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Palabras de bebé

Summary:

No hay nada más dulce que escuchar las primeras palabras de un niño: mamá, papá.

Ya sabes, lo clásico.

No hay nada de extraño. Lo raro es que Yoichi bebé se los dijo a la persona equivocada.

Notes:

¡Feliz taba taba! (Navidad)

Y una vez más, gracias por pasarte a leer este fic. No sabes lo feliz que me haces amable desconocid@. <3

Work Text:

“Ma-ma… maaa… ma-ma.”

Son las primeras palabras de un infante. La palabra universal que conecta al ser humano con su entorno. El ser humano lo lleva en los genes. Reconoce a la persona que lo cuida, lo ama y cuya delicada supervivencia depende totalmente de esta persona. El bebé reconoce a esta persona por su olor, su calor, su tacto, su voz. Sus sentidos se sincronizan para tener una foto memoria de esta persona a la que llama mamá que lo abraza y le da de palmaditas después de comer.

“¿Qué dijiste?” Pregunta al bebé con rostro sorprendido.

“Maa…ma, mama.”

Una madre primeriza lloraría de alegría. Pero, ¿Qué sucede si la persona no es una madre sino un hermano mayor quien escucha esa palabra?

Shiro dejo el biberón vació en la mesa y acomodó el pequeño cuerpo del bebé entre sus brazos para mirarse ambos cara a cara.

“¿Cómo?” Shiro pregunta mirando directamente a los ojitos verdes del bebé, como pidiendo confirmación.

“Mama.” Responde el bebé mucho más seguro esta vez y suelta una sonrisa infantil, agitando emocionado su cuerpecito, orgulloso de que su mensaje se hubiera entendido.

Shiro esta orgulloso de su hermanito, claro que si, pero también muy confundido. No sabe como reaccionar ante la primera palabra de su hermano menor. ¿Debería llamar a su madre para que escuche balbucear al bebé? Pero ahora mismo está en el trabajo. Encima, cuando su madre se va a trabajar, deja a ambos de sus hijos encerrados con llave para evitar intrusiones indeseadas.

Shiro decide que se lo dirá después, cuando ella llegue.

“¿… Má?” El bebé ladea un poco la cabeza, mirando algo confundido al hermano mayor quien no le da los mimos o gratificaciones esperados por su esfuerzo. Shiro se da cuenta de esto al momento en que baja al bebé entre sus juguetes.

“Bien hecho hermanito.” Lo alaba el mayor, sentándose sobre sus pantorrillas y dándole un beso en la cabeza. “Aunque mamá no está aquí.” Aclara sabiendo que el bebé no podrá entender del todo su explicación.

“Maa…”

“Si Yoichi, al rato. Cuando ella llegue le dices, ¿bien?”

Yoichi asiente sin saber a que esta asintiendo, solo sabe que, cuando hace eso, ‘mamá’ se pone feliz.

“Buen niño.”

Madre Shigaraki llega muerta del trabajo. No literalmente, obvio. Saluda desde la puerta de entrada y recorre el pasillo hasta la sala donde deben de estar sus hijos. Encuentra solo a uno. Al bebé que está jugando con sus juguetes, luego, el bebé pone su atención a la recién llegada. Hace un ruido de bienvenida y le extiende sus brazos.

La madre, agotada y enternecida, va y toma en brazos a su hijo menor. Le dice palabras dulces y lo acuna en sus brazos. De un momento se escucha el ruido del agua del váter. Yoichi reconoce el ruido.

“Maaa.” Exclamó.

“¿Qué dijiste pequeño?” Pregunta la madre, conmovida.

“Maaa-mah.”

“¡Tu primera palabra!”

“Maah.” Vuelve a llamar el infante.

“Di mamá, Yoichi. Tu puedes.” Ánimo la mujer con brillo en los ojos.

La llave de agua se cierra, una puerta se abre y cierra, luego unos pasos ligeros se escuchan desde el corredor. Yoichi se remueve en los brazos de su madre.

“¡Maah-ma!” Llama el bebé, algo inquieto.

