Chapter Text
El sol picaba en los brazos desnudos de Takemichi, el calor era sofocante; sin embargo, no podía quejarse, tenía la grata compañía de Mikey, su mejor amigo. Había silencio alrededor, no era incómodo, ni desagradable, solo estaban disfrutando del helado que compraron de camino al parque. El de Takemichi ya se estaba derritiendo, pues la crema se deslizaba entre sus dedos y caía sin gracia a la arenilla. Viendo el desastre que estaba provocando bajo sus pies, fue cuando decidió que era hora de marcharse.
—Mikey-kun, ¿deberíamos volver? —preguntó Takemichi.
—Todavía no, es muy tranquilo aquí —Mikey estaba apoyado en el último peldaño de la escalera, dándole un bocado a su helado—, además, estamos recordando viejos tiempos, ¿no lo parece?
Mikey comía helado, no dorayaki. Takemichi intentó no reír por la ironía, simplemente suspiró y con un asentimiento, aceptó lo último. Era verdad que estaban recordando viejos tiempos, aunque no fueran del todo agradables, es decir, en ese mismo parque, Takemichi recibió la paliza de su vida por parte de Kiyomasa, también conoció a Mikey. La balanza estaba nivelada.
—No es gracioso, casi muero.
—Pero no moriste porque te salvé, además, fue aquí donde comenzó nuestra historia —agregó Mikey, como si no fuera la gran cosa.
Takemichi sintió escalofríos por las implicaciones de esas palabras, y aunque culpó al sol por el calor de sus mejillas, la verdad era que Mikey le provocaba sensaciones inexplicables, que todavía en su nueva vida eran difíciles de descifrar.
Largos años habían pasado desde que Takemichi volvió a ser un niño de primaria. Al darse cuenta, se emocionó y salió de casa sin mirar atrás, deseando con todas sus fuerzas que Mikey estuviera vivo y que aquello no fuera solo una alucinación, producto de lo que llaman: “ver la vida pasar frente a los ojos antes de morir”. Su sorpresa fue mayor, cuando descubrió que no solo Mikey estaba bien, sino que Baji, Emma y Shinichiro estaban vivos. Algo increíble estaba pasando, porque no era el único que podía recordar los viajes en el tiempo.
¡Mikey era excepcional! Takemichi estaba eufórico mientras celebraba que por fin había salvado a todos.
Con el tiempo pudieron formar la Toman nuevamente, juntos pudieron recuperar a gran parte de sus amigos. Takemichi se sentía en paz consigo mismo, él logró recuperar a Mikey… y al resto. Y Mikey debía sentir lo mismo, porque sus ojos brillaban y ya no dudaba en mostrar sus sentimientos. Ninguno de los dos quería cambiar el nuevo presente, era perfecto tal como estaba, o bueno, gran parte.
—¿Sabes qué es lo que más recuerdo, Mikey-kun? —inquirió Takemichi con picardía.
—¿La paliza?
—¡No! Otra cosa, trata de recordar…
—¿Kenchin?
—¡Mikey-kun, no es eso! Haz memoria, yo sé que puedes hacerlo.
—¿Qué estabas llorando como niña?
—¡No lloraba! —exclamó Takemichi, indignado—, “Eres mi perra, Takemicchi”, ¿no eras gracioso? —Era su turno de burlarse.
—¡Oye! Acepta que esa frase fue muy intimidante. —Las mejillas de Mikey se tiñeron de un suave tono rosa.
—Oh, claro que la frase fue muy intimidante, pero… ¿Ahora no soy tu perra? —continuó Takemichi, enarcando una ceja.
Mikey arrugó la frente y entreabrió los labios, se veía adorable pensando en una respuesta. Al final se colocó frente a Takemichi y lo señaló con el dedo como una advertencia implícita. Era tan mal perdedor.
—¡Cállate, Takemicchi!
—¿O qué? —preguntó juguetón, tomando distancia y preparándose para correr en caso de que Mikey decidiera tomar venganza por molestarlo.
—Te haré comer polvo —dijo Mikey rápidamente.
Takemichi soltó una carcajada, diciendo de nuevo con la voz cantarina:
—Soy la perra de Mikey-kun, ese soy yo.
