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Aún recordaba aquella melancólica noche. Ayato llegó a su límite y se rompió frente a él cuando le arrastró a su habitación, apenas se arrodillo frente a su mesa de juegos Su madre había muerto aquella misma tarde, quien fuera su confidente, la persona que más le amó y su mano derecha en el corto proceso que le acompañó. Se encontraba angustiado, devastado y asustado, pero lo que más temía era el ser incapaz de llevar el carga que su padre le había confiado antes de fallecer, aquel cargo que por generaciones llevaron sintiéndose agradecidos ante la benevolencia de la Shogun.
“Si así lo deseas, puedes irte”, le dijo entre lágrimas, sorbiendo su nariz de vez en cuando. “No te voy a obligar a quedarte, no quiero que veas si llego a fallar”. Su voz hipaba tal cual como un niño, aun recordaba que años atrás lo hubiera hecho luego de una caída con raspón incluido.
Apenas cumpliría 15 años en un par de meses, Ayato estaba colapsando física y emocionalmente, apenas dos meses atrás su padre falleció. El era menor por tres años y la pequeña Ayaka tenía 8 años, de igual manera estaba siendo difícil para ella, pero él siempre estaría de apoyo para ambos hermanos, esa era su última decisión. Sabía que los Kamisato ya tenían trazado su futuro, cosa incierta si se hablaba sobre su persona.
“Nunca te dejaré solo”, el rubio se arrodilló al lado del nuevo líder del clan, limpiando aquellas lágrimas con las mangas de su camisa. “Cuando una pareja contrae matrimonio en Mondstadt el juramento que usan dice En la salud y la enfermedad… Eso significa que estarán en los momentos buenos y en los momentos malos que pasen. Estaré a tu lado aunque fracases o triunfes, además que quiero seguir cuidando de Ayaka y de ti.”
Eso solo logró que Ayato llorara con más fuerza. Estaban encerrados en esa habitación que se encontraba alejada de todos y la soledad pegaba con más fuerza debido a que se estaba preparando la ceremonia para despedir a la matriarca de la familia Kamisato. Ayaka se durmió luego de llorarle a la mujer y Thoma se encargó de que nadie la molestara.
Aquella noche fue la primera en la que compartieron cama, en el futuro lo harían como una pareja en total regla.
Poco después recibió su visión pyro, se volvió un acompañante del comisionado en algunas aventuras en su tiempo libre, además de los entrenamiento y la organización en la finca.
Desde que se volvieron una pareja Ayato cada noche iba a su habitación y le daba un corto beso en los labios, de vez en cuando le llevaba cerezos o simplemente iba a quejarse de los demás líderes del Shogunato, había pasado una semana desde que no llevaba a cabo aquellas acciones. En su momento le preocuparon, pero cuando los demás criados comentaban que se estaba esforzando mucho en el trabajo del mes dejo de pensar con egoísmo y seguía su promesa de siempre estar ahí, aun si sentía un poco abandonado.
“Trabajas demasiado”, Thoma limpiaria aquel día la oficina del hombre, pensaba que él estaría en su cama aun.
Ayato parecía no haberse levantado en algunos días de aquella odiosa silla de la que siempre se quejaba.
“Aun no acabo, solo dame una hora más y prometo que no regresaré aquí hasta dentro de dos días”, el comisionado objeto cuando fue jalado fuera del escritorio.
“Kamisato Ayato”, le regaño el rubio bastante hastiado ante la actitud trabajolica de este. “Se supone que la señorita Ayaka ya te puede ayudar de forma oficial, descansa un poco más y deja que ella te demuestre que también es parte del clan.”
Luego de que el viajero les ayudará un poco en los asuntos políticos, Ayato y el consejo consideraron que la chica podría tomar un puesto más activo en la organización de diversos eventos, sobre todo con el turismo que estaban viviendo en los próximos meses luego de la apertura de fronteras. Aunque Ayato se sentía preocupado en todo aspecto, no quería que su hermana fuera reprendida como él en el pasado, ni que sintiera la amargura del fracaso. Ni que llegara al nivel de estrés que él demostraba en aquellos momentos.
“Solo dejame acaba esto y me voy a dormir, te lo prometo”, el mayor le robo un pequeño beso, dejando su rostro bañado en un leve carmín. “Espérame en mi habitación”.
“Tengo trabajo el día de hoy”.
