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No es que a Mikasa no le guste festejar Año Nuevo.
En realidad, le solía gustar bastante festejar en su ciudad natal, comer con su familia y después de las doce ir con sus amigos al centro a disfrutar de la noche. Cuando se mudó a una ciudad más grande para estudiar, los festejos fueron variando: el primer año viajó a su ciudad para festejar como siempre, el segundo año se quedó en su pequeño departamento y festejó con otros estudiantes que están lejos de casa; había sido diferente pero muy divertido.
Fue ahí que se enteró que Eren Jaeger, un ex compañero del secundario, estaba viviendo en la misma ciudad y estudiando en la misma universidad (en otra facultad, claro). De a poco comenzaron a hablar y pasar tiempo juntos, casi a diario y, en un momento, se dieron cuenta de que nunca se habían conocido realmente cuando eran compañeros, no habían compartido muchas cosas.
Y en un abrir y cerrar de ojos, habían comenzado a salir. O sea, salir-salir, ninguno se atrevía a usar la palabra “novio/a” pero iba por ahí. Era muy pronto para oficializar ya que estaban saliendo hacía dos meses.
Por supuesto tenían sus momentos incómodos, como cuando él la invitó a pasar Navidad con su familia. Mikasa dijo que no, que sería raro y lo pasó con amigos. Además, tenía un final muy importante que debía rendir el día 27 de diciembre. No iba a poder estudiar estando con Eren y su familia.
Lo del final… bueno, no había salido muy bien y era el principal motivo por el cual, en ese momento, estaba sola en su monoambiente, sentada en su sofá-cama y tratando de prestarle atención a una película. Le era imposible. Solo podía pensar en el examen, una y otra vez, en cómo se había paralizado, en cómo se había equivocado y en la cara de decepción de su profesor. Dios, se sentía horrible pero no podía evitar volver a eso. Un poco masoquista de su parte.
Ni siquiera las fiestas la animaban. Sus padres creían que iba a festejar con sus amigos de nuevo así que no estaban preocupados. Quien parecía estar al tanto era su tío Levi ya que, al parecer, Eren le había comentado cuando se lo cruzó en su ciudad natal que ella no estaba muy animada para Año Nuevo.
Un metido. Igual Levi no le dijo nada, por suerte.
Eren seguramente iba a estar con su familia y podía darle una buena excusa a sus amigos. Ni siquiera tenía ganas de quedarse despierta hasta las doce, ni de cocinar, ni de tomar sidra (ni compró). Solo quería estar sola.
Miró su celular y eran casi las diez de la noche y la realidad es que no tenía sueño. Uh, bueno, debí haber comprado al menos una sidra.
Ir a comprar a esa hora no se le pasaba por la mente ni un poco y, entre todo eso, la película que estaba viendo terminó. Ni lo notó. Así como tampoco notó que tocaban el timbre, no el del portero eléctrico de abajo, sino el de su casa. Sonó bajito, no se usa mucho.
Su tío probablemente le diría que no tiene que contestar la puerta en fechas como éstas y a éstas horas pero bueno, ya se estaba levantando para contestar.
—¿Quién es? —preguntó con inseguridad en su voz pensando que podía ser un desconocido o, peor, un vecino pidiéndole ayuda con algo.
—Soy yo —era la voz de Eren.
Pero si estaba en su ciudad natal.
Abrió rápidamente, haciendo que la puerta se golpee con la pared. —¿Qué hacés acá?
Velozmente notó que llevaba una caja de sidra debajo de uno de sus brazos y una bolsa de tela colgada del otro, al parecer llena de cosas. —Te vine a ver, ¿no puedo?
—Pensé que estabas con tu familia… ¡Pará! ¿Cómo entraste? ¿Quién te abrió abajo?
—El encargado me conoce ya —antes de pasar por el umbral de la puerta le pasó la bolsa a la chica. —Fijate si te gusta la comida o compramos otra cosa.
—¿Lo trajiste desde casa?
—¿Estás loca? Con ese viaje se pudre todo —dejó la caja de sidra en la mesita donde usualmente se come para luego darle un pequeño beso en los labios, a modo de saludo. —Compré todo acá.
—Es cara la comida hecha, no te hubieses molestado —revisó la bolsa para separar las cosas que debía poner en la heladera y las que debían calentar en el horno. Hasta postre trajo. —Podríamos haber comido lo que tengo acá.
—¿Qué tenés? Además de arroz y huevos.
—Eh… fideos, creo… —se quedó pensativa por unos momentos, —uh pero me quedé sin aceite…
Eren se rió. —Cómo se nota que es fin de mes. Yo tampoco tengo nada en mi depto, todo eso lo compré con la plata que me dio Zeke por Navidad.
