Actions

Work Header

Blume

Summary:

Una nueva época en la que podías encontrar al amor de tu vida a través de su aroma. "Destinados" así los llamaban, porque el destino no conocía género, etnia o idioma, sólo aromas.

Jinyoung x Bambam
Jaebeom x Jackson
Mark x Youngjae

Chapter 1: "Blume"

Chapter Text

"Destinados", así los llamaban, porque el destino no conocía género, etnia o idioma, sólo aromas.

En una época en la que podías encontrar al amor de tu vida a través de su aroma, Mark estaba pasando un momento difícil intentando descubrir cuál sería la persona ideal para él. Muchos decían que al olerlo te darías cuenta, sentirías tu cuerpo flotar, tu corazón latir rápidamente y por sobretodo lo demás, no querrías dejar de oler a aquella persona, algo adictivo, insaciable.

Mark conocía el olor de todos sus amigos como la palma de su mano y el más cercano a esa experiencia había sido Jinyoung, su aroma era lo más precioso que había tenido el placer de experimentar hasta el momento, pero no era su destinado, no sentía más que calidez y a su corazón acelerarse ante el cariño del menor, pero nada más.
El castaño olía dulce, como estar en casa, estar con Jinyoung era sentirse en un hogar, cálido, tan dulce como el amor de un familiar, le recordaba a su abuela, no porque oliera como ella, sino porque su aroma le hacía sentir todo aquello que la mujer le había hecho en su momento, lo hacía sentir querido, cuidado. Jinyoung era su lugar feliz, su lugar seguro.

Pero no era suyo. Y eso dolía.

Sabía que lo que el menor le brindaba no era amor, sino, algo natural de su personalidad, porque otro rasgo de los aromas, era que a medida que uno construía su personalidad, su aroma se adaptaba a ello, por eso las personas que fingían ser alguien más no olían a absolutamente nada y, aquellas personas que parecían estar podridas por dentro, olían a eso, basura en estado de descomposición; Jinyoung olía a seguridad, a hogar, dulce, porque así era él, una persona que lograba hacer a los demás sentirse felices, seguros y cálidos, como si estuvieran en su casa, Jinyoung era un hogar andante, y Mark creía que Bambam definitivamente había sacado la lotería, ¿Cómo alguien tan frío y, en otras palabras, cruel como el menor, había terminado destinado a alguien tan dulce como el castaño? Era imposible de descifrar, pero así eran las riendas del destino, y por algo, parecían complementarse tan bien.

Bambam— como antes mencionaba —, a diferencia de su ahora pareja, olía frío, estar cerca suyo era como salir en invierno mientras una tormenta de nieve estaba arrasando con la ciudad, completamente desnudo; era un aroma indescriptible, pero aquello era lo que lo hacía tan especial, ¿Cómo había obtenido aquel aroma? Con sólo hablar con él podrías darte cuenta, el peliblanco era frío, de pocas palabras, pero cuando decidía abrir la boca, nada muy agradable podría salir de ahí, a menos que la persona fuera Jinyoung; el menor era frío y cruel con quienes no conocía, e incluso, con sus amigos lo era de una manera mucho más sutil, cosa que se agradecía, pero cuando debía dirigirse al castaño, sus ojos brillaban, sus palabras eran cálidas y su aroma se volvía mucho más sutil, como si fuera una persona completamente distinta y sólo existían dos personas capaces de ver ese lado del chico, su destinado, y su mejor amigo— ahora hermano —Yugyeom, pero aquello es historia para otro momento.

Según Jinyoung, Bambam era de esa manera porque en su infancia jamás había tenido a alguien a su lado, las personas eran crueles con él, y durante muchos años de su adolescencia, mientras todos desarrollaban sus aromas, él no podía oler a nada, y aquello era una razón suficiente para que se burlaran de él, acumulando demasiado dolor en su "dulce"— palabras del castaño —corazón, haciendo que un día, todo ese rencor y dolor, se liberara en su aroma, formando esa fría y respetable coraza, haciendo que nadie quisiera acercarse a él, algunos por respeto, otros por miedo al cual disfrazaban de respeto.

