Chapter Text
Para Mira:
La noche de las velitas siempre me recuerda a ti. Porque ver el brillo de esas luces me recuerda al día que comencé a quererte.
El día que trajiste la magia de vuelta a nuestras vidas.
Una luz te envolvió, y fui capaz de verte como realmente eres, por primera vez.
Ese fue mi milagro.
Camilo
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Tres años habían pasado desde la reconstrucción de Casita y en Encanto las cosas marchaban de maravilla. La comunidad florecía y la familia Madrigal estaba en su mejor momento.
Dolores se ha casado con Mariano y ya ha dado a luz su primogénita. Luisa está en una relación estable con su pareja, Isabela pasa por su segunda adolescencia y Abuela Alma se ha vuelto más abierta y comprensiva con su familia. Mirabel de a poco comienza a florecer también, y siente su corazón lleno de esperanza ante las posibilidades que el futuro le depara.
Ese día celebraban la Noche de Velitas. Como parte del festejo, el pueblo organizaba una fiesta con música y comida. Su familia por supuesto que participaba de los preparativos. Varios de sus familiares apoyarían en la decoración de las calles del poblado, mientras otros se quedarían a ayudar a su madre en la cocina.
Ella por su parte, tenía previsto ir a la escuelita del pueblo para ayudar a los niños a elaborar algunos ornamentos decorativos para sus velitas. No fue algo que hubiese planeado originalmente, sino que fue algo imprevisto.
Hace unos días, los niños que siempre la seguían por el pueblo la encontraron cuando se encontraba trabajando en el jardín frente a su casa en unas decoraciones que pensaba usar para adornar Casita ese día. Embelesados con los diseños que hizo le pidieron ayuda para hacer unos iguales. Terminaron mostrándoselos a su maestra de la escuela, a quien le gustaron mucho, por lo que se le acerco a pedirle que los acompañase en la clase de ese día y enseñara a los demás niños a hacer lo mismo.
Mirabel accedió con gusto, por lo que pidió permiso a su madre para ausentarse de Casita esa mañana, prometiendo no llegar tarde para estar ahí cuando la familia partiese al pueblo rumbo a la celebración. Su mamá no tuvo problemas con ello, feliz de verla tan entusiasmada.
Por lo que ahora estaba alistándose para salir. Decidió llevar algunos materiales para que a los niños no les faltase con que trabajar. Seguramente en la escuela tuviesen suficientes cosas para que estos usasen, pero estaba segura que igual les gustarían las figuritas que recorto en tela para ellos. Los hizo de diversos diseños, como animales, flores, solecitos y personitas. La idea era que los pegasen en los porta velas que harían. También llevaría algunas pinturas que le pidió a Isabela.
Puso todo en una cajita, tomo su característica bolsita, y salió de su cuarto.
Se encamino a las escaleras, que bajo con cuidado dado el peso extra que cargaba. Mientras lo hacía, alcanzo a oír sonidos provenientes de la cocina.
Seguramente su familia ya se encontraba ahí, preparando el desayuno y poniendo la mesa.
Quizá esos sonidos la distrajeron, porque no oyó venir a un par de coatíes (que debieron salir del cuarto de Antonio) que pasaron corriendo por entre sus piernas. Estos causaron que Mirabel se tambalease y se precipitara hacia adelante. Debido a la caja que sostenía en brazos, la chica no fue capaz de sujetarse del barandal para equilibrarse. Casita trato de ayudarla moviendo los escalones para que pudiese apoyarse. Más Mirabel se tropezó con sus propios pies y volvió a caer, esta vez hacia atrás.
Lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos a la espera del impacto. En su lugar, lo que sintió a continuación no fue el duro piso, sino un par de manos que la sujetaron de la cintura, atraiéndola hacia atrás.
Termino cayendo sentada sobre quien fuera que la atrapo, con la caja aun aferrada entre sus brazos. Tras un momento de aturdimiento, Mirabel volteo para encontrarse con su hermana Luisa, quien al parecer fue quien la ayudo.
- ¡Luisa, gracias! Eso pudo ser peligroso. – dijo Mirabel agradecida y con un suspiro de alivio.
Mas su hermana no respondió. En su lugar puso una expresión adolorida y soltó su agarre en ella para después caer hacia atrás, quedando tendida sobre la sección media de las escaleras.
Mirabel cambio su expresión a una de preocupación.
- Luisa, ¿te pasa algo?
Aquella reacción fue extraña, puesto que su hermana poseía una gran resistencia a los golpes, gracias a su don. Aquella caída no debería de haberle hecho gran daño.
En ese momento, quien pensó que era Luisa cambio de apariencia, revelando que se trataba de Camilo. El muchacho soltó un alarido de dolor. Y Mirabel de inmediato sintió su preocupación volver. Dejo a un lado la caja y se aproximó a su primo para ver cómo estaba.
- ¡Camilo! Eras tú, ¿estás bien?
-Esperaba que convertirme en Luisa amortiguara el golpe. Pero mis amigos y yo lo sentimos igual- respondió el cambia formas aun con la misma expresión de dolor.
- ¿Tus amigos?
- Son mi orgullo, Mirabel. Sin ellos no soy nada – lamento el chico sobándose su parte posterior.
Mirabel frunció el ceño y dejo escapar un leve suspiro.
- No digas tonterías y vamos con mamá para que te cure ese golpe-
Tras decir esto, ayudo a su primo a ponerse de pie y ambos terminaron de descender las escaleras, rumbo a la cocina.
- Podrías ser más amable con tu dulce primo. Salve tu vida – dijo Camilo con un puchero.
Mirabel sintió una pequeña punzada de culpa ante su comentario.
- Lo siento, no quise ser grosera. – se disculpó ella, agachando un poco su rostro.