—Ay, Eren, ¿sos boludo? No me lo hubieses dicho, ahora me siento re mal.
—¡Pero no! —alargando la última vocal. —No fue tan caro, gasté más en la camiseta ésta y eso que es trucha —le dijo señalando la camiseta de Argentina con las tres estrellas que tenía puesta. No parecía tan mala, le quedaba bien con la bermuda de jean y las ojotas. Medio croto, ahora que lo piensa.
—Está buena, ¿no la tendrán en negro? —A Jaeger le causó gracia, obvio que el color predilecto de Mikasa es ese y todos los tonos oscuros habidos y por haber.
—Hablando de eso, ¿qué hacés con esa ropa? Hacen cuarenta grados —no solo estaba vestida de negro, sino que además tenía puesto un vestido de encaje con mangas largas. —Me re gusta tu estilo gótico pero es un poco extremo, ¿no?
—Las góticas culonas estamos acostumbradas —ambos rieron. —Y además estaba con el aire acondicionado, lo apagué hace un rato porque tenía frío.
—Uh, bueno, prendelo así pongo el horno.
Si bien Eren no cocinó nada, si fue el que se encargó de calentar y servir todo y, para ser comida comprada, estuvo bastante rica y los llenó bastante, tanto que decidieron dejar el postre para (mucho) más tarde.
Durante la cena no le preguntó nada sobre el final, ni cómo estaba con eso, lo que sentía. Eren actuaba como si nada. Bueno… actuaba como siempre, eso estaba bien, ¿no? Además, ¿hablar de la universidad en Año Nuevo? Ok, Mikasa es muy capaz.
—¿Viste que van a reestrenar las pelis esas de vampiros que te gustan? —también todas las cosas que decía eran muy triviales, muy banales, ni siquiera le contó algún chisme de su ciudad. —¿Querés que vayamos a verlas?
—Saqué las entradas hace como un mes —respondió automáticamente. —No te dije nada porque recién habíamos empezado, también porque pensé que no es algo de tu estilo.
—Y… o sea, tenés razón pero… —no sabía muy bien qué es lo que quería decirle, —tal vez te puedo-¿vas acompañada de alguna amiga? —habló demasiado rápido por lo que Mikasa frunció el ceño. —Que si vas sola o con alguna amiga.
—Ah. Sola, como siempre —tal vez el tono de voz que usó le dio a entender que no quería que él tenga algo que ver con sus salidas, que estas cosas las prefería hacer sola. Realmente no era lo que quería expresarle. —Igual… —vio un brillo de esperanza en los ojos verdes de Eren, —podés venir cuando termine alguna de las funciones y vamos a comer juntos.
Sonrió. —Dale… ¿son muchas?
—Cinco.
—Y… ¿te molesta si vamos a comer juntos esas cinco veces?
—Sos medio vueltero, ¿no? —soltó de repente
—Ey, vos también —respondió entre risas, —somos vuelteros.
—Tal parece.
—Igual no me respondiste.
—¿Eh…? —no comprendió al principio. —Ah, ¡Ah! ¡Sí, sí, obvio! —efusivamente, para que no piense mal.
Y otra vez volvieron a hablar de cosas sin importancia, hasta que empezaron a escuchar mucho ruido. Ya era el nuevo año.
—Uh, fuegos artificiales —dijo Eren.
—No, son tiros —respondió Mikasa con total seriedad.
—Ah, un día cualquiera en el barrio—dijo él con sarcasmo, todavía riéndose de la seriedad de la chica. —Voy a abrir la sidra.
No tiene copas en su casa, es una compra pendiente, así que tomaron en los mismos vasos donde habían tomado gaseosa. La sidra era buena. Brindaron e hicieron fondo blanco, para volver a servirse. Esta vez, por algún motivo, se la tomaron de forma relajada, como que esa primera vez había sido solo por el año que pasó. Se quedaron sentados, enfrentados, con el televisor de fondo.
—No brindamos por nada —comentó Eren.
—Si, por el 2023 —frunció el ceño. —¿No se supone que es para eso el brindis? O sea, no hace falta decirlo.
—Bueno, sí —evitó mirarla por unos segundos —¿pero no hay nada más?
—Estás dando vueltas otra vez. ¿Estás preguntando por el final o qué?
—¿El final? —hizo una mueca. —Me refería a nosotros —suspiró, capaz no era momento. —No quería hablar del final sabiendo que estabas triste, me parecía que no daba.
—Capaz soy yo la que quiere hablar de eso —cuando vio que tenía la atención de Eren, prosiguió. —¿Sabías que es uno de los finales más difíciles de la carrera? ¿Y que mucha gente dice que es el filtro? Hasta dicen que si lo reprobás, la carrera no es para vos.
—Pero- —Mikasa volvió a acaparar la conversación, era su momento de descargarse.
