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El día de su cumpleaños 19 despertó en una bruma extraña, el sentimiento de estar fuera de su cuerpo pero a la vez muy consciente de todo en su interior agobiándolo desde que abrió los ojos. Era como estar teniendo una experiencia extra corpórea mientras caminaba por su casa recibiendo abrazos y felicitaciones de parte de su familia, todos como una familia normal y aunque su actitud no era extraña, él por alguna razón sentía que todo estaba mal o era extraño.
Aegon, su padre, lo notó, preguntándole qué le sucedía, sus hermanos menores, Aegon y Daeron lo molestaron por sentirse extraño por ser tan viejo. Todos rieron y él también se rió aunque esa parte "fuera de su cuerpo" sentía extraña esta facilidad de reír y a su unida familia.
Su día fue común, mensajes de muchas personas en su teléfono felicitándolo y recibiendo buenos deseos, pero siguió sintiendo esa extrañeza, como si no conociera a toda esa gente, como si no fueran sus compañeros en la universidad o los amigos que mantenía de la secundaria.
— ¡Ya van a llegar! —exclamó su madre en medio de su caos interno, Aemond recordó vagamente que hoy llegaría su familia paterna. Los hermanos mayores de su padre, Viserys y Daemon, su madre decía que los había conocido cuando era un bebé pero no recordaba nada de ellos, lo extraño fue que esa parte suya que hoy se sentía ajena pareció reconocer a esas personas y por algún motivo su cerebro empezó a darles rostro.
Su sorpresa fue mayor cuando a su llegada sus rostros si coincidían con esas imágenes, no del todo pero sus caras eran las mismas. Su extrañeza aún presente cuando vio a los tres hombres abrazarse, luego las mujeres rubias hicieron presencia.
Aemma, Rhaenyra y Laena.
Él nunca había visto a Aemma, pero por algún motivo supo quién era nada más verla, al igual que a Rhaenyra, era su prima, pero no podía encontrar en sí mismo el sentido de saber cómo lucia ni cómo se sentía descontento al tenerla ahí.
Junto a Rhaenyra venía su esposo, Harwin Strong, cargando en sus enormes brazos una niña tan rubia como Rhaenyra que escuchó llamaron Visenya.
Detrás de ellos aparecieron las hijas de Daemon y Laena, Baela y Rhaena y junto a ellas tres chicos. Un niño rubio pero una copia de Harwin Strong, Jacaerys; un niño más pequeño castaño que parecía una mezcla de sus padres, Joffrey y luego...
Lucerys...
—Taoba...
—¡Daor, Arrax! ¡Dohaeras, Arrax!
—No, no, no, no, no, daor, Vhagar...
Imágenes de tormenta, dos dragones volando, luego bombardeos de memorias e imágenes una tras otra.
—Mi Lord Strong.
Sintió que perdía el equilibrio y escuchó vagamente el grito de Helaena y su madre cuando se desvaneció en el suelo. Recuerdos uno tras otro bombardeando su cabeza en su inconsciencia.
Cuando despertó estaba en su cama con un doctor amigo de su padre flotando sobre él.
—Aemond, ¿Cómo te sientes?
Sintió que estaba metido bajo el agua mientras escuchaba al hombre y respondía hasta que esté se fue. Sentia un horrible dolor de cabeza y todos los recuerdos de una vida que no era la suya luchando contra él mismo por su sobrecarga de información. Tras sus córneas seguian pulsando los recuerdos de una persecución trágica donde el segundo hijo de Rhaenyra había muerto, por su dragón, por su culpa.
Esa parte oscura en su mente dijo que era un pago por un ojo, también recordaba eso, el pequeño Lucerys gruñendo cuando levantó la daga hacia él. Pero su yo de ahora no había perdido un ojo y definitivamente nunca había visto al niño.
—Cielo... ¿te sientes mejor? —la mano de su madre acarició sus cabellos con dulzura, sentada a su lado. Asintió apenas, su confusión mental pulsando pero estaba seguro que sería tachado de loco si decía alguna cosa respecto a esos recuerdos que no le pertenecían.
—Tía, Alicent...hay alguien buscándola abajo...—Y el dolor pulsó de nuevo cuando Lucerys apareció de nuevo, hablando a su madre como si nada, pero luciendo preocupado mientras lo veía.
¿Él no recordaba nada?
La parte extraña, la dueña de todos esos recuerdos de una vida pasada estaba molesta por la falta de reacción del niño. Esa parte estaba buscando algo en la pobre criatura asustada, desde su perspectiva también estuvo buscando algo en el pasado, gritando por la atención del niño y algo más que un ojo.
—Bien, en seguida vuelvo...Luke... ¿Puedes quedarte con él un momento? En seguida vuelvo.
La cabeza castaña asintió varias veces mientras entraba cuidadoso a la habitación, quedándose parado a una distancia prudente. Aemond quería fingir que se quedaba dormido pero su control de impulsos estaba siendo arrastrado por esa otra parte suya, consumiendolo y callándolo.
—Taoba... —los bonitos ojos ahora violetas lo miraron con sorpresa, pero cero reconocimiento—Ao enkagon issa nykeā gēlȳn...
La confusión bailó en las orbes violetas y en la cara bonita.
—Nykeā gēlȳn? Skoros?
Le pareció curioso que el niño respondiera tan bien hacia él en Alto Valyrio. Era una lengua muerta y él la había aprendido por hobby, aunque ahora era consciente que previamente toda su familia la hablaba en su vida alterna. Lucerys no pareció confundido.
¿Lo recordaba?
—¿Lo recuerdas?
— ¿Recordar qué?
