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Tres Días, Comienza la Historia.
Corría el año 1478, era una noche invernal muy fría y oscura este era el panorama en el antiguo Seireitei, en un pequeño monasterio situado a las afueras de la ciudad se escuchó un suave golpeteo en la puerta, Ōetsu Nimaiya y Tenjirō Kirinji salieron de su meditación poniendo todos sus sentidos alertas, eran días oscuros, de persecución y para su tristeza este día igual a los dos anterior parecía estar teñido en sangre pero que podían hacer ellos cuatro, solo eran unos monjes dedicados a la paz y la ayuda al prójimo. Kirio Hikifune y Senjumaru Shutara caminaban desde la cocina con paso rápido hacia la puerta, Kirio iba adelante en la marcha y Shutara le seguía muy de cerca como un guardaespaldas, al saber que sus compañeros estaban en meditación ellas debían estar preparadas para defenderse por si los soldados del rey deseaban irrumpir el monasterio o por si algún pobre buscaba refugio o alguna ayuda. Al estar muy lejos de la cuidad y ser un monasterio de lo más modesto era difícil ver personas pasar por ahí, aun asi era común ver viajeros, comerciantes y una que otras veces personas que huían del Seireitei y su cruel rey.
Kirio abrió la puerta rápidamente y en su paso apresurado logro distinguir la silueta de una pequeña persona que yacía en la nieve casi a unos 50 metros, corrió rápidamente para ver si no era alguien que estaba herido o necesitaba alguna ayuda. Eran muy dedicados a la ayuda al prójimo, como sanadores, proveedores de alimento en momentos de carencia y sobretodo guías espirituales.
—Kirio, espera — grito Shutara, cuando vio que en un movimiento fue en busca de esa figura desconocida, quedándose al pie de las gradas observando las acciones de su imprudente amiga.
Kirio escucho la voz de Shutara pero no le importo y siguió su camino, su corazón le decía que algo malo había sucedido, pero que más podría pasar en esta noche sangrienta. Llego rápidamente y como lo suponía no se equivocaba, la figura pequeña en la nieve correspondía a una anciana que estaba teñida de rojo carmesí — señora, ¿está viva?— Preguntó con agitación y angustia, al ver que la anciana abría levemente sus ojos soltó un breve suspiro — ¿porque se marchó?, hubiese esperado a que saliéramos — indico en un tono suave.
— Mi nieta — jadeo la anciana con voz temblorosa — cuide de ella — rogo tomando de la mano a Kirio y al instante la anciana exhalo muriendo irremediablemente.
Kirio cerró los ojos de la anciana — que descanse en paz— susurro al momento y trato de ponerla más cómoda en el frio camino, bajos sus manos al momento Shutara estaba junto a ella — nieta — repitió suavemente Kirio con confusión.
— ¿Qué paso?— Pregunto Shutara al ver como Kirio estaba llena de sangre, luego vio el cuerpo de la anciana.
—Su nieta, ¿dónde está?— Cuestiono Kirio con angustia mirando a un lado y otro.
— ¿Que nieta?— Preguntaba Shutara con desconcierto, al instante un llanto hizo eco en la puerta del monasterio.
Tenjirō y Ōetsu habían llegado a la puerta y al momento vieron una pequeña cesta al pie de las escaleras con un pequeño niño que lloraba sin cesar y sus compañeras a unos metros en el camino — que escándalo, este es un monasterio — comento molesto Ōetsu.
Tenjirō se acercó a la cesta y la levanto inspeccionándola de arriba abajo — dime Ōetsu, ¿acaso has roto el voto de castidad?— Cuestiono con burla su compañero.
—Como crees — respondió indignado— que les pasa a las mujeres hoy en día, tienen hijos para luego abandonarlos — comento molesto — has algo, ese chillido es insoportable — él pequeño niño lloraba hasta que Shutara llego y con rapidez tomo al infante en brazos.
Buaaa, buaaaa — calma shssss— decía Shutara meciendo al bebe suavemente — a su lado llego Kirio y los dos le miraron asustados — Kirio — dijo Ōetsu— estas sangrando.
