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Si era sincero consigo mismo, a él realmente solo le hubiese gustado estar observando lo que se desarrollaba frente a sus ojos desde lejos, en vez de meterse directamente donde no lo habían llamado, pero, no podía evitar preocuparse por las cosas estúpidas que eran sus amigos de vez en cuando, sobre todo, cuando parecía que iban directo a la boca que parecía querer devorarlos.
Así que, se había asegurado de sacarlos de en medio del camino para mantenerlos a salvo. La consecuencia, sería que ahora era él el que estaba a punto de ser atrapado entre una mandíbula que iba a cerrarse sobre su cuerpo.
Sus dientes estaban tan fuertemente apretados por el esfuerzo, que podía notarse la tensión en su mandíbula, al igual que los jadeos que daba a través de la nariz por las inhalaciones y exhalaciones que tenían pocos segundos entre ellas en una respiración agitada que se notaba incluso desde lejos, juraría que incluso su rostro estaba rojo a ese punto, como una manzanita.
Un pie delante del otro mientras avanzaba, corría, como si estuviera siendo perseguido para salvar su vida a través del largo lugar que, por suerte y desgracia, parecía que no iba a acabarse nunca, mientras tenía los brazos moviéndose al igual que el resto de su cuerpo en un intento de no detenerse y, en cambio, acelerar.
La cuestión es que correr no era su punto fuerte, aunque estuviera siendo perseguido de tal forma, por lo que podía sentir como los mechones de un negro bastante oscuro se estaban pegando a su piel por el sudor que estaba cubriendo su cuerpo para ese entonces, al igual que sentía la ropa adherirse a la vez, en una sensación que se le hacía molesta, pero, que estaba tolerando porque, señor, no tenía otra opción más que aguantarse aquello.
Por su mente pasó un pensamiento, y, sin realmente analizarlo mucho, sus dos pies detuvieron al andar al frenar de repente, haciendo un sonido que era como un chirrido con sus zapatos debido a la fricción entre ellos y el piso, también sintió que dejó un rastro de algo y hundió la tierra que movió, llenando parte del calzado, pero, logró echarse hacia adelante para agacharse en una acción repentina.
Un aliento caliente le pasó a través de la nuca por un largo segundo que le erizó los vellos del cuerpo y le hizo dar gracias a cualquier ente divino cuando desapareció, poco después, en cambio, dándole una sensación se frío. La repentina pausa había desestabilizado el cuerpo del otro, haciendo que siguiera derecho, sin poder frenar a tiempo al no haber calculado que haría ese movimiento.
Bueno, pensándolo ahora, él realmente estaba corriendo por su vida.
Por lo que no perdió más tiempo allí detenido, aunque no había pasado muchos segundos, se giró tan rápido como había sido pasado para dar media vuelta e ir hacia atrás, por donde vino, maldiciendo que su resistencia era, simplemente, una completa mierda, sin importar cuanto se dijera a sí mismo que mejoraría con la práctica. Una mentira.
Una parte de él le decía que se resignara a morirse y más nada para por fin quedarse quieto, porque ya estaba cansado de todo eso, la otra, le decía que no fuera pendejo y se dejara de estupideces, que siguiera corriendo como si su vida dependiera de eso.
Y lo chistoso, era que lo hacía, por lo que, a pesar de que su resistencia en sí era terrible, podía estar agradecido de tener fuerza suficiente en sus piernas para mantener tal ritmo que hacía que sus músculos quemaran por el esfuerzo e incluso dolieran. Aunque, a pesar de que corría básicamente para sobrevivir, lo mucho que le costaba tal cosa ya le tenía harto.
Separó sus labios, sus dientes alejándose para después soltar un gritó que raspó su garganta y sus parpados se unieron cuando apretó los ojos con fuerza por un momento debido a la frustración que sentía desde hacía minutos, unos que le estaban haciendo enojar por lo lentos que parecían pasar, la irritación siendo una cosa constante en su mente. En vez de morirse por ser perseguido, tal vez lo hiciera del enojo.
Estaba, otra vez, siendo perseguido por la cosa que no se cansaba de andar detrás de él, como si estuvieran jugando y uno no anduviera huyendo porque no tenía ganas de que le clavaran los dientes en su cuerpecito, porque posiblemente le aplastaría los huesos. No, gracias.
Un brazo delante del otro al igual que sus piernas antes de volver a detenerse, y, por suerte y de nuevo, fue sobrepasado por la repentina acción en la que no se detuvo a pensar demasiado. El aliento sobre su cuerpo realmente se sentía poco agradable, incluso le daban ganas de vomitar porque ponía sus vellos de punto y el cuerpo en alerta roja debido a como le estremecía el cuerpo.
Esta vez, alzó uno de sus brazos mientras cerraba su mano poco después, hasta que sintió una suave sensación en ellos que no dudo en tomar, sujetando con fuerza aquello entre los dedos antes de volver a correr después de subir también el otro brazo en un movimiento rápido, decidiendo hacer zigzag en aquella ocasión, avanzando de nuevo una vez que terminó.
Siendo sincero, estaba harto de aquello; es decir, nadie le dijo esa mañana que con solo el pasar de unas horas estaría corriendo y sudando más de lo que creyó que podía hacer porque unos dientes se le querían clavar como si fuera un juego divertido, así que, sí estaba algo, muy, irritado por la situación.
El sonido que escuchó le hizo cubrirse los oídos; se escuchaba bastante alto y peligroso para él, al igual que los jadeos que estaban acompañándolo, incluso, opacaban los suyos, al igual que el grito que de seguro, llegó al inalcanzable cielo, lleno de frustración y no determinación, como probablemente debería de ser en esa situación estúpida.
No era su culpa no estar emocionado por aquello, es decir, no estaría feliz de ser correteado nunca jamás en su vida, por lo que la determinación no era algo realmente resaltante en su ser. Se culpo de idiota, por meterse en donde no lo llamaron mientras casi tropieza con la tierra, en consecuencia, iba a caer en ella poco después.
Una suerte que su brazo fuera bruscamente tomado, sin nada de delicadeza de por medio, mientras era jalado hacia un lado, con la cosa pasando a su lado porque él fue introducido dentro de algo que parecía ser un agujero hecho en alguna superficie bastante sólida.
Perdió el equilibrio de su propio cuerpo, por lo que la gravedad lo empujó al piso, haciendo caer sobre la persona que le jaló, pero, cuando cerró los ojos y sintió como su cuerpo le dolió por tal cosa, se dio cuenta de que no cayó encima de uno solo, sino de dos, porque la sensación era sumamente incómoda.
—¡Esa mierda duele! —gritó uno, echando su cabeza hacia atrás, mientras el otro hacía sonido lleno de dolor justo en sus oídos. Él mismo apretó los dientes en un siseo que demostraba como se sentía, sus ojos apretados con fuerza.
—No me digas —dijo, en un tono lleno de sarcasmo mientras usaba la poca energía que le quedaba para caer sentado, hacia atrás, chocando contra una superficie dura en su espalda después de obligarse a sí mismo a hacer tal movimiento.
Se quedaron en silencio cuando logró separarse, él estado mientras observaba el techo, a pesar de que realmente no estaba realmente mirándolo, sino que estaba metido en sus pensamientos, con las piernas abiertas mientras sus brazos caían a lo lados, justo en medio, su pecho subiendo y bajando por el cansancio en rápidas respiraciones que parecían no ser suficientes para calmarlo.
Uno de ellos, se quedó en el piso, también mirando el techo, parecía alterado incluso mientras estaba en aquella posición de estrella de mar, el ceño bastante fruncido mientras la boca estaba abierta y tomaba aire por ella, su pecho subía y bajaba tanto o peor que el de él.
El otro, que echó la queja, se había logrado sentar con esmero después de arrastrarse un rato, con una mano en su cintura mientras la otra estaba en medio de sus piernas cruzadas, con ojos cerrados y respiración igual de agitada antes de caer al frente, doblándose por el cansancio, el golpe que se dio, no sonó suave a sus oídos.
Decir que sentía que podía dormirse como un bebé en aquel momento era quedarse corto: todo su cuerpo estaba entumecido por el cansancio al igual que sentía que sus músculos estaban palpitando en diferentes zonas, calentados y con el sudor corriendo por ellos, haciendo brillar la piel que tenía un suave color crema de una forma que le hacía fruncir el ceño.
