Actions

Work Header

Crítica primera cita

Summary:

Declarados de manera oficial, ahora como, "novios", no tendría que ser tan difícil concertar una cita. Excepto porque ni Kendō ni Monoma son, para nada, expertos en la materia.

Work Text:

—Monoma.

Apenas levantando la vista de los libros extendidos en la mesa que ocupa haciendo tareas, Monoma parpadea en lo que intenta no sobre-reaccionar a la atención que representa el llamado de Kendō.

Alza la vista, la observa un segundo y asiente con un gesto rápido, devolviéndose tan pronto, que Kendō no está segura de ir entendiendo bien si es lo que ella cree una invitación a sentarse con él o tan solo una indicación para que continúe hablando.

Como tiene ciertos derechos, en su calidad ahora como « novia », Kendō decide ir a hacer lo primero y poniendo las manos en la silla al frente de Monoma, al mismo tiempo que comienza, se aclara la garganta: —¿estarás muy ocupado hoy? —intenta preguntar, de forma casual, aferrando sus manos a la silla antes de moverla para hacerse espacio y tomar asiento.

Monoma se devuelve a verla de una sola, su atención capturada por la especificidad de tal pregunta. Se desvía, una vez más, a los varios libros, abiertos y repartidos sobre la mesa, cuando atrapa a Kendō intentando adivinar qué es lo que está haciendo ahora y su boca se mueve antes de terminar de pensarlo bien: —es para la clase de Cementoss, el ensayo que se entregará a finales del mes próximo —explica.

—Oh, ya has elegido el tema, por lo que veo...

Kendō se toma la libertad de tomar un par de libros, revisar los títulos en las cubiertas y encontrar las palabras clave para relacionar las lecturas entre unas y otras, las páginas en las que se encontraban abiertas. Los regresa a su lugar correspondiente, tal cual Monoma los tenía organizados sin olvidarse del orden. Él se entretiene mirándola interactuar en su espacio sin perturbarlo antes de que ella se devuelva a verlo y tras atraparlo mirándola, le sonría un poco. Monoma vuelve a mirar, rápido, en dirección a las hojas de papel en blanco que, una vez llenadas, conformaran parte de su ensayo; hace una pausa y luego sonríe, igual también, siente algo de calor en la cara y la boca le tiembla aunque la sonrisa permanezca: —¿de qué crees que se trata?

A Itsuka la toma por sorpresa el reto pero, de todas maneras acepta yendo a sonreír, sonrisa astuta: —Mmm, si tengo que poner las manos al fuego por ello diría que es... ¿algo sobre la relación entre el desarrollo de la personalidad con respecto a los dones?

Monoma también ríe, ahora, él más bien un poco incrédulo: —menos mal que seas tan lista o habría tenido que cambiar el contenido tan solo para evitar que te quemaras.

Itsuka también alcanza un tono de incredulidad.

—Oh, por favor. ¡No harías algo así con lo que te estás esforzado trabajando!

—Trabajaré el doble si es para evitar que te hagas daño.

No duda, siquiera un poco, cuando lo dice. Por lo que, perpleja, Kendō parpadea. Y a penas alcanza a ladear la cabeza, Monoma ya ha regresado su mirada al papel y retomado lo que escribía, sin darse cuenta, del sonrojo que comienza a asomarse en las mejillas de Kendō.

—Ah.

¿'Ah'?

Monoma vuelve a mirarla, algo, antes de apresuradamente abalanzarse de nuevo a su tarea. Si en el proceso se cubre, un poco, la boca y cara con el brazo... eso no tiene que parecerse en nada a un repentino asalto de vergüenza. ¿De acuerdo?

... Maldición.

—Supongo que entonces, eh... estás ocupado, ¿cierto? Cierto.

Kendō no espera a recibir respuestas, ella misma se las da y se prepara para levantarse. —Entonces me...

—No. Puedo dejar esto para cualquier otro momento.

Kendō se detiene y vuelve a retomar su lugar frente al chico, pensativa. A Monoma no le pasa inadvertido el gesto: cuando la mira a los ojos puede ver la distancia entre el presente y sus pensamientos. Es una mirada curiosa, espaciada. A él, le agrada esa faceta porque es cuando tiene más libertad de tan solo, mirarla, sin prisas, ni preocuparse por la vergüenza de ser atrapado viéndola. No la interrumpe, no cuando se da el lujo de no hacerlo, como en ese momento. No hay prisas, claro que no hay prisas de nada.