La mujer de pelo liliáceo suspiro — no es mía — aclaro suavemente— es de la anciana en el camino, creo que debemos ocuparnos de enterrarla.
— Bien lleven a ese pequeño demonio adentro antes de que se enferme o muera por causa de paz — señalo Ōetsu.
— ¿Causa de paz?— Cuestiono Tenjirō — qué diablos quieres decir con eso— iban caminando hacia el cuerpo inerte de la anciana.
—Si escuchaba ese estruendoso llanto por un momentos más mis nervios hubiesen colapsado y quizá ese pequeño podría sufrir un accidente — comento con burla.
Al pie junto a la anciana — tus bromas son crueles — expreso Tenjirō — suspiro viendo a la anciana llena de sangre — es triste que esta noche este impregnada a muerte y sangre.
— ¿Que abra sucedido con ese pequeño?— Cuestiono Ōetsu viendo como Tenjirō tomaba su capa y cubría a la ensangrentada anciana, vio hacia el monasterio Kirio y Shutara ya no estaban en la puerta con él niño. Levantaron a la anciana y caminaron en silencio hacia la puerta dejando un rastro de sangre de tras de sí.
El amanecer se hacía presente mientras Tenjirō preparaba cuidadosamente el cuerpo de la anciana para su sepultura, su ceño estaba fruncido y su rostro que siempre era tranquilo hoy denota una seriedad profunda.
Kirio al lumbral de la puerta observaba como Tenjirō hacia una pequeña oración — ya está lista para enterrarla — susurro suavemente.
La mujer de pelo lilaceo se acercó a él y mira la anciana — ¿me preguntó cuanto tuvo que sufrir para traer al bebe hasta este lugar?
Una hora más tarde con una pequeña ceremonia los encargados del monasterio le dan sepultura a la valiente anciana, Kirio mantiene en sus brazos a la pequeña que dormía armoniosamente. Ōetsu enciende un incienso da unas pequeñas oraciones y Tenjirō comienza a cubrir la fosa con tierra mezclada con nieve. El sol sale en el horizonte y la noche plagada en sangre y con olor a muerte ha quedado atrás.
El Seireitei una tierra basta llena de riquezas que era gobernada por Baraggan Luisenbarn, la cual estaba dividida en grupos llamados clanes, los clanes eran gobernados por familias de descendencia noble y otras pequeñas que eran denominados como baja nobleza, personas trabajadoras y aliadas a esas grandes familias.
En los años pasados el Seireitei había sido un lugar lleno de paz, pero en contraste con la actualidad desde hace dos años el rey Baraggan había tomado el mando pero este hombre era cruel, avaro y sobretodo muy interesado en poseer más riqueza acosta de los habitantes del lugar, cansados de esto un grupo de nobles decidió aliarse para derrocar al rey gobernante, de eso hace unos seis meses los rumores de levantamiento se extendieron llegando a oídos del rey. En un arrebato de ira Baraggan decidió acabar con los encargados de fraguar su caída. Desde un mes atrás había enviado espías y con mucho trabajo tenía en sus manos la lista con los nombres de los involucrados. Su mirada fija en el papel dando lectura en voz alta a cada nombre ahí escrito.
—Shiro Shihōin, Soujun Kuchiki, Ishin Shiba — soltó con desprecio — deben ser exterminados con sus familias, sirvientes y todos aquellos que les siguen — ordeno — que no quede nada más que cenizas en sus tierras, para que todos vean que yo soy el único rey — exclamo con ira.
Esa fue la orden que desato el pandemónium, de tres noches marcadas por el terror, la destrucción y el derramamiento de sangre. Casi todos en esa lista habían muerto y algunos más lograron salvarse no sin antes ver un alto precio pagado con sangre de familia, amigos y muchos inocentes más.