“Si mi niño, mamá, mamá.” Repite la mujer con voz melosa y el corazón emocionado.

El infante se retuerce como un pequeño pez. Moviendo su cabeza tratando de mirar abajo, a lado, arriba, como si no se decidera hacia donde mirar.

“¿Qué sucede, hijo?” Pregunta la madre al percatarse del comportamiento de su bebé.

El niño suelta algunos quejidos agitando las pequeñas piernas. La mujer se inclina y deja a su bebé en el suelo. Este, viéndose libre, gatea hacia un lado, hacia el pasillo de donde surge su hermano mayor.

“Ma-má.” Le llama y se levanta en sus dos tambaleantes piernitas, camina presuroso hacia el otro niño.

La madre está perpleja ante el comportamiento del bebé. Observa, todavía atónita, como Yoichi toma con su pequeño puño la tela de los pantalones de su hermano, exigiendo que lo suba a sus brazos. Shiro cumple con la petición no hablada.

“Shiro, cariño. ¿Le enseñaste a decirte mamá?” La madre pregunta con los ojos bajos, la voz suave y extrañamente fría.

“No le dije nada. El apenas hablo hoy.” Le informa su otro hijo, incómodo por la reacción tan fría de su madre. Abrazando a su hermanito, inocente del problema que acaba de surgir en su propia casa.

¿Alguna vez has sentido la mirada de una mujer celosa? Ahora imagina que esa mujer es tu madre y tu no entiendes nada porque eres todavía un niño que debe hacerse cargo de su hermanito bebé.

“No dejes que te diga mamá. No es correcto, hijo.” La dulce voz de su madre tenía un ligero tono de reproche.

Shiro no dijo nada. Se limitó a ver a su madre dándole de comer a su hermano. Como si de alguna forma, este breve momento de conexión fuera suficiente para que el bebé reconociera a su verdadera mamá y la amara como es debido.

“Pero… yo no hice nada.” Dice el primogénito por lo bajo.

Shiro se siente víctima de una injusticia, aunque todavía no sabe que tipo de situación es esta. Ni siquiera es capaz de disfrutar la cena. El ambiente se siente frío, tenso. Como si en vez de estar sentado con su madre, estuviera con un adulto desconocido. Su madre nunca se había molestado así con el. Con un resentimiento frío.

Han pasado semanas desde el incidente de Yoichi llamando a su hermano mamá. Y por más correcciones que le digan, el niño no entiende. Quizás si su madre no trabajará tantas horas… pero eso no se puede.

Yoichi decide que ya ha terminado de comer. No acepta un bocado más de la mano de su madre. Ella, sentada con la espalda recta, muy delgada, la piel pálida y el cabello largo y fino aparta el plato con una mano delicada.

Shiro, siguiendo su instinto, toma este plato y el suyo propio y los lleva al fregadero para limpiarlos. Esto llama la atención de Yoichi, cuyos ojitos verdes lo siguen y espera que regrese a su lugar para jugar como usualmente pasa cuando están solos, que es la mayor parte del tiempo.

La madre ve esta interacción, curiosa. En su cabeza comienza a juntar pensamientos que forman ideas más complejas.

“Cuando termines ve a hacer tu tarea.” Le dice a su primogénito.

Shiro, de espaldas, le dice en voz baja que si, aunque sabe que la termino hace rato. Luego de colocar los trastes limpios y secos donde le corresponde, sale de la cocina sin mirar atrás. Escucha a Yoichi haciendo ruido para llamar su atención.

“¡Maaah!” Medio aúlla el infante hacia su hermano.

“¿Qué pasa mi niño? Aquí esta mamá.” La bonita voz de la madre está impregnada de afecto maternal.

Shiro percibe también el sentimiento de celos maternos hacia su dirección mientras suben las escaleras a su habitación.

Shiro duerme a solas en su habitación. Lo cual no es lo habitual. El y su hermanito suelen dormir en el mismo cuarto pero está vez no. Es otro intento de su madre de hacer que el pequeñito la reconozca y le brinde el afecto que por defecto dan los hijos. Shiro mirando al techo escucha el llanto de su hermanito y la voz tranquilizadora de su madre cantándole canciones de cuna.

