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No es fácil

Summary:

"– Puede que nuestras cicatrices no se comparen, pero no por ello dejan de doler de igual forma. "

 

Vanven week, day 1: scars.

Notes:

muy cortito pero quería participar en todos los días!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

"¿ No lo ves, Ventus? Yo ya elegí. Elijo ser oscuridad." 

 

Y aún así, meses después, allí se encontraba. Las peleas finales parecían un recuerdo lejano, casi irreal. El cómo por un momento, Vanitas sí se unió con la oscuridad, aceptando que eso era y que nunca podría cambiar. 

 

Pero por mucho que Ventus replicara con un simple "okay", dejándole marchar, tuvo que volver. Siempre volvía a adentrarse en su vida, aún cuando le renegaba tanto. Tal vez estaban destinados a aquello, a buscarse, a estar cerca sin quererlo. No por nada la oscuridad siempre aparecía con la luz, proyectando su sombra. 

 

Y ahora, en contra de su voluntad (o eso se decía a sí mismo) debía aguantar el tener a su alrededor a las luces, en aquel estúpido mundo al que tantas veces fue a espiar a Ventus y en donde este último estuvo durmiendo los últimos diez años. 

 

Se levantó de la cama, aburrido, acercándose a la ventana. Al parecer la mayoría se encontraba entrenando o jugando por los alrededores. Hacía tiempo que Xehanort dejó de ser una amenaza, pero la oscuridad (como Vanitas) siempre volvía. Siempre habría alguien a quien derrotar de nuevo y por eso seguían esforzándose tanto en combatir pero a la vez, animarse mutuamente. 

 

Ilusos, eso eran. 

 

Qué sentido tenía todo aquello. Qué sentido tenía siquiera que Vanitas siguiera con vida cuando se sentía no como una sombra, si no como un mero espectador a la espera de lo inevitable. ¿No hubiera sido mejor que no volviera? ¿Qué harían si él volvía a posicionarse en su contra? 

 

Al fin de cuentas, él nació con un único propósito, así se lo repetía constantemente Xehanort. ¿Cómo podría cambiar lo que llevaba en su mente y corazón desde su mera existencia? 

 

– ¿No quieres salir? 

 

Vanitas se giró, sorprendido. Tan metido que estaba en sus pensamientos no había sido capaz de escuchar como Ventus abrió la puerta y entró en su cuarto. 

 

– Hace buen tiempo. Roxas y algunos más fueron en busca de helados pero dudo mucho que aquí encuentren su helado de sal marina. – continuó Ventus, ajeno a la reacción de Vanitas.

 

– Prefiero el mal tiempo. 

 

El rubio rió levemente. 

 

– Evidentemente. 

 

Como si fuera el dueño del cuarto, se sentó sin problemas en la cama, con la mirada aún dirigida hacia él. 

 

– De todas maneras te vendría bien salir un poco. 

 

– Eso te encantaría, ¿no? Verme riéndome como un estúpido con tus amiguitos mientras hablo de helados y amistad. – replicó, molesto – pues siento desilusionarte, pero eso nunca va a pasar. 

 

Ventus borró su sonrisa, agachando la cabeza.

 

– ¿Y por qué no? No te pido que te lleves bien con ellos, pero me gustaría verte con alguna… emoción positiva. 

 

Esta vez fue el turno del moreno para reírse. 

 

– Yo no tengo de eso y lo sabes. Te lo dejé claro en aquel entonces. 

 

Ventus se levantó de la cama. 

 

– Todos podemos cambiar. Ya no estamos en guerra Vanitas. – se acercó a él, poco a poco – puedes intentar disfrutar un poco de tu existencia. Xehanort ya no está. 

 

– Físicamente. Pero su fantasma siempre está. 

 

El rubio no esperaba oír eso, frenando en seco. 

 

Vanitas se golpeó internamente. No debió decir eso. Volvió a mirar por la ventana, ignorando la mirada apenada de Ventus. Odiaba que le mirara así, con lástima, con superioridad. Como si Vanitas fuera un vulgar perro callejero al que hay que resguardar de la lluvia. 

