Actions

Work Header

El Año en el que Bebimos del Peligro

Summary:

Siegfried confiaba en su eterno compañero, Syd de Mizar, hasta que descubre que no es quien él creía, durante el cumpleaños de Tholl.

Notes:

Otro fic mío que rescaté de un viejo foro y que ando salvaguardando aquí.

Work Text:

Hubo una vez, en las lejanas patrias nórdicas, un país cuyo héroe era admirado por ser el inmortal y valeroso capitán del ejército Asgardiano, Siegfried Dubhé de Alpha. Con sólo verle, se enaltecía el corazón de los pueblerinos y todos alababan con cantos y alabanzas su poder.
La misma representante de Odín, Hilda de Polaris, apreciaba a este mítico héroe, tanto que le empezaba a preocupar su constante seriedad.
Había, cercano a él, otros seis guerreros que podría decirse, eran los más cercanos a él por trabajar en el palacio, pero ninguno tan cercano como Syd de Mizar.
Ambos eran serios y siempre hablaban de cuestiones militares. Caminaban por los pasillos verificando puerta por puerta la seguridad del palacio y ambos parecían dos estacas de hielo deslizándose con gracia por los suelos encerados de castillo.
Al menos, la mayoría creía eso.
No fue hasta el día en el que Siegfried se topó cara a cara con Alberich de Megrez.
Absolutamente solos en el castillo, mientras Siegfried se preguntaba dónde estarían los demás.

— Están en la taberna, celebrando el cumpleaños de Tholl y ya sabes como es él, le gusta beber.— Alberich le explicaba al notar el gesto cuestionante de Siegfried.
— ¿Perdón? ¿En un cumpleaños dices? — Siegfried preguntó mientras escudriñaba los ojos de Alberich. — ¿Beben en horas de trabajo? —

Alberich lo miró mientras pestañeaba. Ya sabía que Siegfried se enojaría por el hecho de ellos se están emborrachando en vez de permanecer en sus puestos.

— Al menos, sé que Syd andará patrullando las calles.— Se encogió de hombros. Su amigo jamás le fallaría. Le creía tan serio como él.
— Yo que tú, iría a ver, Dubhé. — Le sonrió malicioso a Siegfried mientras le daba una palmada en el brazo y seguía su camino hacia la biblioteca.

Siegfried se quedó espasmódico tratando de procesar lo que Alberich le había dicho.
La Taberna era el lugar al que Tholl solía ir con frecuencia, ¿Dónde más se irían a esconder esos flojos sin vergüenzas?
Claro, Syd seguramente fue a sacarlos de ahí para decirles que vuelvan al trabajo. Su amigo no podía ser de la misma calaña que Phenryl y su hermano Bud.
Para cerciorarse de esto, Siegfried dejó por un rato su puesto y fue a buscar a su compañero por si necesitaba apoyo.
Salió del palacio, muy campante con su fiel percherón bajando por la senda que llevaba hasta el pueblo y de ahí a su destino: La Taberna.
Desde seis casuchas atrás oyó el barbullo y la música, el claro sonido de la voz de Tholl y todos cantando “Feliz Cumpleaños, Compañero''.
Dubhé hizo un gesto de hastío al oír las canciones tan rítmicas que querían invadir sus oídos, pero que, por su misma disciplina no dejaba que le envolviera.
Se acercó sigiloso a la taberna, entrando para darles una desagradable sorpresa, reprenderlos y llevarlos de regreso al Palacio.
Pero fue en un segundo cuando se oyó como una cuerda de cítara se reventaba y volvía toda la armonía en un desentono chirriante.
Siegfried se quedó estático viendo como la cerveza resbalaba del cuello de su fiel compañero, Syd, celebrando una contienda contra Bud de ver quién bebía más.
Sus miradas se cruzaron fugaces y Siegfried se llevó una mano al corazón sintiendo como se le partía en dos.
¡SU AMIGO! El hombre más confiable en la faz de la tierra, bebiendo a sus espaldas en hora de trabajo junto con toda esa chusma de irresponsables.

— ¡AAAAAH! ¡TRAIDOR! — Siegfried perdió toda noción de cordura y se abalanzó contra Syd tomándolo del cuello y arrastrándolo hacia fuera de la Taberna ante los ojos sorprendidos de todos.
— ¡SIEGFRIED! ¡Ughn! — Syd sintió su cuello ser apretado con saña, mientras él trataba de liberarse jalandolo de las muñecas.

No fue hasta que Siegfried lo alejó de todos ellos, encasillándolo contra una pared de madera sólida bajo la nieve que caía suavemente sobre sus cabezas.
Syd levantó la mirada y vio en los ojos de Siegfried, decepción. Pero los efectos del alcohol solamente lo hicieron portarse impertinente.

