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Condenado & Verdugo

Summary:

SPANISH:

La guerra entre Asgard del Norte y Asgard del Sur enfrenta a los campeones de cada ejército: Siegfried de Dubhe Alpha y Loki de Sköll.

Uno de ellos termina como prisionero, sentenciado a muerte. Diez días para purificarse y sacrificarse a los dioses. Pero los dioses son crueles.

Notes:

La pareja surgió en el rol, como muchas crackships. Asgard del Norte y Asgard del Sur son creación mía para poder unir a los personajes de Saint Seiya La Saga de Asgard y Saint Seiya La Batalla de los Dioses en un viejísimo foro dedicado exclusivamente a la Saga de Asgard con un ambiente más vikingo a cómo lo plantean en la serie.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La guerra había terminado y todos los guerreros del Norte entrábamos triunfantes al Palacio de Dolbare quien había injuriado la dote de los dioses anunciando que él era el verdadero representante de Odín, había terminado en una humillante derrota.
Hilda de Polaris se mostró misericordiosa con los sobrevivientes, más la traición estuvo presente hasta la más oscura de las horas cuando uno de los subordinados de Dolbare, cometió un crimen contra él, asesinandole de forma cruenta. A ese traidor le habían dado la pena de Muerte a consecuencia de ello: Al comandante de las fuerzas armadas del Sur. Loki, al que llamaban el Lobo de Garm.
A cumplir las órdenes de ejecución, fue enviado para encarar al acusado: Siegfried Dubhe Alpha quien era el único que podía contener la fuerza de aquel hombre cruel. Como costumbre, a los condenados a muerte, se les prepara en una ceremonia para que sus muertes no sean deshonrosas. Para que sus almas no sean tragadas por Hel, y llevadas a la desdicha eterna.
Aún si Loki había sido vencido, tenía derecho a ver a sus ancestros y presentar sus respetos ante el padre Odín.
Los guardias del calabozo del palacio le condujeron hasta las celdas dónde los guerreros vencidos yacían esperando su juicio.

—Es la última celda, Capitán. La que está más apartada de la luz. — Dijo uno de los soldados mientras bajaba las escaleras.

Dubhe podía oír la humedad filtrarse en las rocas del castillo y caer haciendo eco al golpear con el suelo frío en forma de gotas de agua. Escuchó algunos gemidos. Había hombres heridos dentro de las celdas. No tardarían mucho en morir.
Siguió caminando, dejando oír sus pasos metálicos hacer más ruido que las gotas que se filtraban y caían. Avanzó lentamente hasta llegar al final, dónde la luz era completamente ausente.

—¿Eres tú, Loki de Garm? — preguntó, asomándose apenas sin inclinarse demasiado para no aparentar ser curioso. En respuesta oyó un gruñido gutural que le hizo estremecer y que le obligó a pensar que quizás era realmente un lobo y no un hombre lo que yacía encerrado.

Su mente trataba de resolver el enigma, cuando unos brillantes puntos verdes aparecieron entre la oscuridad y se levantaron para aproximarse a las rejas. Pudo ver que esos puntos, casi se alzaban a su altura y de pronto, sintió una humedad fría en mi mejilla.
Confirmado estaba, que no era un animal. Era un hombre y lo inspeccionaba, sacando el brazo de la celda y verificando si era real.

— ¿Eres un ángel? — el gruñido se volvió más suave y sus dedos fríos se templaron en el calor del rostro de Dubhe.
—¿Eres un hombre? — Preguntó de vuelta mientras intentaba ver más allá de su rostro en penumbras.
— Lo soy. ¿No lo parezco? —
— No logro verte entre la oscuridad. —
— Yo sí, y te conozco. Te he visto en la batalla. Me pregunto si eres hijo de las Valkirias. —

Siegfried tomó la mano de Loki y la apartó de su rostro. Bajó por un momento el rostro antes de suspirar y levantar la mirada de nuevo hacia esas luces verdes que parecían penetrar la carne y devorarlo.

— Soy Siegfried Dubhe de Alpha. Capitán del Norte y vengo a prepararte para la ceremonia antes de tu ejecución dentro de dos semanas.—

Loki aferra sus manos en las rejas y de pronto las lucecitas verdes desaparecen. El silencio se hizo profundo y de nuevo el sonido de las gotitas imperaron el lugar. Era lógico de pensar que una noticia así lo llenaría de desesperanza y tristeza. Cualquier hombre entraría en pánico. Pero este no era cualquier hombre.