Al final la expresión de cachorro del comisionado terminó ganando la disputa. Intento dormir en la cama ajena, pero es que su cuerpo ni siquiera podía dormir en su propia cama a esas horas de la mañana. Se escabulló a su habitación por su equipo de costura y tejido. Aprovecho para remendar algunas camisas que Ayato, las cuales terminaron así en algun entrenamiento.
Iban a cumplirse tres horas desde aquella promesa cuando la puerta se deslizó y el mayor entró arrastrando los pies. No había volteado en absoluto y le buscaba con el tacto por la extensa cama.
“Dijo que una hora era suficiente, comisionado Kamisato”, el rubio aprovechó la desventaja y se subió a horcajadas sobre el cuerpo en la cama, Ayato se quejó levemente cuando Thoma acaricio su espalda baja.
Aunque los demás dijeron que aún era muy joven para sufrir de dolores de espalda y quejarse como un anciano, el comisionado sufría debido a las horas extensas en la oficina o los viajes al santuario o al centro de Inazuma.
“Relájate”, Thoma le ayudó a desvestirse y ponerse la pijama, le mandaría a dormir no sin antes darle un merecido masaje. De vez en cuando le consentía de esa forma, y Ayaka adoraba sus masajes de tobillos y pies.
“Trabajo porque quiero darte lo mejor”, aquellas palabras las escuchó una infinidad de veces. No tenía nada en contra de los deseos de superación de Ayato y de su notable sadismo, de hecho le encantaban por demás.
“Te lo dije aquella vez, en las buenas y en las malas”, su señor le obligó a acostarse frente a él, observando al contrario mientras hablaban.
“¿Y si te aburres?”
“Nunca.”
Thoma acarició las mejillas ajenas y continuó al lado del mayor mientras este dormía, El comisionado habló con algunos empleados de cómo Thoma se encontraba un poco débil de salud por lo cual estaría cuidando de él en su habitación, además buscando quien podría cubrirlo por aquellos días.
Sabía que no podría escapar de aquella habitación por ese fin de semana, terminó tres bufandas, jugó ajedrez y cartas con el mayor, e incluso aceptó un poco de vino en su estadía, tal vez resultó como su captor quería de todos modos.
Ayaka tendría su primer festival aquel fin de semana, estaba nerviosa pues invitó al viajero con la pequeña Paimon. Sería el primer evento organizado únicamente por ella, quería que fuera del agrado de los habitantes y extranjeros.
Ambos se vistieron para el último dia de este, donde Ayato luego de años de no pisar un festival por motivos administrativos podría disfrutar de uno con un poco más de libertad. Ayaka de igual forma pudo dar la vuelta con sus invitados y disfrutar un poco aquel dia, luego de algunos llenos de estrés.
Cada cosa que veía Thoma le era comprada por el comisionado, quien saludaba alegremente a los comerciantes quienes de igual forma deseaban que les visitara más seguido en los festivales. Poco le importaba al hombre que el rubio le reprendiera por ese derroche de dinero.
“No me importa dejar sin fondos al clan si eso me asegura tu sonrisa”, Ayato declaró con sinceridad mientras le arrastraba a la playa, debajo del peñasco de la isla Amakane. Huyeron de la gente y abrazaron algo de privacidad en ese pequeño lugar,
Thoma se quedó en silencio unos segundos, los cuales fueron aprovechados por el mayor para robarle otro beso.
“Aun tienes que dejar un poco para tu descendencia”. Ambos dieron vuelta al tema durante años, pero los ancianos ya estaban incluso apostando por quien sería un buen partido para el líder del Clan Kamisato, lo cual solo deprimiría al extranjero.
“Ayaka será quien deje descendencia”, el comisionado apuntó con voz firme mientras tomaba de la mano a su ama de llaves. “Yo ya he decidido quién estará a mi lado desde hace una década, si no es que un poco más antes”.
Un beso nuevamente los unió, solo que uno más profundo que el anterior, usando sus máscaras para cubrir sus rostros por si alguien los miraba. Incluso los guardias ya sabían que no debían molestar a la pareja.
Los tres regresaron a la finca, Ayaka se encontraba feliz de su primer triunfo y de su segunda cita, mientras la pareja siguió derrochando miel durante el corto tiempo libre del líder.
Sin lugar a dudas Ayato aún hacía que las mariposas volarán en el estómago ajeno, aquella chispa seguiría vigente ante sus atenciones y acciones nocturnas. Y ahora que tenían un poco más de tiempo libre gracias a la Kamisato menor, podrían aprovecharlo al máximo.