Tres días después la noticia se extendió rápidamente, las principales familias nobles del Seireitei habían perecido bajo la crueldad del rey por ser traidores al Seireitei, según el edicto real. El monasterio del Gotei en el centro del Seireitei había visto impotente como padres y familias habían muerto por orden del rey, muy en contraste con las noticias reales, algunos nobles que se decía habían perecido en realidad habían escapado no sin antes dejar un alto costo de vidas detrás de ellos. Baraggan se había enterado de la huida que había hecho Shiro Shihōin junto con su estirpe, su ira se desencadeno cuando sus hombres le informaron el nombre de la familia advirtió el plan del rey y sobretodo que había ayudado a escapar a los Shihōin.
Fue así como el pequeño clan de los Fong había caído bajo la ira y venganza de Baraggan, el clan Fong era conocido por ser hábiles en el manejo de información, la infiltración y como se había dicho desde hace mucho tiempo un clan de leales guerreros, lo que nadie sabía con certeza era que fueron especialmente leales a los Shihōin, una alianza que venía desde sus primeros antepasados pero que nunca había sido de mayor trascendencia. Según los informes todos habían muerto, desde el más pequeño hasta el más anciano. Tres días habían pasado desde que empezó su cruel cruzada y ahora todo parecía volver al control de Barragán pues había acabado con sus adversarios y los que habían quedado podían ver una posible advertencia que les hacía temer por sus vidas por ahora solo se divisaba un reinado de miedo, crueldad y desaliento.
En el monasterio del alma rey los cuatro integrantes se encontraban en una pequeña mesa desayunando, después de su agitada madrugada, entre verificar la salud de la pequeña, el arreglo para el entierro de la anciana, la limpieza de la entrada y lugares por donde paso el cuerpo ensangrentado, todo hecho meticulosamente para evitar tener problemas con el Rey Barragán si es que alguna tropa aparecía. El desayuno pasó en una calma angustiosa aún lejos del caos en el cual el Seireitei estaba situado, imaginaban que los muertos posiblemente serían muchos y que la crueldad del rey había llegado tan lejos como su puerta se encontraba del centro de la ciudad.
— ¿Al final la mocosa por fin se durmió?— Cuestiono Ōetsu con suavidad.
—No deberías decirle así — regaño Kirio — quien sabe cuánto le tomo a la anciana llegar hasta aquí sin alimento alguno, para salvar a su nieta.
Tenjirō bufo suavemente — no solo fue lo que le tomo o lo que no se alimentó, fueron sus múltiples heridas corto punzantes que podían ser por el filo de espada o cuchillos, Kunai, flechas — suspiro — esa anciana debió poseer una fuerza de voluntad férrea para traer a su nieta hasta aquí y no morir en el camino.
—No solo voluntad, si no mucho amor, ¿cuantos años tendrá?— Pregunto Shutara.
—Tendríamos que ir con Yamamoto, recuerda que Sajin lleva el registro de los nacimientos — señalo Ōetsu— aunque sería peligroso, quien sabe de qué escapo el pequeño insecto.
— Shaolin — susurro Shutara — se llama Shaolin no seas despectivo, solo porque no te gustan los niños.
—No soy despectivo, hay insectos que no son feos y detestables, como las mariposas, mariquitas, las abejas y los abejorros — comento con una sonrisa Ōetsu— además yo suponía que tú no tenías el material de madre pues eres muy enojada y violenta.
—Dejemos la discusión y la burla, en todo caso no creo que sería conveniente usar su nombre — espeto Tenjirō— aún no sabemos con certeza que atrocidades ha vivido la familia de la que proviene, solo con mirar cómo murió la anciana podemos deducir que fue atacada sin piedad y para su total exterminio.
—Shihōin debió dejar esa inútil lucha— susurro Kirio con tristeza.
—No Kirio, Baraggan debió ser derrocado desde hace mucho tiempo — refuto Shutara en tono calmo.
Un leve llanto se escuchó en el monasterio, Ōetsu suspiro y Tenjirō cerró los ojos, Kirio se encargaba de limpiar la mesa, Shutara se levantó con calma — me encargare de Shaolin, ustedes dos vallan y averigüen que paso en el Seireitei.
Los demás se pusieron en pie y se prepararon para su pequeño viaje — como digas mamá Shutara — bromeo Ōetsu — Kirio no vayas a exagerar con la mocosa y la colmes de mucha comida.
