Work Text:
Estamos en los baños para cambiarme al vestuario de escena, Mai se fue por nuestros zapatos que olvidamos en la otra mochila, y Ann amablemente se ofreció a hacerme compañía. Intento sacar algún tema de conversación, ya que solo estamos nosotros dos, y el silencio es un poco abrumador.
—Los últimos arreglos que añadiste en tu vestuario realmente te quedan bien —le digo mientras me pongo mi pantalón. Escucho que se pone nerviosa al intentar responder—. Aunque aquí entre nos, sabía que destacaría tu vestuario sobre todas las demás bandas, ¡incluyéndome! —añado.
Entre sus balbuceos en respuesta a mi halago, me sonrío al tiempo que intento tomar mi camisa, por accidente no mido la distancia y termino lanzándola hacia fuera. Entro en pánico y Ann se da cuenta de lo que sucedió, atónita me pregunta como esperando una confirmación:
—¿Eso fue tu camisa? —entre risas, nerviosa le confirmo el suceso. —¿Cómo se te salió volando? —Ríe y me pierdo en responder la respuesta.
Mientras seguíamos riéndonos por ello quite el pestillo de la puerta para solo sacar mi mano y tomar la prenda de vuelta, pero Ann me toma desprevenido y abre la puerta casi por completo, haciendo que suelte un jadeo de sorpresa. Ambas quedamos atónitas y quietas por el accidente, lo que se sintieron cómo cinco minutos fueron solamente cinco eternos segundos. Lo que ella vio en mí fue un pecho que pese a no estar desnudo, seguía estando usando algo que no permito que cualquiera vea solo así: mi binder.
—Aquí está tu camisa —exclama cerrando los ojos con fuerza y apartando su cabeza. Estaba enrojeciendo de su rostro y su brazo que me extendía mi vestuario perdido, temblaba mucho. Tan rápido como tomé la prenda cerré la puerta con fuerza y solo me quedé ahí en el cubículo, respirando para mantenerme consciente sin entrar en un ataque de ansiedad. —¡Lo siento mucho! —dijo. Lentamente comencé a ponérmelo como debía, pasando un brazo y luego otro. Me sentía enojado, conmigo por no tomar precauciones y con ella por abrirlo con tanta confianza, pero al mismo tiempo sabía que no tuvo culpa porque, al fin y al cabo, cómo podría Ann saber de esto— ¡Te aseguro que yo no vi nada! —continuó. Mi mezcolanza de emociones solo seguía añadiendo más inseguridades. ¿Iba a decirle a los demás lo que vió? Abrocho el último botón. ¿Se alejará por esto que ocurrió? Ahora abrocho el penúltimo. No, en realidad ella no haría algo así. —¡En verdad que no!
Tal vez no tenga que cargar con esto solo, tal vez pueda decirle y entonces estará bien. Mi hermana Mai me dijo que en momentos de angustia sólo debía de respirar profundo y relajar mi pulso, entonces tomaría seguridad en mis decisiones.
—Ann —le llamo. Abrocho el siguiente botón y lo dejo así. Inhalo por la nariz tanto como pueda.
—Bueno, mentí, sí miré, pero fue tan rápido que ni siquiera alcancé a distinguir nada —aclara rápido. Al igual que yo, está atemorizada de lo que pueda suceder, o de lo que sucedió. Exhalo por la boca sin prisa.
—Ann —repetí. Ahora sé que lo siguiente que haga podría marcarme para siempre sin importar el resultado.
—¡De verdad que no le diré a nadie lo que ví! ¡O lo que no ví! —nuevamente quito el pestillo, pero esta vez abro lentamente la puerta.
—¡Ann! —Llamo su atención y es ella ahora la que jadea en sorpresa. —Ven — le hago un ademán con la mano para que se acerque; tengo la camisa medio abierta, por ende, mi binder puede apreciarse—, tengo que decirte algo.
Dubitativa no pronuncia palabra alguna y se acerca, no sabe si está bien mirar o no. Entonces comienzo a explicarle.
