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Summary:

Ochako Uraraka oculta un secreto y cuando su mejor amigo, Izuku Midoriya, se enlista como aprendiz de caballero ella recuerda todo su pasado y la separación con su madre que la llevo a conocer la mafia dentro de los caballeros del reino donde creció. Esta en un viaje cuando encuentra a un desconocido en medio del bosque. Su ropa manchada con sangre y su respiración débil hacen que ella actúe sin pensar y lo cure a él y a su dragón rojo revelando su secreto. Ella es una maga en un mundo donde los humanos tienen prohibido usar la magia y el castigo es la muerte.
Con la llegada de este bárbaro la vida de Ochako no será la misma.

Notes:

Hola chicas y chicos del fandom. Me alegra que mi primer fic en esta plataforma sea Kacchako.
Este fic es un regalo para @canecoffy por parte del evento de intercambio de regalos de la pagina Kacchako en Español.
Espero que lo disfrutes y también todos ustedes

Chapter 1: Capitulo 1

Chapter Text

Ochako comenzó su día sin imaginar los eventos que laían conducir a conocer a un guerrero rubio herido de muerte en medio de aquel bosque y lo que ese encuentro marcaria en ella.

Esa mañana ella había despertado con el sol, tan pronto se levantó comenzó a vestirse para preparar las pociones que vendería en el festival de las luces que habría a dos pueblos de distancia. Había preparado todos los días anteriores, hoy simplemente mezclaría los ingredientes para que todos sus productos estuvieran los más frescos posibles. Tomo sus frascos de vidrio, hiervas y recipientes, preparo su caldera y comenzó a trabajar.

El olor de las hierbas y el calor de su hogar proveniente de la chimenea le recordaron a sus años de infancia en los que observaba a su madre hacer el mismo proceso. La nostalgia era inevitable en otoño, la época en la que las mujeres como ella, simples boticarias, eran acusadas de brujería y perseguidas hasta ser quemadas. El fuego podía ser cálido y cruel, era algo que nunca olvidaría. Ochako se había separado de su madre a los 14 años ya que fue acusada de este delito por un caballero que no supo aceptar el rechazo.

Su madre la había enviado lejos, desde entonces no sabía nada de ella, pero en su corazón se encontró la esperanza de que estuviera viva.

Repitió todo el proceso sin mirar el libro que le había dejado su madre ya que era algo que había repetido tantas veces que podía hacerlo incluso con los ojos cerrados. Pero el libro siempre la acompañaba.

Una vez que todo quedo listo solo faltaba esperar al menos dos horas para apagar el fuego. En ese tiempo, Ochako dejó la caldera de lado y comenzó a prepararse para el viaje. Solo tenia tres vestidos así que tomo el primero que vio y se lo coloco, se recogió su cabello y comenzó a preparar su desayuno a la par que guardaba sus cosas. Pronto llegaría Izuku en su carreta para llevarla hasta Fukuoka.

Izuku era el único hijo de Inko Midoriya, la mujer que la acogió una vez que supo quién era su madre. Ambos fueron, y siguieron siendo, amables y respetuosos con ella desde el primer día. Pero desde que Izuku le contó de su decisión de convertirse en caballero su relación se volvió algo… distante.

Seguían siendo amigos, ella aun lo quería y se alegraba de verlo, pero en el fondo se sentía traicionada. Ochako se abrió ante su único amigo, le conto el dolor y el miedo que sufrió por ese hombre y expreso por primera vez en voz alta su odio hacia los caballeros, pero eso no impidió que él escogiera ese camino. Sabía que no tenía ningún derecho de pedirle a Izuku que escogiera cualquier otra profesión, sin embargo, lo hizo. Y el dolor que sintió ante sus palabras era un fantasma que los perseguía a los dos desde entonces.

“Lo siento Chako, pero sabes que siempre deseas algo más que solo cuidar ovejas. Siento que hay algo más grande para mí que la vida de granjero. Hay algo que me impide conformarme con esto y el primer paso hacia mi destino empieza con el entrenamiento de caballeros.”

