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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-11-14
Updated:
2023-07-07
Words:
12,448
Chapters:
3/8
Comments:
2
Kudos:
3
Hits:
53

Unchained melody

Summary:

¿Qué hubiera pasado si...?

Las cosas en la línea del tiempo original fuesen diferentes, si aquél quien murió en el incendio en el 2000 fue Seishun, si Akane conoció a Shinichiro y fue su soporte emocional durante todas sus mal situaciones.

Ésta historia trata de eso, una pequeña alteración al canon original.

Chapter 1: → Ordinary world

Chapter Text

Había pasado un año desde aquél incidente, jugando, Manjiro Sano había caído de las escaleras dejándolo en un estado de coma vegetativo, uno que ni los médicos le daban algún tipo de esperanza para su mejoría. Shinichiro no quería bajar ese sentimiento de positividad, una parte de sí creía en cualquier tipo de milagro, después de todo estaban hablando de su hermano menor, aquél quien por si solo se había auto denominado como " El invencible Mikey "

 

Todos los días se sentaba frente al cuarto donde su hermano yacía, no siempre le daban la permisión de entrar y estar a su lado. Era el único de los que restaron en su hogar que se disponía a hacer esa tarea, más bien el único que no había perdido esa mínima esperanza, porqué claro, esperaba ansiosamente el despertar de su adorado hermano menor y que todo su entorno volviera a ser como solía ser antes de ese accidente por el cual solo podía culparse a él mismo.

 

La culpa le comía a diario, era los motivos en los que cegaba por completo, sumergiéndose en pensamientos de desprecio propio, uno al que ni su abuelo o Emma le gustaba seguir viendo, uno por el cual las discusiones en el hogar habían intensificado bastante y el ir a ese hospital como visitante era la única alternativa que le quedaba, sólo para seguir consumiendo su mente con el odio que se tenía, la culpa por ser él quien le compró ese juguete y llevó a su hermano a un camino donde casi lo mató. 

Obviamente en público mantenía ese perfil silencioso, una fachada para ocultar esas inmensas ganas diarias que tenía para llorar. Deprimente para cualquiera que lo consiguiera ver en esos momentos, él lo sabía.

 

 

Fue una noche como cualquiera en su vida, de esas noches donde sentado dormiría en ese hospital le llamó la atención los llantos de una familia viendo cómo metían en urgencias a un cuerpo inerte. Era normal desde hace casi un año ver ese tipo de escenas, tan acostumbrado estaba en ese barullo que siempre concluían en llantos de felicidad por una grata recuperación del paciente o en la tristeza de haber perdido a ese alguién. La situación ya de por si le hacía suspirar de esa forma tan pesada o indiferente donde sólo le quedaba ignorar los hechos; esa noche fue diferente.

 

La joven que llegó junto a ese grupo de adultos se sentó a un lado de Shinichiro, llamando su atención por completo, él alzó su vista para verla mejor: era alguien menor a él, el uniforme del secundario le delataba por completo, tenía unos cabellos rubios que combinaba perfectamente con esa tés tan clara que tenía. Una pena que la muchacha cubría su rostro con las manos, parecía estar llorando, Shinichiro hubiera estado encantado de ver sus ojos.

 

Sentía que tenía que hacer algo para calmar la tormenta por la cual estaba pasando, era una total desconocida, pero ese sentimiento de necesitar hacer reír al prójimo para olvidarse de sus propios asuntos siempre era lo más punzante en su personalidad; para él se trataba de un acto heroico.

 

Lamentablemente nada de lo que quiso hacer pudo ser efectuado, habían llamado a aquella que se sentó a su lado, tal vez la llevarían a su hogar donde estaría más cómoda. Entendía que el tener un familiar internado era difícil, por ende, una sonrisa se dibujó en su rostro; estaba feliz por la joven, al menos no tendría que pasar la noche en un lugar tan melancólico como solía ser un hospital.

