Work Text:
El cielo despejado y lleno de estrellas daban un aire de esperanza que contrastaba por completo con el ambiente general de Noxus, el deseo de caminar bajo la bóveda estrellada era una ilusión que solo atrapaba en su red a los más crédulos o aquellos que no apreciasen lo suficiente su vida.
Quinn no era ninguno de ellos pero a veces cuando se encontraba en lo alto de los edificios se daba el lujo de detenerse por un segundo y admirar el espectáculo sobre su cabeza. Le recordaba a su infancia, cuando ella y Caleb escalaban los árboles durante las noches despejadas para ver los astros, ubicar constelaciones en el firmamento o cazar estrellas fugaces.
Y entonces recordaba que no estaba segura en los bosques de Uwendale, que era una invasora en territorio enemigo y que si bajaba la guardia podría ser presa de cualquiera que fuese observador.
Pero estaba bien detenerse, al menos por esta noche. Estaba bien, porque en lo alto de la mansión Du Couteau no le pasaría nada. Estaba bien porque no podía haber alguien más peligroso que el hombre que reposaba plácidamente tras ella.
Dejó de ver el firmamento para observarlo, detallarlo. Su espalda fornida y llena de cicatrices, heridas viejas y las que ella acababa de hacer con sus uñas.
«Cielo santo...»
Era vergonzoso pensar acerca de ellos en su condición, ella no debería estar aquí, pero lo prohibido se sentía tan bien.
Las costumbres son difíciles de olvidar, así que con pasos suaves caminó de vuelta a la cama y se hundió con su peso una vez se volvió acostar. Un suspiro salió de su boca cuando se acurrucó contra aquella ancha espalda, estaba bien.
Estaba bien porque estaba con él, con él estaba segura como cuando era una niña en los bosques de Uwendale.
O quizás también esta era una ilusión.
—¿No puedes dormir? —la voz de Talon retumbó a través de su espalda.
—No tengo sueño —no estaba segura de qué hora era, había luna nueva—. El cielo está hermoso esta noche.
Talon se removió un poco antes de darse la vuelta y encarar a Quinn. Ahora de frente la exploradora podía notar los mechones de cabello que caían en su rostro.
—Después de un tiempo deja de ser atractivo —desde su sitio pudo dar un vistazo por la ventana—. Cuanto más estrellas hay en el cielo mas probabilidades hay de que alguien muera.
Un pensamiento amargo, pero adecuado si se trataba de Noxus.
—Pero aún así prefiero cuando hay luna llena —volvió sus ojos a Quinn—. Ven aquí.
No se hizo del rogar, se acomodó entre los brazos del asesino y cerró los ojos cuando reposó la cabeza en su pecho. Sí, todo estaba bien.