Camilo la miro, cambiando su expresión por una sonrisa comprensiva.
- Oye, solo bromeo. En realidad, no duele tanto. -
- Aun así, gracias. – respondió Mirabel.
Camilo rio levemente.
-Todo por mi primita- dijo acariciando su cabeza levemente.
Lo cierto es que, en los últimos años, Mirabel y Camilo se habían vuelto más cercanos que antes. Fue su primo quien comenzó a buscarla más. Ya sea para acompañarla cuando tenía que hacer algún mandado en el pueblo, o pidiéndole que lo acompañara a él a algún lado. A veces simplemente la buscaba para pasar el rato cuando ninguno de los dos tenía nada más que hacer. Fue así que, de a poco, desarrollaron una relación de amistad real, más allá del apego familiar que siempre tuvieron.
Cuando uno tenía un problema, el otro estaba ahí dispuesto a ayudar en lo que pudiera. Eran la primera persona que se percataba cuando el otro necesitaba algo. Camilo, en particular, podía ser muy protector de ella.
Llegaron a la cocina, encontrando ahí al resto de su familia. Julieta fue la primera en recibirlos con una sonrisa.
-Buenos días, mis amores-
- Buenos días tía.
-Hola, ma.
Julieta pareció notar que algo no estaba bien. Los miro con algo de preocupación.
- ¿Pasa algo, se sienten bien?
- Camilo cayó en la escalera. Se dio un buen golpe, ¿puedes darle algo para eso, ma?
Pepa alcanzo a escuchar aquello, preocupándose de inmediato por su hijo.
- ¡Ay, mi niño! ¿Qué paso?
- Fue mi culpa, tía Pepa. Me tropecé mientras bajaba y casi caigo. El me atrapo y termino cayendo en mi lugar. – explico Mirabel con pena.
Pepa frunció ligeramente el ceño al escuchar eso.
- Estoy bien, mami. No fue tan grave. Se me pasara con que coma una arepa o dos. – intercedió Camilo tratando de restarle importancia.
- Solo fue un accidente. Esas cosas pasan. – intercedió la Abuela, emergiendo por la entrada del comedor. Su voz y su rostro se percibían serenos -Solo traten de ser más cuidadosos, niños.
Al decir esto se acercó a sus nietos, acariciando sus mejillas con cariño.
Los jóvenes se quedaron estáticos por un momento, para después mirarse mutuamente, y finalmente, asentir mientras le sonreían a su abuela con algo de timidez.
En los últimos años, la abuela había demostrado un gran cambio en su trato con la familia. Era mucho menos rígida y perfeccionista. Aun pedía a su familia dar su mejor esfuerzo por la comunidad, pero era más atenta y considerada a los sentimientos de los demás. El cambio era bien recibido, por supuesto. Pero aun los descolocaba de vez en cuando, sobre todo en momentos así. Cosas que en el pasado les hubiesen ganado un regaño (en especial a Mirabel) ahora las trataba con más desenfado. Al menos cuando eran cosas como esta, donde realmente no podía culpar a nadie.
-Bueno, será mejor que todos vayamos a la mesa. Es hora de desayunar. –
Tras decir esto, la abuela dio la vuelta, pasando junto a Pepa y dándole igualmente un cariñoso toque en la mejilla. Cosa que apaciguo la leve molestia que su hija pareció sentir un momento atrás, dado que esta le sonrió y la siguió rumbo al comedor.
Mirabel se acercó a donde la comida, y sirvió un plato con una generosa porción que ofreció a su primo. A este se le ilumino el rostro, recibiendo la ofrenda con mucho gusto. Espero a que su prima se sirviese también para ir con ella a la mesa.
Julieta sonrió ante la dulce interacción entre los dos. Feliz de ver lo bien que se llevaban.
Una vez toda la familia se hubiese sentado a la mesa, con la matriarca a la cabecera, esta aprovecho para repasar los planes del día junto a su familia.
- Recuerden que hoy es un día muy importante. Todos tienen sus tareas asignadas, ¿verdad?
La familia asintió con sonrisas confiadas.
- Julieta y Pepa, ustedes estarán en la cocina. Agustín y Félix las ayudaran. Mas tarde, Félix pasara por Dolores y Mariano.
Mirabel vio a Camilo sonreír ampliamente al escuchar eso, y darle un codazo leve a Antonio, que estaba a su lado. El pequeño sonrió también.
Hacía unos meses que Dolores dio a luz su primer bebé con Mariano. Poco antes de que su prima se aliviase, la pareja decidió que se quedarían un tiempo en casa de la madre de Mariano. Así ella podría descansar mejor lejos del ajetreo habitual de la Casa Madrigal. Por lo que no habían podido convivir mucho con ella y su recién nacida. Aunque la habían visitado en algunas ocasiones, naturalmente. Los que más habían ido eran Félix y Pepa, que los habían ido a ver cada semana. La abuela y su mamá habían ido una vez al mes. Camilo y Antonio más o menos la misma cantidad de veces.
Los demás solo los habían podido visitar una o dos ocasiones, como ella. Siempre que iban, todos se ofrecían ayudar a recoger la casa, hacer de comer, o cuidar al bebé mientras Dolores y Mariano descansaban o tomaban un baño.
Todos echaban de menos a Dolores, y ansiaban que volviese a Casita. Mirabel sabía que tanto Antonio como Camilo eran los más ansiosos porque su hermana regresara.
-Isabela y Luisa, irán a la plaza principal para ayudar con las decoraciones y acomodar los puestos. – dijo la abuela dirigiéndose a sus nietas. - Isabela, amor, recuerda que este es un festejo más moderado. Sin cactus ni colores muy estrafalarios, por favor.