—Arrax...los dragones...
Lucerys frunció el ceño, pareciendo más confundido, retrocediendo un paso mientras volteaba hacia la puerta, gritando internamente por su tía para que viniera pronto porque su hijo estaba delirando. Tal vez sus tíos, Daeron y Aegon tenían razón y Aemond estaba delirante por ser más viejo.
—Lucerys.
La mano de Aemond se extendió hacia él y por algún motivo el más joven obedeció al llamado y extendió su mano hasta tocar la de su tío.
Ambos sintieron una corriente eléctrica recorrer su piel donde se habían tocado, ambos corazones latiendo violentamente en sus pechos. La sorpresa llenando sus mentes, incluso a la versión intrusa de Aemond que pareció atónito por la interacción, pero luego pareció estar de acuerdo.
—Estás frío...—Las dos manos pequeñas sujetaron su mano, un gesto lindo para calentar su piel. El calor llegó a su rostro.
¿Es esto lo que quería?
—Ya regresé...oh...—Su madre pareció sorprendida y enternecida a la vez por la escena, mirándolos con una sonrisa en su cara—Bajaré a...hacer la comida. Quédense un rato más...sí sucede algo, me avisas Luke.
—Lo haré...
Y su madre desapareció. Aemond se quedó mirando la puerta un rato hasta que sintió que su mano era soltada, cuando giró hacia Lucerys vio que un sonrojó llenaba sus mejillas.
—Lo siento, no sabía si querías que me quedara, no sé qué me pasó.
—Está bien...Lucerys...no nos conocemos de nada, ¿verdad?
—No...sólo he escuchado al abuelo hablar de ustedes de vez en cuando.
Aemond sintió dolor de saber que no había despertado ningún tipo de recuerdo, nada, sólo su mirada confundida, un lienzo en blanco sobre él como si aquello no importara.
— ¿Quieres que te cuente una historia?
Lucerys asintió y el intruso empezó a hablar desde sus recuerdos, contando todo lo que había sucedido en esta otra vida, cómo se sentía desde su perspectiva mientras crecía y el conflicto se armaba en sus narices y luego en sus manos. Le contó de Driftmark y su ojo, pero también de su inseguridad y su dolor mientras crecía, le contó de su odio y sus palabras viles. Habló en tercera persona de todo, Storm's End y como Vhagar devoró a su dragón y nunca pudo encontrar su cuerpo en el mar y la culpa que lo persiguió hasta que Daemon lo asesinó, su última memoria. Cuando acabó Lucerys lo estaba mirando con los ojos anchos, como si de repente todo tuviera sentido.
Lo recordaba.
Su sobrino se alejó de él rápidamente, no más comodidad ni tranquilidad entre ellos.
—¿Por qué? —preguntó con la voz cortada, lágrimas cristalinas salieron de sus ojos—No tenías que asesinarme...
—No quería hacerlo...—murmuró, sintiendo alivio en el rencor de Lucerys, en su reconocimiento.
— ¿Por qué me hiciste recordarlo? Yo soy feliz...quiero seguir siendo feliz...
Antes de que el pequeño castaño huyera por la puerta, Aemond saltó de la cama y estampó la puerta cerrada, acorralando a Luke entre su cuerpo y la madera.
—Estoy aquí por ti...porque he estado persiguiendote en donde sea que te pueda encontrar...
— ¿Para qué? Ya no te debo nada...
—No...no me debes nada—nuevos recuerdos empezaron a llenar la mente de Aemond, otras realidades, todas terminaban similar a la original, Lucerys muerto por su mano y él siendo asesinado por alguien diferente, Daemon, Rhaenyra, Jacaerys, Corlys Velaryon, Rhaenys e incluso de mano del pequeño Joffrey. Siempre su "yo" original despertaba demasiado tarde para remediar nada y cometiendo los mismos errores hasta que "despertaba por completo". Excepto aquí, donde no conocía a Lucerys, donde no había una deuda y todo parecía tan feliz y normal—Me perteneces...
Los ojos violetas que vio en distintos colores, marrón como el chocolate, verdes como el mar en Driftmark, azules como el cielo y hoy tan violetas como los propios pero que siempre eran tan brillantes y puros lo miraban con una mezcla de terror y miedo.
—Es lo más cerca que estado de ti nunca...sí lo hubiera sabido desde el principio, no habrías acabado así. Ahora podemos estar juntos...
—No...
—No es una opción Lucerys...
Sus manos aún frías sujetaron las cálidas mejillas con fuerza, sus dedos sintiendo que hormigueaban al contacto de su piel. Tenía razón, si sólo habría sabido desde el principio cómo se sentía tocarlo, como se sentía tenerlo sólo para sí no habría cometido el error de empezar esa persecución y alimentar ese rencor que lo hizo perderlo.
—Eres mío para tomar, tener y poseer, si no fuese así no estaría aquí, buscándote en donde te pueda encontrar. No es un error, es el destino...lamento que me haya tomado tanto tiempo...
La respuesta de Lucerys fue silenciada en su boca, un beso forzado, el cuerpo de Luke sacudiéndose contra el suyo en busca de huir. Aemond sólo buscaba que el niño pudiera sentir su realización también, que pudiera comprender que era suyo, no era una opción para ninguno de ellos, estaban enredados de una forma imposible para volver el uno al otro aún si acabara en tragedia o virtud.
Cuando los puños dejaron de golpear contra él y sus uñas romas se engancharon contra su camiseta fue que Aemond se permitió sentir tranquilidad. Aún si Lucerys no lo quería iba a estar ahí hasta que lo quisiera, para eso estaban hechos.
Ahora y siempre.
