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Aquella fue una noche que nadie en Zaun y Piltover podría olvidar, ya que marcó un antes y un después en la vida de todos... bueno, de los que sobrevivieron. El instante en que el misil de Jinx asesinó a todas las personas del consejo, reinó el caos en todas partes, en Zaun, miles de bandidos trataban de posicionarse como el nuevo líder, cada uno más peligroso que el anterior mientras que
en Piltover, Ambessa Medarda se había hecho con el poder mediante un golpe de estado. Ambas ciudades se estaban militarizando y la gente temía que hubiera una guerra civil, la única esperanza
eran los Firelights, un grupo compuesto por rebeldes que luchaba por restaurar el orden y la paz en
ambas ciudades...
No era usual en mí estar tan nerviosa, pero últimamente eso me pasaba cada vez que teníamos
reuniones con el consejo. Me había atrasado a propósito, estaba harta de escuchar pelear a Ekko y
Caitlyn sobre a quién querían atacar primero, principalmente porque el único punto en que estaban
de acuerdo era en acabar con mi hermana, pero aun así todos sabíamos que teníamos un problema
aún más grande en el horizonte. Estaba por entrar a la habitación del consejo cuando la puerta de
abrió de golpe y Caitlyn, salió a paso rápido, con sus mejillas rojas de rabia.
-¿Pero qué?...
-Ah, Vi –Heimerdinger, me recibió en la entrada. –Te estábamos esperando, pero tranquila, no te
perdiste mucho.
-No lo parece por cómo salió Caitlyn.
El anciano suspiró profundamente. – Esa jovencita está pasando por un momento muy difícil en su
vida, quiere vengarse de todos y no sabe por dónde empezar. Tú eres una buena persona, Vi, sería
bueno que trataras de hablar con ella.
Quise decirle que lo había intentado miles de veces, pero me mordí la lengua. Sólo asentí
lentamente y entré.
-¡Vi! – Ekko se dirigió hacia mí inmediatamente. –Al fin, necesito que alguien me apoye en esto.
-¿Qué sucede? –pregunté a pesar de tener una muy buena idea de a qué se refería.
-Conseguí información que nos ayudará a acabar con la pandilla de Sevika. Ella junto a todo su
grupito formaron una nueva base estratégica, ¿se te ocurre dónde sería?
Ni siquiera tuve que pensarlo. –En la última gota.
-Así es, tenemos el lugar, y precisamente esta noche van a tener una reunión muy importante y
todos estarán presentes, ¡es nuestra oportunidad!
No podía negar que me tentaba la idea, esa maldita de Sevika jamás tendría suficiente de mi odio
después de traicionar a mi padre, y la sola idea de pensar que estaba organizando a su grupo en
nuestro viejo hogar hacía que me dieran ganas de vomitar, el único problema era...
-¿Y Caitlyn?
Ekko negó con la cabeza. –Quiere volver a Piltover, está obsesionada con derrotar a Medarda, pero tú sabes que eso sería un suicidio, primero tenemos que retomar el control de Zaun antes de pensar
en un contraataque de esa escala.
-Yo soy el primero que pondría el diálogo antes que la guerra –dijo, Heimerdinger – pero estamos
en una situación muy complicada, no puedo estar más de acuerdo con Ekko.
-Miren, yo quiero pelear, quiero golpear en la cara a todos esos asquerosos que han destruido esta
ciudad, pero Caitlyn es mi mejor amiga, no la puedo dejar sola después de lo que pasó la última
vez.
El recuerdo de esa situación hacía que se me erizaran los vellos de los brazos.
-Por eso te necesitamos, convéncela, Vi –Ekko me miró fijamente. –No podemos hacer esto sin ti,
la mayoría de los chicos aquí no tienen tanta experiencia y tú eres nuestra mejor guerrera, y por
mucho que me cueste admitirlo, Caitlyn también es buena luchando, nos vendría bien su apoyo.