Isabela hizo un pequeño mohín cuando le dijeron eso, pero asintió.
-Luisa, tu novio vendrá más tarde para ayudarnos a llevar la comida hasta allá, ¿verdad?
Luisa titubeo un poco antes de responder, con un leve sonrojo.
-Ah, sí. Gabriel también estará en el pueblo ayudando a su padre. Me encontrare con él cuando ambos terminemos nuestros asuntos y nos acompañara de regreso.
Isabela y Mirabel intercambiaron una mirada cómplice, divertidas por la reacción de su hermana. Luisa llevaba poco más de un año saliendo con su novio. Sin embargo, esta era demasiado reservada en lo que respectaba a su relación. Para descontento de sus hermanas, que sentían mucha curiosidad sobre el tema.
- Camilo, estarás ensayando con el grupo de la Iglesia para la novena de aguinaldos si recuerdo bien-
Camilo respondió tras tragar el bocado que estaba comiendo.
- Así es. Planeamos terminar un poco más temprano el día de hoy para preparar el lugar para cuando llegue la gente mas tarde. Pensaba regresar antes aquí para ayudar a mamá y a tía Julieta. Tal vez pueda acompañar a papá a recoger a Dolores.
- ¿No será que quieres llegar temprano para comerte todo? – inquirió Isabela con un tono burlesco señalando el plato de su primo, siempre bien servido. El chico puso los ojos en blanco y siguió comiendo.
- No es como que solo piense en comida. Obviamente si me ofrecen algo no lo rechazare, pero si digo que quiero venir a ayudar, es porque quiero ayudar.
Isabela soltó una risita, como si no le creyera.
-Bueno, bueno. Ya basta, ustedes dos. No interrumpan a la abuela. – los regaño Félix.
- Isabela, no seas mala con tu primo. Claro que puede venir a ayudarnos si él quiere. – reprendió Julieta, a lo que la mayor hizo un puchero.
La abuela decidió continuar tras soltar un leve suspiro, como dándose paciencia.
- Mirabel, amor. Nos comentaste que estarás ayudando en la escuela ¿cierto? –
- Así es, abuela. Acompañare a Toñito hasta allá. Deberíamos terminar poco después del mediodía, así que regresaremos juntos.
- Bruno, hijo. ¿Te importaría pasar a recogerlos y acompañarlos a casa? – se dirigió Alma a su hijo, que se encontraba sentado a su lado.
Mirabel se apresuró a intervenir antes de que su tío hablase.
- No es necesario, abuela. Seguro tendrá otras cosas que hacer. ¿No le habías pedido que te acompañara a hacer unos mandados? –
Tener de vuelta al tío Bruno había sido uno de los cambios más grandes que la familia había experimentado en el último tiempo. Y por supuesto que todos estaban felices. Pero Mirabel sabía bien que las más dichosas con su regreso eran la abuela, su tía Pepa y su propia madre. Lo cual era de esperarse, siendo quienes lo conocían desde que nació, literalmente. Por eso Mirabel disfrutaba de ver a su tío pasar tiempo con ellas y no quería acaparar su atención cuando sabía que probablemente cualquiera de ellas preferiría que este las acompañase.
- Está bien, Mirabel. No me molesta pasar por ustedes. Ayudare a mamá con algunas diligencias en el pueblo. Pero ella tiene asuntos que atender por su cuenta. Aprovechare para pasarme a la escuela y regresar todos juntos. – dijo el vidente dándole una dulce sonrisa a sus sobrinos.
Antonio parecido feliz de que su tío lo fuese a recoger. Ciertamente, Antonio le había tomado mucho cariño a su tío, tal vez por ser el más pequeño y quien había podido convivir más con él. No había nada de malo con dejarles pasar el rato juntos. Y la verdad a ella también le gustaría la oportunidad de estar con su tío.
Los dos le sonrieron de vuelta al mayor.
- Entonces, así nos distribuiremos las labores del día de hoy. Recuerden pedir ayuda si algo se les complica. Toda la comunidad esta presta a apoyarnos y nosotros a ellos. La familia Madrigal.
- ¡La familia Madrigal! –
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Tras finalizar el desayuno, todos se prepararon para salir al pueblo a comenzar el día.
Félix y Agustín lavaban los platos mientras Julieta y Pepa comenzaban a preparar todo lo que necesitaban para comenzar a trabajar.
Mirabel fue a por sus cosas, que dejo cerca de la entrada, para salir rumbo a la escuela. Miro alrededor buscando a Antonio, encontrándole más atrás hincado frente a dos de sus animales. Parecía estar diciéndoles algo. Pudo notar que se trataba de un par de coatíes. Lo extraño es que ambos animalitos se veían cabizbajos.
- ¿Qué te parece? Toñito imponiendo autoridad – murmuro Camilo apareciendo a su lado.
Mirabel le miro confundida por su comentario.
- ¿A qué te refieres? –
- Bueno, no quise mencionarlo frente a los demás para no darle problemas. Pero no se me paso que los animales que casi te hacen caer eran de Antonio- respondió Camilo pasando una mano detrás de su nuca. -Así que lo lleve a aparte para mencionarle lo que paso y pedirle que se cerciore de que no suceda otra vez. Sobre todo, ahora que Dolores esta por regresar. No queremos que algo así le pase a ella mientras carga a Esmeralda, ¿verdad? –
Mirabel abrió sus ojos con sorpresa. Le enterneció que Camilo fuese tan considerado como para no regañar a su hermanito frente a los demás, sobre todo porque fue el quien se lastimo. Pero hacia bien en ello, Antonio aún estaba aprendiendo como controlar su don, así que sería injusto culparle por el accidente.