 

Le siguió con la vista hasta perderla, algo de ella le llamó la atención, algo más allá de la clara belleza.

 

Despertar en el hospital ya se había vuelto una rutina pesada para Shinichiro, ni bien sus ojos abrían para transportarlo a esa horrible realidad suya, iba a la cantina por algún café y algo para comer. Odiaba ese café, agua oscura que ni le servía para tener esa dosis de cafeína que le mantendría su mente activa. Al menos servía para alimentarse un poco y no seguir preocupando a su abuelo con cosas que no venían al caso.

 

Era la mañana temprano, los únicos horarios donde podía entrar a la habitación de su hermano menor, lograr hablarle de alguna estupidez que se le ocurriera, para el mayor le era ilusionante que el menor le estuviera escuchando aún en ese estado. El tema que tocó esa mañana en particular fue sobre la joven que vió la noche anterior, hablando como todo un esperto sobre alguien que no conocía de nada, como un chico ilusionado por algo que no venía siquiera al caso, pero ahí estaba él, dándole a su hermano una clase particular sobre una muchachita, jurando incluso que intentaría hacerle reír la próxima que le viera, pidiéndole incluso a Manjiro sus mejores buenos deseos.

 

Salir de la habitación era doloroso, sabía que no lograría ver o hablar con su hermano hasta otra ocasión. Le entraba esa nostalgia de los días pasados donde diariamente tenia que lidiar con los juegos de su hermano menor, las risas e incluso todas las ocurrencias que tenía. Extrañaba tanto esos días pasados que simplemente deseaba volver al pasado y evitar los hechos ocurridos. Shinichiro comenzó a llorar, esas lágrimas normales que siempre salían una vez cruzaba la puerta tras él, sólo que esa vez logró percibir un mirar que nunca antes había posado sobre él, se trataba de esa joven que el día anterior se sentó a su lado demostrando esa alma quebradiza, fue gracias a esos hermosos ojos por los cuales tanto quiso ver que no tuvo más opciones que secar cualquier rastro de su llanto y encaminarse a un lado de la joven con ese semblante sonriente típico en él. Después de todo simplemente se estaba haciendo el fuerte.

 

— Los hospitales sólo traen caras largas ¿Verdad? — Mencionó el de cabellos oscuros, se había sentado a un lado de aquella joven, incluso en un intento de parecer gracioso se recargó lo máximo posible en la silla. Miró a su ajena quien no tuvo reacción alguna a sus palabras. — Hace un año mi hermano menor entró a esa habitación, tuvo un accidente y ahora está en un estado vegetativo.

 

— Como lo lamento... — Fue lo que esa joven llegó a decir comenzando a llorar, ella ya se encontraba sensible y las palabras ajenas sólo le hicieron largar lo que tanto intentó contener.

 

Obviamente Shinichiro intentó remediar sus palabras, en un momento desesperante para él. Siempre tenía que recordar lo tan malo que solía ser con las mujeres, tan malo que fue rechazado tantas veces que hasta sus mejores amigos llevaban un conteo de los mismos.

 

— Pero confío en que se va a levantar y volverá a ser el niño feliz que solía ser. No te preocupés. — Él soltó unas risas, unas que lograron levantar los ánimos de su ajena.

 

Esa chica ahora se le encontraba mirando fijamente, sus ojos se encontraban aún con esas lágrimas cayendo, pero la belleza de los mismos impresionó por completo a un Shinichiro Sano que solo le quedó mirando de tal forma embobada donde tenía que agradecer el no tener a ningún conocido a su lado, seguramente desataría risas de mal gusto.

 

— Al que internaron en la noche fue a mi hermano. — La voz quebradiza en la muchacha se hacía notar, así como el hecho de intentar contener el nuevo llanto que necesitaba largar. Shinichiro en ese intento de calmarlo colocó una mano en su hombro, dedicándole un intento de sonrisa que a ella le contagió por pocos instantes. — Hubo una fuga de gas, mi casa incendió, Seishu estaba ahí adentro. Yo había ido a la biblioteca junto al mejor amigo de mi hermano, cuando llegamos Hajime quiso impresionarme yendo a salvar a Seishu pero murió en el intento... Y fue mi culpa.

