Chapter Text
—Mata —ordenó Voldemort en pársel.
Se oyó un grito espeluznante. En un instante perdió la poca calma que conservaba, al mismo tiempo que abría mucho los ojos, cuando los colmillos de la serpiente se clavaron en su cuello; pero no pudo quitársela de encima; se le doblaron las rodillas y cayó al suelo.
—Lo lamento —dijo Voldemort con frialdad, y le dio la espalda. Unos segundos pasaron hasta que la serpiente le soltó. Se quedó tendido en el suelo, con las heridas del cuello sangrando mientras voldemort salió de la habitación sin mirar atrás, y la gran serpiente fue tras él.
Ya no podía hacer nada, su cuerpo no le respondía, se estremecía por el frío creciente de una muerte lenta. La guerra ahora encontrándose en la cúspide se tornaría oscura por la posible victoria de Voldemort. En unos minutos el dolor desaparecería, y no solo el físico sino el que lleva cargando por años: ese sentimiento de culpa.
Desde un comienzo cuando se unió a los mortífagos, y más aún cuando se convirtió en un doble espia fue consciente de que su muerte no sería por causas naturales, sabía que algún día sería asesinado, en batalla o en manos de Voldemort. Al final sucedió lo último.
Resignado cerró los ojos pero al instante sintió dolor por una presión en la herida abierta, entonces inmediatamente las volvió a abrir. El niño que vivió estaba ahí, siempre dispuesto a salvar almas en desgracia en cualquier circunstancia. A pesar de siempre estar sometido a atentados constantes contra su vida y crecer sin la acogida de sus padres; se mantuvo valeroso.
Aquello que decía Dumbledore era cierto, Harry tenía los ojos idénticos a los de su madre, tanto que, a través de ellos podía ver a Lily.
Las lágrimas salieron sin permiso, estar al borde de la muerte trae recuerdos del pasado y la suya siempre estuvo llena de desventuras a las cuales tenía que adaptarse y sobrevivir ¿en algún momento pudo haber cambiado ese destino? En su quinto año en Hogwarts definitivamente tuvo la opción pero jamás la tomó, por su propia cobardía y orgullo, hasta que fue demasiado tarde y solo pudo lamentarse.
Ahora su tiempo se hacía corto, ya no le temía a la muerte, no desde que Lily se fue, la única luz que le quedaba en su melancólica y resentida vida.
Y en último intento, reunió las pocas fuerzas que le quedaba, agarró al muchacho por la túnica y tiró de él.
—Cógelo… Cógelo… — dijo con un sonido áspero y estrangulado
Dejo salir aquella sustancia azul plateada, ni líquida ni gaseosa: recuerdos. Esa iba a ser su última ayuda a Harry para garantizar la victoria de una guerra que hace unos minutos creía perdida. El niño salió de su estupor cuando la señorita granger hizo aparecer un frasco y se la dio.
Cuando vio el frasco lleno hasta arriba lo miró y aflojó la mano con que le agarraba la túnica.
—Mírame… —susurró. Los ojos verdes y negros se encontraron y en un ultimo suspiro dijo —Tienes los ojos de tu madre — un mensaje muy superficial, pero con un significado que Harry comprendía: su madre siempre lo estaría acompañando.
La oscuridad se hizo presente apoderándose de su visión y mente, aligerando su cuerpo. Sintió como el peso de la culpa acumulado con los años, era liberado y se hundió en un vacío dejando atrás sus pesares como un profundo sueño. Lo que pensó sería una eternidad en donde en algún momento dejaría de estar consciente jamás sucedió. No transcurrió mucho tiempo hasta que sintió el olor a tierra mojada, y la calidez de los rayos de sol chocar contra su piel.
Abrió los ojos y lo primero que vio fue el cielo azul, ¿acaso estaba en el paraíso muggle que su padre mencionó tanto? Solía decir que ni su madre ni él llegarían a ver ese lugar porque ellos arderían en el infierno.
Dejando de lado sus pensamientos observó el panorama: un lago cuyas aguas serpenteaban un ligero movimiento y el atardecer reflejado. No muy lejos se podía oír el canto de unos pájaros. Era imposible que no reconociera la escencia del lugar: era el lago negro.
Todo parecía ser tan real, no podía ser un sueño, sentía la hierba fresca tocando sus manos, ahora mismo su mente era un lienzo en blanco sin capacidad de hacer siquiera una conjetura para satisfacer su inquietud
Sin saber que hacer busco algo, quizás a alguien, que le diera respuestas. Entonces a la distancia divisó una sombra negra. Reuniendo fuerzas para hacer que sus piernas se apoyaran en el suelo se levantó y se dispuso a acercarse.
