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El boticario

Summary:

Harry cree descubrir al verdadero Snape mientras cuida de él en el hospital, pero no está preparado para exponerse al juicio de ese hombre cuando despierta. Tardará dos años en volver a cruzarse en su camino por culpa de un ungüento para las quemaduras solares.

Historia de doce capítulos breves.Los personajes no son creación mía, pero me he divertido bastante jugando con ellos. Eso si, mi único pago son las lecturas.

Chapter 1: Capítulo 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Verano postguerra, 1998

Harry paseaba por su salón. Grimmauld Place se había convertido en las últimas dos semanas en un inesperado refugio. Y un objetivo, porque había muchos destrozos que reparar. Estaba claro que tras su estancia allí, los mortífagos, y después los saqueadores, habían arrasado con el lugar. Personalmente, él no echaría de menos las oscuras reliquias familiares desaparecidas, pero sí había lamentado el estado en el que encontró la biblioteca y las habitaciones de los hermanos Black.

Tener un objetivo le había mantenido centrado. Dieciseis horas al día de hechizos de limpieza, intercalados con trabajo a lo muggle cuando el exceso de magia resultaba fatigoso. Barrer, fregar, pintar, pulir. No era consciente de cuantas tareas había aprendido a realizar en su infancia. Y de lo bueno que era estar tan cansado que pasaba las noches sin tan siquiera girarse en la cama.

Las cosas se torcieron la primera semana de junio. Estaba desayunando cuando una lechuza entró volando por la ventana abierta de la cocina. El animal se posó en la mesa y le tendió la pata con un gesto que le recordó a Hedwig, entre exigente e impaciente.

Tomó el mensaje bastante reticente. Para el público en general, estaba fuera del país. Había permitido que Hermione filtrara a la prensa que estaba en un hospital en algún lugar de Alemania, así que quien quiera que se estuviera dirigiendo a él sabía que no era verdad, pero no era una lechuza conocida.

Desplegó el trozo de pergamino con un hechizo, desconfiado. Solo eran un par de líneas, escritas con lo que parecía una pluma de ave en tinta negra. La letra era menuda y elegante. Y sintió un sobresalto al identificar la firma.

"Quieren llevárselo al hospital de Azkaban. Tienes que impedirlo, se lo debes.

D.L. M"

Se pasó las manos temblorosas por el pelo. Snape. Los recuerdos de la batalla saltaron e invadieron su cerebro con rapidez. Volvió a ver a Nagini atacando a su antiguo profesor, rápida y mortal, el espantoso sonido de sus mandíbulas atravesando piel y músculo. Recordó sus propias manos tratando de detener el sangrado del cuello desgarrado de Snape, la súplica en los ojos del profesor para que recogiera sus recuerdos.

Con los ojos cerrados y las manos tras la cabeza, doblado sobre sí mismo, rememoró como sus ojos quedaron vacíos, era una imagen que le había perseguido hasta el despacho de Dumbledore, hasta que los pensamientos del pocionista lo ocuparon todo.

Horas después, con el cansancio de la batalla sobre sus hombros, volvió a la Casa de los Gritos. Sin la tensión de morir y luchar, los ojos de Snape volvían a perseguirlo. Lo hizo solo, no se sentía con fuerzas para explicarle a nadie cuánto le había trastornado descubrir la realidad tras esa persona a la que había odiado con pasión los últimos años. Y se encontró de frente con otra de esas figuras odiadas.

Arrodillado en el suelo, con el cabello rubio sucio y despeinado, Draco Malfoy abrazaba al cadáver de su profesor. Por la forma en la que se movían sus delgados hombros, lloraba con desconsuelo. Harry se acercó, sin pensarlo, una bola de angustia y tristeza en su propio pecho, y le puso la mano sobre el hombro. Los ojos grises, enrojecidos, se fijaron en él y descubrió en ellos la misma vulnerabilidad que el día que estuvo a punto de matarlo con un Sectumsempra.

— Lo siento, Malfoy —le dijo, arrodillándose con cansancio junto a él—. Lo siento muchísimo.

— Llegué tarde. Estaba ocupado escondiéndome y llegué tarde —sollozó, abrazando más fuerte el cuerpo inerte—. Yo tenía el antídoto, él me preparó para este momento, me dijo que no me despegara de él, pero le fallé.

Harry miró de nuevo al cadaver. Tenía los ojos cerrados, supuso que gracias a Malfoy, y parecía dormir, parecía en paz. Había algo... había algo allí que no cuadraba. Con el ceño fruncido, acercó la mano hasta la cara de Snape y puso un dedo bajo su ganchuda nariz.

— Malfoy... ¿has llegado a darle el antídoto? —preguntó con voz estrangulada.

El rubio volvió a mirarle, confuso.

— ¿Has llegado a dárselo? —volvió a preguntar, agitándolo un poco.

— Sí. ¿Qué...?

Por respuesta, tomó una de sus manos y puso un largo y pálido dedo bajo la nariz de Snape.

— Creo que respira —le dijo, la voz teñida de esperanza.

Draco parpadeó, aún un poco ido, mientras la mano morena de Harry se colocaba en el pecho de Snape. Vio la cara de Potter llenarse de una sonrisa.

— ¡Late! ¡Voy a buscar ayuda!

Entró en la enfermería de Hogwarts llamando a gritos a Madame Pompfrey, que se hizo rápidamente cargo de la situación. Hasta ahí llegaron las fuerzas de Harry. Aún miraba hacia la puerta por la que la sanadora había desaparecido cuando sintió que su energía se agotaba y el mundo daba una vuelta mientras se desmayaba.

