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Tres días antes del cumpleaños de Shoto
– Veamos si entendí bien: ¿Mamá saldría del hospital el miércoles, coincidiendo con el cumpleaños de Shoto, sólo que le dijiste que saldrías de aquí para finales de la próxima semana?– preguntó Natsuo a su hermana y a su madre, expresando lo confundido que se encontraba.
–Así es, Natsu. Guarda bien el secreto y no le vayas a mencionar nada de esto a Sho, es una sorpresa que venimos preparando hace unas semanas– le pidió amablemente la albina, sabiendo que era muy difícil que su hermano mantuviera la boca cerrada, no porque no supiera guardar secretos, sino por lo despistado que era.
–Quiero darle esa sorpresa a Shoto. Se esfuerza tanto en sus estudios y en venir a visitarme; deseo de alguna forma agradecerle todo lo que ha hecho por mí y sobre todo por haberme dado su perdón- añadió Rei con una leve sonrisa.
La mujer albina había mejorado mucho su salud desde el momento que el bicolor la visitó por primera vez cuando estaba en su primer año de la U.A; aún recordaba aquel día en el que miraba el atardecer sentada frente al gran ventanal de su habitación y una voz profunda y estoica la sacó de sus pensamientos; en el momento en el que dirigió su mirada hacia donde provenía dicha voz, automáticamente sus ojos se llenaron de lágrimas al ver que su hijo más joven estaba de pie en la entrada de su habitación.
Desde ese día, sus visitas eran más frecuentes y, lentamente, entablaron el vínculo madre-hijo que siempre aspiró, le sorprendía lo gentil que era con ella pero sobre todo le hacía muy feliz saber que tenía amigos, algo que nunca le dejaron tener por hacerle tener como prioridad el entrenamiento de sus quirks.
-¡Perfecto! Shoto no sospechará nada, me dijo que pasaría por casa en las horas de la tarde porque pasaría tiempo con sus amigos y además me dijo que quería ir a visitar a Touya– añadió esto último con nostalgia en su voz.
El haber descubierto que el villano Dabi era nada más ni nada menos que su hermano mayor, el cual habían dado por muerto, aún lo movilizaba; una parte de su corazón estaba contenta por saber que al final de cuentas, no había muerto en el incendio del monte Sekoto, pero por otro, sentía pena por todo lo que tuvo que atravesar de niño, provocando que se convirtiera en villano.
Shoto era el único de los tres hermanos que había ido a visitar al mayor de los Todoroki a la cárcel de máxima de seguridad en la que se encontraba detenido.
Fuyumi y Natsuo habían acordado que lo harían en compañía de su madre; tenían la creencia de que no podían ir a visitarlo todos juntos porque no querían que el menor de los hermanos fuera arrastrado por la culpa de no haber cuidado de Touya ya que después de todo solo tenía 5 años cuando ocurrió todo lo acontecido.
Confiaban en que, en algún futuro, su familia sería una normal, solamente esperaban que el destino lo decidiera.
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Cumpleaños de Shoto
–¡Feliz Cumpleaños! – gritaron todos los chicos de la clase 3-A al unísono.
Los veinte estudiantes habían decorado el salón común con globos y guirnaldas para que el lugar tuviera ambiente festivo, pero antes le habían preguntado al joven bicolor si era de su agrado, ya que sabían que era muy serio y no le gustaba mucho socializar.
El mitad albino no pudo evitar esbozar una suave sonrisa al sentir la calidez en el saludo de sus amigos, aquellos que nunca lo han dejado de lado a pesar de todo su pasado y lo que eso conllevaba.
–Gracias– dijo en su característico tono estoico y serio, el cual sus amigos se habían acostumbrado a escuchar, aunque sabían que estaba agradecido con la mini celebración que habían preparado debido a cómo sus ojos brillaban.
–Ten, toma, Todoroki - Kun. Kacchan te preparó soba frío: tu favorito– ofreció el peliverde, haciendo entrega del bowl que contenía el delicioso platillo.
–¡Deku de mierda, te he dicho que no le dijeras que fui yo quien cocinó el maldito platillo! – refunfuñó el rubio cenizo a los gritos, molesto de que su amigo de la infancia lo haga ver como alguien que quiere y se preocupa por sus amigos.
