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tereré de ananá

Summary:

Midori no le acepta un mate a nadie. Ahora, un tereré es otro tema.

Notes:

quisiera pedir mis disculpas a la provincia de san juan, mas no me arrepiento de nada.
esta idea pintó caminando por la calle con mi fan n1. tiene esa calidad y ese empeño puesto, lol.

Chapter 1: tomando tereré

Chapter Text

“Eso es un beso indirecto, ¿sabían?”

Todos los presentes se quedaron en silencio observando cómo Kanata sonreía orgulloso de compartir uno de sus nuevos conocimientos. Chiaki abrió la boca un tanto confundido y unos segundos después preguntó: “¿Qué?”

“Kaoru me dijo que él no toma mate porque no quiere darse un beso indirecto con otros hombre. Dijo que cuando compartís una bombilla o el pico de una botella o cosas así estás teniendo un beso indirecto”

El resto de los chicos de la ronda se miraron entre ellos, ojeando el mate que sostenía Tetora (quien solía cebar) con un poco de asco.

“Minga, el que tenga miedo a morir que no nazca” dijo el cebador designado mientras volvía a servir el agua y tomaba del matecito con cascaras de naranja. Kanata estiró el brazo para tomar el próximo y todos terminaron por ignorar lo dicho anteriormente ya que, de ser así, se habían besado con la facultad entera y ninguno quería pensar en ello.

Midori de por sí no tomaba mate. Es un asco chupar la misma bombilla que el resto, andá a saber dónde habrán metido la trompa aquellos dos, no confío, le había comentado a Shinobu, cabeceando en dirección a Chiaki y Kanata, cuando este le cuestionó no aceptarle la infusión. No era sorpresa que Midori no quisiera ser parte de un ritual tan patriota, Tetora decía que era por porteño. Pero el pelinegro no lo decía de mala leche, sino que los encuentros que había tenido anteriormente con porteños justificaban sus dichos. Lanús no es Capital, flaco, le dijo un día (fue al pedo, claramente). Y un poco de bronca le daba teniendo en cuenta que Shinobu había vivido muy cerca de Puerto Madero antes de mudarse al agujero negro que era el conurbano bonaerense, más específicamente Zona Sur; pero Tetora decía que Puerto Madero no le sonaba a CABA, sino que le hacía recordar a las focas. Midori no entendía esa lógica detrás, de hecho estaba seguro que no había ninguna.

Tetora, proveniente de la provincia de San Juan, cuna del padre del aula y mata-mapuches, Domingo Faustino Sarmiento, nunca perdía la oportunidad de cuestionarlo en su decisión de no tomar mate (cosas de gente del interior creía el castaño). ¿Cómo no te va a gustar el mate? Muy de porteño con vértigo en la cola eso, Midori rodaba los ojos ante aquel intento de chiste ya que, cómo le había dicho a Mitsuru, oriundo de Berazategui: ¿Qué podés esperar de un chabón que duerme con un escuerzo abajo de la cama? Haciendo alusión a que Tetora vivía entre pastizales y bicharracos.

De todas formas, había algo que los hacía orbitar cerca del otro y, por más que Midori quisiera ignorarlo porque la energía que le drenaba en cada encuentro que tenían era enorme, siempre terminaban saliendo a trotar juntos. Por más que el chico de mechitas rojas no entendiera la geografía de la provincia de Buenos Aires, ni que había cierto volumen que los tímpanos del castaño podían tolerar, apreciaba cómo habitualmente intentaba sacarlo de su cuarto y prestarle su ayuda siempre que fuese posible.

