Work Text:
Emma…
Alguien la llamaba. Una voz que hace mucho tiempo no escuchaba y que con su tono la llenaba de cálida melancolía.
—Emma, despierta.
La joven abrió los ojos al reconocer la voz de su madre, quien tenía su mano apoyada sobre su hombro mientras le ofrecía una sonrisa amable.
—¿Mamá?
La mujer sonrió.
—Parece que estabas teniendo un sueño muy profundo, aunque me alegra saber que ya estás devuelta con nosotros.
—¿Un sueño? —preguntó Emma sintiéndose extrañamente cansada y sin poder controlarlo soltó un bostezo.
—Ven, Emma, es hora de volver a casa —dijo la mujer estirando su mano para que la preadolescente la alcanzara.
Emma miró la mano de su amada madre sin saber porque dudaba en tomarla. Ella nunca lo había hecho antes, sin embargo, algo le decía que no confiara en ella.
—¿Qué pasa? —preguntó la mujer claramente dolida—. ¿Aún estás triste por la adopción de Norman?
Norman…
Es cierto ella estaba muy dolida y por más que lo había intentado no pudo disimular la pena que sentía por estar a solo unas horas de separarse de su querido amigo. Fue irracional y se peleó con él a pesar de que siempre supo que ese día llegaría; así como había pasado con los demás niños.
No quería separarse de él. No quería verlo cruzar la puerta porque sabía que una vez que él cruzara el umbral nunca más lo volvería a ver…
Emma pestañeó confundida al no entender porque pensó que nunca más lo vería. Eso no era verdad se corrigió rápidamente, él escribiría, así como todos sus otros hermanos lo hacían después de que fueron adoptados. Todos los meses llegaban cartas de alguno de los niños que había vivido en Grase Field y mamá siempre le dejaba conservarlas como su tesoro.
Tenía entre sus cosas guardadas las cartas que llegaron de Michelle, Olivia, Chucky, Hao, Cedy, Susan y desde hace algunos meses atrás también se habían unido las de Conny.
La preadolescente finalmente tomó la mano de su madre para caminar junto a ella por el bosque de vuelta a casa. Mientras seguía el sendero siguió buscando una explicación al repentino miedo que le lleno el corazón y que la hizo ser injusta con Norman por no querer seguir sus planes, cuando sabía que eso era imposible. Norman fue adoptado y había llegado la hora en que ellos se separaran después de casi once años juntos.
Tengo que aceptarlo, se repitió una y otra vez, como si fuera un mantra que la ayudaría a espantar el inentendible temor de saber que Norman sería enviado con sus nuevos padres. Unos padres que lo amarían, lo cuidarían y nunca lo dejarían solo…
Norman no tendrá que cargar con todo de nuevo.
—¿Emma? ¿Qué sucede?
Emma miró a su madre sin entender porque la repentina pregunta.
—Te detuviste repentinamente—le señaló.
—No sé porque lo hice—la joven respondió desconcertada, aunque rápidamente le ofreció con una gran sonrisa antes de agregar: — Todo está bien, mamá.
La joven se apresuró en correr al lugar en el que estaban todos sus hermanos esperándola. Phill fue el primero en recibirla con un gran abrazo y Thoma y Lannie pronto se acercaron para hacerle una jugarreta, la cual fue regañada por Gilda.
Estaba tan ensimismada en atrapar a sus hermanitos menores que no fue hasta que escucho la risa de Norman que se dio cuenta que él también estaba ahí.
Norman…
Se detuvo en el mismo instante para mirarlo atentamente. Él vestía igual que siempre, como todos, pero era el único que a pesar del clima primaveral usaba el suéter abotonado de color crema sobre sus ropas blancas porque de seguro tenía frio.
—Emma, ¿Estas bien? —preguntó con voz suave.
—Norman…
No sabía que fue lo que la impulso, pero enterró su rostro en su hombro a la vez que se aferró con fuerza a su cuerpo cálido.
—¿E-Emma?
—Perdón por ser tan egoísta y no poder despedirte con una sonrisa —se disculpó sintiéndose repentinamente al borde de las lágrimas, sin entender el motivo.
Tembló cuando los brazos de Norman acariciaron su espalda y no pudo evitar soltar un suspiro cuando sintió su mejilla tocar la propia.
—Todo estará bien —el aliento de Norman acarició su oreja izquierda.
Las manos que una vez estuvieron en su espalda ahora apretaban con suave firmeza sus hombros. Ella instintivamente buscó sus ojos antes que él comenzara a hablar.
—No me iré a ninguna parte.
