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Joel Se Siente Como en Casa

Summary:

Joel Miller está enamorado, así de simple

Notes:

Ay, estoy loca por Joel Miller desde que jugué The Last Of Us hace unos años, y ahora con la serie por fin al aire tengo una muy buena excusa para escribir sobre él.

Este corto es realmente algún bobo fragmento que sale de mi cabeza cuando intento escribir una historia más larga. El OC está descripto lo menos posible, pero tiene un nombre propio. Ojalá alguien disfrute de Rebeca y Joel tanto como yo.

Tal vez algún día termine por fin de escribir un fanfic de Papi Joel

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Contexto: Joel solo ama a dos personas en el planeta.

Joel

La amaba, maldita sea; Joel conocía ese sentimiento que en algún punto de su vida consideró muy juvenil y superficial. Al principio el ardor en el pecho cuando le oía hablar, su innegable necesidad de verla constantemente o de tan solo mantenerla cerca. Era un viejo sin remedio alguno, desecho por los años, roto por las pérdidas y, aun así, con todas las dolorosas lecciones que la vida le había dado, se enamoró perdidamente de Rebeca Butler.

             Tal vez había sido la tranquilidad y seguridad de Jackson, su proximidad con Ellie, lo que lo habían dejado vulnerable a dejarla entrar. Se negó a ello por décadas, y luego, simplemente, había bastado menos de un año para estar ahí, acostado con ella en su cama mientras la miraba dormir. Rebeca era la cosita más bella que vio en años, y Dios lo perdonara por haberse fijado en alguien veinte años más joven; también que lo tragase el infierno si alguien le separaba de su lado; creía no arrepentirse de nada, ni de haber sacado a Ellie de ese hospital ni de haberse dejado llevar por esta mujer. Tal vez, solo tal vez, podría aspirar a vivir como siempre lo quiso.

             Pacíficamente en una casa acogedora, al lado de su familia. La que ahora tenía.

Pero... ; todo lo que amaba terminaba de alguna forma: muerto, roto, maltratado; cualquiera de los adjetivos que indicara una destrucción que lo dejaba quebrado. Y no quería, por nada de este planeta que Becky, la dulce y adorada Dollface terminase igual que todo lo que en una ocasión amó. A diferencia suya, Rebeca había vencido sus demonios, sus dolores y fantasmas; Joel lo sabía; porque le conocía, estaba al tanto de su historia, de todo su viaje hasta convertirse en la única cirujana conocida en el lado oeste del país; en alguien diferente a quien fue cuando vivía como La Parca fuera de los muros de Jackson.

             Y estaba celoso de ello, muy en su interior, envidiaba que Becky se hubiese rehabilitado, que hubiese visto la luz en medio de toda su oscuridad. Quería ser ese tipo de persona, ese tipo que alguna vez se sentó a reflexionar cada uno de sus movimientos para encontrar la causa de todos sus miedos y ambiciones, quería ser el tipo de persona que se arrepentía y trabajaba en ello. Pero nunca, jamás en su maldita existencia se había sentido de alguna forma culpable por algo más que perder a Sarah; y si algo había que entendía, era que aquello no volvería a repetirse. No sentiría ese tipo de dolor nunca más; la horrible pérdida de alguien tan amado. No se arrepentía de haber matado a quien hubiese matado, o de haberse llevado de Ellie con él, de haberle preservado con vida; el mundo no merecía su sacrificio, ni siquiera él mismo lo hacía. Joel lo haría todo de nuevo, sin importar nada.

Pero con Rebeca... este fuerte sentimiento de pertenencia casi espiritual que lo elevaba a un nivel diferente cuando estaban juntos; era aterradora. No iba a negar que, en algún punto de su vida, durante los más de veinte años que el mundo llevaba muerto, el amor había tocado a su puerta. Pero fue el más grande de los idiotas al no dejarlo entrar de forma alguna, sustituyéndolo por una extraña mezcla de compañerismo y lujuria que para su pareja parecía ser suficiente. Tess no había pedido que sintiera lo mismo, recibió lo que él tenía para darle y él nunca pudo darle que lo ella merecía. Bueno, tal vez si había algo de lo que se arrepentía; Tess mereció algo mejor.