—Jum… jajaja… ¡JAJAJAJAJA! — Pero el pánico no se presentaba en forma de risa descontrolada.
—¿Encuentras gracioso el enterarte de tu ejecución? — Le preguntó esperando su respuesta que tardó en llegar al intentar calmar su carcajada.
—¿Ejecutarme? No, no lo harán. — dijo con toda seguridad. —Ya lo verás —.

Después de eso lo oyó retroceder y aunque el brillo verde ya no estaba, Siegfried sentía como si le mirara fijamente.
No sabía si eso había sido un encuentro con un hombre o con algún espíritu de la guerra.
Salió de ahí, más extrañado que nunca. Por un momento, sintió la pesadumbre sobre sus hombros, la responsabilidad que recaía en sus manos de quitarle la vida. Era la primera vez que sentía duda en matar en nombre de aquella región enemiga.
Al día siguiente, se celebraría el primer día de los diez, dedicados a la purificación. Dubhe tenía que presenciar el tratamiento que le darían al Lobo de Garm y estar al tanto de su condición.
Llegó al Palacio vistiendo su armadura, ondeando la capa que lo protegía del clima en las mañanas cuando la temperatura era más despiadada.
Caminó atravesando los pasillos largos e interminables del palacio para llegar al salón central mientras miraba el patio interno dónde se encontraban varios guardias reunidos alrededor de alguien que parecía ser uno de esos nuevos guerreros que recibía entrenamiento.
Pero de pronto sintió una mirada siguiéndolo y al voltear, le pareció ver a los lejos el brillo verde de su mirada. Dubhe se detuvo casi de inmediato, viendo que no era ningún novato y buscó las escaleras más cercanas que le llevaran al patio central. Desde el tramo recorrido hasta llegar frente a él, sintió su mirada clavada sobre él.
Al fin, a la luz del día pudo verlo mejor. Estaba sucio y aún tenía sangre embarrada en su rostro, aún después de varios días de haber acabado la guerra. Algunas de las manchas eran recientes y supuso que los soldados se habían propasado al golpearlo.
Se dispuso a llamarles la atención cuando notó que eran sus propios soldados los que estaban golpeados brutalmente y no el Lobo de Garm.

— Deberías darles un entrenamiento más recio, angelito. — dijo mientras escuchaba una risita burlona. Tan sólo volteó para encararlo y mirarlo con severidad.
-—Te recuerdo que eres nuestro prisionero y debes abstenerte de decir ciertos comentarios. — Dubhe le llamó la atención mientras tomaba su capa y se la entregaba para cubrirle. Sus últimos días no debían ser una pesadilla para él.
—Es el primer día, Loki de Garm y lo primero que debemos hacer es darte un baño si quieres llegar ante tus ancestros de manera correcta. Sígueme. —

Lo guió hacia el interior del Palacio mientras los soldados lo vigilaban para evitar que atentara y pusiera en peligro a su capitán. Loki se mantuvo tranquilo mientras lo llevaban al balneario interior.
A diferencia del resto del Palacio, el balneario era bastante iluminado con pequeños pozos de fuego y antorchas y herméticamente cerrado para impedir que pasara el aire frío. Ahí se realizaban los baños sagrados de purificación y hoy, Loki de Garm, se prepararía para los ritos de sus últimos días.

-—Desvístete.— Le ordenó mientras daba instrucciones de que abandonaran el lugar. El rito sólo podía ser realizado por el Condenado y el Ejecutor. — A partir de ahora, tú y yo seguiremos el ritual hasta que hayan pasado diez días. Lo que suceda aquí, aquí se queda. Yo seré guardián de tus últimos secretos y a la última persona que verás en esta vida. Así lo ha ordenado mi señora Hilda de Polaris. —
—Que conveniente para mí— Pronunció en voz queda mientras lo miraba, de nuevo con intensidad.
—¿Podrías dejar de hacer eso? — Le dijo, pero él sólo le sonrió socarronamente.
—¿Dejar de hacer, qué? —
—De mirarme así, como lo haces. —
-—No entiendo— Dijo mostrando de nuevo su sonrisa, sabiendo perfectamente a qué se refería.
—¿Acaso no te atemoriza el hecho de que esté preparándote para cortarte la cabeza? —
—No. Porque sé que no harás tal cosa.—
—¿Cómo estás tan seguro de ello?— Un momento de silencio mientras Garm miraba el agua y dejaba caer las prendas manchadas para meterse al agua.
—Tan seguro como que te miro en estos momentos, tan seguro como que te pongo nervioso y más ahora que estamos solos—.

Siegfried parpadeó un par de veces manteniéndose serio, sin decir ninguna palabra. No sabía si lo que le decía era un broma, o de doble sentido, o lo que fuera.
Caminó por el borde de la piscina mientras lo veía entrar al agua perfumada con aceites y esencias, y quitarse la mugre de la batalla con lentitud.
Tendría que vigilarlo durante 10 días, desde el baño hasta la hora en que tuviera que dormir.

