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You Are Not Alone

Summary:

Una semana difícil para el par de rubios, afortunadamente el tío Fred siempre esta ahí cuando más lo necesiten.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Fred se había instalado desde el día anterior en la casa de los Bonnett, su intención era apoyar a su amigo en esta difícil situación, hace dos días acababa de concluir el juicio de su divorcio, y el veredicto era favorable para su ahora ex-mujer, Vanesa se había marchado con una satisfactoria compensación económica junto con la renuncia a su derecho parental. Spencer se sentía perdido, no solo por el tan drástico cambio en su vida sino también por su hijo, el niño aun no terminaba de procesar este hecho y tampoco parecía tener la intención de aceptarlo, manteniendo en alto la esperanza que su madre regresaría en un futuro y volverían a ser una familia unida.

 

Ambos miembros de la familia Bonnett permanecían encerrados en sus propias habitaciones, y por el momento Fred no pensaba cambiar eso, conocía que lo mejor era dejarlos superar su duelo a su manera. Durante este tiempo su rutina era, aprovechando que se encontraban de licencia para faltar a sus trabajos, era cocinar o pedir comida para la cena ya que tampoco era un genio culinario se mantenía en lo más básico, en cada tiempo de comida acudía a dejar una bandeja con comida para cada uno mientras se preparaba para hacer la limpieza en la casa y en la tarde iría por lo que faltase en la despensa.

 

Así fue como llego el cuarto día, Fred había madrugado para preparar el desayuno, había estado investigando y en su ultima salida se había hecho con una caja de waffles congelados. Estaba tan al pendiente de la tostadora que no notó el par de pasos adentrarse a la habitación.

 

“¿Tío Fred?” se escucho pronunciar a una suave voz seguida de un bostezo. Al voltearse se encontró con la figura de un pequeño rubio recargada en la pared. Se notaba en sus parpados que llevaba noches sin conciliar bien el sueño.

 

“Paulie, buenos días, ¿ya tienes hambre?” le habló con una sonrisa manteniéndose prudente y evitar hacer alusión sobre el estado del infante. Cada que iba a verlo Fred, el pequeño fingía dormir pero al cerrar la puerta se podía escucharlo sollozar débilmente.

 

“No mucha… ¿sabes hacer waffles?” Pregunto curioso caminando hasta el mayor, Fred intuía que había bajado con la ilusión de encontrarse con su madre, una parte de él se sintió culpable por decepcionarlo pero verlo interesarse en el desayuno también podía tomarse como un avance.

 

“Podría decirse que si” comento animado “¿Qué te parecen? se ven apetitosos, ¿no?” dijo terminando de colocar los dos últimos sobre el resto que ya tenían tiempo preparados, formando en conjunto una torre.

 

“Lucen… quemados” Agrego con sinceridad el menor, observándolos inseguro de poder comerlos, si era verdad que los había preparado el rubio mayor temía por el sabor.

 

“Mas bien tostados, eso mejora su sabor” corrigió ignorando la mirada de desagrado en el menor “se un buen niño y siéntate” el pequeño no protesto y tan pronto como le pasaron un plato de la alacena se dispuso a escoger que waffles comería de esa torre, mientras Fred aprovecho a sacar de la nevera una caja de leche para el menor, un galón de jugo de naranja y un tazón con fresas cortadas en trozos asimétricos. Una vez todo estuvo listo se sentó a comer con el menor.

 

“Casi lo olvido, no hay nada que un poco de jarabe extra no arregle” añadió dejando la botella de jarabe al lado del menor, porque aunque no lo admitiera sabia que si se había pasado de tiempo con el tostador

 

Ambos permanecieron comiendo en silencio, sin embargo, era obvio para ambos que alguien hacia falta en la habitación “¿Papá no piensa bajar?” pregunto con molestia el infante.

 

“Estos días ha estado durmiendo hasta tarde…” suspiro con resignación el de ojos azules, se había prometido darle su espacio a ambos, pero si ya estaba el pequeño afuera de su habitación… “¿Quieres que lo llame?” pregunto más que nada por compromiso, esperándose ya una negativa del menor.

 

“No, tampoco quiero verlo” contesto volviendo la atención a su plato, picando sin animo los trozos de fresa que había depositado Fred sobre su plato formando una cara sonriente.

 

“Deberías ser un poco más comprensivo con él, no eres el único que sufre… ambos están igual de afectados” dijo en voz baja, ocultando lo mucho que a él también le afectaba verlos en ese estado, alguien en esta casa debía velar por ellos.

