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Estar viviendo a los cuarenta la vida que planee a los veinte no era tan satisfactorio como pude haberlo imaginado, no porque no siguiese soñando con todo ello, estaba feliz de haberlo logrado, pero no satisfecho. Esto se debía a que a mis veinte planee todo esto junto a alguien más y no veía a ese alguien desde hace más de diez años. Por lo tanto, no está de más aclarar que este futuro soñado no fue realizado con esa persona con quien lo soñé, por lo que no había quedado satisfecho, siempre estaba esa espinita ahí cuando miraba a mi alrededor y sonreía, nadie lo notaba, pero ahí estaba, que me gustaría que Will estuviese ahí.
Una casa grande, con patio, con mascota, cerca del centro para poder movilizarnos sin tardar mucho tiempo, con escuelas cercanas para los hijos que vendrían, habíamos hablado de uno, pero jamás pactamos que no serían más; lo que si habíamos establecido era fechas, para los cuarenta tendríamos ingresos económicos más seguros, fijos, estables, que no nos llevara a viajar constantemente fuera del país o por mucho tiempo. Quizás uno al año por trabajo, un par de viajes a países cercanos en plan vacacional, pero vivir tranquilos, con tiempo para nosotros, para la familia, sin llamar demasiado la atención a nuestras vidas privadas. Claro que, ese punto jamás lo discutimos a fondo, como lo haríamos, llevarlo a cabo era un hecho sin ruta. Puede que por ello no lo hayamos podido llevar a cabo.
Sin embargo, aquí estoy, con cuarenta años y un hijo de cuatro, viviendo en una casa, con patio, con la misma mascota de hace años, con al menos dos elecciones de escuelas para cada etapa de la vida de mi hijo, con la familia viviendo cerca en los alrededores, con el centro aún más cerca, con ingreso económico tan estable que me permite que salir del país sea perfectamente planeado y posible, con una ex pareja con una relación amistosa con el fin de darle una buena vida a mi hijo, sin mayores dificultades porque no hayamos podido mantener una relación estable.
Ante este último punto, no puedo culparla. Como he dicho, siempre ha estado la espinita. Desde mucho antes que naciera mi hijo, incluso estuve en la sala de espera de maternidad soñando despierto con lo que hubiera sido tenerlo a mi lado sosteniendo mi mano, pero antes de eso, me imagine como hubiese sido la búsqueda de una casa, sus elecciones; la charla del momento antes de dar el paso para tener un hijo, el nombre del bebé, ¿Cuál habría sido su opinión? ¿Prefería niño o niña? ¿Cómo de ansioso habría actuado durante la compra de las cosas? ¿Y las primeras semanas de llantos, desvelos y estrés? No deje de sentirme culpable por haber consolado a la madre de mi hijo durante el llanto las primeras semanas, imaginando que era él. Ni hablar de los primeros pasos, medio decepcionado de no encontrarlo al final de los tres primeros.
Finalmente, ambos notamos que faltaba algo entre nosotros y lo más sensato y sano era separarse sin drama, para poder ambos encontrar ese "algo" faltante.
Diez años sin verlo no es poco, no ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, hay cosas que he ido olvidando o confundiendo de nuestra relación, también otras que recuerdo con demasiados detalles. No obstante, no puedo decir que no recuerdo su voz o rostro. Su foto, la encuentro rápidamente en redes sociales con solo poner su nombre. Y no verlo en persona ni significa no haber mantenido un contacto a lo largo de los años, uno que roza lo impersonal, pero allí esta.
Me refiero a una llamada en los cumpleaños, un mensaje en fiestas, una plática un poco más profunda en año nuevo si ambos estábamos bebidos, una conversación sobre el tiempo que se nos fue. En una ocasión, me felicitó por ser padre, le agradecí con un nudo en la garganta que sé que él también tenía, paso un periodo en el que no hablamos luego de esa situación incómoda para ambos, pero eventualmente retomamos el contacto sin hacer menciones de temas profundos.
¿Qué puedo decir? Will jamás dejará de ser una gran persona para mí, en mi vida fue algo prioritario para ser lo que soy hoy, no quiero borrarlo de mi vida, si miro a mi pasado, a mi juventud y adolescencia, está marcado a fuego con su ser y no me molesta, es algo que abrazo y añoro. Que haya sido parte de mi pasado, hace el mismo más brillante.
Por tal razón, quiero tenerlo en mi presente. Es por ello que he aceptado la oferta que he recibido, de volver a trabajar con él, porque quiero volver a verlo en persona, tenerlo a un brazo de distancia, compartir un chiste, una risa, una brisa de aire, poder decir su nombre y recibir su mirada a cambio.
Soy consciente de que existirán momentos tensos, difíciles, porque el futuro que llevo hoy lo planee a su lado y ambos lo deseábamos, pero solo yo lo alcance. Temo que llegue a sentirse traicionado o como si se lo hubiese robado, en algún punto siento que lo he hecho, y que no debería tener, expresamente, un hijo. Sin embargo, no puedo arrepentirme de tenerlo, porque amo a mi hijo y hoy en día es lo primero para mí.
Verlo por primera vez, luego de diez años, se siente como una brisa de aire en la playa, refrescante, aunque lo veo aquí, en un estudio de grabación, con la calefacción prendida y remplazando al suave choque de las olas, el murmullo de un grupo de personas, resaltando su risa en el ambiente.
Sonreí desde el marco de la puerta, su risa de detuvo y un segundo después su mirada me encontró, sus dientes quedaron ocultos detrás de sus labios cuando me dio una sonrisa de labios y una mirada de reconocimiento, otra voz dice mi nombre, me saluda, me incita a ingresar y me introduce en la conversación.
—¿Cómo has estado? —le pregunte unas dos horas más tardes, mientras tomábamos un descanso y una bebida caliente del café más cercano que no era exactamente el mejor.
—Bebiendo algo mejor que esto, seguro —intentó bromear aligerando el ambiente entre ambos, estábamos demasiado serios, mientras que a varios metros el resto de las personas con las que estábamos en el proyecto bromeaban divertidos y ligero.
—Sabe mejor que lo que bebíamos en los primeros años.