—A partir de hoy se te asignará una habitación de la que no saldrás a menos que los ritos lo requieran. Supongo que sabes cual es el procedimiento de los rituales—.
—Por supuesto, realicé varias veces los rituales cuando yo era el comandante del Sur. — Garm contestó sin mirarlo, con la frialdad que Siegfried siempre esperaba escuchar de él. Por ese momento sintió alivio, pero poco duró cuando Loki salió del agua.

Tomó el manto blanco con el que debía envolverse y se lo entregó. Pero al dárselo, la mano de Loki sujetó la de Siegfried, jalandolo para que fuera él quien le colocara el manto.

—Por lo tanto, sé que en el procedimiento pueden darse muchas cosas. Los secretos del condenado no deben revelarse, su última voluntad impera en los últimos diez días. A excepción de la libertad y de evitar su muerte. Pero su deber, para purificarme es servirme a fin de cuentas. — Sujetó más fuerte la muñeca de Siegfried mientras él oponía resistencia.
—¡No entiendo! -
—¡Por supuesto que entiendes!— Lo jaló nuevamente, esta vez tomándolo de la cintura, pero Siegfried terminó por empujarlo y haciéndolo resbalar en el borde de la piscina para que cayera de espaldas al agua nuevamente.

Siegfried dejó el manto blanco y el cinturón de plata en el suelo y fue a pararse lo más lejos de él maldiciendo al aire por el atrevimiento del Lobo de Garm. Lamentablemente, no podía dejarle solo y huir de la escena.
Nada más sucedió durante ese día. Todo transcurrió normal, y su comportamiento fue frío, aún cuando estuvieron solos en la habitación preparada para Loki.
Al fin se libró de Loki cuando cayó dormido y Dubhe pudo ir a su ronda junto con Syd de Mizar, su más fiel compañero de armas y amigo de la infancia. Más aún siendo el más cercano a él, no contó nada de lo que había sucedido ese día en el balneario. Eran secretos sagrados que el ejecutor se llevaría a la tumba.
Esa noche pensó en lo cerca que estuvo de Loki y se dio cuenta de que tal vez a la mañana siguiente no podría volver a mirarle a los ojos sin dudar por un momento.
Los días transcurrían lentos, apenas iban en el tercer día y Loki no había vuelto a intentar nada parecido a lo del primer día. Casi no hablaba y no le miraba como antes.
Siegfried se sintió estúpido, pues parecía que había perdido la atención de Loki a pesar de que Dubhe era al único que frecuentaba esos días.
Pero al quinto día sucedió algo, durante la presentación de la espada que usaría para cortarle la cabeza como otro de los pasos a seguir en los ritos.
Dubhe entró a la habitación, vestido con una túnica azul, ceñida con un cinturón de oro y con una espada en la mano. Hoy, Loki tendría que enfrentar su reflejo en ella, para poder enfrentar el miedo a la Muerte y pasar a la otra vida con honor.

—Aún faltan cinco días para mi ejecución. — Oyó que el tono de su voz. Loki volvía a ser el mismo de antes. —No me toleras por lo que veo.— Rió. El lobo de Garm parecía estar de buen humor hoy.
—Hoy es el quinto día. Tenemos que limpiar la espada de ejecución como lo indica la antigua tradición.— Le dijo Siegfried mientras se hincaba en la alfombra tendida frente a la chimenea.

Loki se sentó junto a él viendo como desenvainó la espada sagrada Recitaron los cantos en su lengua natal y le ofreció la espada para que la limpiara como dictaba la ley.

—Es irónico que una ley dicte que el sentenciado debe limpiar el arma con el que se le ejecutará.— Habló sin quitarle la vista a la espada mientras deslizaba el paño con la grasa para mantener el brillo de la espada.
—Si te soy sincero, pienso que quien escribió esa ley, estaba loco.— Siegfried tardó en darse cuenta de que estaba siguiéndole la corriente y siendo agradable con él. Lo notó al ver cómo le miraba sonriente, pero con una expresión diferente a las demás.

Se levantó al sentir que su estómago empezaba a revolverse y el calor hacía que sus mejillas ardieran. Se había sonrojado con alguien que estaba condenado a morir. Siegfried se dijo a sí mismo que era estúpido y cuando volteó, Loki estaba mirándolo, de pie, empuñando la espada contra su pecho.

