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A Diez Centímetros De Tí

Summary:

—Ella cambió mi vida, Blight. No creas que la dejaré ir tan fácilmente.
—Quiero verte intentarlo, Sombrámbulo.

Después de vivir toda su vida ignorando sus sentimientos, Hunter decide seguir su corazón y actuar sobre lo que siente por cierta humana.
Después de dos años saliendo con Luz, los temores de Amity amenazan con acabar con todo lo que ella ama.
En medio de ellos se encuentra Luz, cuya propia lucha interna la llevará a tomar decisiones que pondrán en jaque su relación con aquellos que más ama.

Notes:

Ví un fanart donde Hunter y Amity se peleaban por Luz y dije: CABRON, DE AQUI SOY
Y pues nació esto xd
agradecimientos a @estufa6666 en Twitter por sacarme de mi bloqueo creativo

Chapter 1: Gotitas de Amor

Chapter Text

Cap 1 - Gotitas de Amor 

 

—¿Sabes algo, Luz? —Hunter preguntó mientras observaba atento como la humana le sonreía y se acurrucaba junto a él.

 

—Sé muchas cosas, —Su sonrisa pícara y los blancos dientes que se ocultaban detrás de sus labios hicieron que el pecho de Hunter comenzara a calentarse. Ser un Sombrámbulo era sinónimo de vivir en una frialdad eterna, incapaz de sentir calor sin importar que el sol estuviese en lo alto. Pero al ver a Luz tan feliz de estar junto a él, era capaz de lograr lo imposible—. ¿Qué pasa?

 

—Te amo, ¿sabías eso? —A pesar de que la sensación de querer ocultar su rostro de la chica y enterrar la cabeza en el suelo hasta que la pena parase lo corroía por dentro, Hunter no pudo evitar sonreír al ver como las mejillas de Luz se sonrojaban y ella comenzaba a reír levemente.

 

—Claro que lo sé, Hunter. —Luz se acercó a Hunter, colocando su boca tan cerca de la suya que el Sombrámbulo podía oler su aliento a canela y azúcar, un aroma tan dulce que era capaz de iluminar hasta su día más oscuro—. Me lo repites cada día sin descanso, y cada día te respondo lo mismo.

 

Hunter no respondió, solo esperó a que su amada lo besara con la misma pasión, amor y calidez con que lo recibía todos los días, lista para compensar todo el daño que él había sufrido a manos del Emperador. A pesar de que había momentos en que Hunter dudase de lo mucho que la humana lo quería, ella siempre estaba lista para demostrarle lo equivocado que estaba.

 

—Yo también te...

 

—¡Hunter! ¡Ya son las nueve de la mañana! ¡Ven a desayunar! —La dulce y sonora voz de Camila Noceda despertó al rubio de su sueño, quien abrió los ojos sintiendo un repentino impulso de golpearse la cabeza para volver a dormir. Sabiendo que, probablemente, eso solo serviría para que él tuviera que pasar el resto del día con una jaqueca de los mil demonios, se levantó y se vistió rápidamente, mirándose en el espejo para ver si estaba presentable.

 

Subió por las escaleras del sótano, pues a pesar de la insistencia de la mujer sobre mudarse a una de las habitaciones del segundo piso, Hunter seguía prefiriendo dormir en el sótano. Le traía buenos recuerdos sobre los meses en que realmente había logrado formar una fuerte amistad con Gus, Willow, Vee y Amity, y a pesar de que cada uno de ellos ya había regresado a las Islas y dormían en sus respectivos hogares, Hunter seguía aferrándose a aquellas memorias fugaces de tiempos más simples. Seguía viendo a sus amigos en Hexside, y era común para el rubio el visitarlos durante los fines de semana, pero ese algo especial que los unió a todos después del Día de la Unidad se había desvanecido.

 

—Te dije que no durmieras hasta tarde, Hunter. —A pesar del tono firme en la voz de la mujer, su sonrisa decía lo contrario. Ella no estaba enojada ni molesta con el chico, y el plato de comida caliente que puso enfrente de él era prueba suficiente. El rubio sonrió antes de agradecerle a Camila y comenzó a comer.

