Chapter Text
Durante toda mi infancia me dijeron que estaba destinado a la grandeza, que con mi ingenio lograría grandes cosas y yo me creía cada una de esas cosas, sin embargo, un día lo perdí todo y nadie volvió a elogiarme, todos me dieron la espalda.
Pronto descubrí que el mundo era extraño y deshonesto, en especial los adultos. Ellos mentían una y otra vez, solo para beneficiarse mientras perjudicaban a otros, aunque no es que me preocupara especialmente por los demás, todos estaban dispuestos a mentir para alcanzar su vida de ensueños, por eso mismo amenazaban, engañaban, robaban y mataban.
Todo esto sucedía bajo las sombras de una ciudad peligrosa, llena de crimen y conspiraciones. Y a pesar del riesgo que conllevaba incluso mirar, yo podía ver perfectamente bajo esas sombras, lograba ver el sufrimiento y triunfo de los habitantes de Yokohama. Fue en ese momento que me di cuenta de que eso era lo que llamaban ingenio, ese era mi pase asegurado para alcanzar mi tan anhelada grandeza.
Mi entusiasmo no duró mucho. Así como descubrí lo extraño que era el mundo, pronto todos me señalaron como la rareza más peculiar en él. Los adultos se enojaban conmigo por decir la verdad y por eso me negaban muchas cosas. Mi primera experiencia de este tipo fue cuando estuve en la academia de policías, estando en ese lugar encontré las reglas tremendamente absurdas, por lo que tras discutir con el alcaide terminé revelando sus diferentes aventuras con mujeres, lo que resultó en mi expulsión de la academia.
Tras ese incidente estuve vagando de un trabajo a otro, tratando de mantener mi vida en equilibrio, realizar las actividades básicas de la vida no es tan complicado como parece. Mi único problema era que nunca logré mantener un trabajo por más de dos meses. Por razones que aún desconozco, los adultos tienen un fanatismo por las cosas absurdas y aburridas, ante esto no me podía quedar callado, si no hacía nada jamás alcanzaría la grandeza y por eso siempre expresaba mi disgusto, al igual que exponía todo aquello que veía bajo las sombras, lo que trajo muchas complicaciones.
En un principio no entendía por qué me señalaban como raro ni tampoco la razón del enojo de las personas cuando mencionaba la verdad detrás de sus acciones, solía creer que era algo obvio y que todas las personas mayores tenían el ingenio para saberlo. Por eso siempre decía lo que sucedía en las sombras, para que los adultos se dieran cuenta de lo maduro que era y de esa forma me felicitaran, pero tras mis desastrosas experiencias en diferentes trabajos me di cuenta de lo que realmente sucedía.
Yo era diferente. La gente me llamaba raro porque era diferente. Ser diferente te hace raro.
Caí en la cuenta de la razón de mi rareza. Miré a mi alrededor buscando a alguien, pero nunca tuve esperanza en los niños, y los adultos resultaron no ser tan geniales como pensaba. Ellos eran tontos, además de mentirosos, así que mirar no sirvió de nada.
Estaba completamente solo en el mundo.
Fue decepcionante la realización de la verdad y estando solo no había nada que pudiera hacer, así que escondí mi tristeza y soledad, decidí que mostrarle al mundo mi ingenio, era lo mejor que podía hacer, de esa forma la gente no se metería conmigo, lo único que harían sería llamarme raro, pero eso no era nada, la palabra ya se había ajustado a mi persona, aunque lo más profundo de mi seguía esperando que alguien llegara a ayudarme y a guiarme por un buen camino, ya que desde hace un buen tiempo había perdido de vista el sendero correcto.
De esa forma seguí vagando por Yokohama de un trabajo a otro. La gran mayoría de veces me echaban y otras veces yo mismo dejaba los trabajos porque no podía manejar lo aburridos que eran. Así pues, un día estaba esperando que llegara la hora para una entrevista de trabajo, entrevista que nunca se logró concretar porque asesinaron al presidente de la empresa y en medio de todo el caos logré no solo resolver el crimen, sino que también conocí a un viejo que me cambió la vida.
Resulta que este viejo, llamado Fukuzawa, era el guardaespaldas del presidente, así que cuando descubrió la escena le conté lo que había pasado y quien era el asesino, al parecer el viejo quedó sorprendido con mis habilidades, ya que me llevó con él y estuvimos juntos el resto del día y resolvimos un par de casos más juntos. Fue el día más emocionante de mi vida, jamás pensé que viviría experiencias tan riesgosas, tampoco pensé que terminaría en peligro por mi ingenio, pero con la ayuda de este mismo y de Fukuzawa logré salir a salvo de las situaciones.
