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Odisea al amor incierto

Summary:

Dulce en día, bestia en noche, el crédulo cordero va tras su pastor que lo conduce al matadero que con cruento placer sus cuerpos se unen y sus corazones se masacran para gritar la odisea de un amor incierto que desmorona su espíritu cómo frágiles copos de hielo

"Cuando muera regresaré mil veces sólo por ti y cuando tú mueras seré yo quién recoja los pedazos de carne que arrojó tu cadáver"

 

★Historia de Bruno Bucciarati y Leone Abbacchio extendidas dentro de la narración de Vento Aureo★

 

*Personajes de Hirohiko Araki*

Notes:

Prólogo

—Aún muerto estás dispuesto a arrastrarte hasta aquí?, ya no creo en tus motivaciones y aunque me duele decirlo ya no puedo creer en ti— lloró él

La lluvia acunaba su desdicha tal como la primera vez en que se habían conocido

Los lastimeros ojos del olivo imploraban perdón al hombre delante suyo

—yo saqué tu alma del limbo, ahora ruego yo rescates mi cuerpo del yermo— sentenció en tono dolido

—tú no eres el amor al que mi vida empeñé, te desconozco Bruno, me lastimas— lloró

Chapter 1: Incidente

Chapter Text

Fría era la noche en qué el cielo caía sobre la tierra en forma de delicadas crisálidas que apuñalaban sin piedad alguna al ingrato que se arrastraba con su miseria, el pobre desgraciado chupaba con desespero las últimas gotas del licor barato a la vez que lloraba y se lamentaba por el vacío en su botella

-ca...rajo- arrastró las palabras el ebrio que luchaba por mantenerse en pie

El corazón del hombre se llenó repentinamente de tanta irá que arrojó con asco la botella que hasta hace tanto lo había acompañado, el violento impacto disparó los fragmentos de la botella hiriéndolo, trató de cubrirse pero en su patético intento terminó cayendo en el agua sucia, el tempestuoso llanto nublaba su visión y con su nulo equilibrio se levantó lo más rápido que pudo y continúo caminando

Cada paso era más doloroso que el anterior, como si un fino sendero de vidrios rotos se formara debajo de él podría jurar sus pies al igual que su rostro sangraban

-carmín..., es un color muy bello en realidad-

Igual que él héroe de una historieta para niños al convertirse en policía juró proteger al mundo entero sin embargo el mundo fue en contra suya, sin darse cuenta la gente pasaba de él humillandolo y segregandolo como si de la peor escoria se tratara, cuando su única motivación era cuidar de todos, nadie cuidó de él

Sintió cada golpe, cada ofensa, cada atentado contra su dignidad, soportó tanto que sus límites cegaron su convicción y su admirable estoicismo se transformó en odio, un maldito odio que le hizo aborrecer hasta su propia pasión y fé, haciendo que la mínima oferta de una sucia tentación pareciera mínima ante la gravedad de un severo delito

Un soborno, un miserable e inútil soborno, en ese momento esas palabras no tenían un gran peso en su cabeza, un soborno, un único soborno

-aquella botella valió la vida de un inocente Leone?, una única botella valió su sufrimiento?-

Un joven con una carrera prometedora, con el destello único en sus ojos aclamado agradecimientos a la vida, al destino, al destino que con el había jugado, al destino que le arrancó un futuro entero por una mala elección, una mala elección que nisiquiera fue suya,

-disfruta tu botella Leone-

Si su destino fuese una persona esta tendría un asqueroso sentido de la ironía, el criminal corría ileso del altercado mientras un héroe agonizaba igual que un mártir en los brazos del pobre infeliz que había montado tal escenario

Olvidar ya no cabía dentro de sus posibilidades y mucho menos podría olvidar aquel escena, cascadas del precioso color carmín brotaban del tórax de su compañero, se suponía su deber era ir corriendo detrás del bastardo pero en vez de eso desesperado trataba de detener la hemorragia del muchacho, Leone luchaba por mantenerlo vivo pero los violentos espasmos del herido sólo lo hacían ahogarse más rápido con su propia sangre

-resiste, por favor resiste- imploró el policía

Su odio se había convertido en impotencia, dolor y arrepentimiento

Al estar frente a la familia de su joven amigo el asco que sentía por si mismo al no recibir el castigo que realmente merecía era monumental, quería que la familia de este niño le gritara, que lo juzgarán como realmente merecía por la culpa que cargaba entre sus hombros, sin embargo no fue así, madre y hermana lloraban con él y las frías lágrimas de las mujeres se clavaban en su pecho igual que dagas

Ellas maldecían al criminal responsable de la muerte del muchacho sin saber que estaban a los brazos del autor de su final

Un jovencito con toda una vida por delante, honesto y lleno de cariño ahora estaba muerto por culpa de su egoísmo y por más perdón que pidiese los ojos del niño jamás volverían a abrirse