Kirio lanzo un plato hacia él, que dicho sea de paso lo esquivo teatralmente — mejor apresúrense así sabremos lo que ha pasado.
Después de haber empacado algunas medicinas y otros pequeños objetos Tenjirō y Ōetsu partieron hacia en Seireitei eran las 7 de la mañana cuando salieron del Monasterio del alma, mientras Kirio y Shutara se encargaban de los arreglos para cuidar de la pequeña Shaolin. Lo quisieran o no de ahora en adelante un nuevo miembro se instalaba en el monasterio del alma Rey.
—Dime Tenjirō, ¿con la pequeña en el monasterio nos podemos considerar unos padres?— Pregunto con una sonrisa burlona.
—Más bien diría que seremos como tíos — aclaro Tenjirō— aunque parece que Shutara tomara con ella el cargo de mamá — señalo seriamente. Ōetsu no pudo evitar sonreír, Tenjirō lo miro interrogante — ¿qué tienes en mente?— Pregunto.
—Solo pensaba, que la familia se agrando un poco más y que la pobre niña no sabe que amorosa madre le tomo bajo su ala— dijo sonriente. Y así los dos siguieron su camino hacia el Seireitei.
Entrando a la ciudad podían ver humo que se elevaba desde la distancia, algunos lugares en ruinas, un kilómetro atrás Ōetsu y Tenjirō habían encontrado cuatro soldados de la guardia del rey muertos, imaginaron que la anciana los había matado en su escape. En su caminar parecía que las personas habían desaparecido, pues solo había desolación y cadáveres, se apresuraron para ir al monasterio del Gotei, tendrían mucho que hablar e informarse; les había tomados cuatro horas llegar a las puertas de la ciudad y según sus cálculos tomaría una hora más para llegar al monasterio.
El monasterio Gotei estaba al norte del Seireitei, era presidido por el monje más antiguo Yamamoto Genryūsai, acompañado por Sasakibe Chōjirō, Sajin Komamura, Kenpachi Zaraki y una joven nueva que había llegado recientemente al monasterio llamada Unohana Retsu, el monasterio no era distinto al del alma rey ya que eran dedicados a la ayuda del prójimo, a los habitantes más desventurados del Seireitei, pero con la suerte de ser más cercanos a la gente, ellos recibían a pobres, ricos, nobles, personas comunes, soldados del rey y hasta al mismo Baraggan. Eran consejeros y estaban a cargo de llevar registro de todos los nacimientos, muertes, historias, el legado de cada habitante, de cada familia y cada monarquía.
A una calle del monasterio sus corazones dieron un vuelco de angustia, corrieron cuanto sus piernas les podía dar rapidez y a un pie de la entrada Tenjirō se detuvo y con un sentimiento de derrota cayó de rodillas ante la visión frente a él, como en una pesadilla o un mal sueño el monasterio parecía haber sido un escenario de la cruel batalla o mejor dicho de la destrucción inminente de un rey inhumano, Ōetsu a su lado de pie con el rostro inundado por el desconcierto y con una pregunta creciente en su cabeza, inmediatamente se sintió lleno de indignación, ¿Cómo había sucedido esto?, los monjes siempre habían sido respetados por todos, sean pobres diablos, trabajadores, nobles, ricos y reyes. Aun así no perdieron tiempo y con rapidez irrumpieron al interior del lugar, la escena que sus ojos divisaron fue sorpréndete después de pasar el umbral y salir al patio.
El Monasterio del Gotei era muy amplio y un poco lujoso a comparación del Monasterio del alma, su entrada era como la de un castillo y luego de caminar por un amplio pasillo se salía al patio, al centro de este había una pequeña fuente y bancos a su alrededor, mas delante de la fuente había tres camino que llevaban al interior. El de la derecha conducía a la clínica y dispensario, el de la izquierda llevaba a la biblioteca y centro de información e historia, el del centro era el lugar donde estaban las oficinas y habitaciones de los monjes más al fondo otro jardín de formación y el salón de meditación. Todos sabían que los monasterios eran un lugar de paz, de sosiego y de iluminación, aun así la sangre derramada por el rey había llegado hasta ahí. El silencio se palpaba y sus ojos inspeccionaban el jardín, parecía que ese lugar había sido un escenario de una lucha despiadada, había sangre y destrozos por todo el lugar, una figura se divisó en el lado derecho de sus vistas.