— ¿Vas a llorar? ¡JA! Deberías probar el aguamiel que sirven ahí, es exquisito, amigo — Le dijo dándole una palmada en el brazo, pero Siegfried alejó su mano con un fuerte manotazo.
— Te creí decente y serio. Creí que compartíamos un lazo especial por ser fieles a nuestro deber, pero ya veo que no... el vino te ha trastornado.— Le dijo mientras Syd iba levantando la cabeza en una pose arrogante. La misma que tomaba cuando le ganaba en un partido de ajedrez.
-— Yo nunca fui como tú, Siegfried. Por si no te das cuenta, siempre he sido así. Nunca te diste cuenta de las veces que me comportaba como los demás. Me gusta divertirme, también. No me conoces en lo absoluto.— Más que arrogancia, sonaba herido. De pronto los reproches brotaron como si miles de hormigas salieran de su hormiguero.
— ¿Quieres decir que me viste la cara todo el tiempo?— Dubhé preguntó.
— No era esa mi intención principal.— Dijo Syd bajando la mirada.

En ese momento, Bud salió cantando de la taberna, llamando a Syd. Los encontró tal y como se habían quedado y Alcor sólo levantó una ceja al verlos tan seriecitos, callados y muy cerquita.

— ¡Tú, Dubhé! te estoy viendo, andas queriendo noviar a mi hermano, pero si lo quieres, tendrás que luchar por él.— La borrachera le hacía ver cosas que aparentemente no eran. Levantó las garras en pose de pelea.
— Bud... tranquilo. No es nada de lo que tú crees.— Dijo Siegfried usando el tono imperativo que siempre tenía. — Guarda tus garras que no voy a rebajarme a intercambiar golpes contigo. —
— Tienes miedo... ¡JA!— Se burló, Alcor. — Si te crees digno de él, entonces tendrás que demostrarlo. —
— ¡Te voy a...!— Siegfried apretó los puños y miró con rabia a Bud. Estuvo a punto de acercarse y darle un par de patadas cuando algo cayó frente a él haciéndolo reaccionar y tomarlo entre sus manos antes de que tocara el suelo. Era un cuerno de aguamiel vacío que aún conservaba el calor de las manos de Bud.
— Me enfrentarás en una competencia de tragos, si ganas... no volveré a meterme en tus asuntos y Te podrás llevar a Syd de la parranda.— Le dijo Bud mientras se daba la vuelta con aire de soberbia y se dirigía a la Taberna.
— ¡Hecho! ¡De mí no te burlarás más!— Le gritó Siegfried, siguiéndolo hasta meterse a la taberna ante los ojos absortos de todos los presentes.

Murmullos y cuchicheos se oyeron en toda la Taberna hasta que la música empezó de nuevo. Syd entró detrás de Siegfried buscando donde ocultar su cara por todo lo ocurrido minutos antes.
Bud se aproximó a la mesa en la que estaban sentados anteriormente y jaló una silla ofreciéndosela a Siegfried y luego él jaló otra para sentarse con las piernas abiertas.

— ¡TRAIGAN LOS CUERNOS! ¡Habrá pelea! — Levantó los brazos alentando a todos a que se acercaran a presenciar la competencia.

No tardaron en oírse las sillas y las mesas arrastrarse, mientras las aclamaciones y apuestas ilegales comenzaban a correr por el lugar.

— Los arrestaré a todos cuando acabe.— Hizo el comentario entre dientes al verse rodeado de la corrupción más rastrera de Asgard.

Syd se alejó de toda la chusma amontonada alrededor de ellos y se sentó junto al tabernero que limpiaba los vasos de madera. Pidió otro trago y no podía disimular el malestar que le provocaba el ver como había conducido a Siegfried hasta esa situación.
Los gritos y los silencios pausados se hacían presentes al comenzar la competencia. Syd no sabía tan siquiera, quién había empezado o el turno de quién seguía en estos momentos.
Tholl marcaba en una de las mesas de madera, con su gran cuchillo, la cantidad de cuernos tomados por cada uno de ellos, para contabilizar quién había bebido más y sin duda, apoyaba a alguno de ellos dos.
Los minutos pasaban y pasaban y Syd tomaba el reloj de arena dándole vueltas una y otra vez cada vez que se terminaba y lo hacía volver a empezar. Y a cada minuto, Syd se dejaba ver más y más hundido entre sus brazos hasta que al final su cara había desaparecido entre ellos.
En el centro de todo ese caos, se encontraban los duelistas, mirándose a los ojos sin perder la concentración.
Bud, a pesar de verse sólido como roca, dejaba ver su grado de embriaguez cuando trataba de agarrar algún cuerno lleno de aguamiel. Arrastraba su mano, tanteando con los dedos, empujándolos para ver si alguno pesaba más, para verificar si seguían llenos hasta que tomaba uno y lo acercaba a su pecho, eructando sin la más mínima finura.

