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“ ¿Cuánto tiempo estarás fuera? ”
La conversación giró en su mente de nuevo, le era imposible no pensar en ello aún cuando ya habían pasado días desde entonces. Se siente un poco solo, si se le permite ser honesto. No encontró ninguna forma de distracción dentro de las cuatro paredes de su lujosa habitación, ni siquiera armar nuevos haikus le fue fácil. Intentaba no ponerse en evidencia frente a su padre o a sus sirvientes evitando generar preocupación en ellos, lo último que buscaba era toda la atención del personal de su casa pese a que lo único que necesitaba era tener a su amado junto a él otra vez.
Lo extraña mucho. Demasiado, a decir verdad. Desde que partió, ha estado yendo al mismo lugar todos los días quedándose hasta la noche esperándolo igual que un cachorrito aguardando por su amo. Tenía la esperanza de verlo pronto, no solo a él, sino a otros para mínimo saber que está por regresar a sus brazos, ser mimado cientos de veces con dulces besos y caricias cariñosas en cada rincón de su cuerpo recalcando a los demás que aquel adorable conejito ya era posesión de alguien.
Las copas de los árboles se sacudieron al ser acariciadas por el viento fresco, recordando el hermoso día que está haciendo. Debería salir a dar un paseo por los alrededores aprovechando la tranquilidad del bosque, no todos los días cierto tipo de depredadores se ausentaba por mucho tiempo dando paso a una temporada de pura calma y armonía, sin persecuciones ni temor de ser cazados, el momento favorito de muchos otros como él.
Pero al mismo tiempo, otros cuantos no tan amables también adoraban esta paz.
Si bien los lobos eran los más temidos de todo el bosque, lo cierto es que habitan de igual manera otro tipo de peligros, la cosa es que estos no se atreven a meterse en terreno peligroso al ser los lobos los dueños de toda el área, era la razón por la cual no se les solía ver por los alrededores en mayor frecuencia. Ahora que no están por ningún lado, tienen la oportunidad de hacer de las suyas las veces que quisieran.
Él era consciente de esto, sabía que sentarse en medio del prado cubierto por los árboles era casi como servirse en bandeja de plata a cualquier depredador suelto, su padre le había advertido sobre cuidarse cada vez que diera un paso fuera de su lugar seguro: “ Puede que los lobos no estén en el bosque, pero no bajes la guardia en ningún momento, Kazuha ”.
Él no teme a los lobos como el resto de los conejos. Las miles de historias de terror que les contaban a los más pequeños para exponer la crueldad y vulgaridad de esas criaturas solo despertaba intriga y curiosidad en su ser lo suficiente dándole el valor necesario para escapar de su habitación en busca de una aventura llena de emoción.
Al ser su primera vez tocando suelo fuera de casa sólo, Kazuha carecía de conocimiento sobre lo que debía hacer en caso de que se perdiera o pasara hambre. O en el peor de los casos, toparse con un lobo. Y tal fue la suerte que tuvo cuando se encontró con uno.
Conoció a Tomo por casualidad, cuando se detuvo en un río a descansar de una larga caminata y lo vio al otro lado lavando su cuerpo. La mandíbula de Kazuha casi golpea el suelo, jamás había tenido una vista tan maravillosa en su vida, ni siquiera los árboles en otoño eran comparables con lo que estaba delante suyo. No se parecía en nada a lo que los demás conejos describen como horrible y bestial. Es sumamente guapo, sus brazos musculosos cubiertos por diversas cicatrices y empapados por el agua lo hacen lucir tan atractivo, jodidamente sexy, seguramente su padre se revolcaria en su tumba si se enterara de que su único hijo cayó preso de los encantos de un lobo. El más grande depredador de los de su especie.
El miedo nunca se presentó en su ser, desde que lo vio por primera vez hasta cuando se encontraba bajo su cuerpo durante sus momentos de celo. Pensaba que era normal sentirse de ese modo, hipnotizado y encantado por cada parte de él, y no le importaba si otros conejos le miraban mal por eso o si lo juzgaban, Kazuha lo ama, y Tomo lo ama también. Es lo único que quiere saber del mundo.
Las hojas bajo sus muslos crujen cuando cierra las piernas, una ligera sensación electrizante se presenta en su intimidad y se muerde el pulgar al recordar las veces que han tenido encuentros más allá de los límites románticos.
Había elegido precisamente ese lugar para esperarlo porque fue ahí donde se entregó a él, completamente rendido a sus toques, gimiendo su nombre con cada embestida encargándose de que lo escucharan todos para que nadie se atreviera a ponerle un dedo encima. Marcas de mordidas en su fina piel eran la prueba de cada acto, ocultadas hábilmente de su familia para no levantar sospechas y llevarse algún tipo de regaño, no le apetecía escuchar los sermones de su padre.
La paciencia está comenzando a abandonarlo, perdió la cuenta de los días que habían pasado desde que Tomo se fue. Los dos únicos recuerdos que tenía de él eran su última conversación, y su haori rojo repleto de su olor. Este se lo dejó a propósito para que no lo extrañara tanto, algo que funcionó en un inicio, lo siguiente fueron varios intentos por imitar la sensación que le dejaba el miembro de Tomo cuando lo follaba, fracasando en cada uno de ellos. Ahora está más deseoso de verlo al presentir que algo pasaría esa misma tarde. Una corazonada podría decirse.
