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Artemis

Summary:

Cuando Percival esta solo, no puede evitar que sus pies se dirijan hacia un prostíbulo, con la esperanza de ver a una mujer en especifico. A pesar de saber que esta mal, y que quizás esto podría destruir a su familia, Percival se enamora de Artemis, la bailarina que siempre va a ver.

Todo va bien, hasta que Grinderwald decide que seria una buena idea robarle la identidad, y jugar un poco con su mente.

Ahora, Percival se niega a creer que fue rescatado.

"—¿Conoces a alguien?
—Sí.
(...)
—¿Por qué estas tan seguro que podría ayudarlo?
—Porqué Grindelwald, a pesar de estar fingiendo tener la vida del señor Graves, nunca fue a saludar. Alguien tan educado como el señor Graves no haría eso, ¿no crees?"

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

A pesar de hacer horas extras, y ser catalogado como un adicto al trabajo por toda MACUSA, Percival sabe cómo divertirse. Aunque es difícil hacer tiempo para sí mismo, ya que debe de pasar tiempo con su esposa (a su pesar) y sus padres, que vienen de visita regularmente. Por suerte, no tenía más familia de la cual preocuparse. Entonces, cuando el reloj marca las 02:30 a.m., él se levanta de la silla, dejando de leer el informe sobre la situaciones de hoy. Al parecer, un mago empezó a discutir verbalmente con un no-maj en un lugar público, y la discusión se calentó tanto que el mago lanzo un crucio. Lo que los obligo a usar un obliviate a todos los testigos, lo que tomo horas y una minuciosa investigación, para poder asegurarse que los no-maj aun creyeran que la magia no existía.

Y todo eso junto significo papeleo, mucho papeleo. Había tanto, que Percival estaba seguro que mañana tendría que volver a sentarse por horas.

Al salir de su oficina, se da cuenta que el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica esta desierto, sin una sola persona a la vista. No le extraña, ya que nadie se quedaba más allá de la medianoche, sin contarlo a él, por supuesto. Era ya habitual que se quedara días en la oficina, ya sea por una razón u otra. Al menos así evitaba a su esposa por un tiempo. Si tuviera que verla todos los días… él sacude la cabeza, en un intento de despejar los horribles escenarios que se vinieron a la mente con solo pensarlo.

Su esposa no era mala persona; ella no era el problema, el problema eran ellos. Simplemente no eran un complemento, siendo Percival demasiado serio y aburrido para una mujer como ella, que aun fingía tener veinte años, saliendo de fiesta cada fin de semana y creyendo que se puede comer el mundo entero. Si hubiera sido una elección, Percival esta seguro que ninguno se elegiría al otro.

Si pudiera elegir a una mujer…

Apresura los pasos, repentinamente apurado. Se permite levantar las comisuras de sus labios en una sonrisa sin dientes, sintiendo como su humor mejoraba con solo pensar en ella; mientras que su esposa se creía una veinteañera, él se volvía a sentir como un adolescente, sintiendo los nervios y la anticipación.

Su corazón latía rápido mientras cruza las puerta de MACUSA, y su estómago era un revoltijo. Percival sabe que no debería estar tan emocionado por volver a verla. Él tiene esposa, y sabía que este pequeño secreto podría destruir a su familia; sabía que sus padres estarían escandalizados y rojos de ira, mientras que su esposa solamente estaría molesta por la humillación de saber que su esposo se acuesta con otra mujer.

Que, para rematar, era una stripper.

Percival no creía esas cosas de amor a primera vista, las creía una estupidez. ¿Cómo podrías mirar a una persona y enamorarte, así, sin más? No encontraba la lógica de eso. Pero descubrió, aquel día donde hicieron un allanamiento en un prostíbulo, que, quizás, el amor a primera vista no era tan ilógico como pensaba; la primera vez que la vio, se fijo en sus hermosos ojos avellanas, que lo miraban sorprendida, antes de ruborizarse y apartar la mirada con timidez, jugando con su cabello castaño. Por educación, no deslizo sus ojos más abajo, a la piel expuesta que apenas estaba tapada por prendas cortas.

