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Yuki

Summary:

Yuki, futuro héroe, se ve afectado por un don muy peligroso estando de prácticas. Para cuando quiere darse cuenta, ha perdido la consciencia, y descubre que... ¿ha viajado al pasado?

La clase de 1-A de heroísmo en la Yuei recibe una increíble sorpresa, ¡se ha transferido un nuevo alumno en mitad del curso! Pero nadie puede creerse quién es, porque... ese chico, que viene del futuro, dice ser...

Notes:

Hey, qué tal? No tengo ni idea de cuánta gente va a terminar aquí, pero si me estás leyendo, me disculpo. Tengo la costumbre de empezar muchos fics para mí mismo, sin pensar que nadie los va a leer, y escribir estupideces que me da vergüenza compartir. Pero hoy estaba leyendo este primer capítulo, que nunca terminé, y me dio pena tenerlo abandonado... Subirlo aquí es una forma de recordarlo, y quizás animarme a continuarlo algún día. Sé que este tipo de historia puede ser... ¿rara? Solo espero no hacer el ridículo por subirla, jaja... Tened piedad, que la hago con cariño.

Si alguien lo lee y le interesa que la continúe, me encantaría recibir un comentario. Tiendo a desmotivarme cuando nadie más lee mis proyectos, incluso si los escribo para mí. Si por lo que sea te gusta, que no te de cosa decírmelo, que lo agradezco un montón.

Para los poquitos que leísteis mi otro fic, quiero que sepáis que lo voy a seguir escribiendo. Por motivos personales me cuesta mucho ponerme a escribir, pero es algo que no quiero dejar de hacer, y tengo infinito cariño a cada una de mis historias.

Dicho todo esto, gracias por leerme. ♥

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Tiempo

Chapter Text

Corría entre las calles lo más rápido que sus piernas daban de sí. No podía perder de vista al villano, que se movía con gran fluidez entre la gente, incluso a pesar de la tormenta. La lluvia hacía que sus pies se deslizasen al más mínimo error, y el sudor de sus manos desaparecía casi al instante. Tenía todas las de perder, pero no pensaba perderle de vista. Iba a alcanzarle, y le iba a atrapar. Porque había herido a Takeru, y eso es lo único en lo que podía pensar en ese momento. En Takeru, enrollado sobre sí mismo en el suelo húmedo y frío, con un charco de sangre que se esparcía con la lluvia.

Takeru estaba bien. Sabía que Takeru estaba bien. Pero iba a atrapar a este villano, costase lo que costase.

Por eso no dejó de correr, sin tener tiempo para preguntarse dónde estaban los héroes profesionales. Sin dudar en atacar al villano cada vez que tenía ocasión. Y sin dedicarle un instante a plantearse que le estaban tendiendo una trampa, hasta que ya era demasiado tarde. Porque de un momento a otro, se encontró al final de un callejón estrecho, sin salida. Habían tres tipos más esperando en la oscuridad.

Pero no pensaba salir corriendo. Apretó los dientes con fuerza, analizándoles con la mirada. Las palmas abiertas, una amenaza silenciosa. Preparado para combatir.

—¿Qué le has hecho a este niño? Vaya cara que trae —un tipo alto, grande y de piel azulada.

—¡No os dejéis engañar! —el villano que había atacado a Takeru, un tipo pequeño con la cabeza llena de pinchos, le miraba con temor—. ¡Es un monstruo! ¡Casi pierdo el puto brazo escapando de él! ¡Se tiene que encargar Reverse!

—¡¿Y-Yo?! —casi escondido detrás de los demás, este tipo era alto y delgado, con el cabello largo y enredado casi cubriéndole el rostro—. Sabes... sabes que yo no...

—¡No hay tiempo! —interrumpió el bajito—. ¡Blast!

—¡Voy! —la voz del tipo más grande resonó en el pequeño callejón.

La conversación pasó muy deprisa y, aunque ya estaba pensando en varias estrategias para acabar con los cuatro, no tuvo tiempo a llevarlas a cabo. De un momento a otro recibió un golpe muy fuerte. Como una onda expansiva. Sintió un gran dolor en la espalda que le llevó casi a la inconsciencia.

—¡Reverse, ahora!

Cuando abrió los ojos, había un tipo encima de él, sujetándole. Tenía ojos cansados, tristes, de un tono malva apagado. Era todo lo que podía ver y, por algún motivo, ya no podía apartar la mirada. Un don estaba haciendo efecto sobre él. Tuvo la sensación de que podía ver una manecilla de reloj surgiendo de su pupila, que retrocedía, cada vez más deprisa.

Entonces se quedó sin aire. Cerró los ojos con fuerza e intentó respirar, pero no podía. Era como si el tiempo se hubiese parado. Le dolía mucho el pecho, y no pudo evitar pensar en Takeru. En sus padres. En su abuela... ¿Iba a morir?

Dio una bocanada de aire, y esta vez se llenaron sus pulmones. Cuando abrió los ojos, pudo ver el cielo claro, despejado, cegándole. Desorientado, se incorporó, sin perder un segundo más. Se encontraba en el callejón, con su ropa todavía empapada, pero... allí ya no había nadie.

Volvió a mirar al cielo. ¿Cuánto tiempo había pasado?

Takeru...

No tardó ni un segundo más en incorporarse. Debía contactar a los demás y descubrir qué había pasado. Les había fallado... pero no tenía tiempo para sentirse mal.

❤ ❤ ❤

Miró el edificio. Y lo siguió mirando. No sabía muy bien qué esperaba mirándolo durante tanto rato, pero sentía que se estaba mareando. Incluso había comprobado la calle tres veces, pero estaba en el lugar correcto.

¿Por qué había desaparecido la agencia? En su lugar, había un restaurante de aspecto antiguo. Un restaurante que no podía dejar de mirar, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba en el pecho.

—¿Estás bien, jovencito?

La voz de una mujer le sacó de sus pensamientos. Una señora mayor, con un largo cuerno en el centro de la frente, le miraba con preocupación.

Suponía que no era para menos. Tenía el traje de héroe destrozado. Y empapado, a pesar del buen tiempo que hacía. Y probablemente tenía mala cara, también.

—Sí, perdona.Tengo una pregunta. ¿Sabe desde cuándo está aquí este restaurante?

—¿Mm? —la señora miró el restaurante—. ¿Este? Tiene un montón de años. Casi tantos como yo.

—Pero no es posible —siguió él, que no sabía cómo sentirse con todo esto—. Aquí había una agencia de héroes. Yo hago prácticas en esa agencia.

—Debes equivocarte de sitio, muchacho. Este restaurante lleva aquí muchos más años de los que tienes tú.

—Pero...

Volvió a mirar al edificio, sin saber cómo responder. No tenía tiempo que perder con esto. Lo mejor sería ponerse en contacto con la Yuei. Agraceció la ayuda a la señora y fue directo a la comisaría. No tenía dinero encima para una cabina de teléfono, así que no tenía más remedio.

Durante el trayecto no podía dejar de pensar que algo estaba... mal. Por suerte, la comisaría estaba a un par de calles de distancia, y aunque el policía le miró con cierto escepticismo al principio, le permitió realizar la llamada cuando le dijo que era un estudiante de la Yuei.

Por suerte, se sabía el teléfono del despacho de memoria.

—¿Sí?

La voz desganada y monótona de su profesor hizo que los ojos se le llenaran de lágrimas. Sentía mucho alivio.

—Soy yo. Lo siento mucho si os he preocupado...

—¿Quién eres?

La frialdad en su voz le heló la sangre. Aun así no dejó de sonreír, secándose las lágrimas de los ojos con el dorso de su mano libre.

—Soy Bakugo.

—¿Cómo? ¿Pero ha pasado algo?

Pestañeó un par de veces, confuso. Algo no cuadraba en esta conversación.

—¿No te han llamado de la agencia? Fui noqueado por unos villanos... no sé cuánto tiempo hace de eso, porque...

—Espera. Primero dime quién eres.

Frunció las cejas, cada vez más confuso y frustrado.

—Soy... soy yo, Yuki...

El otro lado de la línea se quedó en completo silencio. Todo el alivio que había sentido se fue yendo de su cuerpo, quedando en su lugar el frío del otoño sobre su piel mojada.

—No... no importa. Voy a... voy a llamar a casa. Hasta luego.

Le temblaban las manos cuando colgó el teléfono. El policía abrió la boca para decir algo, pero Yuki no tenía tiempo para esto. Volvió a descolgar el teléfono y tecleó rápidamente el número de su casa. Se llevó el teléfono a la oreja, y...

"El número al que llama no existe. Por favor, pruebe otro número".

—¿Cómo? No puede ser...

Volvió a teclear el número, con más cuidado esta vez.

"El número al que llama no existe. Por favor, pruebe otro número".

—No... es imposible.

Tecleó entonces el número de su padre, y escuchó el mismo mensaje por tercera vez. Respiró profundamente, intentando calmarse. No quería llorar. Esto debía ser una pesadilla. El don de ese villano debía haberle metido en una pesadilla, ¿verdad?

Estaba a punto de teclear otro número de teléfono cuando sonó, haciéndole pegar un bote en el sitio por la sorpresa. Fue a cogerlo, pero el policía fue más rápido.

—Departamento de policía, dígame —el hombre se quedó escuchando, después le miró y asintió—. Sí, sigue aquí. Le tengo delante. Dice ser estudiante de la Yuei. Lleva ropa de héroe, pero va hecho unos zorros. Sí...

Entonces le ofreció el teléfono.

—Toma.

Yuki asintió, nervioso pero esperanzado, y se llevó el teléfono al oído.

