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Recuerdos en nuestro presente

Summary:

Ena no se siente con ganas de estar sola esa noche, por lo que hace lo que cualquier persona haría en su lugar.

Llamar a su ex-novia para que vaya a beber con ella.

Notes:

A lo largo de la historia, hay varios saltos al pasado, creo que son evidentes, pero por si acaso, estar atentos a la línea de separación.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

-¿Y bien? –El balanceo de una copa era el centro de atención de la castaña, no queriendo ver a la portadora.- ¿Qué ocurrió esta vez?

La voz de la mayor sonaba tan aburrida como en sus tiempos de preparatoria, aun cuando el tono sarcástico se apropiaba muchas veces de ella, sobre todo cuando se trataba de Ena.

-No ha pasado nada –farfulló por lo bajo.

El tintineo del vaso contra la mesa fue tan sutil que casi no se escuchó en el abarrotado bar en el que se encontraban, pero Ena fue muy consciente de este al seguir mirándolo, no queriendo encarar a la chica que tenía delante de ella.

Por un momento se quedaron en silencio, Mafuyu pasaba los dedos por los bordes de su copa despreocupadamente, mientras que Ena intercalaba su mirada entre ellos y la mesa que compartían.

-¿En ese caso puedo irme? –volvió a hablar por fin la pelimorada.

-No.

-Tan terca…

-¿Tanto te cuesta hacer compañía a una antigua compañera de grupo? –escupió mordazmente.

-Si me hubieras llamado por eso, entonces estaría bien –Mafuyu levantó su vaso, tomando un pequeño sorbo, para finalmente, apuntar a Ena con uno de sus dedos.- pero ambas sabemos que no es por eso –otro farfullo junto a algunas maldiciones volvieron a salir de los labios de Ena, solo siendo entendible un “Mafuyu idiota”.

-Podría simplemente querer saber cómo te va en la carrera de enfermería.

-No se te da bien mentir –de nuevo se llevó la copa a los labios. Al final Ena la siguió en este sorbo, probando su propia bebida por primera vez en esa noche.- ¿Te ha dejado?

Tan rápido como su paladar degustó el licor, la mitad acabó saliendo hacia la mesa.

-E-Eres tan malditamente directa –intentó recuperarse, tosiendo en el proceso.

-No me gusta perder el tiempo, y estabas siendo muy terca al respecto –Mafuyu acercó el servilletero a Ena como muestra de disculpa, a lo que la castaña se lo quitó de las manos de mala manera para comenzar a limpiar el desastre.

-Tampoco tienes una pizca de delicadeza.

-Pero he acertado, ¿verdad? –La castaña dejó de limpiar por un momento, acribillando a Mafuyu con la mirada, casi parecía querer fulminarla.- ¿Por qué otra razón llamarías a tu ex novia a un bar?

-Sin duda me gustabas mucho más cuando no eras tan sarcástica –suspiró- además, también eres una amiga, hasta lo que yo sé –agudizó los ojos contra su acompañante.

-Pero no llamaste ni a Mizuki ni a Kanade –volvió a remover ligeramente su copa en el aire, pensando en sus palabras a continuación, parecía que la mirada que le dirigió Ena fue suficiente como para que pensara mejor en sus palabras- además de que no es la primera vez que ha pasado esto.

Ena volvió a suspirar, pero esta vez mucho más fuerte, hasta el punto de que algunas personas se giraron a mirarla. A continuación bajó la cabeza, parecía derrotada pero incapaz de proclamar la victoria de la otra chica.

-En realidad si las llamé… para que vinieran más tarde –su voz salía más suave, el soltar todo el aire que tenía atorado en sus pulmones pareció ayudar a esto- pero… puede que tengas razón.

-Aquella chica… como se llamaba… -Mafuyu parecía pensativa, acercando uno de sus dedos a la barbilla, pero la castaña la paró con un movimiento de mano.

-No es tan importante –le quitó importancia al asunto- solo no quería quedarme en casa hoy.

La pelimorada divagó un poco su mirada hacia su compañera, intentando adivinar que debería hacer a continuación. Finalmente, decidió por hacer aquello que tanto le insistieron sus amigas cuando el grupo estaba en activo.

Haz lo que quieras hacer.

-¿Qué pasó? –el tono de preocupación fue tan evidente que por un momento descolocó a Ena, subiendo sus orbes marrones hasta encontrar aquellos violetas que desde hacía un tiempo, no se encontraban tan vacíos.