— Buscamos a Yamamoto Genryūsai — espeto Tenjirō en voz alta. La persona delante de ellos les hizo señas para que le siguieran y con paso en silencio fueron detrás entrando por la puerta del centro.
Después de pasar por varias puertas entraron en una que estaba abierta y para su sorpresa Sasakibe Chōjirō salió a su encuentro —Tenjirō, Ōetsu — saludo con un tono alegre— qué bueno verles.
—Sasakibe, ¿dónde está Yamamoto y que ha pasado aquí?— Pregunto Tenjirō.
—Eso es una larga historia— dijo Yamamoto a sus espaldas — espero que su visita no sea solo de cortesía.
Después de los saludos respectivos todos se encontraban en una sala grande tomando té, Yamamoto parecía ensimismado, Sasakibe había salido de la sala dejándolos a solas y Ōetsu cansado del silencio opto por preguntar — ¿podemos hablar con Sajin, tenemos algo que preguntar?
Yamamoto alzó su vista— Sajin está muerto — soltó con seriedad.
— ¡Que dices!— Exclamo Tenjirō con incredulidad.
—Lo que he dicho — afirmo Yamamoto — Sajin igualmente que Zaraki están muertos.
—Pero…como ha pasado esto — Ōetsu se levantó algo molesto— como pudo Baraggan tocar el monasterio y a los monjes, es que acaso no…
— ¡Ōetsu! — Grito Tenjirō — guarda silencio, contrólate — pidió, fijo su vista ante el anciano Yamamoto— ¿qué fue lo que sucedió?— Pregunto con suavidad.
Yamamoto suspiro suavemente y cerró sus ojos un instante — como han de saber, todo comenzó hace cuatro días — empezó en tono calmo— Ryu Fong vino conmigo angustiado, alguien de su clan había escuchado que el rey planeaba aniquilar varias familias nobles para evitar levantamientos y ser derrocado del poder, le pregunte cuales eran esas familias nombradas, el las identifico y como era de esperar me pidió ayuda para salvaguardar a su familia.
El monje suspiro — esa misma madrugada todo estallo, los soldados de Baraggan irrumpieron en las tierras de los Shihōin, mataron a todos desde ancianos hasta niños, quemaron todo por delante, luego prosiguieron con los Kuchiki y los Shiba — cerro los ojos brevemente — fueron dos días de muchas muertes, al tercer día Lyu Fong el hijo mayor de Ryu, vino al amanecer con un mensaje para mí, al parecer ellos se encontraban bien y aún no habían sido atacados, el mensaje principal era que la familia de Shiro Shihōin pudo escapar en un último momento y según sus fuentes, los hermanos Shiba, Ginrei Kuchiki y el pequeño Byakuya pudieron salir ilesos y escapar de los soldados del rey.
Sonrió levemente — parecía que todo volvía a la normalidad hasta la media mañana del día de ayer, rumores de la huida de los Shihōin se esparcieron, para empeorar las cosas se decía que habían sido ayudados por el clan Fong la noticia al parecer llego a oídos del rey, este molesto dio la orden a su cruel lacayo Nnoitra Gilga de ir contra el clan — su voz se apagó levemente — Soi Fong la madre de Ryu había logrado escapar con su pequeña nieta, inmediatamente busco refugio con nosotros, pero algunos lacayos del rey le habían seguido, irrumpieron al monasterio reclamando sus vidas, Zaraki siendo como es — dijo con una pequeña sonrisa — se interpuso y lucho contra los soldados — cerro los ojos — aunque somos monjes de paz, debemos saber que hay momentos precisos en que uno debe de tomar acciones que ayuden a proteger a otros —señalo al ver los rostros confusos de sus amigos monjes — Sajin tomo a la anciana y a la pequeña para indicarles el camino que debía tomar y llegar a su monasterio, aunque Zaraki acabo con los soldados, nos obligó a encerrarnos en el sótano por seguridad, nos hecho llave — aclaro suavemente — Sajin se negó a entrar porque tenía enfermos que cuidar en la clínica, al tiempo de estar encerrados escuchamos luchas, los gritos y luego todo se volvió silencio.