Para su sorpresa aquel ser resultó en una total contraposición con su apariencia aterradora casi parecida a la de un dementor. Emanaba tranquilidad y una agradable sensación de paz como cuando te liberas de eso que llevas cargando días, meses, incluso años haciendo que tus pasos sean más lentos y no te dejan avanzar entonces te estancas y no sabes como salir.
Sus pasos, al principio dudosos, avanzaron hipnotizados por la sensación, anhelando sentirla más cerca y temiendo que desaparezca.
A pesar de la sensación de bienestar aun estaba dispuesto a satisfacer sus inquietudes, conocía el lugar, pero es imposible que esté sintiendo todo tan vívidamente sin estar vivo, tenía un sinfín de preguntas pero al final solo dijo — ¿Dónde estoy? —
— Severus, es un placer conocerte — La voz grave y profunda como uno se imagina que es la voz de la muerte hablo — los humanos al parecer tienen la necesidad de ubicarse en el espacio y tiempo, es curioso que eso sea lo primero que me preguntan—hizo una pausa—Todo esto es producto de tu conciencia — continuó hablando con voz serena — no hay mucha ciencia, o magia en tu caso, es más bien tu propia energía y la del universo unidas las que crean este lugar.
— Entonces ¿esto es lo que hay después de morir? — dijo mirando las aguas del lago
— en cierto modo sí —
— ¿Qué quieres decir? —
— Este lugar es la nada, el lugar que ves es Tu lugar, no es igual para otros. — dijo con calma — al no tener forma ni espacio tiene la capacidad de transformarse en el ambiente que más anhela el espíritu presente. Es un espacio para meditar y reflexionar sobre las lecciones aprendidas en todas tus vidas hasta que el espíritu esté listo y haya comprendido sus lecciones entonces solo así podrá renacer, pero claro, solo en El Lugar se puede recordar las vidas pasadas y cuando renacen lo olvidan. Así el ciclo continúa. — hizo una pausa— algunos se demoran más tiempo en renacer otros incluso no lo logran y guardan resentimiento, pero, cuando decido darles una nueva oportunidad, de vivos me temen con locura — soltó un suspiro — ¿crees que hago bien ofreciéndoles una segunda oportunidad severus? —
La pregunta le tomó por sorpresa pero aun manteniendo la calma respondió — No lo sé, ¿Por qué me preguntas eso a mi? —
Pienso que mereces una segunda oportunidad — le respondió
No sabía si tenía corazón o no pero algo en el interior de su pecho comenzó a golpear su cavidad torácica con gran intensidad. Por más que intentó decir algo no pudo, parecía que su lengua estaba pegada a su paladar al igual que el hechizo que creó.
—Hablas sobre vidas pasadas y que estando en este lugar se puede recordar… ¿Por qué no recuerdo nada? — se obligó a decir
—Contigo es diferente, tendrás una segunda oportunidad, pero no reencarnaras. — dijo con voz serena
—¿Por qué yo? no creo que sea la única persona que haya muerto hoy — hablo esta vez sin dudar
— Porque solo tu puedes hacer esto — la muerte podía ser muy manipuladora y sabía que había algo oculto entre esas palabras pero también estaba seguro que la muerte no le diría nada
—serás mi sucesor, el próximo señor de la muerte — vio cómo el ser se giró para observarle, sin embargo él no pudo ver más que oscuridad dentro de su característica capucha
—que pasa si me niego — no supo de donde pero reunió valentía para tratar de oponerse; tener una segunda oportunidad: imaginarse a sí mismo teniendo otro tipo de vida donde solo busque la paz y tranquilidad, resultaba tentador; sin embargo, no creía merecer aquello, además de no confiar en la muerte.
— Dime severus acaso no estarías dispuesto a pagar cualquier precio para salvar a tu querida Lily—golpeó su talón de Aquiles
— haría lo que fuera para salvar a Lily pero ya no está viva, no puedes hacer nada, tu trabajo es quitar vida no darla — respondió sin dudar
— Es cierto no puedo revivir pero si puedo devolverte a tu pasado — Sus sentidos se agudizaron, el viento acarició su rostro, rememoro los sucesos de su vida, los gritos, golpes, la culpa y el dolor que sintió, tomaron posesión de su cuerpo debilitando y al instante cayó al suelo, todo en el comenzó a temblar, lo que la muerte le dijo, en algún momento era lo que tanto había querido escuchar, pero ahora que su turno en el juego de la vida había llegado a su fin y tenía que volver quizás al inicio de todo, no quería hacerlo de nuevo.