-¿Estás preocupada? –quiso indagar de todos modos.

-¿No debería? –movió un poco la cabeza hacia uno de los lados.

-No, no es eso, es solo… -pareció inquietarse momentamente, pero fue tan fugaz que Mafuyu dudó de que ese hubiera sido el caso –se cansó de mí, simplemente.

Aun con el peso de esas palabras, Ena pareció decirlo bastante tranquila, la sensación de dolor o tristeza que debería ser palpable en esa confesión, era mucho menor de lo que Mafuyu hubiera esperado.

-¿Estás segura de que fue eso? –aun con la pregunta, Ena no se lo tomó personal, sabía que la pelimorada no estaba dudando de la veracidad de sus palabras.

-Tuvimos una pelea, me llamó infantil, intratable y me dijo que estaba cansada de mi actitud –cogió la botella con un semblante serio, y se rellenó más el vaso – por lo que sí, fue eso.

Acto seguido, lo bebió todo de una. Por un lado parecía no estar tan afectada con la nueva ruptura, pero por otro, sus acciones decían otra cosa.

Mafuyu lo sabía, que aunque se conocieran desde hacía años, que aunque hubieran estado en una relación hacía un año, ella nunca conseguiría descifrar del todo a Ena.

Esa es una de las cosas que me gustan de ti.

Un recuerdo de su último año de preparatoria pasó sin su permiso por su mente, consiguiendo que su ceño se frunciera repentinamente.

-Te acompañaré esta noche –no siendo muy consciente de que decir a continuación, a causa de que no comprendía el peso de la situación para Ena, optó por la salida más fácil.

Aun cuando el vaso de Mafuyu estaba estático en la mesa, Ena acercó el suyo y los cristales chocaron, dando inicio de esta manera a una larga noche.

 


 

Si Mafuyu tuviera que elegir una hora del día, siempre se quedaría con la noche.

La tranquilidad que emanaba el cielo estrellado, el silencio de las calles, solo siendo consciente del sonido del viento y el burbujeo de su acuario vacío.

Siempre elegiría la noche, no importaba que pudiera proporcionarle el día, sus compañeras, las actividades de tiro con arco, las clases, su madre, nada de eso importaba. La noche siempre le daría algo que solo podría obtener en esas oscuras horas.

La libertad.

Ya casi era hora, por lo que la pelimorada dejó de mirar por su ventana, aun cuando fue poco tiempo, le ayudó ver como lo que de día estaba abarrotado, ahora mismo parecía abandonado.

De alguna manera, eso le generaba cierta tranquilidad.

Conectó su ordenador, iniciando en aquel programa de videollamadas que desde hacía un año empezó a usar con habitualidad.

Esta vez estaría puntual, sus padres se habían ido temprano a dormir, sus exámenes habían terminado y toda tarea que pudiera tener fue terminada antes de la hora de cenar.

-Yuki, bienvenida –saludó una tenue voz que sonaba más cansada de lo normal.

-K, es demasiado tarde y aun no has cenado, deberías ir a hacerte algo –la voz preocupada provenía de Ena.

-Pero Yuki ya está aquí, quiero mostrarle la nueva canción.

-¿Ha estado todo el tiempo trabajando? –habló por primera vez Mafuyu.

-No ha parado desde hace dos horas, le hemos estado insistiendo Enanan y yo para que vaya a tomar algo, pero solo nos ha dado largas –el tono de la pelirosa era una mezcla de preocupación y burla.

-Yuki, he conseguido terminar la canción que estuvimos retocando ayer –Mizuki sonó dolida por haber sido ignorada, aunque bien sabía que Kanade no lo había hecho apropósito, solo estaba entusiasmada por ver la posible reacción de Mafuyu ante la nueva canción.

-K, ve a tomar algo, mientras tanto, te esperaremos en el sekai, no vengas hasta que hayas terminado –sentenció la recién llegada, no dando margen a quejas.

Aun así, Kanade intentó insistirle en que eso podía esperar, pero tanto Ena como Mizuki entraron en acción y entre el peso de las tres, la convencieron para que aunque fuera, tomara uno de sus tazones de ramen instantáneo.

Mafuyu sacó el teléfono, buscando la canción y accionándola, para a continuación, entrar al sekai.