Y allí es donde entra Yugyeom, un chico de la misma edad de Bambam, con un aroma a chocolate que al peliblanco le gustaba describir como desagradable, pero sabía que no estaría completo sin él a su lado. Yugyeom había sido el único capaz de acercarse cuando nadie quería hablarle, bajo la excusa de "me agrada el invierno, por eso me agradas", excusa que Bambam odiaba por lo dulce de sus palabras, aún así, no podía negar que desde ese día, el rubio se había ganado un lugar en su corazón, y según el menor de ambos, desde ese día, el aroma de Bambam dejó de ser insoportable; cada vez que Mark recuerda aquella frase no puede evitar sentirse algo incómodo, ¿Acaso Bambam podía sentirse más frío de lo que hacía antes de conocer a Jinyoung? Lo veía imposible.

Pero, ¿Qué pasaba si tu destinado era la persona que más odiabas en el mundo?

Esa era la suerte de Jaebeom, un pelinegro que olía a lluvia, a una tormenta fuerte, y así se veía, sombrío como una noche de lluvia tan fuerte que no podrías conducir por miedo a morir en el intento, Jaebeom daba miedo, pero después de todo, estar con él podría llegar a ser relajante, así como las tormentas, si no tienes que salir de casa, puedes quedarte tranquilo y disfrutarlas en la cama, incluso amarlas, pero si tienes que salir de casa, llegas a odiarlas con todo tu ser, eso mismo provocaba el pelinegro. ¿Y a qué se debía su aroma? A una sola persona, Jackson Wang.

Antes de conocerlo, su aroma solía ser parecido a la tierra mojada, traía calma, un pequeño aroma a hombría y aquel pequeño sentimiento de tristeza, producto de la inseguridad que había crecido junto a él al ser la sombra de su primo, pero cuando el chico se posó en su vida, todo aquella calma se transformó en el revoltijo de emociones que el pelinegro era ahora.

Jackson era un castaño de origen hongkonés, llegado a Corea tarde en su adolescencia, una personalidad encantadora y dolorosamente apuesto, con una fragancia fuerte a roble que hacía a cualquier otro hombre agachar su cabeza respetuosamente, y era eso lo que hacía a Jaebeom odiarlo tanto.

La envidia creciente dentro de su ser.

Jackson era bueno en matemáticas, él no.
Jackson era bueno en los deportes, él no.
Jackson era bueno relacionándose con las personas, él no.
Jackson era increíblemente apuesto, él, podía defenderse, pero aún así, no.
Jackson era respetado por toda la preparatoria, él no.
Jackson era bueno en todo, y Jaebeom lo odiaba por eso.

Pero ahora, ya no podía permitirse odiarlo, porque el día que volvieron a cruzarse, ya adultos, con sus aromas desarrollados completamente, Jaebeom se dio cuenta del problema que se avecinaba, porque antes podía soportar el aroma varonil del menor, pero ahora, quería ponerse a sus pies, quería abrazarlo por siempre, besar su piel hasta que pudiera tener suficiente— aunque era prácticamente imposible —, y se dio cuenta que era su destinado, por lo brillante de los ojos del castaño, por lo mucho que Jackson mordía su labio y tartamudeaba al hablar.

Aún así, no pudo aceptarlo, porque su orgullo se veía lastimado, su hombría se veía dañada, no podía estar destinado a aquel hombre del que había sido sombra durante la preparatoria, mucho menos porque Jackson era una persona hermosa, y él, era un ser horrible, lleno de envidia, de una envidia peligrosa hacía ese hombre.
Por eso, ahora, Mark solía reírse con la insistencia del castaño, porque Jaebeom parecía querer alejarse, pero aquello era imposible si se trataba de Jackson, mucho más porque esa coraza que había creado para proteger su alma, parecía quebrantarse con cada avance del menor.

Y se estarán preguntando, ¿A qué huele Mark?

Mark, a sus 27 años, olía a lo que los demás podrían llamar "perfección", tenía según sus amigos, la mezcla perfecta entre Jinyoung, Jackson y Bambam, la calidez de un hogar, gracias a su hermosa niñez, ese aroma varonil— aunque no sabía el verdadero significado de ello —que creía, había incorporado con la pubertad y la frialdad, por un pequeño aspecto de su personalidad del que no estaba muy orgulloso, Mark era increíblemente celoso, pero no en sus inexistentes relaciones amorosas, sino, que estaba completamente celoso de como sus amigos habían encontrado a sus destinados, y él seguía sin encontrarlo, o encontrarla, aunque siendo sincero, no quería estar destinado a una mujer, nunca se había sentido atraído a ellas.