-Lo intentaré –me repetía esas palabras una y otra vez desde que todo se fue al demonio que ya ni
sabía que significaban.
-Eso espero, Vi, porque pase lo que pase, esta noche atacaremos, y espero que ambas estén con
nosotros...
Pasó como una hora hasta que me decidí ir a la habitación de Caitlyn. Toqué suavemente y entré
sin esperar respuesta.
-Hola, Cupcake –dije en un tono amigable, o lo que a mí me parecía amigable. - ¿Estás por aquí,
pequeña?
-¿Qué quieres? –me gruñó una voz desde la cama.
-¿Acaso no puedo venir a ver a mi mejor amiga?
-Sé que te envió Ekko, y como le dije a él y a Heimerdinger, no iré a luchar contra Sevika. En el
congreso de Piltover está mi enemiga... bueno, al menos hasta que sepamos dónde está tu querida
hermanita, claro que no cuento con tu ayuda en eso, ya me lo has dejado claro un montón de veces.
Cerré los ojos, podía sentir la rabia creciendo en mí. –No es justo que me hables así –murmuré.
-¿Qué?
-¡No es mi culpa, Caitlyn! ¡Traté de detener a Powder! –Ella me miró sorprendida por mi grito,
pero no me detuve. –Te he ayudado en todo lo que he podido, perdona si no te celebro cada vez
que hablas de asesinar a mi hermana.
Ella se levantó y se colocó frente a mí. –Qué conveniente para ti, ¿verdad? Como no perdiste a
nadie ese día, es fácil mantenerte neutral.
Estaba tan enojada que en un segundo agarré a Caitlyn por el cuello y la golpeé contra la pared. -
¿Crees que no sé lo que es perder a alguien? ¡Casi toda mi familia está muerta! ¡Powder es todo lo
que me queda!
No lo había notado, pero pequeñas lágrimas se escapaban de mis ojos, vi cómo el rostro de Caitlyn
se suavizaba un poco, y de pronto era ella la que se echaba a llorar.
-Lo siento... -Me rodeó con sus brazos y me sostuvo con fuerza. – Sé que no es tu culpa, pero lo único en que pienso es en ese misil, yendo directo donde estaba mi mamá... tengo una rabia dentro
de mí que no puedo controlar, Vi, está todo el tiempo presente, es como un fuego que no puedo
apagar...
Acaricié su linda carita con mis manos. –Lo sé... yo también pasé por eso. Son esas ganas de querer
sacarle la mierda a algo... a alguien... pero cuando estuve en mi peor momento tú me ayudaste, por
eso ahora no te voy a dejar sola. Cuentas conmigo, Cupcake.
-Tú y tus apodos –sonrió ella, con la cara llena de lágrimas. –Eres tan...
De pronto, sus labios se pegaron contra los míos, fue tan rápido que no tuve tiempo para actuar. No
era cómo imaginaba que sería nuestro primer beso, pero tampoco me iba a quejar, podía sentir sus
pequeñas manitos acariciando mi cintura, transmitiendo un calor inusual en mí, no estaba
acostumbrada al deseo, toda mi vida había luchado por sobrevivir, era extraño permitirse estos
gustos.
Nos separamos unos segundos para respirar. –Vi, te deseo, necesito esto, por favor...
En ninguna realidad paralela le diría que no a eso, pero había algo que me estaba preocupando. –
Caitlyn... ¿realmente quieres hacer esto o...?
-¿o qué? –dijo ella con los ojos abiertos.
-No quiero que hagas algo de lo que te puedas arrepentir solo por querer dejar de sentir tu dolor.
Listo, al fin lo había dicho, mi preocupación constante estaba expuesta. Dirigí la mirada a hacia
abajo, con temor por su respuesta.
-¿Por qué dices eso, Vi?
-Sé lo que es el dolor, y sé que a veces necesitamos algo que pueda ayudarnos a sobrellevar eso. Es
como el dicho de la estrella azul, que pasará surcando los cielos y liberando del pesar a todas las
personas, pero la gente al nunca verla comenzó a buscar alivio en todo lo que podía encontrar... me
he dado cuenta que te has acercado más a mí desde el día en que inició esta guerra, y quizás...