Aprendió muchas cosas durante sus aventuras en el bosque, entre ellas que el celo de los conejitos y el de los lobos es muy diferente, y se presentaban en épocas separadas. Esta vez era la temporada de apareamiento de los lobos. Según la explicación de Tomo, los lobos dejan el bosque y se reúnen en un lugar para conocer a sus futuras parejas y pasar sus episodios de celo juntos. Pero a él nunca le gustó asistir, cuando la fecha se acercaba, rápidamente buscaba escapar del resto de sus compañeros para irse con Kazuha, y él no se iba de su lado hasta que el tiempo se acabara.
Esta vez fue arrastrado por dos de sus amigos, no le preguntaron si quería ir o no, simplemente llegaron con él y lo reclamaron por al menos una mitad de la temporada con la excusa de ayudar al más bruto de ellos a acercarse a otro lobo que había llamado su atención hace mucho. Y a esas alturas, negarse no era una opción.
“ No lo sé. Quizás vuelva lo más pronto posible. Tengo que recordarle al bosque que hay algo aquí que me pertenece. ”
En su mente resuena de una manera más provocativa, y tiene fantasías sobre lo que hubiera pasado en ese mismo instante si se hubiera lanzado a besarlo en lugar de solo perseguir sus labios como un cachorro perdido.
Sus mejillas se tiñen de rosa pálido al imaginar el escenario, besos lascivos en cada rincón de su suave piel y lamidas en zonas sensibles que le obligaban a rogar ciegamente por más. Una ligera excitación lo asalta, quiere sentir que algo lo llena (la polla de su amante, para ser específico), pero no tiene nada a su disposición que pueda reemplazarlo.
Tímidamente se lleva dos dedos a los labios y comienza a chuparlos, los cubre con su propia saliva antes de guiarlos hacia la curva de su trasero por debajo del haori rojo, rozando ligeramente su esponjosa cola blanca. La mano se entromete en los pliegues de su kimono buscando a tientas su propia entrada, un suave jadeo escapó de su garganta cuando al final logra encontrarla, y se inclina un poco tratando de tener un ángulo más cómodo.
El primer dedo curioso se abre paso a su interior, la saliva apenas podía hacer el mismo trabajo que su resbaladizo cuando entraba en su periodo de celo, pese a que la diferencia era bastante notable, no dejaba de tener efecto. El siguiente dedo se unió al acto, una vez listo empieza a sacar y meter a un ritmo lento, pero desesperado. Sabe que no es suficiente, no podría satisfacerse a sí mismo solo con eso, necesita algo más grande, algo que le haga gritar de placer y que tocara sus puntos más dulces. Espera a que ese algo regrese pronto, o jura que moriría.
Intenta no gemir tan alto para no ser escuchado. Tocarse así en medio del bosque era un asalto seguro, algún otro depredador podría verlo tan vulnerable e indefenso en medio de su excitación, y atacar a matar para convertirlo en su almuerzo. Le es complicado mantenerse en silencio cuando lo único que quiere es a su lobo de vuelta, que le haga sentir como solo él sabe hacerlo.
Leves suspiros salen de sus labios con cada intrusión de sus dedos a su entrada, se mueve tratando de encontrar otro ángulo para alcanzar su punto de placer máximo que le exigía atención.
“Tomo…”
Las hojas vuelven a crujir, pero no por él. Esta vez no es Kazuha quién provoca ese ruido. Es otra cosa. Y lo sabe porque sus orejas se levantan en cuanto lo percibe. Inmediatamente se detiene, libera su mano jadeando un poco para prestar completa atención a los ruidos de la naturaleza.
La fortuna de un conejito se encuentra en sus agudos sentidos. Cada uno de ellos se ha desarrollado tan bien de tal manera que puede percibir el momento exacto en el que un depredador va tras él. Sus largas orejas le permiten escuchar a varios metros de distancia, y su pequeña nariz les ayuda a atrapar diversos olores, por lo que le fue fácil identificar el origen del sonido. Proviene de los arbustos que lo rodean.
Esto lo pone en alerta máxima. No cree que se trate de otro conejito u otra presa, ya se hubiera dado cuenta sin la necesidad de tanto misterio. Siente la tensión rodear el área y el silencio aparece. Todo es muy inquietante, incómodo y peligroso.
Ha perdido de vista el objetivo, no tiene idea de donde se encuentra, ni siquiera puede reconocer el aroma. En definitiva no es un lobo, estos en su mayoría emanan un olor peculiar a sangre o humedad, y aunque eso era ninguna seña particular de Tomo, tampoco se trataba de él. Debía tratarse de algún otro depredador, pero ¿cuál? En sus recuerdos no se encontraba ningún encuentro con alguna amenaza diferente, ni siquiera tenía idea de qué otro tipo de depredadores había en el bosque gracias a la presencia constante de los lobos territoriales.
Su excitación apenas disminuye, y esto le impide concentrarse, pareciera que intenta sobreponerse por encima de sus instintos, los cuales en serio necesita activos en este momento.
Algo cálido choca contra su nuca, el aliento recorre su cuerpo entero haciendo que su piel se erice, queda absolutamente inmovil por el miedo. Hay alguien a su espalda, alguien está demasiado cerca de él como para poder escuchar sus gruñidos sin ningún inconveniente. No tiene idea de lo qué es, y eso solo le aterra más. Con un poco de valor (recogido de quién sabe dónde), se da la vuelta despacio rogando porqué no sea lo que cree que es. Pero su suerte lo había abandonado hace mucho.
