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Secuestrador LewanXGavi

Summary:

“Uhm. Hola. Mi nombre es Pablo Gavira. Realmente no sé cómo decir esto, pero tengo a tus hijas conmigo, y estaba pensando que tal vez te gustaría tenerlos de regreso. Así que, seh… llámame.” Golpeé mi frente.

Notes:

Secuestrado.
Esta es una adaptación de libro en inglés, de Kambria Rain Todos los derechos van hacia ella, Igualmente, pueden encontrar el libro en FANFICTION.NET

1) Cambiare algunos de los apellidos de los personajes para poder hacer que todo vaya acorde a la historia.
2) Realmente no se si sean contantes las actualizaciones, ya que cada capitulo es largo.
3) Esta es mi primera adaptación, así que espero les guste y me apoyen, todo el mame de las parejas fifas empezó de un meme y se quedo para muchos y pues yo también me quise unir al pedo.
4) En este libro voy a aplicar el M-preg (Embarazo masculino), ya que todos o la mayoría son hombres, y si no te gusta, te invito de la manera mas educada que salgas de esta historia, no se aceptaran ningún tipo de odio hacia ningún personaje, y por favor de respetar las opiniones ajenas, para llevar una buena convivencia.
Les amo que lo disfruten.

Chapter 1: CAPITULO 01

Chapter Text

PABLO

Miré sobre el rebosante carrito de compras que tenía frente a mí. Diablos, sólo había ido a la tienda por algo de leche. Sabía quién era el responsable de esto. “Pedro Gavi, trae tu trasero para acá” Una pequeña ancianita jadeó por mi aspereza. “Lo Siento.”

 

Un pequeño enano con cabello café oscuro vino corriendo por el pasillo con tantas cajas de cereales como sus pequeños brazos podían cargar. Ese era mi rompecorazones de siete años. Él de alguna manera encontró espacio en el carrito para todas las cajas y me sonrió.

“Tengo todo lo de mi lista. Nos podemos ir ahora.”

“déjame ver esa lista” repliqué, sosteniendo una mano en el aire mientras ponía la otra en mi cadera.

“Papá” golpeó su sien con su dedo índice. “Todo está aquí
“Maldito sabelotodo” gruñí.
Él alzó la mano, sacudiendo sus dedos. Resoplé y saqué un dólar de mi bolsillo y lo solté. Teníamos una regla de no maldecir que le estaba haciendo a mi hijo una fortuna.
“Gracias, papá” dijo contento.
“Si, sí,” repliqué. El agudo sonido de una niña llorando se coló en el aire. “Hora de irse” anuncié, empujando el carrito hacia la fila para pagar. Estábamos llegando al final del pasillo cuando alguien chocó su carrito con el mío.
“¿Podrías fijarte por dónde vas?” la perra soltó lo suficientemente alto como para escucharlo por encima de los gritos de la pequeña niña en su carrito.
“Que miré por dónde…” puse cara de sorpresa. “! ¡Oh por Dios, esa es una idea brillante! ¡Gracias!” Sin necesidad de maldecir, el sarcasmo no me costaba nada. “vámonos, Pedrí.