-Basta, Vi –ella sostuvo mi rostro con sus bellas manos. – Tú no eres una distracción que uso para
sobrellevar mi dolor. Eres una mujer hermosa, y le agradezco a la vida haberme encontrado
contigo porque eres lo único que le da alegría a mi corazón, yo realmente pienso...
No la dejé terminar, la besé, dejando salir todos mis miedos y preocupaciones. No quería pensar en
nada, sólo éramos ella y yo, sin nadie que pudiera molestarnos, juntas en nuestra pequeña burbuja...
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero la puesta de sol me indicaba que por lo menos un par de
horas, dentro de poco se iniciaría el ataque contra la pandilla de Sevika. Recorrí con mi mano el
cuerpo de Caitlyn, sin darme prisas, solo sintiendo su piel contra la mía, era una sensación
impagable.
-Bueno, Vi –ronroneó Caitlyn. –Supongo que después de todo, tus manos no son sólo buenas para
pelear.
- Tengo dedos habilidosos, pero estoy segura que ya lo sabes –sonreí a la vez que le daba besitos en
su cuello.
- Nunca viene mal un recordatorio –susurró ella. Ambas nos miramos con claras dobles intenciones, pero justo en ese momento alguien llamó a la
puerta, sacándonos a ambas de nuestra pequeña burbuja.
-¡Chicas! –Era la voz de Ekko-, Comiencen a preparar todo, nos iremos de aquí en media hora.
Ambas suspiramos de frustración ante el llamado, y yo comenzaba a preocuparme de nuevo. Si no
actuábamos todos juntos esto podría salir muy mal, y honestamente no me encontraba lista para
más funerales, ya había visto a suficiente gente que amaba partir de este mundo.
-¿Qué decidiste al final, Cupcake?
-Iré –respondió inmediatamente, sorprendiéndome. –Si tú vas entonces estaré a tu lado... además,
me necesitas para salvarte el trasero, creo que ya me lo hice una costumbre.
-Gracias, pequeña –me encontraba verdaderamente aliviada.
-Esto no significa que dejaré de buscar a Jinx, Vi –de nuevo volví a sentir angustia. –Si tengo que
hacerlo para siempre eso es lo que haré, pero de una u otra forma le traeré justicia a mi familia y a
todas las vidas que se perdieron por ella.
Jinx... ese nombre hacía que se me revolviera el estómago, todo era mi culpa, si no hubiera
abandonado a Powder nada de esto hubiera sucedido. La verdad era que ya no podía estar enojada
con Caitlyn, seguramente si yo estuviera en su lugar sería mucho peor, definitivamente sería peor.
-Vayamos de un problema a la vez, por favor –murmuré, luego sin esperar su respuesta comencé a
vestirme.
Ella me siguió y en unos minutos estábamos listas para el ataque. Caminamos hacia afuera en
silencio, no solté la mano de Caitlyn en todo el trayecto, hasta que llegamos a la sala del consejo.
Nunca había visto a todos reunidos allí, habían muchos adolescentes, a algunos los conocía, los
había entrenado incluso, pero otros eran demasiado chicos, seguramente nunca se habían
enfrentado a nadie antes. Sin embargo, entendía la postura de Ekko, nos necesitábamos a todos
para conseguir triunfar, solo esperaba que no perdiéramos a muchos.
-Bien, este será el plan –comenzó Ekko. –Nos dividiremos en tres grupos, el primero atacará a los
guardianes que se encuentran fuera del recinto, el grupo dos ingresará y enfrentará a todos los que
estén adentro, y por último, el tercer grupo recorrerá los pisos superiores en busca de Sevika.
Tenemos las armas y la cantidad de personas para lograr esto, este es nuestro momento, ¡vamos a
recuperar a Zaun!