Ochako ya lo sabía, sabía el deseo del peliverde de convertirse en una persona que pudiera servir a los demás más allá de su vida como pastor de ovejas. La mirada jade se iluminaba cuando hablaba de aquellas historias y leyendas sobre bárbaros que peleaban contra dragones o hechiceros corrompidos por su sed de poder que escucho alguna vez en su infancia.

Y pudo ver el dolor de Izuku cuando ella no se disculpó ni le ofreció una palabra de apoyo luego de hablarle sobre la razón detrás de su decisión, sobre el deseo ardiente que había en su corazón.

No es que dejara de querer a su amigo por convertirse en caballero. Era más bien que temía que en su búsqueda hacia su destino terminara convirtiéndose en uno más de esos monstruos vestidos de armadura brillante.

No había mantenido mucha comunicación desde entonces. Izuku había ido a la prueba y fue aceptado. El resultado no la sorprendería, tal vez no fue el más destacado, pero era lógico que lo lograría. Izuku había crecido bajo el calor del sol mientras se encargaba de los cultivos y de cuidar de las ovejas, cuando tenía la edad suficiente las cargaba cuando era necesario, lo cual era muy a menudo. Así que si, tal vez no era el más alto o el más robusto, pero parecía que pertenecía con el resto de los chicos que estaban ahí. Faltaba muy poco para que sea incorporado oficialmente como miembro de los caballeros reales. Y ahora tenía dos semanas de permiso antes de que tuviera que volver a su entrenamiento. Compraría todo lo que su mamá necesitaría para el invierno.

Ochako lo extrañaba.

Era su mejor amigo. En algún momento de su adolescencia se imaginó casada con Izuku, los dos juntos cuidando de la granja mientras la señora Inko jugaba con sus nietos, pero era un hecho que eso nunca sucedería y Ochako había desechado esas ideas de niña años atrás.

Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no se dio cuenta que tiro un frasco hasta que escucho el ruido del cristal rompiéndose. Dio un grito y tomo un momento antes que su corazón se calmara, pero una vez que vio todo el polvo lila regado por el suelo se arrepintió de no poner atención a lo que hacía.

La caldera ya estaba burbujeando así que primero apago el fuego. Debía ser en ese momento o si no todo se quemaría. Después de mover la caldera corrió por su escoba y recogió todo. Ahí iba toda la lavanda que había preparado para los toques finales. Ochako había descubierto que a la gente rica le gustaba más lo llamativo, así que ella comenzó a jugar con los colores hasta que encontró un tono que no afectaba el sabor o la eficacia de los remedios que preparaba y que olía bien. Siempre compraba lavanda y la aplastaba hasta formar el polvo lila que siempre usaba.

Todo el esfuerzo de días regado a sus pies.

Tal vez si corriera aún podría alcanzar a comprar unos ramos.

Ochako se apresuró a limpiar el resto de vidrio y de lavanda y luego comenzó a enfrascar sus pociones.

Cuando termino de tapar el ultimo frasco escucho el andar de un caballo. Eso significaba que Izuku ya estaba cerca. No tuvo mucho tiempo para empacar antes de que el peliverde tocara a su puerta.

Resignada a que debería dejar a Kota, el dulce niño huérfano que había conocido dos años atrás, a carga de montar su tienda en lo que seguiría las flores ella se encamino a la entrada.

Al abrirla ahí estaba Izuku, más alto y fuerte que la última vez que lo vio. Desde que había sido aceptado para convertirse en caballero no había dejado de entrenar, eso según las cartas de Inko, así que no le debía sorprender ver ese cambio en él, pero igualmente lo hizo. Izuku tenía una sonrisa no muy alegre en sus labios. Se observaron por unos segundos hasta que él habló.

–Tienes una mancha morada en tu… cara. –Ochako tomo su delantal y paso la tela blanca por su mejilla para descubrir que él tenía razón.

–Es por la lavanda. Pasa, iré a lavar mi rostro. –Antes de que Izuku respondiera, ella salió por un poco de agua.

–Comenzare a mover tus remedios al carruaje. –anuncio Izuku desde la cocina.