Arrepentido lloraba mientras el alcohol lo mantenía aturdido más eso nunca borraría el peso de sus pecados marcados por la sangre inocente que manchaba sus manos

Cada paso le dolía más que el anterior, taberna tras taberna y ya en ninguna era bienvenido, el asqueroso sabor del alcohol barato quemaba su garganta pero deseaba más, quería olvidar una vez más

Cuando ya no pudo resistir más su pesadez se sentó a descansar en un incómodo banquillo de la alameda contemplado también la posibilidad de dormir en éste

En su desazón no se percató de los invasivos ojos que miraron la mayor parte de su precaria rutina, un hombre de preciosa piel olivo y cabello tan negro y corto como las noches de verano se acercó al ebrio con cautela

-q...ué me miras bastardo de mierda!?- gritó furioso el hombre al percatarse de sus ojos delatores

Cómo el cuervo del cruel poema en tintas Abbacchio podía sentir esos feroces ojos encima suyo que apesar de no emitir ningún juicio sabía las ofensas de las que su propietario era pensador

El joven se mantuvo en silencio escondiendo lo más que podía su lástima debajo su sombrilla

-deja de mirarme desgraciado!!- agresivo trató de abalanzarse a su espectador pero su nulo sentido del equilibrio le hizo caer a sus pies

Por un momento el muchacho permaneció inamovible ante el espectáculo más el hombre desdichado se negaba a rendirse, con su ya inexistente fuerza hizo el intento de levantarse pero un punzante dolor en su abdomen se lo impidió, estaba dolorido y confundido cuando un reflejo muy parecido a un espasmo le hizo expulsar lo que él creía era vómito de su boca

Aturdido por cada reacción cayó inconciente, el espectador miró inerte tal acción pues efectivamente había expulsado el contenido de su estómago más este estaba teñido del mágico carmín del que en su mayoría estaba cubierto tal hombre, tan incrédulo como espectante observó todo con sencilla tranquilidad y con un paso lento y delicado dejó la escena

Trató de ignorar que el hecho de que un caballero que había caído a sus pies estaba a nada de morir en medio de la vereda desangrando en el frío del húmedo ambiente

Despreocupado caminaba sin prestar atención a tan tétrica historia, en silencio podía escuchar sus propios pasos, una cruda motivación le hizo parar su huida, miró su camino por detrás y ahí seguía, patético y miserable ahogado en un charco de sus propios fluidos, lo pensó una vez, luego dos y al final tres y aunque su mente no estuviera de acuerdo con cuerpo el soltó su sombrilla y fue en rescate del desahuciado

La lluvia no parecía ceder, al contrario esta era cada vez más violenta conforme las horas pasaban, desesperado el azabache luchaba por poder cargar al enfermo, su elegante y pulcra vestimenta ahora estaba manchada de sangre y suciedad, un asqueroso hedor de sangre, sudor u orina perteneciente al hombre de cabellos blancos solo hacia más desagradable su labor

Por un momento se planteó seriamente si es que está acción realmente valía la pena pero la posibilidad de dejarlo a cuenta propia le parecía francamente inhumano

"las personas que no tienen nada que perder en está vida usualmente son las más peligrosas", eso era en lo único que podía pensar, ya hace mucho había escuchado algo así, a decir verdad nunca había dado fé a esas palabras pero podía jurar saber la causa del dolor del hombre en sus brazos, o al menos la principal, él habría perdido algo, a alguien. No era la primera vez que el joven observaba la espantosa rutina del albino, todos los días al cruzar el mismo sendero podía vérsele intoxicado llorando y lamentándose por algo, como el transeúnte promedio le ignoró al confundirlo con cualquier otro desgraciado pasando por un mal rato pero sus encuentros se hicieron cada vez más fortuitos, dejo de ser cuestión de azar y se convirtió en un compromiso verlo destruirse cada noche en la misma alameda.

Esa noche en particular no pretendía ser diferente a las otras, de nuevo le miraba sin vergüenza alguna pero está vez algo cambió, él se dio cuenta, pensaba marcharse apenado de la reacción pero esa idea desapareció cuando el albino comenzó a sangrar frente suyo.

Su camino a una clínica medianamente decente no fue placentero ni sencillo y las muchas miradas de desagrado no iban parar más pues hasta ese punto lucía y olía casi igual que él caballero inconciente, mientras esperaban alguien los tomara en serio y tuviera la bondad de ayudarlos lo miró una última vez, siempre se marchaba antes de que el albino finalmente se calmara, una vez ya no se movía el se iba sin nada más que decir, pero está era una noche especial, está noche podía admirar los restos de este pobre hombre más de cerca, su rostro aunque lastimero lucía tranquilo y sus ojos eran tristes como un poema de amor que jamás fue escrito, sus ojos expresaban sufrimiento, sus ojos expresaban soledad.

El pelinegro con gentileza retiró los cabellos blancos de su rostro para verlo mejor

-¿Entonces no tienes nada más que perder?, demuéstrame que en verdad vales la pena-