Y probablemente Rebeca también merece más que esto; más que la pobre muestra de amor que puede entregarle. Pero no le importa. Es un malnacido viejo egoísta que no va a dejar que el mundo se la arrebate. Va a cuidar de ella, a protegerle como sea posible todavía cuando ella no sienta lo mismo.

             ─ ¿Qué hora es? ─ la voz de Rebeca se coló en sus oídos, ronca por el sueño, mientras aun mantenía sus ojos cerrados ─ Vuelve a dormir, viejo.

             Había gracia en su voz, ella sabía que le observaba. Rebeca abandonó su posición original ─ boca arriba ─ y se acurrucó contra el cuerpo de Joel mientras le rodeaba el torso con los brazos cálidos; escondiendo la cara en su cuello para atraerlo a que le aplastara con su peso contra el colchón. Era algo que Joel entendía que a ella le gustaba, que le diese calor con su cuerpo. Una acción, que más que sexual, era un acto amoroso poco interesado, reconfortante y cómodo. Y a él le encantaba abrazarla de vuelta, oler el aroma del jabón en su pelo; y sentir su piel desnuda contra la suya.

             ─ Aún no amanece ─ él le dijo con las palabras amortiguadas sobre la cabeza de su mujer. Por supuesto, Rebeca ya lo sabía, no existía forma en que ella estuviese despierta antes de las siete de la mañana; a menos que él le hubiese mantenido sin dormir.

             Le acarició la cintura y le abrazó con cierta fuerza mientras cerraba los ojos; dormir últimamente se le hacía una tarea relativamente fácil. Las pesadillas eran menos frecuentes, y si es que acaso las había, siempre se levantaba y podía ver a Rebeca justo al lado; descansando plácidamente; y le rodeaba con los brazos, repitiendo en su cabeza que Ellie dormía en su propio lugar, lejos del peligro, arropada, bien alimentada. No había nada que temer, era capaz de proteger a quien debía proteger.

             ─ Tuviste otra pesadilla ─ Rebeca afirmó, segura de si misma con la respiración atorada en el cuerpo de Joel.

             ─ ¿Qué te hace pensar eso? ─ le preguntó él, apartándose un poco para poder ver el rostro de Becky. Ella le miraba con los ojos entrecerrados por el sueño interrumpido; su mano delgada le acarició la barba en un gesto suave y reconfortante que inmediatamente le relajó.

             ─ Tu corazón late con fuerza ─ le dijo Rebeca con cierta preocupación en la voz.

La cálida mano de Becky le tocó el pecho, justo sobre el corazón acelerado. Y en aquel momento no supo decirle si era por el recuerdo doloroso de su reciente pesadilla o si era por ella; La mujer acostada a su lado. Rebeca le regaló una sonrisa adormecida, alardeando sobre su habilidad de leerlo fácilmente. Y Joel no sabía exactamente qué hacer con ella. Iba concederle ese pequeño lapsus de victoria, porque era en momentos como aquel, en medio de la noche, en la vulnerabilidad de lo tranquilo de su habitación perfectamente acomodada, que podía regalarle cosas como esas. Dejarle entrar.

Se da cuenta enseguida que acostarse con ella fue el primero de los pasos que lo llevaron hasta su situación actual. Y en cualquier otra circunstancia, se hubiese dicho a si mismo que un adulto funcional podría apartar sus emociones y dejarlas bien guardadas en un baúl; pero esto fue... inesperado, no planeado, todavía con sus intenciones de mantenerlo en lo físico. El Joel de hace un año se reiría de el mismo si escuchara sus pensamientos. El Joel de un año atrás nunca admitiría para si mismo que amaba a alguien de la forma en la que lo hacía con Rebeca. El Joel de ahora, lo admite, para él mismo, nada más; decirle a Becky algo sería un suicidio.