“Disculpa” la mujer replicó, notoriamente ofendida. Empezó a despotricar en un tono tan alto que dudo que los perros aún lo puedan oír.
Rodé mis ojos y empecé a alejarme, pero mi pequeño parecía tener otros planes. Caminó hacia el carrito de la mujer y le ofreció a la pequeña que lloraba una paleta. Él siempre tenía una o dos a la mano. “Por favor, no llores.”
Ella se detuvo, sólo gimoteando un poco mientras tomaba el caramelo. Mi niño tenía super poderes.
“Vamos Pedrí” dije suavemente. Esta vez me siguió. “Eres un chico bastante genial, ¿lo sabías?” Desordené su suave cabello. “Ahora, ayúdame a descargar toda esta chatarra."
Hicimos un trabajo rápido descargando él carrito, y con deslizar mi tarjeta de crédito, ya estábamos fuera de ahí. Levanté la puerta de la parte posterior de mi monstruosa camioneta y Pedrí me ayudó a poner todas las golosinas innecesarias en la parte de atrás. Entonces lo observe de cerca mientas empujaba el carrito hacia el lugar correspondiente.
“Por el amor de Dios, ¡¿Te puedes callar?!” Oh, genial. La neurótica y la pobre niña que lloraba estaban afuera.
“ ¡No le hables de esa manera!” Una niña mas o menos del tamaño de Pedrí le gritó.
La bestia miró a la pequeña niña con fuego en sus ojos. Ella enterró sus garras en su pequeño bracito. “Tu. No. Me. Gritas.”
“Déjame,” gimió. ¡Me estas lastimando!”
Pedri se paró junto a mí, sus ojos estaban preocupados mientras veía la escena, “¿Papá?”
“Me importa una mierda. Quiero que tú y la pequeña mocosa se callen y entren al auto” ella prácticamente le gritó.
“Entra a la camioneta” le dije a mi hijo. Dudó, pero hizo lo que le dije.
“No puedes decirme que hacer. ¡No eres mi madre!” La niña mayor le gritó a la mujer desafiante.
Cuando alzó la mano para pegarle, estuve ahí antes de que ella pudiera siquiera parpadear. “le pegas a la niña y yo te patearé tu trasero.”
“Este no es asunto tuyo” soltó. “Klara, entra al maldito auto. Ya me encargaré de ti cuando estemos en casa.” Empezó a poner sus bolsas en el maletero de su lujoso auto como si yo ni siquiera estuviera ahí.
Algo en mí reventó. la empujé con fuerza, causando que chillara y cayera dentro de la camioneta. Entonces tomé a la pequeña niña y tomé la mano de Klara. Ella estaba demasiado ocupada viendo en asombro sobre su hombro para ver hacia donde estábamos corriendo mientras yo la jalaba. Los puse en el asiento trasero con Pedrí.
“¡Los cinturones! ¡Los cinturones!” La neurótica se estaba levantando y estaba furiosa. Puse los seguros y arranqué.
Cuando estábamos seguros fuera del estacionamiento, la realidad de la situación me cayó de golpe. ¡Había secuestrado a un par de niñas! Iba a ir a prisión o al manicomio. Por un par de minutos hubo un completo silencio. Los chicos obviamente estaban tan asombrados por esto como yo lo estaba.
“Hola. Soy Pedro Gavira, y tengo siete. Pueden llamarme Pedrí, El caballero que las secuestró es mi papá, Pablo.” Déjenselo a Pedrí. “¿Cuál es tu nombre?”
“Soy Klara Lewandowski. También tengo siete,” la mayor replicó. “Y esta es mi hermanita Laura. Ella tiene tres.”
“Uhm, Klara” empecé, sin idea de qué hacer. Este había secuestrado a unas niñas. “¿Puedes decirme quiénes son tus padres? Probablemente debería contactarlos.” Eso parecía lo más prudente.
“Nuestro papá se llama Robert Lewandowski” contestó.
Robert Lewandowski. No me sonaba familiar. Por supuesto Pedrí y yo sólo teníamos viviendo aquí una semana, pero era uno de esos pequeños pueblitos elegantes donde todos sabían los asuntos de todos. Chico, esa era una buena forma de empezar.
“¿Sabes su número telefónico?” Klara dijo algunos números, y rápidamente los marqué en mi móvil. Esto iba a ser interesante.
Después de uno cuantos timbres, me envió al buzón de voz. “Uhm. Hola. Mi nombre es Pablo Gavira. Realmente no sé cómo decir esto, pero tengo a tus hijas conmigo, y estaba pensando que tal vez te gustaría tenerlos de regreso. Así que, seh… llámame.” Golpeé mi frente.

Los niños estuvieron tranquilos otra vez hasta que me estacione en mi casa. La casa era demasiado grande para Pedrí y para mí, pero todas las casas en este vecindario lo eran. Estaba rodeada por un montón de gente rica o un montón de gente seriamente endeudada.

