Actions

Work Header

Los celos vienen del amor

Summary:

Kaoru no es del tipo celoso, pero últimamente la sinverguenzura de Kojiro lo está irritando más de lo que debería… En especial cuando lo ve muy bien acompañado de un desconocido hombre de cabello rosado.

¿Servirá esta intromisión para finalmente dejar salir lo que ha callado en su corazón por tanto tiempo?

Notes:

El crossover que nadie pidió, pero que me hizo una enorme ilusión escribir una vez llegó la idea a mi.

Ambas parejitas son muy preciadas para mi, mis actuales razones de vivir, y hacerlas coincidir fue divertidisimo y mágico de escribir. Aunque el Matchablossom sea la protagonista, la participación de Shiki y Rikka es muy importante.

Kaoru y Kojiro son dos patinadores en sk8, Shiki y Rikka ídolos del mundo de Tsukipro... No hace falta conocerlos demasiado para entender y disfrutar de esta pequeña historia.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

.

.

La profesión de Kaoru no le permite ansiar y celebrar un fin de semana. Sin embargo, eso no quiere decir que no pueda relajarse un viernes por la noche luego de una larga y ocupada semana…

O eso creyó, pues una vez cruza la puerta de Sia la luce (ya cerrado, por cierto) se encuentra con su elocuente mejor amigo muy bien acompañado de un hombre de rizado cabello rosado.

Ah , eres tú Kaoru…

Kaoru tiene el impulso de darse la vuelta y salir, pero Kojiro lo pilla antes, como si fuera un cualquiera. Su acompañante se gira, reparando en su presencia, y Kaoru nota la mirada gentil de los iris rosados. Kaoru se siente incómodo, pero decide quedarse ya que si su presencia molesta, no le dará el gusto a nadie. No dice nada y va derechito hacia su lugar en la barra, que al menos no ha sido usurpado.

—Este es Sakurayashiki -sensei , ya te había hablado de él —Kojiro, como si nada, sigue con el curso de la conversación que mantenía con su acompañante, presentando a Kaoru. Lo mira y le resuelve las dudas que no dice —. Sensei , conozca al modelo número uno de Japón, ¡Será Rikka!

El susodicho deja salir una risa, delicada y suave que va de maravilla con su buena apariencia, y dice:

—No es para tanto, Kojiro, pero gracias —pronto la mirada está sobre la ámbar de Kaoru —. Es un placer conocerlo, sensei .

Así que Kojiro, ¿ Eh ? Si hay esa familiaridad entre los dos, ¿Por qué no había visto antes a esta persona? ni siquiera ha oído de ella. Kaoru obvia las sensaciones desagradables que se mezclan con el hambre y devuelve los saludos con su mejor sonrisa marca de negocios.

Kaoru se queda en silencio mientras los escucha seguir conversando, Kojiro en su mayoría, preguntándose si debería volver a casa y comer cualquier otra cosa. Que se le niegue una buena comida luego de un día difícil lo pone realmente de malas, pero ¿Puede exigir de comer aún cuando el local ya ha cerrado y llegó de imprevisto? En condiciones normales, sin duda, pero hoy parece que no puede tener este capricho .

Pronto, Kojiro se excusa por un momento y se pierde en su cocina, dejándolos solos. Kaoru podría sacarle conversación como lo haría con cualquier cliente, pero en cambio se entretiene con un vaso de agua a su alcance, demasiado cansado más allá de lo físico. Por suerte, pronto un teléfono suena, y no es el que le pertenece a Kaoru vinculado a Carla en su muñeca. Sin quererlo, Kaoru echa un vistazo y nota la luz en la mirada rosada con solo visualizar la pantalla… ¿Es lo que cree que está pensando? 

La voz de Sera Rikka mezcla autoridad y cariño, Kaoru no sabría bien cómo describirlo. Reta y llama la atención a un tal Shiki, acerca de comer bien y descansar adecuadamente, pero la sonrisa que lleva delata su evidente falso enojo. Qué feliz se ve hablando con esta persona, como si hubiera esperado todo el día por este momento. Kaoru no debería estar escuchando conversaciones ajenas, pero…

—Sé buen esposo y ve a descansar, ¿De acuerdo? — el acto terminó de quebrarse y solo queda genuino cariño en su voz. Se ríe por la respuesta que recibe y enseguida agrega: —¿Quieres que te lleve yo a la cama? ¡Tú no cambias! 

Ahí está, Kaoru tenía razón ¡Este hombre está incluso casado! Pobre Kojiro , cuando se entere. Extrañamente, un alivio desconocido calienta su pecho por alguna razón en la que prefiere no indagar, consciente de que tendrá una respuesta que no le va a gustar. Experimenta malicia, por la decepción que sufrirá su amigo, pero también alivio. 

Entonces, las risas se apagan y la expresión de la persona a su lado se baña de sorpresa, incluso se pone de pie.