Cuando habíamos resuelto todos los casos, decidí quedarme con Fukuzawa, ya que no era como el resto de adultos y por consecuencia me caía bien. Él también pensaba que el mundo era extraño, al igual que pensaba que yo era diferente, pero no porque era raro, me consideraba diferente porque era especial, me dijo que yo portaba una habilidad. Mi ingenio era una habilidad y yo era su usuario.
Siempre supe de la existencia de los usuarios de habilidades, de hecho en Yokohama existían más de los que deberían, eso era que lo hacia la ciudad especialmente peligrosa, pero jamás pensé en pertenecer a este grupo de personas, no me consideraba a mi mismo una persona peligrosa. Sin embargo Fukuzawa me explicó la existencia de usuarios que ocupaban sus habilidades para el bien y que algunos de ellos eran elogiadas por sus buenas acciones.
Esa explicación fue suficiente para convencerme de hacer el bien, utilizaría mi habilidad para combatir el crimen y ser elogiado por ello.
El viejo más tarde me habló de crear una agencia de detectives, acepté inmediatamente apoyar su idea, si la idea de Fukuzawa tenía éxito yo podría trabajar en la agencia, ganar fama trabajando como detective y de esa forma alcanzaría finalmente la grandeza.
Sería el detective más famoso de la ciudad, con mi nueva habilidad no habría problema alguno.
Pero…
Como todo lo relacionado al mundo adulto, el proceso de crear la agencia fue de lo más aburrido.
— Entonces, Fukuzawa... ¿cuándo podré comenzar a mostrar mis asombrosas habilidades a esos pobres ciudadanos necesitados?
—Cálmate, aún tenemos que hacer varios trámites para poder comenzar a operar como organización.
— ¿Trámites? ¿cuántos?— La palabra en si sonaba aburridísima, la conversación se estaba volviendo tediosa y mis expectativas estaban al borde en un barranco de decepción.
—Varios, se necesitan permisos del gobierno y de la policía para trabajar como detectives, pero se hará aun más complicados, ya que sí queremos trabajar con usuarios de habilidades necesitamos conseguir permisos especiales para poder contratarlos.— Ahora sí que no entendía ni una palabra de lo que decía Fukuzawa, mis expectativas estaban cayendo lentamente.
—¡Eso suena muy aburrido!.
—No hay otra forma.
—¿Y si la hubiera? —
Fukuzawa levantó la vista hacia mi cuidadosamente y cuando me miró tenía un brillo extraño en sus ojos, como si estuviera a punto de hacer algo de lo que podría arrepentirse.
— De hecho… podría haber otra forma —dijo de forma lenta y pausada— pero depende de ti si tenemos éxito o no.
Dicho eso mis expectativas, que seguían cayendo, frenaron bruscamente haciéndome sonreír.
—Obviamente tendremos éxito. — dije decidido.
Más tarde, Fukuzawa me pidió que localizara a una persona y tras un día de recopilar información logré dar con su ubicación. Así que íbamos de camino a tal lugar.
Estuvimos viajando una hora a un extraño almacén en las afueras de la ciudad. El lugar estaba lleno de plantas y el suelo estaba lleno de tierra, claramente era un sitio abandonado, pero tras dar un par de pasos una silueta se asomó de atrás de unas enredaderas.
—¡Pero si es el guardaespaldas y su detective acompañante!, ha pasado un tiempo.
El día que conocí a Fukuzawa habíamos ayudado a este hombre que terminó involucrado en un caso que teníamos que resolver. El hombre tenía un pelo muy extraño, la parte de adelante era café, mientras el pelo de la parte trasera de su cabeza era de color negro.
— Un gusto verlo señor Natsume, soy Fukuzawa Fukichi —dijo Fukuzawa mientras hacia una reverencia.
— Hola— dije sin saber muy bien que hacer.
—Y tu nombre es…— me preguntó Natsume con cara de intriga.
—Él es-
— Soy Ranpo, trabajo junto a Fukuzawa en una agencia de detectives— hablé interrumpiendo a Fukuzawa, quien estaba apaciguando sus deseos de soltarme un sermón ahí mismo.
—¿Con que una agencia de detectives?, eso si que es interesante— dijo el más viejo con una ceja levemente alzada dirigida a Fukuzawa.
Fukuzawa se quedó quieto un momento, lanzó un suspiro y se concentró en la bolsa que llevaba para sacar un montón de papeles que se los extendió a Natsume.
—Así es, una agencia de detectives, aunque es solo una idea que tuve para poder calmar un poco el crimen de la ciudad.
