Work Text:
Érase una vez, un hada de rubios cabellos, que vivía errante en cada pétalo que caía.
Había nacido de un beso, del viento que se llevó el pétalo más bello de una flor amarilla. Nació en el curso de esa danza, donde el pétalo bailaba en el aire, suave, tierno, enamorado y el viento era amable con él, calmo, siempre atento para no dejarlo caer. El cielo envidió ese botón de oro y creó las estrellas.
El viento y el pétalo, absortos en ellos, dejaban atrás a Jihoon. Era hijo de su amor pero era la caída, la estela, lo que queda y no el acompañante.
Un día, triste y cansado, después del viaje más solitario de su vida, se enterró en un rincón de la tierra donde finalmente había caído. Agarró una semilla y una piedra para tener algo que sostener. Se hizo bolita. Cerró los ojos. Sólo una estación, solo en una estación, se dijo a sí mismo, pero pasó el otoño, llegó el invierno y él seguía durmiendo.
Soñó que era agua y se sintió agua. Nadie puede saberlo porque estaba solo, ni siquiera él mismo porque estaba dormido, pero Jihoon se hizo lágrima.
Después de meses y años, llegó la primavera y despertó con las motitas de sol que se aposentaban en sus pestañas y las secaban.
Jihoon, el de cabellos rubios y pestañas saladas, despertó diente de león tibio y tierno, con aliento de retoño.
Érase una vez, el nacimiento de la flor-pájaro. Estrella fugaz de tierra, hija de viento y flor ensimismados. El suspiro que se puede ver y el revés de la indentación de sus largos viajes. Estela que se admira, siempre acompañada por el ojo y el corazón.
En cada suave woooooosh que desprende los pelillos blancos de un diente de león, baila Jihoon.
estrella
sombrilla
botón de oro
diente de león
una flor estela que vuela bajo, que no alcanza el cielo, pero hace su propio cielo
motas de polvo con vida, que viajan, caen, vuelven a nacer, crecen, vuelan, caen, nacen, viven infinitas vidas. Tal vez menos, tal vez sólo una
flores mensajeras que llevan deseos (aún no sabemos quién los concede) en sus plumas de alas de pájaro