El único sonido era el de las respiraciones que intentaban nivelarse, además de uno que otro siseo de dolor o cansancio, además de una queja ocasional. Él justo dio uno, apretando sus ojos en una mueca mientras fruncía los labios, moviendo su cabeza a un lado en un rápido movimiento mientras intentaba tranquilizarse a sí mismo, dándose ánimos mentales por seguir vivo.
—Nunca más hagamos esto —dijo uno de ellos, su voz trasluciendo su sentir—, por favor. —Y cayó más abajo como si no tuviera hueso, básicamente, acostándose en el piso de madera mientras estiraba su parte inferior y dejaba su cabeza en los brazos, manteniéndose en esa posición.
—Sería muy bueno —habló el que parecía estrella de mar, aun mirando el lejano techo—, pero, sabemos que vamos a volver a hacerlo. —Los otros se quejaron, con muecas en su rostro, mostrando que estaban en contra de la idea.
Parpadeó superior se separó del inferior y sus ojos se abrieron, parpadeando varias veces entonces, mientras miraba el techo, que parecía ser bastante alto, continuando en la misma posición, intentando sentir que su vida volvía a él, con los labios separados debido a que tenía abierta la boca.
—Parece que se le salió el alma por la boca —murmuró el que estaba en el piso, observando su boca abierta y la expresión de su rostro, con algo que parecía ser preocupación mezclada con desagrado.
—Creo que ya se nos fue —dijo el otro, levantando la cabeza por un momento para observarle antes de volver a dejarla caer, frunciendo el ceño—. ¿Cómo se busca un alma? ¿Hay una técnica para eso?
Frunció el ceño, cerrando la boca —Que osado de su parte asumir que tengo alma —dice, con un tono más o menos recuperado mientras volvía a apretar sus ojos con fuerza antes de mirarlos, de uno al otro.
Escuchó las risas sopladas, probablemente no porque no quisieran reírse, sino que ninguno tenía la suficiente fuerza como para estallar en carcajadas, a pesar de que lo intentaron con sus palabras. Se notaba que alguno, o los tres, podían quedarse dormidos en ese momento si se les daba la oportunidad.
Pudo oír varias risas dadas en cortos lapsos, pero, más largos de lo normal, antes de que se detuvieran e hicieran una mala cara para volver a caer como si estuvieran muertos, porque ya no podían más con el cansancio. Él no estaba mejor que ellos, así que se quedó callado, intentando mojar su garganta con saliva.
—Díganme que alguno de ustedes lo consiguió —dijo Ji Sung, todavía echado como estrella de mar, mientras parecía ver el techo sin realmente observarlo, con la mirada ida—. No quiero volver a correr por mi preciosa vida de nuevo.
—Usualmente, no te gusta ni siquiera levantarte de la cama. —Min Ho asintió a las palabras de un Hyun Jin que seguía con su cuerpo tirado boca abajo, la voz un poco amortiguada por sus brazos—. Y, para nuestra desgracia, no obtuve nada.
Soltó una risa soplada al escuchar el grito de Ji Sung y el cómo recogió su cuerpo automáticamente mente antes de volver a dejarlo caer, probablemente porque no tenía fuerza para hacer el berrinche que quería ejecutar, por lo que solo se quejó con palabras.
—Están de suerte —habló Min Ho, abriendo su mano bajo la atenta mirada de los otros dos—. Logré quitarle algunos. —Hyun Jin volvió a caer, más tranquilo, en el piso que estaba lleno de polvo después de dar una mirada de alivio.
—En serio —dijo Ji Sung, con un tono más calmado—, no volvamos a hacer eso. —Los otros dos asintieron de acuerdo a la idea, a pesar de que, sabían, que realmente les pasaría de nuevo en el futuro—. ¿Se los arrancaste? —Frunció el ceño por la pregunta, sintiéndose ofendido.
—Claro que no. No seas idiota —respondió ofendido—. Pobrecito, si lo hubiese hecho, le dolería. —Los otros se levantaron a medio solo para verlo con diferentes gestos de “¿es en serio?”—. Todos tenemos momentos de locura cuando creemos que vamos a dejar este mundo, pero, no, no lo hice.
—Pobrecitos nosotros los pendejos —Hyun Jin alzó ambas cejas al decir las palabras, luciendo ofendido—, que tuvimos que correr como si nos persiguiera algo. —La insinuación era obvia, pero, la ignoró.
Ji Sung dio una risa —La suerte nos persigue —dijo—, una desgracia que los tres seamos más rápidos. —Hyun Jin agarró con su mano una pequeña piedra antes de lanzársela a Ji Sung, y, Min Ho haría lo mismo si no estuviera sintiéndose que podría desmayarse, por lo que solo se rio cuando le cayó encima—. Es en serio, si no es mala suerte lo que tenemos como para tener que pasar por eso, no entiendo que es.
—Aparentemente —dijo—, puede ser que solo somos estúpidos por aceptar hacer esto. —Min Ho devolvió la mirada hacia ellos cuando su cabeza cayó hacia delante de nuevo, su boca en una larga línea con las comisuras apuntando hacia arriba, sus mejillas abultándose levemente por el gesto.
—Nadie nos dijo que iba a tener ese tamaño —se quejó Hyun Jin, con la voz amortiguada por sus brazos, sus largas extremidades pareciendo querer fundirse con el suelo a ese punto.
—Pensé que sería un perro pequeño, ¡no uno de esos gigantes! —Ji Sung se quejó en esa ocasión, recibiendo un asentimiento de los otros dos—. Si no los arrancaste, ¿cómo hiciste? —Min Ho miró la mueca pensativa de Ji Sung antes de alzar las cejas, preguntándose si iba en serio con la pregunta.
—Lo corte, duh. —Mostró la tijera pequeña que tenía en su otra mano, obteniendo la mirada de los otros dos. Uno con un gesto de “¿qué?” y el otro parecía ser un “¿de dónde carajos salió eso?”, ambos confundidos—. No iba a arrancarle el pelo a un animal.
—Uno por el que casi nos morimos. —Min Ho alzó las cejas, cruzándose de brazos en aquella ocasión.
—Solo estaba jugando —Min Ho defendió, encogiéndose de hombros para guardar los cabellos negros en una bolsa, para que no se perdieran, antes de guardarla en su bolsita personal, cerrándola con cuidado.
—¡Casi nos morimos! —repitió Hyun Jin, sus labios gruesos rojos mientras estaban aplastados entre sí en una queja, observándolo con seriedad.
Lo consideró un largo momento —Si eso llega a pasar —dice, con un tono de voz más sereno y calmado—, nos vemos en el infierno —concluyó, con ese gesto de labios en una sonrisa recta de comisuras alzadas, simplemente tomándoselo como algo normal antes de desviar la mirada de ellos.
—Al menos, como mínimo —dijo Ji Sung, con un tono de voz que indicaba regaño— di que nos veremos en el cielo. —Sonaba molesto, pero, no es que le prestara mucha atención
—Le tengo miedo a las alturas —Las palabras de Min Ho contenían un tono de obviedad—, ¿en serio crees que voy a subir por voluntad propia? —Escuchó la risa de Hyun Jin y observó el gesto incrédulo de Ji Sung, su boca abierta mientras parecía considerar la posibilidad.
—Bueno —dijo Hyun Jin—, será en el infierno que nos veremos entonces. —Ji Sung se rio bajo, antes de decidir por fin levantarse hasta quedar sentado, obteniendo fuerzas de quién sabe dónde.
—¿Eso es todo? —preguntó, observando de uno a otro con el cabello rubio alborotado, apuntando a cualquier dirección mientras sus cejas estaban alzadas—. Díganme que eso es todo. —Sonaba más como una súplica.
—Lo es —respondió Hyun Jin, decidiendo también levantarse, haciendo reír a los otros dos por la suciedad en su ropa debido al polvo que se le pegó—. Oh, cállense.
—Oblígame —dijo Min Ho, sonriéndole dulcemente mientras continuaba riéndose antes de soltar un estornudo, esta vez, solo se rio Ji Sung por la acción repentina.
—¿No pudiste escoger un lugar más limpio? —preguntó Ji Sung a Hyun Jin cuando él también soltó un estornudo por el polvo que voló hasta él después de reírse de Min Ho.