—¿Sí?

—¿Me vas a decir quién eres?

Cerró los ojos y respiró profundamente. Por suerte, era una persona paciente y calmada, pero la situación no se lo ponía fácil.

—Soy Yuki.

—¿Y dices que estudias aquí?

¿Cómo se suponía que debía responder a eso? No pudo evitar ocultar las lágrimas en su voz temblorosa.

—No sé qué está pasando... ¿Por qué no me recuerdas, tío Shota?

—¿Cómo?

—No me recuerdas... El teléfono de mi casa ya no existe... La agencia tampoco está...

Cuando no escuchó respuesta pensó que le había colgado, hasta que respondió:

—No te muevas de ahí. Voy para allá.

Y, esta vez sí, colgó. Yuki se separó el teléfono de la oreja y lo miró con algo de sorpresa. Después no pudo evitar sonreír. Así era el tío Shota... simple, directo, y alguien en quien podías confiar.

Aun así, tenía el estómago revuelto. Algo estaba mal. Muy mal... Pero no era capaz de comprender exactamente el qué.

—¿Ya has terminado?

Miró al policía con algo de sorpresa. Un poco más tranquilo, asintió y dejó el teléfono en su sitio. Después se inclinó levemente a modo de disculpa.

—Sí. Muchas gracias por dejarme utilizar el teléfono. Lo siento.

El hombre se rio un poco.

—Está bien, tranquilo. ¿Has solucionado tu problema?

—Mi profesor va a venir a buscarme.

—Bien. Si quieres puedes esperar aquí.

Yuki volvió a inclinarse con efusividad.

—¡Muchas gracias! ¡Muchísimas gracias!

—Tranquilo, no es nada. Puedes sentarte ahí.

Habían unos cuantos asientos a un lateral de la pequeña oficina. Yuki se sentó y sintió que por fin relajaba los músculos. Estaba tan cansado... Solo entonces se dio cuenta de cuánto le dolía todo, especialmente la espalda.

Recordó el callejón, y esa onda expansiva. Las miradas de todos esos hombres sobre él. Unos burlones, otros llenos de miedo. Y esos ojos malvas, apáticos e irritados, con esa horrible manecilla.

Un reloj que retrocedía...

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una pequeña televisión que el hombre tenía sobre su escritorio. Yuki levantó la mirada. No le vendría mal una distracción. Ya tendría tiempo de pensar en todo esto cuando llegase el tío Shota.

Pero no tardó en fruncir las cejas, confuso. Una confusión que poco a poco se fue convirtiendo en una sensación que no podía explicar. Se llevó las manos a la boca, sus ojos se abrieron de par en par.

Porque ya entendía lo que estaba pasando.

❤ ❤ ❤

—Es la primera vez que Aizawa llega tarde a clase. ¿Le habrá pasado algo? —Kirishima, que estaba apoyado contra la mesa de Kacchan, parecía preocupado.

—¿No te has fijado? —añadió Ashido, apoyada al otro lado de la mesa—. Ayer tenía más ojeras de lo normal...

—¡Qué va! —Kaminari, quien se acababa de acercar y se apoyó en el hueco que quedaba libre de la mesa—. Aizawa es así. Seguro que no es nada.

—¡¿Os queréis ir de mi mesa, capullos?!

—Shh. Nos adoras.

Izuku, sentado en la mesa de detrás, no llegó a ver lo que pasaba, pero escuchó a Kaminari quejarse mientras se incorporaba y alejaba.

—Ashido tiene razón —Izuku se añadió a la conversación, hablando más para sí mismo que otra cosa—. Ayer parecía preocupado... y nunca ha llegado tarde. Ni siquiera un minuto...

—¡Y ya van cinco minutos! —la voz de Iida retumbó por toda la clase—. ¡Como representante de 1-A, voy a ir a buscarle personalmente!

—No hace falta. Sentáos todos.

Se escucharon varios sonidos de sorpresa, y todos los que estaban de pie volvieron rápidamente a sus asientos. Izuku se fijó en su profesor, que sí parecía estar más cansado de lo normal.

—Bien. Hoy tengo que hablaros de algo bastante serio. Os voy a pedir que mantengáis la calma, y que no digáis nada hasta que termine. ¿Queda claro?

Automáticamente se escucharon varios murmuros, otros cuantos asintieron. Izuku sentía presión en el estómago. ¿Habría pasado algo grave?

—Al primero que grite o arme follón se le impondrá un castigo de forma inmediata. Os lo voy a decir a todos juntos ahora para facilitar las cosas y no tener que repetirme, pero si alguno de vosotros tenéis más preguntas os vendréis conmigo cuando termine de hablar.

En ese momento Aizawa le miró a él. Después a Kacchan. Izuku se dijo que era una casualidad, pero apretó los puños con fuerza sobre sus piernas, nervioso.

—Voy a ser lo más claro y directo posible. Apartir de hoy vais a tener un nuevo compañero de clase. También vivirá en vuestro edificio.

Izuku abrió los ojos con sorpresa. Enseguida se escucharon varias exclamaciones y voces.

—A quien hable, o haga cualquier tipo de sonido a partir de ahora, quedará inmediatamente castigado. Tendrá que limpiar durante una semana. Lo que voy a decir a continuación es mucho más serio y necesito que estéis calmados.

Se quedó en silencio, como poniéndolos a prueba. Nadie hizo un solo sonido. Izuku podía escuchar cómo latía su propio corazón. ¿Qué es lo que iba a decir, que era tan serio?

—Sigo. Por lo que sabemos, este chico viene del futuro. Fue afectado por un don y terminó en nuestro tiempo. Por lo que hemos podido deducir, provenía de la misma línea temporal que la nuestra, pero el simple hecho de que él esté aquí está cambiando nuestro futuro. Pero parece que esto no supone ningún problema para nuestra realidad. Aun así quiero que seáis conscientes de que viene del futuro. No quiero que le presionéis, ni que le hagáis preguntas que no va a poder responder. ¿Todo claro hasta el momento?

Esta vez el silencio fue absoluto. Pero Izuku no tenía tiempo de ver cómo se habían tomado la noticia sus compañeros, porque no podía apartar la vista de su profesor, intentando procesar toda la información. ¿Un chico del futuro? Desde la existencia de los dones, jamás se había escuchado nada como eso. ¿Qué tipo de don lo había provocado?

—Vamos a hacer todo lo posible por devolverle a su tiempo original, pero por el momento no parece haber ninguna solución. Es posible que tenga que vivir el resto de su vida en nuestro tiempo. Es por eso que va a estudiar con vosotros, él también estaba estudiando en Yuei.

Hizo otra pausa, analizando las expresiones de sus alumnos, antes de seguir.

—Sé que es mucha información, pero tendréis que procesarla. Necesito que demostréis los futuros héroes que sois, y os comportéis como es debido. Lo que está viviendo no es algo fácil. Espero que esto haya quedado claro.

Tras un último silencio, durante el cual se podía cortar la tensión con un cuchillo, volvió a mirarle. Cuando sus ojos se encontraron el corazón le dio un vuelco.

—Todavía hay algo más que tengo que decir. Pero quizás sea mejor que se presente primero.

Se giró hacia la puerta, y todos hicieron lo mismo. A Izuku le sudaban las manos. Estaba muy nervioso, por algún motivo. Pero era un momento histórico, o así lo sentía él.

Pero la persona que vio le dejó sin aliento. No sabía muy bien por qué, pero enseguida supo que tenía algo especial. Era un chico de su edad, de cabello rubio platino que apuntaba en todas direcciones, con el pelo de la nuca algo más largo y caído. De estatura media, quizás más bien alto, y constitución fuerte. Llevaba el uniforme de Yuei. Y sus ojos...

Cuando vio sus ojos, ya no pudo despegar la mirada. Eran muy grandes y redondos, expresivos y brillantes, y rojos como la sangre. Estaban adornados con pecas.

Izuku no tuvo tiempo de pensar en nada, realmente. Solo se lo quedó mirando, asombrado, con algo cálido creciendo dentro de él. El chico miraba en todas direcciones con una expresión que no supo identificar, pero cuando cruzaron la mirada, le vio abrir los ojos con sorpresa, y le sonrió.

Izuku estaba temblando. ¿Por qué estaba temblando?

—¿Quieres presentarte?

—¿Eh? —el chico, de voz algo grave, despegó la mirada de Izuku—. Ah... sí, claro. ¡Hola! Soy...

Miró al profesor con las cejas fruncidas, como si dudase, pero este asintió. Aun así el chico rubio parecía inseguro. Por algún motivo, dirigió la mirada a Kacchan antes de darles la espalda. Bajó el tono de voz, pero aun así Izuku pudo escuchar lo que decía.

—Quizás deberíamos dejarlo...

Aizawa negó con la cabeza.

—Ya lo hemos hablado. Esta es la única forma. Tienes que decírselo.

El chico, al que Izuku todavía no dejaba de mirar, se encogió un poco sobre sí mismo en un suspiro. Se dio la vuelta, volviendo a enfrentarles. Ya no sonreía.

—Yo... yo soy... me llamo... Yuki.

Aizawa, a su lado, resopló.

—No podemos tirarnos aquí todo el día. Tengo que dar clase.

—Ah, claro. Perdón. Es que... —volvió a mirar a Kacchan y se llevó las manos a la cara—. ¡Es que no deja de mirarme!

Y Kacchan se dio por aludido, porque respondió.

—¡¿Hah?! ¡Todos te estamos mirando! ¡No me jodas!

—Bakugo, compórtate.

—¡Pero si es este tío el que me está provocando!