Una vez dentro, se encontró con sus compañeras de grupo, Ena parecía tener algunas ojeras debajo de sus ojos, pero por otro lado, Mizuki estaba tan radiante como siempre.

-Wah, Enanan, te ves horrible –exteriorizó la pelirosa lo que Mafuyu también estaba pensando.

-Cállate –escupió hacia la más pequeña, mirándola de mala manera, como si esos centímetros que le sacaba Mizuki de altura no fueran nada para ella- K no es la única que se ha matado trabajando estas horas.

-Oye, yo también he estado haciendo el MV –el tono de burla de la pelirosa solo irritó más a la castaña.

Mientras tanto, Mafuyu solo veía como sus compañeras interactuaban, pero cuando la discusión continuó y empezó a rozar lo absurdo, decidió que sería mejor buscar a Miku y esperar pacientemente a Kanade.

El sekai se veía totalmente desolado, como siempre.

La tranquilidad que el lugar le generaba era especial, pero al mismo tiempo, le recordaba lo vacía que ella estaba.

Estos son mis sentimientos.

Normalmente ese recordatorio no le generaría nada por dentro, pero desde que había comenzado a interactuar con el resto, las palabras empezaron a tomar más forma e importancia.

Su vista acabó en la castaña que cada vez intentaba agrandar su altura poniéndose de puntillas contra Mizuki, como si eso le fuera a dar más razón en la discusión que estuvieran teniendo.

Sobre todo, desde que te conocí.

No queriendo darle mucha importancia a esos pensamientos, siguió buscando a Miku hasta que la encontró apoyada en un pilar gris, se encontraba con Rin mirando algunos de los libros para colorear que Ena había traído en otras ocasiones. Decidió acercarse a ellas, prefería la tranquilidad que se encontraba en esa zona antes que en la de sus compañeras de grupo.

Mafuyu fue bienvenida por ambas Vocaloids, dejándole un sitio para que se sentara a su lado, simplemente esperando.

Cuando Mizuki y Ena dejaron de pelearse y vieron el pequeño corrito que se había formado, decidieron acercarse a ellas.

-Oh, ese es el libro de animales que traje la otra vez para Len –la castaña miró hacia ambos lados, pero no encontraba al chico nombrado- ¿Dónde está?

-No lo sé –respondió Rin, pasando de página- imagino que buscando el libro.

Mizuki comenzó a reírse, aguantándose la risa en cuanto el ceño de Ena se juntó, mostrando su desaprobación.

-Si querías uno podía habértelo traído, no tenías que quitárselo –la regañó, pero la pequeña chica del lazo blanco pareció ignorarla, lo cual obviamente enfadó más a la artista– Oye, Rin…

Ena se acercó al pilar en el que estaban apoyadas.

Y en cuanto su mano tocó aquella pared gris.

Esta explotó.

No fue una explosión ruidosa,  ni dañina, solo un pequeño estallido que hizo que el pilar desapareciera y aparecieran un montón de pequeños triángulos de colores, muy parecidos a los que se creaban cuando se adentraban al sekai.

Instantáneamente después, Rin se cayó de espaldas, siendo la que más cómodamente estaba apoyada en ese triángulo gris. Miku consiguió apoyar su mano antes de acabar como su amiga.

-Agh… -el quejido de la rubia acompañado de un leve dolor en la cabeza que intentó ser amortiguado con la mano.

El sonido de la risa de Mizuki desapareció, y al igual que Mafuyu, se encontraba mirando aquellos pequeños cristalitos de colores con los ojos muy abiertos.

Toda inexpresividad que pudiera caracterizar a Mafuyu fue reemplazada por asombro.

Pero aun peor.

También por miedo.

-Ah… qué…

Ena se quedó mirando su propia mano, no sabiendo qué acababa de pasar, se veía asustada, no sabiendo que hacer a continuación.

De entre todas las presentes, quien se veía más tranquila era Miku, quien a diferencia del resto, solo miraba a Mafuyu.

Ante el sentimiento de sentirse observada, la letrista hizo lo mismo, contemplando como Miku la escaneaba.

Estaba intentando descifrar a Mafuyu.

Lo cual la espantó.

Acto seguido se levantó, dando un par de pasos hacia atrás, queriendo escapar de esa situación. Ante el movimiento, ya no solo Miku se encontraba mirándola, ahora todas la observaban, consiguiendo que el temor que pudiera sentir al principio se agrandara.

