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No volverá jamás.

Summary:

Orel conversa con Bloberta mientras van hacia el hospital y se da cuenta del tipo de persona que realmente es su madre. Situado justo antes de «Honor».

Notes:

WTF YO ESCRIBIENDO ALGO NORMAL? Sé que es difícil de creer, pero sí, soy completamente capaz de hacerlo. No lo suelo hacer porque no me interesa. Pero, en este caso, es así. Me encanta Moral Orel y esto es una muestra de ello. Ya que, en la serie, estos dos nunca tuvieron un cierre en su relación, quise hacer exactamente eso. Intenté apegarme lo más posible al canon y ojalá que resulte así.

El título proviene de una canción infravalorada, del mismo título, hecha por el artista Shonny. La canción es, irónicamente, una que encaja más con Bloberta. Por favor denle apoyo, sus canciones son de ese estilo y es uno de los pocos que cantan en español. https://www.youtube.com/watch?v=QFZP-0GswxE

Como el resto de mis fics, los personajes hablan español argentino. Ninguna jerga que no sea entendible. Espero que lo disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Todo un año. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Orel fue al hospital ese día, luego de la cacerí... Del tiempo de calidad con su papá.

El yeso y las muletas fueron sus compañeros día tras noche. Si bien a veces pueden ser molestas, lo cierto es que a Orel le parece hasta una especie de juego —no una distracción temporal de su vida doméstica, para nada— el tener que moverse con estos. Así que no le ponen tan triste como la tarde que pasó encerrado en su propia pieza la primera vez. Eso es algo bueno.

Por eso es que estar yendo de camino al hospital de vuelta le pone nervioso. Aunque no se trata solo del hecho de tener que resignarse a otro cambio que escapa de su control y que le deja añorando los tiempos pasados, ni se trata los recuerdos funestos que le traen estar acostado de vuelta en esas camas de hospital, sino de que su papá aún haya decidido no enfrentarle desde esa vez y eso le deja en compañía del único adulto que tiene su familia: Bloberta Puppington, su mamá.

Mamá no sabe conducir ni tiene el permiso de papá para usar el auto. Entonces están viajando en el transporte público. Orel hubiera preferido caminar, pero sabe que ahora no puede. Mamá también. Sin papá, Shapey y Block —que quedaron en casa—, solo son ellos dos. Sumado al hecho de que nadie tomó el colectivo hoy y que se sentaron en el fondo, realmente están juntos.

No es que Orel no quiera a su mamá. El problema es que realmente tampoco puede decir que la quiera. Claro que dice que sí cuando la situación se da, pero Orel tampoco es ningún tonto: Sabe que su relación con mamá es apenas eso, una relación. Pasan tiempo juntos. Se hablan al menos una vez al día. Algunas veces le pide consejo y ella lo ayuda y... Y, bueno. Es eso. A Orel esto nunca le importó por dos cosas; la primera siendo que, en comparación con el resto de sus amigos, a Orel siempre le pareció que era una buena relación; la segunda que jamás le dio importancia hasta el... Accidente —incidente—. «Honra a tu padre, no a tu madre. Jamás a tu madre» dice el mandamiento perdido.

El problema es que, desde esa lección, las cosas cambiaron bastante. Eso lo sabe. Y uno de esos cambios son las interacciones con mamá. Pasó de apenas darle atención a traerle el desayuno a su cama, a responder sus dudas, a ayudarle con la campaña de la señora Censordoll y otras cosas más. Es alguien que está para él, a diferencia de papá, como si los papeles se hubieran invertido.

Sin su papá, Orel necesita un reemplazo. Alguien con quien pueda confiar.

Mamá podría ser esa persona que necesita.

— Che, mamá.
— ¿Sí?

A pesar de que Orel le acaba de hablar y ella responde, mamá sigue viendo fijamente la ventana. Orel continúa.

— Gracias por haberme ayudado con la campaña de la señora Censordoll. Incluso si ella se terminó bajando.
— Mmm, mmm.
— Creo que ella tendría que haber ganado, pero si papá fue elegido debe ser por algo —Dios. Dios debe ser la causa—.
— Claro —coincide mamá—.

Orel piensa que ella iba a decir algo más, pero se queda callada. El silencio se vuelve incómodo. Orel no quiere volver a tener otro silencio incómodo.

— ¿Estamos cerca del hospital?
— Aún falta.
— Oh.
— ...
— ...
— Hablando de papá, ¿Él te dijo algo sobre nuestra cacería?
— Oh, Orel. Sabés que nosotros no nos hacemos preguntas personales. Si yo no le pregunto algo, él no dice nada.
— ¿Por qué no?
— ¿Por qué no? —si bien dice las mismas palabras que él, Orel sabe que no está repitiendo su pregunta. La pregunta retórica es la respuesta. Orel finge no notar la ironía en su tono de voz para poder seguir hablando—.
— ¿Pero no sabés nada de nada?

Eso hizo que Bloberta dejara de sonreír y pusiera una cara de interrogación. Mirada hacia arriba, mano en su cara y codo apoyado en la otra. Pero eso no dura mucho, porque vuelve a sonreír. Aunque sigue sin mirarle.