Quizás fue como su rostro se llenaba de paranoia que la muerte con sus manos aun dentro de sus mangas tocó su cabeza y el dolor, miedo y culpa se alejaron de su mente reemplazado por momentos en donde él y su madre sonreían, lily llamándole a la distancia con sus ojos esmeraldas llenos de vida. La muerte le pudo mostrar luz en medio de su oscuridad. Aunque muy en el fondo realmente deseaba escapar de todo su pasado, pero al ver a las personas que le dieron motivo a su vida, le abrió un nuevo camino que no había visto, hacer todo de nuevo pero hacerlo bien; el bienestar de Lily y su madre ahora serian su prioridad. Por primera vez en años sentía esperanza, todo podría mejorar.
—bien, lo haré— habló con decisión
—ahora te diré que es lo que tendrás que hacer para ser el señor de la muerte— dijo la muerte dándole la espalda para observar el lago — Harry Potter estuvo a punto de ser el nuevo señor de la muerte, pero nunca llegó a hacer uso de los tres objetos al mismo tiempo, al igual que Albus Dumbledore que no era el verdadero dueño de la capa de invisibilidad por lo tanto tampoco hizo uso de los tres objetos por eso al volver a tu pasado debes reunir las reliquias, ese es tu trabajo—
—entiendo, pero hay un problema…— se tomó su tiempo para hablar, frunciendo el ceño recordando al insoportable de Potter — yo tampoco soy dueño de la capa de invisibilidad
—lo serás — dijo la muerte
Quiso refutar pero antes de que pudiera hablar la muerte se adelantó
No confiaba al cien por ciento en la muerte y aún tenía dudas de cómo lo haría, pero si se le ofrecía la oportunidad de salvar a su familia lo haría, además ¿Qué podría perder? Ya no tenía nada que le importara.
—Antes debes saber de algunas cosas, Severus, solo te devuelvo a tu pasado no es otra vida es tu pasado; sin embargo, podrás cambiar cuanto quieras, pero recuerda que esos cambios afectarán los resultados que ya conocías, lo que sí o sí tendrás que poseer son las reliquias, teniendo eso en cuenta existe solo una cosa que no podrás cambiar—
—¿Qué es? — Temió lo peor
—La fecha de tu muerte —Un alivio recorrió su cuerpo, aquello no era un gran problema, el tiempo que se le es dado es suficiente para poner las cosas en calma y garantizar un futuro próspero para Lily y su madre, cuando llegue el momento se podrá ir tranquilo.
—Entiendo, estoy listo— dijo, apretando sus manos en un puño para detener el ligero temblor
— Bien ahora dime a qué edad quieres regresar — habló aquel ser oscuro.
— 7 años — dijo después de un rato
A esa edad le daría tiempo en idear un plan para derrotar a Voldemort y conseguir las reliquias, además evitaría que Lily fuera secuestrada, aunque en ese secuestro es en donde se manifestó su magia por primera vez, pero no importaba si le podía evitar el trauma a Lily.
Aún recuerda lo nerviosa y paranoica que se puso al recordar ese momento.
El ser encapuchado dibujo unas runas en el aire para luego murmurar “renatus” y una especie pulsera negra envolvio sus muñecas, liberando humo negro que nublo su vista
Una ráfaga de aire entró por la ventana, erizando sus vellos. Abrió los ojos encontrándose con la madera mohosa del techo. Se levantó de golpe rememorando lo que vivió entonces sus ojos deambularon por la habitación hasta asentarse en la ventana que mostraba la atmósfera gris de Spinner 's End resultado del humo de las fábricas. Con el corazón acelerado se dirigió al baño de su habitación.
Antes de lograr verse en aquel espejo roto por las esquinas, cerró sus ojos de golpe, su corazón palpitaba con fuerza dentro de su pecho y el aire le empezaba a faltar, sus sentidos se agudizaron y solo podía escuchar el sonido de su corazón confirmando que todo era real. No estaba listo. Todo era demasiado abrumador, el ataque de pánico se apoderaba de su cuerpo, pero quien no tendría un ataque de pánico al saber que aceptaste la propuesta de la misma muerte y por eso este te envió a tu pasado para cumplir una misión, cualquier hombre hasta el más sabio y sereno se derrumbaría a causa de la ansiedad del no saber si todo iba a funcionar o saldría peor.
Respiro profundo antes de armarse de valor entonces abrió lentamente sus ojos, y ahí estaba, su yo de 7 años reflejado en el espejo, sus ojos negros sombríos; su piel blanca pálida, cual porcelana, era agradable verla a diferencia de la piel cetrina que tendría en un futuro a causa de una mala salud; su nariz la encontró diferente, vio la ligera torcedura con la que nació pero aún no la tenía prominente. Recuerda que eso es algo que adquirió al ser empujado por su padre por las escaleras a los 11 años, cuando este se enteró sobre la carta de Hogwarts. Después vio su cabello negro y grasoso dado por la mala alimentación que tenía, siempre fue asi.