Ochako amaba que él fuera tan respetuoso con su trabajo llamándolo por lo que era. Pero eso no alivia el dolor en su corazón. Una vez que termino fue a cambiarse de ropa, necesitaba estar limpio y presentable. Si el tiempo era favorable podría llegar en poco mas de medio día al pueblo. Ochako siempre se quedó con en un hostal con Izuku y juntos, con ayuda de Kota, colocaban su puesto en el mercado a la mañana siguiente. Solo que este año Izuku estaría ocupado con sus propias compras. Fukuoka estaba a las afueras del reino amurallado del rey Enji Todoroki. Los comerciantes de adentro compraban en grandes cantidades a los de afuera. Y alguno que otro noble se aventuraba para comprar cosas exóticas. Por ejemplo, su cliente más fiel era Yuga Aoyama, un noble procedente de tierras extranjeras que vivía en aquel reino desde hace varios años. Quedó encantado cuando Ochako empezó a vender sus pociones de diferentes colores. Pero todos esos pensamientos fueron desechados cuando termino de cambiarse. 

Al salir vio a Izuku junto a su caballo. Una yegua hermosa que él había criado, la acariciaba y se notaba su cariño en sus ojos. El tirón en su corazón volvió, en otra época hubiera saltado a sus brazos para luego hablar de las cosas que quería hacer con él. Pero ahora no podía.

Una vez que lo alcanzo, ambos subieron a la carreta e Izuku comenzó su viaje a un destino diferente al que esperaba.

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–Mi madre envió pan y queso para la merienda. Y estoy seguro de que traje leche.

Fue lo primero que dijo el peliverde luego de un rato. Ya llevaban unas pocas horas de viaje. Habían intercambiado la charla típica sobre como estaban él y su madre. Ochako incluso se pregunta sobre su entrenamiento de caballeros. Izuku le habla a Iida Tenya.

“Estoy seguro de que te agradaría, él será un buen caballero”.

Ochako estaba segura de que no quería conocerlo. Y luego no hubo nada de qué hablar.

Realmente había mucho que decir, pero ninguna pronunciaron palabra. No hasta que el estómago de Ochako gruño por comida e Izuku, tan amable como siempre, se ofreció a detenerse para que pudiera comer, aunque él no tuviera hambre.

–Yo traje uvas y manzanas. –menciono Ochako una vez que volvió con las dos canastas de comida. Los dos estaban a la mitad de la comida cuando Izuku volvió a hablar.

–Te extrañé. –lo arrepentido de sus palabras hicieron que Ochako casi se atragantara con su bocado.

-Yo también. –respondió luego de un momento. No quería que las cosas sucedieran tan incómodas, pero debería admitir que hasta para ella esas palabras sonaron vagas y poco sinceras.

–Usualmente pienso mucho en ti y en mamá –confeso él observándola con sus ojos verdes jade–. Lamento no poder ser lo que esperabas.

Y ahí estaba. El problema en todo esto. Ochako se sintió frustrada y enojada. No era justo que él se disculpara por ese motivo.

–No debes disculparte. Estas haciendo lo que quieres. Mientras seas feliz yo estaré feliz. –de nuevo dijo las palabras más seguras en lugar de llorar mientras le confesaba a su amigo todos los sentimientos que venían gestándose dentro de ella en todos esos años.

–Sé que te engañé.

–No, no lo hiciste. Zuku, no puedes decepcionarme porque no esperaba nada de ti. –y luego de decir esas palabras se arrepintió.

–Supongo que… eso dolio.

–Lo siento, no quería que sonara así. Lo que quise decir es que no importa lo que sienta, tú serás un gran caballero.

–Pero me importa lo que sientas. –sus ojos comenzaban a cristalizarse y el ojo de Ochako creció dentro de ella.

–No sentí eso cuando te postulaste para la selección de caballeros. –y las palabras fueron dichas. Aquel dolor se volvió veneno. Y Uraraka se arrepintió solo un segundo después. Pero ya era tarde.

-Lo siento.

-Yo también.

Y sin más continuaron el viaje en silencio. Ochako quería golpearse. De todas las cosas que habia por decir, de todas las distintas formas de decirlo, elegio las peores palabras. Nunca fue su intención lastimar a Izuku, pero se sintió peor al saber que de hecho había una parte de ella que quería hacerle daño con sus palabras, hacerle saber exactamente como se sintió respecto a todo.

