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El corazón de un patriota

Summary:

Manuel se sentía desesperanzado, todos sus esfuerzos para independizar su pueblo no llevaban a nada, pero no sabía que llegaría un hombre que lo arreglaría todo, José prometería liberar América, para luego conquistar el corazón de un solitario abogado.

Notes:

Quería que la tag de la asombrosa excursión de Zamba exista, así que hice esto

empezó como joda pero me lo tomé un poquito en serio...

Work Text:

Fallaron en la batalla de Ayohuma, después de tanto esfuerzo, perdieron todos los territorios previamente conseguidos. Ya nada tenía sentido, nada había valido la pena, ni la revolución contra el virreinato español, ni las escarapelas celestes y blancas, ni la bandera que con tanto amor Manuel había creado, y peor aún, ni la sangre derramada, ni las pérdidas en batalla, todo había sido en vano. Manuel no tenía ya esperanza, pero se dio la libertad de fantasear con un salvador, más específicamente un cierto militar que Zamba había mencionado tiempo atrás. Belgrano ya se había encontrado a sí mismo pensando en este hombre, desde la descripción de el Niño que lo Sabe Todo no pudo alejar sus pensamientos de José, él era lo que América necesitaba, un hombre que amaba a su patria como a nada más, un hombre que tenía como prioridad la libertad de su pueblo, un hombre que había sido entrenado por los mejores militares y que tenía todo lo necesario para liberar su patria. Manuel se preguntaba cómo podía existir alguien tan perfecto y esperaba con ansias el día que tenga la suerte de encontrarse con él.

"¡Belgrano! ¡Belgrano!" Zamba entró, acompañado por Niña y el Niño que lo Sabe Todo, en la tienda de campaña, interrumpiendo los pensamientos de Manuel.

"¿Qué pasa Zamba?"

"¡San Martín! ¡Está llegando a Córdoba!" Dice, entusiasta, saltando de un lado a otro.

"Sí, San Martín fue enviado por el triunvirato para remplazarte en el Alto Perú, ahora está en camino." Aclaró el Niño que lo Sabe Todo, para luego agregar "Él quiere conocerlo, Belgrano."

Manuel estaba sin palabras, pero una sonrisa se pintó en su rostro, América tenía otro oportunidad de ser independiente y por fin conocería al hombre que tanto invadió sus pensamientos en los últimos meses.

"Y, ¿falta mucho para que llegue?" Se estaba poniendo ansioso.

Niña miró a Manuel, entrecerrando los ojos de manera sospechosa. Parecía saber algo que el resto no.

"No, en aproximadamente dos días, una hora y veinte minutos él debería estar acá." Dijo el Niño que lo Sabe Todo.

Manuel odió saber el tiempo específico que faltaba, porque sabía que ahora contaría cada minuto hasta la llegada del hombre.

 

::

 

Ya era hora, y José debería estar ahí. Pero no estaba, y Manuel, que había salido de su tienda para recibirlo, ahora caminaba en círculos mirando el piso con la mano en su barbilla. En un principio dudó de los poderes de el Niño que lo Sabe Todo, pero no tenía tiempo de dudar en unos niños que viajan por el tiempo, así que su segunda opción fue temer lo peor, no sería nuevo que los realistas atacaran por sorpresa y tenía miedo que su encuentro no llegara a realizarse, o peor aún, que perdieran otra oportunidad de liberar América. Manuel se quedó quieto, ojos clavados en la tierra y el ceño fruncido de preocupación, hasta que sintió una fuerte mano en su hombro seguida de una voz grave que preguntó:

"Usted es Manuel Belgrano, ¿no es así?"

Se dio vuelta y (aunque nunca lo había visto) lo reconoció. Un hombre alto de postura erguida, una cara de facciones definidas pero con una expresión amable, y unos ojos... unos ojos con un brillo y una vida que Manuel nunca había visto antes.

"Si, ese soy yo," Contestó con una amplia sonrisa "Es un honor finalmente conocerlo, San Martín." Miró a José devolverle la sonrisa, observó como sus ojos se entrecerraban de manera leve y como sus labios se separaban para dejar ver unos dientes perfectos. Manuel sintió que se iba a derretir de ternura. "Eh estado esperando este encuentro con ansias, desde que me han hablado de usted y sus ideales me he sentido cautivado, y ."

"El gusto es mío, Belgrano, siempre es un gusto servir a mi patria." José le devolvió la sonrisa.

"Eh estado esperando este encuentro con ansias, me han hablado maravillas de usted y sus ideales me han cautivado. Es un honor tenerlo aquí, frente a mí." Levantó su mano para un apretón de manos.

José tendió su mano, aceptando el saludo. "También es un honor estar hoy con usted, las cosas que ha hecho por la patria no son pocas. Y me alegra haber cautivado a un hombre como usted" Dijo, guiñando un ojo.

Manuel sintió un suave calor en sus cachetes y desvió la mirada, avergonzado "No fui muy discreto, ¿no?"

El hombre soltó una risa suave y encantadora "No, pero tengo que admitir que me siento muy halagado. Y usted, Belgrano, es totalmente mi tipo."

Antes de que Manuel pudiera contestar algo, ambos escucharon unas risillas a sus espaldas, se giraron y vieron a Niña y Zamba escondiéndose detrás de unas cajas.

"¿Quiere acompañarme adentro? Parece que acá afuera no tendremos mucha privacidad." Dijo el abogado levantando el brazo en dirección a la tienda de campaña.

José asintió sonriendo, Manuel le sostuvo la tela que tenía por puerta y luego pasó atrás de él.

"Así que soy su tipo, ¿eh, José?" Manuel dio un paso al frente, acortando la distancia entre él y el militar. No pasó por alto el color rosáceo que tenían los cachetes del hombre.

"¿A quién no le gustaría alguien como usted, Manuel?" dijo, agarrando suavemente la barbilla del más bajo.

"Siendo usted un libertador, se las está arreglando para conquistarme." Observó, para luego guiñar un ojo.

José soltó una risa hermosa, y Manuel solo pudo preguntarse si estaba escuchando un ángel reír. Se miraron por unos segundos, la distancia entre ellos era poca y ambos querían que sea nula. Por fin, José puso una mano en la nuca de Manuel, y juntaron sus labios en un beso.