—¿Te refieres al agua con colorante a la que llamábamos café? —ambos reímos, no hacía falta confirmar, ambos lo vivimos. —He estado bien, no demasiado ocupado, sano... —respondió.
—Se te ve bien, me refiero a...
—¿Para ser un soltero de cuarenta años? —pregunta inclinando su cabeza, sonriendo. —Tú también te ves bien como para ser un padre separado con la misma edad, Mike. —Me extrañó que aceptaras el trabajo, pensé que lo rechazarías.
—¿Por qué?
—El tiempo que tomará, será una temporada ajetreada, con horarios ajustados, pensé que ya no tomabas trabajos así, por el niño...
—Oh...
—¿Cuántos años tiene? ¿Tres? Te extrañara...
—Cuatro, recientemente los cumplió. —él asintió y centró su mirada en la bebida. —Solo será una temporada —el silencio cayó sobre nosotros, vi la mueca en sus labios, los tenía presionados con fuerza, reteniendo palabras, lo conocía demasiado, aún había rasgos de ese hombre que conocía mejor que a mí mismo, que leía con facilidad. —Quería verte —su cabeza se levantó ante mi confesión. —Cuando vi que confirmaste, también lo hice.
—¿Querías... verme? Podrías haberme llamado.
—No es lo mismo —sonreí intentando sacudirme la incomodidad. —En el último año he estado melancólico, por los viejos tiempos, tenía ganas de hacer esto —me quede en silencio mientras su mirada me estudiaba, quizás había dicho demasiado, debía tener presente que así como yo conocía aún cosas de él, él de mí también.
—No hoy, pero quizás en la próxima reunión en unos días, podríamos ir a beber... o mejor a comer algo después de terminar, para ponernos al día.
—¿Por qué no ambas? —cuestione aceptando la oferta.
—Imagine que siendo padre no acostumbrabas a regresar bebido a casa.
—No venia eso en el manual de cómo ser un padre...o espera, no existe eso —bromeé consiguiendo su risa.
—De todas maneras, será a comer, por el momento, hay que seguir... —estaba por ponerse de pie cuando junte el valor y coloque una mano en su rodilla, en señal de que quería que se detuviera. —¿Qué...?
—En serio estoy feliz de verte, de que hagamos este proyecto, juntos... después de tanto tiempo. —su respuesta fue una mueca de pura cortesía, no dijo más y eso no me dejó feliz.
Me había estado evitando, era completamente obvio, no era el niño estúpido de hace veinte años que no notaba cuando alguien buscaba evitarlo. Además, Will no era la persona más disimulada cuando se trataba de ser frio o distante. Habían pasado unos días de la primera reunión, cuando acordamos que en la segunda iríamos a cenar, había despejado mi agenda y buscado los lugares más cercanos que fuesen agradables. Incluso, le envié un mensaje ayer, con una captura de la imagen del sitio y bromeando con que si el pagaría, pero no ha respondido. Hoy, al momento de saludarnos, lo ha hecho rápido, pasando a la siguiente persona y desde entonces se ha mantenido hablando con otras personas que no soy yo o con cualquier persona en general, no en privado, no conmigo.
Así es Will, es otro aspecto de su persona que no ha cambiado con los años, su naturalidad para fingir que no estaba pasando nada, lo solía hacer en algunas peleas o desacuerdos, luego explotaba y todo se hacía mucho más grande, difícil de solucionar, esa era la razón por la que habíamos terminado.
En el pasado, aunque me resultaba difícil, solía darme cuenta cuando ocurría algo o él acumulaba demasiado, lo notaba y lo solucionaba al borde antes de que explotará, lo solucionábamos. Yo era ignorante de que no siempre seria así, debido a que, por el trabajo de ambos, había periodos de tiempo que nos mantendríamos separados. Cuando estos periodos se extendieron, cuando se hizo más extensa nuestra distancia, los problemas y tensiones entre nosotros se acumularon, las emociones surgidas a través de la distancia y el extrañarnos, los pensamientos negativos que llegaban en las noches cuando dudabas y te sentías solo, sé que no era el único al que le sucedía. Empezabas a dudar, desconfiabas de ese "buenas noches", pensando que quizá tu pareja no estaba tan cansada, que tenía otros planes, porque ¿por qué no divertirse en otro país lejos por una noche cuando pasas tanto trabajando y tu pareja jamás lo sabría? Estaba ese dicho que los solteros con los que uno trabajaba siempre decían: "Si no es ahora ¿cuándo?". He visto tantos hombres y mujeres siendo infieles durante giras, eventos, y demás, y como justificación te dicen "¿Crees que él o ella no hace lo mismo?". La respuesta a esa pregunta fue, por mucho tiempo, negativa, yo no creía que Will pudiese hacer algo así, porque manteníamos llamadas casi cada noche y estábamos presentes para el otro como mínimo con la voz cuando solo teníamos nuestras propias manos. No obstante, eso fue desapareciendo con el paso del tiempo, la costumbre de los periodos, la edad, la ansiedad disminuida.
Cuando lo note fue demasiado tarde, porque estaba volviendo, rechazando un contrato en otro país, porque mi relación continuaba siendo más importante para mí, era mi amor, mi Will y me necesitaba, nos necesitábamos, creía que estaba por explotar, pero realmente ya lo había hecho, se había quebrado. Al regresar, no solo me quede sin el trabajo que rechace por amor, sino también sin el amor. Me dejo, solo así sin más, dijo: "Esto no está funcionando más, dejémoslo así, necesito que termine". El tiempo y los años pasaron, y aquí estamos, en una situación similar.
Cuando la jornada estaba llegando a su fin y se van preparando para marcharse, cerrando temas, acordando la siguiente reunión y lo que sigue, me acerco a él.
—Will...
—Oh, Mike, me olvidaba, ¿crees que podamos retrasar la cena? Tengo cosas pendientes, lo volvemos a planear para otro día. —Pero sé que no habrá otro día, él es así, librándose de las cosas con una disculpa y jamás reprograma.
—¿Porque mejor no me dices la razón por la que no quieres reunirte conmigo? De esa manera me sentiré menos tonto y no gastare más tiempo buscando sitios para una cena que no sucederá.