Eran un par de niños corriendo por todo el parque, Mikey tratando de alcanzar a Takemichi, quien saltaba y se reía, diciéndole al capitán, lo lento que era. Ya ni siquiera importaba si alguien los veía, de alguna forma, debían crear mejores recuerdos. Aunque bueno, Takemichi debió mirar más al frente, porque en un descuido fatal, tropezó con una piedra y cayó de boca al suelo, deslizándose por la arena hasta que quedó completamente tumbado. Auch, su mentón fue el que menguó la caída, pero ahora le dolía mucho.
Lo peor era que Mikey terminó por atraparlo, colocando un pie sobre su espalda. Le siguió una risa salvaje, una burla por la caída. El chico no tenía piedad con su lamentable estado.
—No es gracioso, Mikey-kun.
—Claro que lo es. Espera que les diga a todos.
Takemichi gimió, avergonzado, y se dio vuelta todavía en el suelo, quitándose el peso extra de encima. Ni tiempo le dio de acomodarse, cuando Mikey lo sostuvo de la nuca y se acercó a él. La postura era la misma de la línea de tiempo anterior. Mikey lo miraba con desdén, luciendo más grande de lo que debería, y además, estaba tan cerca, que si se movía tan siquiera una pulgada, seguramente acabarían tocándose más de la cuenta. Takemichi tembló, sintiéndose desnudo ante esa mirada penetrante.
—¿Serás mi perra, Takemicchi?
Takemichi abrió la boca para responder, completamente fascinado, sin embargo, una nueva persona entró en escena, carraspeando para llamar la atención del dúo.
—¿Qué hacen ustedes dos?
Mikey lo soltó de golpe y se incorporó, mirando al intruso con una amplia sonrisa. Lo estaba esperando. Por otro lado, Takemichi no supo cómo reaccionar, estaba muy nervioso. Le dio una mirada furtiva al chico, y titubeó a la hora de hablar.
—Haruchiyo-kun, solo estábamos jugando. ¡Todo es culpa de Mikey-kun!
—¡Claro que no! Tú empezaste. —Se defendió el traidor—, si no me hubieras molestado, Takemicchi, nada de esto hubiera pasado. Te lo mereces —mencionó al final, inflando su pecho con orgullo.
—¡Eres un berrinchudo y mentiroso! —Takemichi debía salvar su honor.
—Y tú un llorón.
—Deténganse ambos —intervino Haruchiyo, aburrido—, estás lastimado, Takemichi-kun. Tu mentón…
—¡No es nada, no me duele! —vociferó Takemichi, avergonzado. En ese punto ya estaba sonrojado hasta las orejas. Haruchiyo era intimidante, inclusive en esos momentos, lo peor era la forma en la que lo había encontrado con Mikey, esperaba que no estuviera molesto por eso.
—Déjalo que sienta dolor, le pasa por molestarme y porque es torpe.
—¡No ayudas, Mikey-kun! —Takemichi quería golpearlo. Se conformó con solo sacarle la lengua.
Y Mikey hizo lo mismo. Estaban teniendo una infantil y pequeña pelea, hasta que Haruchiyo se acercó a Mikey y lo rodeó de la cintura, librándolo del pleito. Takemichi bufó, derrotado, y se levantó del suelo, sacudiendo el polvo de su pantalón y camisa, estaba hecho un desastre.
—No se pongan melosos delante de mí, ¿quieren?
—Envidioso, Takemicchi —dijo Mikey, apoyándose en el cuerpo de su novio—, Haruchiyo y yo iremos a comer, ¿quieres venir? Podemos hablar sobre la Toman, hay un asunto que debemos resolver.
Takemichi parpadeó un par de veces y miró a Mikey con un: ¿estás hablando en serio? Antes de recobrar la compostura y negar, lo último que deseaba era estar cerca de ese par cuando estaban juntos. No solían tocarse mucho, pero se miraban como si tuvieran hambre todo el tiempo, era extraño.
—No gracias, no tengo hambre.
—¿Estás seguro? —Ese fue Haruchiyo. Aunque no fuera tan hablador, delante de Takemichi, si era amable. Solo amable.