Muy en el fondo, sabía lo que acababa de ocurrir, pero aunque lo intentara, no conseguiría expresárselo al resto.

-Miku, ¿¡qué ha sido eso!? –gritó con cierto temor Ena, no queriendo acercarse a nada ni a nadie.

Durante unos segundos, el ambiente fue de absoluto silencio, ni si quiera Rin se atrevía a soltar ningún quejido o maldición por el golpe, ella también parecía entender un poco la situación.

Finalmente, Miku habló.

-El sekai está comenzando a cambiar.

 


 

-¡PERO ENANAN, NO SE TRATA DE CUALQUIER DESFILE, ELLA ES REALMENTE FAMOSA!

La estruendosa voz pareció sacar del trance en el que se encontraba Mafuyu.

No recordaba en qué momento se había comenzado a quedar dormida, pero la comodidad del sofá de Kanade y las copas que ya había ingerido esa noche, seguramente serían la causa de su cansancio momentáneo.

Aunque no duró mucho por la fuerte voz de Mizuki.

Después del bar, Ena y Mafuyu fueron hacia la casa de Kanade, en donde Mizuki ya las esperaba, allí continuaron tomando un poco más mientras hablaban y se ponían al día con sus vidas.

Los orbes recién liberados de su letargo escanearon la mesa, dándose cuenta de que habían más copas que hacía un par de minutos, sobretodo en la parte donde se encontraban Ena y Mizuki, la propietaria de la casa, por otro lado, solo tenía un único vaso que muy seguramente, no tendría nada de alcohol.

Cuando llegó a su parte de la mesa, sintió de nuevo el peso de todo lo que había tomado en esas pocas horas, muchas de esas copas, por culpa de Ena, quien no quería beber sola.

Siempre tan egoísta.

-No estoy interesada, la última vez que te acompañé el lugar estaba lleno, fue realmente estresante –hizo un par de gestos despectivos con la mano, no soltando en ningún momento su bebida.

-Enanaaaan… -un último intento de convencer a su presa para que la acompañara de nuevo a alguna de sus locuras.

Ena chasqueó la lengua molesta.

-Me deberás una, espero que lo sepas –dijo al final, llegando al fondo de su vaso de un solo golpe.

-Ena, creo que ya has bebido demasiado.

-Cállate –su voz sonaba incluso más irritada que de costumbre- soy lo suficiente mayor para hacer lo que quiera, voy a la universidad.

Si Mafuyu no estuviera tan cansada, quizás le hubiera replicado, pero su cabeza no estaba tan despejada en ese momento, por lo que prefirió simplemente dejarla ser.

Por otro lado, tampoco estaba de humor.

Ese recuerdo que había tenido mientras casi se quedaba dormida, había sido demasiado vívido, no era algo que quisiera recordar realmente.

Por un momento miró su última copa, pensando en si debería terminarla de la misma manera que hizo Ena, pero su raciocinio no estaba tan distorsionado todavía.

Colocó el vaso en su lugar, no probando ni una gota más de alcohol en lo que quedaba de noche.

Después de todo, sabía lo que le tocaría hacer a continuación.

 


 

El sekai estaba tan solitario como siempre, ningún sonido sobresalía del interminable fondo blanco, no importaba en qué dirección fueras, todo estaba carente de vida.

Unos resplandores junto a una pequeña melodía cambió eso, dándole el sekai la bienvenida a dos personas que desde el incidente con el triángulo que desapareció al toque de Ena, no habían vuelto a aparecer.

En cambio, Mafuyu fue todos los días para ver cómo se encontraban Miku y los demás, revisando cualquier sutil cambio visible en el entorno, no encontrando nada.

La única que consiguió que el sekai reaccionara había sido Ena.

La única que había conseguido que los sentimientos de Mafuyu sufrieran algún cambio.

-¿Ena no ha venido todavía? –Preguntó Mizuki mientras escaneaba el lugar.

-No creo que vaya a aparecer –explicó tranquilamente la dueña del lugar, sentándose en el pequeño escenario que decoraba el centro del sekai.

-¿Debería… ir a hablar con ella? –Kanade, como líder del grupo que era, se sintió responsable de su puesto, pero Mafuyu sabía que aunque fuera a hablar con Ena, no la conseguiría convencer para que viniera.