—Hey, ¿por qué lo tomas tan serio? —intentó hacerme sentir equivocado con una pequeña risa, pero mi seria expresión lo desinfló. —Bien, no es que no quiera ponerme al día contigo, Mike, pero tampoco quiero vivir un momento incomodo y profundizar. Esto es un proyecto de una temporada y luego acabara, si nos volvemos cercanos, va a ser más difícil cuando termine, creo que lo mejor es mantener una distancia prudente uno del otro.
—Es que, Will, lo normal es que utilicemos esto para volver a ser cercanos, al menos un poco más allá de los saludos por educación.
—¿Y para qué? ¿Con que fin deberíamos invertir ese tiempo? —elevo su voz y la volvió a bajar cuando los demás miraron por un segundo, curiosos antes de despedirse. —Solo es una pérdida de tiempo, si volveremos a distanciarnos.
—Que agradable forma de verme tienes —respondí indignado. —No sabía que era visto como una completa pérdida de tiempo, lindas palabras para ser escuchadas después de diez años. —tome mis cosas y me marche, porque el que pierde el tiempo intentando soy yo.
—¿Qué? No quise decir eso, lo sabes, Mike —me dijo fuera del edificio al alcanzarme.
—Es exactamente lo que quisiste decir... —continue caminando hacia la calle donde deje estacionado mi auto.
—Me refiero a que no conducirá a nada, las cosas son diferentes ahora...
—Sí, es lo que los años producen y porque existe el "ponerse al día" con otras personas, para volver a conocerse —seguí caminando, indignado, ofendido y realmente decepcionado.
—¡Tienes un hijo! —exclamó haciendo que me detuviera.
—¿En serio? Cuatro años siendo padre y no lo había notado —dije con ironía, y produjo lo esperado, que se enfadara.
—Sabes lo que quiero decir, estamos en etapas de vida diferentes o... en caminos diferentes.
—Creo que piensas que se muchas cosas, pero lo único que ambos sabemos es que tú y yo no nos separamos porque no sintiéramos nada, sabes tan bien como yo que... no fue porque faltara amor.
—El amor no lo es todo en la vida, Mike, faltaron otras cosas.
—¿Y temes a que ahora las tengamos? —Will apretó sus labios entre sí. —¿Es eso?
—Si eso sucede no llevaría nada, porque al terminar el proyecto estaríamos en las mismas —tomando una repentina confianza lo empuje con las palmas de mis manos en su pecho, haciendo que su espalda chocara con la pared de atrás.
—¿Cómo estás tan seguro? —mudo por la sorpresa de mi acción, me miró en silencio y aproveché para invadir su espacio personal, acercando mi rostro al suyo, sonreí con picardía cuando sus labios temblaron, su rostro pareció descongelarse de la sorpresa, estaba a punto de besarlo cuando estalló.
—Pero ¿quién te crees que eres? —me devolvió el empujón con mucha más fuerza y me tamborilee hacia atrás, casi perdiendo el equilibrio, estaba enfadado. — ¿Crees que puedes venir a presionarme? ¿Y qué es eso de acercarte tanto? ¿Ahora eres un acosador? Aprende a respetar el espacio personal de las personas, idiota, yo no soy como las personas con las que estas acostumbrado a tratar.
—Yo... yo...
—Tú... tu eres un creído, arrogante y soberbio.
—¿Yo? ¡¿Yo?! No te lo puedo creer, yo soy el arrogante y soberbio —me reí con ironía. —¿Seguro que no te lo estas diciendo a ti mismo? Por dios, Will, estoy aquí intentando arreglar los errores de hace diez años y tu...
—¿Después de diez años? ¿Te parece eso correcto?
—Es mejor que nada.
—No, Mike, mejor que nada hubiera sido que lo intentaras arreglar hace años, no sé, quizás antes de tener un hijo al menos.
—¿Qué? ¿Qué demonios? ¿Qué quieres? Dime lo que es lo que quieres —exigí enojado. —¿Quieres que me arrepienta de tener un hijo? Puedo arrepentirme de muchas cosas en mi vida, pero jamás de tenerlo a él, discúlpame, pero jamás podría arrepentirme, quizás no lo entiendas porque no eres padre, pero es mi hijo del que hablas.
—Bueno, quizás yo también deba irme a tener mi propio hijo para entenderte.
Fue un día antes de tener que volver a reunirnos para el proyecto cuando recibí un mensaje de Will, no había hablado con él desde aquella discusión en la calle por la noche, cuando ambos terminamos enfadados.
El mensaje no decía mucho, era una captura de pantalla de un restaurante, al pie de la misma decía una hora y un "Te veo ahí", no era una invitación, era una orden. Puede que ir me hiciera ver como un completo idiota, pero obedecí y ese mismo día, unas horas más tarde, me encontraba en ese lugar.
No tengo dieciocho años, no soy extremadamente delgado y desgarbado; tampoco es mi primera cita. Sin embargo, estoy nervioso, mis manos sudan un poco, he pasado horas buscando que ponerme, peinándome, eligiendo el perfume, reloj, zapatos; para que parezcan informales, pero se ajusten entre sí y a mí. Y, por si fuera poco, en mi cabeza se reproducen diferentes opciones de conversaciones, distintas direcciones que puede tomar nuestra charla una vez que nos veamos.
Lo esperé afuera del lugar y me arrepentí de ello cuando lo vi llegar tan relajadamente, hablando por teléfono. Limpie mis sudadas palmas de las manos en mis pantalones oscuros, tome una larga bocanada de aire, él me notó y tres pasos más tardes cortó la llamada, estiró su mano y yo la mía, las estrechamos en un saludo.
—Llegas temprano, aún faltan quince minutos —me dijo a modo de saludo.
—Sí, pensé que tardaría más en llegar, pero tú también has llegado temprano.
—Yo invite, ¿no? Vine con tiempo para asegurarme que no hubiese problemas con la reservación que hice. Si me esperas un momento, entrare a preguntar si ya podemos ingresar o esperamos hasta la hora —lo deje marcharse al interior del lugar y aproveche los pocos minutos de su demora para respirar, sacudir mis manos en el aire, asegurarme de aún oler bien y girarme hacia los oscuros cristales del lugar para revisar mi cabello y rostro, lo vi salir y me aleje del cristal. —¿Estás bien? —me preguntó.