Ella era una mala persona. Lo sabía, y también por eso se aisló de todos.

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Unos metros más adelante una de las ruedas se rompió, todos sus frascos se habían sacudido por el movimiento y ella misma saltó en su asiento unos centímetros. Izuku se apresuró a ver el problema y tardo más de lo esperado.

–Creo que tendré que ir por ayuda –su rostro estaba cubierto de sudor y algo de polvo–. Necesitare que alguien cargue la carreta mientras hago el cambio de la rueda.

El peliverde parecía preocupado ya que no había muchas opciones.

Ochako se sentía algo frustrada en estas ocasiones. Sabia que podía cargar la carreta, pero no podía decirle eso a Izuku. No desde que se hizo caballero. 

Mientras tanto Midoriya se debatía entre sus opciones. Podía ir al pueblo más cercano y pedir ayuda, pero si iba caminando tardaría más. Si se llevaba a su yegua tardaría menos, pero dejaría completamente sola a Ochako en medio del camino. Si llevaba a Ochako dejarían toda la mercancía sola en la mitad del camino. Si dejaba que ella fuera al pueblo no pararía de preocupación. Se quedo meditando un poco en eso, tal vez la opción más segura era dejarla ir a ella, podría ir a caballo, probablemente podría pedir ayuda y regresar antes del atardecer. Mientras tanto él se quedaría con la carreta para cuidar toda la mercancía de Chako, él podría proteger las cosas si algún grupo de ladrones aparecía.  

Estaba por compartir su idea con la castaña cuando escucho el galope a lo lejos.

Un hombre venia en un caballo negro, llevaba buen ritmo, pero en cuanto los vio fue bajando la velocidad hasta que se detuvo junto a ellos.

–¿Necesitas ayuda con su carreta? –pregunto el desconocido aun desde su montura. No parecía buena persona. Aunque tampoco parecía un ladrón. Su apariencia era engañosa ya que tenía el cabello largo y desordenado, un parche en el ojo, vestía con cierta ropa elegante pero desarreglada y su mirada era roja como la sangre.

–Si, necesito que alguien me ayude a cargar la carreta mientras cambio la rueda. –explicó con cautela Izuku mientras se colocaba frente a Uraraka.

–Estas manos no son tan fuertes como antes, pero veré que puedo hacer –hablo el hombre mientras se bajaba de su caballo. Su expresión era desinteresada y aburrida al igual que su voz–. Soy Aizawa Shota.

–Midoriya Izuku. Mi amiga es Uraraka Ochako. –Hablo el peliverde por los dos.

–Por la edad que aparentan tener creí que era tu esposa. –Ambos se observaron ante las palabras del hombre.

–No, ella es casi una hermana para mí. –explicó Izuku.

–Bueno, basta de charlas sin sentido. Arreglemos esto para que cada quien pueda llegar a su destino. –corto el hombre. Parecía cansado. Izuku lo acompaño hasta la parte de la carreta donde estaba el problema mientras que Ochako fue con la yegua para darle una manzana y acariciarla.   

Luego de un rato, ambos hombres se alejaron de la carrera que seguía con su rueda rota.

–Tengo un amigo esperándome en el pueblo, lo traeré para que nos ayude. Seré rápido para que puedan salir del camino antes del atardecer. –prometió el pelinegro mientras se subía a su caballo.

Sin más vieron como el hombre se alejaba cabalgando a toda velocidad.

–Bueno, tendremos que esperar un rato. –Hablo Izuku.

En ese instante Ochako se preocupó. Su última conversación no había terminado bien y conoció a Izuku, tenía un corazón noble que no le permitiría dejar la conversación a medias, trataría de arreglar las cosas, y Ochako lo quería con todo su corazón, pero lo que menos quería o necesitaba era seguir con ese desastre. De verdad quería olvidar todo, no decir más y seguir adelante.

Así que tratando de evitar esa charla ella dio la primera excusa que se le ocurrió.

–Creo que es un buen momento para buscar flores. Necesitare algunos para los remedios que voy a vender. –explico vagamente mientras tomaba una de las canastas de comida que ya estaban vacías para guardar lo que lograra recolectar.