 

“No es cierto, a él no le importa. Si papá realmente quisiera a mamá no la hubiese dejado irse, y ella seguiría aquí con nosotros” se apresuro a reprochar sintiendo como su mirada volvía a nublarse.

 

“Tu padre tampoco quería esto, se que te es muy difícil entenderlo” Fred se acerco al menor y se agacho a su altura para limpiarle las lagrimas que se acumulaban en sus grisáceos orbes “Pero Paulie, sabes que tus padres te aman, y aun puedes ver a tu madre durante los feriados, créeme que eso es mejor a perderla para siempre, cuentas con ellos y también conmigo” apoyó pasando sus manos en los hombros del menor intentando transmitirle confianza a través de una cálida sonrisa. El pequeño estiro sus brazos esperando más consuelo, el mayor no se lo negó y lo abrazo esperando confortarlo.

 

“Entiendo como te sientes ahora pero eres fuerte y sé que lo superaras” arrullo al pequeño, Fred era cercano a la familia pero antes no había interactuado tanto con el menor, comprendía a la perfección el sentir del pequeño más ahora que veía un poco de si en él.

 

“Tío Fred, ¿Tus padres también se separaron?” Pregunto más calmado. A pesar de su edad, Paul Bonnett era un chico muy intuitivo. Fred asintió y se separo para traer la silla más cercana y poder estar al lado del menor.

 

Este no era un tema que acostumbraba a compartir, aunque ya lo había superado esperaba con el inspirar al menor “Podría decirse. Mi madre murió cuando era más pequeño que tú, me sentía muy mal y mi padre, él quería olvidarla y pronto formo otra familia…” se detuvo recordando a sus hermanastros y madrastra, no se llevaban mal pero les fue difícil convivir y relacionarse los primeros días “pero ahora creo que lo entiendo, era su forma de afrontar el dolor, no digo que este bien seguir su ejemplo pero cada quien tiene su manera… Aunque logré anteponerme a la perdida de mi madre, siempre la tengo presente y sé que siempre cuida de mí” finalizó más positivo con su clásica sonrisa.

 

El pequeño permaneció asimilando esas palabras, por una parte quitaban peso al rencor que sentía contra su padre pero no quitaban el dolor de sentirse abandonado por su madre “¿Como fue que lo superaste?” inquirió con timidez.

 

“Con él tiempo, pero fue mayormente gracias a mi abuelo materno, los veranos los pasaba con él, me llevaba de paseo a campar, algunas veces íbamos de cacería pero mayormente pescábamos” comento con cariño. Esos veranos fueron los mas felices en su vida, revivir momentos y visitar los lugares favoritos de su madre junto a la persona que la crio fue memorable… “Oye, ¿Por qué no lo intentamos?” Ofreció con ánimos renovados.

 

“¡Qué! Pero pescar es aburrido” replico el pequeño con un puchero. Prefería asistir a las reuniones de la escuela a pasarse el día sentado en un bote rodeado de calor, tal como se veía en las películas.

 

“Eso es porque nunca has ido conmigo, y no es la única actividad que se puede hacer en un lago, tengo un par de anécdotas que te dejarán impresionado ¡es una aventura asegurada!” agrego estirando los brazos resaltando la confianza en su voz .

 

“¿Es eso verdad?” cuestiono incrédulo.

 

“Me duele que desconfíes de mi…” soltó fingiéndose herido, el pequeño dejo escapar una leve risa ante el infantil actuar del otro. Fred decidió continuar, seguro de ir en la dirección correcta “Pregúntale a Spencer, después de conocernos en la universidad me ha acompañado en algunos de mis viajes, ¡incluso una vez nos enfrentamos a un enorme caimán!” exclamo con orgullo, aunque estaba exagerando, era un caimán pequeño tampoco es que fuese una gran amenaza pero si con eso animaba al niño una mentira blanca en su historial era bienvenida.

 

“¡Asombroso! ¿Cómo fue?” El pequeño permaneció atento al borde de su asiento, lleno de intriga con conocer más detalles, su padre no era muy abierto con él pero Fred era alguien difícil de callar, por eso Paul lo consideraba aunque no lo fuese su tío favorito.

 

“Buenos días, ¿Les importa si me uno?” Pregunto inseguro un rubio de ojos verdes desde el marco de la puerta, quien irónicamente era el dueño de la casa.

 

“Spenz, siéntate, te traeré un plato” Se apresuro a agregar Fred, levantándose para acomodar la silla en su anterior lugar e ir por la pieza.