—Sí, ¿por qué?
—Te vi por dentro —señaló el cristal —parecías estar preocupado o que algo en tu rostro te molestaba, ¿estás bien?
—Eh, sí, sí, claro, solo...me pico un mosquito e intento no rascarme, solo eso.
—¿Un mosquito? ¿Con este clima frio? —me miró confuso, yo simplemente asentí tratando de quitarle importancia —Bien... ya podemos entrar, asi que hagámoslo... no queremos más piquetes de mosquitos —se rio de lado y sabía que era en forma de burla, maldito.
Camine detrás de él por el pasillo, por el cual se veía claramente la calle en la que estaba parado oliéndome y demás. Cuando tomamos asiento, habló con el camarero que pasaba cerca, pidió una botella de vino y un aperitivo, me preguntó si quería algo antes de la cena y me quede mudo, no solo porque era la primera vez que iba a ese lugar, sino porque su trato era algo desconcertante si recordábamos nuestro último encuentro.
—¿Está bien si pido dos copas? Para que pruebes el vino que he pedido, el aperitivo va perfecto con el —asentí —Te gustará —se giró al camarero y pidió dos copas con su pedido. —Te ves un poco como en aquella primera cita, relájate —me pidió.
—Que agradable momento para recordar ese otro "agradable" momento.
—¿No fue agradable? Yo la pase bien.
—Sí, claro, porque te reíste durante semanas, parecía que nunca acabarían las cosas de las cuales reírse de esa noche.
—Sinceramente, la caída, cuando intentaste escapar al baño... fue digna de horas de carcajadas —lo mire con el ceño fruncido. —Oh, vamos, paso hace más de una década, supéralo.
—Supéralo tú.
—Imposible, no olvido tus flacuchas y largas piernas enredándose entre sí y tu torso cayendo como una torre, sin poder ser detenido, hasta tu nariz sangro —finalmente sonreí cuando soltó una risa fuerte —Tranquilízate si no quieres que pasé otra década riéndome de ti.
—Es solo que no te entiendo, Will.
—Es mi manera de pedir disculpas, sé que actué mal, algunas cosas de las que dije fueron erróneas. Quiero decir... discúlpame, por todo lo que dije y te haya ofendido, no fue con intención. Estaba asustado e intente defenderme lanzando golpes bajos.
—Está bien, lo acepto y también me disculpo si dije algo fuera de lugar.
—Me siento como cuando tenía diez años y mamá me obligaba a pedirle disculpas a mi hermana cuando peleábamos —ambos reímos.
—¿Solo eso pretendías?
—Sí, pero también pensé que no tenía nada de malo ponernos al día.
—¿Qué hay con el temor de volvernos cercanos y que luego nos distanciemos?
—No hay nada certero de lo que pueda pasar mañana, menos cuando el proyecto termine.
Esa noche que cenamos, aprendí tantas cosas nuevas de Will, no puedo decir que es otra persona completamente diferente a la de hace una década, pero había ciertos aspectos de su persona que habían... evolucionado, como si el del pasado fuera un prototipo de quien es ahora. En un corto resumen, estaba mejorado, por lo que consideraba perfectamente normal sentir atracción hacia el amor de mi juventud cuando el universo lo arrojaba a mi yo mejorado diez años después de haber terminado.
No quiero decir que la atracción es solo física, sino que también es emocional, porque, aunque resulte cliché, y me haga ver un poco tonto, pero... ¿Cómo no tener sentimientos por Will? Ha sido el amor más grande de mi vida, por más cursi que suene, es así, no he sentido nada igual y como le he dicho a él mismo, lo nuestro no termino por falta de amor, y como jamás le diré, nunca deje de pensar en él a lo largo de los años.
Hablar con él continuaba siendo fácil, los temas de conversación surgían y nunca acababan, entendíamos el sentido del humor del otro, por lo que entendíamos nuestras bromas, compartíamos la misma gracia, las risas eran halagos, encontraba interés en sus rasgos faciales cuando me hallaba hablando y ansiaba escuchar más de su persona.
No quería que aquella noche terminara, pero muy a mi pesar la finalizamos al momento que notamos que el lugar se preparaba para cerrar. A día siguiente, las horas pasaron mucho más rápido durante la reunión, casi en un pestañeo, lastimosamente no pude reunirme con él, tenía planes con mi hijo.
Habían pasado un par de días y faltaban unos cuantos más para otra reunión del proyecto, pero ya lo extrañaba. Me imaginaba conversaciones con él, con miles de cosas por contarle y que él podría responder. Al no poder retenerlo mucho más, cuando la media noche cayó y siendo en la noche cuando mi fuerza mental disminuía, le envíe un mensaje.
Buenas noches, Will.
Si aún estas despierto y no es molestia, ¿podrías enviarme el nombre del vino que pediste durante la cena?
Espere un mensaje de respuesta, quizás un "déjame dormir". En cambio, recibí una llamada.
—¿Quieres el nombre de un vino a medianoche? ¿Estás en un bar o algo así?
—De hecho, no, estoy en mi casa.
—¿Y tienes un viñedo o servicio de 24hs que lleve vino a domicilio? Y hablo de vino, no intento de vino, porque no es uno cualquiera que consigues en cualquier tienda.
—Solo recordé que debía pedírtelo, me ha gustado y he tenido ganas de beberlo, además me gustaría llevarle uno a mi hermano cuando vaya a verlo, a mi cuñada le gustan los buenos vinos.
—¿Y preguntas a medianoche?
—¿No puedo?
—Claro, para serte sincero... —hizo una pausa —tu historia del vino es tan creíble como la del mosquito, me sorprende que me creas tan idiota como para que me lo trague.
—No miento, ni ahora ni con el mosquito, de verdad me pico.
—Sí, claro, te ha picado, esa noche y esta, pero no un mosquito —se burló — Esa vez pudiste decir que el viento te despeino, ahora, que estabas en un bar, que bebías con tu hermano. Tus mentiras, son más vergonzosas que la verdad.
—¿Y esa cuál es?
—¿Crees que no note tu mano sudada cuando te salude? Y en el interior, me quedé viéndote como te arreglabas cuando apenas desaparecí —podía escuchar su carcajada a través del teléfono —Tranquilo, sé que los años solo me han favorecido, no te culpo...