Hyun Jin se cruzó de brazos —Perdón por no escoger un mejor lugar para su majestad mientras estábamos corriendo de un perro gigante que pensaba que queríamos ser su almuerzo. —El sarcasmo era obvio en su tono de voz mientras bufaba, lanzando a volar los cabellos marrones, anteriormente bien peinados, ahora, pareciendo un desorden.
—Eh —se quejó Ji Sung—, ¿cómo te atreves a responderme así? —Min Ho decidió a partir de ese momento, que ignoraría a ambos, cualquiera sea la discusión que iban a tener, por lo que decidió mejor meterse en su mentesita.
Empezó a limpiar con las mangas del suéter oscuro que llevaba puesto, que lo hizo sudar todavía más, la humedad que había en su frente, intentando evitar que bajara a sus ojos mientras pasaba también por el resto de su rostro a toques, escuchando de fondo las voces agudas de los otros dos, bastante entretenido mientras intentaba lucir más presentable.
Simplemente se concentró entonces, en dejar su cara, no limpia, pero si quería intentar de brillar como si fuera un bombillo por el sudor que iba a reflejar la luz con facilidad. La sensación de la ropa pegada a su cuerpo, debía admitir, también era algo muy poco agradable, por lo que estaba considerando cómo hacer.
—¿En dónde estamos? —preguntó, dando una mirada a las diferentes cosas que podía ver y que no se fijó a la primera, tal cual como la pala, pico, rastrillo e incluso podadora de césped que podía notar en un análisis inicial.
Hyun Jin le miró, todavía lleno de polvo antes de decir —: En un cobertizo. —Min Ho frunció el ceño, echando su cabeza levemente hacia atrás mientras fruncía los labios, pensando.
—¿Se puede saber por qué sabes cómo es el interior de este lugar con tanta cosa? —Hyun Jin sonrió, parpadeándole varias veces en un gesto que solo le hizo alzar las cejas debido a como lució para él.
—Lo vi en una foto —respondió, y Min Ho llevó los ojos hacia atrás hasta dejar un blanco que era interrumpido por el movimiento del parpado superior, que parecía temblar por el gesto. Al menos, ya no estaban con el perrito que lo estaba persiguiendo porque pensaba que estaba jugando con él.
—¿En serio nos lanzaste aquí, solo con eso? —Ji Sung bufó, con los brazos cruzados. Min Ho decidió que iba a ignorarles de nuevo al ver las miradas en su rostro.
—Al menos nos saqué de allí —dijo, mirándole con reto—, ¿tú que hiciste? —Ji Sung pareció ofenderse en aquel momento, y Min Ho suspiro, decidiendo mover los mechones de cabello negro hacia atrás al sentirlos húmedos. La sensación seguía sin ser bonita, y, era en realidad, bastante molesta.
—Cállense, que me dan dolor de cabeza. —Ambos cerraron la boca de inmediato, mientras Min Ho continuaba arreglando su ropa, más tranquilo por un corto lapso de tiempo.
El silencio debió durar, por lo menos, diez segundos antes de que Ji Sung volviese a estornudar, y Hyun Jin lanzara un bufido antes de levantarse murmurando cosas para acercarse a una de las paredes de madera después de limpiarla con su cuerpo ya sucio.
—Si vas a decir algo, mejor te lo guardas —dijo él, sacando de su propio bolso un grafito, empezando a rayar la pared sin más. Escuchó la inhalación repentina de Ji Sung, y se levantó, poco dispuesto a presenciar cómo se peleaban, sacudiéndose el trasero en el proceso, dándose una mirada para verificar si se sacó el polvo de encima.
—¿Qué te hace pensar que voy a decir algo en primer lugar? —reclamó, levantándose para ir detrás de un Hyun Jin que continuaba dibujando en la pared, intentando que le prestara atención.
El borde era delimitado por una forma de arco, mientras, que en el interior podía ver formas de plantas pequeñas y árboles, al igual que hojas que resaltaban sobre el color marrón de la madera poco a poco, como si se estuviera pintando por sí solo.
—Siempre lo dices —respondió con voz enfurruñada, y Min Ho dio unos toques en el piso con su pie para ver que tal estaba su calzado, asintiendo al ver que había sobrevivido al igual que él—. Así que, para no tener que aguantarte, me largo.
Y parecía que iba en serio, porque el dibujo estaba básicamente terminado en aquel lapso de unos minutos, gracias a que era el más ágil de ellos en ese aspecto. Min Ho sabía por experiencia propia que intentar plasmar una imagen mediante lápiz no era algo sencillo de hacer. Una suerte que no tuvieran que depender solo de eso, o muchos, particularmente él, estarían acabados y estancados en situaciones parecidas a la de hace poco.
—Oh, no. Tú no te vas. —Ji Sung parecía serio mientras se acercaba a Hyun Jin para hacer que le mirara, el contraste de alturas haciéndole gracia a Min Ho, que, notando que estaba bien, comenzó a caminar, todavía sintiendo el cansancio en su cuerpo querer hacer de las suyas.
—Yo sí me voy —dijo Hyun Jin, cruzándose de brazos y dispuesto a dejar aquel cobertizo lleno de polvo, dando media vuelta, pero, Ji Sung le sostuvo el hombro con una mano para que volteara de nuevo hacia él—. No te estoy pidiendo permiso —replicó, con un tono de voz irritado.
—Te digo que no te vas —dice Ji Sung en una fingida voz suave de ojos dulces.
—Que sí me voy —repite Hyun Jin en el mismo tono que él.
—Que no te vas —vuelve a pronunciar Ji Sung—. No me importa lo que pienses, no te vas.
—Sí me voy —las palabras salen de los labios rojos de Hyun Jin de forma lenta, observando de la misma manera al que estaba al lado de él.
—No te vas. —A este punto, Min Ho ya estaba bastante harto de la situación.
—Bueno —intervino—, si insisten, yo sí me voy —habló Min Ho, alzando una de sus manos en un saludo mientras sonreía a los otros dos que fruncieron el ceño al verlo tan cerca del dibujo, justo porque les había pasado, por un lado—. Recuerden cuidarse una vez que tengan sexo de reconciliación. —Soltó una baja risa al ver como ambos abrían la boca y se quedaban observándole estático, el panorama detrás de él moviéndose—. Si los veo y todavía discuten por no resolver sus cosas de anoche, la próxima vez no será un lindo perrito el que los persiga.
Con eso dicho y claro, porque no tenía pensado volver a oírlos tener tal discusión, se dio media vuelta y cruzó por la especie de portal que había dibujado Hyun Jin con una sonrisa en su rostro, asegurándose de cerrarlo de nuevo detrás de él una vez que todo su cuerpo estuvo del otro lado mientras avanzaba a ojos cerrados, con una sonrisa en el rostro por las expresiones que tenían ellos antes.
Como iban a tener sexo con tanto polvo, Min Ho no sabía, si era sincero, tampoco le importaba. Solo no quería estar en medio de esa tensión, por lo que irse le pareció la mejor opción. De todas formas, ya habían completado el trabajo que tenían los tres.
Se detuvo un momento cuando sintió que los vellos del cuerpo se le erizaron, parpadeando varias veces al abrir los ojos antes de mirar a un lado con lentitud, después al otro, y, luego al último, hacia abajo, sintiendo que tenía que volver a dar varios parpadeos con cortos lapsos de tiempo entre sí.
Lo primero que pudo ver y notar era que estaba en una rama en un árbol, nada malo en otra ocasión, pero, eso solo significaba que el piso estaba realmente lejos de él, porque se encontraba bien por encima.
Sintió que se mareaba con solo ver a que altura estaba del suelo, y casi se cae, pero, prefirió hacerlo hacia adelanta en vez de a uno de los lados, aferrándose a la rama de inmediato cuando su pecho tocó la madera, aunque le clavara astillas en el cuerpo, cerrando los ojos fuertemente mientras inhalaba todo lo que sus pulmones le permitían.
Dio un grito cuando sus labios se abrieron, no muy alto, algo moderado, mientras sentía como su cuerpo comenzaba a temblar por el miedo al notar donde estaba, intentando buscar la solución acerca de cómo demonios podría bajarse ahí sin desmayarse en el intento y darse un golpe con el piso.
Bueno, tal vez darse un golpe con tal de estar cerca del suelo no era tan mala idea, pensándolo bien. Cualquier cosa sería mejor que estar ahí arriba, a pesar de que estaba fresco, ver que algunos animales pasaban por debajo no le hacía sentir mejor a su situación, sobre todo si alguno podía ser un escalador.
