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Había una vez en un bosque...

Summary:

Había una vez un niño que perdía su tiempo deambulando por el bosque sin saber que encontraría a algo, más bien, a alguien que solo quería jugar.

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—Te ves fea llorando, deja de hacerlo.

Ochaco lo vio sorprendida con los ojos rojos, por llorar tanto y con un moco saliendo de su nariz, que lo intento regresar.

—¡No seas asquerosa! ¡Límpiate la nariz! —se agacha para arrancar un pedazo de su pantalón y entregárselo a ella—. Ten.

—¿No que te estabas yendo? —dijo antes de sonarse la nariz muy sonoramente, por lo que arruga su propia nariz y la vio feo al presenciar eso muy cerca de él.

—Se dice gracias Katsuki, tonta ardilla.

—Ni sabia que te llamaban Katsuki —lanza el pedazo de tela lejos de ellos.

—Ahora lo sabes.

Notes:

Este es un regalo para @SabaMay1 por el intercambio de regalos de KacchakoEsp.

Espero que disfrutes de tu regalo ♡´・ᴗ・`♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Había una vez un niño que perdía su tiempo deambulando por el bosque.

Solo estaba alargando por más tiempo su tranquilidad, antes de que se vea regañado por su desesperante madre por haber ignorado todo el día a Deku, el hijo de una vieja amiga de sus padres y de la tribu.

Él no era un bufón para entretener a la gente. Él sería el guerrero más fuerte que haya existido en todos los tiempos, que harían miles de leyendas y canciones contando cada aventura lograda que lo esperaban en el futuro.

El bosque estaba tan tranquilo como solía ser, y terminando los días del verano, las hojas de los árboles ya empezaban a desprenderse y danzaban al compás del ligero viento que se llegaba a sentir a esa hora.

Había escuchado varios cuentos, por parte de los ancianos, que en este mismo bosque que cuando llega la hora que el cielo este en su punto más oscuro, tienes que ponerte en alerta, ya que se dice, que el gran monstruo del bosque va a saciar su hambre, cazando con lo primero que encuentre.

El ya era lo demasiado grande para saber que solo eran historias para asustar a los demás niños, pero era lo bastante pequeño para que sus papás no lo dejaran vagar a esas horas.

Estaba apunto de volver a sus mismos pasos para regresar con ellos, hasta que un destello de luz rosada se hizo presente. Se le hizo curioso, ya que había aún luz para ver todo lo que sus ojos alcanzaba a observar sin necesidad de forzar la vista, pero deslumbrar lo suficiente para opacar los colores cálidos que tenia el bosque.

Como si quisiera ser encontrado.

Por lo que no dudo en adentrarse aún más, exactamente en donde recordaba verlo. Apareció pero a cuatro paso más lejos de Él. Podía sentir crecer una pequeña sonrisa engreída en sus labios.

Algo quería su atención. O más bien, alguien.

Y ya tenia toda su atencion.

Le siguió el juego solo un par de minutos hasta que se adentraron más al bosque y se impacientó a no llegar a nada.

—Ya no aguanto más —recargo su mano en uno de los tantos árboles— si solo me vas a hacer perseguirte, eres un tonto.

Espero un momento, observando cualquier reacción de la extraña luz.

Se ilusiono al no ver nada.

Estaba por retomar su camino a casa, regresando por sus mismos pasos. Pero en cuestión de segundo, atrás de él, apareció de la nada un gran destello rosado, y después de eso, sintió una mano reteniendo su brazo.

—Quiero seguir jugando. No te vayas.

Él se dio la vuelta para ver a la dueña de la dulce voz.

Lo primero que vio fue sus regordetas mejillas rosadas, que le hizo recordar a las ardillas, por lo que no pudo evitar que una risita burlona saliera.

Era una niña, tal vez de su edad pero más enana de las mocosas de su tribu. Su cabello castaño estaba peinado con dos pequeñas trenzas y adornado con pocas flores bonitas. Traía un vestido rosa pálido rasgado en las partes de los brazos, cuello y de las piernas. Esas cosas no eran tan importantes y que le llamaron mucho la atencion.