- Bueno, eso fue muy tierno de tu parte, hermano mayor. – dijo Mirabel.
Su primo soltó una risa nerviosa.
- No me digas así, Mirabel. Suena raro viniendo de ti.
Mirabel arqueo una ceja confundida. Entonces Antonio se les acerco.
- Ya hablé con ellos. Tendrán cuidado a partir de ahora y le avisarán a los demás animales para que no bajen las escaleras corriendo. – dijo el pequeño con una sonrisa.
- Excelente, campeón. Te lo agradezco. – dijo su hermano revolviendo su cabello afectuosamente.
- Toñito, ¿listo para irnos? No queremos llegar tarde. – le pregunto Mirabel.
El niño asintió y ambos se encaminaron a la salida. Justo antes de salir, Camilo sujeto a Mirabel para susurrarle al oído.
-Por cierto, querida prima. Mis amigos y yo estamos bien, por si aun estabas preocupada.- murmuro su primo dándose una palmada en las posaderas. Lo que hizo que su pobre prima se ruborizara.
La muchacha iba a reclamarle a su primo por semejante comentario, pero en ese momento, Pepa apareció pidiendo que aguardaran por ella.
-Espera, Toñito. No querrás irte sin un beso de mami, ¿cierto?
Pepa se arrodillo frente a su hijo pequeño para darle un ruidoso beso en su mejilla. Antonio rio ante el gesto.
- Te lo encargo Mirabel. – pidió la mujer viendo a su sobrina.
- Oh, descuida, tía. Volveremos poco después del mediodía.- contesto ella tratando de disimular el bochorno de hace un momento.
Mirabel y Antonio terminaron de decir adiós y salieron de Casita.
Cuando ya se estaban alejando, Mirabel volteo una última vez viendo a su primo a la distancia. Este le sonrió y la despidió con la mano. Sin una pizca de la picardía que demostró momentos atrás.
Mirabel se sintió confundida, y su rostro aun estaba sonrojado. Giro para apurar el paso y salir de ahí.
Camilo miro a su hermano y a su prima alejarse, esperando un poco mas ante de salir el también.
-Bueno, mami. Ya me tengo que ir. Regreso en un rato. – se despidió de su madre dándole un beso en la mejilla. Tras esto, el muchacho se encamino al pueblo.
Fue un poco atrevido de su parte hacer esa clase de bromas con su prima. Normalmente habría sido más bien juguetón, en lugar de coqueto. Pero últimamente, cada vez que veía a su prima, le picaban las ganas de hacer cosas así.
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Para Mirabel fue muy nostálgico regresar a su antigua escuela.
La escuela rural de Encanto era un edificio pequeño y modesto, pero que los habitantes se encargaban de mantener en buen estado para los más pequeños.
La educación en Encanto comenzaba más o menos a los tres o cuatro años y concluía entre los catorce y los quince. A esa edad la mayoría comenzaban a aprender un oficio al cual se dedicarían. Antes de eso, a los niños se les ensañaba a leer y escribir, aritmética, geografía e historia del país, entre otras asignaturas.
Hacía ya varios años desde que ella concluyo sus estudios. Pero aún conservaba bellos recuerdos de esa época. Fue extraño para ella estar ahí, pero del otro lado. Dándole instrucciones a los niños para realizar la actividad. Agradecía enormemente tener el apoyo de la maestra para mantener el orden. Había niños como Antonio, que prestaban atención y se portaban bien. Por desgracia, también había otros que, bueno, eran como Camilo a esa edad. Demasiado inquietos y despistados.
Pasaron la mañana en el salón confeccionando los ornamentos para sus velitas. En general, fue una experiencia muy bonita, pero también estresante. Por lo menos, los chiquillos parecieron pasarla bien, incluso los hiperactivos. En realidad, diría que estos últimos son los que mas se divirtieron. En especial, eligiendo como decorar sus trabajos. Tal como pensó, les gustaron las figuritas que llevo para ellos. Incluso vio a algunos usándolas como juguetes, haciendo que luchasen entre sí.
Las clases terminaron poco después del mediodía. Ese fue el último día de clases antes de las vacaciones festivas, y para celebrarlo, despidieron a los niños regalándoles unas bolsitas con dulces.
Muy alegres, los pequeños se dispusieron a salir, no sin antes decir adiós tanto de su maestra como de ella. Mirabel le pidió a Antonio que esperara afuera, mientras ella ayudaba a limpiar y recoger el lugar. Su primo obedeció y espero afuera junto a otros niños, a quienes entretuvo mostrándoles a su jaguar, que lo llego a buscar a su escuela, ya acostumbrado a que el niño estuviera ahí por las mañanas.
-Muchas gracias por tu ayuda Mirabel. Ha sido una linda actividad para despedir a los niños antes de las vacaciones- le dijo la maestra, la señora Salomé. –Y gracias por ayudarme a recoger. Se me habría hecho más difícil hacer todo yo sola. Ya no soy tan joven como cuando tú estudiabas aquí.
-No es nada. Debe ser difícil hacerse cargo de tantos niños.
-Bueno, nunca tan difícil como cuando tu querido primo estudiaba aquí.
Mirabel rio algo nerviosa al escucharle decir eso. Ciertamente, su primo se ganó cierta reputación durante sus años escolares.
- ¿Recuerdas la ocasión en que se disfrazó de mí para llevarse a la clase de excursión al bosque?
- Ah, sí. Ya no me acordaba. –
- Gracias a dios nadie se perdió o accidentó. Cuando finalmente los hayamos, varios niños estaban chapoteando en el agua. Si no es porque la corriente estaba baja el rio los pudo arrastrar hasta la cascada. Bendita Dolores que los escucho y se dio cuenta de lo que pasó.