Las mujeres olían demasiado dulce para su gusto, incluso más de lo que lo hacía Yugyeom y ese chico era chocolate puro, quizás esa era la razón por la que había terminado destinado a una chica igual que él, casi con un mismo aroma pero la única diferencia, era que ella olía a cacao amargo y el, a chocolate con demasiada, demasiada, azúcar.

Mark creía que no tenía suerte, no encontraba otra explicación, ¿Existían personas sin sus destinados? Sí, y los casos crecían día a día, por eso temía, ¿Y si él era parte de esa horrible y dolorosa comunidad? No quería aquello, por nada en el mundo y esa era su razón para no perder la esperanza, era por eso, que cada que salía a la calle, alzaba su nariz, esperando caer rendido ante alguien, pero sólo conseguía decepcionarse.

Ahora permanecía sentado en el sofá de la sala de estar de Jaebeom, quien estaba emocionado por presentar a alguien al grupo de amigos, mientras que intentaba mantener alejado a Jackson de él, quien parecía estar algo celoso con la idea de otro chico incorporándose al grupo— ridículo —, pensó, porque no había forma de que el pelinegro pudiera cambiarlo por otra persona mientras él siguiera a su lado, incluso si su orgullo aún no le permitía abrirse completamente, Jaebeom ya estaba completamente perdido por el hongkonés.

Observó a sus amigos un momento intentando distraer el pequeño dolor en su estómago que parecía crecer a medida que el tiempo pasaba, se sentía algo solo, Bambam permanecía en silencio, abrazado al brazo de su amado, con una ternura algo ajena al menor, mientras que Jinyoung acariciaba de vez en cuando su mano con una sonrisa tan dulce como la miel y hablaba con Yugyeom sobre cómo le había ido en la cita con su destinada, Jackson parecía querer comer a Jaebeom con la mirada y este sólo lo ignoraba, atento a la acera, esperando con ansias al misterioso chico.

Definitivamente se sentía muy solo, y si seguía de esta forma, no creía ser capaz de aguantar por mucho más tiempo junto a ellos, incluso si quería hacerlo, su corazón dolía, no era sano para él estar rodeado de tanto amor, porque hasta Yugyeom, que no estaba con ella en estos momentos, se veía— y olía — diferente, su aroma estaba más dulce de lo normal, y sus ojos brillaban aún más.

—Creo que me iré a casa, no me siento muy bien —admitió y ninguno de los presentes se atrevió a refutar, sabían y entendían lo que sucedía, no hacía falta ser un científico para entender su dolor, sólo esperaban que terminara pronto, porque Mark merecía tener a alguien a su lado.

Pero cuando posó su mano sobre el pomo y giró para abrir la puerta, un par de ojos brillantes y un aroma, un aroma asfixiante lo recibió; rosas, concluyó, olía a rosas con la frescura de la flor de limón, ese chico, quien lo observaba igual de sorprendido que él, olía tan dulce como las flores, pero con la frescura perfecta que parecía abrazarlo a la poca distancia que los separaba. De repente sus manos parecieron aflojarse, así mismo sus piernas, quería abrazarlo, necesitaba abrazarlo, necesitaba sostenerlo por el resto de su vida y jamás, en sus veintisiete años de vida, había sentido algo como eso.

—¡Youngjae! Llegaste, lo siento, mi amigo se estaba yendo —escuchó la voz de Jaebeom, pero no parecía poder oírlo con claridad, no cuando tenía aquellos ojos mirándolo en una mezcla de temor y dulzura.

No podía estar sucediendo.

No podía ser cierto.

—¿Mark? ¿Estás bien? —y de repente, pudo sentir la presencia de sus curiosos amigos detrás suyo, aún así, no podía moverse— ¿Youngjae...?

—Déjame abrazarte, por favor.

Demonios, además de oler perfectamente bien, su voz parecía ser música para sus oídos; asintió, ignorando completamente la presencia de los demás, necesitaba aclarar esa duda, aunque ya era más que obvio.

Aquel peliazul, quien lo veía ya desesperado, era su destinado.

Y ahora lo tenía entre sus brazos, después de tanto tiempo esperándolo, olía perfecto, y jamás se sintió tan bien en su vida, porque a diferencia de todo lo que había sentido con Jinyoung, Youngjae si olía a su hogar.

Youngjae era su hogar.

—Te encontré.