             Sonríe, involuntariamente. El Joel de hace un año nunca viviría con este tipo de paz.

             ─ Oye, me asustas ¿Estás bien? ¿Por qué sonríes? ─ Rebeca susurró, como si alguien más intentara oír su torpe conversación.

─ No lo he hecho ─ inmediatamente volvió a su expresión poco comunicativa, la misma que siempre llevaba pegada a la cara ─ Vuelve a dormir ya...

             Rebeca no le hizo caso, como siempre; lo apartó lentamente para salir de la cama. Joel le observó atentamente mientras ella se rascaba los ojos y buscaba su ropa en el suelo.

             ─ ¿A dónde vas?

             ─ Al baño ¿Sí? ─ Rebeca le respondió sin nada más que cansancio en sus expresiones; cuando encontró su camiseta desapareció en el pasillo.

             Joel terminó poniéndose un par de pantalones y su camiseta, para cubrirse del fresco que comenzaba a colarse por la ventana, gracias a la entrada del otoño. Cuando Rebeca regresó a la habitación, se recostó a su lado de nuevo y le abrazó con cariño mientras pegaba su cara al hombro de Joel. Silencio llegó luego, le escuchó respirar pacientemente, con calma; tomó la mano de Becky entre la suya sobre su propio pecho e intentó volver a conciliar el sueño. Quería saber como era posible que ella durmiera con tanta facilidad; porque él, aun con todas las cosas buenas que le pasaron a lo largo de aquel tiempo en Jackson, dormir era si menos complicado, pero no dejaba de serlo. Cuando quería dejar de pensar en ciertas cosas, no podía simplemente no hacerlo, querer evadirlo significaban horas de ensimismamiento infernal. 

             Todas esas escenas en las que lo pierde todo se repiten una y otra vez en su cabeza, es involuntario; concentrarse en la respiración de Rebeca parece ser el mejor remedio de todos. Oler su pelo, sentir su piel bajo los dedos. Pequeños placeres que la vida le había dado hasta ahora.

Oye, Joel... ¿Estás despierto? ─ oyó el susurro de la voz de Ellie bailar en la habitación; y en un principió creyó que se trataba de uno de los recuerdos terroríficos que habitan su cabeza, pero al abrir los ojos le miró parada en el umbral de la puerta de la habitación. Su rostro bañado en un tono pálido y atemorizado que le erizó la piel.

             Involuntariamente, sin pensarlo dos veces, se incorporó. Rebeca, todavía en pleno camino a volver a dormir, se quejó un poco por la repentina acción de Joel y luego abrió los ojos para mirarle desde su lugar.

             ─ ¿Ellie? ¿Sucede algo? ─ Joel intentó agudizar el oído, esperando que algún sonido afuera le diese indicios de problemas presentes, pero no encontró absolutamente nada.

             Sin embargo, Ellie parecía aún más joven y vulnerable de lo que probablemente era; el pelo revuelto, el buso cubriéndole el cuerpo y sus pantalones de pijamas con osos le devolvían el aire de una adolescente del viejo mundo; el mismo que tendría si su vida no hubiese sido nunca tan complicada. Esa cara suya era lo que le preocupaba. Parecía haber visto un fantasma.

─ Yo... no sabía que Becky... ─ Los ojos claros de Ellie se posaron en la figura somnolienta de Rebeca y dio un pequeño paso para intentar irse. Sin embargo, pareció pensarlo mejor cuando su mirada se perdió en algún lugar escaleras abajo ─ ¿Puedo... dormir con ustedes?