 

Shinichiro estaba sin palabras, la situación por la cual había pasado esa hermosa chica recientemente era duro y entendía ese sentimiento de culpa que estaba pasando. No hizo más que comenzar a acariciar suavemente el hombro de su ajena en ese intento de calmar un poco las turbulentas aguas en esa mente suya, dejó que continuara con su relato, entendía que ella necesitaba el desahogo.

 

— Hajime se me declaró en la biblioteca, le rechacé y por eso jugó a ser héroe, lo perdí. Yo permití que Seishu fuera a casa y quedara solo, ahora está en estado grave donde sólo gran cantidad de plata le dará una recuperación estable. — La rubia mantenía su atención en la puerta donde su hermano menor estaba internado, intentaba no llorar en el intento.

 

— O mantener las esperanzas. — Shinichiro dejó de acariciar el hombro de su compañía en el momento que soltó esas palabras, había captado la atención de esa chica por completo, alguien que le miró con un semblante sorpresivo y al mismo tiempo confundido. Él por su lado le sonrió una vez más intentando animarle. — No las perdí, sé que mi hermano se va a recuperar. Confío.

 

Fue la primera vez que logró ver una sonrisa sincera en ella, una que empezaba a mantener un perfil más confiante donde la esperanza era reflejada en sus bellos y claros ojos. Ahora le tocaba a ella, colocó una de sus manos sobre la ajena que seguía posada en su hombro, acariciaba esa zona suavemente así como él había hecho.

 

— Palabras lindas y alentadoras provenientes de alguien cuyo semblante está destruido. — Dejó las caricias de un lado para agarrar esa mano apretándola un poco, gesto y palabras que hicieron a Shinichiro perder su atención al primer punto muerto que encontró. — ¿Hace cuánto estás sentado acá? ¿Hace cuánto no dormís bien? ¿Te estás alimentando bien? Deberías ir a tu casa, tu salud también importa.

 

El silencio por parte de Shinichiro apareció de repente, dispuesto sólo a apreciar a la persona que tenía a su lado y sentir ese agarre de manos que no tenía intenciones de soltar, le hacía sentir seguro. Lamentablemente un momento que no logró terminar de contemplar, una vez más esa muchacha fue llamada por sus padres, era obvio que a ellos le importaba la salud de su hija, por lo cual, la sacarían rápido de un lugar tan horrible como lo era ese hospital. La de cabellos claros se puso en pie, soltando la mano de su compañía rápidamente, pero claro que no iba a irse sin despedirse. Shinichiro notó como ella volteaba a verlo una vez más, le sonreía de esa manera amigable que difícilmente iría a sacar se sus memorias, alzando su mano se despidió en ese gesto que él imitó.

 

Por esa desconocida de la cual no sabía ni su nombre y la razón encontradas en sus palabras fueron los motivos por el cual decidió esa tarde regresar a la comodidad de su hogar, descansar de verdad y dejar de preocupar a sus dos familiares con deseos que podían verse como egoístas.

 

Fue difícil para Shinichiro entrar a su hogar después de días, después de la discusión con su abuelo, pero debía enfrentar la situación si quería al menos un perdón por parte de aquellos dos que estaban tras esa puerta y lo amaban. Ni bien colocó un pié dentro, fue sorprendido por una Emma quien le abrazó con fuerza y a los llantos le pedía que no se fuera más, que no la abandonara. Tal acción provocó a él romper en lágrimas también, corresponder el gesto de su adorada hermana y jurarle que nunca más la dejaría a su suerte.

