Chapter Text
Las palabras “te amo” no deberían ser algo que se deban rogar,
pues esas dos palabras no deberían suplicarse de parte de alguien a quien supones tiene aquellos sentimientos por ti.
El amor no debería ser algo que debas rogar a alguien que es tu pareja.
Mientras el joven castaño estaba en su habitación mirando a su teléfono, no podía evitar preguntarse “¿Qué había hecho mal?, pues estaba seguro de haber dado la dedicación necesaria a su pareja, incluso si tenía proyectos finales importantes daba su tiempo a pesar de necesitar estudiar con urgencia, algo de hecho, necesario en ese momento.
El tiempo estaba pasando tan lento como una tortura, dos días donde ningún mensaje de su pareja había sido recibido, apenas y había obtenido de su parte un “no me molestes” la noche anterior. Por supuesto que entendía que el estuviese ocupado o que necesitase su espacio, pero a pesar de eso se sentía tan abandonado, tan abatido y solo mirándolo de lejos aguardando a por un saludo o una leve mirada cariñosa, que en una semana entera jamás vio llegar.
No había si quiera tomado tiempo para limpiar su habitación que era su espacio de trabajo, hacer sus tareas pendientes, y ni se diga de estudiar, pues a pesar de estar tan cerca de terminar ese semestre y con buen tiempo para salvarlo, simplemente su mente estaba bloqueada falta de descanso, de consuelo, el cual podría tener con apenas alguna respuesta tan anhelada.
Analizando a los días anteriores se preguntaba, ¿Cuándo todo se desvaneció? Recordaba su relación con Víctor como algo que había rogado demasiado, incluso recordaba cómo había el mismo pedido el estar con él, siendo correspondido en ese primer tiempo tan maravillosamente que se sentía en el cielo, lleno de felicidad, amado como si dios, dioses o lo que fuese superior a los seres humanos lo recompensase por todo lo que había entregado a los demás en su vida.
Unas caricias suaves que ahora solo podía anhelar, soñar, desear en la soledad de una habitación desastrosa por el descuido de su propio ser. Era tan injusto, ¡había dado tanto por Víctor como una buena pareja debía hacerlo!, y a pesar de haberse esforzado en ello se encontraba abandonado, dejado de lado, sin siquiera una palabra, un saludo o apenas una mirada.
No podía entender simplemente como todo se había apagado de forma tan veloz, pues un día juraba una y otra vez que todo estaba bien, ellos estaban siendo la pareja tierna que debía ser, que el siempre quiso e incluso despidiéndose con un beso de aquellos en los cuales simplemente no deseabas detenerte, y al día siguiente hubo menos de ese cariño, cada vez menos hasta llegar a ese cero, lo que lentamente flagelaba su corazón, pero aún, ante todo, guardaba un deje de esperanza entre tanto sufrir.
¿Cuándo fue la última vez que su pareja lo había tratado siquiera con la más mínima cantidad de aprecio?, lo sentía tan lejano ahora que solo recordaba unas cuantas acciones en la borrosidad de la distancia, el tiempo era tan tortuoso que se sentía una eternidad, los minutos eran horas, las horas eran días, y realmente nada le garantizaba que fuese tan lejano de no ser por la conciencia del calendario, que le hacía regresar a la realidad, por al menos pequeños lapsus dentro de su aflicción.
—Un mes— murmuró en su soledad, tan pronto tuvo claridad para hacer el calculo de hace cuanto no recibía un trato digno de parte de aquel chico rubio, esperando como un perro aunque fuese una pizca de caricias de su dueño, y es que seguramente Wick, siendo su mascota realmente, no debía esperar tanto a ser acariciado o tener algo de cariño.
¿Acaso se trataba de su físico?, ¿ya no era atractivo?, ¿estaba siendo demasiado ruidoso, juguetón, entusiasta? Sentía su rostro con las yemas de sus dedos hasta llegar a su cuello, intentando averiguar de algún modo que era lo que estaba mal en él y que podía estar afectando a su relación con aquel que tanto seguía amando como el primer día.
Esperaba la culpa no fuese de algún un error estúpido como haber hecho algún comentario descuidado que pudiese molestarle, aunque aquello no era probable y tampoco había hecho nada para molestarlo, se disculpó varias veces incluso sin saber que había hecho mal.
Miró una vez más su teléfono esperando alguna señal de parte de quien consideraba su pareja, y a pesar de ver que su “adorado” estaba conectado no había ni una intención de ver sus mensajes o de darle apenas una respuesta, no había nada.