Un par de colmillos son lo primero que ve, semi ocultos junto a una hilera de afilados dientes bajo una sonrisa hambrienta, lo sabe por la saliva que gotea por la comisura de los labios. Gruñidos bajos resuenan desde la garganta del depredador, y es gracias a esa cola anaranjada que sobresale de atrás que Kazuha pudo identificar el animal que amenaza con su vida. Es un zorro. Y es el primero que ve en toda su vida.
“Hola, lindo. ¿Estás perdido?” una sonrisa aterradora se dibuja en su rostro, y su tono es lo suficientemente bajo como para no llamar la atención de alguien más, lo que lo hace más peligroso todavía.
Es más grande que él, no igual que un lobo, pero sí lo suficiente como para superarlo en tamaño. Sus brazos están colocados a los lados de sus caderas mientras se cierne sobre la espalda de Kazuha, acorralando así contra el suelo. Sus piernas ya están temblando de miedo, sudor frío se desliza por su piel. No sabe qué hacer hasta este punto, la mayor parte de las veces era Tomo quién lo defendía de otros, arriesgándose incluso a salir herido de ser necesario un enfrentamiento directo, ahora está completamente expuesto, solo con sus agudos sentidos y su conexión con la naturaleza como apoyo.
Tiene que pensar rápido y actuar, quedarse ahí estático haría que las cosas vayan de mal en peor. Instintivamente comienza a crear un plan en su mente, mirando a través del rabillo del ojo el escenario, aunque le es complicado pues el miedo en este momento es su enemigo, impidiéndole pensar con claridad.
Abre la boca para decir algo, cualquier cosa que sirviera de distracción mientras piensa en una forma de escapar, pero un jadeo ahogado es lo que sale en su lugar al sentir una mano enterrarse en su muslo. El contacto le provoca escalofríos, la piel de un zorro es lo opuesto a lo terso: siente algunas marcas de heridas, ásperas y con magulladuras en la palma, señal de que ha tenido encuentros nada agradables ante otro tipo de criaturas.
Su vista choca con los ojos del zorro, y puede notar que están inyectados en una necesidad desesperada, oscurecidos en ese vicioso deseo de poseer a su presa. Kazuha conoce esa mirada, es la misma que ha visto en Tomo cuando la lujuria y las ansias de hacerlo suyo se apoderan de su ser. Un depredador hambriento.
Intentando romper el contacto visual, sus ojos terminan desviándose hacia abajo, donde alcanza a notar un bulto entre la ropa del zorro. “ Mierda ” piensa. Seguramente le escuchó tocarse así mismo, siendo atraído por su leve canto obsceno hasta encontrarlo completamente expuesto.
“¿Oh?” el zorro desliza su mano hasta la parte interna del muslo de Kazuha, con la intención de querer tocar más allá de la tela. “Alguien se siente muy solo.”
Es claro a qué se está refiriendo, pero es aún más evidente cuando Kazuha mira su entrepierna y ve que su erección aún no ha bajado del todo. Se maldice así mismo por dejar que cierto lobo lo haya convertido en un conejito tan travieso.
La misma pierna es hecha a un lado, es gracias a eso que Kazuha logra salir de sus pensamientos. El zorro se acerca cada vez más a su rostro, y él lo único que puede hacer es retroceder, sin embargo, siente de nuevo las hojas bajo sus brazos, lo que le recuerda que terminará acorralado contra el suelo si no actúa ya, así que resiste. Deja que el zorro pose su cabeza cerca de su cuello, esos dientes amenazando con morder esa zona, rozando la suave piel de conejito.
“Déjame ayudarte con eso.”
Ese susurro llega en forma de amenaza, su aliento arde contra su cuello y la baba fría gotea de su boca. La misma mano abandona el muslo y se dirige a los bordes del kimono, dedos curiosos recorren un camino suave hacia el interior de la tela, a punto de llegar a su erección.
“¡Aléjate de mí!” grita aterrado de lo que hubiera pasado después.
Kazuha se sacude para soltarse, intenta empujarlo, pero el zorro le gana en fuerza también. Una pelea física se desata entre ambos tratando de ver si el depredador es capaz de controlar al indefenso conejito rebelde bajo su cuerpo.
Es entonces cuando, en un arranque instintivo, Kazuha le da un golpe nada fuerte en la cara, lo que enfada al zorro y levanta la mano enseñándo un grupo de garras afiladas. Al ver el próximo ataque, Kazuha gira sobre sí mismo cubriéndose la cabeza con los brazos, y un zarpazo arranca un trozo de la manga del haori rojo junto con la del kimono blanco, lo que termina por herir un poco al conejito también.
El dolor se presenta en una ráfaga potente que le hace gritar, pero al ver roto el haori de su amado, el único recuerdo que tenía de él y que había cuidado con mucho anhelo desde que se fue, sabe que esto no se va a quedar así.
Espera un momento a que el zorro baje la guardia, se queda completamente inmóvil. El depredador ve esto como una señal de victoria y se cierne sobre Kazuha otra vez, sus manos se cuelan dentro del kimono buscando sus zonas sensibles. Justo cuando parece que lo encuentra, Kazuha pone en marcha la primera parte de su plan: con una alta fuerza brutal, patea la entrepierna del zorro, su rostro se baña en dolor y se arrastra hacia atrás, es ahí cuando el más bajo aprovecha la distracción y corre.