—¡Wow! Tu arrogancia y egocentrismo se han expandido con los años, casi no cabe nada más en el universo —me burle.
—Sí, no es lo único de mí que creció.
—No quiero preguntar...
—Si quieres...
—No lo hare.
—Es una lástima —cortó la llamada mas no había enfado, terminamos riéndonos, al minuto recibí un mensaje con el nombre del vino. No insistí en más, me había avergonzado suficiente por una noche. A su vez, había liberado estrés riéndome.
Nuevo encuentro para el proyecto y era diferente, Will se comportaba diferente a las anteriores ocasiones, sin mencionar que particularmente hoy resaltaban sus atractivos, es como si hubiera puesto atención especial en cómo se veía; atuendo, peinado y me atrevo a decir que esta maquillado. En cuanto a su interacción general, estaba extremadamente amable, sonriente, su risa resonaba más de una vez en el lugar, atraía la atención de todos al dar opiniones y entenderse en una explicación enseñando cosas que una o más personas podrían no entender, no estaba de más decir que disfrutaba de ello, porque amaba ser admirado.
Por otro lado, con mi persona estaba terriblemente encantador y coqueto. Si, coqueto, porque reconocía eso en él, quizás era más sutil, más encantador y menos torpe hoy en día. Sin embargo, seguía mirándome de reojo, sonriendo de lado, guiñándome el ojo, preguntándome opiniones enfatizando mi nombre e incluso de momentos, cuando pasaba por detrás de mi asiento, podía sentir su mano en el respaldo de este y sobre mi hombro, a modo de saludo o reconocimiento, muy casual, pero eran acciones que antes no estaban ahí y que no tenía con otros.
¿Y qué puedo decir? No lo puedo negar, me encanta, me tiene atrapado y ansioso por recibir más, como un cachorro que esperaba atención de su dueño. No era que me hubiese olvidado de cómo coquetear, pero no había podido responder a su propuesta como me gustaría, me sentía tímido y avergonzado. Mostrarme atrevido, era mi actual manera de coquetear, no era del todo sutil. A estas alturas, estaría diciendo comentarios en doble sentido, sonrisas insinuantes, mi lengua viajaría por mis labios visiblemente, mi mano en lugares más atrevidos que un inocente toque en el hombro, quizás un accidental choque donde rozara su mejilla, acercarme a decirle una opinión repentina por detrás y al oído, las opciones eran ilimitadas.
—Hey, ¿te estoy incomodando? —se acercó a preguntarme extremadamente encantador, cuando aún quedaba una hora para terminar, con su cabello algo revuelto por haber pasado sus manos por el a lo largo de las horas del día; con cuatro botones de su camisa abiertos, no sabía si era consciente de ello; el conjunto de ambas cosas más sus labios resaltando, eran endemoniadamente sexy.
—¿Qué? No, para nada. ¿Por qué?
—No sé, te sentí raro, pensé que quizás interpreté algunas cosas de más o con prisa y debería retroceder si te incomoda —me observó con curiosidad esperando mi respuesta, me dejó sorprendido su abierta confesión de inseguridad —La verdad... —continúo —estoy algo oxidado en esto del coqueteo y quizás no estoy leyendo bien algunas señales, ha pasado un tiempo para mí y... —detuve su discurso apoyando una mano en su muslo, con mi mirada bajando notoriamente de su rostro a su pecho.
—Quizás deberías abrochar un par de botones de esa camisa y dejar de pedirme tantas opiniones, para que mi cabeza pueda pensar más en el trabajo y menos en ti sin nada, o al menos poder responder al coqueteo —sonrió casi de lado y jugó con el quinto botón de la camisa, lo desabrochó, abrió ligeramente la camisa dándome un plano visual más amplio y profundo de su piel, lamí mis labios y sus dedos unieron el botón, lo abrochó y continuó con el cuarto y el tercero. —Bien —dije en un suspiro y una mueca de mis labios, moví mi mano en su muslo, llegando a su rodilla y regresando al mismo punto dos veces, hasta que en la tercera pasada el lateral de mi dedo menique alcanzó a rozar su ingle, alejé la mano rápidamente, dejando la palma de mi mano caliente por el frote sobre la tela de su pantalón.
—Mike, a nadie le molestaría que hagas algo más productivo que estar ahí sentado —dijo con un doble sentido que solo yo captaba mientras se ponía de pie —¿Por qué no vas a buscar unos cafés? Yo pago —me extendió su tarjeta, pero la ignore.
—Me toca pagar a mí, pero podrías acompañarme y pago los bocadillos también.
—¡Wow! Y yo creyendo que era yo el que estaba oxidado —comentó cuando salimos —Necesitas un poco de aceite porque hasta rechinas.
—¿De qué hablas?
—Han pasado años para mí, pero ¿para ti? Hay al menos diez caminos diferentes que pude haber tomado yo para darle doble sentido a lo que dijiste, pero tu nada, a diez años luz.
—Bueno, sí, es que me cuesta distinguir un límite y temo propasarlo —intente unir palabras como escusa a mi repentina timidez.
—Es extraño —se detuvo a medio camino de la salida del edificio, debíamos cruzar la calle del mismo para llegar a la cafetería más cercana, pero se detuvo y miró alrededor —es como ver un tú de veinte años, pero con la espalda recta, más masa muscular y las facciones del rostro más masculinas y maduras, pero con la misma torpeza al hablar y reaccionar.
—Bueno, es que... —intenté justificarme, pero me pasó de largo con un "vamos" y lo seguí. —¿A dónde? —entramos al baño de hombres, había uno allí orinando, Will se dirigió a los cubículos, hasta el último.
—Aquí tienes uno, rápido que nos esperan —me hizo señas con las cejas para que entrara y él se encaminó al espejo, donde fingió arreglarse, extrañado obedecí y camine al cubículo, vi una sonrisa en el espejo antes de ingresar, cerré la puerta sin trabarla y me quede allí esperando, quizás quería hablar y estaba esperando a que el otro hombre se marchara.
