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No tiene excusa viable para lo que está haciendo. Al menos no más allá de que se pegó a él al haber ido a salvar a Claire y Kaia de ese bar alternativo cuando, como siempre, los problemas las encontramos.
Eso fue en la víspera de la víspera de Navidad, a un mes, la canción que escuchó en el lugar sigue fijada en su cerebro.
Quizá también tuvo algo que ver lo mucho que vio a Cas en los ojos de Claire.
Sabe su nombre, hasta tiene memorizada su letra, la ha escuchado una cantidad vergonzosa de veces en las escasas sesiones de autocompasión que no ha podido eliminar por completo a través del tiempo.
Está a horas de su cumpleaños, preguntándose ¿Por qué no?
La distancia se hace corta y se va
Bajo el miedo que no me deja hablar
Respiro, tu piel imagino
Y mi alma está gritándote
¿Sería tan malo joder a una fuerza cósmica? Es obvio que sí, sobre todo ahora que el mundo es realmente libre.
Pero, todo el libre albedrío no alcanza para eliminar las pesadillas en que El Vacío cubre a Cas en un manto de infinita oscuridad para llevárselo lejos. Ni la tranquilidad de un universo no determinista es suficiente para ayudar a dormir una sola noche completa.
Sácame de aquí Guárdame
un segundo más en ti
Porque el tiempo se hace escaso
Y se diluye al morir
Y es que eso es todo lo que quiere, un segundo más. Lo suficiente para conectar su cerebro a su voz. El tiempo suficiente para externar todo aquello que el miedo le hizo callar. No pide más.
Perdió la cuenta de sus años hace tiempo, solo es consciente de su edad porque Sam y el resto de su familia hacen el seguimiento.
El tiempo se volvió una concepción abstracta, casi líquida, a medio camino entre lo metafísico y lo subjetivo, por la forma en que se le escapa de las manos.
Es curioso que, con esa concepción, aún todo lo que quiere es tiempo.
En este punto, pasa la punta de su pulgar por la boquilla de su botella de cerveza. Con Miracle a su lado, reflexiona si no ha hecho suficiente por esté mundo para merecer un capricho.
El pesa hechizo, cómo tantas veces, en un rincón de su billetera yaciendo en su bolsillo.
En el cajón junto a su cama, hay un cuenco con todo lo que necesita, incluyendo una de las corbatas de Cas y su espada de ángel.
Realmente no debería afectar demasiado. No es cómo si fuera a sacar a Cas de forma permanente del vacío…
Aunque, tampoco está seguro de que realmente valdrá la pena y no será solo una pobre imitación, cómo la que espera tener en su Cielo cuando muera.
Sin embargo ¿No son esas esperanzas todo lo que le queda?
Ven, ahora nada nos podrá detener
Ya no hay nada digno para perder que duela
Ante una búsqueda espontánea de intimidad
"Es ahora o nunca", escucha decir a su propia voz en el fondo de su mente.
Le cree, se cree. Si no lo hace ahora, seguirá arrepintiéndose para siempre.
Se pone en marcha en medio del impulso, tan acelerado que casi tira el cuenco y junto con ello el pequeño frasco con una sola gota de gracia angelical.
Antes de que se de cuenta, está enunciando el hechizo que ha pasado años memorizado, cuál mantra, en ese pequeño espacio entre la razón y el corazón.
Una nube de humo azul lo envuelve, haciendo a sus párpados revolotear, pesando cada vez más, hasta cerrarse en su camino hacia una caída que apenas logra culminar sobre la cama.
Lo que sobra es un instante al azar
Que los rostros no se van a quedar
Marcados ante una esperanza
Gritando sin mentir
Puede que sean instantes, o puede que haya pasado una eternidad para cuando abra los ojos.
Escanea la habitación en búsqueda de un indicativo de qué momento es, esperando que el azar no lo haya eyectado a una de las muchas veces en que perdió a Cas.
El hechizo, creado para los asuntos inconclusos de los vivos, está formulado para "llamar" a los involucrados, a revivir un recuerdo en el más puro sentido de volver a vivir. De una manera diferente, sin importar que sea mejor o peor, destinada a quedar en el recuerdo sin alterar el curso del tiempo.
O al menos espera que sea así, teniendo en cuenta que sólo tuvo la guía de los diarios de Rowena mientras lo diseñaba.
Es otro 23 de enero, un día tranquilo en que estaba enseñándole películas a Cas, específicamente un maratón de Disney, en la Dean Cave.