Es mentira. Él estaba intentando engañarla otra vez por su bien.
—¡Mentira! ¡Norman eres un mentiroso! —gritó sin poder evitarlo, empujándolo del pecho para alejarse de él.
Emma no sabía porque estaba tan confundida ni porque lo había lastimado diciéndole esas palabras. Sin embargo, algo le decía que otra vez lo perdería y no había nada que pudiera hacer para evitar que se fuera… ¿Otra vez?... ¿De dónde había salido ese pensamiento? Se preguntó, ellos nunca se habían separado antes de este día. Habían estado juntos desde que eran pequeños y las únicas veces que no lo habían hecho era cuando Norman caía enfermo, aunque aun así siempre había logrado estar de una u otra manera cerca de él.
Un par de manos tras de ellas tocaron sus hombros. Eran las manos de mamá. Ella la miraba con la misma sonrisa cálida de siempre.
—No es mentira, Emma, ya no es necesario que Norman se vaya—comenzó a explicar la mujer—. Algo paso y ya no lo adoptaran.
—Pero… ¿Qué hay con la regla de irse antes de cumplir los doce años? Norman está a punto de cumplirlos, como... como Ray.
—¿Quién?
Todos los presentes se miraron confundidos sin entender quién era la persona de la que estaba hablando Emma.
—¿Quién es Ray?
—No estén bromeando con eso —pidió estirando los brazos —. Ray es nuestro mejor amigo, siempre está leyendo libros y es la persona que aprendió a desactivar los localizadores…
¿Qué localizadores?
Todos sus hermanos se miraban confundidos sin recordar quien era la persona de la que estaba hablando. Ni Don, Gilda, Nat, Anna, Thoma, Lannie, Jemima, Alice, Mark, Ivette, Rossi, Dominic o Phill sabían quién era…
¿Quién era quién? Se preguntó.
La voz de su madre la distrajo de sus pensamientos.
—Emma, esa regla ya no es necesaria para nadie, todos pueden quedarse para siempre si eso lo que desean —afirmó Isabella con una sonrisa.
—¡Vamos a jugar, Emma! —alguien la llamo y estuvo a punto de seguir la voz cuando Norman la detuvo con una mano en su hombro
—¿Qué hay de Ray?
—¿Quién es Ray?
Emma no sabía quién era la persona por la que Norman estaba preguntando ni porque él se veía un poco triste por no saber de qué es lo que estaba hablando.
¡Vamos a jugar! ¡Vamos a jugar!
La voz de sus hermanos la llamaban, pero Norman seguía frente a ella esperando que le respondiera algo, aunque no podía recordar de que se trataba. Él ya no se iría y eso era lo único que importaba.
Ya no era necesario que se separaran, él no se iría a Lambda…
¿Lambda?
Con el recuerdo de esa palabra, Emma sintió que fue golpeada con las imágenes de los sucesos que habían transcurrido en los últimos dos años pasaron frente a sus ojos; uno tras otros hasta que por fin pudo recordar porque estaba ahí. Buscaba hacer una nueva promesa con la que construiría el futuro que quería, un futuro en el que sus hermanos fueran felices, un futuro en el que Norman nunca más se sacrificaría. Un futuro junto a Norman.
Y era por eso debía encontrar la manera de reunirse con Ray para llegar al lugar en que estaba el día y la noche. No había tiempo para distracciones por muy tentadora que estas fueran.
La joven se miró las manos ásperas, encallecidas y llenas de cicatrices que fueron provocadas por el constante uso del arco y las flechas. Fue capaz de sobrevivir en el exterior. Ella ya no era la niña que vivía protegida de la ignorancia dentro de las paredes de Grace Field y fue por eso tenía que salir de ese lugar. Necesitaba volver lo antes posible con el verdadero Norman y evitar que se siguiera destruyendo.
Emma caminó hacia su antiguo hogar con la esperanza de que este la llevara a encontrarse con Ray, pero cuando estaba a punto de abrir la puerta una mano la detuvo.
—¿Ya te vas? —preguntó Norman.
Él era tan joven como lo recordaba, de seguro que este Norman no tenía la marca de Lambda en su pecho y no conocía el miedo o la soledad.
—Tengo que hacerlo.
—Si te quedas aquí no es necesario que sigas luchando —dijo con una media sonrisa—. En este lugar no hay envíos, no es necesario que crezcamos y podemos vivir toda la vida juntos sin dolor o sufrimientos. Todo lo que anheles estará aquí…
—Lo sé —asintió con cierto pesar. Ella se había dado cuenta que en ese mundo todo lo que soñaba se volvía realidad—. Sé que podría quedarme aquí contigo para siempre y nunca volverme a sentir desesperada, pero no puedo vivir en una mentira.