—¡Bakugo!

Esta vez no replicó. En su lugar, se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared, enfurruñado y mirando por la ventana. Tras varios segundos de silencio, Izuku vio cómo el profesor Aizawa y el chico intercambiaban una última mirada. Ahora parecía tan... triste. A Izuku le dolía el pecho solo con verle.

—Lo siento... no puedo.

El chico, que al parecer se llamaba Yuki, negó con la cabeza y miró al suelo. Parecía haber perdido una batalla, aunque Izuku no sabía de qué se trataba.

—No podemos alargar esto eternamente. ¿Quieres que lo diga yo?

Yuki se quedó pensativo durante varios segundos.

—Sí. Pero si no te importa, voy a salir del aula. Lo siento mucho...

Aizawa suspiró.

—Es comprensible, pero vas a tener que aceptar las consecuencias tarde o temprano. No hay otra solución.

Sin decir nada más el chico salió del aula. A Izuku le costó despegar la mirada de la puerta por la que había salido.

—No voy a alargar esto más. Os recuerdo que debéis mantener la calma, y que todos aquellos que griten o digan cualquier cosa van a ser castigados. Dicho esto, el nombre de este chico es Yuki Bakugo Midoriya.

Si alguien gritó, si todos se giraron a mirarle, o si el profesor se dirigió a él, Izuku no tenía ni idea de absolutamente nada. Porque Izuku tenía la mente completamente en blanco, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Porque solo podía recordar la cara del chico que acababa de conocer una y otra vez, como si la tuviese grabada a fuego en el cerebro.

Un cabello rubio y explosivo. Unos ojos grandes y amables. Una sonrisa dulce y cariñosa. Unas cejas finas y preocupadas. Unas mejillas redondas y llenas de pecas. Unos ojos rojos como los de Kacchan.

No era posible. Esto tenía que ser un sueño.

—¡Midoriya!

Izuku levantó la vista. Se dio cuenta de que todos le estaban mirando. A excepción de Kacchan, que le daba la espalda desde su asiento, frente al suyo. Izuku centró la vista entonces en su profesor.

—¿Eh?

—¿Estás bien?

Le costó procesar la pregunta. Tardó un par de segundos en asentir con la cabeza.

En ese momento se escuchó un estruendo. Kacchan se había incorporado rápidamente de su silla, tirándola al suelo. Salió del aula a grandes zancadas, y nadie le dijo nada, ni siquiera el profesor, a quien Izuku escuchó suspirar, como si fuese algo muy lejano.

—En vistas de que hoy va a ser imposible impartir esta clase con normalidad la próxima semana tendréis una hora extra. Midoriya, conmigo. Iida, asegúrate de que la clase se mantiene en orden hasta la próxima hora.

—¡Sí! —respondió Iida con tanto fervor que incluso se levantó del asiento.

Pero a Izuku todo le parecía muy, muy lejano. Tenía la cabeza como... embotada. Se incorporó casi sin darse cuenta, siguiendo a su profesor fuera del aula.

No se esperaba encontrarse a Yuki nada más salir. En cuanto le vio el corazón le dio un vuelco en el pecho. Pero cuando le miró a la cara, se dio cuenta enseguida de que estaba muy triste. Izuku no sabía qué decir, no le salían las palabras, pero sentía que quería ayudarle.

Antes de que ninguno de los dos pudiese decir nada, Aizawa lo hizo.

—¿Sabes a dónde ha ido Bakugo?

—Por ahí.

Señaló con el dedo en una dirección. Solo en ese momento Izuku se planteó en su cabeza el motivo por el que Kacchan había salido corriendo de esa forma. Porque Yuki tenía su apellido, igual que tenía el suyo.

—¿Estás bien?

Esta vez era esa voz algo grave y desconocida la que había hecho la pregunta. Izuku levantó la mirada y se dio cuenta de que Aizawa no estaba ahí. Miró al chico y no pudo evitar sonrojarse. Le daba la impresión de que se parecía a él. ¿Se lo estaba imaginando?

—¿Sí? ¡Sí! ¡Bien! ¡No estoy bien! O sea, ¡que sí estoy bien! ¡Lo estoy!

El chico se cubrió los labios y se le escapó una risa suave.

—Qué mono eras.

Izuku parpadeó.

—¿Cómo?

—Nada, perdón.

Se hizo el silencio. Un silencio durante el cual Izuku era incapaz de mirar al chico, aunque no pudiese dejar de imaginar su cara, y en lo familiar que le parecía.

Todo esto tenía que ser un malentendido... Un gran y extraño malentendido...

—Venid.

Aizawa volvió a aparecer por el pasillo, e Izuku le siguió. Podía escuchar los pasos de Yuki detrás de él.

Llegaron al despacho de profesores. Para su sorpresa, Kacchan estaba dentro, sentado en el rincón más alejado del sofá.

—Sentáos. Vamos a aclarar esto.

Izuku movía las piernas de forma automática. Se sentó al lado de Kacchan, dejando un espacio entre ellos. A su lado se sentó Yuki. Aizawa, por el contrario, se sentó frente a ellos. Volvió a suspirar y se pasó la mano por el pelo. Parecía incluso más agotado que cuando le vieron al inicio de la clase. Y aunque su profesor le preocupaba, le costaba pensar en cualquier cosa más allá del chico que tenía sentado a su derecha.

—¿Lo explicas tú o lo explico yo?

Izuku miró al chico de refilón, y le vio con la cabeza gacha y frotándose las manos con nerviosismo.

—Lo siento...

—Está bien. No me voy a andar con rodeos. Este chico de aquí es vuestro hijo.

En el fondo, Izuku lo sabía. No había que ser muy inteligente para deducirlo. Y aun así, sintió cómo se le escapaba todo el aire del cuerpo. Como si alguien le hubiese dado un puñetazo en la boca del estómago.

Su... era su...

—Lo siento...

A su derecha, el chico rubio repitió esas palabras. Izuku se giró para mirarle. Parecía a punto de llorar, e Izuku consiguió salir del bucle en el que se encontraba para poder consolarle.

—¿Por qué te disculpas?

Yuki negó con la cabeza, sin levantar la vista de sus rodillas.

—No puedo ni imaginar lo que debe significar para vosotros que yo... No sé cómo os sentís ahora mismo... Lo siento muchísimo...

E Izuku tampoco lo sabía, pero nunca se había sentido tan triste por ver a otra persona estarlo.

—Está bien. No te disculpes...

—No está bien. Yo no debería estar aquí... Tendría que haberme ocultado, pero tío Shota piensa que probablemente vaya a estar en esta situación durante meses, quizás años, o... para siempre. Y no quiero perder años de mi vida oculto en una habitación, sin poder formarme como héroe, y... sin veros... Tío Shota pensó... Pero ahora me doy cuenta de que esto es mucho para vosotros.

Sí, era mucho para aceptarlo en tan poco tiempo. Pero...

—No importa. Yuki, ¿ver- verdad?

Esta vez el chico levantó la vista para mirarle, con esos ojos enormes, rojos y brillantes, e Izuku se puso más nervioso. Siguió hablando.

—Estoy sorprendido, pero... pero no pasa nada. Está bien. Solo necesito tiempo para procesar todo esto... Pero no quiero que te sientas culpable. No has hecho nada malo.

Y esta vez le sonrió. No tan sincero como la primera vez que lo hizo, pero sí igual de tierno. Izuku volvió a tener esa sensación cálida en el estómago, y no pudo evitar sonreírle de vuelta.

—Gracias, papi. Lo sé. Es solo que... creo que papá no lo va a llevar bien.

Izuku podía notar cómo le ardía la cara. Muchísimo. ¿Qué acababa de decir?

—¿Eh?

Yuki soltó una risotada, grave y sincera.

—¿Por qué te has sonrojado? ¡No te había visto tan rojo en la vida! ¡Ja, ja, ja!

—¡¿Queréis parar de una puta vez?!

La voz grave y ronca de Kacchan hizo que se le pusiesen todos los pelos de punta. Ya casi no recordaba que le tenía detrás.

—Cuida el tono —le riñó Aizawa, serio.

—¡Es que me estoy poniendo de los nervios! Este tío es el hijo de un Katsuki en una realidad alternativa. ¿Es eso lo que has venido a decirnos? Porque ya lo he entendido. ¿Algo más, o puedo pirarme?

Izuku miró a Aizawa a tiempo para ver cómo miraba a Yuki con preocupación.

—¿Seguro que no quieres saber nada más?

Kacchan se incorporó.

—No. Si eso es todo, me largo.

—Bakugo.

Kacchan frenó a medio camino, dándoles la espalda.

—Lo que dije antes también va por ti. Yuki va a ser tu compañero. Si veo cualquier falta de respeto, te unirás a Mineta y Kaminari.

—¿Algo más?

—No.

Y con esto, Kacchan salió de la habitación, dando un pequeño portazo. Izuku miró entonces a Yuki, quien volvía a mirarse las rodillas con los ojos brillantes. Parecía... devastado.

—Dentro de veinte minutos tenéis la siguiente clase. Os dejo para que podáis hablar, pero no lleguéis tarde. ¿Entendido?

Izuku asintió con la cabeza. Aizawa salió lentamente del cuarto, y cuando se escuchó la puerta cerrarse, Izuku se empezó a poner incluso más nervioso. ¿Cómo se suponía que debía hablar con...? Con su...

—No pasa nada —Yuki rompió el silencio, con voz suave y tranquila, algo triste—. Si estás incómodo, podemos dejarlo.

Izuku se espabiló de golpe, girándose hacia él.

—¡No! ¡Quiero hablar contigo!