—Ya veo— dijo el viejo Natsume mientras ojeaba los papeles, aunque la verdad era que el pelo le tapaba la mitad de la cara, así que veía con un solo ojo.
—Sin embargo, aún no es algo oficial, ya que como debe saber para poder trabajar en ese tipo de empresas se necesitan ciertos permisos, los cuales no tenemos y para poder sacarlos de la forma tradicional tendríamos que esperar meses, por lo que necesitamos su ayuda.
—¡Y yo soy su primer y único miembro!— mencioné emocionado.
— Debes de ser un niño brillante si el señor Fukuzawa accedió a aceptarte como miembro— dijo mirándome con algo parecido al orgullo haciéndome sentir emocionado- bueno, su petición no es algo complicado, podría conseguirles los papeles de aquí a una semana más.
—Bien, gracias señor Natsume por su ayuda— dijo Fukuzawa haciendo otra vez una reverencia — vamos Ranpo.
— Antes de que se vayan…. Hay un asunto del cual me gustaría que se encargaran cuando les consiga los papeles.
Habían pasado dos semanas desde aquel encuentro y con Fukuzawa nos dirigíamos hacia un edificio ubicado en el centro de la ciudad.
Nuestro destino era una zona de aislamiento.
Desde que llegué a la ciudad jamás había escuchado u oído de ese sitio, tampoco había pasado por fuera, cuando el viejo Natsume nos dijo a donde teníamos que ir pensé que estaba loco, según tenia entendido, con la cantidad de trabajos en los que estuve, ya había conocido toda la ciudad, pero al parecer me equivocaba. El hecho de equivocarme no me sentaba nada bien y eso me molestó un poco.
Estuvimos caminando un buen rato, intentando evitar todo altercado que se producía en los callejones, así también como a ladrones o incluso posibles mafiosos. Fukuzawa me advirtió que en Yokohama había un grupo mafioso conocido como “Port Mafia”, que eran bastantes famosos por sus crueles formar de conseguir lo que querían y en especial por poseer usuarios de habilidades muy poderosos. Aunque no creo que fueran más poderosos que yo.
Una vez llegamos a nuestro destino mi corazón dio un vuelco, parece ser que yo no estaba equivocado, aunque tampoco lo estaba el viejo Natsume. Este edificio... sí lo había visto, una vez, cuando trabajaba de cartero hace un par de años tuve que ir a dejar una carta en ese lugar, era un documento firmado con el apellido Tachihara, lo recuerdo bien porque me llamó la atención la forma en la que estaba escrita esa letra que sugería que quien la había escrito esperaba una respuesta que podría o aliviar preocupaciones o destruir una vida.
No logré reconocer el lugar cuando lo mencionaron, ya que afuera de este no había ningún tipo de cartel que señalara a que se dedicaban en ese espacio. Era un edificio viejo, con pintura rosada que apenas se notaba debido a la suciedad y humedad, además en la entrada tenían por piso unas baldosas que estaban rotas. No era un lugar que se viera placentero.
Fukuzawa a mi lado se notaba nervioso, tenía entendido que para cumplir con éxito nuestra misión había una alta probabilidad de que se encontrara con un antiguo conocido, con quien al parecer no estaban en los mejores términos.
—Entonces, tenemos que rescatar a esta niña llamada…
—Yosano Akiko, ese es su nombre— respondió Fukuzawa — estoy seguro de que si todo sale bien, ella y tú se llevaran de maravilla.
—Como sea, eso ya lo veremos.
Yosano Akiko, era la niña que el viejo Natsume nos pidió que rescatáramos. Al parecer tenía mi edad y había estado sometida a eventos muy traumáticos durante los últimos años. Hace tres años atrás ella había sido llevada como doctora en la gran guerra. Su habilidad era muy útil, llevaba por nombre “No has de morir” y le permitía curar cualquier tipo de herida que los soldados presentaran, convirtiéndolos de alguna manera en inmortales, por lo que a raíz de eso, el estar impidiendo continuamente la muerte de todos esos hombres le generó un miedo de ella misma, de su habilidad y de su propia existencia.
Ahora ella se encontraba detenida en esta zona de aislamiento porque una vez finalizada la guerra fue arrestada por colocar una bomba en el barco en el cual viajaban. Aunque personalmente no creo que eso sea cierto, ya que una vez que Natsume nos encargó la misión, Fukuzawa y yo nos dedicamos a investigar a esta niña y con sus antecedentes era imposible que hubiera sido ella.Los antecedentes que encontramos eran sobre los horribles eventos que tuvo que vivir en el pasado junto con un broche de mariposa, que sin duda (y gracias a mi increíble deducción) le pertenecía ella.