Ante esta divertida situación, Shoto no pudo evitar que la comisura de sus labios se elevara, expresando lo divertido de la situación. ¿Quién creería que haber entrado a la U.A provocaría que hiciera tan buenos amigos como los chicos de la clase A? ¿Quién diría que, gracias a Izuku Midoriya, sería capaz de aceptar el quirk heredado de su padre, tomándolo como propio?
Lo más impactante de dichos acontecimientos es que luego de más de diez años, fue capaz de ver a su madre en el hospital, teniendo conversaciones acerca de sus amigos y de sus clases.
Luego de haber saboreado el soba preparado por Katsuki y pasar tiempo de calidad con sus amigos, decidió partir hacia el Tartarus, la prisión de máxima seguridad del país en donde se encontraban los villanos más peligrosos de la sociedad.
Desde hacía seis meses había comenzado a visitar a su hermano Touya, el cual para su sorpresa, estaba de acuerdo con ello. Luego de la guerra que terminó con la derrota de Tomura Shigaraki y All For One, Dabi se había redimido; las palabras y acciones de Shoto durante su último enfrentamiento lo hicieron reconsiderar el propósito de su existencia.
Si bien seguía despreciando a Enji Todoroki por todo el mal que le causó, llegó a la conclusión de que Shoto no era culpable de nada de lo que le ocurrió; de hecho, ambos fueron víctimas de un padre abusivo que solamente quería tener hijos para sus objetivos personales y, tanto él como el bicolor, fueron los que más sufrieron.
Durante la primera visita, ambos conversaron acerca de qué hubiese pasado si Touya, luego de haber estado en coma durante tres años, hubiese entrado al salón de entrenamiento en donde Shoto estaba siendo forzado al entrenamiento de sus quirks en vez de irse de allí y dar origen a Dabi.
Durante esa charla, el mayor de los Todoroki le pidió sinceras disculpas por haberlo querido asesinar cuando era un bebé y durante la guerra solamente para poder obtener un granito de atención por parte del Héroe número uno. Por su parte, el bicolor las aceptó aunque no lo culpaba por ello; en ciertas ocasiones hasta el mismo se preguntaba la razón de su nacimiento.
Al arribar al lugar, fue revisado por las fuerzas de seguridad como parte del protocolo ya que, después de todo, allí se encontraban los villanos más peligrosos y si detectaban alguna oportunidad de escapar de ese lugar, no lo pensarían dos veces.
El mitad albino fue escoltado hacia el fondo segundo subsuelo donde se encontraba la celda de su hermano. El lugar se dividía en cinco subsuelos de acuerdo al nivel de peligrosidad de los villanos; cuanto más profundo estaban, más peligrosos eran. Dabi era considerado un villano de nivel dos y si lograba reformarse, lo trasladarían al nivel uno y eventualmente podría ser liberado para reinsertarse en la sociedad acompañado de algún familiar, o de un Héroe Profesional en caso de quien no tuviera.
Shoto le había prometido a Touya que él se haría cargo de ese proceso y que siempre estaría para él; deseaba poder construir un vínculo con el peli blanco, el cual fue inexistente durante los años de su infancia.
Al llegar a la celda, el guardia de seguridad los dejó sólos para que pudieran conversar tranquilos; las visitas duraban una hora y ambos Todoroki quedaban con deseos de pasar más tiempo juntos, pero el mitad albino jamás faltó a los días de visitas desde el primer momento en que su hermano pidió por el. Sólo deseaba que el resto de su familia, y eventualmente su madre, pudieran visitarlo.
Podía ver en los ojos de Touya el ferviente deseo de ver a Natsuo luego de más de diez años y solamente aspiraba a que tarde o temprano se reencontraran.
–Vaya, vaya, así que el cumplañero vino a pasar un rato de su valioso tiempo en este lúgubre lugar con su rebelde hermano mayor – se escuchó una risa proveniente del fondo de la celda y Shoto no pudo evitar que invadiera una pequeña sonrisa en su rostro ante el tono burlón de su hermano.
– Sabes muy bien que jamás olvido un día de visitas– le respondió gentilmente mientras tomaba asiento y su hermano se acercaba a la pared de vidrio que los separaba.
– Lo sé. Feliz Cumpleaños, Shoto– dijo dándole una mirada triste que trataba de disimular con su característica personalidad, la cual Shoto no pasó por alto.
-¿Ocurre algo, Touya?-- interrogó confundido ladeando levemente su cabeza ante el repentino cambio de ambiente entre los dos.