Hizo una leve pausa — pasamos encerrados mucho tiempo, al anochecer fuimos liberados por un joven que viene a menudo pues dice que quiere ser monje — guardo silencio suavemente — al salir el cuerpo de Zaraki estaba en medio del jardín, desangrado y mutilado, fuimos a la clínica y Sajin había muerto junto a todos los que estaba cuidando. Más tarde escuchamos lo que les había sucedido a los Fong, todos muertos con saña y crueldad, el edicto del rey advertía la misma suerte para los que ayudaran de cualquier manera a los traidores al estado — suspiro cansinamente — en la madrugada enterramos sus cuerpos y por ahora intentaremos reconstruir, no sé cómo haremos con los enfermos, heridos, mujeres embarazadas y otros casos que necesiten médico con urgencia, aunque Sajin estaba entrenando a Retsu ella aún le falta practica y es un poco joven.
Miro a los dos monjes frente a él que parecían sorprendidos por todo lo acontecido — lo que necesitaran de Sajin no será posible conseguirlo — sonrió levemente — espero que ustedes hayan tenido unos mejores días.
Ōetsu se dejó caer derrotado en la silla, Zaraki había sido un gran amigo para él ya que habían crecido en el monasterio y entrenado juntos, sus peleas eran tan divertidas y en contraste a lo que todos los monjes, eran ellos los únicos que tenían ese lado salvaje y violento. Tenjirō por su parte parecía incrédulo Sajin era un médico, un sanador porque lo habían matado y a sus pacientes, bufo suavemente era obvio quiso proteger a sus pacientes sin importar nada más, fue más allá de su papel de médico y monje. El breve silencio que había caído en la sala era contrastado con los pensamientos de los dos monjes, ellos tampoco habían tenido una madrugada divertida pero tampoco una tan lamentable y ante la plática sus respuestas habían sido dadas.
—Nuestro día tampoco ha sido placentero — acepto Tenjirō suavemente — tuvimos que enterrar a…— pensó unos momentos y entrecerró sus ojos — a nuestra puerta llego la muerte.
El anciano bufo — no me digas que murieron — dijo en tono suave y decepcionante.
— La anciana hizo un esfuerzo sobrehumano para llegar a morir a nuestra puerta — explico Ōetsu — al parecer fue atacada por cuatro soldados del rey a un kilómetro de la salida del Seireitei.
Yamamoto reflexiono a sus palabras por un breve momento — como saben los Fong han sido excelentes guerreros — sonrió levemente — unos más que otros, Soi Fong era una de los mejores a pesar de su edad y ser mujer — explico, cerró los ojos brevemente — espero que descanse en paz.
—Estoy seguro que lo hace, ya que su esfuerzo valió la pena — señalo Tenjirō — ese era uno de los motivos de nuestra visita.
Yamamoto sonrió levemente — vamos debemos ir a los registros generales.
Se levantaron y salieron directo a la cámara de los registros, buscaron al clan Fong era triste ver que en cada nombre se veía el sello de deceso con fecha del día de ayer. En total 45 personas del clan Fong habían muerto, pero se detuvieron en el último registro al notar el nombre escrito recientemente con una excelente caligrafía: Fong Shaolin Nació el 13 de febrero del año 1477 a las 07 horas, ojos grises, cabello azulado. Peso 32 Libras.
—Entonces debemos de registrar en los libros la muerte de Soi Fong de 87 años y Shaolin Fong de un año cinco meses — indico Yamamoto con seriedad. Los otros dos monjes se miraron el uno a otro.