Cuando entramos en el lugar me sorprendió lo triste que lucía. Todas sus paredes estaban pintadas con tonos apagados y la iluminación e higiene dejaban mucho que desear. Mientras yo estaba inspeccionaba todo el sitio Fukuzawa se acercó a recepción, luego cuando dirigí mi mirada hacia la secretaria esta tenía una expresión extraña. “Algo anda mal” dije en un susurro.
—Hola, buenas tardes, tenemos un permiso especial para ver a la paciente Yosano Akiko—dijo Fukuzawa con voz seria, pero amable.
—Emm... me permite ver ese permiso por favor—le respondió la secretaria algo nerviosa.
—Sí, por supuesto — Fukuzawa le pasó unos papeles a la mujer—aquí tiene. ¿Está todo en orden?
—Sí, cla- claro. Aunque lamento informarle que la señorita Yosano ya no se encuentra en este lu-
—¡Ella está mintiendo!— exclamé.
—¿Ranpo?
—Algo anda mal. Hay otra persona con Yosano. Él está aquí.
Fukuzawa me dio una mirada entre desesperado y nervioso.
Al parecer el conocido del viejo se nos había adelantado.
—Ranpo, ¿cuál es la habitación?
—¡Están en la azotea!
Fukuzawa se dio vuelta y salió corriendo en dirección a las escaleras, subiendo estas lo más rápido posible.
—¡Oiga, jovencito! No tienen el permiso de recepción para ver a la señorita Yosano. Tendré que pedirle que vaya a buscar a su padre y se retiren o tendré que llamar a la policía.
—¡Qué buena idea, así me ahorrara trabajo! Le diré a la policía que se dejó sobornar con dinero para falsificar documentos de Yosano.
—¡¿Cómo lo sabe?!—La secretaria palideció.
—No lo sabía, solo lo deduje.
—No puede ser…
—Por supuesto que sí puede ser. Usted está hablando con el futuro mejor detective de la ciudad, Ranpo Edogawa de la Agencia Armada de Detectives, recuerde ese nombre.
La secretaria no respondió. Era de esperarse, la dejé tan sorprendida con mi habilidad que la deje sin palabras. Que sensación tan satisfactoria.
—Bueno tendré que dejarla, aún tengo un trabajo por delante.
Salí caminando del lugar tomando la misma dirección que Fukuzawa. Iba tranquilo porque sabía que mientras no llegara yo, el viejo se encargaría del asunto. Además, que pereza subir tantas escaleras corriendo, era mejor utilizar el elevador.
Presioné el botón y esperé a que las puertas se abrieran. Cuando logré subir dentro de elevador me aseguré de que el broche de mariposa estuviera bien y me puse a pensar en cómo luciría Akiko Yosano, con Fukuzawa no encontramos ninguna foto de ella, solo descripciones, pero por más que intentara crearle un perfil en mi cabeza, no podía.
Esta niña sí que era misteriosa
Una vez llegué al último piso escuché gritos. No fue muy difícil hacerse una idea de lo que estaba ocurriendo allá afuera. Caminé lentamente por el largo pasillo hasta la puerta que daba hacia el exterior, cuando me asomé por esta vi a Fukuzawa con su catana desenvainada gritando unas cosas hacia su oponente quien tenía el pelo negro, una bata de médico y detrás suyo había una niña rubia vestida de enfermera flotando en el aire con una jeringa gigante.
Se trataba de Ougai Mori, médico de la Port mafia junto con su habilidad. Un aliado y excompañero de Fukuzawa.
De lo poco que escuchaba al parecer estaban peleando debido a una cosa, pero en realidad no se trataba de una cosa, sino que, de una persona, una niña en específico. Tras un rato de escuchar me aburrí y fue en ese momento que me di cuenta de que al frente mío había una niña sentada en sillas de ruedas, me estaba dando la espalda, pero coincidía con todas las características que nos habían dado.
Era ella. Era Yosano Akiko.
Me acerqué y tomé las manillas de la silla para llevarla adentro y que estuviera a salvo, pero antes de entrar escuché la voz de Fukuzawa por detrás:
—¡Entonces nuestra alianza termina hoy!— exclamó Fukuzawa.
—¡La única cosa que termina hoy es tu vida!— le respondió Mori.
Al parecer Fukuzawa ya no tenía un aliado y lo acababan de amenazar a muerte. No me preocupé por él, estaría bien, solo esperaba que no se tardará tanto, ya tenía hambre y quería regresar a casa.
—Vaya, los adultos y su lógica extraña durante las peleas.