 

Una semana le prohibieron ir al hospital, todo con tal de que se recupere. Una semana en la que volvió con más ánimos a visitar a Manjiro, ahora siendo algo diario y no más quedarse a dormir en esos fríos pasillos, donde finalmente le pudo contar las cosas que en su hogar ocurrían, el como Emma estaba haciendo lo posible para progresar y ayudar, en cómo Keisuke, Haruchiyo y sobretodo Senju se la pasaban junto a la menor apoyándole e incluso dándole inclusión dentro del grupo.

 

Salir de la habitación era mantener las esperanzas de que aquella rubia estuviera ahí y hacerle compañía hasta que la misma saliera del lugar, mucho quería saber también por el estado del hermano menor ajeno, una semana era el tiempo suficiente para enterarse de una mejoría o no, como en su caso donde su propio hermano menor seguía sin despertar.

 

La vió al cruzar la puerta, se notaba un semblante diferente, más relajado, algo que le cautivó y quiso creer que se trataba de un progreso positivo en la salud de su hermano. Ella estaba concentrada, leía unos cuantos papeles, tal vez se trataban de apuntes escolares. Sin pensarlo mucho, se dirigió a su lado sentándose en la otra silla disponible.

 

— Hace tiempo no te veía por acá. — Mencionó aquella rubia, alejándose de la lectura sólo para sonreírle a ese chico que unos días atrás le sirvió como apoyo emocional. — Me da gusto verte.

 

— Mi abuelo me prohibió salir de casa, quería que descansara. — Largo tal suspiro que sólo causó el reír a su compañía.

 

— Entonces ese señor que entraba a aquella habitación era tu abuelo, que adorable. — Más bien estaba agradecida con esa persona por mantener en el hogar a un chico que no conocía de nada y cuyo estado de salud le empezó a importar muchísimo. — ¿Pudiste descansar?

 

— Anímicamente estoy mejor si eso es lo que querés saber. — Por unos momentos cruzó por su cabeza el hecho más estúpido de todos, jamás se habían presentado y no tenía idea como se llamaba su ajena, la curiosidad le estaba matando, por eso necesitó dar el primer paso. — Soy Shinichiro Sano.

 

— ¿Sano Shinichiro? ... — En un lapso rápido de segundos, el perfil de esa muchacha volvió a los suelos, así como si algún tipo de memoria le había invadido, una que le dejó entristecida.

 

Y así era, esa chica conocía perfectamente el nombre. Seishu era quien admiraba a esa persona, nunca dejaba de hablar de las hazañas ajenas dentro de un grupo de pandilleros adolecentes que sólo buscaban problemas, recordar como su hermano menor mencionaba seguido lo tanto que quería un hermano mayor como el tal Shinichiro Sano provocó una punzada de angustia en el pecho de ella, un regresar de lágrimas que brotaban de esos hermosos ojos verdes. Él desconocía los motivos, pero no evitó demostrar preocupación por ella, alguien que en el momento de percibir el gesto del mayor simplemente optó por sonreírle, una sonrisa angelical que logró sacarle un leve sonrojo a su compañía.

 

— Akane Inui. — Mencionó finalmente, secando con sus propios dedos cualquier rastro de lágrimas. — Es un placer conocerte.

 

Sano sonrió, el nombre era hermoso para una persona de rostro tan frágil que incluso sus pestañas eran claras. Mantendría ese nombre clavado en su mente por el resto de su vida.

 

— ¿Cómo se encuentra Seishu? — Akane quedó sorprendida por aquél recordar el nombre de su hermano, a su vez le dejó melancólica una vez más. Shinichiro lo notó y estuvo a punto de disculparse por la intromisión que había tenido, pero antes de decir cualquier cosa fue Akane quién le negó con su cabeza.

 

— Sin progreso alguno, la plata no la tenemos y cada vez peor. — Mencionó, en sus labios se notaba esa diminuta sonrisa que forjó en ese intento de no caer en pensamientos negativos.