—Yamamoto — dijo suavemente Tenjirō — debemos informar sobre un nuevo miembro en el monasterio, tiene un año con cinco meses y cuatro días.
—Tiene ojos grises y pelo azulado — aclaro Ōetsu.
Yamamoto sonrió y cerro el libro de registros — se dan cuenta que por seguridad nadie debe saber de esto — suspiro — es un alivio saber que algunos sacrificios no fueron en vano — sonrió levemente — ¿como esta?
—Ruidosa — respondió Ōetsu.
Tenjirō lo vio con desaprobación y respondió — sana y salva, no sabíamos quiénes eran más cuando vimos la condición en que llego la anciana — suspiro — hoy que sabemos todo posiblemente Shutara la tomara bajo su ala. Ella se entrenó un tiempo con Ryu Fong y eran amigos.
—Los Fong siempre han sido fieles aliados a los Shihōin, era una de las pocas familias de la baja nobleza que estaba ligada a una Noble de gran tradición— informo — los registros dicen que hay un pacto de alianza y podía decirse casi de servidumbre de parte de los Fong hacia los Shihōin. Aunque cuando Shiro Shihōin tomó las riendas de la familia hizo que Ryu lo viese más como un amigo y aliado, no alguien a quien servir, todos los Fong desde pequeños son aleccionados a condicionar su vida a los Shihōin, fue una tradición difícil de romper por parte de Shiro y cuando creía que había terminado con ese servilismo Ryu arriesgo todo para salvarlos a costa de sus vidas.
Ōetsu frunció el ceño — la mocosa ya no está atada a eso, ella vivirá con nosotros— espeto con seriedad.
Tenjirō le miro asombrado, Ōetsu parecía molesto por la llegada del pequeño y ahora parecía querer cuidarle y defenderla, sonrió levemente — crecerá con nosotros, buscaremos como llamarle para evitar ponerla en peligro.
Yamamoto asintió — debo aconsejarles no ocultarle quien es cuando sea el momento, pero tendré que ponerle deceso a su nombre para evitar futuros problemas. Espero que cuando el cazador desaparezca y yo aún este con vida, su nombre volverá al registro como la única del clan Fong. Por ahora todo está en sus manos— indico el anciano con una sonrisa.
—Debemos regresar, no vaya a ser que Shutara y Kirio se preocupen — señalo Ōetsu, levantándose de su asiento y en busca de la salida, pero se quedó a la puerta cuando vio que su compañero no se movía.
—Creo que yo me quedare unos días — indico Tenjirō suavemente — no hay doctor y me imagino que hay muchos enfermos que atender, de paso puedo terminar de enseñar a la que será la nueva doctora del Gotei.
Ōetsu sonrió levemente y Yamamoto asintió — estaríamos muy agradecidos por esto Tenjirō — señalo Yamamoto.
—Entonces, yo partiré a casa — acepto Ōetsu suavemente.
Todos asintieron conformes y fue así como Ōetsu se despidió de todos en el monasterio del Gotei. Partiendo con diligencia para contar todo lo que había ocurrido al Seireitei y a su compañeros monjes. Pero antes de partir dio sus respetos a sus amigos monjes, los iba a extrañar, más al monje loco de su amigo Zaraki Kenpachi, pero estaba dispuesto a hacer que su sacrificio no fuera en vano.
Cuando Ōetsu llego al monasterio del alma era casi media noche, Shutara y Kirio habían esperado despiertas el regreso de sus dos compañeros y fue una sorpresa ver que solo uno de ellos había regresado con noticias. Él les narro todo lo que habían visto en el camino, como encontraron la ciudad del Seireitei medio destruida, el monasterio, las muertes de Zaraki y Sajin, de ciertos prominentes nobles, la huida milagrosa de los Shihōin ayudados por el clan Fong y el exterminio del clan Fong por parte de Baraggan. Kirio y Shutara escucharon todo con suma atención y pesar, cuando Ōetsu término de contarles todo Kirio lanzo la cuestión que les había en un primer lugar llevado al Seireitei.
— ¿Al final quien es la pequeña Shaolin?— Cuestiono con una mezcla de confusión.