Sale disparado como si no hubiera un mañana, no busca ganarle al depredador en una carrera, pese a que tiene alto aguante en las piernas que le permiten recorrer largas distancias sin cansarse pronto, lo que en realidad quiere es hacer que el zorro pierda el interés en él. Si consigue despistarlo lo suficiente, es posible que consiga su cometido.
Pierde de vista el lugar que había ocupado, al igual que al sol escondiéndose al otro lado de las montañas a los lejos dando paso a una enorme luna plateada junto al cielo nocturno. Eso es malo, sería más peligroso para él si no sabe dónde se encuentra su cazador, la única solución viable es volver a casa y esconderse bajo sus mantas suaves, lejos del peligro; por desgracia, posiblemente ya se encuentre lejos de ella.
Lleva corriendo por mucho rato, hasta que su cuerpo exige descanso y sus pulmones aire fresco. Finalmente, se detiene en un pequeño claro, hay más árboles rodeando, la luz azul del astro ya se apoderó del bosque, el silencio también abunda el ambiente. Levanta las orejas de nuevo, el corazón palpitante y el ardor en la herida no ayudan a calmar sus instintos, desconoce si es por haber corrido tanto o por el miedo de enfrentar a un depredador, pero sin duda alguna la adrenalina está presente.
Aparte del misterioso aullido a la lejanía, no recibe ningún tipo de ruido. Desconfiando por primera vez de sus sentidos, examina el área de principio a fin, no importa si ya ha dado una vuelta completa, la vuelve a dar sin parpadear ni una sola vez, quiere comprobar que está solo. Ni siquiera quiere ver a otro conejito o a alguna otra criatura.
Ha perdido la noción del tiempo por un breve instante, y salta del terror cuando se encuentra cara a cara con el zorro, aún se ve algo adolorido, pero consiguió seguirlo hasta allá sin problemas. Maldición, no podría escapar fácilmente de él.
“Eso fue demasiado bajo…” gruñe, aún con voz ahogada mientras intenta sostenerse por sí mismo. “Me las vas a pagar, pequeño conejo.”
“¡Déjame en paz!” vuelve a gritar Kazuha, como si eso sirviera de algo para ahuyentarlo.
El zorro hace caso omiso a sus órdenes, sólo da pasos amenazantes listo para abalanzarse sobre Kazuha y acabar con lo que empezó.
Aún no se había recuperado de la persecución anterior, pero su vida corre peligro de nuevo, así que recoge energías de Dios sabrá donde, dispuesto a correr otra vez, pero cuando se da la vuelta, otra cosa detiene sus intenciones.
Entre las hierbas y malezas, en la penumbra del bosque, un par de ojos brillantes resaltan. Miran fijamente a Kazuha, y él le devuelve la mirada. Está atrapado, otro depredador le ha clavado sus ojos dispuesto a declararlo como su presa, no hay escapatoria. Morirá siendo despedazado por un asqueroso zorro y otro animal salvaje en una pelea por ver quién de los dos se hará con su carne.
Es incapaz de apartar la mirada del par de ojos, hay algo que le instiga a mantener el duelo silencioso. No es hasta que ve un destello violeta reflejar que la tensión en su cuerpo disminuye, y su corazón da un vuelco esperanzado.
“¿Tomo…?”
Todo sucede en un parpadeo. Lo último que Kazuha puede ver es como esa nueva criatura se lanza por encima de él. En un acto instintivo se agacha mientras se cubre la cabeza y aprieta los ojos, cree que es su fin, sin embargo, escucha gruñidos, siseos y ladridos provenir a su espalda. Se niega rotundamente a mirar, no quiere saber qué está pasando, piensa en uno de esos momentos donde sólo había felicidad, disfrutando la presencia y compañía de su amante, igual que un lugar seguro en el que nadie podría hacerle daño.
De repente, el silencio regresa, un par de pasos apresurados pisotean la hierba hasta que se pierden en la lejanía. Temeroso del posible escenario que puede encontrar, abre lentamente los ojos, y lo ve. Una silueta alta, cabellos rubios atados en una característica coleta esponjosa, pelaje dorado vuelto plata bajo la luz de luna. No cabe duda, es él. Y ha vuelto justo a tiempo para salvarlo.
“¡Tomo!”
Su nombre le hace reaccionar. Kazuha corre en su dirección para lanzarse sobre él y abrazarlo, Tomo no pierde tiempo tampoco, recibe al pequeño conejito rodeándolo con sus brazos elevándolo del suelo. Su cola se menea de un lado a otro, señal de lo feliz que está de encontrarse con su pareja. Él también está feliz, y se atreve a demostrarlo depositando besos desesperados en todo el rostro de Tomo, dejando sus labios para el final.
Es igual a como lo recuerda: dócil, cargado de pura pasión y amor, el único sabor en el mundo que no se puede comparar con cualquier otra comida, porque sus besos son un manjar exclusivo para él, y no piensa compartirlo con nadie. Parece que ha pasado un siglo, pero es lo de menos, ahora están juntos otra vez, nada arruinaría este encuentro romántico.
Tomo sonríe juguetón contra sus labios, y suelta una risa baja.
“¿Me extrañaste, princesa?”
Kazuha siente que se derrite solo con su coqueta y seductora voz, la misma que lo lleva a querer desear algo más que besos profundos. Pero algo cambia, el rostro de Tomo se pone serio, su ceño se frunce, y eso solo lo hace cuando hay algo que le parece extraño.