—Loki, ¿piensas matarme y huir? — Todo aquello que creyó, se esfumó de inmediato. El arma que lo mataría, ahora apuntaba a su corazón. Vaya decepción.
—No huiré. Simplemente, voy a confesarte el mayor secreto que poseo. — Dijo con voz suave mientras que la punta de la espada se metía entre los botones engarzados de la túnica y los rompía, desgarrando la tela y dejando que su pecho se descubriera.

Siegfried se quedó completamente quieto, mirándolo, sintiendo que su respiración y su ritmo cardiaco aumentaba frenéticamente con tan solo ver sus ojos verdes que lo miraban de forma lasciva.
Bajó lentamente la punta de la espada hasta llegar al cinturón de oro, y con una precisión asombrosa, partió la pieza de oro de un tajo sin dañarlo siquiera.
Dubhe se mantuvo pegado contra la puerta, sin poder remediar que su cuerpo temblara. No por temor, si no porque era algo que estaba deseando, sin haberse dado cuenta antes.
La túnica cayó al suelo en retazos de tela y un ligero frío recorrió el cuerpo del capitán del Norte. La punta de la espada bajó de nuevo por su pecho a su vientre y fue reemplazada por el cálido toque de sus dedos.
Tan solo se oyó la espada caer al suelo de manera escandalosa mientras Siegfried sentía la calidez de Loki contra su pecho, y luego su respiración chocar contra su cuello, dejando a Dubhe ansioso de sentir sus labios en su piel.
Se mantuvo quieto mientras que su boca y sus manos comenzaban a darse un festín con la desnudez de Siegfried quien no pudo reprimir un gemido cuando sintió una mordida en su cuello y las manos aprisionando sus brazos con fuerza para arrastrarlo hasta la cama dónde lo empujó y Siegfried se dejó caer sobre ella, boca arriba.
El peso de su cuerpo no le fue desagradable y mucho menos el sentir los movimientos insinuantes sobre su cadera.
Tomó las manos de Siegfried y los guió lentamente entre sus cuerpos para hacerle sentir su sexo con los dedos. Siegfried nunca había tenido una erección tan fuerte como la que poseía él.
Pensó por un momento si la penetración sería igual de dolorosa que el ser atravesado con una espada.
Poco a poco, las caricias de Loki fueron deshaciendo las tensiones de Dubhe y alentándolo a contestarle, haciéndole rodear su cuello con sus brazos y sus piernas pegarse a sus muslos mientras su sexo comenzaba a frotarse deliciosamente contra el del capitán del Norte.
En esos momentos, no tenía noción de lo que hacía y aunque se arrepintiera después, nadie le quitaría el gusto de haber hecho esto.
Todo fue tan rápido. Por primera vez, Siegfried sintió que el día pasó pronto. Que las horas volaron entre sus brazos y le mostró un desafío al tiempo.
Más los minutos no los concibió al sentirlo entrar en él. Le parecieron largos en el momento, pero tan cortos al terminar que rogó por más y que no le dejara todavía.
Esa noche, Dubhe no regresó a casa, y al día siguiente no aparecieron en el ritual ni tampoco en la adoración a Odín en el Altar.
Ellos dos ya ejecutaban sus propios rituales en la cama. Todo el día, toda la noche sin pegar el ojo y sentían que aún tenían energía para seguir haciendo el amor.
Hasta que la mañana llegó de nuevo y se perdieron en el sueño, abrazados, cumpliéndole a Loki, su última voluntad de ser amado y dormir junto a alguien que realmente le quisiera.