—No me dejes —pidió en voz baja mientras se aferraba a sus ropas.
A pesar de que el niño frente a ella era solo producto de los siete muros a Emma le dolió escuchar su voz quebrada. No importaba si era ilusión creada en ese lugar o de su propia imaginación, no soportaba ver a Norman triste, no obstante, no podía quedarse.
La tentación era difícil de rechazar, pero rendirse nunca había sido parte de sus planes.
Emma estuvo solo a unos segundos de abrir la puerta de su antiguo hogar, cuando sintió al pequeño Norman aferrarse a ella. Sabía que tenía que marcharse de inmediato, pero… ¿Cómo podía irse de aquel lugar cuando él rodeaba su cintura con sus delgados brazos y su frente afiebrada estaba presionaba el centro de su espalda? Era injusto que jugaran así con su mente.
Ahora era ella quien no podía corresponder su abrazo y era tan doloroso no hacerlo.
—Norman —llamó intentando zafarse de su agarre.
Él sacudió la cabeza negativamente en respuesta.
—Norman.
A la adolescente no le quedó otra opción que apretar con fuerza los brazos que la sujetaban estrechamente.
—Necesito volver con nuestros amigos, nuestra familia y contigo Norman… —le suplicó apesumbrada intentando contener las lágrimas mientras luchaba contra él—. Por favor, déjame ir…
Esta vez él se quedó en silencio por unos minutos.
—Quédate conmigo para siempre.
Al escuchar el leve susurro, tuvo que cerrar los ojos unos momentos. Necesitaba de toda su fuerza de voluntad para rechazar lo que más quería en el mundo y recordarse nuevamente que todo aquello era una mentira. El verdadero Norman la estaba esperando no importaba que hubiera dicho lo contrario. Si no se apresuraba esta vez sí lo perdería para siempre y si eso llegaba a pasar, no sabía cómo encontraría las fuerzas para seguir viviendo, nuevamente, en un mundo sin él…
Emma tuvo que aplicar tanto fuera física como mental para alejarse del chico e incluso una vez que lo logró se vio en la obligación de seguir luchando contra él, quien se negaba a dejarla ir. La situación era una cruel parodia de la realidad porque mientras que el Norman real no había sido capaz de aferrarse a ella, el Norman de los siete muros se negaba a soltarla por mucho que lo sacudiera.
Le estaba rompiendo el corazón forcejear de esa manera con él y, aunque fuera una mentira no pudo evitar abrazarlo una vez que estuvo fuera de su agarre.
—También quiero estar junto a ti, lo deseo más que nada, pero tienes que entender que no puedo hacerlo aquí. En este lugar que es solo una imitación de lo que en verdad deseo —Emma abrazó al pequeño Norman contra su hombro.
Necesitaba encontrar las palabras para dejarlo atrás sin lastimarlo no importaba que no fuera real.
—Hemos sido separados y heridos… —comenzó recordando con un escalofrió el miedo que sintió cuando su madre anunció el envió de Norman —. Y ahora tenemos profundas cicatrices que lo demuestran, pero de alguna manera logramos tú y yo logramos superar a la muerte para volvernos a encontrar.
Sentía la garganta apretada, pero sabía que debía superar aquel dolor para poder avanzar.
—Desde que te fuiste, no hubo día en que no pensara en ti, Norman. Lo hice incluso las veces en que estuve cara a cara con la muerte —Emma recordó la que ahora sabía que era una visión y no el fantasma de Norman. —Lo único que quería era seguir avanzando con la esperanza de que cumpliríamos nuestros sueños, y ahora que por fin estas a mi lado que no me puedo permitirme perderte nuevamente.
—¿Es Norman tan importante para ti?
—Lo es —respondió sin siquiera pensarlo.
La ilusión la soltó al escuchar sus palabras e incluso abrió la puerta para ella.
—Aun debes resolver el laberinto, aunque creo que ya vas por buen camino.
Emma asintió en respuesta deseando que aquel Norman tampoco tuviera que estar solo y por eso cuando escucho que desde ese mundo imaginario otra Emma lo llamaba fue que finalmente pudo cerrar la puerta para continuar con su propio viaje.
Ella sabía en que pronto llegaría el día en que pudiera caminar junto a Norman, esta vez tomaría su mano y jamás volvería a dejarla e incluso cuando fueran muy ancianos seguiría sujetándose hasta que llegara el día en que tuvieran que decirse nuevamente adiós antes de volverse a encontrar en otra vida.
FIN.