Su nariz sigue el rastro de un olor desconocido, recorre el cuerpo de Kazuha de pies a cabeza en busca del orígen, su vista pasa por el brazo herido hasta que llega a su cuello, y ve un rastro húmedo que ya se está secando. No dice nada por un instante, solo suelta un gruñido posesivo.
“Sabía que era mala idea irme así sin más.” Kazuha le escucha murmurar. Por su tono puede deducir que no está contento, pero tampoco parece enfurecido, más bien está enojado consigo mismo.
Lentamente es dejado en el suelo nuevamente, las manos de Tomo aún se asientan en las caderas de Kazuha, apretando y masajeando la carne bajo la tela del haori. El tacto le hace estremecerse, suelta un suspiro en cuanto percibe esa sensación electrizante en su entrepierna, las ansias por sentir algo más que solo caricias se presentan, e intenta reprimirlas para no mostrarse tan desesperado frente a su pareja (había aprendido la lección gracias a este encuentro).
Sin embargo, a los ojos de Tomo, Kazuha es un libro abierto: conoce cada una de sus facciones y las intenciones que ocultan, no le fue difícil descubrir el enamoramiento que el conejito tenía hacia él, usándolo a su favor para tenerlo bajo control tantas veces como quisiera. Eso no quita que lo ama con locura, es la única criatura de todo el bosque que le ha visto capa por capa y se ha mantenido a su lado desde el inicio. Han pasado tanto tiempo juntos que le es imposible no reconocer la razón por la cual Kazuha arruga su yukata formando un puño.
La acción le provoca algo de diversión, y tiene una ligera idea del porqué el conejito está así de tenso.
“No te preocupes, cariño.” susurra acercándose a los labios del contrario. “Vamos a evitar que esto vuelva a suceder.”
El tono peligroso que usa solo hace que la tentación de Kazuha vaya en aumento. Generalmente, en un depredador ese timbre significa que tiene a su presa entre sus garras, y que nada en el mundo la salvará, es su final, la devorará hasta el último trozo para no dejar evidencia de crimen. Pero a Kazuha solo le genera excitación.
Y esa es toda la intención de Tomo. Vuelven a unir sus labios, esta vez en un beso desenfrenado, lujuria desprendiéndose de sus lenguas siendo esparcida por cada rincón de sus cuerpos que los obliga a caer víctimas de su poder. Es algo que ambos esperaron por bastante tiempo, ahora que lo tienen no piensan en desaprovechar ni una pizca de tiempo, harán todo lo posible hasta que ya no puedan más, saciando todo su deseo lascivo comprimido.
Las gruesas manos de Tomo se deslizan por los muslos del más bajo, siente la necesidad de hacer algo más que solo tocar, ir más allá de donde la tela le permite, así que se abalanza sobre Kazuha derribándolo de espaldas contra el suelo. Hace que suelte un jadeo por el repentino golpe, seguido de un gemido entrecortado al sentir una mano impaciente ahuecar en el bulto de su creciente erección.
El tacto se siente tan bien, a Kazuha le es imposible no resistirse a mover las caderas para generar fricción, enviando una señal silenciosa a su pareja insinuando que quiere más. Él nota su prisa, e intenta contener una sonrisa burlona, claramente fallando para molestar un poco al conejito, quien no piensa quedarse así nada más al percibirlo como una ofensa.
Corta el beso para ir directo al cuello de Tomo, asentando besos en cada centímetro posible, él se estremece casi de inmediato al sentir los tiernos labios asentarse sobre su piel, las hojas bajo su agarre crujen en cuanto aprieta sus manos en un nefasto fin de sujetarse a algo, gemidos involuntarios escapan de su garganta, y siente cómo sus mejillas arden al escuchar tal sonido provenir de él.
“ Ah … Kazuha … Mgh …”
Kazuha no es tonto. Puede parecer inocente a la vista de cualquiera, un adorable y dulce conejito que no le haría daño ni a un insecto, pero conoce hasta los rincones más débiles que hacen sacudir de placer a su amante, y no duda en ir sobre ellos igual que una fiera hambrienta cada vez que él le provoca, justo como ahora. Esos gemidos y súplicas por hacer que se detenga solo lo motivan a seguir con su pequeña venganza, también envían más excitación a su descuidado miembro, lo que le hace desear aún más el acto principal.
No es hasta que Tomo se cansa que recupera el control y sujeta las manos de Kazuha para asentarlas sobre su cabeza, alejándolo así de su cuello. Lo mira amenazante, su respiración es pesada, pero los ojos carmesí del contrario solo reflejan la diversión que sintió al escucharlo ser tan vulgar; mordiendo su labio inferior muestra que podría haber llegado a ser más cruel si no se hubiera resistido.
“¿No te gustó, mi amor?” si molestarlo de la misma manera desencadenaría un instinto oculto en Tomo, se encargaría de hacerlo llegar al límite para sacarlo.
Descaradamente finge el rostro más ingenuo del mundo con un puchero, como si no acabara de intentar despertar a una bestia salvaje ansiosa.
“Esto no se va a quedar así.”
Un brillo aparece en la mirada violeta del lobo. Kazuha sabe qué significa, y siente la emoción hormiguear en su pecho. Sin ningún tipo de delicadeza, Tomo abre el kimono del más bajo casi desgarrando la fina tela cara, solo para exponer su pecho lechoso y sus pezones rosados ligeramente duros. Se relame los labios, disfruta por unos segundos la preciosa vista que tiene debajo suyo indeciso por saber dónde empezar: hay marcas de sus dientes y garras esparcidas, la evidencia escondida de que nadie podía ponerle una mano encima Kazuha.
