

El daño físico y psicológico no tenía punto de reparación, era obvio. Tres años con la enfermedad del hanahaki eran imposibles de curar a estas alturas de la enfermedad. El doctor solo confirmó lo que él ya sabía.

Afuera de la habitación escuchaba gritos, muchos gritos, esos gritos taladraban en su cabeza pues son los gritos de las úncas personas en las que él había confiado.

Pero aún así, se reservó tal enfermedad mortal.

Se reservó tales sentimientos tóxicos.

"¡Fuiste tú! ¡Eres un imbécil, maldito desgraciado! ¡Nunca nos dijiste nada!"

La voz de Tae se escuchaba desgarrada por el dolor.

Aún en medio de la bruma, se levantó de la cama. A su alrededor, grandes flores y pétalos tan hermosos adornaban la blanca habitación.

Se sentía muy bien, tan bien que rió.

Observó su pecho desnudo, de él brotaba una enredadedara fuerte y sana, deslizándose a través de sus extremidades, enrollando sus brazos hasta la punta de sus dedos. Tenían espinas. espinas que acariciaban su piel como dulce algodón.

Sintió muchas ganas de bailar solo una vez más.

Sus piernas no respondían a sus deseos, lamentable.

La energía que recargaba su cuerpo no lo dejaba ni siquiera rememorar algo que amó más que aquel que lo dejó en este estado, a pesar de ello, sus pasiones no fueron suficientes para mantenerlo con vida.

Caminó perdido lado a lado de la habitación recordando.

Recordanto su primer "Te amo". Ingenuamente, devuelto entre sonrisas que se veían verdaderas.

Los besos que fueron dejados en su cuerpo han quedado marcados con flores rojas que brotan lentamente.

Recordó aquellos abrazos que reconfortaban su alma, que lo haçían sentir realmente amado, que le devolvían la esperanza de vivir una vida.

Él había impedido hace mucho tiempo que abandone su existencia, y ahora está causando justamente lo mismo.

La incertidumbre que sintió la primera vez que un pequeño pétalo escapó de su boca fue el desconcierto más grande que jamás tuvo en su vida.

"Pero... Pero cómo..."

Si él me ama.

La enfermedad del hanahaki es causada por un amor no correspondido.

Todo había sido falso.

Alguien entró de repente a la habitación, justamente el dueño de sus pensamientos.

Un fino hilo de sangre bajaba por su boca, tras de él el rostro consternado de sus amigos. Probablemente, lo habían golpeado.

Jimin miró a esta persona por la que todo su cuerpo sufría, y con la poca energía que su cuerpo extrañamente había recobrado pronunció las palabras más claras que pudo.

"Querido mío, luces tan bien. Te ves tan apuesto como el día en que me enamoré de ti. La pasamos tan bien juntos ¿No crees? Gracias por haberme hecho sentir tan bien durante estos tres largos años"

Todos lo observaron como quien fuera viendo a un fantasma del pasado, una metamorfosis imaginaria había poseído el cuerpo de Jimin permitiendo que se viera como cuando nada de esto había pasado.

"Jimin... Jimin... Perdóname... Jimin"

Pero el nombrado ya no podía escuchar nada.

Aquella ilusión de piel perfecta, de sonrisa hermosa, de voz dulce, de cabello dorado, fue tan solo el último aliento de vida.

Su cuerpo se había desplomado justo en medio de aquellas vacías disculpas.

Un precioso jardín de miles de flores brotaba simultáneamente sobre el cuerpo ya sin alma.