Yuki se sonrojó levemente y también se giró hacia él, otra vez sonriendo.

—Qué mono. No me puedo creer que seas más bajito que yo.

Ahora era su turno de sonrojarse. No se había fijado, pero sí, era más bajito que él. ¿Y le acababa de llamar mono? Yuki se volvió a reír, parecía mucho más relajado.

—¿Quieres preguntarme algo?

Y a Izuku le vinieron varias preguntas de golpe. Preguntas que, solo de planteárselas, se sentía mareado. Negó con la cabeza.

—Creo que no estoy listo para preguntar... bueno... nada en particular. Si te parece bien.

El rostro de Yuki se volvió a suavizar con tristeza.

—Sí. Perdona.

Ambos se quedaron en silencio durante varios segundos. No podía dejar de pensar en que este chico era...su hijo. Era su hijo. Algún día tendría un hijo, y sería este chico. Y también sería hijo de... no, no quería pensar en eso.

Volvió a mirarle. Yuki tenía la mirada perdida, como si estuviese en un mundo muy lejano al que él conocía. Y probablemente así era. ¿Cómo sería su vida? Su futuro...

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Izuku, bajito.

—Bien. No te preocupes.

En ese momento Izuku se dio cuenta. El chico parecía triste. Claramente, debía estarlo. Pero había algo en su expresión, en su forma de hablar, en su mirada, que le decía que era una persona muy madura y sensata. O esa era su impresión.

—Puedes decírmelo. Quizás te sientas mejor.

Yuki se encogió sobre sí mismo. Parecía que se estaba conteniendo las ganas de llorar.

—Es solo que... tengo... —hizo una pausa, pero Izuku no le interrumpió, esperando con paciencia y curiosidad—. Tengo miedo... de no volver a veros... nunca más...

¿No volverles a ver? ¿Se refería a... su versión del futuro? Izuku todavía estaba teniendo problemas para procesar tanta información importante en tan poco tiempo, pero era cierto. Yuki estaba aquí, por lo que había dejado todo atrás. Su familia, amigos... su vida.

—Yo... —Izuku no sabía cómo responder. Le dolía la garganta, conteniéndose también las ganas de llorar. Acababa de conocerle, pero sentía una necesidad como nunca antes de hacerle sentir mejor—. ¿Puedo hacer algo?

Yuki se cubrió los ojos con una mano, y aspiró profundamente.

—¿Puedo abrazarte?

Izuku giró el cuello tan deprisa que crujió. Cuando intentó hablar, apenas le salía la voz.

—¿E-eh?

—No es nada. Perdona. Soy un idiota.

—¡No! N-no es eso. ¿Quieres? O sea, puedo... puedo hacerlo. Claro.

Yuki levantó la mirada, y pudo ver que estaba llorando. Sin embargo, no tardó en sonreír, incluso se rio suavemente. Y antes de que pudiese hacer o decir nada más, se le lanzó encima, abrazándole con brazos fuertes y anchos. Izuku se quedó tieso como un palo, sin saber muy bien qué hacer consigo mismo. Pero los nervios iniciales no tardaron en irse, sustituyéndose por otro montón de emociones...

Alegría, emoción, tristeza, ilusión... miedo...

En realidad, ni siquiera estaba seguro de lo que sentía. Solo sabía que necesitaba abrazarle también, así que lo hizo. Le rodeó con sus brazos, y para cuando se dio cuenta, también estaba llorando.

Todo era tan difícil de explicar... pero abrazarle era muy cómodo. Más natural de lo que pensaba. Yuki le abrazaba como si lo hubiese hecho cientos de veces. Como si sus brazos fuesen el lugar más seguro del mundo.

No sabía cuánto tiempo estuvieron así, pero cuando Yuki se apartó, ninguno de los dos estaba llorando. Le sonrió con cariño, e Izuku le respondió con otra sonrisa.

—Muchas gracias —dijo con voz grave, algo ronca, pero sonriendo—. Jo, perdona. No puedo creerme que esta haya sido tu primera impresión de mí. Qué vergüenza.

—¡No, tranquilo! ¡Está bien! ¿Te encuentras mejor?

Yuki asintió con la cabeza.

—Sí. Solo estoy preocupado por papá...

Izuku frunció las cejas, confuso. Yuki debió notarlo, porque se rio, cubriéndose los labios con una mano.

—¿Se te hace raro que lo diga?

—¿Raro? No... es solo que... ¿Te refieres a... a mí? —preguntar esto le daba mucha vergüenza. Se sentía estúpido, insinuando siquiera que "papá" pudiese ser... él.

Yuki negó con la cabeza, y volvió a reírse.

—No. Papá es papá. Tú eres papi.

—¿Pa...? ¿Qué?

Definitivamente, no podía con esto. No. Era imposible. Jamás se había planteado ser padre. No es que no quisiera, pero estaba demasiado centrado en su futuro como héroe como para pensar siquiera en algo así. La idea de que de repente un chico de su edad le llamase...

Y mientras a Izuku le estaba saliendo humo hasta por las orejas, a Yuki parecía hacerle muchísima gracia, porque ahora se estaba riendo tanto que se estaba sujetando el estómago.

—¡Papá tenía razón! ¡Eres monísimo! ¡No me lo puedo creer! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Y si él era "papi", "papá" tenía que ser...

Se cubrió el rostro con los brazos, envolviéndose a sí mismo y hundiéndose en el sofá. No. Nop. No podía pensar en esto. Era muy temprano para pensar en todo esto. Era mucho más fácil asumir que el mismísimo All Might le iba a entregar su propio don para que pudiese ser el próximo mejor héroe de Japón. ¿Pero esto? Esto era imposible de comprender.

En algún lugar del mundo real, lejos de sus pensamientos, podía escuchar la risa de Yuki, que estaba riéndose tanto que empezó a toser. Izuku asomó el rostro detrás de sus brazos, y le vio rojo de la risa. Tenía una sonrisa grande y muy bonita cuando se reía así. Le recordaba un poco a Kacchan cuando eran pequeños.

—Ay, que me meo... Perdón, quería decir que me parto. Eh... bueno, creo que deberíamos ir al aula, ya debe ser la hora. ¿Vamos?

Izuku le seguía mirando, y tuvo que esforzarse por volver a la realidad y asentir. No sabía cómo iba a poder atender en clase después de todo esto.

—Sí, vamos.

❤ ❤ ❤

Quizás porque tenía la cabeza en otro mundo, pero no se esperaba encontrarse las miradas de todos sobre él cuando entró al aula. Bueno, también miraban a Yuki, claro, pero aun así se sentía... observado. Kacchan ya estaba en su asiento, mirando fijamente por la ventana, por lo que Izuku no podía verle la expresión.

—¡Ay, tú debes de ser Yuki! —Midnight le recibió enseguida, acercándose a él con entusiasmo—. Todavía no había tenido el placer de conocerte. ¡Pero qué mono e inocente pareces!

Por algún motivo, esas palabras le incomodaron. Se giró para mirarles, y vio cómo Yuki la miraba con ojos grandes y sorprendidos. Tardó un par de segundos en reaccionar.

—¡Sí! ¡Yuki Bakugo Midoriya! ¡Encantado!

Izuku sintió un cosquilleo extraño dentro de él. Porque sí, saberlo lo sabía, pero creérselo era muy diferente. Y oírselo decir era incluso más raro...

Midnight dio un par de fuertes palmadas, despertándole de sus pensamientos. Solo entonces Izuku fue consciente de que la clase se había puesto a murmurar. Tras una mirada severa, que sin duda consiguió callar a todo el mundo, volvió a centrarse en Yuki.

—Bueno chicos, llegáis justo a tiempo, así que sentaos.

Izuku y Yuki debieron pensar lo mismo, porque ambos compartieron una mirada. Entonces Midnight hizo un amplio gesto con el brazo, señalando el rincón cercano a la puerta de la primera fila. En realidad, enfrente, ya que había una nueva mesa solitaria, justo delante de Aoyama.

—¡Ahí está tu asiento, en primerísima primera fila! Tus compañeros se han dado cuenta de que no tenías mesa, y se ofrecieron a buscar una. ¡Qué acto más puro y juvenil!

Yuki se rio de forma risueña. Nadie podría decir que había estado llorando hacía unos pocos minutos.

—¡Muchas gracias, chicos! ¡Os quiero!

—¡Aww! ¿Ha dicho que nos quiere? —Kaminari, quien se llevó las manos al pecho de forma dramática.

—En todo caso a mí, que soy el que ha traído la silla —añadió Sero, con expresión orgullosa.

—O más bien a Iida, que es quien realmente trajo la mesa —se burló Ashido.

Yuki volvió a reírse. Izuku se giró a verle, y notó enseguida que su expresión estaba llena de cariño. Le causó bastante curiosidad, ¿cuál sería su relación con sus amigos? ¿Los conocía?

Midnight volvió a dar palmadas.

—Sois todos una monada, pero por favor, sentaos de una vez. No podemos perder más tiempo. Os recuerdo que el examen es la semana que viene.

—¡Sí! —Izuku y Yuki hablaron al unísono, y ambos fueron rápidamente a sus asientos.

La clase se retomó enseguida, pero Izuku tenía mucho en lo que pensar. Lo primero, Kacchan. Le tenía delante, así que era imposible no mirar su espalda, y pensar en todo lo que acababan de descubrir. ¿Cómo se sentía él con todo esto? No parecía haberle hecho mucha gracia...