No, no se enamoró propiamente dicho, pero se sentía traído a ella una y otra vez, no podía evitar mirarla de reojo, tan ansioso por hablarle. Y quizás eso, para alguien más, no era amor a primera vista. Pero para él, quién siempre tenia una barrera de frialdad y no solía tener emociones con desconocidos, lo era.

Entonces se encontró yendo una y otra vez hacia ese prostíbulo.

Y ella estaba allí cada vez.

 


Al llegar al prostíbulo (que cerraba a las 04:00 a.m., para su suerte), Percival no pudo evitar darse cuenta que Artemis estaba en el escenario. Ella estaba caminando alrededor del tubo, con su mano agarrando el metal. Camina moviendo sus caderas de forma sutil y atrayente, antes de enganchar sus piernas y deslizarse con una vuelta al piso. Ya estando allí, Artemis, en un elegante despliegue de piernas, se desenreda del tubo y se da vuelta, dejándola brevemente sobre sus rodillas y manos.

Percival se queda congelado por un momento, viendo fascinado a Artemis, a pesar de que no estaba haciendo nada muy exótico o erótico. Piensa que, por un momento, Artemis lo mira, antes de volver a poner sus manos en el tubo, y, con solo la fuerza de sus manos, estira ambas piernas a centímetros del suelo, simulando patear, antes de volver a ponerse de pie.

Ella sigue bailando, y Percival siente que sus pies están en un modo automático.

Mientras cruza la habitación, para sentarse en un sillón desocupado frente al escenario, Artemis se aferra nuevamente al tubo y se impulsa hacia arriba, dando una vuelta similar a un bombero no-maj. Cuando Percival se sienta, Artemis pega su costado al tubo para hacer un abanico en el aire con sus piernas, moviendo su cadera hacia atrás cuando vuelve a tocar tierra. Camina un poco alrededor, y vuelve a enganchar sus piernas para deslizarse hacia abajo. Y, justo frente a Percival, ella se da vuelta para ponerse sobre sus rodillas y manos, pero esta vez Artemis arquea la espalda, y sus ojos se cruzan.

Ella no desvía la mirada, incluso parece demorar un poco más de lo usual en levantarse.

Después de eso, Percival pasa todo el resto de la rutina pensando que, tal vez, el baile de Artemis era para él. Su corazón da un vuelco con solo pensarlo, pero rápidamente se quita esa idea tonta. Que Artemis lo mirara una que otra vez mientras baila no significaba nada, ¿verdad?

Cuando acaba, hay algunos otros hombres que le dan billetes como propinas. Artemis no parece inquieta cuando alguno es atrevido y pone dinero dentro de su lencería; Percival se acerca para darle sus felicitaciones, diciendo que bailo muy bien y ella se sonroja, sonriendo mientras le agradece.

Todo es un borrón cuando Artemis lo arrastra hacia una habitación de atrás, dejando besos ardientes por toda su piel. Percival se siente mareado con la atención, y suspira cada vez que sus labios se juntan. Se siente como en una nube, y todo el estrés del trabajo se desvanece cuando se toma el tiempo de besar las cicatrices en las manos de Artemis, diciendo con voz incoherente lo bonita que es.

Es en este momento donde a él no le importa nada.

A él no le importa que, cuando pasa las manos por el cuerpo desnudo de Artemis, sienta magia envolviéndola como un capullo. Puede sentir como la magia corre en las venas de Artemis, como ella está ocupando hechizos para ocultar su apariencia.

Pero ella nunca menciona los hechizos, ni él tampoco.

A él no le importa cuando, mientras se entierra profundamente en Artemis, su teléfono suena con el tono que sabe es de su esposa.

Y el teléfono suena, suena y suena…

Percival no se da cuenta que Artemis estira el brazo y cuelga, dejándolos solamente con el sonido de sus gemidos.

 


—Ayer me colgaste —dice su esposa al día siguiente, en la cena. Ella no parece muy abatida por ese hecho, y sigue cortando la carne con su cuchillo, a pesar de tener magia para hacerlo—, no sueles hacerlo. ¿Paso algo en el trabajo?