- Sí, la abuela y tía Pepa se enojaron mucho esa vez. –Mirabel decidió no añadir que a ella también la regañaron en esa ocasión por no detener a su primo. Aunque ella ni si quiera sabía que se trataba de él hasta que ya estaban bastante lejos de la escuela.
- Bueno, pero no siempre era tan malo – dijo la joven tratando de interceder por su primo.- Siempre era el mas entusiasmado en felicitarlos el día del Maestro.
- Es cierto, pero ojala no lo hiciera transformándose en mí. Te juro que siempre me agrega kilos de más. – se lamentaba la maestra. – Y lo sigue haciendo. A veces me lo topo por el pueblo y me saluda imitándome.
Mirabel sintió genuinas ganas de reír. Si supiera que, de hecho, ella siempre fue la maestra favorita de Camilo. Siempre le contaba con una sonrisa cuando se la topaba por el pueblo.
Aunque era verdad que Camilo a menudo podía ser irritante, pero muchas veces era sin intención.
-Bueno, será mejor que termine aquí para ir con Antonio. Vendrán a buscarnos pronto para ir a casa.
Dicho eso, la joven termino de barrer el suelo, mientras la maestra terminaba de guardar los materiales sobrantes en la alacena del salón. Incluyendo materiales que llevo Mirabel, que le dejo guardar por si le servían mas adelante.
-Listo, ya quedo. – pronuncio la chica con un suspiro cansado.
-Gracias de nuevo por acompañarnos, Mirabel. Fue lindo tenerte de vuelta. – agradeció de nuevo la maestra, dándole una cálida sonrisa a la niña.
-El gusto fue mío, fue lindo venir y recordar los viejo tiempos. –
-Si te interesa, es probable que se abra una vacante pronto. Ya somos dos los maestros que pensamos retirarnos. Así que hará falta quien se encargue de las clases.
A Mirabel le sorprendió un poco escuchar aquello.
-¿De verdad? Que triste que ya no vaya a estar aquí, maestra. -
-Bueno, planeo quedarme uno o dos años más tal vez. En lo que encontramos un candidato y lo preparo para tomar mi puesto. Con gusto te aceptaría como mi suplente.
-Oh, bueno. Me lo tendría que pensar. – contesto la chica algo nerviosa. En realidad nunca se planteó dedicarse a la enseñanza.
- Tomate tu tiempo para pensarlo. O si conoces a alguien que le pueda interesar, diles que pueden buscarme ya sea aquí o en mi casa para conversarlo.
-Claro, lo tendré en mente.
Tras esto, Mirabel y su antigua maestra se despidieron con cálido abrazo y un beso en la mejilla. Tras lo cual, la joven salió del aula buscando a su primo en las proximidades.
Lo encontró en la entrada de la escuela charlando con otros niños, dejándoles acariciar a su jaguar mientras les explicaba cómo debían hacerlo sin molestarlo. Incluso había unos cuantos adultos cerca, asombrados de ver al gran felino.
Tomo un tiempo para que la gente del pueblo se acostumbrara a tener un jaguar merodeando por ahí. Al ser una comunidad remota rodeada por naturaleza, la gente del encanto no era ajena a los encuentros con las peligrosas fieras que habitaban la selva. Solo que normalmente las evitaban a toda costa, y si algún depredador se acercaba demasiado al pueblo, se encargaban de ahuyentarlo de inmediato. El don de Dolores era especialmente útil para esto, pues era su prima quien se encargaba de poner sobre aviso a todos si algo así pasaba. Sería más fácil cuando Antonio dominara su don, seguramente.
Por ahora, la presencia del jaguar de Antonio parecía mantener a raya a otros depredadores de acercarse al pueblo. De entre todos los animales que rondaban a su primo y se quedaban con él en su cuarto, el gran felino parecía ser el más leal a este. Y al que Antonio parecía querer más también.
Pero lo que a Mirabel mas le gustaba del don de su primo pequeño, es que lo ayudo a salir de su caparazón. Antonio siempre fue un niño juguetón y risueño, igual a su hermano mayor. Pero a diferencia de este, era mucho más tímido y reservado. Le costaba desenvolverse en entornos sociales, y se asustaba con facilidad al ser el centro de atención. Todavía ahora le costaba un poco, pero tener sus animales a su lado le ayudaba a sentirse más seguro y confiado. Además que era un excelente tema de conversación, cuando alguien le preguntaba sobre estos, podía pasar horas hablando sobre ellos.
Mirabel fue a con Antonio, para esperar a que llegaran a recogerlos. Al poco, apareció Bruno.
-Disculpen la demora. ¿Esperaron mucho?- pregunto el hombre algo apenado.
-Descuida tío. Me quede al terminar la clase para ayudar a la maestra a recoger. Y Toñito se entretuvo presumiendo a su jaguar.
Los tres se pusieron en marcha rumbo a Casita, con Antonio montado sobre el lomo de su jaguar.
Durante el camino, Bruno les pregunto sobre su día en la escuela. También les contó sobre su mañana, acompañando a la abuela a hacer unos mandados por el pueblo. A lo largo del trayecto, muchas personas se detenían a saludar a Bruno, lo cual hizo que Mirabel se percatara de algo.
La gente ya no mostraba miedo ni recelo al tratar a su tío. De hecho, diría que, en cierto modo, este se había vuelto algo popular en el pueblo. Incluso juraría que algunas mujeres eran particularmente amistosas con él.
Sea como fuera, a la joven le alegraba ver que todos parecían haber superado sus prejuicios hacia su tío. Él era realmente una gran persona.
Llegaron a casa, encontrándose en la entrada con Luisa, acompañada por un joven.
Era de estatura media, piel clara y cabello castaño. Mirabel reconoció que se trataba de Gabriel, el novio de Luisa.