Y después estaba Yuki, al otro lado de la habitación. Aunque no le tenía cerca, sí podía verle desde lejos. Siempre que le echaba un vistazo le veía prestando toda su atención, con las cejas fruncidas en concrentración. Yuki debía estar pasando por mucho, incluso más que él, y aun así parecía tan atento a lo que Midnight estaba diciendo... Izuku no podía evitarlo, quería conocerle mejor.

Pero todo era tan absurdo... Era un chico de su edad. Como Yuki había dicho, era incluso más alto. Pero aun así era su... hijo. ¿Podía considerarle su hijo? ¿Estaba mal si lo hacía? ¿Cómo debía considerarle, realmente?

—Midoriya, lee la siguiente parte.

Izuku despegó la mirada de Yuki, avergonzado. Cuando miró a Midnight, esta le sonrió, y enseguida supo que no estaba enfadada. Más bien, parecía que le estaba queriendo ayudar. O quizás eran sensaciones suyas.

Así que Izuku se centró, y siguió atento el resto de la clase. Distraerse le venía bien.

❤ ❤ ❤

Yuki estiró los brazos hacia arriba y cerró los ojos. Por fin terminaban las clases de la mañana. Estaba tan cansado...

—¡Yuki!

Cuando volvió a abrir los ojos, no pudo evitar sonrojarse un poco. De repente tenía a media clase rodeando su mesa. Se le escapó la risa. Incluso en este tiempo, todos le trataban igual que siempre...

—¡Hola! ¡Yo soy Tooru Hagakure! ¡Bienvenido!

—¡Hey! ¡Y yo soy Denki Kaminari! ¡Tío, cómo mola! ¿De qué año vienes? ¿Hay coches voladores?

—Oye... le estáis molestando... dejadle respirar...

—¡Yo también quiero preguntar algo!

Yuki no podía dejar de reír. Era como ver versiones chiquititas de todo el mundo. Sí, les había visto en vídeos y en fotos un montón de veces, pero esto era definitivamente diferente. ¡Y sus personalidades! Eran los mismos de siempre, pero incluso más infantiles. ¡Qué adorables!

Pero todos estos pensamientos se fueron de golpe cuando vio a su padre yéndose del aula a grandes zancadas, con la cabeza gacha y claramente tenso. Se incorporó en un acto reflejo, y apartó rápidamente a los que le bloqueaban el paso. Le alcanzó en el pasillo.

—¡Espera!

Dejó de caminar, pero no se dio la vuelta. Su espalda parecía incluso más tensa.

—¡No te me acerques!

Aun siendo una versión mucho más joven que su padre, pensó que nunca le había oído hablar con una voz tan grave y áspera. Era... como si no fuese él. Como si no fuese su padre.

—Perdón. Solo quería...

—¡¡No me vuelvas a dirigir la palabra en tu vida!!

Y con esto, continuó andando, incluso más deprisa. Yuki se quedó inmóvil, viendo la figura de su padre desapareciendo entre los alumnos. Agachó la mirada y se dijo que no importaba. Que era normal. Que ya se le pasaría.

Cuando consiguió recomponerse entró al aula. Ahora todos le miraban con expresiones preocupadas y nerviosas. Su otro padre también estaba ahí, mirándole con tristeza. Yuki le sonrió, intentando suavizar el ambiente.

—Perdonad. ¿Qué decíais?

Hubo un silencio bastante incómodo, aunque solo duró unos cuantos segundos.

—Tío, ¿estás bien? Eso ha sido un poco...

—No te preocupes, tío Eijiro. Yo estoy bien.

No se esperaba las reacciones que iba a provocar con ese comentario. En un instante, ya nadie se acordaba del altercado que acababan de presenciar, porque todos parecían muy emocionados. Sobretodo tío Eijiro, que tenía los ojos llenos de lágrimas.

—¡¿Me- me has llamado tío Eijiro?!

—¡Qué fuerte!

—¡Ay! ¿A mí también me llamas tía Mina? ¡Dime que sí, por favor!

—¿Y a mí? A mí también me conoces, ¿verdad?

Yuki se volvió a reír. Esta vez tenía una sensación rara de pesadez, porque era imposible que se olvidase del grito de su padre, pero tampoco podía seguir triste con todos sus tíos actuando como niños pequeños a su alrededor.

—Perdón. La verdad es que... ¿no tengo claro cuánto puedo deciros? Pero, sí, os conozco a todos.

Las voces volvieron a incrementarse. Todos parecían muy ilusionados con la situación. Pero Yuki miró a su padre, que era la persona que más le importaba ahora mismo. Estaba muy preocupado por él. Y parecía que era mutuo, porque cuando le miró, su padre le estaba mirando con esa expresión tan propia de él.

—¡Oye! —la potente voz de tío Tenya resonó por encima de las demás—. ¡Es la hora de comer! ¿Por qué no seguís hablando en el comedor?

—¡Sí! ¡Vamos a comer! —tía Mina se acercó a él y le sujetó del brazo—. Ay, ¿te importa que te agarre?

Yuki negó con la cabeza y le sonrió.

—Está bien. Aunque, si no os importa, yo voy a pasar por hoy. No tengo hambre.

—¡¿Qué?! —tía Mina, poniendo cara de perrito abandonado—. Pero... ¡tienes que comer!

—No os preocupéis. Solo necesito despejarme un rato, ¿vale?

De verdad lo necesitaba. Un rato para despejar la cabeza, y pensar en todo lo que había pasado hoy. Pero antes miró a su padre, y se aseguró de que no le importaba. Yuki pensaba que su padre también necesitaba descansar, incluso más que él.

—Dejadle, croac. Ya habrá tiempo para hablar con él.

—Gracias, tía Tsuyu.

Vio cómo la tía Tsuyu se sonrojaba un poco con el comentario, y sonrió con cariño. Le dio un apretoncito a la tía Mina antes de separarse. Después miró a su padre y le guiñó un ojo. Esto hizo que su padre se pusiese rojo como un tomate, y se quedase tieso como un palo. Dios, era buenísimo. Nunca se cansaría de esto.

—¡Pues nos vemos en un rato! ¡Os quiero!

Y sin pararse a mirarles, salió corriendo del aula.

❤ ❤ ❤

—Bueno, ya hemos esperado bastante. ¿Nos vas a contar o no? ¡No aguanto más!

Ante la pregunta, Izuku se sonrojó y se quedó mirando su plato. Seguía tan nervioso que no tenía ganas de comer. Lo que Kaminari llamaba "esperar bastante", era hacer la cola para coger la comida y sentarse en la mesa. Normalmente comía con Todoroki, Iida y Uraraka, pero hoy se habían unido unos cuantos más, probablemente preocupados, o llenos de curiosidad. Kacchan, por otro lado, ni siquiera había venido a comer. Izuku estaba preocupado.

—¡Kaminari! —saltó enseguida Tenya, quien se removió tanto que le golpeó el hombro a Izuku—. ¡No es respetuoso que le hagas esa pregunta! ¡Precisamente estás castigado por tu falta de control con este tema, deberías haber aprendido la lección!

—¡Pero Yuki va a ser nuestro compañero de clase! ¡¿Qué tiene de malo que pregunte?! ¡Necesitamos respuestas!

—N-no pasa nada, Tenya —dijo Izuku con tono suave, todavía mirando su plato, algo ido. En realidad, seguía con la mente en otra parte—. Es normal...

Estaba tan pensativo que le costó varios segundos darse cuenta de que se había hecho el silencio. Levantó la mirada, y se dio cuenta de que todos le miraban con atención. Se sonrojó incluso más. ¿Cómo se suponía que iba a decirles... eso?

—Si te resulta incómodo, no te preocupes —aportó Todoroki con voz calmada—. No nos debes ninguna explicación.

Izuku negó con la cabeza. No pensaba comer, así que se llevó las manos a las rodillas, apretándolas un poco. Como cogiendo fuerzas para lo que iba a decir. Simplemente pensar en ello todavía le suponía un esfuerzo.

—Yuki es... él es... es nuestro... o sea... es mi...

—¡¡Lo sabía!! —saltó Kaminari, sin dejarle terminar.

—¡No puede ser, qué fuerte! —siguió la voz de Ashido.

—¡Anda ya! ¡¿Pero va en serio?! ¡No tiene sentido! —Mineta, con voz chillona.

Izuku se encogió más en sí mismo. Él tampoco lo entendía. Lo viese por donde lo viese, no tenía sentido.

—¡Calláos ya, pesados! —cortó Jiro—. ¡Ni siquiera le habéis dejado hablar!

—Sí, tíos, no mola. Dejadle expresarse —Kirishima también ayudó a relajar el ambiente.

Izuku seguía sin poder mirarles a la cara. Todavía había algo que no encajaba en todo esto. Y ese algo era...

—¿Estás bien, croac?

La serenidad con la que Asui preguntó le hizo, por fin, levantar la mirada. La chica rana le miraba con grandes ojos preocupados, y detrás suya estaba Uraraka, quien tampoco parecía haber tocado su comida. No quería preocuparles así que, por fin, sonrió.

—Sí. Estoy sorprendido, eso es todo.

—Yuki parece super simpático, ¿verdad? —añadió Ashido, con voz risueña—. ¡Nos ha dicho que nos quiere dos veces! ¿Y esa sonrisa? ¡Es un amor! ¡No me importaría que fuese mi hijo!

—¿Sabes lo que implica eso? —se burló Hagakure.

—¡Ay, que no lo decía por eso!

—Pero entonces, es cierto, ¿no? —interrumpió Kaminari, quien parecía no dejar el tema—. ¿Es tu hijo, tío?

Izuku miró a sus compañeros, que estaban pendientes de él. Entonces asintió con la cabeza, confirmándolo esta vez. Se escucharon varias exclamaciones y grititos.