—Maldito Hwang Hyun Jin —exclamó, en un tono de voz no moderado mientras apretaba fuertemente los ojos, al igual que la rama y podía sentir algunas astillas traspasar la tela de su ropa, pero, no le importaba en aquel momento donde le estaba dando algo como una crisis.
Tal vez no debió robar un portal que no era de él, pero joder si iba a quedarse a observarlos discutir hasta que la tensión aumentara entre ellos y explotara justo en su cara, como ya le había pasado antes cuando peleaban por alguna bobería a la que no le encontraba mucho sentido. A veces, pensaba que hasta era apropósito solo para poder tener sexo como si fueran conejos y no goblins.
Tal vez, debió hacer su propio portal, pero, dibujar no es que se le diera mucho, le daba flojera, en realidad, y era la principal forma de ir a un lugar a otro con facilidad, sin tener que usar un presupuesto demasiado grande del que no quería hacer uso si no le parecía necesario.
Porque, sí, había otros medios para ir de un lugar a otro, eran seres básicamente mágicos, pero, el dinero en producción para las otras formas no le tentaba mucho, así que a veces decidía que otros hicieran los portales por él, o, solo robárselos y pedir perdón después con una sonrisa, de esas que hacían que le miraran con ternura.
El que, esta vez, no hubiese sido tan buena idea, no le importaba, seguiría haciendo aquello una vez que lograba buscar como bajar de allí y salir vivo en el intento, porque no corrió de un perro tanto tiempo como para venir a morirse ahora, y, sobrevivió una tensión sexual que ni siquiera era suya. No era su tiempo de ir al infierno todavía.
Él en serio le tenía miedo a las alturas.
Por lo que ahora estaba básicamente congelado mientras abrazaba a una rama como si su vida dependería de ello, y para él era, en realidad, así. Realmente quería pensar en una forma de bajar y no caerse en el intento, pero, el miedo le estaba carcomiendo el cerebro, haciendo que se le dificultara pensar en una solución.
Había sido lanzado a esa situación de repente, sin tiempo de prepararse mentalmente, y ahora no sabía qué hacer para salir de ella. A la próxima, prestaría más atención de a donde iba el portal que se iba a robar, no dejaría que volviera a pasar por una cosa así.
Tal vez también debería de meter papel en la boca de Hyun Jin por hacer un portal en un árbol. Es decir, Min Ho se preguntaba seriamente que estaba pensando en querer transportarse a la rama de un árbol, a metros de la tierra.
El suelo parecía estar realmente lejos de él y estaba algo tentado a llorar, debido a la posición en que estaba abrazando la rama, no podía abrir los ojos, o vería lo que había abajo y no quería saber que tan arriba estaba, al menos, no verlo de nuevo. Mala idea abrazarse a la rama en vez de hacerlo al tronco.
Inhaló todo lo que pudo, con los diferentes aromas a los que no prestó atención llegando a su nariz, intentando calmarse a sí mismo para moverse de ahí, no creía poder soportar mucho en aquella situación, por lo que tenía que hacer algo sí o sí.
Empezó a dar murmullos bastante bajos mientras intentaba retroceder en esa misma posición, casi gateando, intentando dar con el tronco al despegarse un poco de la madera. Pensaría que hacer con su vida una vez que lo tocara, a pesar de que podía sentir la textura rasposa de la corteza sobre su ropa, lastimando un poco su piel, quería salir de allí, por lo que era un sacrificio que tenía que hacer.
No sabe cuánto tiempo tardo, a decir verdad, solo sabe que se le hizo un tiempo eterno lograr tocar el tronco con uno de sus pies, porque resulta que había avanzado mucho sin mirar por donde iba cuando pasó por la cosa mágica, bastante seguro de que estaba en una zona que no lo asustaría.
Diría que usaría otro medio de transporte, pero, las manos le temblaban mucho como para lograr sacar algo de la bolsita que llevaba colgada de la cintura, y sinceramente, se negaba a aumentar el presupuesto usado, por lo que solo le tocaba buscar cómo salir de allí con el mínimo de dinero gastado.
Si tocaba el tronco, podría dibujar algo incluso con manos temblorosas; necesitaba una superficie con suficiente espacio como para pasar, por lo que la rama no era una buena opción, además de que su grafito podría caerse y nunca más volver a él, por lo que eso sería igual a una desgracia.
Se sentó con esfuerzo, dando una respiración temblorosa mientras sus manos intentaban apretar la madera debajo de sus dedos, los ojos cerrados tal vez con demasiada fuerza mientras se tranquilizaba a sí mismo con ánimos mentales.
Sus cejas fueron al centro de su rostro, formando arrugas en medio cuando escuchó ruidos cerca de él, tal vez, demasiado cerca, y, joder, si un animal se le había acercado, él mismo mataría a Hwang Hyun Jin si sobrevivía a eso.
Tensó todos los músculos que pudo de su cuerpo al sentir como era agarrado. De forma bastante literal, estaba siendo rodeando por el torso, y se sentía como una especie de mano la que le tenía sujetado. Realmente, quería reaccionar, pero las alturas en combinación el susto provocaron un cortocircuito en su cerebro en que casi colapsó.
Solo atinó a cerrar sus ojos con más fuerza y apretar lo que le estaba sosteniendo cuando sintió como su cabello volaba hacia arriba cuando cayó hacia abajo sin más, la sensación del viento pasando a través de su rostro, no era agradable, y, tampoco la esperaba. Ahora, sí que podría desmayarse.
En medio de todo su susto, momento de colapso en el que no se desmayó, sintió que algo hacía picar su nariz, solo logrando que la moviera mientras sus ojos seguían fuertemente apretados, sintiendo que no podía concentrarse. Su encía de repente estaba picando, y, no sabía diferenciar porque era en ese momento, por lo que solo hizo lo que su instinto le dijo: clavó los dientes en lo que le agarró, sin detenerse a mirar que era.
Escuchó algo como un siseó de dolor, y confirmo que algo con carne le había agarrado, porque la atravesó con los dientes al morder sin más, tal vez algo fuerte, pero, pensaba que no pasaron muchas cosas importantes en medio de su forma de calmarse, aunque estuviera mordiendo algo.
—Bueno —dijo una voz grave, cerca de él, que hizo que los vellos de su cuerpo se erizaran debido al tono—, eso dolió. —Sus parpados se separaron entonces, revelando los iris marrones en ojos almendrados de pestañas largas, su vista moviéndose a través de lo que había mordido, antes de desviarla y seguir el brazo de la mano que le rodeaba hasta llegar a un rostro de alguien que le veía con una ceja alzada que se le hizo curiosa.
Todavía tenía los dientes en la carne cuando sintió que su corazón se aceleraba en su pecho, esta vez no por el susto de estar muy alto, sino por el sujeto que, aparentemente, le hizo el favor de bajarlo del árbol, al desviar la mirada a un lado y darse cuenta de la situación.
Ojos pequeños y algo largos de iris amarillentos tenían la vista fija en él, y realmente no parecía muy afectado por el hecho de que le estaba mordiendo, solo tenía la mirada puesta en sus ojos bien abiertos, con una ceja delgada arqueada mientras le observaba.
No sabía quién era, pero tenía un leve color caramelo en su piel que de repente hizo que sus dientes volvieran a picar, por lo que aflojó la mandíbula para dejar de morder, abriendo la boca y separándose con cuidado, en una imagen probablemente no muy linda porque tendría sus labios rojos por la sangre que debió quedarse en su boca.
Tragó saliva, con un sabor metálico de por medio que prefirió ignorar, por los nervios repentinos ante una mirada que estaba seguro, pertenecía a un depredador; sus iris de repente parecía que se habían encendido, adquiriendo pequeñas motas dorados que comenzaban a hacer su camino para invadir todo el iris bajo su atenta mirada. Min Ho podía jurar que incluso su rostro estaba caliente mientras seguía agarrándose a la mano que le sujetaba.
«Que le sujetaba».
Sus parpados se tocaron y dejaron de hacerlo varias veces en diferentes parpadeos, porque si le sujetaba, quería decir que, a pesar de que había sido bajado del árbol, aún no había suelo debajo de sus pies, que, no dudo en mover cuando el pensamiento llegó a su mente, dejando de distraerse con los bonitos ojos.