Lo que sobresalía de ella, eran sus orejas puntiagudas y las alas, casi de su mismo tamaño, que revoloteaba sin parar, dejándola unos centímetros arriba del piso, en donde sus descalzos pies no tocaban la tierra.

—Tu no me mandas, Cara redonda —se suelta de su agarre para cruzarse de brazos.

—¡Oye! ¡Mi cara no es tan gorda! —se aleja, gritando, mientras cubría sus sonrojadas mejillas—. ¡Por lo que no me digas así! 

—Esta bien, Mejillas rosadas.

—Deja de llamarme con nombres feos, tonto —recogió una piedra— me llamo Ochaco.

Le lanza la piedra, que él pudo esquivar fácilmente.

—¿Qué te pasa, loca ardilla?! —agarra otra piedra y se la lanza —¿¡Y a quien llamas tonto, tonta?

—¡Pues a ti! —también esquivo la piedra y voló, acercándose él, mientras lo apuntaba— ¡Y soy Ochaco! OCHACO. No es tan dificil de recordar

—¿Y a mi que me importa tu estúpido nombre?! ¡¿Y sabes qué?! Yo no tengo que estar aguantando a una enana.

—¡Haz lo que quieras entonces! —se aleja volando tan rápido hasta llegar casi a la altura que tiene un oso pardo levantado a sus dos patas—. ¡Ni quería jugar contigo, eres un grosero!

—¡Pues bien! ¡Me voy!

—¡Pues bien!

—¡Hasta nunca, cara redonda! —él se dio media vuelta y empezó a caminar

—¡Hasta siempre, tonto!

Intento no seguirle contestando ya que si fuera por él no la dejaba tener la última palabra a esa niña rara ya que le habrá dado la satisfacción de quedarse más tiempo con ella.

Pero su lloriqueo no lo dejo seguir caminando.

Solo voltea a mirarla de nuevo. Ya no seguía en la misma altura, ahora estaba bajando lentamente hasta que llegar al suelo y teniendo las manos tallándose los ojos para limpiar las lágrimas que no dejaban de fluir por sus ojos tan grandes, que parecían unas minis cascadas que si no dejaba de llorar , se formará un lago alrededor de ella.

Le recordaba tanto a Deku cuando vio al venado que habían cazado su tribu para la cena de hace varias noches. Tanto fue su drama que ni quiso comerlo cuando le ofrecieron y se fue a esconderse con su madre. Se enojó tanto con él por rechazarlo, ya que los habían cazado para festejar la última noche del verano, por lo que las cazas se iban a escasear para la llegada del otoño.

Pero ahora no estaba enojado porque ella lloraba, sino que se sentía raro por verla llorar. 

Pasa su mano por la cara y suspiro frustrado antes de regresar en sus mismos pasos.

—Te ves fea llorando, deja de hacerlo.

Ochaco lo vio sorprendida con los ojos rojos, por llorar tanto y con un moco saliendo de su nariz, que lo intento regresar.

—¡No seas asquerosa! ¡Límpiate la nariz! —se agacha para arrancar un pedazo de su pantalón y entregárselo a ella—. Diez.

—¿No que te estabas yendo? —dijo antes de sonarse la nariz muy sonoramente, por lo que arruga su propia nariz y la vio feo al presenciar eso muy cerca de él.

—Se dice gracias Katsuki, tonta ardilla.

—Ni sabia que te llamaban Katsuki —lanza el pedazo de tela lejos de ellos.

—Ahora lo sabes —junto sus dedos índice y pulgar para pegarle en la frente— ¿y por qué llorabas tanto? Juega con tus tontos amigos.

—Mis amigos no son tontos como ty —replica al sobarse la frente —pero no están aquí. 

—¿Y dónde están?

—Ellos están en mi pueblo que está en otro bosque.