Izuku tenía una expresión desconcertada y cierta tristeza se filtraba en su mirada. Sabía exactamente lo que estaba haciendo ella, pero no tuvo el valor de detenerla.

Ochako no quería ver a su amigo con esa expresión, le dolía verlo así. Pero sabía que si se quedarían las cosas no terminarían bien.

–No te alejes mucho. –lo escucho decir, pero ella ya estaba adentrándose al bosque.

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Ella estaba huyendo. Era una cobarde. Lo sabía, y aun así no se detuvo. Camino, camino y siguió caminando. Sentía que comenzaría a llorar si se detenía. No quería pensar en Izuku, ni en su relación cada vez más en decadencia a la cual los dos se aferraban con la esperanza de continuar siendo amigos a pesar de los sentimientos que tenía cada uno respecto al otro. No quería pensar en el pasado o el futuro. Pero Ochako no podía ignorar lo que implicaba el hecho de que Izuku estaba más cerca de ser caballero.

Se la pasaría patrullando y entrenando. Si el destino era bueno él seguiría conservando ese corazón tan puro y noble que tenía hasta ahora. Pero Ochako lo sabía. Los caballeros no vieron por el interés del reino o de sus habitantes. Veían por sus propios intereses. Había una gran red de corrupción entre ellos. Ella lo había visto. Fue por esa razón que su madre había rechazado a ese hombre. Y Ochako no pudo pedir ayuda porque ningún caballero iría en contra de un compañero, menos si una niña denunciaba la falsa acusación hecha a su madre que era un crimen tan horrible como el de la brujería.

Ochako sufrió mucho y se lo contó a Izuku.

Él le aseguro, cuando cumplieron 17 años y le dio la noticia, que deseaba ayudar a los demás. Su ambición no era conseguir una vida más cómoda, el dinero o reconocimiento como los otros chicos que entraban a la prueba de caballeros. Izuku realmente quería ayudar a los demás. Pero Ochako temía tanto que la corrupción llegara a quebrantarlo.

Por eso le pedio que escogiera otro camino, que pudiera seguir ayudando a las personas desde su hogar, desde Musutafu. Pero la expresión del peliverde al escuchar su petición fue todo lo que Ochako no quería ver. Asombro, dolor y tristeza.

Ambos habían dicho cosas que lastimaron al otro. Y luego las cosas fueron empeorando cuando ninguno de los se disculpó. 

Izuku se disculpó por todo, pero no por esto. No por seguir sus sueños.

Ochako no podía disculparse cuando su deseo seguía siendo el mismo.

Y una vez que él se fue ella también lo hizo.

Así que se aisló, se concentró en vender sus remedios. Hizo un par de amistades nuevas y trato de olvidar todo. Pero nunca podría olvidar a Izuku, así que nunca podría dejar el dolor atrás.

Ochako acepto esa verdad hace mucho. Pero ahora las heridas se estaban abriendo de nuevo. Así que huyo. Huyo a las profundidades del bosque donde la luz se filtraba entre las copas de los árboles y el verde era lo único que veía. ¿Por qué debía tener ojos y cabello verde?  

Ochako suspiro frustrada al notar su error.

No podía huir de sus propios sentimientos. Podía atrasar la conversación, pero no evitarla.

Empezó a caminar de regreso, había caminado bastante así que debía estar algo lejos, pero cuando dio vuelta para volver en la misma dirección en la que había llegado algo de color rojo llamo su atención. En realidad, era una gran mancha roja de un tamaño considerable a unos metros de ella.

Así que con cautela se acerco.

Pero cuando llego nunca imagino que aquella mancha fuera un dragón.

La criatura era grande, con escamas rojas y varios cuernos en su cabeza. Si no fuera por la gran cantidad de heridas y lanzas en su espalda ella hubiera pensado que estaba dormido, pero era evidente que estaba agonizando.

Ochako sabía que esas criaturas eran capaces de reducir reinos enteros a cenizas, pero ver a la majestuosa bestia reducida a un pobre animal herido de muerte hizo que le doliera el corazón.

Así que con cautela rodeo a la criatura para ver la totalidad de los daños, si tenía una herida más grande que los demás tal vez podía curar esa y dejarle el resto a él.