Escuché el sonido del agua, luego el de la sacadora de manos y por último los pasos alejándose, estaba por abrir la puerta cuando esta se abrió, Will ingresó empujándome más al interior, cerró la puerta detrás y noté que el espacio era muy reducido si dos hombres de nuestra altura y contextura ingresaban en uno. Sin alcanzar a comprender del todo la situación, Will me tomó de los hombros y me empujó contra una de las paredes laterales, su rostro se cernió sobre el mío.
—Vamos a aceitarte un poco —explicó antes de tomar mis labios entre los suyos, y puede que no comprendiera mucho, pero abrí mi boca y le correspondí, apoye mis manos sobre su pecho, una se cerró apretujando su camisa y la que estaba de su lado izquierdo lo presionaba más, sintiendo el desenfrenado latir de su corazón y adoraba eso, que latiera así, por mí.
No fue un beso lento o suave, fue rápido, brusco, con exceso de saliva entre nuestras lenguas que se golpeaban con fuerza, presionándose y rozándose entre sí con impetuosidad. Podía sentir sus manos deslizándose de mis hombros, sus dedos se arrastraron hacia abajo, llegando a mi cadera, cerró sus dedos alrededor tirando de ella hacia su cuerpo, sus dientes comenzando a mordisquear mis labios, me queje y alcance con mis propias manos su rostro alejándolo un momento.
—Me lastimas —explique, sin abrir los ojos, sin tomar mucha distancia, rápidamente volvió a besarme, con menos rudeza y rapidez, pero igual de profundo, su lengua estaba allí, jugando dentro de mi boca y la deje, rodeándola y sujetándola dentro.
Continuamos besándonos, no tenía noción del tiempo trascurrido, pero nos detuvimos cuando golpearon la puerta, Will solo dijo "ocupado" y escondió en el hueco de mi hombro su rostro, podía sentir mi piel vibrar allí por su risa traviesa, rodee su cuello con mis brazos, dejándolos colgar detrás de él, disfrutando la cercanía y el calor; escuchaba sus profundas respiraciones, sentía el roce de su nariz buscando y estire mi cuello para darle más acceso. Nos mantuvimos allí, en silencio hasta que, lo que parecía haber sido un grupo de jóvenes, se marchó, pero alcance a escuchar un murmullo diciendo un "te juro que vi dos pares de zapatos".
—Estúpidos —se quejó removiéndose.
—Deberíamos ir por esos cafés
—Si, deberíamos —besó la comisura de mis labios —¿Qué harás esta noche?
—Nada.
—Tengo algunas cosas que atender terminando aquí, pero ¿te espero en mi casa en la noche? —asentí y libere sus hombros, salió del cubículo y lo seguí, pero al salir del baño, espere un momento y me volví a reunir con él en la fila de la cafetería.
—¿Qué perfume usas?
—¿Por qué? ¿Quieres uno?
—No me desagrada, pero para la próxima recuerda no bañarte en el —se rio —En serio, dime cual es, porque no tengo idea y huelo a él, si me preguntan no sabré qué demonios uso.
—Dudo que lo conozcas, eres muy básico.
—Al menos tu labial no me quedo por todos lados —lo mire de reojo —Will, conozco tu color de labios, sé que no es ese —bufe y me reí de lado —Además, necesitas retocarlo —negó con la cabeza, algo avergonzado cuando me adelante a mi turno para pedir, me gire un momento para consultarle que bocadillos quería, pero vi su espalda encaminándose al baño del lugar, divertido me concentre en el mostrador de bocadillos y seleccione de los que recordaba le gustaban en el pasado.
Estaba esperándolo en una de las mesas, ya que el pedido era demasiado para cargarlo yo solo, mientras revisaba mi celular notando que había pasado más de media hora. Estaba guardando mi celular cuando salió del baño, claramente sin labial.
Buena comida, bebida y platica; las citas con Will en el pasado eran usualmente así, una compañía ideal, eso no había cambiado. Cuando me envió el horario para que llegara, también me pidió que llegara vestido informalmente, de la misma manera lo encontré a él, la comida y el vino ya nos esperaba en la pequeña mesa baja frente al sofá, allí cenamos y permanecimos platicando, aún con la primera botella de vino, porque ninguno quería exagerar con el alcohol.
—Han pasado más de diez años, creo que es tiempo de una confesión así —argumentó cuando me negué a declarar alguno de los momentos más vergonzosos para mí en la relación.
—No, de ninguna manera, no es el momento. Cambiemos el tema, ¿Qué te parece el más gracioso? Tengo unos recuerdos...
—¡Que aburrido! Vamos, ¿y si te digo uno de los míos? —lo pensé un momento y se agarró de ello. —Bien —meditó unos segundos y entrecerró los ojos al tener el momento sonriendo con malicia.
—No parece que vayas a decir algo vergonzoso tuyo.
—Oh, lo hare, pero puede que tenga efectos colaterales en mi —arqué una ceja cuestionándolo, dejó la copa de vino que sostenía en la mesa, tomó la mía y la dejó junto a la suya, se inclinó en el sofá hacia mí. —¿Recuerdas nuestra primera vez? —trague con fuerza y asentí, porque jamás la olvidaría. —Habíamos acordado un día, lo planeamos, fuimos a ese lugar tan bonito e íntimo —comenzó a relatar —Lo pagamos entre los dos, porque todavía no teníamos grandes ingresos, ¿lo recuerdas? —susurré un "si" —¿También recuerdas hasta donde habíamos llegado antes de eso?
—Besos, caricias —me aclaré la garganta, me di un segundo para pensar que decir, porque no quería sonar de veinte años al decir solo eso y de esa manera tan inocente, con cuarenta años si ni siquiera llevo la cuenta de cuantas veces he tenido sexo como para parecer avergonzado —Tuvimos algunos orgasmos —levante una mano y mi pulgar rozó su labio inferior —experimentamos sabores y sensaciones orales, recuerdo que estaba fascinado con tus labios esponjosos y tu boca caliente. Eran buenas mañanas.
—Estoy de acuerdo, pero habíamos acordado que yo entraría en ti primero —alejó mi pulgar y se mordisqueó el labio que hasta hace unos instantes estaba acariciando —Mi confesión es que, no lograba tener una erección, estaba nervioso, como nunca antes. Pero entonces te pusiste sobre mí, entre mis piernas y supe lo que quería, por eso cuando quisiste subirte a horcajadas, me voltee y eleve mi trasero, solo pensarlo al revés en mi cabeza, me encendió, es más, tuve un orgasmo del que jamás te dije —confeso rozando mis labios.