A un lado se encontraba estacionada una carreta y un burro sujetado a esta.
Mirabel se acercó a su hermana para saludarla. Esta se tensó un poco cuando la vio.
-Mirabel, volvieron- la recibió Luisa con una sonrisa nerviosa.
-Así es. Veo que tú también. – Se giró para ver al joven. - Hola Gabriel, ¿Cómo estás? –
Como de costumbre, el chico se mostraba tranquilo y serio.
-Bien, gracias. Vine para ayudar a tu madre a mover la comida que servirán más tarde.-
- Claro, Luisa lo menciono. Muchas gracias por tu ayuda.-
- Mirabel, vayamos adentro. Seguro que Julieta y Pepa necesitan ayuda para terminar todo. – dijo Bruno sujetando a su sobrina de los hombros y dirigiéndola hacia la puerta de la casa.
Mirabel entro a la casa algo decepcionada, puesto que esperaba hacerle plática a Luisa y su novio. No es que fuera metiche, solo quería saber cómo iban las cosas entre ellos.
Una vez dentro, ella y Antonio acompañaron al tío Bruno a la cocina. Decidieron preparar algunos postres. Antonio la ayudaba a preparar una olla de arequipe para acompañar las galletas.
-¿Viste a Luisa y Gabriel afuera?- le pregunto Isabela acercándose a su hermana menor.
Esta asintió.
-¿Pudiste escuchar de qué platicaban? Trate de hacerle plática cuando veníamos de vuelta. Pero solo responde con monosílabos. Encima Luisa se pone súper nerviosa y evade cualquier pregunta que le haga.
-No. Traté, pero el tío Bruno me arrastro hasta acá antes de que pudiera.
La joven de las flores suspiro frustrada y negó con la cabeza decepcionada.
Al poco rato se les unieron Luisa y Gabriel. El muchacho se mostró particularmente servicial hacia Julieta y Pepa. Tanto Mirabel como Isabela se sorprendieron al descubrir que, en realidad, era bueno en la cocina. Les ayudo con los postres, preparando alfajores, quimbolitos y bananos calados.
Ya eran alrededor de las cuatro cuando Félix se retiró para ir a recoger a Dolores y Mariano.
Al poco de que él se fuera, Camilo emergió por la puerta de la cocina. Se veía algo exaltado, como si hubiese llegado corriendo.
-Vaya, vaya. Miren quien se digna en aparecer.- dijo Isabela
-Lamento la demora. El ensayo se prolongó un poco mas de lo esperado.- dijo el chico exhalando por la aparente carrera que se echó.
-¿Qué tal te fue, hijito?- le pregunto Pepa.
-Estuvo bien, aún quedan unos detalles por afinar. – Contesto algo cansado -Sería más fácil si algunos controlaran su temperamento. –eso último lo murmuro con un tono frustrado.
Entonces miro alrededor, percatándose de la ausencia de su padre. Esto lo alarmo.
- ¿Dónde esta papá?-
Pepa le miro con algo de pena.
-Lo siento, tesoro. Recién se fue para ir a buscar a tu hermana.
El puchero que Camilo puso en ese momento le causo mucha lastima a Mirabel.
-¡No inventes! Quería ir con él para recogerla. Si hubiera llegado un poco antes.
Entonces, Mirabel tuvo una idea. Se inclinó para susurrarle algo a Antonio, y después de que este asintiera, se dirigió a su madre.
-Mamá. ¿Está bien si Antonio y yo dejamos la cocina ahora? Aun falta decorar a Casita.
-Oh, claro. No hay problema.- le contesto Julieta.
Entonces giro para ver a su primo.
- Camilo, ¿nos ayudas? Seria lindo tener a Casita lista para cuando llegue Dolores- le pregunto con una sonrisa.
Su primo se tomó un momento para contestar, pero una vez lo hizo, le devolvió la sonrisa.
-¡Claro! Suena bien. –
Entonces los tres salieron de la cocina rumbo al patio de Casita, para comenzar. Debían darse prisa si querían estar listos para recibir a Dolores y su familia.
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Comenzaron con el patio central, que decoraron entre los tres, luego se dividieron el resto de la casa.
Camilo y Antonio la entrada de enfrente y Mirabel los pasillos de arriba.
Tenían preparados varios adornos para ese día. Estos incluían colgantes para adornar las paredes y barandales. Usaron velas en recipientes de vidrio, para colocar en las esquinas del patio, así como en la entrada, cubriendo el camino hasta la puerta.
Entre los dones de sus primos y la ayuda de Casita, el trabajo de decorar era relativamente sencillo. Camilo cambiaba de forma según lo ocupase para alcanzar lugares altos y agacharse mas rápido. Antonio pidió ayuda a algunos de sus animales, incluyendo las ratas de Bruno para preparar el camino de luces que harían en la entrada de la casa.
Casita apoyaba principalmente a Mirabel para que no se quedase atrás. La joven aprovecho que la planta alta era suya para pasar rápidamente a la habitación de su prima y asegurarse de que esta se encontraba presentable. Su familia se aseguró de mantenerla limpia y ordenada, aun así la joven le dio una ultima pasada con el sacudidor. Cambio las sabanas de la cama y una vez termino, salió al pasillo. Ya estando ahí, se agacho para colocar frente a la puerta uno de los adornos que estuvo confeccionando.
Se desplazó por el corredor para colocar los porta velas frente a cada puerta. Eran iguales a los que hizo años atrás, el día que Antonio recibió su don. Por desgracia, aunque Mirabel los quiso guardar, estos se perdieron, junto a muchas otras de sus posesiones, el día que Casita se derrumbó. En su momento no le dio importancia, porque había cosas más importantes para reponer, empezando con la casa. Pero justo ahora le dieron ganas de volver a hacerlos, para recibir tanto a su prima como a los nuevos miembros de la familia.