-No es necesario –respondió la letrista con la monotonía que la caracterizaba- Rin ha ido a hablar con ella.

Eso pareció aliviar a la peliblanca, pero Mizuki se veía inquieta, enredando uno de sus dedos con lo mechones que sobresalían de su coleta lateral mientras su mirada se intercalaba entre Mafuyu y lo que tuviera más allá de ella.

-Estoy segura de que acabará viniendo –intentó calmar el ambiente, sabiendo que ninguna de las otras dos chicas era demasiado habladora, no quería crear una situación incómoda, así que se intentó encargar de la situación- Enanan es una cabezota, pero realmente le gusta este lugar –pateó el suelo ligeramente con el zapato mientras se balanceaba de un lado a otro.

-Pero con lo que pasó el otro día…

Los intentos de Mizuki de hacer más amena la situación fue rápidamente opacado por el recuerdo de Ena terriblemente asustada, saliendo apresuradamente del sekai mientras maldecía al aire.

-Eso fue… extraño –los sutiles y armoniosos movimientos que estaba haciendo la diseñadora fueron abruptamente detenidos, volviendo a pasear su mirada a la letrista, no estando muy segura de si continuar con lo que iba a decir.

-Está bien –Mafuyu pareció ser consciente de todas las preguntas que le estaban haciendo entre las pausas- cuando venga hablaré con ella.

La pelimorada sabía lo que tenía que hacer, pero aunque su voz y sus palabras sonaran tan neutras como de costumbre, un ruido la estaba ensordeciendo, algo armonioso pero molesto la estaba intentando sacar de esa faceta fría y sin expresión.

A continuación, sacó su teléfono, desbloqueándolo y activando la cámara.

Un pequeño flash la hizo parpadear por un segundo, pero la foto acabó saliendo bien.

Cuando comprobó la fotografía, se veía como siempre, nada de lo que ella creía que estaba experimentando se reflejaba.

La misma melodía que había sonado hacía escasos minutos volvió a surgir, ganando la atención de todas las personas que se encontraban alrededor. Una chica con una vestimenta rosa y marrón, con cabello castaño suelto excepto por una pequeña trenza con un listón blanco, apareció delante de ellas.

-¡Enanan~! –Mizuki se acercó a ella, abrazándola.

-Sí sí –con una mano alejó su rostro, mientras que la otra chica solo intentaba acercarse más- como sea, estaba ocupada con la ilustración de la nueva canción, por eso no había podido venir todavía.

-Lo dices como si no me hubiera costado quince minutos convencerte para que vinieras –Rin con un rostro un poco molesto habló detrás de ella.

-¡Rin! –La advirtió con la voz, pero no hizo ningún efecto en la rubia, ante eso, gruñó levemente.

-Me alegro de que hayas podido venir, Ena –las palabras suaves de Kanade derritieron cualquier posible ceño fruncido que pudiera tener, suavizando las facciones de la castaña- tenía pensado hacer una reunión sobre el rumbo de la siguiente canción pero… -su mirada se posó dubitativa en Mizuki, quien se despegó rápidamente de Ena y comenzó a hablar con algunos gestos un poco exagerados.

-¡Oh, pero que tarde que es! –La pelirosa sacó su móvil, mirando la pantalla en negro, el cual no se dignó ni a desbloquear- Kanade, ¿no dijiste que Mochizuki-san estaba en camino? Te debe de estar esperando –con una sonrisa socarrona se acercó a la compositora, mientras la expresión de Ena se volvía blanca.

-¡Espera! ¿¡Qué!? ¡Mizuki, son como la una de la mañana, que estás diciendo!- El sekai que había sido silencioso hacía menos de cinco minutos se convirtió en uno demasiado ruidoso por la irritabilidad de Ena y las risas poco camufladas de Mizuki.

-¡Eso me recuerda que hoy iba a tener una video llamada con mi hermana! –Posó sus manos contra sus labios, como si representara sorpresa, pero realmente solo estaba escondiendo malamente la risa que no tenía fin.

-¡Oh venga, tienes que estar bromeando! –La pintora rodó los ojos con exasperación- ¡Ni si quiera tú te crees lo que estás diciendo! –Ante eso, Mizuki dejó de intentar hacer menos evidente su diversión por la situación.

-¡Bueno chicas, nos vemos luego en Nightcode! –Por un momento sus ojos recorrieron la figura de Mafuyu- ¡Mucha suerte!