Con eso en mente, su mirada se desvió hacia abajo, teniendo que inclinarse un poco para ver, notando que, sí, el suelo estaba a más de un metro de él, cosa que le hizo tragar saliva y volver a marearse sin más, por lo que dio un grito que raspó su garganta sin más.
—¿Miedo a las alturas? —murmuró, con esa voz grave que, a pesar de que lo era, sonaba fuerte, no apenas perceptible como usualmente lo serían, pero, Min Ho no le estaba prestando atención mientras apretaba la mano a su alrededor por el miedo a caerse.
De nuevo, sintió la sensación de ser bajado, esta vez, pudo sentir el suelo bajo sus pies mientras la calidez de la mano dejaba de rodearlo, dejándolo en la tierra con un cuidado que le sorprendió. Min Ho sin más sintió que se iba hacia atrás, quedando como una estrella de mar, justo como Ji Sung antes, mientras apretaba sus ojos con fuerza y parpadeaba varias veces para ver el cielo azul.
No sabía que pensaba el sujeto de él, pero, no le importaba mucho mientras intentaba volver a tener función de su cuerpo y pensar por sí mismo en algo que no sea la picazón en sus encías, o su corazón acelerado, al igual que el aroma picando en su nariz. No podía reaccionar del todo y no sabía cuánto tiempo tardó así, intentando ver en que concentrarse para salir de la confusión que era su mente.
Fue picado por un dedo en su panza, no sabe cuánto tiempo después, lo que hizo que frunciera el ceño de inmediato, volviendo en sí por el toque que le hizo sentarse de repente para apartar el dedo de él con una palmada, mirando a los lados antes de tener que subir la mirada.
Probablemente tenía el ceño fruncido mientras observaba los ojos de un dorado viejo observarle con curiosidad y fijeza, pero, no podía evitarlo, seguía medio confundido por todo lo que le pasó de forma repentina, por lo que intentaba procesar la situación.
Dicho sujeto de piel increíblemente preciosa, en opinión del cerebro confuso de Min Ho, tenía las mejillas bastante notables, y, de repente sintió ganas de clavarle los dientes a una, sin realmente atravesar la carne, simplemente se veían esponjositas y el pensamiento pasó por su mente como un deseo repentino.
—¿Es porque eres pequeño que le temes a las alturas? —Frunció el ceño, observando la cabeza ladeada de él mientras le seguía observando con curiosidad que no se molestaba en disimular.
Bueno, no es que Min Ho no supiera que para algunos era extraño encontrarse con seres como ellos, no eran tan comunes. Eran pequeños, si, en realidad, tenía centímetros de altura, y, en parte, podría decirse que era por eso; el suelo realmente parecía lejano cuando se tenía una altura insignificante en comparación a tu entorno.
—¿Perdón? —Alcanzó a decir, entrecerrando los ojos hacia él, un poco más concentrado y sintiéndose más él una vez pasaron los segundos. No le gustaba que se metieran con su altura, era un tema sensible para él.
—Oh, sí me entiendes. —Sonrió, estirando aquellos labios que eran gorditos a pesar de que no se notara tanto a simple vista. Tragó saliva—. ¿Es porque eres muy chiquito que le temes a las alturas? —Min Ho se cruzó de brazos cuando repitió las palabras.
—¿Con qué derecho me dices tú eso? —preguntó, en cambio, observando al que se rio de él, cambiando la posición en cuclillas a una sentada por la risa que le provocó su pregunta—. Eres bastante enano. —Le dio una mirada, no disimulada, bastante marcada de arriba a abajo.
—¿Crees que alguien que mide centímetros tiene derecho a llamarme enano? —Él tenía ambas cejas alzadas mientras decía aquello, y Min Ho frunció los labios sin poder evitarlo en una mueca.
—Yo soy un goblin —dijo, usando un tono de voz que podía sonar arrogante para algunas personas—, tengo justificación para mi altura, ¿y tú? —Se burló sin más, de brazos cruzados y todavía sentado con las piernas abiertas.
—Vaya —habló, sorprendido mientras le observaba de arriba a abajo, aunque Min Ho seguía sentado y de brazos cruzados sobre su pecho; no había mucho que ver, pero, notó el movimiento de los iris con algo parecido a la fascinación—, pensé que los duendes serían horribles, con largas orejas puntiagudas y arrugas en todo el rostro. —No respondió su pregunta, sino que dijo eso y Min Ho sintió que su boca se abría con sorpresa al escuchar tal cosa.
—¿Cómo dijiste? —preguntó, y el hecho de que se sentía ofendido se notaba mucho en su voz—. ¿No ves acaso que soy la cosa más hermosa que tus ojos han visto? ¡¿Cómo te atreves a decir tal cosa?! —replicó, en un tono de voz alto que solo hizo reír al otro, a pesar de que estaba verdaderamente ofendido por sus palabras.
—Para ser un duende, eres extrañamente adorable. —Min Ho no sabía si tomar el alago, o sentir ofendido por el hecho de que estaba ignorando sus palabras como si fueran nada. Entrecerró sus ojos hacia él, observándole con amenaza.
—Prefiero el término «goblin», muchas gracias —dijo, dando un bufido y desviando la mirada antes de volver a mirar al sujeto frente a él que seguía observándole divertido, por lo visto—. Suena mejor.
—Definitivamente adorable, aunque —Hizo una pausa, levantando su mano, justo la que Min Ho mordió, dándole un vistazo rápido. La marca de los dientes estaba justo entre el dedo pulgar y el índice, parecía ya estar cicatrizando, mientras él se veía tranquilo al abrir y cerrar. Se sintió sorprendido al ver que ya no sangraba— un poco agresivo.
—Me asustaste —dijo, en su defensa, desviando la mirada, algo avergonzado entonces—. Pensé que era un animal, lo lamento, no fue mi intención. —Le miró al disculparse para que supiera que iba en serio, algo le decía con lo que sea que fuera él, tenía que mirarlo sí o sí, por lo que hizo caso a su instinto. Recibió una sonrisa que mostró sus dientes.
—Soy un poco animal. —Min Ho echó la cabeza hacia atrás, frunciendo el ceño mientras su rostro expresaba confusión. Él sonrió más grande—. Soy un cambia forma lobo. —Alzó ambas cejas, abriendo la boca con sorpresa, encontrándole sentido a la cosa.
Bueno, no es como que fuera el primero que veía; los seres mágicos, como el propio Min Ho, no eran tan extraños en el mundo en el que vivían, incluso, los sobrenaturales, como aparentemente era el otro, pero, aun así, sentía cierta sorpresa por lo dicho, aunque una parte de él ya se lo esperaba solo con ver aquella mirada de depredador.
Pero, tenía la duda de si era por eso que para Min Ho tenía un aroma tan curioso, que seguía picando en su nariz con fuerza por alguna razón que no comprendía del todo, lo que seguía confundiendo a una parte de él. Él era un goblin, que son esas cosas de andar con aromas.
—Diría que no tienes pinta de lobo. —Le dio una mirada de arriba a abajo sin disimular de nuevo, notando esa vez que podía ver brazos musculosos y un torso amplio ahora que estaba sentando, incluso sus piernas lucían bien para poner la cabeza en ellas y descansar—. Pero, tus ojos te delatan. —Él sonrió, de nuevo, y Min Ho se preguntó que era esa sensación en su pecho que le estaba acelerando el corazón.
—Yo pensé que era algo así como un hada el que estaba asustado en la rama del árbol, aunque no tuviera mucho sentido —dice, y su mirada se dirige al árbol detrás de Min Ho, el cual volteó a ver, haciendo una mueca y sacándole la lengua antes de volver a ver al cambiante, que se empezó a reír por su acción—, no un goblin. ¿No eres demasiado bonito para ser uno?
Min Ho sentía ganas de gruñirle de repente—Ya te dije que los goblins somos hermosos —Lo pensó de nuevo—, al menos, yo lo soy. —Frunció el ceño, ladeando la cabeza poco después, con algo de duda—. ¿Un hada? ¿En serio? No tengo alas. —Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al imaginarlo, mirando su espalda por un momento antes de devolverla al frente—. Y aunque las tuviera, tampoco las usaría.
—Entonces, sí que le tienes miedo a las alturas —mencionó, pero parecía ser más para él mismo que para Min Ho. Arrugó la nariz de nuevo por las palabras, que parecían salir de forma natural, sin mucho pensamiento detrás.
—A este punto, es algo obvio. —El lobo le miró, apoyando esa vez su rostro en una de sus manos, justo la que mordió y por la que no se veía preocupado, dándole una mirada que parecía intensa.