A pesar de ser un reclamo, su voz es nivelada y desinteresada, y Percival cree que su esposa solamente lo pregunte por alguna obligación que no comprende.

—No. Me dormí en la oficina —Miente con el mismo tono de voz que su esposa, sintiendo como las palabras fluían sin vacilar—. Quizás te colgué entredormido.

—Hm.

La cena avanza en silencio a pesar de su débil excusa, hasta que ambos terminan la cena. Percival ve, antes de levantarse de la mesa, el enorme comedor. Por un momento, se pregunta si esta enorme casa sería más acogedora con Artemis. ¿Quizás ella se sentaría a su lado, en vez de la otra punta de la mesa, como hace su esposa?, ¿quizás Artemis le hablaría como fue su día con sus criaturas, que siempre menciona en sus charlas de almohada?

—Ayer vomite, y me he sentido mal por semanas.

—¿Qué?

—Ayer vomite, y me he sentido mal por semanas…—repite su esposa lentamente, como si hablara con un niño, y se levanta de la mesa, alzando sus ojos para mirarlo fijamente— …así que fui al doctor. Estoy embarazada, Percival.

—…embarazada.

Se toma un momento para mirarla, y ve en sus ojos absoluta seriedad. Percival abre la boca para decir tontamente lo obvio:

—No es mío.

—Lo sé —le responde—, pero podemos sacar provecho de esto.

—¿Cómo?

—Tus padres nos están presionando hace años por un bebé. Y ambos no nos hemos tocado desde la luna de miel, que fue hace… ¿cuánto? ¿diez años?, tus padres son insistentes, querido, y ya me están hartando. Con cada visita siempre sacan el tema de los niños. No nos hacemos más jóvenes, sobre todo tú, Percival. Pensaba que, si les mentimos a tus padres sobre la paternidad del bebé, nos dejaran en paz por una buena vez.

—Quieres mentirles —dice, sintiendo repulsión ante la idea.

—Tengo un amigo medimago que esta dispuesto a cambiar las firmas mágicas del bebé cuando nazca.

Percival parpadea, aun procesando que su esposa quiere mentirles deliberadamente a sus padres para que crean que tienen a un bebé que seguirá el apellido Graves, y que quiere ocupar prácticas ilegales para hacerlo.

Piensa en sus padres. En la ilusión en sus ojos cuando les diga que van a tener un bebé, y en la amarga decepción cuando se den cuenta que el bebé no es suyo, que no es un Graves de sangre pura; los imagina como aquella vez, cuando les dice que se niega casarse con una mujer que no conoce, y que ser sangre pura no significaba nada. Su madre lo miro con los labios apretados y las cejas bajas, antes de darse vuelta y, en total silencio, salir de la habitación. Su padre, por su parte, le pide que recapacite, que el matrimonio arreglado no es para tanto; que lo hiciera por ellos, por su familia. Su tono suplicante lo desconcierta, y le pide tiempo para pensar.

Él decide, después de que su madre no le habla por días y su padre lo mira con ojos tristes, que se casara por el bien del apellido Graves.

Si su familia era lo más importante, ¿no sería deshonroso criar a un hijo que no era tuyo?

—No.

—¿Disculpa? —Su esposa parece incrédula, y levanta las cejas.

—No les mentiré a mis padres por ti y tu bebé. ¿Acaso crees que quiero criar a un niño que no es mío? —Lo haría si estuviera enamorado de ti, piensa, pero no lo dice.

—¿Eres idiota? ¡Esto podría salvarnos!

—¿Salvarnos de qué?

—¡Estamos casados por esta razón, y eso es para un heredero! ¿Qué más da si es tuyo o no?, finge que lo es y ya.

—Es fácil decirlo para ti, ¿verdad? ¿Fingir que el niño es mío, en vez de tu amante?

—¡Ese no es el punto! —grita, con voz rayando la histeria—. ¿No puedes aceptarlo y callarte? ¡O… o yo me divorciare de ti!