—Segurísimo, puedo alcanzarlos luego. No hagan nada raro mientras no estoy cerca.
—¡¿Qué cosas, sucio?! —exclamó Mikey con sorpresa.
—¡Pelear con pandillas! ¿Dije algo malo? —Takemichi ladeó su cabeza, confundido.
Mikey ya no pudo replicar, ya que su novio lo arrastró lejos del parque. Y entonces Takemichi se quedó solo, sintiéndose extrañamente inconforme. La punzada en su pecho cada que veía a esos dos irse era desagradable, quería creer que estaba feliz de que estuvieran juntos, sin embargo, todavía sentía que le habían robado algo. No le molestaba, al contrario, Mikey merecía a alguien que lo amara con todas sus fuerzas, ¿y quién más que Haruchiyo para esa tarea? Tal vez solo eran celos de amigos.
Después del encuentro con Mikey, Takemichi pasó el tiempo con sus amigos. Era tal como antes. Aunque algunas cosas habían cambiado, ahora podía andar libremente y hacer lo que quisiera sin temor a los golpes, porque bueno, también pertenecían a la Toman. Eran libres. Takemichi se sentía tan afortunado de que todos estuvieran bien, todos, sin excepción.
Después de comer, se despidieron, Takemichi se desvió un poco de casa y no sabía el porqué, solo sus pies lo llevaron a un edificio conocido, y llegó en el momento correcto, cuando había unos niños molestando a otro chiquillo; Takemichi no tenía que ser genio para saber de quién se trataba.
Como la primera vez, se acercó y se colocó en posición para espantar a los acosadores. Fue mucho más sencillo que antes, no tuvo que romper una botella. Puntos para Takemichi. Esta vez no hubo una charla sobre el futuro o Hinata, no había nada malo que decir, al contrario, se ofreció a llevar a Naoto a su casa, para su fortuna, el niño aceptó.
Takemichi hizo la conversación todo el tiempo, hasta que tocaron la puerta y tal como imaginó, Hinata los recibió. Ella apenas los vio, esbozó una sonrisa que dejó a Takemichi desarmado, ¡era tan linda!
—Takemichi-kun, ¿qué haces aquí?
—¡Él me salvó! —respondió Naoto en su nombre y entró a la casa, todavía hablando maravillas de él.
Takemichi se sonrojó y rascó su nuca, sin creer que eso estuviera pasando.
—No fue nada, tu hermano está exagerando.
—Tal vez un poco —dijo Hinata risueña—, ¿tú estás bien? ¿Qué le pasó a tu mentón?
La atención se desvió al pequeño raspón. Takemichi había tratado de limpiarse en el baño de la cafetería, no obstante, seguía muy irritado.
—¿Mi mentón? ¡Ah, eso! Me caí, fue un poco vergonzoso en realidad.
—Debes tener cuidado, Takemichi-kun —le reprendió ella.
—Lo tendré… —contestó, sintiendo su rostro enrojecer—, y sobre el festival de verano, me preguntaba si querías venir conmigo, ya sabes… será divertido hacer algo después de tanto tiempo —. Genial, no podía comportarse y pedir una cita decente.
—Por supuesto, ese día estoy libre —mencionó Hinata, también con las mejillas un poco coloradas.
El rostro de Takemichi se iluminó, contento. Él tenía a la mejor novia del mundo, no tenía dudas de eso.
—Lamento venir sin avisar.
—No te preocupes, de todos modos, me alegra verte.
Se formó un pequeño silencio, suficiente para que Takemichi tuviera el valor para despedirse. Y una vez que lo hizo, prometió escribirle a Hinata de nuevo. Ella aceptó, y cerró la puerta, dejándolo contento. De verdad, la normalidad era tan buena… todo era tan natural. Irse a casa esa noche se sintió tan bien, aunque en la cama no dejó de pensar en Mikey y Haruchiyo, esos dos, ¿qué estarían haciendo?
Por los cielos, Takemichi se sentía de lo más acosador con esos dos. Se durmió creyendo que, a pesar de su nuevo futuro, todavía seguía siendo un poco patético.