—Ahora que lo sabéis, ¿podéis dejarle comer en paz? —dijo Tokoyami con un suspiro—. Todo esto es mucho para cualquiera. Deberíais darle espacio.

Izuku le sonrió con agradecimiento, y el resto debieron notarlo, porque asintieron y no volvieron a sacar el tema. Aunque Izuku podía sentir las miradas y los cuchicheos de vez en cuando.

Se forzó a comer un poco, y a distraerse con las conversaciones de sus amigos. Este iba a ser un día muy largo...

❤ ❤ ❤

Cerró los ojos y suspiró, sintiendo el viento en la cara. Yuki se encontraba en uno de sus rincones favoritos de la Yuei, apoyado contra la pared del edificio. Le gustaba porque podía sentarse en el césped, y era una zona por la que casi nadie pasaba. En todos estos años, este pequeño rincón no había cambiado nada. Bueno, el árbol que podía ver desde ahí era más pequeño. Yuki sonrió con nostalgia y tristeza, pensando en lo cerca que estaba de casa, y a la vez tan lejos...

No podía quitarse de la cabeza todo lo que acababa de vivir. Conocer a sus padres de jóvenes había sido... una experiencia. Ninguno de los dos estaba listo para saber que, bueno, iban a tener un hijo juntos. Lo entendía, y sabía cuánto podía sorprenderles. Pero la reacción de papá... no podía dejar de repetirla en su cabeza, una y otra vez. Le dolía, pero todavía le preocupaba más haberla cagado. O sea, fastidiado. ¿Y si...?

No, prefería no pensar en eso. Tío Shota tenía razón, siempre la tenía, y esta era la mejor opción, ¿verdad?

Encogió las rodillas y apoyo la frente contra sus piernas, cerrando los ojos. Entonces pensó en papi, y no pudo evitar reírse. Era tan inocente y tan adorable. No había cambiado nada... y eso le hacía sentir mejor.

¿Y sus tíos? También eran adorables. ¡Y tan pequeños! Tenía ganas de pasar más tiempo con ellos. Era raro pensar que ahora tenían la misma edad.

También tenía ganas de pasar tiempo con sus padres. Y conocer mejor a papá. Los echaba tanto de menos...

Y tío Shota. Sabía que tío Shota era una persona fría y práctica, pero le sorprendía ver la distancia que había ahora entre ellos. Aún así, le había protegido, y eso le hacía feliz. Aunque él no lo supiese, su tío Shota seguía siendo su tío Shota.

❤ ❤ ❤

(Tres días antes)

Cuando vio a una versión joven de su tío Shota aparecer en comisaría no pudo evitar que se le llenasen los ojos de lágrimas. Yuki era una persona de espíritu fuerte, pero tenía una debilidad: la gente a la que quería. Así que, cuando vio por fin a su tío delante de él, no se pudo contener. Se cubrió el rostro con las manos, y se puso a llorar.

—Hey... ¿estás bien?

Yuki asintió con la cabeza, e hizo un esfuerzo por calmarse.

—Sí... perdona —se secó las lágrimas con la mano, y se esforzó por mantenerse sereno—. Es solo que... ya sé lo que ha pasado.

Tío Shota frunció incluso más las cejas, como analizando la situación.

—Dime.

No le gustaba perder el tiempo, ¿eh? Yuki sonrió un poco. Aunque le tratara con la frialdad propia de que no le reconocía, seguía siendo él.

Echó un vistazo rápido al policía. No les estaba prestando atención, pero...

—No sé cuánto debería contarte. De hecho, no sé si debería estar hablando contigo. No sé qué hacer...

Tío Shota se quedó en silencio, y cuando Yuki levantó la mirada, pudo ver que estaba pensativo, y analítico.

—¿Quieres que hablemos en otro sitio?

Yuki asintió. No sabía cuánto le iba a contar, pero lo mejor sería hacerlo donde nadie pudiese escucharles.

Tío Shota empezó a andar, y Yuki le siguió, pero de repente se paró en seco y giró sobre sus pies.

—¡Ya me voy, señor! ¡Muchas gracias!

Hizo una leve reverencia. El policía le sonrió ampliamente.

—Me alegra que esté todo bien, chaval. Cuídate.

Yuki asintió con firmeza y volvió a ir tras su profesor, que le estaba esperando.

Ambos salieron del edificio, y Yuki aprovechó para mirar a su alrededor. A primera vista nada parecía diferente, pero entonces se dio cuenta. Faltaba la heladería. Y la tienda de cómics. Y...

—Entra.

Tío Shota se había parado delante de un coche de aspecto algo antiguo, de color negro. Yuki se sentó en el asiento del copiloto y apoyó la cabeza contra el respaldo. Estaba tan cansado...

Cuando tío Shota cerró la puerta del conductor dio un pequeño salto en el sitio. Se estaba quedando dormido. Carraspeó y se forzó por despejarse. Aunque no era difícil, teniendo a su tío Shota enfrente de él. Se veía tan cambiado...

—Explícate.

Yuki jugó distraídamente con los dedos, pensativo. ¿Qué debía decir?

—He sido afectado por un don. Pero... no sé si debería decirlo.

Como siempre, tío Shota tardó unos instantes en responder. Claramente, sopesando la situación. Sentía sus ojos fríos y enrojecidos sobre él, analizándole.

—Eres estudiante de heroísmo, ¿verdad?

Asintió.

—¿Dónde?

Claro, no se creía que estudiaba en Yuei. Yuki se pasó la mano por el rostro, cansado y frustrado.

—Puedes contármelo. Es mi trabajo.

Lo pensó durante largos segundos. Tío Shota esperaba con paciencia. Al final, se decidió.

—¿Y si te digo... que he viajado en el tiempo?

Le miró, esperando ver su reacción. Fue tal como esperaba. Apenas frunció un poco las cejas, pero claramente le tomaba en serio.

—¿Cuánto tiempo?

—Años...

—¿Cuántos?

—Dieciséis...

Tío Shota era una persona escéptica y racional, pero podía ver en su mirada que le creía. Sintió una oleada de alivio.

—¿Sabes algo sobre el don? ¿Conoces a la persona que lo usó?

—No... Estaba persiguiendo a un villano, cuando me vi acorralado en un callejón. Uno de ellos utilizó su don contra mí y me dejó inconsciente. Cuando me desperté... estaba aquí.

El héroe asintió, serio.

—Nunca he visto un caso de viaje temporal. No sé cómo podría afectar a nuestro tiempo. Por el momento lo vamos a mantener lo más oculto posible. ¿Te parece bien?

Asintió, serio. Ya estaba mucho más tranquilo, aunque seguía con un malestar difícil de explicar.

—Bien —arrancó el coche—. Una última pregunta. ¿Vienes del futuro o del pasado?

—Del futuro.

No tardó en darse cuenta de que se estaban dirigiendo a Yuei, lo que le hizo sentirse mucho más tranquilo. No importaban los años que pasasen, Yuei siempre sería un lugar seguro para él.

—Ten cuidado con la información que nos des. Cuanto menos sepamos del futuro, mejor. Por el momento vamos a centrarnos en encontrar a la persona que te hizo esto, y buscar soluciones para que puedas volver, en caso de que no sea temporal.

—Tío Shota... muchas gracias.

—Es mi deber.

Aunque le conocía, y sabía que esa actitud era normal en él, sentir que no era mutuo le hacía un nudo en el estómago.

El viaje se pasó a un ritmo algo lento, mientras observaba las calles conocidas. Todo estaba como siempre, hasta que no lo estaba. Pequeños cambios aquí y allá que le hacían sentir que él no pertenecía a ese lugar.

Hasta que apareció a lo lejos la gran figura en forma de hache que era la escuela de heroísmo. Yuei parecía completamente atemporal, irguiéndose orgullosa entre los pequeños edificios. Yuki sintió un costilleo, contento de que algo que apreciaba tanto siguiese estando en su sitio, tal como lo recordaba.

Tío Aizawa entró el coche dentro del inmenso recinto y lo llevó hasta el aparcamiento. Después caminaron en silencio, recorriendo el lugar. Yuki no podía dejar de mirar en todas direcciones. Aunque estaba anocheciendo, y ya no había mucha gente, era imposible no fijarse en la gente que pasaba por su lado. Muchos de ellos ahora serían héroes profesionales, pero Yuki tenía la oportunidad de verles en sus años de formación. Era una sensación extraña. Y también lo era darse cuenta de que todo seguía exactamente igual. Las taquillas, los pasillos, la atmósfera... a primera vista, nada había cambiado en tantos años.

Por fin llegaron al despacho de profesores, y Yuki no se lo podía creer, ¡también estaba igual! Los sofás verdes, la estantería en el lateral, la mesa... Siguió girando la cabeza, hasta que vio la enorme figura delgada que estaba encogida sobre la mesa en el lado opuesto de la sala.

¡No se lo podía creer! ¡Era...!

—¡Tío Toshinori!

—Ah, Bakugo-

Ambos hablaron a la vez, y Yuki no pudo evitar soltar una carcajada. Quizás era una tontería, pero estaba tan aliviado de verle, que no se pudo contener. ¡Y, wow, estaba tan joven! Si hubiese llegado antes, quizás le habría podido ver en su mítica forma musculosa. ¡Ah, por qué poco! ¡Le hubiese hecho tanta ilusión!

—Per- perdona, te he confundido con... Un- un momento, ¿cómo me has...?

Yuki no tuvo tiempo para pensar en lo adorable que era su tío Toshinori, porque era su turno para sonrojarse. Se le había escapado. Y mira que tío Shota le había pedido que fuese discreto...