—¿Tu...?
—Mientras te frotabas contra mí a mis espaldas, besándome el cuello —se extendió hacia mí ofreciéndose y hundí mi nariz en el sitio, comencé a besar y lamer debajo de su oreja mientras lo escuchaba —Gemí y caí sin fuerzas, estaba en las nubes y tú no lo notaste, temí no conseguir otra erección, pero cuando tu pene desnudo comenzó a frotarse entre mis nalgas... —gimió y se movió, en menos de dos segundos, estaba sentado a horcajadas sobre mí, mi cara aun enterrada en el lateral de su cuello.
La conversación término, todo se redujo al momento que vivíamos, la excitación y el calor de nuestros cuerpos, la urgente necesidad de sentir más piel, de tener más del otro. Todo en cuanto a su cuerpo se sentía nuevo y fascinante, pero a la vez conocido. Como escuchar una vieja canción que habías amado en el pasado, pero que por alguna razón dejaste de oír, volver a rencontrarse con esa canción, sentir el ritmo correr por tu cuerpo, muy dentro y querer hundirse en la melodía... asi quería fundirme en el ser que es Will.
Su piel, su olor, su calor, el temblor y latir de su sangre en diferentes puntos; los sonidos, sus gemidos, gruñidos, susurros sin sentidos y los pequeños gritos; sus ojos color caramelo, sus pezones, su vello púbico recortado y mantenido prolijo e higiénicamente, los músculos leves, pero notables; todos eran parte de la maravilla que era Will, como se movía dejándose llevar. En diez años, no había encontrado un ser más magnifico que él en el sexo.
Después de la mañana en la que desperté en la cama de Will, abrazándolo por la espalda, todo ha sido un torbellino de ensueño por el cual nos hemos dejado arrastrar. Esa mañana despertamos con besos, desayunamos sintiéndonos más libres el uno con el otro y aunque han pasado unos días sin que podamos vernos, nos hemos mantenido en constante contacto, usualmente por las noches. Hemos hablado de muchas cosas, el pasado lejano, más cercano y el mismo presente.
—¿Crees que lo pueda conocer pronto? —escuché su voz tímida a través del teléfono, es media noche y estamos en nuestra llamada regular, me pregunta sobre mi hijo, ya que no nos hemos encontrado porque está conmigo este par de días.
—¿Quieres? Es decir, justo hoy estaba pensando en ello mientras preparaba la cena, que no lo conocías.
—Solo recuerdo que vi una foto suya de recién nacido, desde entonces no he visto ni una sola fotografía.
—¿Quieres ver algunas? Tengo varias, también de esta noche.
—Envíamelas —coloqué el altavoz en la llamada y comencé a enviarle las fotos, seleccionando en gran cantidad las de mi hijo —¿Cuántas has enviado? —cuestionó una vez enviadas —¡Mike, son casi cincuenta!
—Tú pediste ver fotos de él.
—Te pareces a esos abuelos que comienzan a mostrar fotos de sus nietos y no se detienen... ¡Hey, es muy parecido a ti!
—¿Tú crees?
—He visto fotografías tuyas de niño, tu madre me las mostro, es tan parecido a ti y... ¡por dios! —comenzó a toser.
—¿Qué sucede?
—Creo que has enviado algunas fotos por error y no sé si es prudente mirarlas.
—¿De qué hablas? —pregunté comenzando a revisar —Envié algunas en las que salgo yo, pero...
—No, creo que algunas otras se enviaron también —y dice la verdad, llegue finalmente a las fotos que tome hace unas semanas en la habitación cuando salía del baño y quería ver bien mi físico, debido a que algunas prendas comenzaban a ajustarme en los hombros, había subido la rutina en el gimnasio por la ansiedad que llevaba acumulando —¿Sabes? Creo que con cuarenta años no hay mucho de mi ética y moral que cuidar y... ¡oh, por dios! Esto explica mucho de la otra noche.
—Puedes, por favor, no verlas.
—Lo siento, no, ya las he visto y tomado captura por si las borras.
—Guardar fotos de otra persona sin su permiso es ilegal.
—No lo es si tú mismo las has compartido.
—Will.
—Olvídalo, no las borrare, podría masturbarme de por vida con solo esas fotografías —me sonroje y me quede sin palabras que decir —¿Cuánto ejercicio haces para llegar a eso? No es que lo quiera, estoy muy conforme con mi cuerpo, pero infiernos si no es atractivo, recuerdo muy bien cómo se sentían —intente hablar, pero solo logre tartamudear mientras él continuaba hablando — ¿No tienes alguna sin la toalla en la cintura? Creo que podría acceder a cualquier cosa por una foto sin nada —una parte de mi quiere pedirle que se calle, porque es vergonzoso; pero otra parte atrevida y engreída quiere seguir oyéndolo, porque es tan reconfortante que vean el esfuerzo y dedicación que invierto en mi cuerpo —Oh, vamos, di algo, no es como si no hubiera visto o tocado todo hace unos días y creo que deje claro cómo me gusto.
—¿Te gustaría venir?
—¿Ir? ¿Ahora?
—Podrías quedarte a dormir, conocer a mi hijo en la mañana, suele tener buen humor en las mañanas y le gusta tener visitas, por el hecho de que rara vez viene alguien.
Alrededor de una hora más tarde, me encontraba sentado en mi cama, mi espalda apoyada en el respaldo de la cabecera y con un brazo extendido donde se apoyaba Will; ambos desnudos, relajados, cansados y no del todo limpios, con sudor, saliva y semen encima, pero sin importarnos.
—Tengo miedo —confeso de la nada —¿Qué hacemos si no le agrado? ¿Solo me voy?
—¿Qué no le agrades? Es imposible, es un niño muy amable y sociable, le agradaras. Hare su desayuno favorito, lo despertare un poco más tarde, pondré algo de música que le gusta, irá bien —lo tranquilizo.
—¿Y si no?
—¿Por qué no le agradarías?