-¿¡Qué!? ¡¡Oye espera, Mizuki, Kanade!!

La pelirosa se acercó afectivamente a la líder del grupo, ayudándola a sacar el teléfono para luego desaparecer las dos.

-Se han ido.

-¡Eso yo también puedo verlo, a que viene todo esto! –Su enojo ahora fue totalmente dirigido a Mafuyu- ¡estaba realmente ocupada dibujando en mi habitación, no era ninguna excusa!

-Yo tampoco sabía que se irían –elevó los hombros con indiferencia.

Ena abrió la boca en varias ocasiones para replicarle, pero finalmente no dijo nada, solo masculló por lo bajo, cruzando sus brazos sobre su pecho, casi parecía que en cualquier momento su cabeza comenzaría a echar humo.

Mafuyu sabía perfectamente las razones detrás de las acciones de Mizuki, no estaba segura si la reacción tan obvia y los gestos tan exagerados eran parte de su juego o realmente era tan mala disimulando una mentira. En cualquier caso, sabía lo que tenía que hacer a continuación, solo necesitaba arrancar de alguna manera.

-Puedes sentarte si quieres.

Ante eso, la castaña se puso tensa.

-Tengo cosas que hacer, volveré a mi habitación –la funda rosa de su teléfono asomándose entre el contraste de blanco y gris del sekai alertó a Mafuyu.

Mientras Ena pulsaba un par de botones, la letrista se movió rápidamente hasta la castaña, cogiéndole la muñeca, no queriendo que desapareciera como si nada.

De nuevo ese molesto sonido, me taladra la cabeza.

-Ah… -la sorpresa de la artista fue evidente, mirando fijamente a Mafuyu, teniendo que elevar levemente la cabeza por la diferencia de altura.

En lo general, la pelimorada no era una persona predecible, aunque sí bastante simple, por lo que acciones como esta, que no encajaban con su personalidad, dejaban un impacto demasiado grande en la otra persona.

-Me gustaría hablarte de algo –comenzó, sin soltar su muñeca en ningún momento.

Todo estaba volviéndose cada vez más extraño, los orbes marrones miraron a diferentes lugares, no queriendo enfrentar los mares oscuros que representaban los ojos de Mafuyu.

Ahí fue cuando se dio cuenta de que Rin se había ido, o mejor dicho, que no había nadie cerca excepto ellas dos.

-¿Qué diablos pasa? –en esta ocasión, sus palabras no salieron tan mordaces como había intentado, su tono era suave.

-Lo que ocurrió el otro día en el sekai, no fue culpa tuya –sus dedos comenzaron a trazar pequeños círculos en la muñeca de Ena, consiguiendo que esta fuera demasiado consciente de ese toque.

Un leve sonrojo se apropió de sus mejillas.

-¿Qué quieres decir? –agudizando los ojos, los clavó en los de su compañera, pero no duró demasiado tiempo, por alguna razón, la intensidad con la que Mafuyu la estaba mirando era abrumadora.

Sin separarse, Mafuyu sacó su teléfono, desbloqueándolo y entrando en la galería de fotos para posteriormente, entregárselo a Ena. Sin mediar ninguna palabra, insistió hasta que la castaña lo cogió, completamente confundida.

-Mira –señaló la carpeta de las fotos del teléfono.

Con ligereza fue pasando las imágenes, eran la gran mayoría selfies de Mafuyu.

-No estás siendo clara –dejó de mirar el aparato para enfocarse de nuevo en la otra chica- y estás siendo realmente molesta, solo son fotos tuyas.

-Una vez me dijiste que cuando sintiera algo, me sacara una foto de mi misma, de ese modo, podría ver el rostro que estoy haciendo. –sus palabras fueron claras pero con una sutil suavidad que enterneció ligeramente el corazón de la castaña.

-Te dije eso… -reconoció por lo bajo, volviendo a mirar las fotos, siendo más consciente de las expresiones que hacía Mafuyu- en la mayoría tienes siempre la misma expresión molesta de siempre –su dedo continuó pasando una y luego otra- pero en algunas sonríes un poco…- susurró

Como si fuera contagiosa, las comisuras de los labios de Ena se elevaron.

La pelimorada continuó viendo como la artista pasaba las imágenes, pero algo fallaba.