El que dejo frente a la puerta de esta, por ejemplo, ahora tenía bordado tanto el nombre de ella como el de su esposo. Entonces recordó algo. Se levantó tras colocar el último adorno, frente a la puerta de Isabela, y se dirigió a su propio cuarto. Al entrar, dirigió su mirada al lado derecho. Donde antes estuvo la cama de Antonio, ahora se encontraba una cuna. De aspecto nuevo, puesto que la mandaron hacer hacía poco para Esmeralda, la bebe de Dolores y Mariano.
Mirabel sonrió al pensar que muy pronto tendría una nueva compañera de cuarto. No negaría que fue genial tener su propia habitación los últimos tres años.
Pero en cuanto Dolores anuncio su embarazo, ella sabía que era cuestión de tiempo para tener que compartirla de nuevo con el bebe de la casa.
Estaba feliz, tanto así que, además de los adornos, se tomó el tiempo de preparar un pequeño regalo para su sobrinita. Se inclinó para abrir el cajón junto a su cama, donde verifico que la cajita envuelta que oculto siguiese ahí en buen estado. Aguardaría hasta la navidad para dárselo. También había otro paquete envuelto junto al de la bebe. Ese era otro regalo que tenía planeado. Pero ese lo entregaría unos días después de navidad.
- ¡Mirabel, ¿dónde estás?!- se escuchó la voz de Camilo desde el corredor.
La joven volvió a guardar la caja y a cerrar el cajón. Se puso de pie para ir a donde su primo la llamaba. Lo encontró inclinado frente a la puerta de su dormitorio, al lado del de Dolores.
Al acercarse, noto que estaba mirando el adorno que dejo frente a su puerta.
-¿Te gusta?- pregunto ella con sonrisa tímida acercándosele por atrás.
Camilo volteo, sobresaltándose un poco de tenerla tan cerca, inclinada sobre su hombro.
-Estos…son iguales a los que nos hiciste aquella vez, cuando Antonio cumplo años.
-¡Si, te acordaste!- respondió con una risilla emocionada, feliz de ver que recordó aquel detalle.
Camilo paso su mano con cuidado por el ornamento, viendo los detalles que tenía dibujados. El suyo, por su puesto, tenía sus típicas figuras de camaleón, y su nombre bordado en letras rojizas, haciendo contraste con el color amarillo del fondo.
-Son muy lindos, como los de antes.- le comento. -¿Te importa si me lo quedo? No pude guardar el de la última vez.- dijo recordando aquel entonces. Aunque le pareció un lindo adorno, no le dio mucha importancia, y no se le ocurrió conservarlo como recuerdo.
-Claro, lo hice para ti. – respondió Mirabel sujetando su hombro con cariño.
Camilo sintió un pequeño escalofrió con esa acción, y sintió el impulso de tomar la mano de su prima. Pero cuando estuvo a punto de hacerlo, una voz proveniente de abajo llamo la atención de los dos.
-¡Llego papá!-
Era la voz de Antonio. Venía desde la entrada.
De inmediato, los dos jóvenes se pusieron alertas. Camilo se puso de pie y corrió hacia la ventana junto a las escaleras. Mirabel fue detrás de él. Al asomarse, los jóvenes pudieron ver que, en efecto, Félix venia llegando. Junto a él se encontraban Dolores y Mariano. La joven mujer caminaba en medio de los dos, y Mariano, al otro lado, sujetaba un pequeño bulto envuelto en una manta en sus brazos.
Vieron a Antonio correr hacia el grupo para abrazar a su hermana, que lo recibió con sus brazos abiertos.
Mirabel estuvo a punto de decirle a su primo que deberían bajar. Pero antes de poder pronunciar lo que sea, sintió como este la tomaba de su mano y la arrastraba corriendo escaleras abajo.
-¡Camilo, despacio!, ¡Vamos a volver a caer!- exclamo la chica sorprendida y asustada por el impetuoso arrebato del cambia forma.
Llegaron a la entrada justo cuando Dolores y los demás estaban entrando. La joven, al ver a su hermano y a su prima, sonrió y los saludo con la mano.
-¡Lola!- exclamo Camilo corriendo a su hermana, envolviéndola en un gran abrazo. Incluso la alzo un poquito del suelo.
-Camilo, no seas tosco con tu hermana.-regaño Félix.
-Está bien, papá. No me molesta. – dijo Dolores, riendo levemente ante el afectuoso recibimiento.
Una vez Camilo la soltó, el joven se acercó a donde estaba Mariano y se inclinó para mirar a la pequeña que sujetaba en brazos.
-¿Quién es esta hermosa señorita?- pregunto con voz cariñosa a la bebé, que asomo su cabecita y sonrió ante los mimos que recibía.
-Qué gusto verlos por fin Dolores.- saludo Mirabel acercándose a su prima. -¿Qué tal va todo con la bebé? Debe ser difícil ser padres primerizos.
-Y que lo digas, Mirabel- pronuncio Mariano con un suspiro, pasándole su bebe a su cuñado, quien se inclinó para que Antonio también la viera. –No recuerdo la última vez que dormí una noche entera de corrido-
Dolores se acercó a su marido, acariciando su brazo en un gesto consolador.
-La mamá de Mariano nos ha ayudado mucho, pero a Esme realmente le gusta que alguien la sostenga al dormir. Si la sueltas, de inmediato despierta y comienza a llorar–
-Descuiden, ahora que están de vuelta, sobraran personas que estarán encantadas de cargar a Esmeralda. Así podrán descansar mejor.- dijo Mirabel, disimulando la preocupación de que ahora ella seguramente también tendría problemas para dormir.