—No interactuó lo suficiente con niños como para saberlo.
—Solo hazle caso, si te pide dibujar, dibuja, si quiere que bailes, bailas, si quiere que comas, come.
—¿Y si me ignora?
—No lo hará, sé que le fascinaras, tendrás toda su atención, te adorada, ¿y sabes cómo lo sé? —me incline sobre él mientras el arqueaba una ceja, preguntando —Porque así fue conmigo cuando te conocí, tuviste toda mi atención, me fascinaste —lo bese y guie hacia abajo, acomodándonos en la cama, solté sus labios y lo voltee, para acurrucarme contra su espalda, abrazándolo —¿Puedo preguntarte algo?
—¿Qué cosa?
—¿Por qué no has tenido hijos? —acaricia mi antebrazo que cruza su pecho.
—No es que no haya querido, quiero; pero no ha llegado el momento... o la persona indicada —suspiró —He tenido una o dos relaciones en las que en verdad lo considere, lo conversamos, pero no se dio... y lo sigo deseando, pero estoy en los cuarenta, no soy una chica, pero incluso para un hombre la edad dificulta todo. Y no es que deba ser concebido por mí, pero obviamente eso hace todo más fácil.
—Discúlpame —susurré depositando un beso en su hombro desnudo.
—Tranquilo, puedes preguntar lo que quieras.
—No me disculpo por preguntar, me disculpo por dejarte atrás.
—¿De qué hablas? —cuestionó acostándose sobre su espalda para mirarme.
—Amo a mi hijo, pero si alguien me dijera que podría haber tenido al mismo niño contigo, mi vida hubiese sido más brillante y me atrevo a decir que perfecta —busque su mano para unir nuestras palmas y entrelace nuestros dedos. —Era nuestro sueño.
—Y créeme que estoy feliz de que al menos uno llegara a cumplirlo.
—No importa cuentas cosas de esos sueños tenga hoy en día, sigue siendo un futuro diferente al que planeamos de jóvenes, porque no fue contigo. Hay veces en que lo pienso, y no comprendo porque fue realmente que no continuamos.
—También lo hago, creo que era la forma en que debía ser, no la que queríamos o la mejor, pero la que debía ser. Después de todo, aquí estamos —apretó el agarre de nuestras manos —Importa que hacemos de aquí en más, si lo que debe ser o lo que queremos.
— UN AÑO MÁS TARDE —
—¿Cocinaras hoy? —preguntó el niño de aproximadamente cinco años siguiendo a Will hasta la cocina de la casa y subiéndose a una silla para ver lo que tenía en las bolsas que dejo en la mesa.
—Sí, ya que regrese temprano y tu papa vendrá más tarde... ¿no quieres?
—Claro que sí, pero ¿porque tanta verdura? —hizo una mueca.
—Porque tú las comes cuando yo las cocino.
—Papá dijo que podía dejar de comerlas.
—¿A si? ¿Dijo eso? —el niño asintió —Qué raro, porque cuando me llamó, me dijo que preparara especialmente una comida con muchas verduras.
—Sí, que raro... —Will se rio y comenzó a preparar la cena.
—Bueno, pues este papá dice que las comerás o no te daré el regalo que traje —la sonrisa se extendió en el rostro del niño y sus ojos brillaron.
—Lo hare, lo hare. ¿Dónde está? ¿Qué me trajiste?
—En tu habitación.
—¡Gracias, papá! —se fue gritando el niño, dejando a Will recordando la primera vez que lo había llamado así.
Cercano a los siete meses de mantener una relación seria con Mike, de ser cercano al hijo y estar constantemente yendo y viniendo de su casa a la de Mike y viceversa; tuvo que viajar y estuvo alrededor de dos semanas fuera. Fue un brusco movimiento para los tres, la pareja y el niño, porque estaban en una rutina que fue sacudida por su viaje. Will no podía negar que extrañaba a padre e hijo. Recogerlos para llevarlos a su casa o llegar en diferentes horas a la de ellos y ser recibido por ambos; cenar, almorzar, desayunar, mirar películas de clásicos infantiles, de superhéroes, no era lo ideal para una cita de viernes en la noche, pero resulto hacerlo muy feliz.
Fue al regreso de aquel viaje, de improvisto día y horario, cuando se suspendió lo último en su agenda, que no tuvo tiempo de avisar y tomo el primer vuelo, llegando a la casa de Mike un poco después del horario habitual en el que estaría en la casa con el hijo. Ambos, padre e hijo, miraron con asombro cuando abrió la puerta e ingreso a la sala de estar, desde el sofá los dos pares de ojos parpadearon y el pequeño corrió a él con los brazos abiertos y sonriendo, gritando "papá Will, volviste antes". Pretendía alzar al niño y girarlo, pero allí inclinado se quedó abrazándolo, un momento más tarde levanto la mirada encontrándose con Mike parado a un par de metros igual de sorprendido.
—¿"Papá Will"? ¿Por qué lo has llamado así? —le preguntó Mike a su hijo.
—¿No está bien? —el pequeño soltó a Will y se giró a mirar a su padre —Pensé que ya que como hace todo lo que haces tú para mí y me puso tan triste que se fuera como cuando tú te vas... era como un papá, ¿no es un papá también?
—Bueno, no está mal, pero —Mike se agachó para estar a la altura del niño, Will lo imito —Si tú lo sientes así por mi está bien, que lo quieras así me pone feliz, pero creo que deberías preguntarle a Will si puedes decirle así, quizás no quiera ser tu papá y solo quiera ser tu amigo —la incredulidad se estableció en el rostro de Will, hizo muecas preguntando: "¿Yo? ¿Qué digo?" —La verdad, lo que tú quieras...pregúntale —incitó a su hijo.
—Will, ¿quieres ser mi papá? —la quijada de Will cayo al oír la pequeña, tierna y tímida voz preguntar, por lo que solo pudo asentir —¿Y puedo llamarte "papá"? —volvió a asentir y susurrar un "si" antes de ser nuevamente abrazado.
—Felicidades, ya eres padre —anuncio Mike cuando ambos se pusieron de pie, Will con el niño en sus brazos, siendo fuertemente abrazado, quiso hablar, pero no lo consiguió, ya estaba llorando.