Percival levanta las cejas, sorprendido. Su esposa sigue despotricando:

—¡Y les llorare a tus padres, diciendo todo tipo de cosas hasta que se avergüencen de tenerte como hijo! ¡Iré a la prensa para acusarte de maltrato y abuso! ¡Hare que todos en New York piensen que eres el peor hombre que existe, a pesar de tener “Graves” en tu apellido! ¡Después de eso, tu vida estaría arruinada! ¡Un viejo cuarentón con mala reputación no le gusta a nadie! ¡Adiós al apellido Graves!...

De repente, su esposa se queda petrificada, con la boca abierta para seguir gritando Merlín sabe que cosas más. Percival levanta su mano para masajear sus sienes; todo esto le está dando dolor de cabeza. Él suspira, viendo con alivio como su esposa no hace ningún ruido, ni siquiera se mueve.

Se volvió a sentar en la mesa, mirando a su esposa petrificada, que seguramente ahora mismo estaba hirviendo de rabia. Quizás nunca espero que Percival la hiciera callar con magia sin varita. Percival se alegra de haber aprendido a usarla, siempre es útil.

Se pregunta, por un momento, que se supone debe de hacer ahora.

Seguramente no tendría estos problemas si me casara con Artemis, se dice soñadoramente, aunque pronto desecha esa idea, recordándose que era un hombre más entre sus sabanas. El solo pensarlo es doloroso, pero esa es la realidad, y no puede escapar de ella.

Vuelve a suspirar, cerrando los ojos, pidiéndole a quién sea por un descanso.

 


No ve a Artemis al día siguiente, ni a la semana, ni en un mes. Se pregunta, de forma lejana, si ella se acordara de él, o si le importa que la dejara de visitar. ¿Quizás Grindelwald tenía razón, y su existencia realmente no significaba nada, que era reemplazable? Percival inhala, pero eso hace que algo en su pecho se atore, y termina tosiendo, sintiendo su garganta desgarrada. Siente algo subiendo por su garganta, y, por impulso, lo escupe al piso, a un lado de sus pies descalzos, que estaban sucios por la mugre en este lugar.

Ve, de forma borrosa y en la oscuridad, la sangre salpicar el piso.

Se tira hacia atrás, chocando con el respaldo de la silla; no siente los brazos ni las piernas, pero sus manos tiemblan incontrolablemente después de haber sufrido crucios por lo que parecían horas. Las heridas abiertas le duelen tanto como las infectadas, y parecía tener un dolor de cabeza permanente. Hay algunas partes dentro de su mente que, cree, fueron borradas, o simplemente no son sus recuerdos.

Grindelwald parece estar divirtiéndose con él, el muy sádico.

Lo capturaron un día después de la pelea con su esposa. No sabe si estar agradecido o no por ello, ya que no ha visto a su esposa desde la pelea en el comedor. Esta seguro que ella sigue molesta por haberla dejado petrificada toda la noche, y por haberla levitado hacia su habitación. ¿Pero valía la pena ser torturado por días para no afrontar la ira de su esposa?

Cree escuchar ruidos arriba de su cabeza, pero Percival está demasiado cansado para pensar en ello. Quizás Grindelwald quiere volver a jugar con su mente, abriendo la puerta con la apariencia de sus aurores, haciendo todo un show, y riéndose a carcajadas cuando los ojos de Percival pierden la esperanza.

Después de la tercera vez, Percival deja de reaccionar a los falsos rescates.

Cuando siente que intentan derribar la puerta, Percival prepara sus defensas mentales, teniendo toda la intención de seguir protegiendo todo lo que considera valioso dentro de su mente, protegida por muros impenetrables. Al menos, tenia la dicha de decir que era un buen oclumante, y que logro frustrar a Grindelwald, quien estaba bastante disgustado con él debido a esto.

Él espera con los ojos cerrados al comienzo de un nuevo show.