Yoichi debe estar asustado y confundido, piensa Shiro. No es de extrañar. Su rutina normal se ve trastocada por los celos de su madre y ahora debe de acomodarse a sus caprichos. Shiro se pregunta cuanto tiempo a su madre le durará el capricho de hacer de mamá antes de que se aburra y vuelva a dejar al nene a su cargo otra vez.

Shiro de gira de costado y se tapa hasta arriba con la cobija. Todavía escucha el llanto de Yoichi amortiguado por las paredes y por la cobija que tiene encima.

En la mañana durante el desayuno los tres se ven las caras. Madre Shigaraki tiene cara de haber pasado una mala noche, Yoichi esta enfadoso y rehúsa a probar el bocado que su madre le ofrece. La cuchara queda suspendida en el aire. Shiro no dice nada. Sólo mira atento a los gestos de su madre. Esta cansada, pero todavía quiere pelear su lugar en el corazón del infante.

Shiro hace el truco que regularmente funciona con su hermano para hacer que coma. Sorbe ruidosamente de la cuchara. El sonido llama la atención del nene. Mira a su hermano mayor comer, sus ojitos pegados en él. Luego mira la cuchara que esta flotando enfrente suyo. Entiende el mensaje y abre la boca.

Madre Shigaraki termina de alimentar al bebé no sin antes darle una mirada de soslayo a su primogénito. Shiro no entiende que significa esa mirada. Pero si sabe que pronto su madre tendrá que dejar la casa para trabajar. Al menos así ya no tendrá que lidiar con celos mal dirigidos hacia él.

Dicho y hecho, los dos hermanos quedan solos. Shiro aprovecha para ‘arreglar’ el malentendido que lo empezó todo.

“Onii-chan. Di Onii-chan.” Le repite ‘mamá’ más de una vez mientras juegan.

“¿Nii?” Medio repite el pequeño siguiendo el ejemplo.

“Onii-chan.”

“Oni.”

“Si, onii-chan.”

Este ejercicio lo hacen cuando no hay nadie más que ellos dos. Yoichi está dispuesto a aprender más palabras, pero cambiarle el nombre a ‘mamá’ se siente mal.

“¿Maa-mah?”

“No, onii-chan.”

Yoichi se enfurruña. Ya no quiere jugar este juego.

“Esta bien, juguemos a otra cosa.” Le dice al nene mientras toma un juguete que extiende a Yoichi.

Tardan horas de diversión en juegos inventados e historias fantásticas antes de que llegue la hora de la cena. Shiro calienta la comida en el microondas, sirve dos platos y mientras mastican ambos entre bocado y bocado al hermano mayor se le ocurre una idea. Al terminar de comer, busca en la despensa un paquete de galletas y saca una y la divide a la mitad.

Regresa a la mesa y le enseña la mitad de la galleta a su hermano. Come un trozo y el infante hace gesto de pedir la otra mitad.

“Di onii-chan.” Le dice con desenfado, pero en realidad esta pendiente de la reacción del pequeño.

Yoichi hace un puchero. Pero es listo y sabe que es lo que debe de hacer, se lo han pedido durante días.

“Onii… yan.” Balbucea.

“Bastante bien.” Concede el hermano mayor y le extiende su mitad de la galleta.

Yoicho toma su recompensa y lo mordisquea contento.

La rivalidad madre vs hijo termina en el instante en que el pequeño Yoichi reconoce a la mujer como ‘mamá.’ De alguna forma, aquella extraña e indeseada tensión en la casa se desvanece luego de que estas mágicas palabras son dichas a la persona correcta. Se respira paz luego de mucho tiempo.

Yoichi es un nene muy inteligente, por supuesto que sabe quien es su madre. También sabe que la única forma de que lo dejen convivir con ‘mamá’ es cuando hace feliz a su madre. Su instinto, todavía desarrollándose, es bastante agudo. Los gritos, chillidos y pataletas no lo sirvieron de nada. Sólo había que decir esas palabras mágicas a su madre y luego de unos instantes ‘mamá’ aparece asomando su cabeza para comprobar el terreno.