Por fin era tres de agosto, el famoso día del festival. Takemichi llegó temprano y se encontró con Draken y Emma, aunque no eran la única pareja: Mikey y Haruchiyo también se unieron, y la diversión se multiplicó. Como Hinata no había llegado, Takemichi se quedó cerca de ellos, charlando y riendo, mientras jugaban.
Mikey estaba intentando ganar un pez de colores, Haruchiyo en silencio lo apoyaba, distinto de Takemichi, que hacía ruido para distraerlo y levantaba sus brazos para taparle la visión.
—¡Vamos, Mikey-kun, tú puedes! —exclamó entre risas.
—Si dejaras de hablar y me dejas concentrar... —Mikey estaba frustrado en su tercera oportunidad fallida, solo quedaban dos y no veía la forma de atrapar un pez con el papel tan delgado de su mini raqueta.
—Lo estás haciendo mal, nunca atraparas un pez de esa forma.
—Entonces hazlo tú —masculló Mikey, fallando de nuevo. Iba a matar a Takemichi.
—¡No quiero! —Lo dijo lo suficientemente alto para que Mikey no le atinara a la última vez, luego soltó una carcajada. La cara de su mejor amigo era graciosa en esos momentos.
—Takemicchi… te voy a matar.
—Ya quisieras. —Le sacó la lengua y se alejó corriendo hacia los otros puestos, Mikey tras él, amenazándolo con uno de los peluches que había ganado antes, suertudo. Estaban dando vueltas alrededor de Draken, cuando de repente aparece una bolsa transparente frente a Takemichi, había un pez allí.
Se detuvo de golpe, con un Mikey que se estampó en su espalda y lo hizo tambalear. Afortunadamente, Draken estaba para detener su caída. Se recompuso un poco apenado y alisó su ropa. Muy confundido miró en dirección a la persona que le extiende el pez, y casi se ahoga con su propia saliva al ver que se trataba de Haruchiyo, le estaba extendiendo una bolsa con un pez, ¿en qué momento lo había ganado? Lo más importante, ¿por qué Takemichi?
—Tómalo —dijo el chico inexpresivo, empujando la bolsa más cerca de Takemichi.
—¿Para mí? —quería golpearse contra el primer árbol que encontrara, ¿por qué hacía esas preguntas estúpidas?
—Mikey tiene premios ya. —Haruchiyo respondió la pregunta implícita.
—Aunque yo quería un pez —dijo Mikey al lado de Takemichi, ya se le había pasado la rabieta y se tocaba la nariz dolorida. No pudo frenar a tiempo tampoco.
—Eh… Gracias, supongo. —Tomó con cuidado la bolsa y no se dio cuenta en qué momento comenzó a temblar, era emocionante que le dieran algo. Sobre todo Haruchiyo, quien parecía tener algo contra él todo el tiempo.
Emma y Mikey se estaban burlando de Takemichi, argumentando que parecía un cachorrito al que le daban un hueso, pero no importaba mientras pudiera obtener un premio.
Por fortuna, cuando apareció Hinata con ese Kimono rosa, que tan bonito le quedaba, todos dejaron de verlo; Takemichi pudo disimular su nerviosismo. Ahora que estaba su novia, era más fácil fingir que nada había pasado. Mientras los demás se adelantaban, él se quedó atrás, charlando con Hinata.
—¿Entonces vas a conservar el pez?
—Tal vez, probablemente se muera el primer día, no tengo idea de cómo cuidar uno.
—Es lindo, definitivamente tienes que conservarlo.
—¿Te gusta? ¿Lo quieres?
—No seas descortés —lo regañó Hinata—, te lo regalaron tus amigos, es tuyo ahora.
—¡Yo ganaré uno para ti! —Prometió, tomando la mano de su novia para caminar alrededor del festival. Ellos no hicieron mucho, solo observaron luces y comieron de la comida exhibida.
El festival estaba abarrotado de gente, pero no por eso dejaba de ser hermoso con los árboles y las guirnaldas. Hinata se veía radiante, era la luz más brillante del lugar. Y Takemichi estaba orgulloso de hacerla sonreír de esa manera, aunque de vez en cuando, buscaba con la mirada a sus amigos y se decepcionaba cuando no los veía por ningún lado.