Ni siquiera se detiene a pensarlo, tantas son sus ganas de reclamar al conejito que se lanza directo a morder sus clavículas. Comienza a devorarlo. Los gritos del contrario llenan sus oídos, siente que se retuerce ante sus toques, y sabe que es así porque esta vez no tiene piedad. Se asegura de que sus afilados dientes dejen huellas rojas en los lugares más expuestos, rozando antiguas mordidas, pasando su áspera lengua por esos rosados botones. No quiere que otro depredador intente quitárselo otra vez, no mientras él no esté presente, y si alguien se atrevía a juzgar a Kazuha por haberse revolcado con un lobo… Bueno, posiblemente no vivirá para hacerlo otra vez.
Con otro tirón se deshace de los pantalones de Kazuha, dejando su erección al aire libre. Él tiembla al sentir el ambiente frío golpear ahí abajo, y gime de repente cuando algo húmedo choca contra su agujero. Estaba tan concentrado en recuperar el aliento que no se dio cuenta del momento en el que Tomo había descendido hasta su entrepierna, introduciendo su lengua en sus apretadas paredes.
La intrusión hace que los jadeos del conejito vuelvan a inundar el ambiente con su voz, su rostro se enrojece al pensar que alguien por ahí les puede estar escuchando. Sabe que está siendo demasiado ruidoso, pero a diferencia de hace un buen rato, ahora no le importa que lo atrapen así de vulnerable. Su amado está con él, dándole todo el placer que había estado esperando desde que comenzó a extrañarlo, sea quién sea que se intentara entrometer, tendría que pensarlo dos veces antes de meterse con la presa fresca de un lobo hambriento.
“ Tomo… Aah… ¡Tomo! ”
Su nombre resuena como un canto muy atractivo, siente su pecho rebosar de orgullo al hacer gritar de esa manera a su amante, y se aleja para poder apreciar mejor el resultado de sus esfuerzos: Kazuha está hecho un desastre. Sudor empapa su frente, las nuevas marcas esparcidas por todos lados están igual de rojas que su rostro, ojos vidriosos le miran cansado, y la típica coleta se ha soltado mezclando su cabello con sus largas orejas.
Sus ojos se detienen en la punta del pene erecto de Kazuha, el cual gotea líquido preseminal tan desvergonzado.
“¿Mmm? Parece que alguien está muy impaciente.”
El albino tiene que apoyarse de sus antebrazos para sentarse un poco y poder ver a Tomo. Esa tonta sonrisa arrogante le planta cierto terror, así que le mira amenazante para evitar que haga lo que sea que está pensando.
“Juro que como me dejes así, voy a… ¡Aagh! ”
Se traga su propia advertencia cuando la lengua de Tomo recorre su miembro desde la base hasta la punta, en una lamida que le roba completamente el aliento de nuevo.
“¿Vas a…?” insiste él, jugando con la entrada del conejito presionando uno de sus dedos en caricias seductoras.
“Yo… Ngh …”
Kazuha lucha por encontrar las palabras que tenía en mente hace unos segundos, pero no puede concentrarse por culpa del placer que siente en cuanto Tomo se sumerge en él. Por si fuera poco, el hecho de que su vieja tarea sea reemplazada por sus dedos, solo hace que la cordura lo abandone.
La lengua áspera se pasea por donde quiere, hace cosquillas en la punta, succiona como si quisiera exprimir hasta el último rastro de su saliente semilla, mientras los dedos buscan a tientas su punto dulce para sacar más ruidos melodiosos. Estar a merced de este lobo podría ser un horror para cualquier otro, menos mal para Kazuha era un verdadero alivio que alguien como él le hiciera tocar el cielo de todas las maneras posibles, sorprendiéndolo en cada nuevo acto, y terminando más que satisfecho.
Le encanta la forma en la que se mueve, y quiere hacerle saber lo feliz que está cuando hace algo que le deja fascinado. La oportunidad se presenta cuando esa sensación electrizante reaparece sacudiendo su cuerpo. Lleva su mano hacia la cabellera rubia de Tomo acariciando atrás de sus orejas, sabe que esa es otra de sus zonas sensibles, y pretende molestarlo formando círculos alrededor con sus dedos para animarlo a continuar.
En respuesta, recibe un gemido profundo que vibra en su pene sensible, causándole un ligero temblor. Eso también le gusta, así que continúa con su plan. Los gemidos de Tomo se hacen cada vez más fuertes, y tiene que alejarse antes de cometer algo de lo que pudiera arrepentirse más tarde. Apenas suelta el pene de Kazuha, dirige su boca hacia la parte interna del muslo, clavando sus dientes en una poderosa mordida que genera una onda de delicioso dolor en el más bajo.
Tomo vuelve a posicionarse sobre él, dispuesto a reclamarle lo que acababa de hacer, provocar gemidos desvergonzados así dos veces en un lobo era como manchar su honor, algo que no va a permitir dejar impune (aunque no puede negar que lo disfrutó). Sin embargo, el más bajo se adelanta y le da un empujón para hacerlo a un lado. Inmediatamente se monta encima de su entrepierna, mueve despacio sus caderas frotando su miembro desnudo contra el bulto en el pantalón de Tomo.
La sensación hace que un suspiro pesado escape de los labios del lobo, y coloca sus manos en las caderas de Kazuha magullando la suave carne bajo sus dedos al presionarlo contra su regazo en un intento de detenerlo.