 

—Gracias, señora Noceda. —Hunter se arrepintió de las palabras tan pronto como éstas salieron de su boca. Camila entrecerró sus ojos, mirando fijamente al rubio que, apenado por lo que había dicho, ocultó su rostro detrás de la taza de café humeante.

 

—Ay, Hunter. Sabes que me puedes decir Camila. —Ella simplemente suspiró y colocó un tazón de cereal en el lugar donde Vee, que acababa de llegar a la mesa, se sentó.

 

—S-sí. Lo siento, se... Camila. —Hunter fue lo suficientemente rápido para corregirse antes de invocar la ira de la humana.

 

—Hola, mamá. —La dulce voz de Vee distrajo a Camila de la misma discusión que tenía con Hunter. La pequeña basilisco se estremeció de felicidad cuando su madre adoptiva le plantó un cariñoso beso en su escamosa frente.

 

—Hola, hermosa. Aquí está tu plato de cereal. —Camila le sonrió antes de terminar su taza de café y colocarla en el fregadero.

 

—¡Gracias! —Sin desperdiciar ni un segundo, Vee se abalanzó sobre el tazón, devorando sus contenidos como si no hubiera comido en días.

 

Hunter miró la escena frente a él con cierta fascinación. No importaba cuanto tiempo pasara, él seguiría emocionándose cada que Camila aparecía con un plato de comida caliente listo para él, y cada que Vee se dejaba consentir por su madre adoptiva, sin detenerse a pensar en el como ella no merecía una pizca de su amor, Hunter seguiría sintiendo como su corazón se agrandaba al ver eso. Y en la manera en que Luz...

 

—¿Y Luz? —Hunter preguntó al darse cuenta de la ausencia de la humana. Miró a su alrededor, esperando verla entrar a la cocina, despeinada y con una sonrisa inocente en su rostro, pero no llegó. Camila soltó una risita antes de contestar, mientras que Vee seguía ocupada con su comida. Hunter miró confundido a la adulta—. ¿Sigue dormida?

 

—No, cariño. Ella se quedó a dormir en las Islas con Edalyn. Me dijo algo sobre una pijamada con Amity y Willow. —Camila miró su reloj y se sobresaltó al darse cuenta de la hora—. Ay, Dios. Ya se me hizo tarde. Chicos, yo-

 

—No te preocupes, Hunter y yo mantendremos la casa limpia. —Vee le guiñó un ojo a Camila, quien no necesitó más para aceptar las palabras de su hija—. ¡Suerte en el trabajo, mamá!

 

—Gracias, mija. —Camila le dio un fugaz beso en la frente a Vee y después caminó hacía donde Hunter estaba sentado y lo abrazó fuertemente. El rubio contestó de igual manera sin ningún tipo de incomodidad, pues ella era una de las dos Noceda que tenía el privilegio de contar con su total confianza—. Y usted diviértase hoy, ¿vale? Pueden ir a las Islas a visitar a sus amigos siempre y cuando regresen a tiempo para la cena.

 

—Lo haré, Camila. —Hunter esbozó una sonrisa sincera en su rostro que fue suficiente para que la humana estuviera a punto de llorar. Ella lo volvió a abrazar y le besó el pelo rubio.

 

—Ay, ya vas aprendiendo. —Al salir por la puerta de enfrente, Camila se sintió segura de que sería un día más, aburrido y tranquilo en la veterinaria. A pesar de no haber visto a su hija antes de salir, encontraba consuelo en haber podido desayunar con los otros dos chicos que ella había acogido.