 


—…él no… ¿cómo podemos…?... ¿cree que…?... lleva cinco días…

Percival escucha la amortiguada voz preocupada de la supuesta Seraphina Picquery, que esta hablando con el supuesto doctor afuera. Él mira hacia el techo, sin poder evitar pensar que, de hecho, Grindelwald estaba haciendo un verdadero show. ¿A cuántas metió en esto; a cuantas personas les gusta verlo a la defensiva y gruñendo como un perro?, ¿cuántas veces le dieron la espalda y se rieron de él?, aunque, cabe decir, estaba bastante elaborado todo el escenario. Pero no dudaba que Grindelwald pudiera hacer algo así; él puede haberle negado la información de MACUSA, de Artemis, pero no pudo evitar que viera las caras de sus aurores, de su jefa, de su familia.

Entonces, solamente le quedaba fruncir el ceño y apretar los dientes cuando la señora Picquery se sentó a un lado de su camilla, con la espalda recta, mirándolo con ojos abrumados y dando un discurso como fallo como jefa de MACUSA; cuando sus aurores se amontonaron en la puerta, mirándolo con ojos perdidos y tristes; cuando su madre se sienta a su lado y llora, y su padre mira a otro lado, con los ojos cristalinos. Por supuesto, su supuesta esposa no viene a visitarlo, Grindelwald sabe bien que ella nunca vendría.

Al menos, sus heridas se están curando, y se siente mejor que en sus días de cautiverio.

¿Qué juego está jugando Grindelwald? ¿Acaso quería romper su cordura un poco más? El pobre diablo debería de saber que le costara más trabajo que solamente colocarlo en una camilla de hospital y hacer que todas las personas que conoce se lamenten de su tortura.

Incluso, parece que Grindelwald está usando una nueva técnica, aunque no sabe muy bien cómo funciona o cual es el fin.

Hace unos días un chico alto y delgado, de cabello castaño y pecas, se venía a sentar en el sillón, a veces mirándolo pensativo, a veces desapareciendo dentro de esa maleta suya (eso se supe es ilegal, pero no dice nada, ¿de que serviría advertirle a un criminal sobre las leyes mágicas?). Percival no le dice nada, el chico tampoco habla cuando lo visita.

Hoy, por supuesto, no es la excepción.

El chico, del cual no sabe su nombre, abre la puerta, cargando con su maletín. Se va a sentar al sillón arrinconado que había en la habitación. Pero hace algo diferente, en vez de hacer un gesto con la cabeza (que comenzó a hacer desde que vino por primera vez), el chico le sonríe un poco, desconfiado y cauteloso. Más allá de eso, el chico hace lo mismo de siempre; pronto desaparece en esa maleta suya.

Aunque es una interacción casi nula, es mejor que cualquier visita que tuvo desde que despertó. Y, había que admitir, ver al chico incomodo era algo lindo.

Percival se permite, entonces, cerrar los ojos, esperando no volver a desmayarse. Al menos, Grindelwald dejo de tirarle agua helada cada vez que lo hacía.

Se permite vagar en lo ocurrido en estos días, donde supuestamente lo habían rescatado de las manos de su secuestrador y torturador. Todavía no cree en toda esta farsa, pero esta confundido por la repentina amabilidad de Grindelwald; le daban comida, agua, le curaron las heridas, y, si bien no tenía un calendario o un reloj, tenía una ventana donde podría calcular el paso del tiempo. Estaba bastante seguro que en cualquier momento el hombre se aburriría de tratarlo bien y volvería a dejarlo en el sótano debajo de la abandonada mansión Graves.

Sus padres se mudaron hace mucho tiempo, incluso se fueron del país después de la boda de su hijo; Percival tenía su propia casa en la ciudad, y si bien no era una mansión como tal, tenía bastante (quizás demasiado) espacio para parecer una. Entonces, la casa familiar estaba abandonada hasta nuevo aviso, pero aquello no significaba que Percival olvidara como era el sótano de la que fue su casa.

Sí, fue un golpe duro reconocer que había estado secuestrado en la misma casa donde creció.

Percival cierra los ojos, y, sin darse cuenta, se queda dormido.

Pero convivir con Grindelwald le enseño a estar alerta, aun cuando estaba desmayado después de una sesión de torturas. Como auror, estaba consciente que cualquier información podría ayudarlo, o ayudar a MACUSA si salía del sótano. Así que, cuando su subconsciente se da cuenta que hay voces en la habitación, Percival se mantiene con los ojos cerrados y expresión fingidamente pacifica, sin dar ningún indicio de estar despierto.

