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Mikasa acuesta a Karly. La niña había estado luchando por no dormirse porque ¡quiero ver cuando Santa llegue!, pero, al fin, lo había logrado. Regresa a la sala con pasos suaves, atenta a si la nena hace algún ruido. Eren ya está ahí, vestido como Santa, por si Karly llega a despertarse y lo atrapa con las manos en la masa.
—Ya está dormida —susurra Mikasa y va a sentarse al sillón.
El otro asiente. Los regalos ya están debajo del árbol y ahora se está acercando a la ventana del departamento. No tienen chimenea, así que le explicaron a Karly que tenían que dejar la ventana abierta para que Santa pueda entrar a dejar los regalos.
—Vos sabés —comienza a hablar Eren—, amo la cara de Karly cuando ve todo esto, pero medio que igual me arrepiento de haberlo pensando en primer lugar.
Mikasa ríe apenas.
—¿Necesitás ayuda? Puedo hacerlo yo por vos.
—Nah, yo lo pensé, yo lo hago —él resta importancia con una sonrisa.
Eren tiene una bandeja con harina en la mano. Se para delante de la ventana, tira un poco de harina en el marco, después la deja en el suelo. Pisa con una de sus botas, deja la huella en el suelo, y repite con la otra.
Mikasa lo observa todo el rato en que está dejando las huellas hasta el árbol, espolvoreando un poco de harina alrededor de las huellas y en los regalos.
Demora unos diez minutos y después se tira en el sofá, junto a la otra.
—Es embolante hacerlo, pero vale la pena —dice Eren. Pasa un brazo por los hombros de ella y Mikasa se inclina hacia él.
—Deberías ir a cambiarte, así la despertamos —responde, pero no se levanta.
—Ahora, en un ratito —murmura el otro.
Reclina su cabeza hacia atrás en el sofá, suspira cansado. Mikasa se acerca un poquito más y estira su mano con la intención de acariciar su mejilla, pero la barba blanca falsa la desalienta. Acaricia su pecho.
No recuerda la última vez que pudieron sentarse en el sofá así, abrazados, porque usualmente en cuanto acuestan a Karly, los dos están demasiados cansados como para seguir levantados.
Las luces están apagadas en todo el departamento, solo la cocina y la televisión en mudo iluminan un poco el ambiente. Mikasa agradece que no hace calor, aunque los mosquitos sí están presentes y atacan sus piernas descubiertas, que descansan sobre el sofá.
—La puta madre —murmura ella dándose un golpe en la pierna. Eren resopla divertido.
—¿Querés que cierre la ventana? Ponemos el aire.
—Nah, Karly tiene que ver toda la escena primero.
Él asiente y vuelve a reclinar su cabeza. Mikasa se acerca otra vez al otro y besa apenas su cuello.
—Me encanta cuando te disfrazás —murmura ella y Eren abre un ojo, riendo apenas.
—¿Ah, sí? No sabía que te gustaban los juegos de rol —bromea él y Mikasa suelta una risa, luego aprieta su rodilla, lugar donde sabe que tiene cosquillas.
—No me refería a eso, tonto —responde y le besa la sien—, digo que me encanta cuando hacés estas cosas para Karly… como para su cumpleaños.
Eren suelta una risa, recordando cuando, hace unos meses, había alquilado el disfraz del personaje favorito de su hija para usar en su cumpleaños. No había salido del todo bien porque, si bien la nena lo había disfrutado, a mitad de la fiesta se había puesto a llorar porque extrañaba a Eren.
—Capaz, el año que viene, podríamos pagarle a alguien para disfrazarse —propone Mikasa y el otro se estira a besarla.
—Podríamos decirle a Jean —devuelve él cuando se separa—, ya sabés que cuando toma, dice que sí a todo.
Mikasa ríe apenas, pero no responde, prefiere besarlo otra vez y dejar la idea para otro momento, porque no le convence del todo.
Acaricia el cuello de Eren y él la abraza, estirándose hacia ella, cayendo los dos despacio hasta quedar acostados en el sofá.
Hace calor y el traje de Santa no está ayudando mucho, además de que él sigue con la barba falsa puesta.
—¿Es necesario que uses todo? —pregunta Mikasa mientras se la saca y Eren se ríe.
—¡Mejor prevenir, que lamentar! —ella ríe también—, dale, ¿y si Karly se levanta sin que la escuchemos y me ve haciendo todo eso? Sería una decepción para ella.
—Es preferible que vea a Santa con una bandeja con harina, ¿no?
—Obvio —sonríe él y después bosteza.
—Vamos a despertar a Karly —dice Mikasa y se está levantando, pero Eren sujeta su mano.
—En un ratito… —pide mientras entrelaza sus dedos con los de ella—, últimamente, no tenemos tiempo a solas.
Ella lo medita un momento y después sonríe. Se sienta sobre la falda de Eren Claus, una pierna a cada lado, y recibe una sonrisa de él.
Desde que Karly nació, el tiempo que tienen para ellos solos es contado, entre trabajo y ser padres, se ven obligados a disfrutar esos escasos momentos.
Se abrazan, Mikasa acaricia sus mejillas, ahora libres de vello facial falso y solo cubiertas de la barba incipiente del otro. Le hace cosquillas en las yemas de los dedos y le encanta. Eren tiene rodeada su cintura, acariciando un poco su espalda, hasta donde pueden llegar sus manos.
Sus caricias bajan de a poco y aunque a Mikasa le encanta, también es consciente de que no tienen suficiente tiempo.
—Hay que despertar a la nena —murmura contra su boca y él suspira, dejando caer sus manos al costado.
—Uy —murmura Eren cuando una de ellas cae en la bandeja con harina—, mala idea dejarlo acá, ¿no?
Mikasa niega apenas con una risita y se levanta, llevando la bandeja con ella.
—Capaz, podríamos dormirnos tarde hoy… ¿no? —susurra él, ahora detrás de Mikasa, acariciando su cintura y su muslo, y besando su cabello.
—Pues, tal vez… —suspira ella. Baja a detener la mano de él y, cuando la toca, la siente rara—. Me estás jodiendo…
Los dos miran, encontrándose con que era la mano con harina. Después, miran la ropa de ella, que tiene cinco dedos marcados en el trasero.
—Fue sin querer —ríe Eren cuando ella lo mira ceñuda.
—Andá a cambiarte, Eren —responde y comienza a limpiarse el pantalón de pijama con una servilleta.