Todos gritaron, dándose ánimos y yo aproveché para acercarme el joven líder. –Me imagino que
estoy en el tercer grupo, ¿verdad?
-¿Es una broma? –El chico puso los ojos en blanco-, tendría que ser un idiota para entrar a ese
lugar sin ti.
-Y yo también –agregó Caitlyn que nos había alcanzado. Colocó una mano sobre mi hombro. –No
pienso dejarla fuera de mi vista.
-Sí, solo... recuerden tener mucho cuidado, la última gota ya no es como lo recordamos.
Era verdad, después del misil que Powder lanzó, Sevika había tomado el control del local y había
mandado a construir más pisos, llenos de armas y guardianes, también los rumores decían que se
escondían muchas trampas al interior, lo que aseguraba que sólo gente de confianza pudiera entrar. Sin embargo, a pesar de todo eso, nada impediría que me enfrentara a ella, ya la había vencido una
vez, ahora iba a terminar el trabajo de una vez por todas.
Tomé mis guantes rojos, no eran tan poderosos como los que Jayce me había dado antes, pero sí
me permitían moverme mucho más rápido y mis golpes eran más certeros. Todo gracias al viejo
Heimerdinger. A mi lado, Caitlyn estaba cargando su arma, las balas eran pesadas y larguísimas,
les dolería como nunca a todos los que se pusieran en su camino.
Sonreí, realmente esta chica estaba hecha para mí.
Nos adentramos, cubiertos bajo el manto de la oscuridad, los dos primeros grupos tomaron la
delantera mientras que nosotros nos quedamos rezagados, esperando nuestra oportunidad. No
éramos muchos, sólo yo, Caitlyn, Ekko, Heimerdinger, Vannex (un chico joven, pero que era un
excelente luchador) y Anakath (otra adolescente que era especialmente buena con los cuchillos).
-Llegamos –anunció Ekko.
-¿Qué? –me extrañé. –Es en la próxima cuadra.
-No cruzaremos por la zona de batalla, los otros grupos se encargarán de luchar allá. Subiremos allí
–señaló hacia arriba-, y entraremos directamente a los pisos superiores de la última gota.
Me quedé con la boca abierta. Ekko señalaba a un viejo edificio, en su tiempo se utilizó para
fabricar distintos tipos de vidrios, pero luego del caos estaba casi destruido, parecía que hasta un
viento fuerte podría echarlo al suelo.
-No me digas que ya te acobardaste, Vi –bromeó Anakath. –He escalado árboles más altos que
esto.
-Primero, no tengo miedo, segundo, pongo en duda tu tontera del árbol, y tercero –me dirigí hacia
Ekko-, ¿cómo vamos a subir si esta cosa no tiene ni siquiera escaleras o algo de que afirmarse?
A modo de respuesta él nos entregó unas pistolas grandes a todos, junto a unos cinturones, hechos
de un metal extraño.
-Esto es tecnología de Hextech –murmuró Caitlyn, sorprendida. - ¿De dónde sacaste estas armas?
-Miren, una vez terminemos con esto les cuento de eso y de toda mi maldita vida si así quien, pero
ahora concentrémonos, por favor –suspiró antes de continuar. - La pistola que les entregue tiene un
gancho de titanio en la parte de atrás, amarren eso a una de las ranuras que tiene su cinturón, así los
mantendrán afirmados a la pistola. Después tienen que apuntar tan alto cómo puedan, se disparará
una aguja de titanio que se afirmará al muro y así podremos subir, pero tenemos que ser rápidos,
nadie puede vernos.
Nos colocamos en fila alrededor del muro del edificio y disparamos nuestras pistolas, vi como la
aguja se perdía en la oscuridad, y solo la tensión de la cuerda que la conectaba a mi pistola me
indicaba que se había enganchado.
-Bien, ahora sólo síganme –susurró Ekko y comenzó a escalar.