Shutara dejó escapar una pequeña risa amarga— ¿aún no lo captas Kirio?—pregunto— ella es una Fong, es Shaolin Fong.
—Tenjirō dijo que debemos llamarla de otra manera — informo Ōetsu — Baraggan aniquilo a todos los Fong, me imagino que un pequeño mas no le importara.
—No vamos a permitirlo — sentencio Kirio rápidamente.
—Soi… — susurro Shutara suavemente — la abuela se llamaba Soi, creo que sería muy adecuado llamarle así.
—Abeja rota — Ōetsu sonrió — muy apropiado, pero en todo caso Yamamoto borro su registro y prometió que cuando todo sea seguro la volverá a poner con su verdadero nombre.
— ¿Porque los Fong no escaparon con los Shihōin?— Cuestiono Kirio.
—Los Fong son guerreros, leales, orgullosos… Kirio — Shutara explico — yo conocí al padre de Shaolin, entrenamos juntos — miro tristemente— el preferiría morir ante su deber y creencias, antes de huir como un cobarde.
—Yamamoto nos contó que hay como alianza entre los Shihōin y los Fong que venía desde hace muchos años atrás, aunque no sabemos muy bien a que se deba todo esa alianza o lo que sea— suspiro — el caso es que de ahora en adelante somos responsables de la pequeña abeja.
—Creo que debemos irnos a descansar — sugirió Kirio — ¿Shutara quieres que yo cuide de la pequeña esta noche?
—No Kirio, yo cuidare de Soi — dijo con una leve sonrisa. Fue así como todos fueron a dormir.
En las montañas a unos 40 kilómetros lejos del Seireitei en una cueva oculta entre los árboles y la maleza un hombre llegaba con signo de cansancio y agitación. Al entrar a la cueva otros hombres más salían a su encuentro ya que estaba muy oscuro. El hombre les entrego un sobre que fue llevado rápida mente al interior de la cueva mientras el recién llegado caía a tierra desfallecido por el esfuerzo.
—Señor, tenemos información — informo un hombre entregándole un sobre a un hombre de tez morena y ojos dorados que lo miraba serio. Shiro Shihōin tomo el sobre con su corazón latiendo a mil por hora. Dio una leve inclinación en forma de saludo y fue al fondo donde sus dos tesoros se encontraban.
Más al fondo de la cueva, donde una pequeña manta servía de división del resto de la caverna, Shiro Shihōin había resguardado a sus mayores tesoros, su mujer Minako y su pequeña hija de cuatro años y medio Yoruichi. Al entrar a la pequeña e improvisada habitación su mujer lo recibió con angustia.
— ¿Que has sabido?— Le cuestionó rápidamente.
—Ya lo veremos — respondió seriamente, rompiendo el sobre que mantenía en su mano, saco el papel maltrecho y comenzó a leerlo con ansiedad, su rostro comenzó a tener signos visibles de serenidad y alivio — hay mucho amigos que han sobrevivido y otros más que han muerto — informo, dando lectura a la otra página pero al llegar al final su mano reacciono con temblor y su rostro cambio a un angustiante y pálido. Minako asustada ante su reacción se puso a su lado.
— ¿Que pasa, Shiro?— Pregunto suavemente.
—Ryu — susurro Shiro, estrujando la nota en su mano — no debí dejarlos, yo no debí…— cayó de rodillas al suelo.
—Shiro — grito Minako cuando vio a su esposo — ¿qué paso con Ryu y Lian?— Cuestiono con más angustia.
—Están muertos, todos están muertos — susurro Shiro suavemente. Minako abrió los ojos con asombro e incredulidad.
— No — dijo suavemente — Ryu, Lian —llevo una de sus manos a la boca y miro hacia su pequeña hija que dormía en el improvisado futón — Shaolin, la pequeña Shaolin.
Shiro poso su mirada en la pequeña Yoruichi que dormía pacíficamente — juro — dijo suavemente— que sus muertes no serán en vano Ryu— sus ojos dorados parecían fundirse de ira como un sol ardiendo— Baraggan será derrocado.