—Y no quiero volver a cursar esta materia, está lleno de pendejos que recién salen del secundario y los odio —con énfasis en la última palabra. —Si vuelvo a reprobar en febrero, voy a tener que cambiar de carrera, buscar otra cosa.
Cuando se quedó en silencio por unos minutos, Eren vio la oportunidad de hablar. —Primero que nada, sos una exagerada porque incluso si reprobás en febrero, tenés otra oportunidad. Segundo, Francia —ambos rieron. —Tercero, es imposible que esta carrera no sea para vos. Hace tres años que estás estudiando, no te falta mucho y tus notas son buenísimas y, lo más importante, —se levantó de su asiento, dispuesto a acercarse a la chica, quien lo miró extrañada pero también con unas ganas enormes de reírse. Internamente, al menos.
—¿Qué? ¿Me vas a abrazar? Es un poco cliché, ¿no te parece?
—Ay, callate, te estoy diciendo cosas lindas—pero sí, obvio que se agachó y la abrazó. —Lo más importante es que se nota que amás tu carrera. No te podés rendir por un final de mierda.
—Gracias… no sé qué decir —solamente le correspondió el abrazo, sintiendo su calor que no era desagradable como el calor de verano, era un calor que le animaba el corazón.
—No digas nada, vos seguí la corriente.
Se quedaron un rato así. Mikasa pensaba que, la verdad, había sido la mejor compañía de Año Nuevo. Había empezado mal para ella pero ya con su sola presencia, Eren hizo que todo mejoré.
Eren, la comida y el alcohol, claro.
No importaba que todavía no eran oficialmente novios, no necesitaban títulos en estos casos. Bueno, en realidad nunca pero que haya decidido pasar esta fiesta con ella significaba mucho.
Aunque era demasiado bueno…
—¿Mi tío te pidió que vengas? —soltó de la nada.
Eren frunció el ceño y dejó de abrazarla. —¿No? Vine porque sabía que ibas a estar sola.
—No te sientas obligado sólo porque salimos, en serio. Si tenés ganas de ir a una de esas fiestas después de las doce, andá, no me molesta.
—¿Y si vamos los dos?
—Ni ganas.
—Pero dale, si estás re lista para salir —dijo señalando el vestido. —Estás hermosa, por cierto.
—Re que más temprano me cagaste a pedos porque hace calor para usar esto.
—Ah… si, para salir no… pero igual estás hermosa y seguramente tenés algún vestido de verano en tu placard.
—Si pero también es negro.
—Bueno, messirve . Mientras no sea de encaje, obvio, hace demasiado calor—le mostró una gran sonrisa, sincera, dulce y atinó a volver a abrazarla pero Mikasa volvió a hablar.
—¿Posta mi tío no te pidió que vengas?
—Uh, otra vez… —suspiró, un poco harto. —Ya te dije que no. Encima- —ahogó una risa —¿justo a mi me va a hablar para eso? Cuando le hablé allá en casa me pareció que le caía mal. Bah, que le caigo mal.
—¿Por?
—No sé, siempre tiene una cara de culo cuando me ve…
—Ah, no, él es así.
Ambos rieron pero pronto se quedaron en silencio por unos momentos. De repente, Mikasa volvió a sentir el calor de Eren, al envolverla en un abrazo. Se sentía bien. Todo estaba bien.
—Eu, si no querés salir, está bien —usó un tono de voz mucho más calmo, más bajo. —Ponemos otra sidra en el freezer y bailamos temas de Los Palmeras.
Se separó un poco para mirarlo fijamente a los ojos y acariciar suavemente una de sus mejillas. —Estoy para otra sidra, si.
—Además, sería una lástima que te tengas que sacar ese vestido tan lindo —sonrieron una vez y, al fin, juntaron sus labios. Fue un beso simple, no muy apasionado porque, una vez que ellos empiezan con esa clase de besos, no terminan más. Lo mejor era guardarlo para más tarde.
Fue Mikasa quien agarró no una sino dos sidras para meterlas al freezer y seguir con el festejo. —Che, ¿congelamos al profe que me tomó el final? —dijo como si fuera poca cosa.
—No empieces con tus cosas de bruja —se rió pero por dentro esperaba no encontrar su nombre en el freezer de Mikasa. Para cambiar de tema, puso cumbia. —Vamos a bailar hasta que amanezca.
—O hasta que se acabe la sidra.
—Eso suena mejor, sí.
Y así como ambos se reconocían vuelteros, pasaron una gran parte de la madrugada dando vueltas al ritmo de la música.
Sin importar el poco espacio, lo poco talentosos que son para la danza y sin importar que la última sidra se congeló completamente por estar ocupados en otras cosas.
Aunque eso ya era otra historia completamente diferente.