Los parpados del dragón se levantaron ligeramente, casi con desinterés, y la observaron probablemente por solo un par de segundos. Y así tan rápido como se abrieron sus parpados volvieron a cerrarse. Pero luego el dragón abrió sus ojos por completo, como si su cerebro hubiera tardado un segundo en registrar que ella estaba ahí. Su mirada era intimidante y roja. Ochako temió por su vida cuando vio que la criatura levantaba una de sus alas. Estaba lista para correr cuando un lamento salió de la criatura mientras que con sus últimas fuerzas la guiaba con su mirada al lugar donde quería que ella viera.

Con miedo y vacilación Ochako avanzaba mientras evitaba apartar la mirada de los ojos rojos que la seguían. Una vez que llegó a donde quería que llegara el dragón dejo reposar su cabeza en el pasto y no volvió a verla. Ochako espero unos segundos, pero la criatura no volvió a moverse. Finalmente aparto la mirada del animal y en cambio observa algo insólito.

Un hombre, tal vez de su edad, vestido con ropas muy diferentes a las que había visto alguna vez, descansaba recargado en el costado del dragón. Ochako comprendió que la inmensa criatura lo estaba ocultando y al mover su ala lo dejo al descubierto para que ella lo pudiera encontrar.

El hombre estaba manchado de sangre, su respiración era débil y su expresión reflejaba cansancio.

También estaba herido de muerte. No tenía lanzas o cuchillos incrustados en su cuerpo, pero las heridas que pudo ver no eran pocas. Sin pensarlo se acercó a él.

Tenía collares en su cuello, varios pendientes a lo largo de sus orejas y una capa roja bajo de él, Ochako por un instante confundió la tela oscura con un charco de sangre. Lo primero que hizo fue comprobar que nadie más estaba cerca, espero un minuto atenta de lo que sucedía a su alrededor. Nadie vino. Así que se apresuró a curarlo.

Y Ochako se resignó a que tal vez revelaría su secreto ante un extraño.

Su madre y ella no practicaban la brujería, pero sí la magia.

Había una gran diferencia entre ambos. La brujería era conocida como magia negra ya que solo se podía acceder a ella mediante sacrificios y utilizándola para maldecir o atormentar a los demás mientras que, la magia era la esencia misma de la vida. Provenía de las fuerzas de la naturaleza y de criaturas mágicas como dragones, hadas y sirenas. Pero sin importar la diferencia ambas estaban prohibidas para los humanos. La brujería se castigaba con la muerte mientras que la práctica de magia sin autorización de un mago reconocido por el reino era un delito que se castigaba duramente, pero sin llegar a la pena máxima. Su madre nunca practica la magia a pesar de que podía, pero en aquella ocasión curo la herida de un niño. Fue algo breve, nada llamativo o extravagante. Pero el hombre utilizó eso como excusa para delatar a su madre.   

Una vez que comenzó la cacería su madre la oculta y le ordeno irse de aquel lugar. El hombre sabía que Uraraka Mahoro tenía una hija, pero nunca la vio. Así que teniendo esa ventaja su madre se separó de ella para que no pudiera localizarla y mucho menos castigarla por un crimen que no cometió al igual que ella.

A la edad de dieciocho años Ochako al fin pudo utilizar la magia igual que su madre. Podía curar a los demás y hacer levitar algunos objetos, todo gracias a la privacidad que su nuevo hogar le otorgaba para poder practicar.   

Así que en medio de ese bosque ella produjo, con la energía del dragón, algo de magia para poder curar al hombre rubio. Y luego utilizo la magia del bosque para curar lo mejor que pudo la herida más grande que encontró en el dragón.

Luego de unos dolorosos minutos ella termino vomitando por el esfuerzo que requería una sanación como aquella. Nunca había utilizado tanto la magia como hasta ahora.

Respiro un poco y luego volteo a ver al rubio aun en el suelo. No tenía ninguna cicatriz o herida en su cuerpo y la única evidencia de que alguna vez estuvo a punto de morir eran las manchas de sangre seca sobre su cuerpo.