 

Mientras, Hunter y Vee terminaron de comer en un silencio cómodo. La basilisco no dejaba de mirar al rubio con curiosidad, pero él estaba demasiado enfrascado en sus propios pensamientos como para poder darse cuenta. Su sueño, una pequeña muestra del tipo de visiones que plagaban sus noches, seguía atormentándolo a pesar del tiempo que había pasado. El haber tenido a Luz entre sus brazos, sentir su piel junto a la suya y sus labios tan cerca de los de él, eran sensaciones que Hunter deseaba experimentar no en las fantasías que él ocultaba como si de un pecado se tratasen, sino que eran algo que quería vivir en carne propia. Que Luz lo viera como si fuera la luna de abril en una noche de Verano, donde la oscuridad del manto nocturno se ocultaba a la cálida luz del astro celeste. Sentir sus brazos alrededor de su cuello mientras le susurraba al oído lo mucho que lo amaba y lo mucho que deseaba poder besarlo y pasar el resto de su vida junto a él.

 

Pero Hunter era un chico realista, años de vivir con el Emperador lo habían despojado de cualquier deseo de seguir sus tontas fantasías. Luz estaba con Amity y, hasta donde él sabía, eran tan felices como cualquier pareja joven. Lo que hacía que sus deseos ocultos de que ellas terminaran para él poder acercarse a Luz fueran particularmente dolorosos y crueles.

 

—Así que... ¿Tienes algún plan para hoy? ¿Algo divertido? —Vee puso a un lado el plato vacío de cereal y miró fijamente a Hunter con una sonrisa pícara en su rostro.

 

Algo en la manera en que Vee hizo su pregunta puso en alerta a Hunter. Años de vivir en el Aquelarre del Emperador lo habían hecho desconfiado, y sabía que ella, a pesar de ser su amiga y una de las personas más cercanas a él, no tenía la misma idea de diversión que él. Así que, después de terminar su taza de café, Hunter se levantó y llevó su plato al fregadero, donde comenzó a lavarlo.

 

—Ir a las Islas, probablemente. Y a menos que tengas que ver a Masha hoy, creo que tú también harás lo mismo. —Hunter no podía ver a Vee, pero sabía que ella mantenía la misma sonrisa burlona que detestaba tanto. Hizo un esfuerzo para calmarse antes de confrontarla directamente—. ¿Por qué la pregunta?

 

—Oh, por nada. —Aparentemente, el verlo tan molesto y alerta le era entretenido. Vee se levantó y sacó una pequeña llave con un búho tallado en el mango—. Solo pensé que querías arreglarte un poco antes de ver a Luz.

 

—¿Qué? ¿Por qué? ¿No me veo bien? —Hunter se dio la vuelta para mirar a Vee y enrojeció antes de darse cuenta de lo que lo que había dicho. Se aclaró la garganta y puso su mejor cara de indiferencia que pudo encontrar—. Digo... No tengo idea de que estás hablando.

 

—¡Por favor! —Vee le dio un fuerte abrazo a Hunter, quien se estremeció por la repentina muestra de afecto. La basilisco entonces se separó de él para darle un pequeño golpe en el hombro y guiñarle un ojo—. He visto la manera en que la miras. Pareces un perrito golpeado que mira a la persona que le dio de comer. Es lindo y un poco triste al mismo tiempo.

 

—¡Yo no...! ¡Yo no soy un perro!

 

—Pareces un Golden Retriever si tengo que escoger uno. —Vee dejó a un lado su tono burlesco para ponerse una máscara seria—. Pero en serio, creo que los otros ya se dieron cuenta también.

 

—¡Ellos no se han dado cuenta de nada! ¡Por qué no hay nada que ocultar! —Hunter salió de la cocina apenado y enfurecido consigo mismo por ser tan obvio. Si Vee lo sabía, solo era cuestión de tiempo para que Willow y Gus también notaran el repentino cambio que tenía respecto a cómo se comportaba con Luz. Y si ellos averiguaban eso, Amity lo sabría también, y Hunter no se sentía con ganas de discutir con ella por culpa de sus celos. Aunque el verdadero temor venía del pensar en qué haría él si Luz lo supiera.

 

—¡Sólo quiero ayudar! —Vee lo detuvo antes de que pudiera bajar las escaleras y encerrarse en su cuarto. Ella lo agarró por los hombros antes de mirarlo fijamente en sus ojos carmesí—. Eres de mis mejores amigos.