—¿Cómo lo harías? Ni la señora Picquery pudo hacerlo —Escucha decir a una mujer, que reconoce como Porpentina Goldstein, una de sus aurores.

—…no sería yo. Más bien, conozco a alguien quien podría ayudarlo —dice una voz masculina que nunca ha escuchado, pero que es suave y tranquilizadora. Debía de serlo para lograr persuadir a Goldstein.

—¿Conoces a alguien?

—Sí.

El tono escéptico de la aurora le hace creer a Percival que, lo que sea que la voz le estaba ofreciendo, terminaría siendo un rotundo “no”. Pero, sorprendentemente, Goldstein acepta a regañadientes, no sin antes hacer una última pregunta.

—¿Por qué estas tan seguro que podría ayudarlo?

—Porqué Grindelwald, a pesar de estar fingiendo tener la vida del señor Graves, nunca fue a saludar. Alguien tan educado como el señor Graves no haría eso, ¿no crees?

 


Al día siguiente, Percival se queda pensando sobre la conversación que tuvo su auror y la voz masculina. Que resulto ser el chico que comenzó a visitarlo. Lo dedujo cuando, al abrir los ojos, y después de escucharlos hablar misteriosamente e irse, no vio el maletín por ningún lado; a pesar de no entender lo que estaban hablando los cómplices de Grindelwald, Percival tenia una pequeña sospecha de quién era ese “alguien” que el chico le había comentado a la supuesta señorita Goldstein.

Rezaba para que esa idea sea errónea, y que este profundamente equivocado.

¿Quizás todo este espectáculo era para que bajara la guardia? No tendría otra explicación, pero Percival seguía manteniendo los muros de oclumancia tan arriba como podía. Y, además, al estar más sano, podía cumplir mejor su tarea de ocultar los secretos de MACUSA en un rincón de su mente. Nada tenia ni pies ni cabeza, era confuso, y Percival empezaba a creer que estar en el sótano era más sencillo que cualquier compleja estrategia que quisiera ocupar Grindelwald con él.

Las horas pasan, y no hay rastro del chico, del auror Goldstein, ni de la persona misteriosa que lo iba a, supuestamente, ayudar. Percival cree que quizás fue un plan que desecharon, por alguna razón, y que ahora estaban planeando otra cosa. El silencio comenzaba a impacientarlo tanto como inquietarlo.

Son las 09:48 p.m. cuando la puerta de la habitación se abre, llamando la atención de Percival, que estaba leyendo unos papeles que, muy amablemente, la supuesta señora Picquery le había dado. Los papeles, según, eran los informes de las ultimas misiones que el departamento había hecho en su ausencia. Incluso en la pila había papeles sobre el caso del mago que le lanzo un crucio a un no-maj. Al parecer, nadie termino de hacer el papeleo que había dejado hace bastante tiempo atrás.

Cuando levanta la vista y ve quién había tan elegantemente tarde (las visitas se tenían que ir a las 10), no puede evitar abrir más los ojos y aflojar la mandíbula, además de que un indigno rubor se apodero de sus mejillas.

En la puerta, Artemis le sonrió detrás del montón de flores azules.

—Tu color favorito era el azul, ¿verdad?

Lo era, y se lo había dicho una madrugada, en una de sus tantas charlas de almohada. Se sintió conmovido al darse cuenta que Artemis lo recordaba.

—…estas aquí —dijo, sin poder creerlo, y sonríe por primera vez desde que lo internaron (también es la primera que habla, de hecho). Pero su sonrisa se desvanece tan pronto como recuerda que, de hecho, todo esto es un show de Grindelwald. Y, a pesar de que su cerebro le dice que deje de hablarle a algún secuaz cambiaformas, Percival abrió la boca para decir:— ¿Por qué estás aquí?

—Vaya, esperaba que me extrañaras un poco más.