No había vuelto a ver a Malfoy ni a Snape

No había vuelto a ver a Malfoy ni a Snape. Despertó en la enfermería treinta y seis horas después, repuesto de la fatiga, pero apenas preparado para lo que se le vino encima las dos semanas siguientes: funerales, juicios, visitas, reuniones. Hasta que volvió a colapsar. En ese momento tomó la decisión de encerrarse en casa. Y esas dos líneas quizá eran una de las pocas cosas que podían hacer que eso cambiara.

Antes de enclaustrarse en su casa, una de las cosas que había hecho Harry, seguramente la única por propia voluntad, había sido usar su nombre para declarar en tres juicios: el de Pansy Parkinson, el de Draco Malfoy y el de Narcissa Malfoy. Había querido también hacerlo en el de Severus Snape, pero el juicio se había pospuesto porque el hombre estaba incapacitado, en coma.

Aún así, había entregado todas las pruebas que tenía para limpiar el nombre de su antiguo profesor. En concreto se las había entregado al nuevo ministro de magia, porque confiaba en la integridad de Kingsley, por eso se dirigió directamente a su despacho tras recibir el mensaje de Malfoy.

La antesala de la oficina del ministro estaba llena de gente. Al escuchar los murmullos de reconocimiento, estuvo a punto de dar un paso atrás y marcharse. Metió las manos en los bolsillos y encorvó los hombros un poco, en un vano intento de hacerse pequeño y que todas esas personas ignorasen su presencia, pero entonces sus dedos tocaron el pergamino de la nota. La había cogido sin pensar antes de salir, quizá necesitaba el impulso que le daban las palabras de Malfoy.

Apretó los dientes y caminó en línea recta hacia la puerta, ignorando las miradas sorprendidas por su cambio de actitud. Golpeó dos veces y entró sin esperar respuesta.

— ¡Harry! —saludó Shacklebolt sorprendido, poniéndose de pie tras su mesa abarrotada— ¿Todo bien? —preguntó, exteniendo su gran mano para saludarle.

— Necesito hablar contigo —contestó directo, estrechando su mano con fuerza.

— Sí claro, lo que sea. ¿Quieres sentarte? —Le señaló la silla a un par de pasos.

Harry se sentó con un suspiro y estiró la espalda contra el respaldo. Miró al nuevo ministro con el ceño fruncido, una mirada determinada que hacía un tiempo que nadie veía.

— Me han dicho que queréis trasladar a Snape a Azkaban.

La sonrisa amable desapareció rápidamente del rostro del ministro, sustituida por un gesto mucho menos agradable.

— El tribunal considera que es donde tiene que estar —contestó con su voz grave.

— Me dijiste que el juicio se pospondría hasta que Snape despertara. Puse las pruebas en tus manos, confié en ti, Kingsley. Ese hombre es inocente y dudo mucho que la enfermería de Azkaban esté preparada para los cuidados que necesita —se aventuró, inclinándose hacia delante y golpeando con el índice el escritorio—. ¿Les has mostrado todo el material que te di?

— El tribunal no ha pedido pruebas, Harry. Mató a Dumbledore y a pesar de todo hay mucha gente en el Wizengamot que apreciaba a Albus.

— ¿Vais a hacer lo mismo que con Sirius? ¿condenarlo sin un juicio justo? ¿para eso ha servido una guerra?—respondió, perdiendo los nervios, levantándose de la silla para apoyarse en el escritorio con ambas manos y gritarle casi en la cara.

— En primer lugar, —Kingsley se puso de pie, haciendo resonar las patas de la silla contra el suelo de madera— yo no soy el tribunal, así que no vengas aquí acusándome de nada. Recibo muchas presiones, Harry, no te olvides de que Snape era un mortífago y un asesino. Los sanadores no saben cuanto tiempo va a estar en esas condiciones y ya se ha pasado el tiempo que marca la ley para un indigente.

— ¿Indigente? ese hombre no era un indigente.

—¡Pero no hay nadie pagando por sus cuidados!

— ¿En serio me estás poniendo el dinero como excusa para mandarlo a la cárcel? —le preguntó, estrechando los ojos— Venga, hombre.

— Te estoy diciendo que eso es una parte del problema. Sé razonable, Harry. estará bien en Azkaban, hay buenos profesionales en la enfermería.

— ¡Y una mierda, Kingsley! ¿Hay que pagar sus cuidados? yo me haré cargo. Y si no quieres llevar las pruebas a su favor al Wizengamot, lo haré yo mismo.

— Todo esto no es necesario, Harry —Trató de mostrarse conciliador el ministro.

— ¡Sí lo es! Severus Snape es la persona que hizo que yo ganara, lo sacrificó todo para que yo pudiera acabar con Voldemort. Merece mucho más que una cama dentro de una celda. Y si tú como ministro no piensas hacer nada al respecto, discúlpame, pero me arrepiento de haber confiado en ti y de haber creído que serías mejor dirigente que los que se sentaron en esa silla antes que tú.

Y salió del despacho dando un portazo, poniendo la guinda a la impresión que la gente en el exterior del despacho se había llevado de su visita.

 

Notes:

Ya estoy aquí de nuevo, con un montón de topicazos para vosotres. El primero: un Harry que se aísla en su casa después de la guerra.

Por si la aparición de Draco da lugar a dudas o no habéis leído descripción y etiquetas, esto es un Snarry. Escribo muchísimo sobre Severus, pero este ship en concreto es poco habitual porque me cuesta la diferencia de edad.