–No te preocupes, es algo tonto que se me cruzó por la cabeza. Olvídalo– respondió sabiendo muy bien que sería imposible que su hermano pequeño lo dejara en paz hasta que le dijera qué era lo que le estaba pasando.
-Touya…–
– Está bien, está bien. Dios, eres la reencarnación de Fuyumi pero en forma de chico de dieciocho años– se rió recordando a su hermana pequeña, siempre preocupándose por él cuando lo veía llorando a causa de la falta de atención de Enji.
Todoroki no pudo evitar reírse ante tal comentario inesperado.
– Lo que ocurre es que me gustaría poder hacer algo contigo durante tu cumpleaños, pero ya sabes– dijo mostrándole las esposas antiquirks que tenía colocadas.-- Te prometo que cuando salga de aquí, te lo recompensaré. Iremos a comer udon caliente, es la maravilla hecha en platillo–
–De hecho… mi platillo favorito es el soba frío– corrigió el bicolor con un poco de timidez en su voz, al mismo que recordaba el momento en que Bakugo le había dicho a modo de broma que la comida favorita de Touya era justamente el udon, a lo que con gusto aceptaría comer con él algún día en un futuro. Dicho recuerdo le provocó mucha nostalgia.
–Bueno, no importa, lo importante es que ambos podamos comer juntos nuestro platillo favorito– finalizó esbozando una leve sonrisa, tal como si su niño del interior saliera a la luz.
Ambos conversaron durante lo que quedaba de la visita y al momento de irse, el peli blanco le pidió amablemente a Shoto que les transmitieran su mensaje acerca de que deseaba poder ver a su madre y sus hermanos: les debía una disculpa por todas las palabras dichas antes del terrible acontecimiento que supuestamente había puesto fin a su vida.
Todoroki asintió fervientemente, haciéndole entender que sería lo primero que haría al llegar a su casa, prometiendo se a sí mismo que en la próxima visita estaría presente toda la familia Todoroki, a excepción de Enji quien, por propia voluntad y con el consentimiento de su familia, decidió aislarse de todos ellos para que pudieran sanar y si querían recomponer el vínculo con el, los recibiría con los brazos abiertos.
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En el bello atardecer de ese día del crudo invierno de Japón, Shoto arribó a su casa. Durante su niñez y los primeros años de adolescencia, llegar allí solo significaba una cosa: vivir en el mismísimo infierno; en vez de ser un lugar cálido lleno de amor fraternal, un refugio en donde él se sintiera a salvo y protegido, era aquel lugar que todo niño evitaba ir; maltrato, gritos, violencia eran algunas de las cosas que experimentaba allí cada día de su corta vida.
Por obra del destino y para su fortuna, esta situación dio un giro drástico luego del famoso "Ese es tu poder"por parte de su amigo peliverde, lo que provocó que lentamente el joven mitad albino recinstruyera su vínculo con sus hermanos y eventualmente con su madre.
En el momento que abrió la puerta corrediza, un silencio extraño lo recibió, el cual no era frecuente dado que su hermana Fuyumi siempre lo esperaba con su cálida sonrisa. "Quizás fue a hacer mandados" pensó, pero un ruido de un plato proveniente de la cocina lo alertó.
Inmediatamente adoptó una postura defensiva, listo para atacar;sus hombros se relajaron al escuchar el regaño de Fuyumi hacia Natsuo en voz baja.
–Natsu, ese plato tenía el soba frío de Shoto– gritó en voz baja para evitar que su hermano, quien estaba al otro lado de la sala, los oyera.
–Hermana, no puedo cargar con tantos platos a la vez, solo tengo dos manos– se quejó Natsuo mientras sentía cómo sus brazos se adormecían por cargar la comida de Shoto, la de su madre y ellos.
-Fuyumi, ya los escuché– dijo en voz alta, sin poder ocultar su risa ante el intento fallido de sus hermanos de sorprenderlo.
Pasado unos segundos, ambos jóvenes se asomaron hacia la sala principal; la joven Todoroki tenía una torta de fresas y vainilla en sus manos, con dieciocho velitas encendidas, mientras que su hermano llevaba lo que sería la cena del bicolor, solo que un poco había sido derramado en la cocina.
El bicolor se percató de la comida que llevaba sobre uno de los platillos que cargaba su hermano; el favorito de su madre. Al principio se sorprendió, pero después dicha sorpresa se desvaneció de su rostro al recordar que a Natsuo le solía gustar mucho también.