La pelicula que esta por terminar es Enredados. Totalmente acorde.
Deja de mirar a la pantalla, concentra toda su atención en Cas. Tan pronto como sus ojos registran su perfil, la firmeza en su mandíbula y el ángulo perfecto en su nariz, siente las lágrimas acumularse.
Los créditos finales comienzan y, con ellos, Cas se gira a verlo.
De nuevo, ahí está ese azul inverosímil. El ángel le dirige una mirada curiosa, manteniéndose en silencio ya la espera aún cuando claramente ha notado los indicios de precipitación en los ojos de Dean.
Tiene el momento que deseo, pero sus palabras se niegan a salir. No sabe cuánto tiempo tendrá con esa pequeña gota de Cas.
Debe decir algo. Todo lo que puede pensar, más allá de Cas, es que si sus palabras fallan, puede usar las de alguien más.
—La vida me regalo un instante a tu lado, mi corazón pensó que ese instante fuera eterno— logra decir mientras se sostiene la mirada, a pesar de que su voz suena forzada.
Cas inclina la cabeza por un instante, en su típico gesto de confusión. Pero se recompone rápidamente, dando un pequeño sentimiento.
Dean cierra los ojos con pesar, piensa que se equivocó, que arruinó su oportunidad, probablemente la única que alguna vez tendrá.
Entonces escucha a Cas aclararse la garganta.
Vuelve a mirarlo,haciendo a un lado sus propios sentimientos encontrados en favor de tener un poco más de Cas mientras pueda.
—Si tú vas a vivir cien años, yo quiero vivir cien años menos un día, porque no quiero pasar un día sin ti.— Dice.
Si la sonrisa quebrada en los labios del ángel significa algo, Dean está seguro de que está es el Cas real, fuera del vacío por un momento. Esa sonrisa, entre una disculpa y una promesa cumplida, parece decir que Cas sabe que ya lo hizo.
Su vista comienza a tornarse borrosa, indicando que el hechizo está por terminar.
Parece que acuerdan extender ese fragmento de la eternidad, ambos se levantan y se encuentran en un abrazo.
Pasa sus manos por la espalda del ángel, tratando de memorizar todo lo que pueda, y hunde su nariz en su cuello para disfrutar fresco el aroma del ser que llegó a amar.
—¿En serio?— pregunta, alejándose solo lo suficiente para ver a Cas. -¿Winnie the Pooh?
Una sonrisa pícara baila en los labios del ángel.
—¿Me puedes juzgar?— le réplica.
—Me juzgo a mi mismo por amarte.— dice, entre una broma y la verdad que solo logro salir de esa manera.
Dean quisiera pensar en una respuesta más ingeniosa y sarcástica. Sin embargo, Cas lo mira con ojos enrojecidos y una expresión enamorada. Se ve adorable con esa insinuación de bizcos en su mirada, con una lucha entre ver los labios o los ojos de Dean.
Él mismo está seguro de que luce igual.
Sus miradas se conectan, prometiendo complicidad y seguridad, antes de que sus labios se unan en un beso que ha esperado acontecer más que cualquier otro beso en la historia de este basto universo.
Nuestro tacto despierta y siente
Si tu quieres estar oculto en mi
Simulemos estar ajenos
Censurando la duda de sentir
¡Vamos a olvidar!
Hay un nosostros. Un yo dentro de ti. Las dudas se apagan mientras sus labios bailan a un suave compás, cómo si se conocieran desde el inicio de los tiempos.
Una vez más, el tiempo parece ajeno a ellos. Lo suficiente para que olvide que el presente, incluso cuando se desdibuja con el pasado y el futuro, no puede ser eterno.
Comienza a sentir que ambos pierden presencia, trata de aferrarse a Cas tanto como el ángel a él. Sus puños se ciernen sobre la ropa del contrario, cómo si pudieran evitar ser devueltos a ese cruel lugar llamado realidad.
Lo último que deja de sentir son los labios de Cas.
Al despertar, la mañana del 24 de enero, el mundo no colapsará tras su auto regalo.
Aun tiene el gusto a miel. También tiene una pluma que ostenta los colores del arcoiris en su mano.
—Voy a recuperarte.— promete una habitación vacía. —Gracias por darme el mejor regalo de cumpleaños.—
En una esquina de la habitación, Cas contempla la devoción con que Dean abraza su pluma contra su pecho por un segundo más, antes de volver a trabajar pensando que hoy es un día menos para el resto de la eternidad que les espera llegado el momento.