Le di una última mirada a Caitlyn antes de seguirlo. No era difícil, me sostenía de ambas manos
del cable y me desplazaba con rapidez, de vez en cuando les echaba una mirada a los demás para
asegurarme que no hubiera problemas, pero todos subían sin complicaciones. Los problemas
llegaron cuando estábamos muy arriba, el viento corría fuerte y me comenzaba a resbalar, parecía
que el ambiente estaba húmedo.
No creo que tengamos tan mala suerte como para que llueva –murmuré, y claro, un segundo
después pequeñas gotas comenzaron a caer sobre nosotros.
-Jinx –escuché murmurar a Caitlyn por debajo de mí. Decidí ignorarla.
Estábamos a punto de llegar a la cima cuando escuché a Anakath, suspirar de alivio. –Al fin, ya
estaba harta de subir.
Emocionada, comenzó a escalar con mayor rapidez, y en un solo segundo vi como el cable que la
sostenía se balaceaba peligrosamente del cemento del edificio. Vi en cámara lenta cómo el cable se
desprendía del edificio, oía los gritos de todos y al mismo tiempo ninguno, sólo estiré mi mano
justo a tiempo para sostener la cuerda del arma de Anakath.
-¡Vi! –gritó ella, golpeando contra el muro. -¡no me dejes caer! ¡Lo siento por todas las veces que
te moleste, pero ayúdame!
-¡No te voy a soltar, pero deja de moverte que no me haces las cosas más fáciles!
-¡Tengo una idea! –gritó Caitlyn. -¡Todos los demás, subamos hasta la cima y juntos podemos
subir a Vi y Anakath!
-¡Buena idea! –gritó Heimerdinger. –Resistan, chicos, ya los ayudaremos.
Todos comenzaron a subir tan rápido cómo podían, yo fácilmente podría subir a Anakath, pero esa
cuerda estaba hecha de un material raro que se me resbala en la mano, y no la lluvia no estaba
siendo una aliada, precisamente.
-¿Estás bien, niña? –grité.
-Ay, Vi, lo siento –sollozó ella.
-Deja de pedir disculpas, sólo quédate quieta.
-¡Ya estamos listos! –gritó Vannex. –Sostenla bien, Vi.
De a poquito comenzaron a subirnos, el movimiento era brusco, y me golpeaba en la cara
constantemente, pero no podía soltar mis manos del cable. Tenía que resistir... durante un segundo,
miré a la distancia y juré que por un segundo había visto a una chica con el cabello azul
mirándome a lo lejos...
-¿Powder?
Pero cuando volví a pestañear a no había nadie, fue tan extraño, por un segundo realmente vi a mi
hermana. Entonces, después de unos angustiosos minutos llegamos a la cima, decidí guardarme lo
que creía haber visto, no iba a ser de ayuda para nadie.
-Bueno, esa no era la llegada triunfal que me estaba imaginando –bromeó Anakath.
Todos la miramos con reproche.
-Perdón... -murmuró ella. –no volverá a pasar.
-Como sea, ahora tenemos que prepararnos –Ekko se acercó al borde del edificio. –Saquen las
agujas de sus pistolas, tenemos que disparar hacia la última gota y nos deslizaremos directamente
al segundo piso.
Caitlyn me abrazó con fuerza. -¿Estás bien, preciosa?
Una parte de mí quería contarle lo que había visto, pero no deseaba hacerle más daño. –Sí,
Cupcake, no te preocupes por mí.
-Dentro de unos minutos, los dos primeros grupos atacarán –susurró Ekko. –Prepárense, ellos nos
darán una señal y entonces tendremos que actuar muy rápido.
Suspiré a la vez que le devolvía el abrazo a Caitlyn, me permití cerrar los ojos una vez, no tenía
dudas que esta noche iba a ser larguísima.
-¡Ahí está la señal! –gritó Ekko. -¡Vamos!
Todos apuntamos con nuestras armas hacia la última gota y amarramos el cable al borde del
edificio. En segundos éramos seis sombras que se abalanzaban a toda velocidad durante la noche, a
la distancia ya se oían los disparos.
El ataque había comenzado.