“Joder… No creí que me extrañarías tanto.” consigue decir Tomo a duras penas, sonando entrecortado al evitar soltar más sonidos lascivos mientras observa como Kazuha se deshace de su yukata y la tira a un lado. “Nadie pensaría que un conejito podría ser tan travieso.”
Una de sus manos aprieta las mejillas ardientes de Kazuha para hacerlo ver adorable, a pesar de eso sigue pareciendo un completo desastre en cuanto mira su cuerpo mancillado. Pero en cuanto la mirada de Tomo se detiene en el brazo herido, su rostro se apaga. El más bajo nota el cambio en cuando la misma mano se dirige hacia una de sus mejillas acariciando suavemente con el pulgar.
Mira detenidamente los ojos violetas del contrario, analizando su tono oscurecido y decaído. Sabe lo que está pensando: cree que la herida hecha por el zorro es la consecuencia de haber permitido que lo arrastraran a un lugar al que no quería ir, dejando solo y expuesto al peligro a su amado, de quién no creyó que le esperaría fuera de casa todos los días. Piensa que es su culpa.
“Lamento no llegar a tiempo. Pude evitar que te lastimaran.”
A Kazuha le causa un poco de lástima el verlo arrepentido. Presiona la mano de Tomo y mueve ligeramente la cabeza en un tierno roce, adora su cálido tacto, quiere sentirlo de todas las formas posibles para recordarle que siempre estará ahí, no importa qué pase. Romper su vínculo no será tan sencillo, y tampoco van a permitir la más mínima oportunidad.
“Tomo.” pronuncia, y los ojos del nombrado expresan lo enamorado que está al ver a su amante así. “Estoy bien. Es solo un rasguño. Yo debería ser el más preocupado de los dos.”
Con la cabeza hace un gesto hacia el torso desnudo del rubio. A diferencia de las mordidas de Kazuha, las marcas en el cuerpo de Tomo son rasguños, cicatrices de varios encuentros en los que ha salido como un ganador, prueba del innato comportamiento de un lobo. Son más que las que tiene él, de diferentes grosores y tamaños, pero la que más se roba su atención es la que se encuentra en el puente de su nariz. La idea de verlo pelear en un enfrentamiento a muerte le asusta, y aunque Tomo sea fuerte, eso no quita que pueda salir herido de gravedad en cualquier situación.
Una leve risa lo regresa al presente, apartando su mirada una vez más. “¿Esto? Las tenía desde antes de conocernos.” confiesa tranquilo. “Y si es necesario crear nuevas para protegerte, entonces las haré. Además…”
Se ayuda de sus brazos para poder sentarse, rodea la cintura de Kazuha para apegarse más a su cuerpo pequeño. Sostiene su mentón para obligarlo a alzar el rostro y mirarlo.
“Eres mío. ¿No es así?”
Vuelve a poner ese tono amenazante, y despierta en Kazuha una chispa estallante en su pecho que regresa a su mente a la razón de su reunión. Las callosas manos de Tomo acarician su espalda causándole escalofríos, hasta que se detienen en su trasero, apretando constantemente y sacándole unos cuantos suspiros. Parece querer decirle algo, o más bien, espera a que él diga algo.
“ Mmh … Sí, mi amor … Ah … S-Soy completamente tuyo.”
Si Tomo tenía algo para decir, fue interrumpido por un repentino beso de Kazuha deseando probar esa sensación otra vez, y él no podía resistirse a no devorar esos dulces labios. Las manos del más bajo se deslizan sobre los anchos hombros del contrario, sus manos comienzan a jugar con los mechones de la coleta. Tomo está tan ocupado buscando profundizar más el acto, no se da cuenta de que los curiosos dedos del conejito se pasean por su cabeza y tocan sus orejas.
Una sacudida en su cuerpo hizo que se alejara, y Kazuha lo ve como una oportunidad para volver a atacar su cuello con más besos sucios, quiere escuchar la voz de su amado en otra serie de gemidos y jadeos que despiertan ese lascivo deseo, sacar hasta el más mínimo de ellos si con eso va a conseguir que la travesía retome su curso original.
“ Kazuha , espera— ¡Mgh! Ahí no …”
De repente, el cuerpo de Tomo se cierne sobre el suyo empujándolo de vuelta contra el piso, es despojado de todas sus prendas, siente como lo sujetan por las caderas y lo obligan a girar sobre sí mismo. Su espalda queda en un bonito arco con el trasero elevado y su esponjosa cola expuesta.
“Se acabaron los juegos, princesa.”
Su voz sale ronca, emanando el poder que está dispuesto a ejercer luego de esas injustas torturas e innecesarias vergüenzas que el conejito le hizo pasar. Intenta parecer intimidante para demostrarle al más bajo lo que está por venir, pero en su lugar recibe una mirada desafiante. Esos ojos carmesí muestran que no tiene miedo, que solo está esperando que deje la altanería y ponga en práctica sus intenciones. Se está metiendo en terreno peligroso, y las cosas son más divertidas cuando se añade una pizca de riesgo.
Finalmente, se quita la última prenda de ropa liberando su apretada erección. Presiona la punta contra el agujero de Kazuha, y se abre paso entre sus apretadas paredes. Su interior se siente húmedo, caliente en muchos aspectos, se permite quedarse quieto por un rato para acostumbrarse a la textura. Comienza a moverse a un ritmo rápido, el ruido de sus caderas chocando se mezcla con los gritos y gemidos que el conejito emite, lo que se vuelve la fuente de motivación de Tomo para continuar saciando su fuerte excitación.