—¿Estás hablando en serio…? ¿Aquí, en Okinawa? ¡Estás loco, Shiki! — lo que sea que ocurra realmente lo toma desprevenido, pero le llena de ilusión —. Quédate donde estás, iré en seguida.

La llamada se termina y la mirada rosada lo encuentra, pillándolo como a un niño escuchando lo que no debe. Pero Sera Rikka está tan concentrado en otra cosa que no le da importancia, a cambio tiene una petición:

—Perdona, Sakurayashiki -sensei . Debo irme ahora, ¿Podría disculparme con Kojiro y agradecerle por su hospitalidad? Lo llamaré luego.

—No hay problema, vaya con cuidado.

Sera Rikka se marcha y Kaoru deja salir el aire que no sabía que estaba conteniendo, agotado. Ya no es solo físico, también es emocional… Teme que en esta noche las cosas se le salgan de las manos. 

No pasa mucho para que Kojiro reaparezca, acompañado de un plato que si bien no es carbonada tiene muy buen aspecto como todo lo que Kojiro cocina (cosa que no tiene que saber de boca, por cierto) El corazón de Kaoru revolotea cuando se les colocado a su disposición, complaciendo sus deseos, y no puede estar más feliz en estos momentos. Es un alivio, todo está volviendo a la normalidad. 

Por supuesto, Kojiro se da cuenta de la presencia faltante y Kaoru, luego de saborear una merecida cucharada, aclara sus dudas con el mensaje que se le pidió entregar. 

—Sera -san tuvo que irse. Pidió disculpas y te agradece por todo.

—Ya veo, es una verdadera lástima. Tendremos que dejar las copas de Château Greysac para otro día.

Kojiro luce decepcionado, como se esperaría, pero Kaoru no lo está disfrutando, supone que es consideración por haber sido alimentado. Algo quema en su estómago, más intenso esta vez, y no mide sus siguientes palabras:

—No te hagas ilusiones, casanova. Sera -san es casado. 

Esta vez Kaoru no anticipa su reacción, pues la expresión de Kojiro se vuelve presumida en vez de sorprendida. Este gorila, ¿Qué está tramando en realidad?

—¿Qué pasa, Blossom ? —la decepción por la pronta partida se ha ido, dejando al Kojiro competitivo que patina salvajemente en Crazy Rock — ¿Estás inventando esto? 

Era de esperarse de ese cerebro primitivo. 

—Piensa lo que quieras, idiota —Kaoru sinceramente prefiere no seguirle la corriente, no hoy, no frente a su exquisita comida. 

¡Y el dichoso idiota se ríe! Kaoru cada vez entiende menos. Acaso, ¿Ha estado malinterpretando todo…? 

—Ya lo sabía, no estés celoso— y Kojiro se explica, complacido por alguna razón.

Kaoru no dice nada, callándose reclamos e insultos, consciente de que su voz lo delataría ¿Celoso de qué? ¿De ver a su mejor amigo, de quien ha estado enamorado desde más tiempo de que su orgullo le permite admitir, pasarla bien con otro hombre diez veces más carismático y agradable que él? auch , eso duele.

—Sera -san es el hijo del chef que conocí en Francia la última vez, ¿Recuerdas? vino a Okinawa para un trabajo como modelo y su padre me pidió que estuviera atento, nada más. 

Oh , claro… ¿Cómo no se le hizo familiar ese apellido? Kojiro lo mencionó mucho cuando volvió de su seminario en Francia y Kaoru escuchó sus experiencias una y otra vez, complacido de verlo así de feliz. Tal vez, sus celos nublaron su memoria… Bien, si estaba celoso, y lo peor es que ha sido en vano. 

—Entiendo —es lo único que puede decir Kaoru, demasiado avergonzado ahora mismo. 

Kojiro no lo juzga, comprendiendolo como nadie más lo hace, y le sonríe apoyándose de la barra. 

—No te preocupes, yo solo tengo ojos para una persona— esos ojos rubíes, cálidos y amables, que lo miran fijamente… Como si se tratara de él. 

—Unos cuantos diría yo —pronto Kaoru recupera un poco de su humor habitual, ya más tranquilo por saciar su hambre. 

Kojiro se ríe, divertido y enternecido, y en vez de discutirle le confiesa sin mudar su suave expresión:

—Puede ser. Pero solo hay una persona en el mundo que me ha hecho experimentar lo que es estar verdaderamente enamorado. Como dicen por ahí, el primer amor nunca se olvida.

¿Con que el primer amor, verdad? Bueno, probablemente Kojiro sea su primer y único amor… Definitivamente Kaoru entiende muy bien ese sentimiento. 

Kojiro ha sido una constante a lo largo de su vida. En su tierna y traviesa infancia, en su despreocupada y alocada adolescencia y hoy en su ocupada adultez. Los años han pasado, los tiempos los han cambiado, pero aquí siguen los dos, frente a frente como verdaderos confidentes.