Yoichi también aprendió a ser paciente. Si se apresura a alcanzar a ‘mamá’ su madre no tarda en separarlos. Así que se entretiene un poco antes de lanzarse en pos del otro niño. Si Yoichi hace algo que a madre no le guste, terminara durmiendo con ella en vez de ‘mamá,’ así que espera y analiza sus reacciones. De esta forma, Yoichi va aprendiendo a estudiar el comportamiento humano.

Con el paso de las semanas Yoichi ha aprendido una nueva palabra y quiere usarla lo más pronto posible.

“Pa-pa, paa-pa.” Repite muy contento.

Madre y onii-chan no lo están tanto. Padre Shigaraki trabaja en el extranjero, ni siquiera asistió al nacimiento de su segundo hijo. No es de extrañar que el niño no reconozca mas ejemplo paterno que su hermano mayor.

Al contrario de lo que paso con el incidente de ‘mamá,’ madre no está celosa. Ella suelta un suspiro cansado y dice al viento.

“Quizás se le pase con el tiempo.” Es todo lo que se le ocurre decir. Como si ese no fuera problema suyo.

“Paa-pah.” Repite el niño agitando un brazo hacia su hermano mostrándole un brillante escarabajo que encontró en el parque.

“No. Es onii-chan.” Corrige el hermano mayor.

“¡Paah!” Insiste el pequeño niño. Como reclamándole que acepte su amor y se deje de tonterías innecesarias.

Shiro suspira y se pone de cuclillas. Mira al escarabajo y extiende un dedo para que el insecto camine a su palma. Yoichi gorgojea ruidos de felicidad y mueve los brazos al ver que su regalo fue aceptado. Shiro se inclina hacia el pequeño y le da un beso en la frente.

“Gracias.”

“Papa” Dice Yoichi. “Papá” Repite mientras camina con sus piernitas regordetas alrededor de los pasillos de la casa buscando por todos lados.

Hace un momento, ambos hermanos estaban viendo la pantalla del televisor. Shiro escogió una película con la que pasar la tarde. Yoichi cabeceo un poco y se quedo dormido con la cabeza sobre el muslo de Shiro. Al despertar se vio solo y emprendió la implacable búsqueda por toda la casa. Le da la vuelta a la casa y regresa a su lugar en la sala.

“¡Papa!” Aulló desconsolado frente a la pantalla, anunciando al mundo como la persona que más amaba lo ha abandonado cruelmente a su suerte.

Shiro salió de la cocina con un plato con galletas y vasos de leche.

“Aquí estoy.” Le dice. “Y dime onii-chan.”

“¡Pah!” Exclamó el niño sorbiéndose los mocos mientras se recuperaba de su ataque de llanto.

“Si no me dices onii-chan ya no voy a responderte.”

Yoichi hizo un puchero.

“Bueno, por esta vez lo dejaré pasar.” Se acercó a su hermano y dejó los vasos y platos en el piso, cerca de ellos. “Vamos a ver otra película, ¿esta bien?”

Yoichi asintió.

Si eso es lo que quiere ‘mamá.’

Yoichi despertó de un mal sueño del cual obviamente no puede recordar. Un ligero quejido, el pecho encogido y un malestar general que lo obliga a darse la vuelta en la cama y colocarse frente a ‘mamá.’ Considera que la posición actual no es suficiente, así que se acerca aún más arrastrando su pequeño cuerpecito.

Yoichi se acomoda hasta quedar agazapado en el cuerpo del mayor. De esta forma, el bebé absorbe el calor corporal de Shiro y puede escuchar los latidos de su corazón. Cosa que le tranquiliza y lo hace olvidar del mal sueño de hace poco. Un brazo, venido de la nada, lo envuelve en un abrazo.

“¿No puedes dormir?” Le pregunta la voz somnolienta del hermano mayor.

“No.” Le contesta con el rostro enterrado en el pecho del mayor.

“¿Pesadillas?”