—Supe que eras mi ángel, aún cuando intentábamos matarnos durante la batalla. De alguna manera sabía que si moría, sería por tus manos. — Le confesó mientras le apretaba con sus brazos contra su cuerpo, como si temiera apartarse de él. Esa vez, fue quizás la única en la que el Lobo de Garm se mostró vulnerable ante su enemigo.
Siegfried devolvió su sinceridad con caricias y besos. Tan solo les quedaban escasas horas para no volverse a ver nunca más, hasta encontrarse juntos en el Valhalla… O con Hel.
Y así fue. Los días volvieron a transcurrir, y de la alegría que tenían al quinto día, al noveno parecía haberse desvanecido.
Fue la última vez que estuvieron juntos, compartiendo la cama, amándose con desespero. Esa noche Siegfried lloró en sus brazos pues la idea de perderlo ya no la toleraba y más siendo él su verdugo.
La mañana llegó, mostrándose oscura, nublada, neblinosa como si fuera reflejo de lo que Siegfried sentía en ese momento.
Hagen y Mime lo vistieron para la ocasión. Afuera, bajo la lluvia helada y matinal las voces de la muchedumbre, pedía la sangre del traidor.
Bajo el castillo, Loki pasaba a solas sus últimos minutos en la fría celda en la que había sido encerrado al principio.
Sumido en la oscuridad se permitió quebrarse y llorar hasta el hartazgo.
Hilda se negó a presenciar el acto y se mantuvo encerrada junto con su hermana Flare en el salón del trono, lamentando no poder hacer nada para perdonarle la vida al capitán del Sur.
Se mordía el dedo con ansiedad, afligiéndose por tener que sacrificar una vida para calmar al pueblo y hacerles sentir seguros nuevamente. Era absolutamente necesario.
En ese momento, la muchedumbre se volvió enérgica, insultando, maldiciendo, condenando al hombre que estaba siendo llevado a ejecutar, vestido con los harapos con los que había sido capturado.
Fue empujado por las escaleras a subir a la tarima preparada para su ejecución y la gente parecía no calmar su odio aún habiendo sido purificado para morir con honor.
Uno de los sacerdotes de Odín dirigió unas plegarias al dios tuerto pidiendo que su alma sea llevada a dónde el juicio de los Ases le indicaran.
En ese momento, Siegfried apareció, con ojos ensombrecidos. Debía mostrarse duro, frío, sin remordimiento. Era un enemigo el que moriría hoy.
Loki no le miró en ningún momento. No le podía desconcentrar de su deber.
La ejecución sería rápida. Atravesarle el corazón y cortarle la cabeza después para exhibirla en la Plaza mayor de Asgard, como ejemplo de lo que podría suceder a quienes se levantaran contra del reino.
Dubhe tomó la espada, desenfundándola y caminó hacia Loki que le daba la espalda y se mostraba de frente ante la chusma alborotada.
Siegfried apretó los dientes y tragó saliva. Verle, dispuesto a morir le causó una aflicción terrible y no pudo evitar soltar un gemido de dolor.
En ese momento, empuñó fuerte la espada, dándose la vuelta y matando a los soldados que resguardaban la tarima, para evitar cualquier intento de escape de Loki.
Nunca contaron con que fuera su mismo capitán, quien los masacrara.

—¡Loki!... ¡Huyamos! ¡Vayámonos lejos! — Gritó Siegfried mientras le lanzaba la espada para defenderse.

Loki abrió los ojos sin poder creer lo que Siegfried había hecho, pero sabía que no podrían ir muy lejos.
Siegfried golpeó a otro soldado quitándole su espada y al voltear para ver a Loki y sacarlo de ahí, sintió que un frío doloroso le atravesaba el pecho. Levantó la mirada mientras su boca exhalaba el vapor de la poca calidez que tenía su cuerpo y miró a su asesino a los ojos.
Loki lo había atravesado con la espada ritual dándole una muerte inevitable.
El cuerpo de Siegfried cayó y toda la muchedumbre pareció desaparecer en ese momento.
Hubo un gran silencio, a excepción de las pesadas armaduras que chocaban unas con las otras para rodear la tarima.
Ningún otro Guerrero Divino, se le puso enfrente. Tan solo los soldados que le apuntaron con sus lanzas para cuidar que no intentara algo más.
Loki volteó y les mostró un rostro frío, muerto de emociones como solía hacerlo en batalla y les saludó mostrando su respeto al ejército que lo rodeaba como solía hacerlo antes de atacar y masacrar sin restricciones.
Les retó con una sonrisa cínica, y ofendidos, los soldados atacaron, esperando enfrentarse en una cruenta batalla, pero solamente vieron como Loki soltó la espada, dejándola caer al suelo, para dejarse atravesar por las lanzas que lo embistieron hasta que su cuerpo se desplomó en el suelo.

Loki sintió que su cuerpo perdía temperatura y el frío fue el más terrible que hubiera sentido.
Sentía como la sangre brotaba a borbotones de sus heridas y su boca y así, agonizando, se estiró tratando de alcanzar la mano de Siegfried.
No quiso irse sin él, pero sabía que tampoco iban a poder escapar juntos.
Sonrió con lo último que quedaba de su fuerza al ver que estaba tan cerca de sujetar su mano, pero a escasos centímetros, la mano de Loki dejó de moverse.
La sonrisa de Loki desapareció, al igual que el brillo de sus ojos. Sus pupilas se dilataron y poco a poco, sus labios se tornaron pálidos.
Ya no había aliento, ya no había latidos.

Loki de Garm y Siegfried de Dubhe habían muerto, juntos.

Notes:

Este fanfic tenía dos versiones. Una donde sobreviven y huyen juntos, y esta donde ambos fallecen. Sólo pude rescatar esta versión y la otra se perdió en la purga de mi@rroba T-T