Fue en aquella soledad y en ese desastre, cuando se dio cuenta de que hacía demasiado tiempo lo estaba perdiendo, y al no saber la razón o el como enmendarlo solamente pudo llorar en esa soledad, su ahora, única compañera.
Al otro lado de la puerta escuchando cada uno de los murmullos y lamentos pausados y sutiles de Luca, se encontraba alguien quien ya había notado hace bastante tiempo esa decadencia en el joven con quien vivía, y por su parte, también no podía evitar lamentarse.
Apartándose en voz de su propio bien, los recuerdos nostálgicos empezaban a apoderarse de su mente, una escena y sonido tan familiar que hacia que su corazón se sintiese apretado, como si fuera a ahogarse, el sentimiento le asfixiaba.
No podía solo irrumpir en su habitación y hacerle razonar, ahora mismo lo más sano era dejar que el mismo estudiante expresara su dolor, que lo dejara salir, pues quizá con ello se haría más fácil que se diese cuenta en la situación en la que se encontraba. Ahora mismo recordaba bien cuando él quiso intervenir al ver al padre del universitario en la misma situación, destrozado por amor.
“Herman, no puedes seguir llorando por esa mujer, si no te corresponde es por que no te quiere, solo debes seguir adelante”
Esas fueron las palabras que había dicho hace una buena cantidad de años, recibiendo solo enojo y llanto en respuesta. Su compañero era un obstinado en mas de un sentido, desearía que aquella actitud hubiese sido solo en su trabajo.
Esas mismas palabras deseaba decirlas a Luca. Lo único que lo detenía era aquella experiencia anterior donde eso mismo había provocado el aferramiento del padre hacia su exesposa, el cual le llevó a una depresión de la cual sigue luchando.
¿En qué momento había empezado a llorar? Se preguntó Alva, poco después de notar una gota caída en la taza de café que se preparaba, simplemente era el miedo a que todo acabase de la misma manera asomándose, pues ya había visto al primer amor de su vida derrumbarse por una mujer ingrata, viendo de la misma manera sus posibilidades de ser correspondido reducidas a cero.
Ahora como si la vida fuese o muy cruel o muy benévola para darle otra oportunidad, se encontraba frente a la misma situación, terminando por ser esto un freno para expresar todo lo que sentía y dar ese apoyo que creía necesario para Luca en ese momento.
Ese vals de tortura en el silencio se sentía más y más eterna con el correr de los días, donde a pesar de que Alva daba todo lo posible por empezar aquella conversación tan deseada, cada esfuerzo era infructuoso, resultando con un Luca aislándose para aún a la espera de una llamada o un simple mensaje o al menos unas simples migajas que jamás llegarían.
Fue doloroso sin duda ver como cada vez el joven tenía un peor aspecto, la falta de sueño, el no comer, e incluso el ya no tener fuerzas para darse una simple ducha, ¿Cómo haces entrar en razón a un corazón herido?, simplemente no puedes y esa impotencia solo provocaba una enorme furia en el mayor.
Un mes mas fue suficiente para que todo explotase de forma precipitada, cobardemente y sin dar la cara a través de una llamada, cuando vio de quien se trataba en aquella llamada entrante, claro que se emocionó, pensando que recibiría una explicación o algún alivio a su tan enorme sufrimiento, el castaño no había corrido con tal emoción a algo desde hacía tanto y desde el otro lado de la mesa solo podía desearse que fuese por algo bueno.
Pero lamentablemente el resultado terminó siendo lo contrario a lo que tanto anhelaba, trayendo consigo solo gritos.
“Pero no entiendes, ¡yo te amo!“
“¿Por qué no puedes decirme que hice mal?”
“Víctor, no quiero perderte, no te vayas”
“No te vayas”
“Por favor no te vayas”
“NO TE VAYAS”
El silencio que se presentó después de la última suplica se sintió como un valde de agua fría, los segundos pasaban y se hacían interminables hasta que un grito peor sonó por toda la casa. Equiparable a los chillidos que soltaría cualquier animal en agonía Luca solo podía cubrir su cara y gritar mientras se ahogaba en lágrimas, en un llanto desgarrador. El castaño había suplicado, se había humillado ante su amor, había dado tanto, todo e incluso hasta lo que no podía tener para el y su respuesta solo fue la frialdad y crueldad del contrario.
No podía entender por qué todo eso tenía que suceder así, comenzando a preguntarse si realmente valía la pena continuar ahora que había perdido algo tan preciado, al final de todo solo podía preguntar por qué y pedir perdón al aire.