Para cuando Kendō reacciona, Monoma lo hace unos pocos segundos después, recibiéndola con su mirada y luego una sonrisa divertida que se muestra más natural y tranquila que las forzadas y salvajes a las que siempre recurre: —¿por qué?

Kendō arquea una ceja mientras ve al chico apoyarse la mejilla sobre su propia mano. —¿Por qué qué?

Eres tan bonita. Tienes esa mirada. Vienes a hacerme perder de vista lo que sea que estuviera haciendo antes de que llegaras.

—¿Por qué quieres saber si estoy ocupado?

Ah.

—Ah. Sí, ¡sí! Eso, yo-

Como la mirada de Kendō sigue yéndose a los libros, a Monoma se le tuerce por un momento la sonrisa antes de ir a cerrar todo lo demás, comenzando a ordenar los libros y apilarlos unos sobre otros. —Necesito un descanso: llevo cerca de un par de horas con lo mismo —y empieza a estirarse. Un bostezo, incluso, se le escapa y Monoma entiende de sí mismo su cansancio espontáneo. Va un poco adelantado con ello, así que una pausa le viene de perlas. Y con los marca-páginas en los libros bien ordenados no tiene nada de lo que preocuparse. De hecho, —además, estos no me sirven. Necesito devolverlos a la biblioteca- —algunos de sus compañeros parecen estarse organizando para subir a ver una maratón de películas en los dormitorios y entonces capta por el rabillo del ojo a Awase y Tsuburaba discutiendo entre ellos, poco antes de que Awase los termine por abordar.

—Monoma- ¡Kendō! Interrumpo —junta las manos en un gesto de disculpa dirigido a la chica, antes de devolverse al rubio—, ¡Monoma! Algunos de nosotros vamos a subir al cuarto de Tsuburaba a ver unas películas, ¿quieres venir?

Neito dirige una mirada al susodicho anfitrión, que, entre resignado y que no, le da una sonrisa dubitativa, no esperando nada en particular, encogiéndose de hombros al terminar haciendo un gesto en dirección hacia arriba, por las escaleras (el cuarto de Tsuburaba se encuentra en el segundo piso y por alguna razón este parece decidido a usar las escaleras en vez del elevador).

Se devuelve a Awase y en el camino se acuerda de Kendō, por lo que pasa a mirar los libros apilados y de nueva cuenta a Awase, comienza: —tengo que ir a devolver estos libros a la biblioteca, ¿te puedo mandar un mensaje si al final voy para allá?

Awase parece conforme, asiente y se marcha, despidiéndose en un gesto de la mano de Kendō (quien no hace más que una breve sonrisa y un movimiento corto con la cabeza, afirmativo). Monoma e Itsuka vuelven a mirarse y el chico comienza a cargarse los libros en los brazos. —¿Me acompañas a la biblioteca?

Kendō se apresura a cargar unos cuantos libros también, Monoma se permite una sonrisa ligera y juntos parten con rumbo a la biblioteca.

—Entonces… —Monoma vuelve a alzar la voz, un poco incómodo con el silencio asentándose entre ellos; hacerlo incluso le provoca un sentimiento de auto consciencia más exagerado de lo normal y cree que a la mejor la voz hasta le ha chillado, así que carraspea—, ¿querías…? ¿tenías planeado…?

No está seguro de lo que quiere preguntar, o decir. Así que mira hacia el frente y por poco y se da de lleno con la puerta recién abierta. Por suerte, Kendō interviene antes y su mano, engrandecida, se interpone justo entre su cara y la superficie de madera.

—¿Mmm- ¡oh! ¡Lo siento! ¡No vi!

—No te preocupes, mi, uh, amigo, aquí, iba un poco distraído…

Monoma parpadea, en lo que Kendō termina de despachar con una risa nerviosa a la chica que iba saliendo del edificio principal de la escuela. Kendō, además de su risa nerviosa, tiene las mejillas coloreadas de un rosado brillante y. Se ve adorable.

Itsuka se devuelve a verlo y a él tan solo se le sale la palabra « disculpa », a lo que ella alcanza a darle una sonrisa entre cansada y divertida. Conocedora, pasa por alto su propio bochorno para de inmediato ir a torcer una mueca, fruncir el ceño, —¿vas a ir con los chicos? Ya sabes, a su tarde de películas…

Monoma se apresura. —¡Les diré que me surgió algo!