¿Tan rápido se habían ido?
Estaban por ir a uno de los puestos de premios, más específicamente donde se lanzaban pelotas y obtenían peluches, cuando de repente empezó a llover. Hinata y Takemichi trataron de buscar refugio entre los árboles, Takemichi sintió el tirón de ansiedad, porque ese momento… ese momento ya lo recordaba, ¿debería retroceder? No, Hinata esperaba más de él.
Se dejó llevar hasta que quedaron bajo el árbol más grande, y las voces dejaron de escucharse, las luces eran un poco más tenues, eran solo Hinata y él.
—Takemichi-kun —se rio Hinata, extendiendo una mano hacia él, para sacudir su cabello mojado.
Takemichi tropezó con sus propios pies, y por poco quedaba sobre Hinata, teniendo que apoyarse sobre un árbol para no caerse con ella como colchón, ¡rayos! Era tal como la primera vez, Hinata no estaba tan nerviosa como él.
—Lo siento, Hina.
Al intentar alejarse, ella lo tomó de la camisa para retenerlo y con su voz suave dijo:
—Está bien —Hinata inclinó la cabeza hacia arriba, para mirarlo mejor.
Esos ojos saltones y cariñosos lo observaban con tanto anhelo que le dolía el pecho de la emoción, o tal vez era algo más.
Takemichi no tenía fuerzas para dejarla, su corazón estaba latiendo muy rápido; pese al frío por la lluvia, se sentía cálido y reconfortado, era el momento perfecto. Se creó una atmósfera agradable alrededor y fue sencillo llenarse de tranquilidad. Hinata estaba esperando por él, con ella tenía un lugar seguro al cual volver. Takemichi solo podía pensar que al frente estaba su persona especial.
Sabiendo que nadie los interrumpiría, se inclinó y eliminó cualquier espacio, sin querer esperar más, presionó sus labios sobre los de ella, afelpados y dulces, y esperó los fuegos artificiales en su estómago, la sensación de plenitud que suponía debía sentir, al menos una pizca de emoción, sin embargo, no había nada.
Takemichi se asustó y se alejó de Hinata, buscando la forma de disculparse. Su lengua estaba atascada.
—Oh… —Hinata suspiró, luciendo decepcionada.
Takemichi también estaba decepcionado, pero, ¿por qué? ¡Era su primer beso con la chica que le gustaba, nada más y nada menos que su novia!
—Otra vez —dijo Takemichi, acercándose de nuevo.
Esta vez, Hinata lo detuvo. La pequeña mano estaba en el pecho de Takemichi, empujándolo suavemente. Hinata no parecía triste, aunque la sonrisa en sus labios era completamente falsa.
—No deberíamos hacerlo de nuevo.
—¿Estás segura? —preguntó en medio de su propia desfachatez.
—Vamos, llueve un poco más fuerte ahora.
Hinata lo soltó y se alejó, caminando despacio por culpa de la pesada ropa. Takemichi sostuvo la bolsa con el pez contra su pecho y se sintió la peor persona del mundo, había decepcionado a su novia. Contuvo las lágrimas y caminó tras ella, esperando que por la mañana todo estuviera mejor. Hinata le dio una despedida corta y lo dejó ir.
Al llegar a casa lo primero que hizo fue colocar a su nuevo amigo en un lugar seguro, prometiendo que al día siguiente le conseguiría algo mejor. Luego en su habitación, se atormentó pensando en todo lo que estaba haciendo mal con Hinata. Su pecho no se sentía mejor, tenía atorada las ganas de llorar.
¿Por qué las cosas con su novia no se sentían tan intensas? ¿Era por qué todavía la veía como una niña? Cabe recordar que seguía teniendo la mentalidad de un adulto, aunque bueno, se daba cuenta de lo poco que había madurado.
Giró en su cama, tratando de acomodarse, sin embargo, se distrajo con un mensaje que le llegó de Mikey. Su mejor amigo estaba tratando de averiguar cómo le fue con Hinata. No tuvo ganas de responderle su notable gran fiasco. Takemichi lo había arruinado todo y ni siquiera sabía la verdadera razón.