El de cabello oscuro suspiró, cansado.

—Tranquilo, Yuki, está bien. A los profesores voy a contárselo. Necesitaremos toda la ayuda posible. Pero ten cuidado la próxima vez, por favor.

—Sí, perdón.

—¿Ayuda? —tío Toshinori estaba más confuso por momentos.

—Tenemos que hablar —añadió el tío Shota, incluso más serio que de costumbre.

—Cuando lo dices así da un poco de miedo...¿Ha pasado algo?

—Será mejor que te sientes...

Tío Toshinori dudó un poco, pero al final tomó asiento en el sillón frente al sofá. Yuki tomó asiento también. No podía creerse la cantidad de veces que se había sentado en este lugar, pero desde su punto de vista actual, era como si fuese la primera vez que lo hacía. Era algo sin importancia, pero este tipo de pensamientos le ponían algo triste.

Tío Shota se acercó a ambos, pero no se sentó. En su lugar, se cruzó de brazos, girado hacia su compañero de profesión.

—Este chico ha sido afectado por un don, y ha viajado al pasado. Viene de dieciséis años a futuro.

—¡¿Cómo?! ¡¿Del futuro?!

Los ojos hundidos de su tío se hicieron imposíblemente grandes mientras le miraba. A Yuki le sabía mal, pero le costaba pensar en otra cosa que no fuese lo joven que parecía. Por supuesto, tío Shota también, pero el cambio de su tío Toshinori le sorprendía más.

—Sí. No sabemos cómo puede afectar esto a nuestra realidad, por lo que vamos a tener que ir con cuidado. Tenemos que movilizarnos, y contactar con las mejores agencias para dar con la persona que ha causado esto.

Yuki, que estaba jugando con sus dedos distraídamente, se apretó las manos. Todavía no quería pensar en ello, y no le gustaba admitirlo, pero una parte de él no tenía claro que pudiese volver a su tiempo.

—En- entiendo...

Pasaron varios segundos de silencio, en los que tanto el tío Shota como Yuki dieron tiempo al antiguo símbolo de la paz para aclarar sus ideas.

—Haremos todo lo que esté en nuestra mano, chaval. Decías que te llamabas Yuki, ¿verdad?

Asintió, y después se inclinó un poco.

—Sí. Muchas gracias. Muchísimas gracias por la ayuda. No sé qué haría sin vosotros...

—Creo que deberías decirle tu nombre.

—¿Eh? —Yuki miró al tío Shota con cejas fruncidas, confuso —. ¿Por... por qué?

—Aunque no se lo digas, creo que es bastante evidente. Es mejor aclarar las cosas.

—Oh... vale. Mi nombre es Yuki Bakugo Midoriya.

Algo tan natural para él como lo era su nombre, ahora parecía haberse convertido en algo difícil de decir. Era como admitir que sus padres eran los que, desde su punto de vista, eran sus alumnos. Dos chicos, además, que por estas fechas no tenían muy buena relación. Yuki lo sabía, debía ser extraño de escuchar.

Aun así le sorprendió ver la reacción de su tío, a quien se le cayó la mandívula y empezó a toser sangre. Yuki se incorporó enseguida, preocupado.

—¡Tío Toshi! ¡¿Estás bien?!

Sin pensarlo un segundo, fue a su lado, y le puso una mano cariñosa en el hombro. El hombre se limpió la sangre con el dorso de la mano.

—Sí, per- perdona. Solo me ha sorprendido. ¿Cómo dices que...?

Esta vez se le quedó mirando, como analizándole. Podía ver cómo las piezas iban encajando en su cabeza cuando le analizaba el rostro. Siempre le habían dicho que se parecía mucho a sus padres, y la gente tenía razón. También miró a su tío Shota, quien no parecía sorprendido en absoluto.

—¿Cómo es posible? Quiero decir... ¿Cuál es el parentesco? Que yo sepa, ninguno de los dos tiene hermanas... ¿Una prima, quizás?

Yuki no pudo evitarlo. Apartó la mano de su hombro y frunció el rostro con rechazo. La simple idea de lo que acababa de decir le hacía sentir... ugh. No.

—¡No! ¡Agh! ¡No digas eso!

—Son tus padres, ¿verdad? —añadió el tío Shota, tranquilamente—. Midoriya y Bakugo.

—¡Pero qué dices! —cortó el tío Toshinori, sin dudarlo un instante.

Yuki suspiró. Tener esta conversación con ellos era... raro.

—Es una historia un poco complicada, pero sí. Mis padres son Izuku y Katsuki —solo entonces se dio cuenta. Había retrocedido dieciséis años... a un año antes de que él naciese. Se le iluminaron los ojos, y miró enseguida al tío Shota—. Espera... todavía son vuestros alumnos, ¿verdad? ¿Es posible que vayan a primer curso?

El hombre asintió, y a Yuki se le iluminaron los ojos. ¡Había ido a parar a un tiempo en el que sus padres tenían su edad!

—¡Qué locura, podríamos ser compañeros de clase!

—Pero... —el tío Toshinori parecía preocupado, todavía dándole vueltas a la cabeza—. Si es a dieciséis años en el futuro...

—All Might, para —le cortó tío Shota, más severo de lo que le había escuchado en todo el día—. No es el momento. Vamos a ponernos manos a la obra, no hay tiempo que perder. Yuki.

—¡Sí!

—Hazme una descripción. Necesito que me digas todo lo que recuerdas sobre el don y la persona que lo utilizó.

Yuki sonrió, con un pequeño brillo de esperanza en la mirada.

—¡Por supuesto!

❤ ❤ ❤

Cuando llegó la hora de ir a cambiarse a sus trajes de héroes, y Katsuki vio que el niñato no estaba por ninguna parte, sintió algo de alivio. La clase de heroísmo era su momento favorito del día, y el momento en que se desquitaba. Solo le faltaba ver al chaval dando por culo también aquí.

Pero cuando salieron al exterior, alguien gritó.

—¡Yuki!

Katsuki no se contuvo un gruñido de frustración. Ahí estaba, sonriendo como si esta mierda fuese lo más normal del mundo. ¡Y embutido en un puto traje de héroe que era una puta copia del suyo!

Para colmo, vio al estúpido de Deku mirarle con ojos enormes y brillantes, como si fuese el puto All Might en persona. No entendía por qué Deku... ¡Ugh!

—¡¿Hah?! ¡¿Qué mierda te crees que llevas puesto?!

Se giró a mirarle, y el tío se creía en derecho de verse triste. ¡Triste! Y Katsuki ni siquiera podía negar que el capullo intentó disimularlo.

—Es mi traje de héroe.

—¿Qué cojones? ¡Es una puta copia del mío!

A pesar de su tristeza, había otra cosa. Sus ojos brillaban, e inclinó la cabeza como un perrito curioso. Estúpido niñato, de verdad que le sacaba de quicio.

—Pero...

—¡Cállate! ¡Me la pela!

Se adelantó, dirigiéndose al autobús que los iba a llevar a la zona de entrenamiento. El resto de pesados no tardaron en subir. Kirishima se sentó a su lado.

—¡Yuki, a mí me mola mucho tu traje!

—¡Gracias! —respondió, sentado detrás de ellos. Genial...

—Tu traje está genial, A-Yuki... —al parecer, Deku también estaba detrás, tartamudeando como una colegiala enamorada—. Es verdad que se parece bastante al de Kacchan, con el cuello alto y todo. Aunque tu diseño es muy bonito, y sin máscara. Ah, ¿entonces tu don...?

—¿Por qué no os sentáis en otro sitio? Y os callais la boca, de paso —saltó Katsuki, elevando bastante la voz.

—¡Bakugo! —el gafas habló en un tono incluso más alto, rígido—. ¡No puedes mandarles callar de esta forma! Bakugo Midoriya es ahora parte de la clase, y como tal...

Que le riñese como a un crío le jodía, pero que llamase ASÍ a ese tío... ¡le hervía la sangre!

—¡¡Y tú me comes los cojones!!

En cuanto terminó la frase escuchó una risa detrás de él, grave, pero no estridente. Se giró y vio al tipo retorciéndose de la puta risa, mirándole como si le hubiese crecido una segunda cabeza.

—¿Y tú de qué te ríes?

—¡Na- nada! ¡No es nada!

Ahora no parecía triste, el desgraciado. Se seguía riendo como un idiota. ¿Pero qué coño le hacía tanta gracia?

—Tché.

Se giró de nuevo, sentándose bien en su asiento y mirando por la ventana. Por fin arrancó el autobús, y Katsuki supo que el viaje se le iba a hacer eterno.

—Bueno, ¿y qué nos dices de tu don? —el idiota pelopincho sí se giró para poder hablar cómodamente con los de atrás.

—Ya lo verás —podía notar la sonrisa en su voz.

—¡Yo también quiero saberlo! —la voz de la invisible, desde algún lugar.

Se hizo el silencio, y la siguiente voz fue la de Deku.

—¿No nos lo vas a decir?

—Lo veréis enseguida —el capullo sonaba orgulloso.

Pero Katsuki no quería ver su puto don. No quería saber absolutamente nada de él. Quería que desapareciese, y no volver a pensar en él nunca más. Su simple existencia le hacía sentir como la mierda.

—¿Y qué nos puedes contar de ti? —la ojos de mapache, también dando por culo—. ¿Te podemos llamar Yuki? Es que tu apellido... bueno, confunde —se rio un poco al final.

—¡Sí, por supuesto! Se me hace raro que vosotros me llaméis por mi apellido.