 

El silencio se hizo presente entre los dos, era común para Shinichiro quedarse mudo en momentos tan críticos donde sabía y entendía que nada podía hacer para cambiar los hechos. La sorpresa de él fue el ver cómo Inui mantenía un semblante optimista, sonriendo incluso en tal momento horrible por el que pasaba, él no evitó contagiarse de esa sonrisa.

 

— Pero mantendré las esperanzas, así como lo hacés vos, así como dijiste. Tanto Seishu como tu hermano se van a recuperar y van a volver a esa vida tan... — Imposible no llorar, pensar en el pasado calmo de su hermano, recordar lo tan vivo que se encontraba le dejaba triste, deseosa de que fuera ella quién debía estar entre la vida y la muerte. — Feliz...

 

— Gracias Inui, así será. — Shin alzó una de sus manos y la dejó sobre la cabeza ajena, en un intento de animarla acarició la zona. Él le sonreía, de esas sonrisas que poco a poco se hacían mayores al punto de mostrar los dientes. 

 

Fue gracias a ese pequeño gesto que ella logró calmarse, relajarse un poco. Un buen momento para ambos en medio días dolorosos.

 

Los días pasaban y los encuentros entre esas dos personas se volvieron como alguna clase de rutina, aprender del otro o incluso animar en la decadencia emocional que se hacía parte del día a día de ambos. Shinichiro llegaba a pensar que si no fuera por Akane su estadía en los pasillos de ese hospital serían los peores del mundo, más bien no existirían, ella por su lado agradecía que aquél estuviera para contarle estupideces y hacerle reír, sin él seguramente estaría tirada en la cama del hotel donde ahora residía sin querer levantarse ni para comer.

 

Así como todo, llegó ese momento donde en medio de una grata conversación junto a Shinichiro, una enfermera llamó a Akane para conversar en forma particular. Lo siguiente que él logró ver fue como esa chica caía de rodillas al piso y desató a los llantos, unos tan intensos que le lograron perforar el alma; supuso rápidamente de lo que se trataba y por más que ya había experimentado la pérdida de sus padres, no sabía cómo alentar a su reciente amistad en momento tan crítico.

 

Seishu acabó de fallecer. Nada se podía hacer más allá de dar sus condolencias, unas que nunca salieron a la luz.

 

 

Tener el asiento a su lado libre en lo que continuó sus días, le provocaba a Shinichiro ese sentimiento de culpa, tal vez odio propio que cada vez que pensaba en Akane Inui y el hecho de ni siquiera serle un apoyo después de la partida de su hermano. Nunca le pidió su número telefónico, menos sabía dónde vivia, algún tipo de contacto más allá de una casualidad no tenía; en esos momentos creer en una casualidad era lo menos que estaba pudiendo hacer. Lamentable, ella era una niña bastante linda e incluso inteligente, alguien que reía con sus estupideces y la dejó ir en ese lapso de tiempo donde las acciones no lograron ni ser pensadas. Estaba muy arrepentido.

 

Para su sorpresa, Manjiro despertó poco después y bajo el pronóstico de los médicos hace un año, no tenía conciencia, no se movía, era literalmente un muerto en vida. Pero aún así, Shinichiro Sano no bajaría las esperanzas de alguna recuperación total, confiaba en el niño que fue en el pasado su hermano, aquél con fuerte determinación que incluso prometió superarlo a él como líder de alguna pandilla, eso quería verlo, eso era lo que deseaba y no le importaba lo que de ahí en adelante tuviera que pasar para llegar a ese destino.

 

Extrañamente las lágrimas que caían de los ojos del mayor de los Sano, era felicidad, sonreía por el despertar de su hermano y todo lo que pensaba era en lo tanto que quería que Inui Akane estuviera ahí para verlo.

 

— Bienvenido de nuevo, Manjiro. — Fue lo mencionado finalmente por ese Shinichiro que no dudó en abrazar a su hermano una vez más después de tanto tiempo.