— Sé lo que el resto sabe. Estaba enseñándote a cazar, pero vos te pusiste tan nervioso que te terminaste disparando por error. Tu papá se apresuró a llevarte al hospital y ahí te trataron.
— ... Ah, sí.

Esa es la versión que mamá sabe. Es la primera vez que la escucha. Papá tampoco ha hablado con ella desde entonces, parece ser. Debería sorprenderse, pero sus ánimos solamente se hunden un poco. Un poco porque ya está acostumbrado.

— ¿Por qué me preguntás eso, Orel?
— Es que... Bueno, ¿No pensás que es un poco raro? Yo no soy alguien torpe.
— Sos un nene.
— Sí, lo soy, pero... —el tono tan seguro de mamá le está empezando a incomodar también. Pero, por ahora, es preferible antes que su silencio—. Es la primera vez que escucho esa explicación. Todos dijeron otra cosa.

Bloberta no contesta. Baja la mirada y luego le mira. Una mezcla de grima y cansancio. Orel no entiende eso. Aún así, no tiene porqué, porque ella vuelve a mirar la ventana.

— Bueno, son cosas que pasan... —una justificación a medias. Su tono es parcialmente apagado—. Es cierto que a papá le apasiona la cacería así que eso me puede poner nervioso —quiere reír de forma sincera, pero termina sonando forzado—. Hay algo que quiero decirte, mamá.
— Decime.

Es Orel quien le toca ver hacia abajo. Mira su yeso. Recuerda la cara de enojo de su papá y tiene un escalofrío involuntario.

— Que... En realidad, no fue un... Accidente.
— ¿De qué hablás?
— Los accidentes no existen, mamá.
— Oh, claro. Todo se trata del plan divino de Dios.
— No, no digo eso... Yo... Yo no me disparé, mamá. Fue... Papá.
— Oh, eso... Sabés que tu papá siempre fue alguien torpe. ¡Apenas puede pararse!

Orel levanta la mirada. La sonrisa de mamá parece de plástico. Le está empezando a repugnar.

— ¿No me dijiste vos misma sobre su verdadera naturaleza? Estoy hablando de eso, mamá. Fue papá, él me...
— Orel —mamá le interrumpió por primera vez, en un tono estricto, el mismo que usa cuando habla con Shapey—. Por favor. Tu papá puede ser muchas cosas, pero no podés estar mintiendo así.
— ¡No estoy mintiendo, mamá!
— Orel —repite en el mismo tono—.
— ¿Sabés cómo es en realidad él? Él es...
— Él es tu papá.

Orel está comenzando a frustrarse con esta conversación. ¿Qué había pasado con los gestos dulces, las palabras de amor, la voluntad de mamá? ¿Acaso no valen nada? ¿En serio su mamá no sabe nada, de nada?

— Así que respetalo como tal, por favor —a Orel le duele escuchar estas palabras. Pero más le duele lo siguiente que dice—. Mucho más cuando estamos fuera de casa.
— ¡Mamá!

Bloberta le mira como si él fuera el problema. Y Orel siente que va a llorar.

— Nada de peros. Ya llegamos a la clínica, así que bajate.
— ¿Qué? ¿No ibás a acompañarme? —su voz es una mezcla entre miseria y sorpresa, pero la de Bloberta es una que solo puede describir de una sola forma: Carente de sentimientos—.
— Recordé que tengo cosas que hacer. Cosas de mujeres. Así que no estés causando problemas, o tendré que llamar a tu padre.

No sabe ni cómo reaccionar. No solo porque pensaba que las cosas iban a seguir mejorando, sino porque acaba de contarle algo tan íntimo y ella se reduce a decirle lo mismo que siempre, lo de antes de todo. No solo eso, sino que se atreve a hablarle de su papá.

El colectivo para y el chofer los observa, como si ya les juzgara por su discusión. Bloberta deja de verle para darle una sonrisa hipócrita al señor, quien deja de mirarles. Orel se está cansando. Por eso es que junta sus muletas y empieza a caminar hacia la puerta.

Se despide del chofer, que le devuelve el saludo. Orel también se despide de Bloberta y no disimula su tristeza. No quería que la conversación fuera de esa forma. No quiere que termine así. Bloberta le dice adiós en el mismo tono que el que usó al principio de la conversación.

Orel piensa en esas últimas palabras. «Él es tu papá. Respetalo como tal.» Le dejan sintiéndose vacío.

Notes:

¡Gracias por todo el apoyo! No puedo creer que los dos fics de Moral Orel hayan sido tan leídos. Pensé que sería mucho menos. Pero, bueno, parece que les gustó. Ojalá que este haya sido igual de disfrutable.

Planeo escribir más fics de temática apegada al canon por completo. De ahí la colección, para que se diferencie de mis otros fics.

También lo puse en tiempo presente para intentar algo nuevo. Iba a ser desde el punto de vista de Bloberta pero, al final, me resultó más atractivo verlo desde afuera.

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