 

El silencio se adueñó de la estancia durante lo que parecieron horas. Vanitas siguió mirando como Aqua, Terra y Riku hablaban cerca de la entrada, sonriendo, tal vez comentando sobre cómo los demás estaban tardando, como siempre. 

 

Ventus aún permanecía a pocos pasos de él, en completo silencio. 

 

Vanitas se preguntó porque simplemente no se largaba de una vez. 

 

– Es cierto que aún está. Y que probablemente siempre acabará apareciendo de nuevo. – habló de repente Ventus – pero no por eso debes seguir actuando como si–

 

– Ya sé que no está aquí para darme órdenes, si es lo que pretendes decir. – por fin le devolvió la mirada – para ti es fácil hablar. 

 

– ¿Fácil? Vanitas, no eres el único que soportó estar con él. 

 

Vanitas fue quien se acercó esta vez, agarrándole del cuello de la camisa y tirando con fuerza, provocando que ambos rostros quedarán a la par.

 

– No te atrevas a comparar. Tú escapaste a tu mundo feliz con tus estúpidos amigos como la buena luz que eres, ¿o te recuerdo lo que dijiste en nuestra pelea? que ellos eran tu poder. Tú tenías ese poder. – las manos comenzaron a temblarle de la rabia – y aun así perdiste tú también pero volviste a escapar, como siempre hacías, pero esta vez durmiendo, ¡diez años! – resopló, intentando controlar la oscuridad que comenzaba a desbordarse a su alrededor – mientras que yo me topé con más de un Xehanort controlándome. 

 

Le soltó, casi tirándole al suelo. 

 

– Así que n-

 

– No voy a disculparme. 

 

Vanitas chasqueó la lengua, resistiendo las ganas de golpearle. 

 

– Pero tampoco voy a dejarte solo con fantasmas. 

 

Ventus agarró una de sus manos temblorosas, apretandola levemente. La oscuridad a su alrededor pareció desvanecerse, dando paso a la confusión. Nunca entendería el comportamiento del rubio ni tampoco porque durante aquellos momentos, sentía algo que no fuera negativo. 

 

– Puede que nuestras cicatrices no se comparen, pero no por ello dejan de doler de igual forma. 

 

– Yo no teng-

 

– Y no importa. Ahora estamos a salvo. Nadie va a pedirte que empieces una guerra o va a meterte en la cabeza que solo sirves para una cosa. No mientras yo o los demás estemos aquí. 

 

– Nadie de esta gente me quiere aquí, solo t-

 

– Así que si no quieres salir, no saldremos. 

 

Ventus sonrió levemente, aún sin soltar su mano. 

 

Y Vanitas lo odió, odió lo vulnerable que se sentía. Odió la tranquilidad que le invadió de golpe ante aquella premisa. Odió como de repente ya no quería golpear aquel estúpido rostro que creía que le miraba con superioridad. 

 

Pero no apartó la mano. 

 

Simplemente asintió y se dejó arrastrar a la cama, donde ambos se tumbaron en silencio, mirando la pantalla del gumífono de Ventus, como si su vida siempre hubiera sido así de tranquila, sin preocupaciones. 

 

Ventus apoyó su cabeza en su hombro y Vanitas le apretó la mano levemente, sin apenas moverse. El rubio acarició levemente con el pulgar sus dedos, devolviendo el apretón. 

 

Al rato, acercó el gumifono más a Vanitas, para que mirara bien la pantalla. 

 

– ¿Mejor? 

 

Vanitas supo que no se refería a ver la pantalla. 

 

– Mejor. 

 

Tal vez al día siguiente los fantasmas y el odio volverían, pero en aquel momento se permitió unos segundos de tranquilidad, al punto de cerrar los ojos. 

 

No supo cuándo se quedó dormido, pero Ventus no se apartó de su lado en ningún momento. 

 

Tal vez algunas cicatrices podían llegar a sanar. 





Notes:

Espero que os haya gustado, honestly podría tirarme la vida entera escribiendo sobre Vanitas siendo un testarudo (tsundere) que necesita mucha terapia y muchos mimos (preferiblemente de Ventus)

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