Pensé que Pedrí correría hacia adentro, pero el y Klara tomaron un par de bolsas del supermercado cada uno antes de entrar. Klara era una adorable pequeña señorita. Su cabello mas rubio que el de Pedrí y tenía los ojos entre verdes y azules. Ambas niñas, vestían como la gente elegante, así que esperaba que Pedrí no las ensuciara demasiado. Ya iba a tener suficientes problemas con sus padres para que eso pasara.
Noté que Laura seguía esperando en la camioneta. Alcé mis brazos para que me dejara ayudarle a bajar sin chistar. Ella tenía los mas adorables rizos y sus suaves mejillas estaban machadas por las lágrimas.
“Día difícil, ¿eh?” Tome el resto de las bolsas y le indiqué que me siguiera. “Creo que todos podemos tomar algo de helado.”
Escuché a Klara y a Pedrí parlotear mientras corrían de un cuarto a otro. Supongo que Pedrí le estaba dando a Klara un rápido recorrido. Rápidamente guardé las provisiones antes de girarme hacia Laura, quien me veía inocentemente. La alcé y la senté en la encimera. “bueno, pequeña Señorita Laura, ¿te gustaría algo de helado ahora?”
“Si, por favor,” respondió con la voz más dulce que probablemente haya escuchado antes. Gentilmente limpié sus mejillas con mis pulgares antes de tomar todo lo que pudiéramos necesitar. “¡chicos Laura y yo comeremos helado, si quieren…! Escuché sus fuertes pisadas bajando por las escaleras.
Les di a cada uno un par de bolas antes de dejarlos que los decorara ellos mismos. Había chispitas, osito de goma, crema batida, y diferentes sabores de jarabe por todo el lugar antes de hubieran terminado.
“¡Papá, el papá de las niñas construye cosas! ¿No es eso genial?” dijo Pedrí sonriendo ampliamente.
“¿En serio?” le pregunté a Klara.
Ella asintió. “Él y mis tíos son dueños de una compañía. Construyen casa y cosas así.”
Al menos no eran policías. “Eso es genial.” Sonreí, dando una caricia en su rubia cabellera. Se congeló por un segundo, pero entonces me sonrió antes de seguir con su helado.
Fui por el directorio telefónico y empecé a buscar por las páginas. Construcciones F.C.L. estaba anunciado en grandes, letras negritas. “De acuerdo, niños, vamos a quitarles todo lo pegajoso e iremos con su papá. Estoy seguro de que está enfermo de preocupación.”
Pedrí y Klara corrieron hacia el medio baño mientras me encargaba de las manos y mejillas de Laura con un paño húmedo. Ella sonrió. “Gracias, Pablo.”
“¿Por qué?” pregunté.
“El helado tontito” soltó unas risitas.
“De nada. Tal vez puedas convencer a tu papi de que no deje que la policía me lleve ahora,” sonreí, levantándola. “! Vámonos!”
El camino fue menos silencioso esta vez. Pedrí y Klara aparentemente eran los mejores amigos ahora, y eran lo suficientemente buenos como para mantener entretenida a Laura. Seguí las indicaciones de GPS y me detuve en el estacionamiento de la compañía, justo a un lado de una patrulla de la policía. Fantástico.
Antes de que pudiera detenerlos, Pedrí y Klara corrieron hacia dentro. Laura alzó los brazos para que la levantara. “¿Lista para ver a papi?” pregunté. Ella enrolló sus bracitos alrededor de mi cuello y asintió.
Ni siquiera había llegado a la puerta con ella cuando se abrió de repente. “¡Tiene el descaro de venir hasta acá, imbécil! ¿Quién demonios se cree que es?”
“Usted debe ser Robert. Le aseguro que ellos estaban más seguros conmigo que con la Niñera Loca,” dije calmadamente. El guapo hombre con la cara roja que estaba frente a mí obviamente no estaba contento.
“No soy la maldita niñera! ¡soy la novia de Robert!” Diosito. La neurótica estaba aquí también, “Es el, Rob, Es el imbécil que me atacó y secuestro a Klara y Laura.” Su voz chillona causó que Laura escondiera su rostro, en mi cuello. No podía culparla, Así que la sujeté más fuerte. “¡Arréstalo Haaland!”
El enorme oficial comenzó a acercarse a mí, pero la puerta azotó otra vez. En serio, esto era de telenovela. Un chico demasiado guapo salió, pero antes de que fuera más lejos, este hombre enorme como oso vino corriendo detrás de él. “¡Julián, espera!” Sujetó sus brazos.
“¡Suéltame, Lewandowski! ¡Voy a matar a la Perra!”
Esto se estaba volviendo ridículo. La pobre Laura se sujetaba a mí como si se le fuera la vida en ello, así que le acaricié su espalda gentilmente.
“Cálmate Julián” el oficial, Haaland, supongo, replicó. “Lo voy a arrestar.”
“¡No estoy hablando de él!” gritó, forcejeando por soltarse. “¡Estoy hablando de Camilla!”
Bueno eso atrajo la atención de todos. “¿De qué estas hablando, Julián?” preguntó Robert, con voz mortal.
“Klara tiene marcas de uñas en su brazo, dijo que Camilla la había sujetado y que iba a pegarle cuando él Papá del niño la detuvo,” dijo Julián entre dientes. Pareció que el enojo estaba lejos de mí por un omento.
La neurótica chilló, “Rob, seguramente tú no…”
“Entra a tu auto y aléjate de mi vista,” guñó Robert. Me dieron escalofríos. "¡Ahora!"
Otro estruendoso grito y unas llantas rechinaron mientras la loca huía del estacionamiento. Laura agitó su mano, “Adiosito.” Amaba a esa niña.
Mierda. Todos los ojos estaban sobre mí otra vez. “Así que…” aclaré mi garganta. “Si tomas a tu hija, tomaré al mío y nos iremos de aquí.”
Laura apretó su agarre en mi cuello otra vez. Supongo que le agradé.
“Aprecio que haya ayudado a mis hijas,” dijo Robert de mala gana, “pero pudo haberme avisado. Klara tiene mi número. No hay excusa.”
“Revisa tu correo de voz, genio,” solté de vuelta. Había salvado a sus hijas del demonio, aunque también lo había secuestrado, pero realmente no había sido el villano del cuento aquí.
Juro que salía humo de sus orejas, pero no me importó. Pasé a un lado de él y entré, “¡Pedrí!” Vino corriendo por el pasillo. “Es hora de irnos.”
“Si papá” hizo un mohín y fue hacia el auto conmigo detrás de él.
Klara vino corriendo después de nosotros. “¿Pablo? ¿A dónde van?”
Mierda. “Cariño, tenemos que ir a casa.” Fue entonces que me di cuenta de que Laura seguía colgada en mi cadera. “Oh.” La bajé. Ahora ambas me miraban con caritas tristes. Doble mierda. “Miren. Aquí está mi teléfono. Podría secuéstralos otra vez, pero ahí está un enorme policía afuera que podría arrestarme. Sean buenas y nos veremos después.”
Hice una Salida rápida, pasando al grupo de adultos discutiendo y brinqué a mi camioneta. Pedrí estaba brincando y sonriendo. “¡Eso fue tan genial, Papá! ¿Podemos secuestrarlas otra vez mañana?”.