—Y esa persona… ¿Te ve de la misma manera?

Kaoru no sabe lo que le ocurre tan de repente, tímido como un niño inseguro. Si Kojiro ama de esa manera a alguien, siendo tan sentimental, Kaoru preferiría saberlo ya para empezar a olvidar. Una cosa es verlo rodeado de mujeres diferentes, sin sentimientos involucrados, pero otra muy diferente es que haya alguien así de especial en su corazón. 

Kojiro, ante su duda, suspira con pesadez, pero extrañamente conmovido. No dice nada por un momento, Kaoru no tiene de otra que mirarlo cuando la comida se ha terminado, y nota un brillo que creyó olvidar en los iris rubies. Ese destello cargado de seguridad, amor y valentía… Uno que en su adolescencia presenció la noche antes de que se marchara a Italia. Ese día parecía que Kojiro tenía algo importante que decirle, una confesión guardada bajo llave en su corazón, pero al final calló y simplemente lo abrazó con fuerza y cariño, como si soltarlo dependiera perderlo para siempre, derramando lágrimas sobre su hombro. 

—Es difícil saberlo… —Kojiro suelta en un suspiro —. Aunque lo conozco por bastante tiempo, a veces no puedo intuir lo que está pensando —hace una pausa para rodear el mostrador e ir a su lado—. Es fácil notar cuando tiene hambre y está agotado luego de un largo día de trabajo. También, cuando está decidido a darlo todo por triunfar, ya sea como patinador o como profesional. 

Kaoru es inteligente y perspicaz, pero su inseguridad no le permite ver claramente lo que está pasando en ese instante, tampoco procesar las palabras que le son dedicadas. Kaoru necesita algo más para quedar finalmente convencido… Y Kojiro parece saberlo.

—Me siento honrado cada vez que viene a mi por las noches, alegrando mis días ocupados. Aunque discutamos, aunque pareciera que nunca estamos de acuerdo, él es la chispa que me aviva todos los días. Porque a pesar de ser mal hablado, caprichoso y engreído, es también la persona más dulce y encantadora que haya conocido, lo suficiente como para ganarse mi entero corazón —esta vez Kojiro está decidido a no callarlo más, su mirada lo delata. Da un paso más cerca y hace una pregunta —: Dime, Kaoru, ¿Tú crees que esa persona me quiera de la misma manera? 

Kaoru no ha tomado ni una sola gota de alcohol esta noche, pero se siente realmente abrumado de emociones. La ilusión, el miedo, la alegría y la timidez… Necesita dejarlo salir, ya no puede contenerlo más. 

—Creo que… Aunque él piense que eres el ser más irritante y presumido sobre la tierra, no podría vivir sin ti ni un solo instante. 

La mirada de Kojiro se llena de genuina ilusión y termina de convencer y derretir por completo su corazón. Y Kaoru se mueve sin pensarlo, callándolo esta vez al ser quien incentive su anhelado primer beso. Suave, aún tímido, pero totalmente placentero. Y cuando Kojiro lo abraza de la cintura, atrayéndolo a su tonificado pecho, Kaoru sonríe en medio del beso. 

Esto, definitivamente, es más de lo que puede desear un viernes por la noche luego de una semana ocupada. 

El tiempo se les va, entre besos y suspiros, las palabras ya innecesarias al permanecer sus bocas ocupadas. Cuando se separan, simplemente para mirarse, el tintineo de la entrada roba su atención…

—¿Se puede?

Sera Rikka ha regresado, acompañado del brazo de un hombre de cabello violeta y mirada estoica, Kaoru rápidamente lo asocia con el susodicho Shiki. 

—Por supuesto, adelante.

Kojiro envuelve un brazo alrededor de sus hombros, cariñoso y orgulloso, y les da la bienvenida a estos visitantes con una gran sonrisa. Kaoru lo mira, algo fuera de base por esta acción ante otros, y basta para conseguir confianza y mantenerse cómodo. No tiene de malo exhibir su amor al resto, al menos por esta noche.

En secreto, Kaoru agradece la intervención del otro hombre de cabello rosado, porque sin quererlo le dio la valentía de finalmente admitir lo que calló por demasiado tiempo. Espera, de todo corazón, que siempre sea feliz con la persona que está a su lado como su esposo… 

Ahora que lo piensa, ¿Alguna vez Kojiro y él podrían llamarse así? el tiempo ya lo dirá. 

Poco después, cuatro copas de Château Greysac se encuentran en un brindis celebrando esta inesperada, pero muy bien aceptada, reunión que, por supuesto, esperan repetir más veces en el futuro. 

Ha sido una larga semana y Kaoru se merece compartir este rato acompañado de buenas personas. 

.

.

Notes:

¡Gracias por leer!