Mientras contemplaba su reflejo, la voz que tanto había extrañado aclamo su nombre
— Severus, Severus donde estás — sonó la voz hasta entrar al baño.
En el reflejo del espejo vio a su madre, aún mantenía su juventud y el aire jovial, aunque un poco apagado por los años de desgaste que seguro tuvo desde que él nació.
Recordaba que los golpes llegaron cuando entró a Hogwarts, pero los gritos y las constantes peleas entre sus padres siempre los escuchó desde que tuvo uso de razón.
Su padre era distante con él y con su madre, jamás recibió afecto de él y siempre lo miró en ese entonces con recelo, después de su carta de Hogwarts el recelo en su mirada cambió a ira y desprecio, la misma mirada que recibía su madre.
No sabía mucho acerca de la familia de su padre ni su niñez. Y lo único que sabía no porque se lo hayan contado sino porque lo dedujo es que eran cristianos devotos que interpretaban literalmente todo lo que contenía la biblia por lo que su padre encontraba lo que su madre y él sabían hacer como obras de satanás y los aborrecía. No era raro encontrar crucifijos pegados en distintas partes de la casa.
— …rus Severus, estas bien cariño — dejo de divagar y se centró en la voz que lo llamaba.
Volvió la mirada hacia su madre hasta encontrarse con aquellos ojos iguales a los suyos y con su hermosa sonrisa. Ya no pudo contenerse más así que se abalanzó a abrazar a su madre, las gotas saladas salieron de sus ojos hasta convertirse en cascadas, lloró realmente como el niño que ahora era. Con el corazón adolorido se aferró a la cintura de su madre mientras que ella le sobaba la espalda y le susurraba que todo ya había pasado y que todo estaba bien. Aquellas palabras tuvieron el efecto contrario al que se esperaba y la sensación de recuperar a alguien tan preciado que le había sido arrebatado inesperadamente y sin opción de despedida fue suficiente para que el sonido de su llanto y sus lágrimas aumentaran, realmente la había extrañado, extraño su voz, su sonrisa, su olor, su calor. Volvía abrazar a su madre y la vida retornaba a su cuerpo con un cálido abrazo
Pasó un largo rato después para que sus lágrimas se secaran y su llanto cesara siendo reemplazado por quejidos, mientras que su madre aún seguía sobándole la espalda para luego agacharse y abrazarlo correctamente, envolvió sus brazos alrededor de él tan fuerte que lo hizo sentir protegido, le devolvió el abrazo, se acurruco en su cuello para luego ser cargado mientras ella comenzaba a cantar para calmarlo dejando atrás el baño y adentrándose en su habitación.
Era un adulto en el cuerpo de un niño, pero no se sintió avergonzado, había desahogado su dolor y ahora se sentía mejor, su energía se revitalizó mientras sus oídos eran deleitados por el canto melodioso y suave que su madre le ofrecía.
Este momento tan íntimo entre madre e hijo era observado por Tobías que volvió porque había olvidado su abrigo; cuando entro a la casa fue directo a la habitación que compartía con su esposa y sacó su abrigo, pero en el proceso de irse oyó el llanto de un niño por lo que se acercó al cuarto que le pertenecía a su hijo. No se decidía en entrar para ver qué sucedía así que espero mientras seguía escuchando el llanto del niño, cuando estuvo dispuesto a irse oyó un canto entonces vio a su mujer cargando a su hijo que aún soltaba quejidos de llanto. Tenía los ojos rojos además de rasgos de tristeza en ellos. Sabía que la vida que ahora tenían no era la mejor, siempre peleando; estaba cansado, si, pero simplemente no podía evitarlo.
Cualquier pensamiento autocrítico fue despejado por la melodía del canto de su esposa, su voz era suave y armoniosa, nunca la había escuchado cantar; recordó la primera vez que se conocieron en aquel bar, ella tan jovial con su cabello y ojos negros que contenían un brillo y alegría contagiosa que estaban en perfecta sintonía con su piel blanca
Se preguntó qué es lo que estaba haciendo ¿Por qué todo tenía que ser así? sabía lo que Eileen era, una parte de él le decía que era la mujer que aún ama y debía aceptarla como era pero vivió durante 18 años bajo las ideologías de sus padres y cuando se fue de esa casa no dejo de practicarlas sólo por costumbre más que por fe pero aun así las ideas seguían ahí, metidas en su mente como un virus que le decían que ella era producto del mal y él mismo iría al infierno por involucrarse con el mal ¿y si Severus también era igual que ella? ¿Qué haría? Se sentía enfermo, sentía culpa.
Salió de su ensimismamiento volviendo a ver la escena de madre e hijo y su corazón después de tanto tiempo se volvió a sentir cálido y a la vez dolió, porque él sabía que no era bienvenido en esa unión.
Alejo su presencia del cuarto y salió de la casa.