Ambos dejaron los platillos sobre la mesa y se dirigieron hacia donde su hermano pequeño continuaba de pie y lo envolvieron en un cálido abrazo.
-Feliz Cumpleaños, Sho- ambos saludaron al unísono. Al principio, El de ojos heterocromos se puso rígido ante tal muestra de afecto ya que aún no podía acostumbrarse a las mismas, luego se relajó y les devolvió el abrazo más cálido que pudo alguna vez recibir, transmitiendo perdón, reencuentro y felicidad por celebrar esa fecha tan especial.
– Gracias. Gracias por estar conmigo- agradeció con un brillo particular en sus ojos. No sabía si era emoción, calidez o simplemente porque lentamente todo estaba volviendo a la normalidad.
–¿El niño bonito, que ya no es tan niño, está por llorar? Espera a que veas nuestro regalo– se burló Natsuo de su conmovido hermano, provocando una risa cómplice en Fuyumi.
Ante la mirada confundida de Shoto, su hermana dirigió su mirada hacia la oscura y vacía cocina:
-Ya puedes pasar–
El bicolor estaba aún más confundido.¿Quién se encontraba escondido allí?¿Acaso sus amigos estaban allí?
Mientras se maquinaba muchísimos escenarios, una voz suave y risueña interrumpió sus pensamientos; aquella voz que era justo como la recordaba mientras miraba los programas en donde estaba All Might cuando solamente tenía cuatro años, con la ilusión de convertirse en un héroe como él.
Desvió su mirada de sus hermanos hacia donde provenía esa voz familiar y sus ojos disparejos se encontraron con la figura esbelta de su madre; si su presencia se trataba de un sueño, quería despertar, que su mente dejara de jugar con escenarios en donde pasaba su cumpleaños en compañía de su mamá y hermanos.
Se pellizcó levemente su mano para confirmar lo que sus ojos le mostraban y resultó que sí, realmente estaba allí a unos metros de él.
-¡Feliz Cumpleaños, Sho! - dijo la mujer albina, visiblemente conmovida al ver la cara de sorpresa de su hijo, lágrimas asomándose en la esquina de sus plateados ojos, no pudiendo contener la emoción de estar finalmente en casa y poder convivir con lo más hermoso que le dió la vida: sus hijos.
Shoto no desperdició un momento más y fue corriendo hacia donde se encontraba de pie y la envolvió en un gran y cálido abrazo, sin poder contener las lágrimas que caían de sus ojos heterocromáticos; al fin la tenía entre sus brazos, ya nadie le haría mal ya que él se encargaría de esa tarea; hacerla sentir a salvo con su presencia.
Lloraba en nombre del niño indefenso mientras ella no estuvo y del adolescente frío en que se convirtió, lloraba porque al final del camino encontró la luz que tanto buscaba.
Luego de un rato estando abrazados ante los atentos ojos de sus hermanos, los cuales también estaban llenos de lágrimas, se separaron, aún con su cuerpos temblando.
–Mamá,¿Qué haces aquí? Se suponía que saldrías del hospital el miércoles de la semana próxima– preguntó aún confundido por su repentina y sorpresiva aparición.
–En realidad hijo, eso era una mentira que tus hermanos y yo planeamos. Queríamos sorprenderte y vaya que lo hicimos.- contestó sonriendo mientras se secaba las lágrimas con el dorso de su mano derecha.
-Menos mal que Natsuo no lo echó a perder– acotó Fuyumi, riéndose por lo bajo.
–¡Oye! ¡Cumplí con mi parte!- protestó mirando a su hermana.
Shoto y Rei se abrazaron nuevamente, esta vez el resto de los hermanos Todoroki se unieron a ese cálido abrazo que tanto tiempo esperaron y el mitad albino era feliz, feliz de nuevamente estar con sus seres más queridos y así poder pasar el cumpleaños que siempre soñó de niño.
–Como primera salida, quiero que vayamos a visitar a Touya, es algo que le debo– propuso rompiendo el cómodo silencio instalado en la sala.
–Por supuesto, Sho, quiero tener el placer de poder ver a todos mis hijos. Juntos. Ahora vayamos a degustar la comida antes de que se enfríen.- ánimo la mujer.
Todos ocuparon sus lugares en la mesa familiar y comenzaron a cenar en un ambiente lleno de risas y de anécdotas de Shoto durante sus años en U.A y de sus amigos. Al fin podía llamar su casa, un hogar.