—Yo…

Percival decide que es un buen momento para cerrar la boca e intentar cerrar su expresión, dándose cuenta que se había expuesto descuidadamente. Al parecer, con solo ver a Artemis su guardia bajo varios niveles. Naturalmente, ella se da cuenta del cambio, y se muerde el labio inferior, desviando la mirada al piso, viéndose indecisa. Pero suspira, endereza la espalda y camina hacia la camilla, con sus ojos brillando en determinación.

Tan pronto como deja el enorme ramo de flores en la mesa, Artemis, audazmente, se sube a la camilla. El espacio es pequeño, pero, de todos modos, Artemis no necesitaba más, ya que rápidamente se acomoda en el regazo de Percival, susurrando un hechizo para que los papeles se vayan a otra parte. Ahora, a solo unos cuantos centímetros, él no puede evitar fijarse en esos ojos avellana que estaban ocultos por unas largas pestañas.

Se pierde en ellos, sintiéndose hipnotizado por sus ojos acuosos y brillantes.

—Estaba tan preocupada —susurra a escasos centímetros de sus labios; Percival se da cuenta que sus manos se aferran a las sabanas con puños temblorosos—. Te fuiste como siempre, pero no regresaste, como sueles hacerlo. ¿Sabes lo asustada que estaba pensando que no volverías? Moría por verte después de unos días. Te extrañe tanto, cariño.

Cuando Artemis finalmente lo besa, Percival no puede evitar suspirar enamorado. Su mente se queda en blanco, y lo único que puede pensar es lo mucho que le hicieron falta los besos de Artemis, en la delicadeza cuando presiona sus labios; en la absoluta maravilla que era sentirse querido. Artemis besaba con tanto amor y entusiasmo, que Percival se sentía afortunado de haberla conocido.

Se separan cuando sus pulmones arden, y Percival abre los ojos (que no sabe en qué momento cerro), solamente para darse cuenta que había lagrimas en las mejillas de Artemis. Levanta las manos, limpiando con sus pulgares el rastro de lágrimas; con sus manos en sus mejillas, Artemis sonríe, apoyándose en una de sus manos.

—Te extrañe tanto —vuelve a decir— que me dolía físicamente estar separada de ti. No podía hacer nada sin preguntarme donde estabas, que estabas haciendo, y por qué no volvías. Pensé que, quizás, te habías aburrido y habías vuelto donde tu esposa. Fue un pensamiento bastante tonto, lo sé.

—¿Sabías que estaba casado?

—Todos en New York lo hacen —Artemis se ríe con desgana—. Fue una gran boda, y las cosas grandes no suelen pasar desapercibidas. Pero no creo que la ames, a tu esposa, quiero decir.

—¿Oh?

—Si la amaras, ¿por qué nunca ocupas el anillo?; tu dedo anular no tiene una franja más pálida de piel. Eso significaría que nunca te quitas el anillo. Además, si lo hicieras, no volverías conmigo.

—Vaya, deberías de ser auror —se ríe suavemente, acariciando distraídamente su mejilla.

Artemis, por su parte, cierra los ojos.

—Si te digo la verdad, ¿te quedarías conmigo?

—…¿ah?

—Si te diera un anillo, ¿te lo quitarías?

—¿Artemis?

—Si no soy lo que esperas, ¿aun me besarías?

—No entiendo.

Ella abre los ojos, mostrándole a Percival la vulnerabilidad en sus ojos.

—Estaba tan… enojado cuando logre revelar a Grindelwald, yo simplemente… use mis manos. Y verte, sin poder acercarme, me estaba matando por dentro. Percival; Percy, no estas en ese sótano, este no es un espectáculo bien armado para jugar con tu mente. Protegiste maravillosamente bien los secretos de MACUSA, y me protegiste. Grindelwald no sabía quién era Artemis —dijo con la voz entrecortada—. Hiciste tanto por mí sin saberlo, y yo, yo…

Artemis toma aire, separándose de las manos de Percival, que se había quedado absolutamente quieto. Ella parecía reacia a levantarse de su regazo, pero se movía incomoda sobre sus piernas.

—Theseus Scamander.

—¿Qué?

—Es el nombre de mi hermano.