-¿No te has dado cuenta? –cuestionó, moviendo la cabeza hacia uno de los lados como símbolo de duda mientras apretaba la mano de Ena.

Ahí fue cuando la castaña fue consciente de que la mano que antes le sujetaba su muñeca, ahora acaparaba toda su palma, manteniendo sus dedos entrelazados con los de Mafuyu.

De nuevo ese molesto sonrojo inundó su rostro, mirando hacia otro lado, esperando que la chica más alta no fuera consciente de cómo habían comenzado a sudarle las manos.

-Como ya te he dicho, no estás siendo clara –suspiró, parecía doloroso- no entiendo a dónde quieres llegar con esto.

Mafuyu parpadeó un par de veces, seguramente Ena tendría razón y solo estaba dando círculos en una misma dirección, es por ello que se acercó a donde su móvil era sujetado, siendo ahora ella la que pasaba las imágenes de la galería.

-Me dijiste que me sacara fotos cuando sintiera algo –continuó pasándolas- y en casi todas ellas, estás tú –acabó llegando a una en donde se podía ver a Ena dormida contra un triángulo gris, usando el hombro de Mafuyu como almohada.

-Tu sonrisa es tan bonita… -balbuceó la menor por la imagen, en ella, el rostro de Mafuyu no era tan plano como siempre, se veía una felicidad genuina.

Ena apretó la mano de Mafuyu, deseando que sus palabras no hubieran sido escuchadas, procurando mantener ahora la boca cerrada.

-No sé en qué momento comenzó, pero cuando vi las fotografías, me di cuenta de que eras quien generaba esos sentimientos que no comprendía.

El rostro de Ena estaba completamente rojo, no podía elevar la mirada, sus ojos estaban completamente fijos en el teléfono.

Sabía perfectamente de lo que Mafuyu estaba hablando.

Eso solo conseguía que sus manos se calentaran más, su corazón comenzara a taladrarle el pecho y su pequeño cuerpo temblara.

-Mafuyu, eso… -se mordió el labio, no se atrevía a continuar hablando, aunque una parte de ella se encontrara feliz, otra mucho mayor la estaba inundando de dudas y miedos.

No podía creer que esto fuera real.

La pelimorada podía sentir como la castaña temblaba, no sabiendo las razones que llevaban a esto, solo siguió haciendo lo que creía que debía hacer en esta situación.

Ser sincera.

Bajando el móvil que en cualquier momento se caería de la mano de Ena, se lo guardó para luego aprisionar sus manos libres en una, al igual que la otra.

-Me gustaría seguir explorando estos sentimientos, Ena.

Por primera vez, la castaña elevó la vista, sus orbes marrones estaban aguados, pero aun así, no había ningún signo de tristeza en ellos.

 


 

El dolor de cabeza hizo acto de presencia, era normal, la noche anterior había bebido, y aunque no fue suficiente como para que se emborrachara, la resaca era innegable.

Se pasó la mano por la frente.

Ese sueño había sido de cuando se confesó a Ena, si es que se le podría llamar a eso confesión. Después de ese incidente, comenzaron a salir y así estuvieron por dos años.

Hasta que finalmente rompieron.

Un nudo se estableció en su garganta, pero no podía hacer nada al respecto.

Fue hasta la cocina, buscando una pastilla para la resaca y un poco de agua, tomándolo todo de una para finalmente volver a dirigirse a su habitación.

Como bien había predicho, todo se desarrolló igual que siempre.

Ena se encontraba durmiendo plácidamente en el otro lado de su cama con uno de sus pijamas, el cual le estaba un poco grande.

Mafuyu levantó levemente las cortinas, entrando por primera vez en esa mañana un poco de luz solar, al principio le dañó los ojos por el dolor persistente de cabeza, pero se acabó acostumbrando, al contrario de la persona que seguía intentando dormir.

-Mafuyuu… cierra, me duele la cabeza… -se quejó mientras se escondía entre las sábanas.

-Te he traído una pastilla para la resaca, tómatela –la dejó junto a un vaso de agua encima de su mesita de noche.

Ena acabó abriendo uno de sus ojos.

No se veía para nada sorprendida, al fin y al cabo, ella también tenía interiorizada la idea de que se iba a despertar en la casa de Mafuyu.

De un sorbo se tomó lo que se le había traído, acto seguido, volvió a enredarse entre las sábanas.