—Si es así, ¿qué hacías en un árbol? —Abrió su boca para responder, parpadeó, y volvió a cerrarla, sintiendo que se estaba sonrojando por la vergüenza por alguna extraña razón. El lobo tenía una mirada intimidante, aunque no fuera su intención, y se preguntó si es que todos los de su especie eran así, o acaso solo era cosa de ese en particular.
—Me robé un portal que no sabía para dónde daba —dijo, desviando la mirada por un momento antes de volver al lobo, que se quedó sorprendido, parpadeando varias veces antes de empezar a reírse por las palabras dichas en un tono bajo de voz.
—Aparentemente, fue el karma por hacerlo. —Dio un bufido, notando como el lobo se caía para atrás por la risa, su pecho vibrando. A Min Ho no le daba risa, por lo que volvió a gruñir, frunciendo el ceño y levantándose con algo más de facilidad aquella vez.
—Que karma ni que nada —dice, caminando a donde el lobo estaba acostado, con las manos en su estómago. Min Ho se sintió ofendido, por lo que, dado el hecho de que no era muy alto, se subió encima del lobo hasta quedar en su pecho, recibiendo una mirada brillante con un cabello negro alborotado que caía en su piel suave—. Seguiré robando portales de la gente. —Él volvió a reír, aparentemente sin mucho problema de tenerlo en su pecho de pie, con los brazos cruzados.
Aunque bueno, con un torso que se veía tan amplio y fuerte como el suyo, además de la fama de los cambiantes por un cuerpo de infarto, Min Ho veía como aproximadamente veinte o treinta centímetros de altura, no era problema para él, ni tampoco su peso, a pesar de que entre los suyos, realmente no tenía un cuerpo tan delgado como Hyun Jin.
—¿Aunque termines en árboles? —Hizo una mueca por el tono divertido mientras era observado por iris amarillos que le decían, insinuaban, e incitaban a verlos más.
—Tendré cuidado a la próxima —dice solamente, cruzándose de brazos después de acomodar la boina que sacó de su bolsito sobre sus cabellos de nuevo, al sentir que ya eran molestos—. Gracias por bajarme, lobo. —Una pausa—. Perdón por la mordida.
—Está bien. —Su sonrisa hizo que el pequeño corazón de Min Ho latiese acelerado, observó a su lado como levantó la mano mordida, y, podía ver a través del manchón de sangre como estaba básicamente cicatrizada, cosa, que le tomó por sorpresa—. Oh, parece que va a quedar marca. —Min Ho frunció el ceño, sintiendo su rostro caliente de nuevo, e intentó disimularlo.
—¿Se supone que no debería? —Ladeó la cabeza, intentando ocultar la vergüenza que sentía, no tanto por su impulso, sino que, al ver la piel cicatrizada, de repente sentía ganas de volver a morder, por lo que relamió sus labios con la lengua.
—Soy un cambiante —dice, mirándole mirando movía su mano, la marca de dientes ocultándose cuando el pulgar tocaba el dedo índice—, a pesar de las heridas, no muchas dejan cicatriz.
—Lo siento mucho —murmura, haciendo una venia, mordiendo su labio inferior en vez de la mejilla que estaba cerca de él. El lobo volvió a sonreírle con tranquilidad cuando se levantó.
—No me molesta —dice, observándole a los ojos cuando dejó caer sus brazos a los lados—. Es una marca que hizo mi pequeño compañero, definitivamente no me molesta. Es hasta adorable.
Min Ho abrió los ojos con sorpresa, mientras que el lobo parecía en extremo tranquilo mientras decía las palabras, el corazón del goblin se aceleró con eso, su cuerpo volviéndose rígido mientras procesaba lo que escuchó.
Él definitivamente había sentido algo, y, sabía que los cambiantes tenían compañeros que podía localizar por el olfato, pero, el hecho de que dijera las palabras de forma tan tranquila con aquella voz grave que empezaba a gustarle, le tomó por sorpresa, una que le dejó congelado.
—Aunque, admito que no me esperaba el tamaño. —Dio una risa, pareciendo más entretenido que molesto por aquello. Min Ho todavía seguía bastante quieto—. ¿Los goblin no tienen compañeros? —Negó con la cabeza—. Bueno, eso es…
—Si soy tu compañero, ¿te puedo morder cuando quiera? —La expresión algo preocupada del lobo cambió a una confundida, con cejas fruncidas antes de que le mirara. Min Ho parpadeó varias veces, todavía de pie sobre su pecho, su cabeza ladeándose.
—¿Sí? —dijo, con algo de duda, y aún acostado en la tierra, su cabeza se ladeó, imitando su movimiento.
—Un placer entonces, compañero —dijo, con una sonrisa extendiéndose por su rostro—. Soy Lee Min Ho.
Y después, el goblin solo sonrió.
ͼ۞ͽ
Sintió su pecho vibrar por la risa que se escuchó a través del lugar donde estaban sin mucho problema, incluso, se cayó hacia atrás por la diversión que sentía mientras observaba el rostro con expresión resignada que tenía una sonrisa tensa, que, no hacía nada por calmar la sensación en su pecho.
No puede evitar no reírse; siempre era tan divertido el cómo Chang Bin se comportaba cuando tocaba alguna parte de su cuerpo de repente; que tampoco podía evitar el hacerlo al llegar la tentación y la parte demoniaca a en él le agradaba el ver sus gestos.
A veces, lucía sorprendido y le observaba con cejas alzadas, sobre todo cuando le daba por morder su pecho de forma repentina; otras, tenía la misma expresión resignada de ese momento, dando pequeñas risas entrecortadas al lamerse los labios porque probablemente no sabía cómo actuar ante su descaro, al igual que otras veces simplemente se reía bajo, rindiéndose.
—¿Por qué me has agarrado el trasero? —preguntó Chang Bin, con su cabeza todavía entre sus brazos, mientras Min Ho se sentaba a su lado, todavía con la risa notándose en su rostro.
—Si la vida te da la espalda —habló, con un tono lleno de sabiduría—, agárrale las nalgas. —La risa incrédula de Chang Bin llegó hasta sus oídos, por un momento, como algo que denotaba incredulidad, después, algo más natural.
—Yo no soy la vida. —Le miró entonces, con sus cejas alzadas mientras sus mejillas se notaban gorditas. Min Ho ladeó la cabeza, dando varios parpadeos.
—Eres mi vida —respondió, empezando a reírse poco después, su pecho vibrando por la acción, con el lobo sin saber que hacer, otra vez, ante su actuar.
—No sé qué pensar de tu coqueteo. —Y dejó caer la cabeza entre sus brazos, mientras Min Ho caía hacia atrás por la risa, incluso dando vueltas de lado a lado en el colchón de la cama de Chang Bin, intentando quitarse la diversión que sentía de encima.
Se podría decir que Min Ho se adaptó bastante rápido a la idea de tener un compañero y sin dificultad alguna; después de todo, no es como si Chang Bin no fuera increíblemente precioso y atractivo, a pesar de que a veces podía llegar a ser intenso, Min Ho había aprendido a apreciar las partes más ocultas de su personalidad que se tomó tiempo en descubrir.
Incluido el hecho de que aparentemente no le molestaba la altura del goblin, muy por el contrario, muchas veces podía notar como le daba ternura solo por el diminuto tamaño que tenía, recibiendo una queja de Min Ho cuando lo agarraba simplemente porque quería, a veces, dejándolo encima de algún lugar porque decía que lucía como un bonito adorno.
El goblin simplemente había llegado de improvisto en su casa, después de aprender de memoria como dibujar los alrededores de la casa de Chang Bin, para poder entrar a su antojo, y, después de tantas veces que lo había hecho, el lobo estaba acostumbrado a sus repentinas entradas que podían ser ruidosas, o increíblemente tranquilas.
En esa ocasión, realmente le estaba dando la espalda, ya que estaba acostado boca abajo revisando unos papeles, hasta que Min Ho decidió meter mano, porque la curva de su trasero era tentadora y él quería agarrarla cuando la veía.
No era culpa suya que Chang Bin tuviese tan buen cuerpo y a Min Ho simplemente le provocase tocarlo; o incluso, morderlo de vez en cuando, sin clavarle los dientes muy fuerte. De todos modos, no es como que pudiese abarcar mucho terreno cuando lo hacía.