—¿Y que estás haciendo aquí si no eres de aquí? —pregunto al sentarse en el suelo, ya que estaba cansando de estar parado. Al contrario, ella se fue a recoger unas flores de un arbusto cercano.

—Mis papás les gusta saber y aprender muchas cosas del mundo, por lo que viajamos mucho —cuando junto muchas flores, fue a sentarse frente a él y empezó a jugar con las flores—. Nos vamos a quedar por un tiempo antes de regresar a nuestro pueblo.

—¿Y por qué escogieron aquí? —se recarga sobre su mano, mientras que su brazo estaba recargada sobre su rodilla cruzada.

—Porque vive un amigo de mis papás en este bosque. Él vive solo y casi nadie lo visita, por eso lo venimos a nosotros. Deberías de conocerlo, es tan genial que te deja de dar miedo a los minutos de hablar con él.

—¿Y porque da miedo?

—Porque es un hombre-dragón. ¿Sabes que tan grande ese?s uno de esos que…

—¿Un hombre-dragón? —dijo sorprendido sobre lo que dijo Ochaco— ¿El monstruo es un hombre-dragón?

—¡Oye, no seas grosero diciéndole monstruo! —le pega en el brazo que se estaba recargando. 

—¡Pero no estoy siendo grosero! —decía mientras se sobaba el lugar golpeado—. En mi pueblo nos cuentan que hay un monstruo y que nunca vengamos de noche ya que nos comerá. 

—El señor Toshi no haría eso ya que come solo vegetales, bueno, nos dice que una vez al mes si come carne pero que le gusta más las zanahorias.

—¿Cómo los conejos?

Al pensar como un conejo enorme al supuesto “monstruo”, le pareció tan gracioso que empezó a reírse a carcajadas. Y no fue el único al pensar igual, ya que Ochaco también se estaba riendo igual que él.

La risa de ella era tan ruidosa pero dulce a la vez, que le oía oírla pero no se lo sabría nunca.

Cuando terminaron de reírse, se dio cuenta que ya estaba atardeciendo. Ya debía de regresar con sus papás antes de que anocheciera y lo regañaran.

—Mejillas.

—¿Qué? —le respondió concentrada con sus flores.

—Ya me tengo que ir.

—Pero… —alza la mirada para verlo con un puchero, pero al hacerlo, se da cuenta que ya es tarde, por lo que su puchero se hace más triste.

—Pero nada —se levanta y se sacude el pantalón en donde sentí tierra.

Él tampoco quería irse, quería seguir escuchando del pueblo de ella y del Monstruo.

Cuando senti que ya se habia limpiado, la miro. Ochaco lo observaba ya desde hace tiempo, manteniendo una cara triste.

Verla, le hizo sentir raro a su pecho que lo hizo sentir más raro a él. Por el poco tiempo de conocerse, estaba seguro de algo.

No le gustaba verla triste.

—Quita esa cara. Es como si no me vieras mañana —le dio la mano para ayudarla a parase.

—¿Vas a regresar mañana? —acepto la ayuda y se levanta. 

—Obvio, ya que me vas a presentar al Señor Conejo para ver si es tan grande como dices que es.

—Sisisisi, al Señor Toshi le va encantar la idea.

Sus alas estaban revoloteando rápido por lo emocionada que estaba.

—Antes de que se me olvide, toma, te lo doy. 

Había hecho una corona de flores. Estaba toda mal hecha que no sabia cómo se estaba manteniendo tal como estaba sin destruir. Así que con delicadeza, ella se lo puso sobre su cabeza.

—Te queda bien —dijo mientras se reía feliz.

Al verla mejor, su pecho se sintió cálido pero ahora con otro sentimiento raro, a diferencia del otro, este le gustó más.

 

ꕥꕥꕥꕥꕥ

 

Había un hombre deambulando por el bosque. 

Ya habían pasado años desde que se conoció a Ochaco y él. Doce años para ser exactos. 

No sabía que tan solo una persona podría cambiar completamente tu vida. 