 

“Gracias” soltó en un murmullo, debido al estrés y ansiedad que había acumulado por los juicios estaba tomando antidepresivos, y todavía se sentía soñoliento pero no quería permanecer ajeno a ellos, más ahora que el ambiente estaba normalizándose. Giro la vista a su pequeño, encontrándolo luchando por cortar un trozo de su comida “¿Cómo estas hijo?” pregunto atreviéndose finalmente.

 

“Bien, supongo” dijo restándole importancia. Su padre tomo sus propios cubiertos y se encargo de ayudarlo, proponiendo de forma silenciosa una tregua, el pequeño no tuvo problema con ello, seguía de buen humor “¿Qué tal estas tu?”.

 

“Como vez. Físicamente igual de horribles que estos waffles pero por dentro bien, eso espero” Comento ocultando su desanimo y sonriendo levemente porque al menos logro hacer reír a su pequeño. Fred mirándole con reproche dejo caer con fuerza el plato en la mesa “¿los cocinaste tú Fred?” soltó con burla extendiendo su brazo para hacerse con la pieza.

 

“Bueno, como dijo el tío Fred, no hay nada que un poco de jarabe extra no repare” remato el pequeño. Ambos, padre y hijo no pudieron evitar echarse a reír.

 

“Yo que pensé en sorprenderlos con un nuevo menú ¡que groseros!” Comento Fred cruzándose de brazos fingiendo molestia. Agradecía verlos reír nuevamente. Pronto todos continuaron consumiendo sus alimentos, aunque Spencer se tomaba su tiempo esperando que tanta azúcar no le revolviese el estomago.

 

“¿Papá?” hablo el rubio menor “¿Podemos ir a campar un día con el tío Fred?” pregunto con notable afán. Fred mantuvo sus ojos sobre Spencer, esperando su respuesta, el no apoyaría nada sin tener en cuenta el consentimiento de su amigo.

 

“Aun tenemos cuatro días de licencia, ¿esta bien mañana?” Aunque no estaba seguro de ser la mejor idea Spencer no pensaba negarse, era vital reconstruir su relación, ahora más que nunca debían mantenerse unidos.

 

“No hay problema. Puedo aprovechar este día para ir por provisiones, ¿me acompañarás Paulie?” Invitó con una sonrisa cómplice. El pequeño afirmo alegre, tan pronto como termino su porción subió a la planta alta para asearse. Al verlo partir, ambos adultos compartieron una sonrisa, todo sea por alegrar a ese pequeño.

 

Cuando hubo terminado de comer el de ojos azules, comenzó a apilar los platos sucios de la vajilla listo para empezar con la limpieza, pero su compañero de ojos verdes le detuvo sujetándolo del hombro “Fred, déjalo. Yo recojo la mesa, ve a prepararte”.

 

Fred asintió y se apartó, mientras observaba al otro colocarse el delantal sentía que debía expresar aquella preocupación invadía su mente “¿Estas seguro de salir mañana? Si quieres quedarte yo—”

 

“Estoy bien, descuida” respondió con seriedad evitando girarse para enfrentarse al otro. No es que estuviese molesto con su compañero sino que más bien se sentía avergonzado porque alguien ajeno era el que estos cuatro días había evitado que se terminase desmoronando. Comenzó a fregar los platos sintiendo todavía la mirada atenta del otro sobre él, sabia que lo hacia para cuidarlo y eso terminaba por romperlo internamente.

 

“Fred, gracias por todo” dejo escapar en un murmullo, no estaba seguro si el otro lo había escuchado con claridad pero necesitaba expresarlo, y en su interior se prometía que lo compensaría como pudiese. Claro, sería dentro de un tiempo porque su ex mujer lo había dejado casi en la bancarrota pero se las pagaría como pudiese.

 

Escucho el suave sonido de un par de pasos, intuyendo erróneamente que era su compañero que se retiraba, más en verdad se dirigía a él. Sintió un agarre envolver su antebrazo y girarlo con facilidad, se sorprendió al verse tomado en un abrazó que sin podérselo explicar como logro aliviarlo como ningún otro medicamente pudo.

 

“Estamos juntos en esto, Spencer” susurro con suavidad sobre su oído. El de ojos verdes sintiéndose conmovido ante tanta calidez correspondió con timidez, sintiendo como poco a poco recuperaba su fuerza vital.

 

Su familia era como un solo ser, y en el momento que su mujer decidió separarse fue como si les arrancarán el corazón, sin embargo, su mejor amigo había aparecido para tomar ese lugar. Ahora tenían un nuevo corazón que se encargaría de mantener funcionando su familia.

 

Notes:

Gracias por leer, espero les habrá gustado.