 

—Si, y Luz es tu hermana y Amity es otra de tus mejores amigas. —Hunter suspiró y se relajó antes de caminar hacía la sala y sentarse en el sofá. Cerró sus ojos, cansado, pues no esperaba tener esa conversación tan temprano y sin haber pensado en ello antes—. ¿Qué vas a hacer? ¿Decirle a Luz que termine con Blight? El infierno se congelaría antes de que ella aceptara.

 

—Bueno... Es verdad, pero no me refiero a eso. —Vee se rascó la cabeza, apenada por no considerar sus palabras antes de hablar. Se sentó junto al rubio y le tomó las manos—. Hablo de cómo deberías lidiar con tus emociones.

 

—¿Lidiar con mis emociones? —Confundido, Hunter se olvidó de lo que pasaba por su cabeza y miró a su amiga—. Yo... yo no quiero dejar de sentir esto.

 

—Pero... ¿Acaso no te duele? ¿Saber que Luz y Amity...? Ya sabes.

 

—Si, un poco. —En realidad dolía demasiado, saber que la persona que él amaba era feliz con alguien más y que él no tenía oportunidad alguna con ella. Pero era algo que, por dignidad, Hunter se negaba a compartir con Vee—. Pero no quisiera dejar este sentimiento. Es... No sé, tiene algo, una calidez que me hace sentir vivo. Y no me gustaría perderlo.

 

—Hunter, yo... —Vee fue interrumpida por el rubio. Estaba temblando y su cuerpo se estremecía como si la temperatura hubiera bajado de repente. Sus ojos carmesíes mostraban una cierta tristeza que quedaba opacada por la intensidad de su voz. Por un segundo, la basilisco temió que Hunter comenzara a llorar.

 

—Cuando vivía en el Castillo del Emperador, nunca tuve tiempo para sentir este tipo de cosas.  Algunos de los exploradores tenían a alguien especial, pero yo siempre vi eso como una distracción, un mero entretenimiento que me alejaba de servir a Belos. Pero entonces conocí a Luz y... —Un nudo en su garganta le impidió a Hunter continuar. Pensar en la manera en que había conocido a Luz, dejándola a ella y a Edalyn varadas en una isla en medio del Mar Hirviente, era sinónimo de volver a sentir aquella culpa familiar que roía sus entrañas—. Y ella logró hacer tantas cosas por mí, aun cuando yo no lo merecía. Me ayudó a enfrentarme al Emperador, me hizo ver el mundo de una manera distinta y...

 

—Hey, sé de qué hablas. —Vee le puso una cálida mano sobre el hombro. Sabía sobre de lo que Hunter se negaba a hablar, pues el dolor de su pérdida seguía presente a pesar de que dos años hubiesen pasado ya desde que su pequeño taliamigo se fue—. Luz te cambió la vida. De cierta manera, también me ayudó. ¿Pero no crees que dejarías de sentirte tan miserable si tan solo te olvidaras de todo esto?

 

—Vee, cuando estaba en mi punto más bajo, y no me refiero a después de descubrir lo que el Emperador había hecho sino a cuando llegamos aquí y por primera vez tenía algo importante que perder, la única persona en que pude confiar fue Luz. —Las palabras de Hunter hicieron eco en la basilisco, quien a pesar de que su situación era completamente distinta, podía empatizar con el sentimiento de tener a alguien apoyándola en todo. Camila no tenía ninguna clase de responsabilidad hacia ella, y, sin embargo, la mujer la había cuidado y protegido como si fuera de su misma sangre.

 

—Cada que tenía dudas sobre quién era, Luz estaba ahí para asegurarme que sin importar lo que hubiera hecho antes, yo era Hunter, no Caleb Wittebane, no el Guardia Dorado y no un seguidor de Belos. Willow, Gus y Amity me ayudaron, es cierto, pero ninguno sabía en realidad quién era yo y cuál era mi relación con el Emperador. Cada vez que no podía lidiar con la idea de ser un Sombrámbulo, Luz estaba ahí para sacarme de mis propios pensamientos. Y... Y cuando Flap se fue y... Y después de que arreglamos todo, Luz estuvo ahí.