Kendō cierra la boca, yendo a abrir grandes los ojos entonces y Monoma se siente puesto en evidencia. —Digo, si surge- ¿no querías tú-…? ¿No ibas a…?

Hay un calor espontáneo comenzando a calentarle la cara y Monoma sabe que se ha puesto rojo y. De repente, Itsuka comienza a reírse.

Ugh, qué terribles somos para esto…

Le dedica una sonrisa ladeada y Monoma no puede evitar reflejarla (la misma pena, el mismo sentimiento... ah). —Sí... es más, difícil de lo que llegué a imaginar.

Suelta una risa floja y descompuesta, mirando un poco más hacia abajo por momentos. Kendō sigue atendiendo a su gesto y ella parece muy divertida. Le gusta su sonrisa e Itsuka tiene una risa más que solo encantadora, pero a Neito no le gusta sentirse blanco de una burla, menos cuando la burla es él sin ser capaz de completar una simple oración. Una propuesta. Debería de ser más fácil...

Monoma...

Itsuka apenas le toca el hombro, solo un gesto para llamar su atención. Incluso se agacha un poco al tratar de conseguir contacto visual (cosa que logra de forma eficaz). Sigue teniendo las mejillas enrojecidas y al mismo tiempo que sonríe, hay pena y nervios pero también una atención y cuidado y hasta cariño sinceros en lo que se permiten un silencio distinto al incómodo que amenazaba con agobiarlos. El silencio que le sigue es tranquilo y pausado, un poco como a la expectativa (la tierna cautela de Itsuka le sabe adorable).

Luego, Itsuka se endereza. Cierra los ojos un momento y coge aire para decir: —me gustas, Monoma. Estaba pensando... hay un libro que tengo muchas ganas de comprar. Pensaba ir al centro comercial y se me ocurrió que quizá podrías, tal vez podríamos ir... ¿juntos? No tanto como una cita pero algo, ¿parecido...? Ya que somos... quedamos como...

—... Novios.

Monoma completa y Kendō cierra la boca de golpe, quedándose viéndolo. Ha dicho aquel 'me gustas' con rapidez, no queriendo darle la importancia que en realidad tiene. Si bien, es verdad que ya han acordado que son 'novios', ella no ha dicho las palabras que él sí. No siente que sea necesario pero tiene que hacerlo, ¿verdad? Monoma también merecía recibir una declaración propia, ¿no es así? Y, viéndolo así, de frente, Itsuka siente, en el rápido intercambio de miradas que hacen, que él la entiende. Y, por la forma en que alcanza a cogerle la mano, con cuidado, con delicadeza, Neito no parece tener intenciones de presionarla a darle algo más que lo que le acaba de dar. Él, entonces, comienza a mover la cabeza en afirmaciones tímidas que luego agarran confianza hasta que se detiene y vuelve a mirarla a los ojos, esta vez, no teniendo intención de eludir su mirada: —¿Qué libro quieres comprar?

—Ah, uhm, ganó un premio literario y tenía un título bastante, interesante, ¡peculiar! Lo anoté por aquí, déjame buscar…

Kendō saca su teléfono móvil y en lo que va revisando sus anotaciones, Monoma se inclina cerca de ella e Itsuka va sonriendo un poco en tanto le muestra la portada del libro en la página virtual de la librería. —Ah, sí, compré ese libro hace poco también, aunque lo compré virtual. No me ha dado tiempo de sentarme a leerlo todavía pero tiene buenas críticas, ¿verdad?

Itsuka asiente y sonríe. —Pues es ese mismo, no por nada ganó un premio, ¿no?

Monoma se va riendo, encogiéndose de hombros cuando se le va ocurriendo algo y se detiene un momento antes de enderezarse él también, justo como hace unos momentos Itsuka había hecho: —podemos ir por tu libro y… podemos tener una cita también. No solo ahora, también podríamos juntarnos para leer el libro, qué te, esto —carraspea—, ¿te parecería eso bien, Kendō?

Kendō parpadea un par de veces a consciencia antes de comenzar a sonreír otra vez, los ojos iluminándosele de pronto. —Es una cita. O, varias —ríe—, las que nos tome el libro.

Monoma sonríe igual.

—Sí, las que nos tome el libro…