Ellie se apretaba las manos frente a su propio cuerpo, inquieta, pero evidentemente cansada. Joel no sabía que decirle; habían dormido espalda con espalda por meses enteros, cuando sus vidas corrían constante peligro. Desde que Jackson se convirtió en su hogar, sus noches se convirtieron en algo más... normal, cada uno en su espacio; ella en su garaje, él en su habitación; si hablaban de cosa alguna lo hacían mientras desayunaban. Tal vez, también tuvo algún tipo de mal sueño que no se olvidaba con nada.

             ─ Ven ─ Rebeca respondió con dulzura, antes de que siquiera Joel pudiese hacerlo. Y el rostro de Ellie cobró un brillo de alivio mientras asentía agradecida.

             Joel se sintió, por un momento, sofocado; mientras el corazón se le hacía pequeño en el pecho por la sensación de familiaridad. Por esa extraña emoción que le llenaba el alma. La emoción, el sentimiento de estar en casa; donde pertenecía. Ellie caminó a través de la habitación y se puso del lado de Rebeca; la mujer le abrió las frazadas y la niña entró a acurrucarse a su lado como si la acción fuese ya habitual. Becky le dio la espalda a Joel, Ellie se hizo bolita al lado de ella mientras una de las delgadas manos de Rebeca le acomodaba el pelo. De nuevo le invadió la nostalgia, el puro deseo de congelar el momento exactamente ahí, y no volver a ver nada más.

─ ¿Quieres hablar de ello? ─ Preguntó él, y Ellie negó con la cabeza soltando un suspiro entrecortado, le miró a través del cuerpo de Rebeca con los ojos brillando en una mezcla extraña de serenidad y melancolía ─ Bien... buenas noches.

Cualquiera que no lo conociera, creería que estaba siendo poco expresivo y que no le interesaba realmente saber lo que pasaba. Pero entendía que hablar de las cosas no siempre lo solucionaba todo; a veces con tan solo estar ahí para el otro era totalmente suficiente. Hizo exactamente aquello, solo... estar. Se acomodó para tener la espalda de Rebeca contra su pecho e intentó dormir como si nada más sucediera en realidad.

Joel entendía y constantemente reflexionaba sobre la cercanía entre Ellie y Rebeca. Desde el primer día en que se vieron en la represa, cuando la mujer le salvó el de morir a manos de uno de los cazadores; ambas habían congeniado a un nivel intrigantemente familiar. Y cuando se volvieron a ver, no había día en el que no estuvieran juntas al menos por cinco minutos. Se pregunta, de nuevo, si eso le condicionó a él mismo a mirar a Becky de maneras diferentes; intentando encontrar a una madre para Ellie. No, si bien su amistad con la niña era tal vez una razón, no era La Razón. Joel quizá nunca lo entendería, pero era capaz de vivir con ello si Becky y Ellie siempre estaban aquí.

             La manito de Ellie tanteó entonces sobre el costado de Rebeca, y encontró la mano de Joel en un inocente gesto que derritió su corazón de piedra al punto de hacerle sentir ese nudo en la garganta que en ocasiones lo obligaba a respirar profundo para no llorar. Intentó mirarle sobre el hombro de Rebeca ─ Ya dormida como un bebé ─ y no encontró más que los ojos cerrados de Ellie, su cabeza castaña contra la almohada, muy cerca del pecho de Rebeca.

             ─ Buenas noches, Joel ─ susurró Ellie, tranquila y apaciguada por el calor del hogar; y tal vez murmuró alguna cosa más que él no pudo distinguir, antes de dejar que Rebeca le abrazara para seguir durmiendo.

             Joel entonces tomó la mano de Ellie sobre el cuerpo de Rebeca, y cerró los ojos. Su cuerpo tranquilo al igual que su mente; porque en aquella habitación estaba todo lo que le importaba; todo por lo que vivía. Ambas a salvo, juntas, en confianza. No podía pedir nada más que aquello.

             Las amaba, malditas fueran. Y era de lo único que estaba seguro; de lo que nunca se arrepentiría.

Notes:

Me encanta Ellie siendo amada incondicionalmente

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