Dije una vez estábamos adentro. Yosano no respondió
—No te preocupes, nos quedaremos aquí dentro mientras Fukuzawa pelea. Ese era nuestro plan.
En realidad, el plan era que Yosano ni siquiera presenciara la pelea, pero con los incidentes de la recepción me retrasé un poco.
—llévame de vuelta.
—¿Qué?— pregunté confundido.
—llévame de vuelta. No puedo ir a otro lugar, mi habilidad condena vidas. Yo... no debería seguir viviendo.
—¡Baaaah eso es estúpido!
Yosano me miró con una expresión difícil de explicar, pero se podían identificar cosas como miedo y confusión en esta.
—Esas cosas no importan, si no te gusta tu habilidad entonces no la ocupes.
Mientras decía esas palabras me fui moviendo para quedar enfrente de ella, viendo por primera vez su aspecto con mis propios ojos. Vestía un camisón blanco, sus ojos carecían de todo color y brillo, su cabello estaba hecho un desastre, su piel estaba pálida y maltratada, su cara y manos se veían extremadamente delgadas, además de débiles. Era una apariencia bastante alarmante.
—Sí pudiera morir…
—¿No puedes por qué es muy poderosa? ¡Tonterías! Mi habilidad de deducción es más poderosa que cualquier otra habilidad. En la agencia de detectives no tendrás que realizar ningún trabajo ¡Yo me encargaré de todo! Y si dudas de mí, déjame mostrarte.
Siendo sincero dolía mucho escuchar a esa niña decir que prefería la muerte. Ella tenía mi misma edad y su estado actual me recordaba de cierta forma a mí mismo hace un tiempo atrás. La vida también era difícil para mí, pero nunca desee la muerte, siempre supe que había algo más para mí en el mundo, ahora tenía mi habilidad para mostrar, pero a Yosano la golpeó tan fuerte la vida que perdió toda esperanza, toda gana de vivir. No podía permitir eso. Yosano tenía mucho por delante, con o sin su habilidad la vida le daría otra oportunidad, Fukuzawa y yo le daríamos otra oportunidad, porque se la merecía.
De mi bolsillo saqué el dorado broche de mariposa y antes de entregárselo a Yosano acaricié la superficie con mis dedos esperando que funcionara para convencer a Yosano de ir con nosotros.
Cuando finalmente le mostré el broche de mariposa a Yosano sus ojos comenzaron a brillar como si todas las estrellas estuvieran atrapadas dentro de estos y de a poco una emoción esperanzadora la empezó a invadir.
—Esto… ¿por qué? ¡Nunca le conté a nadie sobre eso!
—Lo encontré en tu antigua base. ¿Ves? Yo lo sé todo. Hazme una pregunta, te responderé todo—Dije con una sonrisa en el rostro mientras dejaba el broche entre sus manos.
—Bueno… ¿Qué debería hacer ahora? Hay personas que han muerto por mi culpa y sé que no va a acabar nunca. ¿Hay un lugar fuera de aquí donde estaría bien que yo viviera? — la pequeña sonrisa que Yosano tenía antes fue reemplazada por una mueca de tristeza.
—Hay un solo lugar en el mundo en el cual no serás necesaria. Únete a la Agencia Armada de Detectives.
Ahora yo también estaba serio y tras decir esas palabras observé atentamente la reacción de ella. Ya no estaba triste, pero parecía confundida otra vez, abrió la boca para decir algo, aunque la volvió a cerrar para dar paso a unas lágrimas que comenzaron a caer de su rostro.
—No queremos tu habilidad. Queremos esa bondad tuya. ¿No querías que nadie más muriera, verdad?, es por eso por lo que sufres tanto. Esa clase de bondad hace que queramos invitarte. tu sufrimiento vale la pena.
Yosano dejó de mirarme y bajó la mirada hacia sus manos, donde tenía el broche, se quedó mirando este un buen rato hasta que lo dejó descansando en sus piernas y se llevó sus manos a su cara al momento que comenzada a llorar.
Yo la miraba con alivio mientras mi corazón latía alegre. Me hacía muy feliz el haberla hecho entrar en razón, me hacía feliz que considerara la opción vivir de nuevo.
Aunque por más que Yosano decidiera darle una segunda oportunidad a la vida, aún quedaban muchas heridas internas por sanar, quedaba un largo camino por recorrer para lograr devolverle completamente la felicidad, sin embargo, si aceptaba la invitación e ingresaba a la Agencia Armada de Detectives, me aseguraría de ayudarla y protegerla en todo lo que pudiera. Entre Fukuzawa y yo la haríamos sentir parte de la pequeña familia que habíamos creados hace poco tiempo atrás.
