Chapter Text
Sugawara Koushi era un muchacho de veintisiete años que no sabía muy bien qué hacer con su triste vida. Se había mudado hacía un año a la capital para poder cuidar de su abuela, quien acabó falleciendo dos meses después. Supuestamente estaba intentando opositar para bibliotecario. Pero a veces los intentos se quedan en eso, en amagos.
No tenía nada que le atase a esa ciudad. De hecho, Tokio se le hacía un poco grande. Se sentía demasiado pequeño entre tanta gente. Como si los pies de todas esas personas estuviesen pasando por encima de él en vez de por el pavimento. Pisoteado. No era nadie relevante. Ni para él mismo. Era un extra más que se dedicaba a intentar seguir viviendo.
Aquel día en concreto, decidió ir a una librería que estaba cerca de su apartamento. Su intención era buscar algún libro interesante que le ayudase a matar las horas. Que le ayudase a volver a tener ganas de hacer cosas. Que le avivase ese gusanillo que tenía cuando decidió que ser bibliotecario era su profesión ideal. No sabía si iba a tener suerte, pero por probar no perdía nada. Con las manos vacías ya estaba, y lo peor podría ser salir tal cual entraba. De todos modos, tenía una especie de corazonada. Lo notaba en el pecho. O a lo mejor era ansiedad.
—Buenas tardes —Koushi saludó al hombre mayor que se encontraba tras el mostrador. Estaba haciendo un sudoku y, por la mirada que tenía, parecía frustrado.
La única respuesta que obtuvo fue un sonido entre dientes un tanto desinteresado.
Tras encogerse de hombros, se adentró por completo en la tienda. No podía perder mucho tiempo. Necesitaba encontrar algo para empezar a leer esa misma tarde. Era desesperante no tener nada que hacer por gusto propio.
Conforme pasaba por las estanterías no veía nada que captase su atención. Sus suspiros se hacían más continuos y su esperanza iba disminuyendo. Estaba a punto de terminar de ver todo lo que había en el recinto y se iba a dar por vencido. Hasta que vio ese libro. Con la cejas alzadas y la mayor delicadeza del mundo, lo tomó para echarle un ojo. Parecía muy antiguo. ¡Hasta estaba escrito a mano! Y el título acompañaba a lo llamativo que era.
— No leas este libro… —Leyó Sugawara en voz alta, aunque las palabras salieron en una brisa suave y delicada.
Tenía que comprarlo. Le llamaba muchísimo. No tenía ni resumen en la contraportada. El autor era anónimo. A sus ojos, estaba ante la lectura perfecta. Por eso mismo, tardó solamente segundos en volver hacia el mostrador e interrumpir al trabajador de su interesantísimo juego de pensar. Koushi sonreía.
Cuanto más tiempo lo tenía entre sus manos, más seguro estaba de que necesitaba leerlo. Incluso aunque el título le estuviese ordenando lo contrario. De hecho, eso ayudaba a que sus ganas aumentaran aún más.
—¿De verdad vas a comprar este? —El señor frunció el ceño al momento de agarrarlo, examinando la portada.
La sonrisa cansada que llevaba un buen rato sentada en los labios de Sugawara decidió estirarse un poco para buscar más comodidad. Sus hombros se unieron al gesto, encogiéndose en un movimiento breve.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
—A mí no me transmitiría confianza una obra que se titula No leas este libro —la respuesta fue dada a la par que pasaba el sensor por el código de barras—. No me sale ni el precio. Te lo regalo.
—Pues a mí me apetece muchísimo leerlo, no voy a mentirle. —No podía irse sin pagar nada, así que rebuscó en el monedero para poder sacar y tenderle un billete de mil yenes¹—. Lo que deduzco que puede costar un libro tan antiguo. No voy a irme sin pagar.
—Gracias, muchacho. Espero que te guste.
—Seguro que sí. Gracias a usted.
Koushi se fue a casa con su nueva adquisición. Desde que puso un pie en el apartamento no dejó de leer. Solamente hizo una pequeña pausa para poder cenar el sándwich de todas las noches: mantequilla y una loncha de queso entre dos de jamón york. La historia era demasiado interesante como para dejarla. Le tenía atrapado igual que las arañas lo hacen con sus presas en la tela que producen. Era imposible quitar la vista de encima de esas letras cursivas con caligrafía impecable. ¿Quién lo habría escrito? Por la cabeza de Sugawara solamente pasaba el pensamiento de “ojalá saberlo y darle las gracias por haber creado semejante obra maestra''.
Le apasionaba el hecho de que el joven Semi Eita —el personaje más importante de la historia— comprase un libro como él y, tras leerlo, acabase en el reino de Flugere. En su viaje se veía también cómo se enamoraba del rey Shirabu Kenjirou. Amor y fantasía. Revolución. Hasta misterio. Esas hojas escritas a mano tenían todo lo que a Koushi le podría gustar.
Marcaba el reloj las cuatro de la madrugada cuando el joven terminó la historia. Lágrimas de cocodrilo recorrían sus mejillas: había sido precioso. Sentía como si él mismo hubiese vivido todo lo que le pasaba al protagonista. Y tenía su final feliz. Sabía que iba a tenerlo porque los personajes se lo merecían. Si no, no le hubiese gustado tanto. Le habría hasta molestado si acabase mal.
Tras colocar el libro en la zona donde estaban todas sus lecturas favoritas, se tumbó en la cama mirando hacia el techo. ¿Qué hacía? Mínimamente, hacer un intento de dormir. Pero se sentía tan vacío. Cerró los ojos para intentar buscar los brazos de Morfeo y abrazarle con fuerza hasta caer rendido. Esperaba que tardasen en aparecer por culpa de todas las emociones vividas con la lectura; estaba demasiado despierto como para conciliar el sueño. Esperaba dormirse aún más de madrugada. Y esperaba despertarse al mediodía para poder descansar las horas necesarias.
Lo que nunca se le había pasado por la cabeza era la posibilidad de amanecer en un sitio tan desconocido para él. ¿Dónde estaba Sugawara Koushi?