El "monstruo" del bosque que le atemorizaba a todos los niños se convirtió en la persona más querida y respetada de la tribu, conviritiendose en un gran pilar de la comunidad al ayudar a todo aquel que lo necesita, un ejemplo es en enseñar todos sus conocimientos acumulados de décadas de existir en el mundo, que ha aportado a la tribu a ser más prospera avanzada. 

Y también estaba Ochaco, que siempre lo visitaba una temporada al año y se la pasaban horas y horas, incluso hasta días, juntos antes de decirse un hasta luego. Oirla contar todas sus historias, lo hizo emocionarse más por el futuro que le esperaba al descubrir por él mismo, pero más si ella estaba con él. 

Esperar a que Ochaco regresara era menos doloroso que despedirse de ella cada vez que tenía que regresar a su pueblo o ir a otro lugar desconocido con sus padres. En él, creció el miedo con cada despedida fuera la última al verla, tanto si fuera porque le sucediera algo en sus viajes, o peor aún, que no quisiera volver. 

Le costo mucho tiempo de reconocer sus propios sentimientos hasta que se los manisfesto en una discusión que tuvieron el año pasado. Y no era el único que tenía temores como esos, ella confeso que cada vez que se iba tenía miedo que cuando ella regresará todo fuera diferente, que él dejaría de esperarla y que ya no quisiera pasar tiempo con ella o que un día el se fuera a descubrir el mundo, dejándola atras. 

Esa fue la primera noche que durmieron abrazados, para que el siguiente día empezarán a platicar sobre su vida juntos. 

Habían acordado que esperarían a que comenzara la primera primavera en el que los dos fueran adultos para poder comenzar su propio viaje.

La plática que tuvieron con sus padres fueron muchas lágrimas y advertencias dadas, estás últimas siendo más de su madre, que por lo menos debían de mandar una carta informandoles que estaban sanos o sino ella iba ir en persona por ellos. 

Ya solo faltaba encontrarse. 

Le taparon los ojos repentinamente, pero no se sorprendió en nada. 

—Adivina quién soy. 

—Una Ardilla regordeta —recibió una patada en la espalda—. ¡Ouch! ¡Que violenta eres! 

—Intenta otra vez. 

—Mejillas Rosadas — se quitó las manos de los ojos y se dio la vuelta. Ella estaba haciendo un puchero cuando se vieron. 

—¿Por qué tienes que ser grosero? —Ochaco lo abrazo de los hombros mientras aún volaba para mantenerse de la misma estatura. 

—Pero te queda bien —le pellizco las mejillas antes de abrazar su cintura. 

—¿Que te cuesta decir mi nombre? —le pegó la cabeza. 

—Entonces, ¿que te parece Cara de Luna? 

—Me gusta más —le da un beso rápido en los labios—. ¿Estás listo? 

—Desde siempre —sonríe con arrogancia. 

—Antes de irnos, ¿me prometes algo? —se aleja un poco de él para mantener algo de distancia entre los dos. 

—Sabes que no puedo dejar de decirte Ardilla o Cara Redonda. 

—No eso, otra cosa. 

—¿Que? —frunce las cejas desconcertado. Se muerde el labio inferior y sus alas revolotean, indicios que está nerviosa e indecisa si decirlo o no—. Ya, escúpelo. 

Suspira resignada para inhalar aire para retomar seguridad. 

—¿Prometes que no te irás de mi lado? 

—Sin duda alguna. 

La toma de las mejillas que tanto adora para plantarle uno de los tantos tiernos besos que piensa darle hasta cansarse, que el jura que nunca lo hará. 

 

ꕥꕥꕥꕥꕥ

 

Había una vez un niño que perdía su tiempo deambulando por el bosque sin saber que encontraría a su hada especial. 

 

Notes:

Espero de verdad que te haya gustado.

Y pido perdón por tardar en terminarlo y hacerte creer que no ibas a recibir nada
(;´༎ຶٹ༎ຶ`)