—Esto que ves es un binder, y como puedes suponer, ayuda a aplanar el pecho y verse menos… femenino —mira el pedazo de tela y luego me ve a los ojos —. Mi hermana Mai me ayudó a conseguirlo a escondidas de mi familia, que por cierto no están muy a favor de esta idea —se me escapa una risita burlona, recordar lo que me dicen prácticamente todos los días me fastidia de momento—, sé que no es una idea, es quien soy, pero aún así que no sea lo que ellos querían los pone de malas.
Ver a esos ojos suyos color esmeralda me regresan a la realidad, me da el valor que necesito para poder continuar. Ella está atenta a lo que digo, y no hay nada que me importe más que este momento en que me abro con la chica frente a mí, observando con atención su rostro que no me juzga tal como en el peor escenario que me creé en la cabeza.
—Cuando te encontramos en la sala de confección, pensé "oh mierda, no podré continuar con el binder", cuyo proyecto secreto lo estábamos haciendo entre Mai y yo, que surgió porque sería tan maravilloso no depender de otros. Ella quiso ayudarme con ello, así que tomamos el lugar con ese propósito. Luego apareciste tú —señalo su rostro tocando la punta de su nariz —, temía que encontraras eso y lo divulgaras como pólvora por toda la escuela. Pero en su lugar —ahora busco su mano con la mías, la tomo y las entrelazo, poniéndolas enfrente del pecho — me encontré a una personita en la que puedo confiar mi más personal secreto.
Nos miramos a los ojos y veo entonces que sus ojos brillan como orbes al final de un pasillo oscuro, y así como ella me hizo sentir una oleada de tranquilidad a mi adrenalina de miedo, comencé a sentir un llanto amenazante en salir, escapándose de mi boca un sollozo en mi esfuerzo de contenerlo.
—Puppet…
—Ah, lo siento —me río para disimular la vergüenza que me produce mostrarle también esa parte de mí —. Sólo… no te sientas obligada a seguir siendo mi amiga, sé que no es fácil de entender esto, aún así… —antes de continuar Ann me interrumpe.
—¿Pero qué estás diciendo Puppet, no hay nada en este mundo que pueda cambiar lo que me has ofrecido a cambio de tenerme en tu vida, mucho menos voy a apartarme de ti solamente porque tú género sea distinto al que la sociedad te dicta. Sigues siendo Puppet, no veo la razón por la que algo deba cambiar.
Me abraza con mucho entusiasmo y se lo devuelvo. Reconozco que no me puedo contener tanto como quisiera, dejando humedecer las pestañas.
—Aunque —continúa inesperadamente su diálogo, tomándome por sorpresa—, probablemente deba ser yo quien cambie, después de todo tengo que informarme para defenderte de aquellos de mente cerrada.
Suelto una risa genuina, puesto que tiene razón, y aunque de manera honesta y gentil lo menciona, rompió totalmente el momento.
—Ann, eres mi caballero con corazón de pollo —Su cara confusa me hace adorarla aún más.
En eso escucho pasos y recuerdo que no he terminado de abrocharme la camisa, cuando está más cerca el sonido reconozco la dueña de éstos y termino de hacer los botones con más calma.
—Es increíble que haya tenido que buscar a un conserje porque habían cerrado los salones. Lamento la tardanza, chicas.
—No te preocupes hermana, tardaste lo suficiente —le respondo alegre y ella observa la situación. Telepáticamente sé que me está felicitando por mi salida del clóset. Agarro mi par de zapatos para terminar de cambiarme, y me doy cuenta que la peliverde repentinamente se quedó callada —. Ann, agradezco que me escucharas con total atención —le doy un beso en la mejilla y se sorprende—, ¡pero tenemos una batalla de bandas que ganar, preciosa!
—Adiosito —canturrea Mai—, esperamos verte en las finales.
Ann nos sigue para salir también de los baños y durante el camino al escenario solo seguimos bromeando.
Las dos personas que más me importan me quieren así, siendo trans.