—¡De eso te quería hablar! —Mapache se volvió incluso más gritona—. ¿Y eso que nos llamas tíos? ¡Me encanta!

—Aww —añadió el pelo pincho—. Se ha puesto rojo.

Escuchó al intruso reírse, y a Katsuki se le removió el estómago.

—Es que... no creo que pueda hablaros de estas cosas. Es... del futuro.

—Lo estaba pensando —el pájaro se unió a la conversación—. Se supone que tu existencia forma parte del futuro, pero el hecho de que estés aquí cambia las cosas, ¿no? ¿O también sucedió esto en tu realidad?

—Ya lo dijo Aizawa —aprovechó Katsuki para meterse por en medio—. Que esté aquí lo cambia todo. Él no va a volver a existir.

Se hizo un silencio que duró por bastantes segundos.

—No digas eso, Kacchan.

Esto sí que le cabreaba. Se giró para mirar al friki a la cara, quien le devolvía la mirada con ojos tristes pero firmes.

—¿Perdona?

—¡Solo digo que no sabemos lo que va a pasar!

—¿Insinúas que eso —señaló a su acompañante de asiento— va a pasar?

—¡Bakugo!

Katsuki ignoró la voz acusadora del gafas, sin despegar la vista de su objetivo.

—N-no lo sabemos, pero está mal insinuar que no va a nacer.

—¡Lo que está mal es que exista en primer lugar! ¡Y que esté en nuestro puto tiempo!

—¡No es culpa suya!

—¡Parad!

El intruso se interpuso entre ambos, poniendo la palma de la mano en toda su cara. La apartó de un golpetazo y volvió a mirar hacia adelante.

—Paso. Para mí no existe.

—Bakugo, tío...

Katsuki ignoró al pelopincho, centrado en mirar por la ventana. Solo deseaba que al despertarse mañana el chaval hubiese desaparecido.

Tras un denso silencio el resto siguió hablando de gilipolleces, pero Katsuki ni siquiera les prestó atención. Pocos minutos más tarde, fue el primero en levantarse del asiento, aún cuando el autobús no había parado, y salió en cuanto se abrieron las puertas.

Necesitaba aire fresco.

Aizawa se aseguró de que estaban todos y entraron al inmenso recinto de entrenamiento. Se dirigieron a la sección de edificios semi-derruidos.

Por fin iba a empezar la acción.

—Hoy vamos a hacer un entrenamiento especial. Los que actualmente tenéis las tres mejores notas de la clase os vais a enfrentar a un villano. Al resto os quiero muy atentos, porque también voy a evaluaros. Quiero que saquéis conclusiones interesantes sobre lo que vais a ver. Todos tendréis que demostrar que habéis aprendido algo nuevo de la clase de hoy. Si no tenéis nada bueno que aportar, tendréis una mala nota. ¿Queda claro?

Muchos asintieron al unísono. Katsuki sonrió con orgullo y se crugió los dedos en preparación. ¡De puta madre! Él era uno de los tres mejores, por lo que iba a tener la oportunidad de enfrentarse al villano en una clase especial. Además, enfrentarse a profesionales siempre había sido su clase favorita. Le encantaba partirles el culo.

—Bien. Yaoyorozu, Bakugo y Todoroki.

Los tres dieron un par de pasos al frente, desmarcándose del resto.

—Tenéis cinco minutos para preparar un plan de ataque. El villano estará oculto en algún lugar de ese edificio.

—¡Sí! —respondieron la de la coleta y el medio-medio.

—Yuki, tú serás el villano. Ya sabes lo que tienes que hacer.

—¡Sí!

Katsuki abrió los ojos como platos y se giró a mirarlo. El intruso sonreía con orgullo, con el pecho inflado como un pavo, caminando hacia el edificio. Interrumpió su marcha al escucharle gritar.

—¡¿Hah?! ¡¿Tú eres el villano?! ¡¡Ni de puta coña!!

—¡Bakugo! Si no quieres que te descalifique y sacar un cero, compórtate.

—¡Pero...!

—Replícame una vez más y estás descalificado.

Katsuki bajó la mirada y se mordió el labio con tanta fuerza que la boca le supo a sangre. No podía creérselo. Todo esto debía ser una pesadilla. Todavía no había asimilado lo que había sucedido hoy, y ahora tenía que enfentarse a ese tipo. Tenía que ser una broma...

—Bakugo. Ven.

El medio-medio le llamó. Cuando levantó la mirada, le vio junto a la coletas, cerca del edificio. Pero si algo tenía claro Katsuki, era que esta mierda la iba a hacer en solitario. Ya pensaba ir por su cuenta, pero ahora que el villano era... esa persona... todavía tenía más motivos. Iba a hacerle morder el polvo.

Por eso caminó hacia el edificio, pasando de largo. Les escuchó llamarle, pero los ignoró. Observó el edificio y se forzó a respirar profundamente, intentando calmarse.

Y, por primera vez, se lo planteó. ¿Cuál sería su don? Su vestimenta y sus genes le llevaban a una conclusión muy clara, pero no podía ni siquiera pensarlo. Porque, pasase lo que pasase, no iba a aceptarlo. Ese tío no era nada suyo. No lo era, y punto.

—¡Ya!

La voz de Aizawa resonó en el silencio de la ciudad derruida. Katsuki se maldijo por haberse despistado. Pero no importaba. Si algo se le daba bien, era centrarse en su objetivo. Y ganar.

Realizó una explosión a sus pies, impulsándose rápidamente, y entrando por una ventana rota. No iba a pararse a ver qué hacían los otros dos. Iba a ser rápido, y a improvisar. Podría con cualquier cosa que le echase encima. ¿Qué podía hacer un simple mocoso contra él?

Pero apenas había dado un par de pasos en la habitación cuando algo le empujó con fuerza hacia atrás. El empujón no le dolió, pero sí el golpe contra el suelo. Gritó por la sorpresa. ¡¿Qué coño acababa de pasar?! ¡No había visto absolutamente nada!

Se incorporó al momento, mirando en todas direcciones, completamente alerta y listo para explotar. Para su sorpresa, el golpe esta vez le vino desde detrás. Fue tan inesperado que no fue capaz de aterrizar correctamente, golpeándose la barbilla contra el suelo.

Volvió a levantarse, aunque esta vez la cabeza le daba vueltas, y la mandívula le palpitaba. Esta vez sí se dio cuenta. Lo que le había atacado era una explosión idéntica a las suyas.

—¡¿Quién te has creído que eres, hah?!

Volvió a buscarle entre los escombros, pero no tenía ni puta idea de dónde estaba. ¡¿Se volvía invisible o qué?! Estaba claro que no debía permanecer en el mismo lugar, el otro debía tener ventaja táctica, así que comenzó a correr y a defenderse con distintas explosiones.

Salió de la habitación y se dirigió a las escaleras, pero antes de que pudiese hacer nada, una explosión le hizo estamparse contra el suelo. Las explosiones no le hacían absolutamente nada, pero el impacto era tan fuerte que el propio golpe contra el suelo le inmovilizaba durante unos segundos. Y cuando quiso moverse, ya no podía.

Miró sobre su hombro, y se encontró esa cara desconocida sobre él. Con sus enormes ojos y pecas. Esa puñetera cara de Deku.

—¡¡Quítate de encima!!

Se revolvió, gritó y explotó el sudor de sus manos con bastante fuerza, pero el tipo no se inmutó. Ya le había esposado e inmovilizado contra el suelo.

—Lo siento...

Cerró los ojos con fuerza, todavía revolviéndose. ¡¡No!! ¡Era imposible! ¡Nunca le habían derrotado tan deprisa! ¡¿Qué cojones acababa de pasar?!

—¡Ahora!

La voz de Yaoyorozu sonó desde algún lugar, pero Katsuki no le hizo ni caso. Ni tampoco al resto de sonidos que le indicaban que estaba en medio de una pelea, incluyendo explosiones como las suyas. Porque Katsuki había perdido, y se sentía humillado. Y muchas otras cosas en las que no quería ni pensar.

Poco tiempo después volvió a escuchar esa voz grave sobre él.

—Hey... ¿Estás bien? Tu barbilla...

Sintió que le tocaba, y se revolvió en el sitio para apartarse. Se sentó en un gesto rápido, pero se negó a mirarle, o a dirigirle la palabra. Pero, como si no le importase, el tío se volvió a acercar, y Katsuki le golpeó con el hombro con fuerza.

—¡Que no me toques, coño!

—¡Solo te voy a quitar las esposas!

—¿Hah?

Entonces le miró. El chico parecía algo cabreado. Pero, sobre todo, triste.

—El ejercicio ha terminado. Te voy a quitar las esposas.

¿Cómo cojones había terminado con los tres mejores de la clase en cinco putos minutos? ¿Había llegado siquiera a cinco minutos?

Esta vez se dejó hacer cuando le quitó las esposas, y no esperó ni un instante para incorporarse y pirarse del edificio.

Notes:

Wow... Has leído todo eso? Espero que te haya gustado, entonces! Yuki, sobre todo. Hay mucho de él que aún quiero contar.

El capítulo, realmente, no está terminado. Lo escribí hace un año, y se quedó ahí. Lo subo precisamente para motivarme a seguirlo algún día... Como comentaba al inicio, si te ha gustado y quieres más, no dudes en pedírmelo!

También me gustaría aclarar que Katsuki tiene esa conducta porque todavía no había terminado de madurar tanto como lo ha hecho ahora en el canon. Todo lo que ha pasado con Yuki le ha hecho retroceder muchos pasos, ya que le ha impactado la situación. También lo hago por el drama, claro... jeje... perdón.

Gracias por leerme ♥