Mafuyu la miró con cierta pereza en su mirada, pero tampoco le importaba demasiado esa actitud infantil de la castaña.

-¿Dónde vas? –preguntó Ena al ver como la pelimorada salía de la habitación.

-A la ducha, ayer por la noche no pude ir.

-No, espera, ven aquí –la castaña le señaló el otro lado de la cama.

Era extraño que la artista pidiera algo de manera tan sincera, aunque mantenía su tono egoísta y demandante.

Mafuyu se acercó y se tumbó a su lado obedientemente.

Un pequeño bulto de entre las sábanas se acercó a la más alta, rodeando su cintura con los brazos. Visto desde la posición de Mafuyu era un poco enternecedor, pero no se atrevió a decirlo en voz alta por si la otra persona se arrepentía de sus acciones.

-Oye, Mafuyu –la susodicha comenzó a acariciar lo que suponía era la cabeza de la más pequeña, con un sonido de interrogación alentó a Ena a continuar- ¿Por qué tuvimos que romper?

-Si a la otra chica no le gustaba como eras, este resultado es el mejor.

-No hablo de eso –se removió un poco, dudosa, después de casi un minuto, continuó- …hablo de nosotras.

Todo movimiento que pudiera haber estado haciendo fue detenido. De entre muchos temas de conversación, ese no era uno que se esperara.

De nuevo aquel nudo en la garganta hizo aparición.

-¿Sigues borracha? –preguntó muy en serio.

-Me gustaría estarlo –se acurrucó más cerca- esto sería más fácil así.

Mafuyu suspiró, algo bastante inusual para ella.

-No lo sé –se sinceró- tampoco sé realmente quien rompió con quien.

Ciertamente, todo fue a raíz de una discusión de la cual no recuerda el tema, pero las razones si las puede recordar.

Al fin y al cabo, estuvo muchos meses pensando en ello.

Todavía lo sigo haciendo.

-Tampoco lo recuerdo –fue un murmuro tan leve que dudó de haberlo escuchado- pero seguramente mi orgullo jugó un gran papel ahí –esta vez sonó un poco más alto, con un pequeño tono burlón, intentando hacer la conversación menos seria de esa manera, pero no resultó.

Silencio.

El sonido de las manecillas del reloj de pared era agobiante.

-Mi cobardía también fue un problema.

Era extraño que el ambiente hubiera acabado desembocando en eso, de normal, después de una borrachera por alguna razón estúpida como una ruptura con una chica de la cual ni recordaban el nombre, se acababan quedando juntas al día siguiente, se abrazaban en la mañana y luego cada una se iba por separado, como si ese pequeño momento de consuelo que se regalaban cada una no hubiera existido.

Pero nunca hablaban de su relación pasada.

Ni mucho menos de su ruptura.

Un murmullo amortiguado por las sábanas sacó a Mafuyu de sus pensamientos, acarició la espalda de Ena en círculos para alentarla a que lo dijera más alto para que la escuchara.

-Lo siento… -dijo finalmente, aplastando su rostro contra el torso de Mafuyu, siendo ahora otra pared que opacaba su voz.

La pelimorada no estaba muy segura si le estaba costando respirar por el abrazo que estaba recibiendo de la chica escondida entre sus sábanas, o por la creciente ráfaga de sentimientos que la estaban inundando, era algo que sentía tan pocas veces que era terriblemente abrumador.

-Está bien –fue bajando, escondiéndose ella también entre sus telas blancas- está bien, Ena, yo me siento igual.

La castaña no dijo nada, solo disfrutó del calor de la otra, apreciando como sus sentimientos seguían siendo mutuos después de un año.

En una de las mesitas de noche, un móvil con una funda plana de una tonalidad violeta, iluminó la pantalla a raíz de un mensaje de una pelirosa.

Detrás de aquel mensaje, se podía apreciar una fotografía de una chica castaña durmiendo en el hombro de una chica pelimorada, quien mostraba una genuina sonrisa.

.
.
.
FIN

Notes:

Hacía como un año y medio que no escribía nada, tenía muchas ganas de aportar algo al fandom de MafuEna porque realmente adoro esta pareja y estoy muy metida actualmente, por lo que estoy bastante feliz de haber podido salir del bloqueo y escribir esto hasta el final, espero poder aportar más en un futuro, pero de momento, puedo estar contenta.

Espero que lo hayas disfrutado.

Twitter: Vincle_SM