Efectivamente, en la mano del lobo había una cicatriz de la marca de los dientes de Min Ho, pero, no le molestaba y a veces podía verlo observarla con una sonrisa, diciendo que era el recuerdo de cuando se conocieron, parecía incluso risueño, a pesar de que él realmente se había disculpado varias veces por ello.
Él era jodidamente romántico, por lo visto, a pesar de la apariencia más ruda que había notado que tenía, vistiendo siempre de negro y usando cortes de cabello que le hacían ver más agresivo, agregado al hecho de que era un depredador, las personas podían llegar a temerle, sobre todo, con esa mirada amarillenta que le recordaba al oro viejo en sus iris.
Min Ho solo le tenía miedo a las alturas, y a veces a los insectos, pero, no a Bin, al menos, no con esas mejillas que había mordido con sus labios unas cuantas veces porque el solo verlo hacía que sus dientes picaran incluso después de tanto tiempo de conocerse, siempre ansioso por tocar con un deseo que parecía no dejarlo.
Al igual que su risa escandalosa era algo que le hacía sonreír y que aprendió a sobrellevar con el tiempo, incluso, ambos habían descubierto que eran un equipo un poco peligroso, porque dejaban desastres a su paso y Min Ho ya había conocido a Chan, el alfa de la manada a la que pertenecía Chang Bin debido a ese hecho, por algunas cosas que habían causado juntos.
No es como que le tuviera miedo, pero, admitía que le dio risa su mirada cuando vio a la persona que provocó aquel pequeño desastre, parpadeando varias veces y preguntándole a alguien si estaba alucinando antes de agacharse a su altura, aún con la sorpresa en su rostro mientras intentaba parecer lo más inofensivo posible.
No es que fuera culpa de Min Ho ser tan desastroso, aparentemente; era que Chang Bin podía llegar a ser un tornado, por lo visto, con cualquiera con quién se le juntara, siempre en diferentes combinaciones igual o aún más peligrosas. Lo comprobó cuando hicieron una de sus cosas junto a Hyun Jin y Ji Sung cuando se los encontraron de paso.
Era divertido pasar tiempo con él, pero, a medida que las cosas fluían, sentía que morder de a broma ya no era suficiente, la sensación molesta en sus dientes simplemente regresaba en poco tiempo, a veces ni siquiera se iba, y realmente comenzaba a irritarle ese hecho, por lo que había estado buscando una solución, con algunas cosas llegando a su mente.
Apartando la cosa de que había ciertas cuestiones en el hecho de su altura, Min Ho estaba relativamente bien con lo demás, aunque, sentía que quería tocar más, marcas más, explorar más, y era una sensación extraña que no lograba sacarse de encima por mucho que lo intentara, con bastante esfuerzo y algunas risas de Chang Bin de por medio.
Usualmente no le prestaba, o sentía, tanto esa parte de él que había hecho acto de aparición, estaba seguro, de que Chang Bin hizo que saliera a luz con su presencia, pero, si era sincero, a pesar de que era extraño, no le molestaba en parte, mientras intentaba lidiar con ella.
Chang Bin era realmente tranquilo respecto a dejar que Min Ho jugara con él, a pesar de que podía ser escandaloso a veces con sus quejas fingidas o con los pucheros que hacía, ser adorable era algo que le salía de forma natural al lobo. En ese momento, en que se dejó de reír, se quedó pensando en algo por un momento antes de decidir subirse en la espalda del lobo, que ahora solo parecía estar descansando con sus ojos cerrados.
—No me digas que quieres morderme de nuevo —dijo, con el ceño fruncido a pesar de que sus ojos seguían cerrados, su cabeza en sus brazos mientras se mantenía de espalda al sentir como se subía, en una sensación a la que se había acostumbrado.
—¿No puedo? —preguntó, con sus manos tocando a través de la ropa los músculos marcados de la ancha espalda, pinchando algunos con un dedo porque llamaban su atención.
—Puedes —dice, abriendo sus ojos claros y dándole una mirada sin cambiar de posición, con esa expresión que le hacía parecer el depredador que era de parpados caídos—, aunque se me hace curioso como siempre pareces querer clavarme el diente.
Min Ho dio una risa baja —Tu cuerpo está tan bien formado, que me dan ganas de tocarlo. —Chang Bin frunció el ceño, pero, podía notar como pareció avergonzarse con ello, porque su piel tomó un tono más oscuro con el rojo que lo cubrió—. Y morder. —Hizo una pausa, pensando—. Siento que quiero marcar.
—¿Cómo si fuera tu territorio? —Sonaba divertido, pero, Min Ho estaba pensando con seriedad, todavía encima del lobo, con un pensamiento llegando a su mente.
—Eres mi territorio. —Chang Bin le miró con una ceja alzada, dando una baja risa que hizo vibrar su cuerpo, pero, Min Ho no se vio molesto por el movimiento, acostumbrado—. Así que tiene sentido. —El lobo ahora soltó una risa.
—Eso suena mucho como un cambia formas, no como un goblin. —Min Ho desvió la mirada del techo hasta él, e iba a responder, pero, ladeó la cabeza, considerando algo, antes de empezar a sonreír.
—¿Te molesta que sea tan pequeño? —Chang Bin frunció el ceño, desviando la mirada para pensar antes de mover la cabeza sobre sus brazos.
—No, realmente —dijo, dando un suspiro—. Aunque sea un poco extraño, no lo hace. —Min Ho asintió, pensando todavía—. Eres bastante adorable con ese tamañito. —El goblin soltó una risa avergonzada ante las palabras a las que todavía no se acostumbraba.
—Basta de eso —dice, moviéndose un poco hacia atrás. Sintió que Chang Bin se apoyaba en sus antebrazos para mirarle al levantar su torso.
—¿Piensas tocarme el trasero de nuevo? —preguntó, observándolo por encima del hombro, Min Ho soltó una risa por las cejas alzadas.
—¿Debería? —Fingió pensar por un momento, deteniéndose cuando llegó a su espalda baja, pero, sin tocar todavía el área que había más abajo—. Chan tiene una presencia muy fuerte —dice, cambiando el tema, observando a Chang Bin—, pero, a pesar de que tú eres obviamente un depredador, siento que eres más suave.
—Es porque soy omega —explicó, observando al frente esta vez, pensando—. Chan es un alfa, suelen tener presencias bastante marcadas. —Min Ho estaba atento a la explicación, asintiendo.
—Los alfas deberían ser las parejas de los omegas, ¿no? —Chang Bin ladeó la cabeza, y Min Ho podía ver los mechones negros algo alborotados, probablemente por estar acostado sobre sus brazos.
—No realmente —dice, dando un suspiro algo cansado—. Solo es un lugar en la jerarquía, después de todo. Puedes encontrar alfa con alfas y omegas con omegas, todo depende de gustos. —Min Ho miraba la piel expuesta de su cuello mientras movía la cabeza al pensar, sintiendo sus dientes picar al notar el ligero color acaramelado.
—¿Cuáles son tus gustos? —preguntó, recibiendo otra mirada por encima del hombro que parecía ser pensativa mientras usaba un tono lleno de curiosidad—. ¿Alfa? ¿Omega?
Notó como Chang Bin se sonrojaba un poco, parecía algo nervioso por la risa que dio y Min Ho ahora estaba más ansioso por la respuesta, pero, no lo presionó a hablar mientras parecía pensar en sus palabras, considerando que decir.
—Siendo sinceros, me gustan más los omegas. —Dio varios parpadeos, notando como el rojo de sus mejillas las hacía lucir más bonitas. Min Ho dio una lenta sonrisa, ladeando la cabeza.
—Oh, eso es bueno —dice, y recibe una mirada confundida de Chang Bin, puede notarlo por sus cejas fruncidas—. Después de todo, me parece y resulta que también soy uno. —Sintió la tensión debajo del cuerpo debajo de él, pero, Min Ho se mantuvo en su lugar.
—¿Eres un omega? —Sonaba confundido, y atinó a soltar una baja risa—. Estoy seguro de que solo eres una cosita bastante pequeña.
—Ah, ¿mi tamaño es el problema? —lo dijo en tono risueño, pero, notó que el ceño de Chang Bin se frunció, y Min Ho sabía que iba a proceder a explicarse. Por ello, no le dejó tiempo—. Solo tenías que haberlo dicho antes, cariño.