“Ujú”

En automático comienza a acariciar el pelo del menor. Rascando su cuero cabelludo de vez en cuando y depositando un suave beso sobre sus cabellos plateados. Yoichi, ya más tranquilo, cálido y lleno de amor, cierra los ojos, listo para que el sueño se lo lleve a su reino.

“Nii.” Dice medio dormido.

“¿Hum?” Shiro abre los ojos, inseguro de haber oído bien.

Pero Yoichi ya había caído dormido.

“Nii-chan.”

Ha costado algunos años, pero al fin se logró. A los cuatro años Yoichi al fin reconoce a Shiro con el título que le corresponde. Todo gracias a su habilidad de observación. Algunos de sus compañeros tienen hermanos mayores y les dicen ‘nii-chan esto, nii-chan aquello.’ De forma natural, le dio este título a su respectivo nii-chan. Quien, de alguna forma, se veía más tranquilo. Ya no tendría que soportar las miradas extrañas que le lanzaban en público cuando el pequeño Yoichi le llamaba ‘papá o mamá.’

Sin embargo…

Yoichi le extendió una flor color rosa de papel que hizo en clase. El significado era demasiado dulce para pasarlo desapercibido (inocencia, femenino, admiración, amor, ternura, dulzura), y encima se lo entrego en frente de la profesora cuando paso por él al preescolar. Al pequeño le brillaban los ojos con alegría y determinación. La situación tenía mucho de confesión amorosa entre niños.

“Los hicimos en clase.” Dijo la profesora conteniendo una sonrisa.

Seguro la bribona estaba disfrutando del espectáculo a costa de Shiro y de la ingenuidad de su hermanito.

Bueno, al menos no lo esta llamando mamá. Acepto la flor y la puso en el bolsillo de su camisa blanca, donde el color destacaba aún más. Yoichi sonrió feliz y satisfecho.

Esto creó una tradición. Cada cierto tiempo, Yoichi elaboraba una flor de papel de color rosa que entregaba a su hermano. Shiro lo aceptaba y lo colocaba en un pequeño florero, encima de su escritorio, donde podía verlo todos los días con las demás flores.

Con el paso del tiempo, la flor que Yoichi elaboraba tenia un color rosa mas intenso. Shiro de todas formas las siguió aceptando. Hasta que un día, la flor frente a el era de color rojo.

Shiro parpadeo sorprendido y miró de frente a su hermanito, cuyo rostro tenía una determinación muy masculina para sus dieciséis años. Yoichi, al contemplar la falta de una reacción de su hermano mayor, bajo la mano donde tenia la flor y hundió la cabeza, derrotado. Se dio la vuelta para salir de la habitación de Shiro, un brazo en la cintura lo detuvo.

Shiro tomó la flor roja y la deposito en un nuevo florero junto a las demás flores. Luego se sentó en la orilla de la cama e hizo un gesto para que el menor se uniera a él.

El hermano menor, nervioso, lo siguió y se sentó a su lado. Shiro junto sus frentes y le dijo un te amo. Le dio un beso tierno en los labios y lo atrajo hacia su pecho. Al separarse, Shiro observo que el menor tenía una expresión insatisfecha.

“¿Qué pasa?”

“Quiero un beso, uno de amantes, no de niños.”

Ah. Así que era eso.

Shiro subió a la cama y se llevó a su hermano menor con el. Se recostó sobre su espalda y poco a poco dejó que Yoichi se posicionará sobre él. Yoichi quedó a la altura perfecta de los labios de su hermano. ‘Si lo quieres, ven por el.’ Era el mensaje. A

El hermano menor acepto el desafío. Se inclinó. Desde sus lugares podían sentir los latidos el uno del otro, los músculos y huesos acomodándose para una posición mas cómoda, la piel tibia que quedaba expuesta por el movimiento de la ropa, el calor del vapor de sus respiraciones.

Yoichi se bebió el aliento de su hermano al terminar de juntar sus labios. El torpe choque entre los dientes y la mala coordinación de las lenguas daban constancia suficiente de la inexperiencia del menor. No obstante, el deseo que ardía y crepitaba dentro de él compensaba lo anterior. Sin miedo, dejo que el instinto lo guiará. En cierta forma, confiaba en que Shiro también lo ayudara en caso de que sus manos o sus labios se extraviaron.