—¿Es tu hermano? Pero si Scamander no tiene hermanas…

—Lo sé.

—…solamente tiene un hermano pequeño.

—Sí, Newton Artemis Scamander.

—Pero tú…

—La magia puede ser muy ilimitada, tu creatividad es el único límite.

Percival estaba sin palabras, solamente parpadeo, sin comprender nada de la conversación.

Había varias que analizar.

Primero, Artemis lo fue a visitar al hospital donde estaba protegido hasta los dientes, demasiados temerosos de que Percival saltara de la ventana para escapar. Pero nadie podía pasar por toda esa seguridad, solamente sus familiares y los aurores junto a la señora Picquery. Entonces, era más probable que su esposa pudiera visitarlo más fácilmente que Artemis, quien no tenia razones para estar allí (nadie le hubiera creído si le decía que era una amiga. Percial Graves no tenía amigos). Segundo, ¿Artemis le estaba intentando decir que estaba enamorada de él?, además, ¿le acaba de pedir matrimonio con la pregunta del anillo?; tercero, ¿Artemis le acaba de confesar que le pego como un no-maj a Grindelwald? Y por último, parece que Artemis no es un “ella”, sino que es un “él”. Y es hermano de Theseus, para rematar.

¿Cómo le explica a su amigo por correspondencia que, sin saberlo, se enamoro de su hermano menor?

Se pregunta si debería de reacción de una manera en específico. Quizás sí, ya que Artemis… no, Newt, lo esta mirando con esperanza mezclada con temor.

—…vaya.

Genial, no sabia como reaccionar y ahora Newt parece desilusionado.

—Quiero decir —dice en un intento de arreglarlo—, esto es inesperado cuanto menos. La única certeza que tengo ahora, es que te amo como Artemis, como Newt, o como un maldito tejón. Eres tú, y eso es suficiente.

Él no le dice que, de hecho, ya sospechaba que Artemis tenia, al menos, otro aspecto. La constante magia alrededor de ella era sospechosa, mucho más cuando parecía adherirse a su piel. Por supuesto, nunca pensó que era hombre, pero tampoco le sorprendía exactamente.

—Entonces, ¿cómo terminaste trabajando en un prostíbulo?

—…bueno, en realidad —comienza a decir, entusiasmado—, empecé a trabajar allí ya que había rumores de que tenían huevos de Occamy, además, escuché que el lugar era tráfico de varias criaturas mágicas. Valia la pena revisar el lugar, así que, al ver que solamente contrataban mujeres, me las tuve que ingeniar con hechizos y pociones. Estaba a punto de idear un buen plan para lograr sacar los huevos y a los demás animales, pero, entonces, apareciste tú, allanando el lugar y buscando a las criaturas… tengo que reconocer que te reconocí.

—Ah, ¿de verdad?

—Sí, Theseus estaba bastante parlanchín sobre su amigo de guerra y como todos parecían tenerle miedo, a pesar de que eres un osito de peluche por dentro; yo te hubiera definido más como un Nundu. Parecen peligrosos, pero son como gatos gigantes.

Percival se ríe con un rubor en sus mejillas, sintiéndose avergonzado por la comparación. Su risa se desvanece cuando se da cuenta que Newt lo esta mirando fijamente. Al darse cuenta que Percival dejo de reír, Newt parpadea hacia él, viéndolo con ojos suaves y con una sonrisa relajada.

—Eres tan hermoso. ¿Puedo besarte?

—Nunca has tenido que preguntar antes, ¿por qué ahora?

Newt suelta una risita antes de volver a inclinarse, volviendo a presionar sus labios contra los de Percival.

Él cierra los ojos, decidiendo que, de hecho, no le importaba si Artemis era Newt, o si Newt era Artemis, lo único importante era que lo tenia entre sus brazos, y que no lo dejaría ir nunca.

Notes:

En esta historia, es canónico que Newt le pego tremenda bofetada (él nunca usaría los puños) a Grindelwald cuando se dio cuenta que, efectivamente, Percival no estaba siendo un imbécil, solamente le robaron la cara.
Gracias por leer :D