Había pasado un periodo desde la última vez que hicieron algo parecido. Volver a estar bajo los brazos de su amado, estar a su merced por completo y entregar su cuerpo para hacer con él lo que quisiera le llena de inmensa felicidad. Cree imposible encontrar una relación tan recíproca: cualquier otra criatura no podría darle un trato tan romántico como el que recibe de parte de Tomo, y un conejito no le daría el mismo placer que un lobo.
Llega un momento en el que, luego de tantas estocadas, Kazuha suelta un gemido muy fuerte al sentir como su punto débil es golpeado abruptamente. El grito es una deliciosa melodía a los oídos de Tomo, quien se anima aún más a continuar atacando esa zona.
“ Ah … Tomo, deten— ¡Ah! Necesito …” sus intentos por formular una petición son inútiles, le cuesta concentrarse sin pensar en lo bien que recibe todo el miembro de su amante.
Una risa socarrona proviene de él, y se inclina hasta cubrir el cuerpo de Kazuha.
“¿Parar? Creí que te estaba gustando.”
Escucha como un profundo y posesivo gruñido resuena desde su pecho, y en la boca de su estómago se genera un calor familiar. No tiene idea de lo qué está hablando, hasta que siente como una mano envuelve su endurecido pene y comienza a bombear fuerte, goteando varias gotas de líquido preseminal.
Una ola de inmenso placer se apodera por completo de Kazuha, busca a tientas desesperado algo a lo que agarrarse, pero no encuentra más que hojas y el suelo terroso contra el que está siendo follado. Por si fuera poco, los besos y las lamidas en su nuca ayudan a que su estimulación aumente, provocando espasmos en todo su cuerpo.
Siente como su vista se nubla, los gemidos que suelta se hacen cada vez más fuertes, su miembro se contrae y siente un nudo formarse en su estómago. Se está acercando a su orgasmo. Y no puede hacer nada más que gritar el nombre del otro.
“ ¡Tomo, Tomo! Creo que voy a… ¡Ah!”
Para Tomo, esa advertencia no es solo una invitación a continuar con ambas tareas, sino también lo es para aumentar la fuerza y velocidad de sus embestidas, cambiando a un ritmo irregular al percibir que también está llegando a su límite.
“Ven. Ven por mi, cariño .”
Y eso es todo lo que necesita para dejar que ese conjunto de sensaciones se acumule en su vientre y estallen en espeso líquido blanco saliente de su erección, manchando la mano de Tomo. Él aún no termina, su respiración se agita repentinamente. Kazuha siente como algo en su interior se endurece más, es entonces cuando la espesa semilla del lobo se libera llenándolo por completo.
Justo en ese momento, los dientes de Tomo se clavan en el hombro del más bajo, tapando los fuertes gruñidos que amenazan con escapar. La mordida es muy fuerte, sus afilados colmillos están enterrados en su piel, algo de sangre brota de ahí incluso, duele, casi igual que el rasguño en su brazo, así que da un último grito antes de que el acto diera fin.
Una vez acabado, el rubio lo suelta, y se retira del interior del conejito, se sienta sobre sus rodillas limpiando algo de la sangre en sus dientes. Kazuha también incorpora su postura, la espalda le duele por la posición, así que se recuesta en el pecho de Tomo queriendo confort. Él entiende el silencioso lenguaje, y lo rodea en un cariñoso abrazo.
“Creo que te emocionaste de más, ¿no?” con la cabeza señala ligeramente la marca de la mordida en su hombro, no podrá deshacerse de eso tan fácil, y será difícil que el tiempo lo borre pronto.
“Lo siento, pero iba en serio cuando dije que evitaría que alguien más te tocara.”
Hubiera preferido una manera menos… Hiriente. Pero no reprocha ni responde. Simplemente se acurruca más antes de cerrar los ojos unos segundos.
“Hey, no te duermas.” le advierte Tomo. “Tenemos que limpiarte.”
Kazuha suelta una queja infantil en respuesta, aunque la sensación incómoda del semen de Tomo filtrandose en su entrada lo obliga a ceder.
“Está bien.”
…
“Tomo.”
“¿Mmh?”
“No me puedo mover.”
“Oh…”
Eso sí es un problema. Quizás sí se excedió un poco.
Sin más, Tomo recoge la ropa regada y se coloca su haori, cubre el cuerpo de Kazuha con su kimono antes de levantarse para cargarlo. Piensa ir al río más cercano aprovechando la oscuridad de la noche, no le importa si los ven en algo prometedor, le molestará si alguien se atreve a interrumpirlo.
“Tomo…”
Kazuha vuelve a llamarlo (parece que también extrañó pronunciar su nombre), esta vez con una voz suave, lo que llama la atención del mencionado. Espera paciente un rato a que el conejito soltara lo que sea que iba a decir, ve en su rostro un rosa claro reflejarse mientras se encoje entre sus brazos. Una actitud tímida a diferencia de lo que hicieron hace un rato.
“Te amo.”
Aún con el cabello revuelto y las marcas de sus dientes regadas por todo su cuerpo, bajo la luz de la luna Kazuha es aún más hermoso de lo normal, y Tomo se siente tan afortunado de tenerlo consigo.
Se acerca despacio a los labios del más bajo, y asienta un delicado beso en ellos.
“También te amo.”
Y eso es lo único en el universo que le interesa a Kazuha.