Ochako se levantó y comenzó a caminar lejos del extraño. Pero no se alejó más de unos metros antes de regresar. No sabía por quién temía más, si por el hombre o por el dragón. No entendía porque un dragón cuidaría de un bárbaro cuando se suponía que eran enemigos naturales. Temía por la criatura y lo que llegaría a suceder si dejaba al hombre ahí. No podía cargar un dragón, pero sí un humano.

Esta vez uso la magia del bosque para poder cargar, o más bien hacer flotar, al rubio. Lo tomo en sus brazos y lo llevo hasta la orilla del bosque.

Una vez que pudo divisar a Izuku se ocultó entre los árboles para poder encontrar el momento oportuno y llegar hasta la carreta. Izuku no dejaba de hablar con su yegua así que notaria cuando saliera del bosque cargando a un hombre del doble de su tamaño entre brazos.

Así que espero.

Fue cuando aquel hombre, Aizawa, volvió en su caballo acompañado de otro hombre que ella pudo ver su oportunidad. Los dos hombres descendieron de sus caballos. El amigo de Aizawa era todo lo contrario a él, su ropa era blanca y su cabello rubio, tenía una sonrisa en el rostro y gesticulaba más que el otro hombre.

Su caballo también era hermoso, de un color amarillo radiante.  

Cuando los tres hombres se juntaron para hablar fue que ella corrió a la parte trasera de la carreta aprovechando que todos estaban mejorando la espalda.

Con mucho cuidado y ansiedad dejo al bárbaro en la carreta, utilizo su propia capa para cubrirlo tanto como pudo y tomo otras cosas para esconder lo que faltaba.

Una vez que termino apareció justo un tiempo para toparse a Izuku de frente.

–Oh, no vi cuando llegaste. –menciono a Izuku mientras daba un paso atrás.

–Llegue justo cuando el señor Aizawa y su amigo llegaron. –explicó tratando de actuar lo más natural posible.

–Bien, cambiaremos la rueda en un instante y podremos seguir nuestro viaje.

-Me parece perfecto. –respondió con un poco más de energía de la que debería mostrar.

Izuku se separó de los otros dos hombres. Ochako hubiera preferido ir con los caballos y admirar su belleza, pero los nervios la hicieron caminar hacia los demás. Se quedó al margen, pero no dejo de vigilar a los hombres. Evito ver demasiadas veces la carreta, o más bien al extraño que se encontró dentro de esto, temiendo ser descubierto por su propia angustia y descubierto.

Comenzó a morderse el labio, no sabía qué le preocupaba más, que los demás encontraran al bárbaro o que el bárbaro despertara antes de que llegaran al pueblo, en ambos casos tenía mucho qué explicar. Pero finalmente descanso cuando nadie dijo algo sobre el cambio en el peso de la carreta. El trabajo fue rápido y los tres hombres se alejaron inmediatamente para acudir a sus caballos, el único que quedó atrás fue Aizawa.

–Ya puede relajarse señorita, pronto estarán en un lugar más seguro. –mortificada porque aquel hombre pudo ver que ella estaba tensa tan solo aparentemente y parecía sintiéndose aliviada de que él pensara que estaba angustiada por seguir en medio del camino luego del atardecer.

Los dos comenzaron a caminar en dirección a Izuku y del hombre rubio, pero no pudo evitar dirigir una breve mirada al carruaje para comprobar que el bárbaro seguía sin despertar.

Una vez que se reunió con Izuku y el otro caballero se inició una breve conversación que terminó rápida gracias a la intervención del pelinegro.

–No perdamos más tiempo, nosotros tenemos asuntos que atender y ustedes un destino al cual llegar.

Ochako se sintió agradecida por sus palabras y finalmente los vio subirse a sus respectivos caballos.

–Por cierto –hablo el hombre rubio que se presentó ante Ochako con el nombre Hizashi Yamada–. Tenga cuidado, en la mañana algunos aseguraron que vieron un dragón volar muy bajo por esta zona. Algunas personas pensaron que provenían del lado de Kamino.

–Gracias, lo tendremos en cuenta. –hablo Izuku y luego los dos hombres se fueron.

Ochako se subió a la carreta y tan solo respondió con monosílabos a los comentarios de su amigo durante el resto de su viaje sin lograr alejar sus pensamientos de aquel hombre rubio y del dragón rojo.