— ¡BURP!— Y después del eructo, empinó el cuerno tomando el líquido amarillento que rebosaba y lo manchaba al no poder mantener el pulso.

Aún así, Bud parecía no rendirse, mientras que Siegfried estaba casi acostado sobre la mesa, dándole vueltas a un cuerno vacío, esperando su turno. Llegado el momento, se incorporaba con sumo trabajo y levantaba la bebida mirando el fondo con ojos adormilados y tambaleándose en la silla.

— ¿Sabesh...? Siiiempre penshé que eras mal mushasho... y no me equivoké... y tu hermano, siempre pulcro, siempre dishiplinado... ¡hip! Quien esh el que me hace desear levantarme cada día e ir a trabajá... ¡Y ya shé que no aguanto una mash! Si despuésh de eshta no me lewanto, habrásh ganado y...— Y en ese momento Bud empezó a caerse de lado hasta que desapareció de la vista de Siegfried y solamente se oyó un golpe seco en el suelo de madera.

La chusma se levantó pegando de gritos, intercambiando billetes y monedas de las apuestas y sacudieron a Siegfried por la mano vencida.
Syd levantó la cabeza al oír a la gente más alebrestada que antes y supuso que ya habían acabado.
Se levantó apenas y volteó hacia la gente amontonada hasta que de pronto, se hicieron a un lado, abriéndose cómo el mar rojo ante Moisés.
Syd suspiró lleno de pesar, esperando ver a Bud arrastrando a Siegfried hasta él para que ambos lo lleven a casa, pero de pronto, la melenita rubia y despeinada de Siegfried asomó entre la muchedumbre, caminando algo inseguro y tambaleándose por momentos hasta quedar frente a Syd.

-— He venncido... vámonosh...— Siegfried se tambaleaba y se portaba más autoritario que antes. Syd frunció el ceño y abrió más los ojos. Bud había perdido y ahora Siegfried creía tener derechos sobre él, como si hubiera sido una cosa que pasaba de mano en mano.

Apretó los puños y miró a Tholl, Hagen, Phenryl y a Mime que levantaban a Bud, que había caído rendido en el sueño del hidromiel. Miró de vuelta a Siegfried y dejó escapar un suspiro de enojo.

— Irás a dormir ahora, Siegfried. No regresarás al palacio en este estado. — Le dijo igualando su autoridad. Dubhé no tenía derecho a hablarle así estando borracho. Incluso a Syd se le había bajado el alcohol.
— ¡Vámonossss, he dicho! — Se frotó la cara y aumentó el tono de su voz. Syd le miró ahora, más indignado que antes.
— No.— Le contestó seco.
— Shi no vienesss, te arrassstraré como hace rato. — Se paró firme y sosteniendo su mirada.
-— ¡Ja! ¿Así de borracho? No creo que logres tan siquiera subirte a tu caballo.—
— Ah, ¿no? — Le preguntó mientras Syd negaba con la cabeza, firme y sin dudar.

Pero poco le sirvió el movimiento de cabeza cuando sintió un fuerte agarre en su nuca, jalandole y haciéndolo tambalearse. Sintió el olor a licor muy cerca y el calor subiendo de golpe como si acabara de tomarse de golpe un cuerno de licor de papa y más abrumado se sintió cuando el sabor del aguamiel se impregnó en su boca, producto de una fuerte beso que Siegfried le estaba dando frente a todos los absortos clientes de la taberna.

— ¡Mmph! — Gimió Syd, tratando de soltarse, pero Siegfried lo envolvió entre sus brazos, abarcando su cuerpo.

De nuevo se oyó un golpe seco detrás de Siegfried y fue a causa de la impresión, que Phenryl y Hagen soltaron a Bud dejándolo caer en seco contra el suelo.

— ¡Basta! ¡Basta! — Gritó Syd empujándolo. Siegfried lo miró a los ojos un momento que no duró mucho, cuando sintió las manos de Syd enredarse en su cuello y jalarlo para que lo besara de nuevo.

El escándalo se alzó en la taberna, pero para ellos, todo había desaparecido a su alrededor.
Syd había actuado, fingiendo su disciplina, tan sólo para estar cerca de Dubhé y él se había enamorado de Syd porque de alguna manera, sabía que Syd no era alguien que tuviera un corazón de hielo. O al menos, eso era lo que había esperado, pero jamás pensó que descubriría eso, de la manera en la que lo encontró en la taberna tomando los tragos con los amigos.

Y en el fondo de la Taberna, se oye la voz de trueno del festejado, Tholl de Phecda.

— ¡Ya! Paguen un cuarto y dejen de dar su espectáculo ¡Par de indecentes! —