Resultó todo muy natural. Cuando escuchó los gemidos roncos de su compañero supo que iba por buen camino. Una de sus manos subió la tela de la camisa de Shiro, acarició la cintura y los músculos del abdomen, siguió subiendo por el costado. Separo sus labios de los de su hermano para suspirar.

“Mama.”

El infierno se congelo.

Shiro abrió los ojos luego de escuchar aquella palabra. Yoichi estaba igual o más atónito que él. En menos de un segundo, el cuerpo delgado y cálido encima suyo desapareció de la vista. Se escucho un ruido de un cuerpo cayendo al suelo y antes de que pudiera voltear a ver al piso, vio a Yoichi levantarse tambaleándose y emprendiendo la huida hacia el pasillo. Shiro se quedó estático en su lugar. Escuchó los pasos de su hermano que corrieron del pasillo a las escaleras y de ahí una puerta siendo cerrada a cal y canto.

Shiro salió de la cama. Miró su escritorio y la rosa roja en el florero de cristal. Se acomodó la ropa y fue al baño donde se encerró Yoichi.

“Yoichi.” Le llamo mientras tocaba con los nudillos la puerta de madera. “¿Estas bien?”

El sonido de un quejido lastimero le decía que aquella pobre alma estaba acongojada y estaría atormentada por lo que dijo, por los siglos de los siglos, amén.

“Oye, ¿te digo algo?”

Otro penoso quejido se escuchó al otro lado de la puerta del baño.

“Seguramente no te acuerdes, obvio, pero cuando eras un bebé me llamabas ‘mama’ una y otra vez.”

Silencio.

“Fue un hábito tuyo que no se te quito hasta años después.”

Más silencio.

“¿Sabes?, no me molesta.”

Se escucharon unos pasos tras la puerta. El seguro fue retirado y unos ojos verdes lastimosos se dejaron entrever tras abrir la puerta.

“¿Es verdad eso?, ¿no te lo estas inventando solo para hacerme sentir mejor?”

“Todo es verdad.” Le aseguró.

“La verdad esa historia no me hace sentir mejor. Siempre fui raro, ¿cierto?”

“Bueno, si eso es verdad, entonces yo tampoco quedo exento. Compartimos la misma sangre, y los dos nos amamos mas profundamente que cualquier otro par de hermanos.” Miró a Yoichi intentando transmitirle con la mirada la sinceridad de sus palabras. “Los dos somos raros.”

Yoichi extendió una pequeña sonrisa, todavía un poco avergonzado.

“Espero que no pienses que quiero fornicar con toda la familia.”

“No Yoichi, eso nunca. Solo puedes hacer el amor conmigo. Además, de pequeño también me decías ‘papa.’ Literalmente yo soy el paquete familiar, conmigo tienes de sobra.”

“¿Qué?”

“Tienes razón, es un mal chiste.”

“No, torpe. ¿Yo te llamaba papá?”

“Si, así es. Te enojabas cuando no te hacia caso y cuando intentaba que me llamaras onii-chan. Siempre has sido tan testarudo.”

Yoichi tenía los ojos como platos.

“¿Estas diciendo, que todos mis complejos familiares están concentrados en ti?”

“… buen punto.” Shiro puso su palma en la barbilla y puso una expresión reflexiva.

Yoichi estaba tan perplejo por la situación que se distrajo. Shiro aprovecho esta apertura para abrir la puerta con un solo empujón y atrapó a su hermano entre sus brazos.

“¡Nii-san!” Lo regañó Yoichi, atrapado en el abrazo, haciendo amago de querer liberarse.

“Llámame como quieras, hermanito.” Dijo antes de darle un beso largo en los labios.

Aquello funcionó, Yoichi dejo de pelear en sus brazos. Después se separo un poco, los rostros lo suficientemente cerca para reclamar otro beso.

“Solo elígeme a mi, ¿esta bien?

Fin