Era un ser con magia, el hecho de que pudiera cambiar su tamaño solo con ella era algo bastante obvio, tanto, que ni siquiera había considerado la posibilidad. En realidad, los goblins usan esa altura diminuta más que todo por comodidad, al respecto de las demás razas, ya que eran seres que le gustaba vivir entre su misma especie y ese tamaño se los facilitaba.
Era tan normal y tan común el usarla, que muchos olvidaban que podían cambiar de tamaño, pero, apartando eso, Min Ho no mentía al respecto de que era omega, solo que había olvidado ese mínimo detalle al verse rodeado más que todo por goblins. Su mamá era goblin, mientras que su padre fue un cambia formas, así que Min Ho tenía mitad y mitad, era solo que lo había olvidado porque le fue dicho hace demasiado tiempo, debido a que fue criado por alguien más que no lo engendró. No le pareció algo necesario en ese entonces.
Por eso mismo, no tardo tanto en ver el rostro de sorpresa de Chang Bin cuando simplemente se hizo más grande, al tamaño más «humano», entre un borrón de neblina, sintiendo la sonrisa tirar de su rostro mientras el cambio sucedía. Era por ese otro lado que siempre seguía sus instintos.
Dio un soplido con su aliento caliente en la nuca descubierta del lobo debajo de él, con algo de diversión que era bastante palpable, sobre todo por la expresión en su rostro, la sonrisa que mostraba sus dientes revelando como se sentía al respecto con la situación que se estaba desarrollando.
Uno de sus brazos terminó hundiéndose en el colchón cuando su mano se posó al lado de la cabeza del lobo, mientras que seguía sentado sobre él, aún en su espalda, pero, teniendo en cuenta el cambio de peso, no se apoyó por completo en él, deslizando uno de los dedos de la otra mano por la piel de su hombro con toques suaves.
Chang Bin aún parecía estar procesando lo que acababa de pasar cuando se inclinó para besar su hombro, la piel de gallina se extendió por todo su cuerpo antes de girar su cuerpo con lentitud, con Min Ho levantándose para permitírselo antes de volver a sentarse, ladeando la cabeza con una sonrisa juguetona en su rostro, con algo como diversión en él.
—Vaya —murmuró, parpadeando varias veces, y Min Ho disfrutó de ver como su rostro se tornaba más rojizo mientras más le observaba—, tu belleza ahora sí que me ha golpeado. —Soltó una risa por ello, esperaba otra cosa, no esas palabras.
Min Ho había decidido qué hacer con aquella sensación de querer marcar a Chang Bin, y para ello necesitaba el tamaño «estándar». Podía comprobar cuanto había alterado al lobo, solo deslizando la mano por su pecho cubierto por una tela fina, con la diversión nadando en sus ojos mientras lo observaba al ver sus reacciones más nerviosas.
—Había olvidado que podía hacer esto. Que desperdicio, debí recordarlo antes —dijo, observando los ojos claros de Chang Bin, que le miraba atento antes se sentir que su rostro era sujetado entre sus manos, por lo que se inclinó más hacia él.
—¿Cómo puedes olvidar esas cosas? —pregunta, con su ceño fruncido mientras parecía escanear su rostro. Debía admitir que sentía su corazón acelerado en su pecho al ser escaneado a tan a detalle, como si estuviera comprobando que realmente era él.
—Convivo solo con goblins. —Se encogió de hombros—. Simplemente olvidé que tengo este tamaño, ya que cuando se me dijo no le di importancia, cuando era niño. —se rio—. ¿Sabes? Soy más alto que tú. —Recibió unos ojos entrecerrados por su burla entonces.
—No estamos de pie, ¿cómo puedes asegurarlo? —La voz grave de Chang Bin se oía realmente bien a sus oídos de esa forma. Min Ho alzó las cejas.
—No es necesario que lo estemos como para darme cuenta. —Deslizó su mano por el pecho de Chang Bin, deteniéndola en su corazón, sintiendo los latidos acelerados debajo de su palma—. Ahora, ¿qué podemos hacer con este tamaño? —Oyó como Chang Bin tragó saliva, la anticipación también en su rostro.
No detuvo la sonrisa que se formó en sus facciones, por supuesto que sabía que acababa de poner nervioso al lobo debajo de él, y esa era justamente la idea; Min Ho a veces simplemente le encantaba molestar a la gente, pero, adoraba ver la faceta tímida de Chang Bin cuando él parecía un lobo tan intimidante e inalcanzable.
El solo ver sus mejillas sonrojadas hizo que se inclinara y mordiera una con sus labios, sin clavar los dientes en absoluto, sintiendo la respiración temblorosa cuando apretó, decidiendo que había muchos sitios en los que quería encajar los dientes, ahora que podía marcar y se notaría más.
El cuerpo de Chang Bin estaba tan bien formado, justo en las partes necesarias que a Min Ho le encantaba cada que lo veía, junto a ese tono ligeramente dorado que tenía su piel, era casi una tentación para él siempre que pasaba frente a sus ojos.
Podía sentir las inhalaciones y exhalaciones temblorosas debajo de su mano cuando deslizó su lengua cerca de su oreja, antes de morder el lóbulo, sin dejar realmente una marca, solo jugando con él a dar pequeñas mordidas para alterarlo.
Las manos en su cintura le hicieron tener un escalofrío que le hizo mirar directo hacia los ojos claros de Chang Bin, que parecían tener una capa reflectante de luz bastante gruesa, haciéndolos acuosos en una vista que, debía decir, le estaba provocando una erección al ver lo bonito que lucía desde esa distancia.
Chang Bin siempre parecía tan dominante e intimidante, su presencia te hacía pensarlo, aquello solo era resaltado por la fuerza en su voz, además de su mirada sería una vez que estaba cumpliendo sus deberes, y Min Ho lo había comprobado varias veces, pero, en ese momento donde lucía tan dócil debajo de él, la imagen podría llevarlo al borde.
Solo hizo que sus dientes picaran más por morder algo, y tuvo que deslizar la lengua por su labio inferior mientras observaba los ojos que también le miraban, las respiraciones aceleradas, el agarre en su cintura fortaleciéndose.
—Tu cuerpo está más formado de lo que pensé —murmuró Chang Bin, y parecía concentrado cuando una de sus manos dejó de tomarle por la cintura para hacer su camino hacia arriba, a través de su abdomen, sintiendo los músculos debajo de la palma, hasta llegar a su pecho, antes de que volviera a bajar hasta apretar sus muslos—. Que piernas. —Las cejas alzadas de Chang Bin le hicieron dar una baja risa.
—Tú tampoco estás nada mal. —Min Ho pasó su propia mano por el pecho amplio del lobo, deteniendo su mano encima de su corazón de nuevo, antes de apretar el relieve que podía sentir entre sus dedos, la reacción de su cuerpo al toque causaba algo en él, por cómo se tensaba—. Mis dientes pican, quiero morder.
Chang Bin frunció el ceño, dando una respiración temblorosa —Siempre quieres morderme. —Una mueca, antes de que Min Ho bajara más hacia su rostro—. En realidad, siempre andas tocando mi cuerpo, es extraño sentir pequeñas manos, ¿sabes?
—Bueno, entonces, me aseguraré de ser más grande cuando toque lo que es mío. —Chang Bin negó con la cabeza por sus palabras, pero no parecía realmente molesto, solo resignado, dando una risa baja antes de observarles con iris de un dorado viejo—. ¿Puedo morderte?
—En el cuello —dijo Chang Bin, subiendo su mano hasta agarrar su nuca para bajarlo, alzando la cabeza y moviendo el hombro para darle espacio, jalándolo hacia abajo para llevar su cabeza hasta ahí—. Quiero tus dientes en mi cuello.
—También puedes morderme, si quieres —murmuró, acomodándose de nuevo para deslizar la lengua por la piel expuesta, dando pequeñas mordidas en las clavículas, mientras iba subiendo, en una lenta espera para ambos—. Me agrada la idea de sentirte
Una risa baja —Lo haré, no lo dudes. —Min Ho sonrió, dejando un beso suave en la unión del cuello y hombro antes de relamerse los labios.
—Lo espero, entonces —dijo, pasando su lengua por la extensión de piel antes de que sus labios se separaran, mostrando los dientes blancos que no tardaron demasiado en atravesar las capas de piel para hundirse en la carne en una mordida que dejaría una marca, escuchando el gemido de fondo de Chang Bin.
Por fin, se sentía satisfecho.