“Soy un re buen pibe, ¿viste? Tremendo partido, vo’. Las minitas me hacen fila en mis tierras, ¿sabías?” Midori intentaba de manera fallida reprimir una risa: “Me imagino”

Tetora se adelantó y comenzó a caminar de espaladas mientras reía. “Da’, ya vas a ver, hasta vos vas a terminar diciendo ‘fua, qué wacho más piola, necesito que sea mi hombre’”

En ese tipo de situaciones Midori no sabía si prefería que Tetora fuera un pibe homofóbico promedio del interior, así le dejaba de hacerle ese tipo de chistes cuando se enterara de que Midori pateaba para ese lado; o que fuera más progre, acorde con su edad, ya que un poco (mucho) miedo le daba el hecho de que Tetora fuera cinturón negro en Karate y pudiera hacerlo pelota. Pero al sanjuanino le encantaba que le dijeran lo buen marido que era, y a veces lo hacía dudar de la sexualidad de su compañero la cantidad de veces (ya parecían un ruego) que intentaba escuchar esas palabras salir de la boca de Kuro, el hombre que más admiraba.

El pelinegro se llevó puesto un perro que estaba plácidamente dormido en el medio del sendero, el animal ni se inmutó pero el chico cayó de traste contra el cemento. Por la mente de Midori atravesaron dos pensamientos: 1) Qué pibe boludo y 2) Jaja, qué onda me dio una mini taquicardia o qué.

 

Una tarde en la que hacía demasiado calor como para salir a correr, decidieron sentarse en el patio de Tetora, donde corría un vientito divino que, según el anfitrión, le recordaba a los pagos de su awe. Midori sospechaba que los sanjuaninos no hablaban así realmente, seguro que su amigo exageraba.

Con un termo taragüí de telgopor lleno de juego de ananá abajo del brazo, y un mate de calabaza en la mano derecha, el pelinegro se recostaba sobre su reposera junto a Midori que lo observaba de reojo perdido en sus pensamientos.

El sanjuanino bajó la mirada para hacer contacto visual. “¿Querés que te pase el porongo?”

“¿El qué?” El castaño preguntó confuso. Gramaticalmente no tenía sentido que le ofreciera su miembro viril, y mucho menos que lo hiciera como si de un control remoto se tratase.

“El porongo, el mate, bola. Cómo se nota que no tomás ni tereré vo’, che”

“Nadie le dice así acá” Midori frunció el ceño pero deliberó si aceptar la calabaza o no. Terminó por ceder, al menos iba a compartir con una sola persona, menos gérmenes. Además, no le vendría mal hidratarse un poco bajo el sol de principios de diciembre. Agarró el mate y chupó de la bombilla esperando que el jugo de ananá no fuera tan asqueroso como el de maracuyá que Kanata le había convidado una vez (servido en un vaso, evidentemente).

Pero las palabras de Kanata comenzaron a retumbar en su cabeza, el concepto de beso indirecto le resultaba estúpido pero asqueroso a la vez. El solo hecho de pensar en compartir baba con otras personas le parecía repugnante, sobre todo cuando recordaba ese video de curiosidades que había visto una vez a sus trece años diciendo que la saliva ajena permanecía seis meses dentro de tu cuerpo. Pero bueno, chapar con alguien involucraba compartir una mayor cantidad de fluidos que por el momento no estaban compartiendo. Mmm, no le gustaba la gramática elegida por su cerebro.

“Beso indirecto”

“¿Eh?”

Las palabras de Tetora lo sacaron de los rincones oscuros de su mente, pero estos tampoco lo guiaron a ningún lugar mucho más brillante y sereno. Es más, por un segundo pensó que le estaba leyendo sus pensamientos porque no había manera de que estuvieran pensando en lo mismo al mismo tiempo. A no ser…

“Compartimos tereré, fue un beso indirecto”

“No me hagás arrepentirme”

“¿Sabías que Chiaki me dice mi hijo el tigre?”

“Dios, basta por favor”

“La próxima puede ser directo”

Midori deseaba con todo su ser estar sintiendo un golpe de calor que pudiera explicar que sus cachetes hirvieran de la manera en la que lo estaban haciendo, y que bajo ningún término fuera gracias al intento de guiñar el ojo y tirar un beso de Tetora.