 

—Y Luz siempre estuvo contigo cada que se enfrentaron a Belos, ¿no? —Vee sabía poco de las peleas que ambos tuvieron en las Islas, no quería indagar de más en un tema delicado para ambos. Además, la basilisco quería desviar el tema del asunto de Flapjack.

 

—Y cada vez ella estuvo para ayudarme. —Hunter se detuvo un momento y, para sorpresa de Vee, sonrió—. Es gracioso, ¿Sabes? Al principio, cada que nos veíamos, siempre terminábamos en una situación de vida o muerte.

 

—Hunter, no creo que eso sea-

 

—Lo sé, lo sé. No es gracioso. Al menos ya no me lo parece. — Hunter suspiró y miró a Vee a los ojos. Ella pudo ver tristeza, pesar y un poco de sombría resignación en ellos. Sabía que no tenía ninguna oportunidad de ganar el corazón de la humana, pero eso no lo desalentaba en lo más mínimo—. Luz y yo hemos pasado por tantas cosas juntos y nunca dejó de intentar ayudarme, incluso cuando no lo merecía. ¿Es tan raro que sienta… cosas por ella?

 

Vee no respondió. La pregunta de Hunter la dejaba en una encrucijada bastante complicada. Por un lado, quería ver a su amigo feliz con la chica que quería, pero por el otro, sabía el amor que Luz sentía hacía Amity, un amor irrompible capaz de soportar cualquier cosa que el destino les arrojara. Deseaba que Hunter se olvidase de sus sentimientos, para poder seguir adelante sin tener que vivir en constante agonía, pero conocía la terquedad del rubio, y eso era algo imposible para él.

 

—No, no es raro. —Vee le dio un fuerte abrazo a Hunter, incapaz de sentir algo más que lástima por el rubio.

 

Hunter se separó de la basilisco y se levantó del sofá. Se dirigió a la puerta, listo para ir a la pequeña cabaña en el bosque donde guardaban la llave para ir a las Islas. Vee lo observó con curiosidad, sabiendo sus intenciones.

 

—¿Vienes? Estoy seguro que podremos pasar un tiempo con Eda y los demás. Ha pasado un tiempo desde que todos estuvimos juntos.

 

Vee sonrió, pues ella sabía la verdadera razón de que él quisiera ir a las Islas—. Claro, no es como que tengas otra razón para ir.

 

Hunter se sonrojó, pero decidió ignorar su comentario y salir de la casa. Vee lo siguió de cerca, emocionada por volver a sus amigos.

 

Ninguno pronunció palabra alguna durante el camino, ambos carecían de algún tema de conversación que no fuera la tragedia en que la vida romántica de Hunter se había convertido, y discutir sobre la mejor acción a tomar no era lo que Vee quería. Entrar a la cabaña les trajo a ambos chicos recuerdos melancólicos sobre los meses previos al enfrentamiento con Belos y el Coleccionista. Hunter ignoró la sensación de pesar que cayó sobre él al tocar la llave, responsable única de todo el desastre que había ocurrido en las Islas. Hunter se preguntó sobre lo que pensaría Evelyn Clawthorne acerca de todo lo que aquella pequeña creación suya había ocasionado y si acaso se hubiese arrepentido de viajar al Reino Humano en primer lugar.

 

Antes de que Hunter pudiera activar el Portal, Vee le dio un pequeño apretón amistoso en el hombro, asegurándole que contaba con su apoyo, tanto emocional como físico, en cualquier decisión que él tomase. Lo único que esperaba ella era que, sin importar como terminara todo, no ocasionase problemas dentro de su grupo de amigos. No quería tener que elegir entre uno y otro.

 

—Gracias, Vee. —La sonrisa de Hunter no le llegó a los ojos, pues él también tenía sus propias cosas en que pensar.

 

Un sonido ensordecedor inundó la cabaña y, en medio de un espectáculo de luces y destellos, Sombrámbulo y basilisco desaparecieron del mundo humano y se quedaron absortos, como siempre ocurría, al ver la Casa Búho en todo su esplendor.