En ese momento, de la cocina emergieron Pepa e Isabela.
-¡Hija!- exclamo la mujer de rizos naranja. Rápidamente fue a donde estaban ellos, y abrazo a Dolores con gran cariño. Esta devolvió el gesto con las mismas ganas.
Una vez madre e hija se separaron, fue el turno de Isabela de recibir de vuelta a su prima. Mientras se saludaban, Pepa miro alrededor.
-¿Dónde esta Esmita?-
Camilo le acerco la niña a su mamá, quien la recibió embelesada.
-¡Aquí esta mi niña!- dijo la mujer tomando a su nieta en brazos, tras lo cual le dio un beso en la frentecita, haciéndola reír. Esto provoco que un arcoíris se formara sobre Pepa.
El resto de la familia apareció en ese momento, dando continuación a una serie de saludos y bienvenidas.
Isabela dio una mirada alrededor del patio, inspeccionando la decoración.
-No está mal, pero falta un retoque.- Tras decir esto, extendió sus brazos y los ondeo ligeramente.
Una serie de flores y plantas surgieron en los barandales, tejados, puertas y ventanas.
Entre estas había Nochebuenas, azucenas, campanillas, rosas y unos discretos cactus floreados en ciertas esquinas. Además de unos coquetos muérdagos en las puertas de los matrimonios del hogar.
-¡Oye!, tapaste varios de los adornos que puse yo- le reclamo Camilo.
-Solo tape los que se veían feos.- contesto ella.
-Es bueno que la familia entera este reunida de nuevo.- pronuncio la abuela antes de que sus nietos comenzasen otra de sus discusiones. –Casita luce maravillosa. Y gracias al esfuerzo de todos, seguro que la comida que preparamos será del gusto de todos nuestros vecinos. Pero será mejor que nos apuremos en alistarnos para salir.
Dicho eso, la familia se dispersó para hacer como dijo la abuela.
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Mirabel cambio su atuendo por uno más festivo. Opto por un vestido celeste de mangas cortas. Tenía bordados de girasoles en el frente y a lo largo de la falda. Llevaba un rebozo rosado atado a la cintura, y un par de pendientes a juego. Se miró en el espejo feliz con su aspecto, y salió al pasillo.
Se encontró con Isabela, que estrenaba un nuevo atuendo. Desde hacía un tiempo, comenzó a experimentar con su vestuario. Se conseguía vestidos sencillos, de colores apagados y sin bordados. Luego los alteraba a su gusto. Pasaba horas en su cuarto mezclando colores con los pigmentos de sus plantas, buscando nuevas tonalidades con que impregnar su vestuario.
Su vestido actual no era la excepción. Era literalmente como si hubiese conseguido plasmar un cielo crepuscular sobre la tela. Del busto y los hombros era de un tono morado, que se iba degradando a lo largo hasta el final de la falda que era un tono rosado.
Luego vieron salir a Luisa, y las hermanas se impresionaron de su aspecto. Luisa era muy práctica para todo, incluyendo su ropa. Por eso era tan inusual verla arreglada de una forma que resaltara su belleza. Su vestido era de color amarillo con holanes, de mangas hasta medio brazo. El cabello lo llevaba suelto. Era un atuendo sencillo comparado a otros, pero sin duda resaltaba las facciones y la figura de Luisa.
-Vengan las dos- clamo Isabela a sus hermanas.
Ambas se exaltaron un poco por la repentina petición, pero obedecieron acercándose a su hermana mayor. Isa las puso una al lado de la otra, inspecciono los atuendos de ambas. Entonces paso sus manos por sobre sus cabezas, haciendo surgir una florecillas en ellas. A Luisa le creo una diadema de margaritas, mientras que a Mirabel le puso unos pequeños girasoles en su cabello. También les hizo unas pulseras a juego.
Una vez estuvieron listas, las tres bajaron para encontrarse con el resto de su familia, que ya estaban listos y arreglados.
Comenzaron a mover las ollas y demás recipientes donde guardaron la comida para colocarlos cuidadosamente sobre la carreta que trajo Gabriel. Casi todo lo llevarían ahí, menos algunas ollas más pequeñas que se repartieron entre Luisa, Mariano y Camilo.
-Gabriel, ¿está bien si Dolores va contigo en la carreta? Tiene que cargar a la bebe, así estarán mas cómodas las dos.-le pidió Luisa a su novio con un tono dulce pero algo tímido.
-Oh… Claro. Esta bien.-contesto este con su voz calma de siempre. Más Mirabel juraría que vio algo de decepción en su mirada. Tal vez esperaba que Luisa fuese junto a él.
Una vez la comida fue bien asegurada en la carreta, y tanto Gabriel como Dolores se acomodaron en los asientos, la familia estuvo lista para partir.
La abuela reviso el único reloj que llevaba ahora, verificando que eran las cinco y media. La ceremonia inicial seria afuera de la iglesia, a las seis.
-Bien familia, es hora de partir. Nos espera una larga y agradable noche junto a nuestra bella comunidad. –pronuncio la abuela con gran ánimo, contagiando al resto, que vitoreo un poco.
Se pusieron en marcha rumbo el centro del pueblo. A la distancia, se veía la actividad. Todos en el pueblo también iban camino allá.
Antes de alejarse, Mirabel volteo para mirar hacia atrás.
-Nos vemos más tarde, Casita.- se despidió moviendo su mano.
La casa mágica respondió como siempre lo hacía, moviendo las puertas de la ventana del cuarto de la chica.
Mirabel se dio vuelta para alcanzar al grupo.
Así, la familia Madrigal partió al pueblo a celebrar la noche de velitas.
